Caín, el primero que la llevó sobre sus manos, hubiera reprochado a Hamlet su indecisión asesina. Aquel era la calcante que engañó a su propia madre. ¿Hay algo más terrible sobre la tierra? Me lo he preguntado muchas veces y nunca encuentro la respuesta. Sin embargo, hoy, cuando he sostenido la calavera entre mis propias manos he sentido ambas cosas: ya no hay contradicción, la muerte está dentro de la vida.

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