Recuerdo de la Navidad futura

Una mujer canosa es vista junto a la ventana de un viejo salón de una casa de pueblo. Es a primeros de noviembre por la tarde. Una caldera de calefacción ruge como un león hambriento. Oye, chico (siempre me llama así), tenemos que hacer tartas, muchas tartas. Trae tu carro, me dice. Lo miro y con desgana mi perro, Karko, adivina que tiene que levantarse del carro. Se viene a mi lado y me mira. Qué hacemos ahora, parece querer decirme. Vamos, le digo.

Tenemos ya todas las gavillas recogidas y esperando en la cocina. Karko se relame. Yo salivo también pero no recibo nada. No puedes comértelas todas antes de haber empezado, me dice.

¡Ay la leche!

…pero di que serás mía
al alba y al ocaso.

del lado oscuro
estoy pensando en ti
en la ensenada de la perdición

para, gozosos, celebrar el día.
parte de mi
mira de cara o de reojo
—¡abrid la ventana!

de vuelta a la melodía
¡ay la leche!
por ti bebe y brinda
eléctrica avenida.

relumbrando en mi cabeza,
no lloro lágrimas,
capaz de morir sin decibelios.

el espejo no aprende nuestro gesto
con el humo y ceniza terminales.