La libertad en Internet continúa en descenso

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Internet ha dejado de ser, según los últimos informes, un lugar donde los usuarios gozan de libertad plena para comunicar y expresar cualquier tipo de información, a un espacio cada vez más controlado y vigilado por instituciones políticas de todo el mundo.

Hace apenas unos días, la organización Freedom House, dedicada a tratar de expandir la libertad y democracia por todo el mundo, publicó un informe en el cual se evalúa el estado en el que se encuentran 195 países y 14 territorios en cuanto a la presencia de libertades en sus respectivas sociedades durante el año 2017.  Cada país y territorio recibe una puntuación, teniendo en cuenta 25 indicadores diferentes y puntuando sobre un máximo de 100 puntos.

Según el informe, los derechos políticos y libertades civiles a nivel global en los últimos 10 años llegaron a su punto más bajo en 2017. Es importante recordar que 2017 constituyó un momento político marcado por el alzamiento de autócratas alentados, democracias asediadas, y por la retirada de los Estados Unidos de su papel de liderazgo en la lucha global a favor de las libertades humanas. Además, en los países civilizados, encontramos problemas crecientes como las brechas económicas y sociales, fragmentaciones partidistas, ataques terroristas o el influjo de refugiados que ha provocado un endurecimiento de las políticas migratorias y ha llevado a muchos a desconfiar del prójimo. Todos estos nuevos desafíos a los que se enfrentan gran parte de los países democráticos a día de hoy, han impulsado el ascenso de líderes populistas quienes optan por adoptar medidas anti-inmigración y dan poca atención a defender las libertades civiles y políticas fundamentales. De esta manera, vemos como partidos de extrema derecha en Europa han ganado votos y escaños en países como Francia, Holanda, Alemania y Austria, durante el 2017.

El informe anual de 2018 de esta organización, también recoge que diferentes gobiernos de todo el mundo están intentando hacerse con un control más rígido sobre los datos de los internautas, al mismo tiempo que sacan ventaja de una serie de leyes aprobadas por ellos mismos para luchar contra la desinformación en la red, contra las llamadas “Fake News”, las cuales están floreciendo en estos últimos años.

El presidente de Freedom House, Mike Abramowitz, dijo a los periodistas que existe una creciente aceptación de la idea por parte de la ciudadanía de que internet está siendo cada vez más utilizado para obstaculizar los esfuerzos democráticos, en lugar de para derrocar regímenes dictatoriales. Él añadió: “La propaganda y la desinformación están, cada vez más, envenenando la esfera digital, y los autoritarios y populistas están aprovechándose de la lucha contra estas noticias falsas como pretexto para encarcelar a periodistas de impacto y críticos de las redes sociales, a menudo a través de leyes que criminalizan la difusión de información falsa”.

Además, se sabe que los gobiernos de 18 países han aumentado sus controles de información digital entre junio de 2017 y ahora, con 15 de ellos considerando nuevas leyes de protección de datos, lo que podría obligar a empresas a almacenar localmente los datos de sus usuarios, facilitando en gran medida el acceso a éstos por parte de los gobiernos.

Además, el informe señala que los gobiernos de 32 países emplearon comentaristas pagados, bots y bulos para manipular conversaciones online. WhatsApp y otras apps de mensajería cifradas, se están convirtiendo en blancos de manipulación, los autores del informe señalan.

Informe sobre las libertades en España (Fuente: FreedomHouse.org)

OTROS DATOS INTERESANTES SOBRE ESTE INFORME:

  1. Los países con las puntuaciones más bajas a nivel global son: Siria (-1/100), Sudán del sur (2/100), Eritrea (3/100) y Corea del Norte (3/100).
  2. España cuenta con una puntuación de 94 sobre 100, superior a la de países como Francia (90/100), Italia (89/100), Estados Unidos (86/100) o la República Checa (93/100).
  3. Un 39% de la población mundial disfruta plenamente de libertades fundamentales, frente a un 24% que lo hace parcialmente, y un 37% que carece de libertades de todo tipo.
  4. El país que más ha sufrido en el mantenimiento de sus libertades civiles y derechos políticos es Turquía, que pasa de ser un país “parcialmente libre” a un país “no libre”, perdiendo 34 puntos en los últimos 10 años.
  5. Estados Unidos, quien ha sido considerado el principal país promotor de la defensa de las libertades y de la democracia, ha perdido 8 puntos de la puntuación dada por Freedom House en los últimos 10 años. Ello se debe principalmente a: la hipótesis cada vez más certera de que Rusia haya podido interferir en la campaña presidencial de 2016, violaciones de estándares éticos por la administración Trump, así como la reducción en transparencia por parte del gobierno.
  6. Si observamos el balance neto de los distintos países que participan en el estudio en los últimos 12 años, podemos afirmar que 113 países han empeorado sus respectivas puntuaciones, mientras que 62 países han conseguido mejorar con respecto a la garantía de libertades y actuaciones democráticas.

Fuentes: The Verge | Freedom House | Silicon Republic

Sansón

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El hombre acaba de pintar un cuadro. Lo ha titulado «Alimento para peces o la materia que me une al mundo«. Es un cuadro largamente esperado; lleva trabajando en él toda la vida, de hecho, las capas se acumulan en él lo mismo que los años. Es El Cuadro por excelencia, un estudio donde se inician todos los cuadros que ha pintado a lo largo de su vasta vida de pintor. De tal forma se acumulan las capas sobre el lienzo que su espesor y su peso han llegado a ser considerables. El título tampoco ha sido el primero, ni será el último que ha recibido: «Sol», «Sansón», «Gigante» fueron los primeros; los que vinieron después ya sólo son recordados en los catálogos… El hombre le hace una nueva foto y la guarda en su fichero con el número 18564. ¿Qué importa el nombre? Tan sólo es una nueva capa de piel de la que se desprende su propio cuerpo.

(A Karina, por su estupenda traducción al inglés de este cuento)

Sarrasin, Paul

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Bajo la Estación de S. Lázaro ha transcurrido la historia de esta mañana. Tras hacer una obligada visita a los servicios, he podido observar el trasiego de gente. Eclipsada tras mi taza de té, esperé paciente. Un chivatazo, que parecía bastante fiable, me alertó de una posible nueva actuación estelar de nuestro hombre. He contemplado fugas, carreras, abandonos de sombreros de paja, cruces precipitados… pero nada de acción por su parte, ningún intento de homicidio, ni siquiera los habituales robos y tirones.

Sartre, Jean-Paul

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La nueva víctima, a la que hemos bautizado con el nombre en clave de Jean-Paul Sartre, ha sido devorada por las gaviotas. El cuerpo había sido rociado con una sustancia especialmente atrayente para esos deprimentes pájaros y en la playa aún quedan algunos despojos. La imagen es desagradable en extremo. ¿Por qué? —Me pregunto— ¿Qué mensaje quieres transmitirnos? …

Sûtrâtman

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A veces pienso que el rastro de muertes que este asesino está dejando sólo obedece a un catálogo de coleccionista: objetos, personas, lugares y motivos usados, únicamente se explican por la sistemática catalogación y clasificación de una mente obsesiva con una tendencia compulsiva a coleccionar. Un cordón, un simple cordón te hace dudar de todo.

Wagner, Richard

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El caso Wagner es esclarecedor. El asesino burla la inteligencia policial y los avances de la identificación genética. El progreso también beneficia al malvado. Ha falseado su huella genética, su firma es inconfundible pero indetectable en nuestros sistemas. ¿Sabiduría? Todo tiene su lado positivo y su negativo.

Nota del oficial al cargo del informe:

…la víctima no usaba lentes bifocales pero le fueron encontradas unas puestas.

En la trampilla

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La trampilla estaba cerrada, sin embargo, nadie se ha extrañado de que el Administrador general, a pesar de que no es su costumbre, estuviera por allí. Yo le he saludado amablemente y, debido a la poca simpatía que siempre despierta en mí, me he largado a otra cosa, mariposa.

Mi curiosidad no ha quedado satisfecha. Me he escondido tras los contenedores y he esperado acontecimientos. Algo ocurre aquí. Esto no es normal. ¿A qué viene esa amabilidad en el saludo? Algo oculta tras esa cínica sonrisa.

Y efectivamente, mis sospechas se han confirmado. Ahora llega el Intendente mayor. Está claro que han quedado aquí intencionadamente y no es un encuentro casual, como han pretendido simular. Esto cada vez huele peor. Los dos buitres reunidos. Oveja muerta.

¿Pero como es posible que haya una trampilla de transbordador en un balneario?

Gracias por «EL FINAL DE LA EDAD DE ORO»

poesía

«[…]

Vivir fue regresar a las fronteras
de una tierra sin nombres ni mañana,
quienes corrieron más deprisa son
los que antes han llegado a ningún sitio.»

Gracias Manuel Moreno Díaz por tu dedicatoria de este poema en tu primer libro de poesía La Saliva del sol (IV Premio Emilio Alarcos publicado en la Colección Visor de Poesía) y por el ejemplar que me has enviado.

Tu libro llega a mis manos puntualmente como llegará al alma de los perdedores inquebrantables, a los náufragos del viento, a los que ‘caminamos al lado de nuestro cadáver’, a los profetas de los paraísos de sombras, y a todos los que navegamos «hacia la noche / con la sumisa calma de la nieve» para conquistar, con el ariete de la serenidad, nuestro propio ser –el que nos prestaron– y construirnos el que merecidamente nos forjemos.
SALUD Y ANARQUÍA, COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO.

PFNHDM

relato

Por Favor, No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato con comentarios hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!
city

PFNHDM 12.UN PROBLEMA MENOS, UN MILLÓN MÁS

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La acera estaba vacía. Seguí caminando hasta la siguiente manzana. Los primeros copos de nieve empezaban a caer. El viento los arremolinaba aleatoriamente. Las ramas de los árboles me saludaban caprichosas también. ¿Me encontraba en una bola de cristal? Tenía la sensación de encontrarme dentro de una de esas infantiles bolas de navidad con renos y Papá Noel. Rodeado de copos de nieve. Mi estúpida sonrisa salió de nuevo imaginándome como un papá noel repartiendo regalos. Incluso pensé en subir por la chimenea y dejarme deslizar para dejar mi regalo en los calcetines colgados. Lástima que no hubiera aprendido a volar.
Todo aquel asunto había sido realmente sucio. Y sólo el cielo era limpio ahora. Respiré. Había cumplido su palabra. Estaba allí.

¿Ni siquiera me había movido de mi habitación? ¿Todo había ocurrido en mi cabeza? ¿Sería la falta de acción? ¿La necesidad de inventarme una vida distinta a la que realmente estaba llevando? ¿La necesidad de fabulación y confabulación con el mundo que no me pertenecía? No se. Pero ahora me alegro de que todo sea un sueño. Una pesadilla que se acaba.

Lo que no acabo de comprender es qué hace este millón aquí… Y… ¿Qué importa? Suena I Am A Foul For You. La copa de güisqui está fría y Aretha canta como los ángeles. ¿Qué más puedo pedir? Una cosa sí, una única cosa: Por favor, no hables más de mí.
elegancia del pavo

PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL

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monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
tienda
Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

PFNHDM 1.LA LLAMADA DE MISTER DOLAR

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El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
–¿Hola? ¿Alfonso?
–Sí, diga.
–Soy yo, Gonzalo.
–Ah, hola, jefe.
–Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
–Sí claro, jefe.
–Vale. Aquí te espero.
–Vale.
Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Amstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.
club
–No está.
–¿No está…?
–No, no está.
–¿Pero vendrá?
–Sí, claro vendrá.
–¿Cuándo?
–Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
–Me llamó para un trabajito.
–¿Y no le dijo cuando vendría?
–No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
–Pues tendrá que esperarle.
–Está bien. Póngame un güisqui.
–Claro, como no.
Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
–No soporto a Nino Bravo.
–Yo tampoco.
–Y ¿Por qué lo pone?
–Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
–El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
–Eso pienso.
– …
–Bueno, por fin se acabó.
–También lo malo dura poco.
–A veces.
–La gran Aretha.
–Eso está mejor.
–Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
–Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
–Ya.
–De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
–Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
–Gracias, Charli.
–Yo no me llamo Charli.
–Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
–Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
–Usted dirá, jefe.
–Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
–Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
–Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
–No te andas con rodeos.
–No.
–¿Y cómo se llama?
–Eso no importa.
–Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
–Viene por aquí, por el bar.
–Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
–No estoy para bromas, joder.
–Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
–No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
–Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
–Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
–Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
–Tienes que jurármelo.
–Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
–Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
–¿Un millón de qué…?
–Euros, joder, euros.
–¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
–Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
–¿Ah, pero tu mujer no..?
–No, no lo sabe.
–No, si digo que si no es la acosada.
–¿Mi mujer acosada?
–Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
–Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
–Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
–Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
–Siempre amenazan con lo mismo.
–¿Esos canallas?
–No, esas zorras.
–Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
–Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
–Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
–No nada, jefe, estaba recordando.
–Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
–Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
–Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
–Joder, jefe.

Hormiguero oriental

relato

Los orientales del barrio vivían todos juntos en un mismo edificio. Poco a poco fueron conquistando más y más espacio. Se reproducían, se extendían, se duplicaban, se engendraban, se propagaban, se multiplicaban, se desdoblaban inexplicablemente.
A “Quebrantahuesos”, que tenía una chacinería justo enfrente y se creía muy gracioso, le gustaba hacer chiste del tema:

  • Adivina, adivinanza: ¿Cuántos chinos caben en un edificio?
  • …
  • ¿Nadie lo sabe, nadie lo sabe…?
  • …
  • ¡Cada vez más! –continuaba– ¿Y cuantos en un seiscientos…?
  • …
  • ¡Los mismos que en el edificio, joder!

Meme del libro y la frase

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1. Coge el libro de literatura más cercano que tengas. ¡No busques el mejor libro que puedas encontrar, coge el más cercano! 2. Abre el libro por la página 66. 3. Busca la sexta frase o párrafo. 4. Sorpréndete! 5. Postea, junto con estas instrucciones, el texto en tu blog: «por ejemplo, aquí puedes sustituir la frase«. 6. Detectamos tu post dejando este enlace: http://sky4you.org. 7. Publicamos un enlace a tu post aquí:

CONDENADOS

relato

Salió como un lobo dispuesta a que le concediera la confesión de su crimen. Una comezón le rondaba. Cómo pido a los verdugos mis derechos -pensaba. Había asistido alguna vez desde los camarines a las sofocadas ejecuciones. Antes de ser los bribones apestados de aquella sociedad, jugaban su partida sin miedo. Pero ahora tocaba descansar y el pesar les era devuelto con las mismas culatas que usaron para sus crímenes. Perdían la compostura y sólo se rendían de cansancio. Ella, seducida por aquel espectáculo, gritaba y gruñia con desdén. Yo no me comporto con esas embusteras tristezas de rata -pensaba. Para ella eran como un oráculo: apuntaba los números de cada condenado en sus libritos de Cymeria y les dibujaba unas huríes bien entradas en mantecas. Luego volvía a los albergues que frecuentaba. Buscaba remedios, salidas, túneles… Hallándome así de despechada es absolutamente imposible encontrarlas -pensaba. Eran demasiado antiguas. Había que buscar entre nuestra carne como un leproso…

Boni

relato

El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

—Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy. – Y puso sus tacones en marcha.

Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares… Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi.

El balneario

relato

El tiempo que pierdes buscando puedes emplearlo mejor en construir por ti mismo lo que buscas. Kong-Fu-Sio. 2001. En los interminables pasillos se oyó de pronto el eco del disparo. Como si de un resorte se tratase, todos los clientes del balneario asomaron en albornoz sus medios cuerpos con precaución. Ani Cooper yacía en el suelo. ¿Era el sueño eterno u otra de sus imposturas? Algunos se atrevieron a comentarlo, a pesar de lo dramático de la situación. Yo, sin embargo me quedé estupefacto, no daba crédito a las amenazas que había proferido … pero la realidad estaba ahí. Como siempre tan aleatoria, tan perversa, tan polimorfa.

CARLOS GAYOL (OFF)

relato

Ahora la recordaba. Encerrada durante meses. No pudo resistir las influencias de aquellos opresivos dolores. Su enfermedad la iba matando con la lentitud de un sádico torturador. Y mientras, él, ajeno a todo. Engañado. Era niño, sí, pero no tenían ningún derecho a apartarlo de ella de aquella forma. Ahora está muerta. Ninguna pasión la hará volver de su tumba. Estos pensamientos se volvían insoportables en su mente. Recordaba los ecos de una guerra civil que no llegó al pueblo. En otros campos de batalla que no eran los infantiles. Llegaban también en los sueños, formando parte de un inconsciente que no era suyo, que no podía ser suyo, pero vívidos y azorados en su pecho, perseguido por una guerra que no había vivido, oída una y mil veces en las narraciones de los mayores, pregonando su horror real, contada como un cuento, como una pesadilla, más real que la propia realidad que le abrazaba en ese instante. Sentida a través de un antepasado, de un abuelo quizás, de un tío que estuvo allí y no volvió, y que, sin embargo enviaba en sus cartas el olor de la sangre, de la metralla, de las batallas en el barro y la sangre, la sangre, la sangre… […]

Torre

relato

No era fácil escalar aquella torre, inclinada, como en el Tarot. Su lado norte, el aparentemente más expedito, estaba poblado de musgo húmedo y líquenes escurridizos. Tenía por costumbre hacerme acompañar de Gérard de Nerval, cuya inestimable ayuda en las faenas de escalada previas a las amatorias nunca saldé por completo. Aquel atanor no era fácil de atacar ni aún con los más belicosos y provocadores consejos de Friedrich Nietzsche. Maldita sea, cada vez que pienso en mi entonces amada Dánae viene a mi mente aquella Torre de Babel y la inmaculada Virgen María que la habitaba. Yo allí debajo, como un Toro de Creta y aquella torre resistiendo a mis embistes… Perseo Símbolos arquitectura formas minarete tortuga…

CARLOS GAYOL

greguería, relato

nieblaLa noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL…