CONDENADO

Sin aliento, dejo el cabello chino con color a desagüe y, errante, intento escribir, como un fantasma, el libro que mi musa me dicta. Nadie dice nada nuevo, olor a página de siempre. El presente, satanes, es semen derramado como sopa en un sueño sobre la teta o el vientre de una yegua. Web bye.

AHASVERO

(A mi hija)

Llorando está el río
con aire sombrío
cual enamorada.

Pastando está el río
el fresco rocío
de la madrugada.

Galopa este río
a chorro tendío
más que mi yeguada.

Para hacerse amar de los hombres o, en su defecto, conservar el cutis suave, fino, blanco y agradable al tacto

Tómese un licor llamado agua de citiso, que los antiguos filósofos conocían con el nombre de akarim, déjese en un vaso descubierto expuesto tres noches a las influencias de Urano, Marte y Venus, y luego veinte y cuatro horas del sol; entonces se retira, y se mezclan algunas gotas con la leche fresca de vaca o cabra, aunque es preferible la de yegua o burra, y al cabo de cinco minutos se lava con esta mezcla las manos o la parte que sea. Cleopatra, por ejemplo, se hacía llenar una piscina con leche de burra virgen a este solo efecto y no sólo conquistaba hombres sino incluso imperios.

(Secretos sacados del libro de Cleopatra)

Walter Abell

Visitaba el jardín de los Monstruos;
no era él, ahora, el bendito,
sino su caballo cojitranco,
que babeaba las más bellas flores
con lengua de oso hormiguero.

Venganza de los monstruos:
Han dejado a su caballo
cojituerto y cojitranco,
pero han premiado
su silencio sagrado
con una montura de oro:
¡Cómo disfrutaba la yegua!