Etiquetado: viejo Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • viva el Tuesday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , , viejo   

    Muerte: el joven naufragó; el viejo llegó a puerto.

    Anuncios
     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , viejo   

    El viejo 

    Nadie sabe de su dolor,
    nadie de sus sombras
    ni de la ausencia.
    Sólo es pellejo cansado
    sobre frágiles huesos
    que un día caminaron
    ufanos de juventud.

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , , viejo   

    Extrañocidos 

    Los mundos de los sueños son unos viejos extrañocidos.

     
  • viva el Friday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , , , viejo   

    Confesiones … 

    olvidé bien danzas felicidad donde salvaguardándola habitar prueba sembrados otras impura gente podía castigo conversión vi idea propio explicarme consoladora grito musgo según herrumbre apariencias climas bautizo recibirían paños volvía estaciones tontería capitales abiertamente pareja principios viejo bastarda Corán especial tragado hervidos distraer licores aquelarre emblemas ganado abuelas decirlos

     
  • viva el Friday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , , , , viejo   

    Hagamos un libro 

    «En nuestra familia nunca hablábamos, nos dejábamos los mensajes en la puerta de la nevera. Hasta que cumplí 18 años pensaba que mi nombre era “Cállate”. Tenía sólo dos amigas, que eran imaginarias y jugaban entre ellas. Lo más divertido era ver como mi abuela seguía enterrando a sus maridos, y alguno de ellos sólo estaba echando la siesta.
    Un día, uno de mis muchos abuelastros contemplaba como la luna se levantaba perezosamente sobre el viejo cementerio en el que yacían nueve de sus predecesores…

     
  • viva el Thursday Permalink
    Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , viejo,   

    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Está al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pasé años muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a mí “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Señor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos niños muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy pequeñitos
    pasamos algún apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis añitos,
    Íbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En párvulos empezamos
    con esos pocos añitos,
    teníamos Doña Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena “leche”.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la “hermana Antonia”, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cariño
    cuando en el comedor
    estábamos de servicio.

    Con Doña Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos enseñó a coser,
    bordados en panamá,
    hicimos un “tú y yo”
    y alguna cosilla más.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    “lo podía haber hecho antes”

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    “algo habrás hecho mal”.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Doña Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Doña Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al fútbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Doña Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bailábamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebrábamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto “el portalillo”,
    y cuando venían los chicos
    pasábamos apurillos.

    Nos mandaba Doña Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y también “hacer pipí”.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y llegábamos con sed.

    Eran años de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebastián,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    Ésta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un año
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el “facebook”
    y después con el “whatsApp”,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos más.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mandábamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    “largos nos ponéis los dientes”.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pasárnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que llegáramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por “mi quinta”,
    que nos dé su protección.

    El que está enfermo lo cure,
    el que está sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas más sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos años.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un año,
    va dedicada a “mi quinta”
    al cumplir sesenta años.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , viejo,   

    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Está al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pasé años muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a mí “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Señor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos niños muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy pequeñitos
    pasamos algún apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis añitos,
    Íbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En párvulos empezamos
    con esos pocos añitos,
    teníamos Doña Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena “leche”.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la “hermana Antonia”, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cariño
    cuando en el comedor
    estábamos de servicio.

    Con Doña Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos enseñó a coser,
    bordados en panamá,
    hicimos un “tú y yo”
    y alguna cosilla más.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    “lo podía haber hecho antes”

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    “algo habrás hecho mal”.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Doña Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Doña Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al fútbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Doña Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bailábamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebrábamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto “el portalillo”,
    y cuando venían los chicos
    pasábamos apurillos.

    Nos mandaba Doña Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y también “hacer pipí”.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y llegábamos con sed.

    Eran años de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebastián,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    Ésta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un año
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el “facebook”
    y después con el “whatsApp”,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos más.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mandábamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    “largos nos ponéis los dientes”.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pasárnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que llegáramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por “mi quinta”,
    que nos dé su protección.

    El que está enfermo lo cure,
    el que está sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas más sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos años.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un año,
    va dedicada a “mi quinta”
    al cumplir sesenta años.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: , viejo   

    Este afortunado y viejo sol 

     
  • viva el Saturday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , viejo   

    MORFEO 

    Hoy he visitado dos casas inhabitables y sus almas vacías. LAS CASAS Y LAS ALMAS.
    La primera es una casa con planta en forma de L que tiene una salida a calles diferentes en cada uno de sus extremos. La casa tiene innumerables habitaciones y pasillos que forman un laberinto difícil de recordar. Hay estancias secas y oscuras pero también las hay húmedas y luminosas, con patios interiores soleados o lluviosos. Sus dos fachadas son viejas y resquebrajadizas. Una de ellas da al campo y se sale por un rústico y viejo portón de madera. La otra fachada da a una calle de ciudad de provincias y su puerta es de madera o hierro, según los días, aunque es de una apariencia mediocre. Es incómodo vivir en ella porque está casi vacía de muebles, desconchada y polvorienta. Tan solo una pequeña parte se usa. El resto es visitada ocasionalmente por dos de los tres moradores: padre, madre e hija. Únicamente la niña recorre con frecuencia los lugares más alejados e inhóspitos y conoce todos sus rincones y laberintos. El padre solo se atreve a recorrerla con su hija por miedo a perderse, aunque se siente atraído por sus enormes posibilidades y le agradan especialmente esos abandonados jardines y patios con galerías acristaladas a los que llega la luz y las nubes. La madre no sale nunca de los dos o tres cuartos principales que dan a la ciudad.
    La segunda casa es redonda y alta, con forma de cúpula y una indescriptible arquitectura de estancias interiores. La cúpula está recubierta por una única y continua estantería de libros imposibles de alcanzar ni leer. Nada tiene una función concreta en este alojamiento: se puede dormir, cocinar o bailar, de forma indiferente, en cualquiera de sus múltiple rincones. Aunque hay muros, vigas y escaleras… la separación entre espacios nunca es total ni resulta evidente. A veces se tiene la sensación de que los elementos arquitectónicos cambian a capricho y con desasosiego para algunos de sus habitantes y visitantes. Otros, en cambio, parecen acostumbrados a los cambiantes designios de la mansión. No se sabe si los vanos exteriores son puertas o ventanas. Por cualquiera de ellos se puede entrar y salir. Incontables personas, cada cual más extraña, entran y salen continuamente. Hay gente que vive allí siempre, en su recodo imposible y otros que entran tan solo a curiosear y marcharse. Se cuentan por centenas los cachivaches inútiles que la adornan y a los que los habitantes intentamos encontrar una utilidad para satisfacer una perentoria necesidad del momento: freír un huevo frito con un disco; oler las noticias en un tintero; escuchar música con unas gafas sin cristales; fabricarnos un reloj digital con una caja de cuchillas de afeitar o un smartphone con lo que parecen las pastillas de freno de un coche.

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: , viejo   

    El guitarrista viejo mira al ombligo de su guitarra 

    El guitarrista viejo mira al ombligo de su guitarra.

     
c
Crea una nueva entrada
j
Siguiente entrada / Siguiente comentario
k
anterior entrada/anterior comentario
r
Responder
e
Editar
o
mostrar/ocultar comentarios
t
ir al encabezado
l
ir a iniciar sesión
h
mostrar/ocultar ayuda
shift + esc
Cancelar