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    Inventan una mascarilla para investigar trabajos de master 

    El olor es insoportable, dice Nacho Escuelante, hay que protegerse bien del mal olor que se desprende.

    En pleno lanzamiento de mierda entre periodicos de una y otra línea, un emprendedor español y muy español ha inventado la mascarilla anti-master. Una idea que se le ocurrió sin ton ni son, mientras estaba como vaca sin cencerro, intentando conseguir un trabajo. El invento ha sido muy celebrado por parte de periodistas y lectores. Algunos periodicos regalan hoy una de las más populares en su edición matinal.

     
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    La luna es una vaca sin establo 

    La luna es una vaca sin establo.

     
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    Ten presente el ejemplo de una vaca vieja… 

    Ten presente el ejemplo de una vaca vieja,
    que se da por satisfecha durmiendo en un cobertizo.
    Tienes que comer, dormir y cagar,
    eso es inevitable,
    lo demás no es asunto tuyo.

    Patrul Rimpoche, erudito budista

     
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    Mirá el nuevo va por la cuarta greguería… 

    Mirá, el nuevo va por la cuarta greguería
    Dejálo, ¿No te acordás cuando recién llegaste a la página?
    Ma´ que sí, bueno, ya sabés eso de la vaca y lo de la ternera…
    Y lo del incendiario y el bombero…
    Mejor parale que le damos ideas al chico

     
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    Si el pez nada ¿la vaca todo 

    Si el pez nada… ¿la vaca todo?

     
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    ¿Quieres cambiar el mundo Deja de salir como… 

    ¿Quieres cambiar el mundo? Deja de salir como vaca a caminar de una punta a la otra de la ciudad cada vez que te lo piden. Yo sé que esas marchas son buenas para conocer chicas revolucionarias, pero esa no es la idea; la idea es cambiar el mundo. Y para cambiar el mundo, lo que hay que hacer es jugar a la Ley. ¿Has jugado al ajedrez? Pues, el ajedrez, tiene unas reglas; tú no ganas la partida volteando al rey opuesto con el dedo, ¿sabes? Claro que lo sabes. Para cambiar el mundo tienes que poner al Estado a trabajar a tu favor; lo curioso del caso (y es igual en el ajedrez) que para currar a tu favor, el Estado tiene que hacerlo en su propia contra. Paradojas. Entonces, punto 1: te vas a un CAP, haces que te visite un médico, al salir te darán una factura informativa (o te la enviarán a casa). Punto 2: teniendo la prueba en la mano, te juntas con tus amiguetes, que han hecho eso mismo que tú de ir al CAP (porque se notan como los cojones más hinchados que de costumbre; las señoritas, que elijan su propia dolencia) y esos amigos se juntan a su vez con otros amiguetes más (unos que tú ya ni conoces), y así, y así, y así, y más, más y más, como cuando en esas noches de verano, sudorosos, los seres humanos se contentan impactando una pelvis contra la otra, y se le entregan todas las facturas informativas a un abogado que, a su vez, solicita vía judicial al Estado que, ya que esto de las facturillas informativas es “legal”, tú, como ciudadano legal que eres, quieres la factura informativa de TODO lo que el estado se gasta en ti. Como el pequeñísimo Estado que hoy tenemos puede mentir (u omitir) de palabra al viento pero no en los papeles oficiales, el estado tendrá que contarte lo que se gasta, cada fucking vez que lo haga, y cada vez te dará más pruebas con las que presentar más demandas. Si te da pereza hacerlo te entiendo, pero luego no me vengas a hablar de que la cosa está mal y hay que cambiar el mundo. Y si de veras tienes las pelotas más hinchadas que de costumbre y no quieres ir al CAP a que te visiten, te paso la receta de mi abuelo: llenas el bidet con agua helada, te sientas, y los pones a remojar. Besos.

     
    • manuelaresti el Permalink

      ¿Qué tal estás? Yo he vuelto a caer en la bebida…

    • The Translator el Permalink

      Ahora mismo salía de dentro de la botella de Johnny Walker; pasé la noche allí hasta que un amigo me alcanzó una escalerilla hecha con cerillas.

    • The Translator el Permalink

      Si te fijas en el Tetris de aquí a la derecha, estoy a un paso de aplastarte como a una mosca, amigo/a aresti o resti.

    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el Permalink

      Y si os fijáis ambos, yo ya formé fila de tres, así a abur. Creo que soy el único paciente del seguro social de Guatemala al que sus médicos hasta le responden consultas via mail. Eso sí, un día de estos me darán el doctorado en Medicina Honoris Causa por pasármela leyendo la enciclopedia médica.

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    CONDENADO 

    Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

     
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    Me gusta morderle el cuello como una rata… 

    Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

     
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    Me gusta morderle el cuello como una rat … 

    Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

     
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    La sartén musical de la vaca empieza en la corbata del cencerro 

     
    • xarleen el Permalink

      Teta que la mano no cubre, no es teta, sino ubre

    • sky el Permalink

      todo lo que se sale del puñado está desperdiciado

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    toro 

    Monté en mi cabalgadura. El camino era largo. Paciencia. Sabré llegar a mi destino. El camino estaba plagado de monstruos. Los ríos eran de sangre.

     
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    Vach 

     
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    La gaita es una teta de vaca con… 

    La gaita es una teta de vaca con palitos.

     
    • fontfranch el Permalink

      Eso sí. En vez de dar leche, da por el saco con el ruido.

    • carlos el Permalink

      No comas bifes de vaca loca, te estan poniendo muy xenofóbico….

    • Ahasvero el Permalink

      ¿Xenófobo por decir que la culpa de que los argentinos seáis así es nuestra (de italianos y españoles)? Jajajaja!

    • fontfranch el Permalink

      Vaya, ¿los argentinos también soplan gaitas?

    • Ahasvero el Permalink

      …y otras montoyas.

    • boscour el Permalink

      La mamá italiana y el ego español. Jaja

    • Ahasvero el Permalink

      Si los españoles tuvieran la mitad de ego que yo serían argentinos.

    • boscour el Permalink

      Luego, tú qué eres? Chabal.
      Vamos a tener que sacarnos la careta…

    • Ahasvero el Permalink

      Yo soy el judío errante, ¿ahora te desayunas?

    • boscour el Permalink

      ¿Errante?
      ¿Le erras a todo o solo a algunas cosas?
      ¿A cuales, por ejemplo?

    • Ahasvero el Permalink

      Contigo, si he de escoger un arma, escogeré la gramática: estás herrado como un burro. A veces es necesario el diccionario.

    • boscour el Permalink

      Yo errado con la gramática, es cierto. Pero mucho mas herrado en hortografía y tantas otras cosas… un día te hablaré de Sarmiento, aquél que salió a cagar y se lo llevó el viento.

    • Ahasvero el Permalink

      ¿El que cagó tres peloticas, una para Juan, otra para Pedro y otra para el que hable primero?

    • Ahasvero el Permalink

      ¡Tú eres un nazi que quiere acabar con los pobres judíos como yo! Jajajaja.

    • carlos el Permalink

      Ashavero. eres xenófobo por te la las tomas con los sudacas,por nuestra puta herencia y vamos a tu patria a querer llevarnos el mundo por delante limpiando mierda en tus país y tu te jactas de ser europeo y no recuerdadas que seguis siendo los siervos de los nordicos,los germanos, los helveticos y los britanicos,se salvan los vascos y los barzas que esos si tienen huevos…..
      Eres descendiente del generalisimo FRANCo ?
      Tratas a los demás, es vez de con ingenio , con desprecio….
      IGUAL TE ADMIRO PO TU CAPACIDAD CREATIVA, EL FORMATO DE TU BLOG ES UN GRAN LOGRO,
      Regreesa la entrada de las 500 greguerias…

      un abrazo….

    • boscour el Permalink

      Judío. tal vez… Pero probrecito, no creo.

    • boscour el Permalink

      En cuanto a las tres pelotitas, serían de otro Sarmiento…¿Nop estarás confundido con los tres chanchitos? (En ese caso serían 6)

    • Ahasvero el Permalink

      Estimadísimos amigos, ¿a partir de ahora las tonterías se van a tomar en serio? Si es así, avisadme para que ponga el blog en cuarentena.

    • boscour el Permalink

      Y a nosotros qué? ¿Nos vas a fusilar?
      Yo no me las tomo en serio ni en broma!

    • Ahasvero el Permalink

      Jajaja, a lo mejor… como soy tan ogro, jojojo.

    • carlos el Permalink

      INTIFADA,lapidar al judio que se queja de los nazis y es mas cruel que ellos…

    • boscour el Permalink

      calmaos hermanos, ondas de amor y paz, to be or not to be, nec plus ultra, café do brasil, todo va mejor con coca cola

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: , , vaca   

    La gaita es una teta de vaca con palitos 

     
    • tintadelcorazon el Permalink

      No comas bifes de vaca loca, te estan poniendo muy xenofóbico….

    • fontfranch el Permalink

      Eso sí. En vez de dar leche, da por el saco con el ruido.

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      ¿Xenófobo por decir que la culpa de que los argentinos seáis así es nuestra (de italianos y españoles)? Jajajaja!

    • fontfranch el Permalink

      Vaya, ¿los argentinos también soplan gaitas?

    • Ahasvero el Permalink

      …y otras montoyas.

    • boscour el Permalink

      La mamá italiana y el ego español. Jaja

    • Ahasvero el Permalink

      Si los españoles tuvieran la mitad de ego que yo serían argentinos.

    • boscour el Permalink

      Luego, tú qué eres? Chabal.
      Vamos a tener que sacarnos la careta…

    • Ahasvero el Permalink

      Yo soy el judío errante, ¿ahora te desayunas?

    • boscour el Permalink

      ¿Errante?
      ¿Le erras a todo o solo a algunas cosas?
      ¿A cuales, por ejemplo?

    • Ahasvero el Permalink

      Contigo, si he de escoger un arma, escogeré la gramática: estás herrado como un burro. A veces es necesario el diccionario.

    • boscour el Permalink

      Yo errado con la gramática, es cierto. Pero mucho mas herrado en hortografía y tantas otras cosas… un día te hablaré de Sarmiento, aquél que salió a cagar y se lo llevó el viento.

    • Ahasvero el Permalink

      ¿El que cagó tres peloticas, una para Juan, otra para Pedro y otra para el que hable primero?

    • tintadelcorazon el Permalink

      Ashavero. eres xenófobo por te la las tomas con los sudacas,por nuestra puta herencia y vamos a tu patria a querer llevarnos el mundo por delante limpiando mierda en tus país y tu te jactas de ser europeo y no recuerdadas que seguis siendo los siervos de los nordicos,los germanos, los helveticos y los britanicos,se salvan los vascos y los barzas que esos si tienen huevos…..
      Eres descendiente del generalisimo FRANCo ?
      Tratas a los demás, es vez de con ingenio , con desprecio….
      IGUAL TE ADMIRO PO TU CAPACIDAD CREATIVA, EL FORMATO DE TU BLOG ES UN GRAN LOGRO,
      Regreesa la entrada de las 500 greguerias…

      un abrazo….

    • Ahasvero el Permalink

      ¡Tú eres un nazi que quiere acabar con los pobres judíos como yo! Jajajaja.

    • boscour el Permalink

      Judío. tal vez… Pero probrecito, no creo.

    • boscour el Permalink

      En cuanto a las tres pelotitas, serían de otro Sarmiento…¿Nop estarás confundido con los tres chanchitos? (En ese caso serían 6)

    • Ahasvero el Permalink

      Estimadísimos amigos, ¿a partir de ahora las tonterías se van a tomar en serio? Si es así, avisadme para que ponga el blog en cuarentena.

    • boscour el Permalink

      Y a nosotros qué? ¿Nos vas a fusilar?
      Yo no me las tomo en serio ni en broma!

    • Ahasvero el Permalink

      Jajaja, a lo mejor… como soy tan ogro, jojojo.

    • tintadelcorazon el Permalink

      INTIFADA,lapidar al judio que se queja de los nazis y es mas cruel que ellos…

    • boscour el Permalink

      calmaos hermanos, ondas de amor y paz, to be or not to be, nec plus ultra, café do brasil, todo va mejor con coca cola

  • viva el Permalink |
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    Para hacerse amar de los hombres o, en su defecto, conservar el cutis suave, fino, blanco y agradable al tacto 

    Tómese un licor llamado agua de citiso, que los antiguos filósofos conocían con el nombre de akarim, déjese en un vaso descubierto expuesto tres noches a las influencias de Urano, Marte y Venus, y luego veinte y cuatro horas del sol; entonces se retira, y se mezclan algunas gotas con la leche fresca de vaca o cabra, aunque es preferible la de yegua o burra, y al cabo de cinco minutos se lava con esta mezcla las manos o la parte que sea. Cleopatra, por ejemplo, se hacía llenar una piscina con leche de burra virgen a este solo efecto y no sólo conquistaba hombres sino incluso imperios.

    (Secretos sacados del libro de Cleopatra)

     
    • Arias el Permalink

      Dentro del jarrón
      duermen las cortesanas:
      todo en calma.

    • susana el Permalink

      aquí estoy con el blog de notas…lo del cutis blanco y suave lo tengo por ahora…a que huele el agua de citiso? porque mezclado con leche de burra..aggggggg, eso seguro que no es un repelente? jajajaj algo para alejar los malos bixos o así…besitos su

    • su el Permalink

      aquí estoy con el blog de notas…lo del cutis blanco y suave lo tengo por ahora…a que huele el agua de citiso? porque mezclado con leche de burra..aggggggg, eso seguro que no es un repelente? jajajaj algo para alejar los malos bixos o así…besitos su

    • Sky el Permalink

      que no, te encuentro un poco descreída…

    • susana el Permalink

      jajaja osea q hay q creerselo? si yo soy de belleza distraida, por mas citiso q me ponga jajajaja

    • su el Permalink

      jajaja osea q hay q creerselo? si yo soy de belleza distraida, por mas citiso q me ponga jajajaja

    • Sky el Permalink

      se te olvida la leche de burra, jajaja

    • susana el Permalink

      jajaja si tb jajajaja lo q me faltaba, con mi cara y oliendo a burra…xd

    • su el Permalink

      jajaja si tb jajajaja lo q me faltaba, con mi cara y oliendo a burra…xd

    • Sky el Permalink

      no comías pastillas de leche de burra en tu infancia? eran buenísimas!

    • susana el Permalink

      jajaja si es verdad, estaban ricas jajaja pero no eran un repenlente de hombres jajaja

    • su el Permalink

      jajaja si es verdad, estaban ricas jajaja pero no eran un repenlente de hombres jajaja

    • Sky el Permalink

      por eso… un beso

    • susana el Permalink

      uy yo quiero mas jajaja

    • su el Permalink

      uy yo quiero mas jajaja

    • Sky el Permalink

      ahora tengo prisa, me voy al masaje, jeje

    • susana el Permalink

      jajaajjjaj pero q….disfruta bixo

    • su el Permalink

      jajaajjjaj pero q….disfruta bixo

    • Makkkafu el Permalink

      ¿y si cambiamos el cítiso por patxarán y la leche de burra por “leche Pascual” el resultado será el mismo? me pregunto …

      C.A. Makkkafu.

    • Sky el Permalink

      disfruté, su.

      Makkkafu, con eso sólo se consigue un dolor de cabeza del carajo! se nota que en esto de la magia negra, tú ni flores, jajaja.

    • susana el Permalink

      me alegro

    • su el Permalink

      me alegro

    • Sky el Permalink

      :lol:

    • sally el Permalink

      y como voy a obtener esos productos, ah?

    • Ahasvero el Permalink

      Yo te los vendo a un módico precio.

  • viva el Permalink |
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    Caduceo 

    Claves para al asesino:

    He estado en casa de mi novia -sí claro, también tengo. Estaba nerviosa.

    —La policía me estaba haciendo preguntas raras ¿Es posible que ya estén tras tu pista? -me dijo.
    —Nada más lejos!

    Más pistas para esos imbéciles: Alas, Alegorías, Animales, Axiales, Cadena, el Carro, Disco, Enfrentamiento perfecto, Grutescos, Imagen del mundo, Mercurio, Números, la Rueda de la fortuna, Septenario, Serpiente, Simetría, Vaca

     
    • Goma2 el Permalink

      ???

    • Ahasvero el Permalink

      Yo por las mañanas me llamo Nicanor, como diría Gastón Baquero…

    • Anonimo el Permalink

      Estamos cerca

    • Anónimo el Permalink

      Estamos cerca

    • Anonimo el Permalink

      Un poco culto y enrevesado veo yo a este asesino

    • Anónimo el Permalink

      Un poco culto y enrevesado veo yo a este asesino

    • Anonimo el Permalink

      ¿Eres un psicópata?

    • Anónimo el Permalink

      ¿Eres un psicópata?

    • psico el Permalink

      entre un 3 y 5% de los hombres son sociópatas; mientras que menos del 1% de la población de las mujeres lo son…

    • imitador el Permalink

      la mejor forma de matar es a disgustos, así nadie encuentra el arma asesina

    • Ahasvero el Permalink

      Muy bueno, imitador :)

  • viva el Permalink |
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    Claves para descubrir al asesino He estado en… 

    Claves para descubrir al asesino:

    He estado en casa de mi novia -sí claro, también tengo. Estaba nerviosa.

    —La policía me estaba haciendo preguntas raras ¿Es posible que ya estén tras tu pista? -me dijo.
    —Nada más lejos!

    Más pistas para esos imbéciles: Alas, Alegorías, Animales, Axiales, Cadena, el Carro, Disco, Enfrentamiento perfecto, Grutescos, Imagen del mundo, Mercurio, Números, la Rueda de la fortuna, Septenario, Serpiente, Simetría, Vaca

     
    • Goma2 el Permalink

      ???

    • Ahasvero el Permalink

      Yo por las mañanas me llamo Nicanor, como diría Gastón Baquero…

    • Anonimo el Permalink

      Estamos cerca

    • Anonimo el Permalink

      Un poco culto y enrevesado veo yo a este asesino

    • Anonimo el Permalink

      ¿Eres un psicópata?

    • psico el Permalink

      entre un 3 y 5% de los hombres son sociópatas; mientras que menos del 1% de la población de las mujeres lo son…

    • imitador el Permalink

      la mejor forma de matar es a disgustos, así nadie encuentra el arma asesina

    • Ahasvero el Permalink

      Muy bueno, imitador :)

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    V a c a – a n a l 

    Una bacanal no es una vaca anal, excepto si se trata de tu novia.

     
  • viva el Permalink |
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    La luna es una vaca grávida 

    La luna es una vaca grávida.

     
  • viva el Permalink |
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    Leche 

    La leche es agua vestida de novia por la modista de la vaca.

     
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    Hotel 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad…

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      …a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

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      Ya somos dos…

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      … los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces.

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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

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      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

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    PFNHDM 2.UN TIPO ORDINARIO Y OBSCENAMENTE FELIZ 

    Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
    A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
    Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
    Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
    Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
    Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

    He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

    Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

    Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
    A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
    Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
    Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
    Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
    Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

    He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

    Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

    Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

     
    • Álamos de viento el Permalink

      No pretendo analizar tu escritura en términos literarios. Solo diré que tiene un poderoso llamado, una especie de trance… Odiseo lo explicaría mejor, sin duda. Ha sido muy grato visitarte. Gracias por compartir :)

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      No pretendo analizar tu escritura en términos literarios. Solo diré que tiene un poderoso llamado, una especie de trance… Odiseo lo explicaría mejor, sin duda. Ha sido muy grato visitarte. Gracias por compartir :)

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    Donato 

    Todas las noches a las tres, cuando cerraban el BAR KISS, Donato cogía su bandolera y su silbato, el que le regaló un poli de la comisaría de municipales, y se marchaba a su casa. Cuando pasaba por la esquina de la comisaría le silbaba al de la puerta, como si tuviera que recordarle que seguía conservando el silbato, o simplemente por que le hacía gracia “tocarle el pito a la policia” – decía jocosamente a su amigo “El chino”. Al Chino le hizo tanta gracia la primera vez que se lo contó que tuvo que ir a mearse en la obra.

    Cuando llegó a casa su mujer ya dormía. “Gracias a dios – pensó – con lo insoportable que es esa vaca del asfalto”.

    Tenía que trabajar hasta las cuatro de la madrugada en el coño de Madrid y encima tener que soportar a esa mala bestia. Como de costumbre se hizo una paja en el baño y se fue a acostar al salón para no despabilar a su mujer.

    A las cinco y media se despertó sobresaltado. Estaba sudando. Soñaba. Deliraba. Augusto disecaba a su mujer y luego la policía venía a detenerlo a él y se lo llevaban a la cárcel y en la cárcel le clavaban plumas de loro hasta que le reventaban las tripas y Augusto sonreía con cara de estúpido. ¡Menudo pájaro, menudo pájaro! – gritaba “El Loro”- y en ese momento despertó.

     
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      Donato
      All the nights to three, when they closed the BAR KISS, Donato took its brigand and its whistle, the one that gave poli to him of the police station of policemen, and left to its house. When it passed by the corner of the police station whistled to him to the one of the door, as if it had to remember to him that it continued conserving the whistle, or simply so that made grace “touch to him to him the whistle to the police” – humorous said to its friend “the Chinese”. To the Chinese the first time did as much grace to him that was told it that had to go to piss to works of opposite.
      When she arrived at house her woman already slept. “Thanks to God – it thought – with the unbearable thing that it is that cow of asphalt”.
      It had to work until the four of the dawn in coño of Madrid and above to have to support to that bad beast. As usual a straw in the bath was made and it went away to lay down to the hall not to despabilar to his woman.
      To five and the average one one awoke frightened. It was sweating. It dreamed. It was delirious. Augusto dissected its woman and soon the police came to stop it to him and they took it to the jail and in the jail they nailed parrot pens to him until the guts burst to him and Augusto smiled with face of stupid. Slight bird, slight bird! – the Parrot shouted “” – and then it woke up.

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      Donato
      All the nights to three, when they closed the BAR KISS, Donato took its brigand and its whistle, the one that gave poli to him of the police station of policemen, and left to its house. When it passed by the corner of the police station whistled to him to the one of the door, as if it had to remember to him that it continued conserving the whistle, or simply so that made grace “touch to him to him the whistle to the police” – humorous said to its friend “the Chinese”. To the Chinese the first time did as much grace to him that was told it that had to go to piss to works of opposite.
      When she arrived at house her woman already slept. “Thanks to God – it thought – with the unbearable thing that it is that cow of asphalt”.
      It had to work until the four of the dawn in coño of Madrid and above to have to support to that bad beast. As usual a straw in the bath was made and it went away to lay down to the hall not to despabilar to his woman.
      To five and the average one one awoke frightened. It was sweating. It dreamed. It was delirious. Augusto dissected its woman and soon the police came to stop it to him and they took it to the jail and in the jail they nailed parrot pens to him until the guts burst to him and Augusto smiled with face of stupid. Slight bird, slight bird! – the Parrot shouted “” – and then it woke up.

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    Etiquetas: , vaca   

    La performance 

    La vaca, vestida con sus cueros, parece ir siempre a una ‘performance’ sadomasoquista, pero en el camino siempre le pierde la ‘hierba’.

     
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