Inventan una mascarilla para investigar trabajos de master

El olor es insoportable, dice Nacho Escuelante, hay que protegerse bien del mal olor que se desprende.

En pleno lanzamiento de mierda entre periodicos de una y otra línea, un emprendedor español y muy español ha inventado la mascarilla anti-master. Una idea que se le ocurrió sin ton ni son, mientras estaba como vaca sin cencerro, intentando conseguir un trabajo. El invento ha sido muy celebrado por parte de periodistas y lectores. Algunos periodicos regalan hoy una de las más populares en su edición matinal.

¿Quieres cambiar el mundo Deja de salir como…

¿Quieres cambiar el mundo? Deja de salir como vaca a caminar de una punta a la otra de la ciudad cada vez que te lo piden. Yo sé que esas marchas son buenas para conocer chicas revolucionarias, pero esa no es la idea; la idea es cambiar el mundo. Y para cambiar el mundo, lo que hay que hacer es jugar a la Ley. ¿Has jugado al ajedrez? Pues, el ajedrez, tiene unas reglas; tú no ganas la partida volteando al rey opuesto con el dedo, ¿sabes? Claro que lo sabes. Para cambiar el mundo tienes que poner al Estado a trabajar a tu favor; lo curioso del caso (y es igual en el ajedrez) que para currar a tu favor, el Estado tiene que hacerlo en su propia contra. Paradojas. Entonces, punto 1: te vas a un CAP, haces que te visite un médico, al salir te darán una factura informativa (o te la enviarán a casa). Punto 2: teniendo la prueba en la mano, te juntas con tus amiguetes, que han hecho eso mismo que tú de ir al CAP (porque se notan como los cojones más hinchados que de costumbre; las señoritas, que elijan su propia dolencia) y esos amigos se juntan a su vez con otros amiguetes más (unos que tú ya ni conoces), y así, y así, y así, y más, más y más, como cuando en esas noches de verano, sudorosos, los seres humanos se contentan impactando una pelvis contra la otra, y se le entregan todas las facturas informativas a un abogado que, a su vez, solicita vía judicial al Estado que, ya que esto de las facturillas informativas es “legal”, tú, como ciudadano legal que eres, quieres la factura informativa de TODO lo que el estado se gasta en ti. Como el pequeñísimo Estado que hoy tenemos puede mentir (u omitir) de palabra al viento pero no en los papeles oficiales, el estado tendrá que contarte lo que se gasta, cada fucking vez que lo haga, y cada vez te dará más pruebas con las que presentar más demandas. Si te da pereza hacerlo te entiendo, pero luego no me vengas a hablar de que la cosa está mal y hay que cambiar el mundo. Y si de veras tienes las pelotas más hinchadas que de costumbre y no quieres ir al CAP a que te visiten, te paso la receta de mi abuelo: llenas el bidet con agua helada, te sientas, y los pones a remojar. Besos.

CONDENADO

Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

Me gusta morderle el cuello como una rata…

Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

Me gusta morderle el cuello como una rat …

Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.