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    Aire de silencio 

    Hay un cielo dulce y triste en el rojo de la tarde,
    que da belleza a la nube voluptuosa en la que arde.
    Y bajo el malva y el rojo se han remansado los tilos
    de blanco, rosado y grana en sus sigilosos nimbos.
    Sosegada el agua gime, en el fondo de la fuente,
    agua de callada lágrima, bajo la tierra nacida.
    Tras su vesánico ensueño, entre rojos y fanales de los cielos,
    luz de estrellas, plumas de ángel y en la penumbra luceros.
    Por los rosales de nubes la tarde se hacía incienso.
    Y, de repente, un silencio melancólico y distante,
    ha temblado sobre el agua en el vacío del aire.
    Es un aire de silencio, es un suave trepidar
    entre cúmulos ahogados, soñolientos de la tarde;
    un silencio tan difunto que llorando está por nadie
    en esta triste y dorada solemnidad de los aires.

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    El cementerio 

    Con sus muertos panza arriba.
    La que reza al infinito.
    Los que no tienen ojos.
    Los que se baten en duelo con sus tibias.
    Los que están aglomerados con la tierra.

     
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    Puede… 

    Puede que no tenga el tacto suave.

    Y aunque no parezca mucho,

    puedo darte lo mejor de mi.

    Soy todo tuyo, pibón de la oficina.

    Eres todo lo que quiero.

    Cuando estás recostada en mis brazos,

    me cuesta creer que no estemos en el cielo.

    El cielo es un lugar en la tierra contigo.

    Tal vez no sé mucho

    pero sé que esto es cierto:

    el cielo me ha bendecido

    por ser amado por ti.

     
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    Tu espacio para navegar 

    Todas mis inseguridades, todas mis aristas nunca me hicieron parpadear ni una sola vez. Me rendiría para siempre por tocarte, porque sé que me sientes de alguna manera. Eres lo más cercano al cielo que nunca estaré y no quiero irme a casa ahora mismo. Estoy pensando en ti, en mi insomne soledad de esta noche. Si está mal amarte, entonces mi corazón simplemente me ha dejado sin razón. Podría hacerte feliz, hacer tus sueños realidad. Nada hay que yo no haría. Ve a los confines de la tierra sentada en el sol para que te haga sentir mi amor. Y cuando necesites tu espacio para navegar un poco, estaré aquí esperando pacientemente para que me encuentres. No me rendiré.

     
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    Confesiones … 

    también hierba meadero lloro orugas adelante demuestra pureza divirtiéndonos fábrica catequesis insecto vuestra armados partir narrador corrían bolos olmos pintará ruja bajel primogénita parecía sombras triste deshonrados instintos tratado verde tullidos polvo ganada mía consonante contentaré criaturas juzgados natural piedad espantos estamos suave fuerza mías vueltas amante crearlo parásitos rebelo veinte simplemente inocencia estampas considerar disipo abajo darán tierra inmensa desenfreno gusanos maniáticos fusiles aguardan perseguirla sotos cuánto vértigo viático reloj existencia tiempo

     
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    Ahora todo es noche. El gran teatro de La Zaranda 

    Hay muchos tipos de teatro. Hay también, expresado de forma simplista, teatro bueno y teatro malo. Y más allá de las definiciones o categorizaciones fáciles, nos encontramos en contadas ocasiones con la esencia del teatro, con el espíritu de lo teatral como acto de liturgia, aquello que algún creador denominó el teatro sagrado, y al que solo unos pocos pueden acceder, pues es un territorio en el que no entran en juego los recursos efectistas, las vanidades de directores de escena o dramaturgos que necesitan colocarse por encima del propio acto creador, ni las piruetas exhibicionistas de aquellos que, incapaces de entender el texto teatral, tanto el literario como el espectacular, se dedican a encubrir su falta de preparación intelectual y artística y su impericia de artesanos con posicionamientos escénicos vacíos de contenido. El gran teatro solo está al alcance de unos pocos sabios, que, paradójicamente, en este país, y en otros de nuestro entorno mediterráneo, suelen ser recluidos al olvido, obligados a vivir en la oscuridad, a enfrentarse al exilio de los creadores en su propia tierra, porque son molestos para los mediocres burócratas que ostentan un mínimo poder, porque resultan incómodos por su capacidad crítica y su clarividencia para destapar la inmundicia de una sociedad cada vez más ignorante, más entregada al gesto superfluo y al postureo de las redes asociales, que se fotografía ante la imagen vanidosa de su yo vacío de ideas y contenidos y que ni siquiera se plantea, porque no puede o no sabe, en ningún caso porque no se atreve, quién es ese yo que pone morritos en Instagram mientras se fotografía en un teatro fingiendo que ve, porque tampoco saben que el teatro es el arte de ver, de verse viendo.
    Pocas veces ya me estremezco en un teatro, y mucho menos se me pone la piel de gallina como me sucedió ayer viendo Ahora todo es noche, el espectáculo de La Zaranda, que no es una obra más, es un jalón en su carrera y en el teatro español, por su intensidad, su autenticidad, su hermosura artística, teatral, pictórica, por su profundidad simple, y por ser un auténtico canto a la esencia del teatro. En Ahora todo es noche late como nunca el espíritu del gran Juan Sánchez, desde el recuerdo, pero no desde la nostalgia, y brilla como en sus mejores momentos, que no han sido pocos, el texto de Calonge, el trazo sabio, pictórico, teatral, rítmico, de Paco el de La Zaranda, y la inigualable interpretación del propio Francisco Sánchez, de Enrique Bustos y de Gaspar Campuzano. Auténtico teatro que sale de las tripas, del alma misma de gente que no solo ama el teatro sino que son la reencarnación del teatro mismo. Y ya no son, desde su inestable atalaya, de la Andalucía baja, ni de la España mediana, ni siquiera como se califican ahora de ninguna parte, como terminan siendo los cómicos auténticos, ahora son ya de todas partes, ahora son patrimonio teatral de la humanidad.
    Quien quiera acercarse a la comprensión del auténtico teatro, no se pierda este espectáculo de La Zaranda, Ahora todo es noche, del 19 al 29 de abril en el Teatro Español de Madrid.

    Javier Bravo

     
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    A Cesar Vallejo en el 80 aniversario de su muerte 

    Y nos siguen cobrando el alquiler
    de este mundo que dejaron tus pestañas,
    cansadas ya de proteger tus ojos
    del polvo de la tierra,
    como si no supieran nada
    de la viudez de tus encías,
    de la tos de tus huesos,
    de las cosquillas de tu calavera,
    de ese olvido que siempre te traías entre manos,
    pero es que mis alvéolos tiran a cansados
    y las horas estaban a mi nombre,
    pero es que a hoy le falta su mañana.

     
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    Lavandera mía 

    A mi madre.

    En la piedra de lavar,
    con las rodillas en tierra,
    veo su rostro brillar
    en el agua cristalina
    del arroyo de entresierras.
    Cuesta arriba con la ropa,
    luego humedecida y limpia
    tras esforzado trabajo,
    aunque se aprecia el cansancio,
    bajando la carretera
    con alegría camina,
    orgullosa y satisfecha
    con su hijo de la mano,
    él la mira y con ella se embelesa.

     
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    Nocturno 

    Oigo música para llamar al silencio;
    esta noche lo invoca el canto de los grillos
    que se ocultan detrás del escombro del parque.
    Que se hospedan aquí pese al brutal rugido
    de la ciudad que sin razón amamos
    y que ya es imbatible en su fracaso.

    Julio exhala su ardor rojo y noctívago
    y es como si en su combustión anunciase
    que hemos de estar para algo más en esta vida.
    Para algo más que una ilusión invicta
    entre el arbusto cuajado de espliego y la palabra.
    Para no siempre ceder ante las cosas del mundo
    que a menudo significa renunciar a ser libres.
    ¿Cómo entender si no el prodigio del martín pescador,
    del águila o la libélula sobrevolando el pantano?
    ¿Cómo explicar el milagro de la música
    prendido en los zapatos de baile de un mendigo?

    Esa misma música me dice:
    Oscura incertidumbre que resuelta
    por la noche nos acosas
    sin dejar rastro en el tiempo.

    No es posible buscar desde el abismo.
    Una pletórica indulgencia encuentro a cambio,
    densa y estéril como frutos de arizónica
    que liban las polillas embaucadas por su olor.
    -un olor que se masca como goma arábiga-

    Ni el disco solar ni la noche me alumbran,
    ni me habla tu voz por ningún recodo
    pero tampoco, has de saber,
    se ensombrece la hora del relevo.

    Federico Leal (De Toma de tierra)

     
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    Del Octavo Pasajero, una aproximación más 

    La Teniente Ellen Ripley (desconfiada, valiente y arrebatadora Sigourney Weaver,
    en su primera encarnación del papel antes de devenir secuela) viaja con otros
    seis tripulantes a bordo de la nave Nostromo. La travesía es larga y lleva un
    cargamento mineral de alto valor. A través del espacio una señal que al
    principio parece una petición de ayuda es en realidad un aviso para navegantes:
    Alejados de este lugar o abandonad toda esperanza…voi ch’entrate. El cefalópodo
    que surge de un huevo casi fósil (apenas una protuberancia desovada sobre aquel
    planeta donde aterrizan) inocula a Kane (John Hurt) la simiente del octavo
    pasajero. El misterio se quiebra y la criatura deja de ser una abstracción
    embrionaria: contra todo pronóstico se abre camino a través del pecho de Hurt.
    Simplemente ha nacido el horror, la bestia alumbrada gracias a un androide a
    quien todos creían humano: El oficial científico, Dr. Ash (Ian Holm). Ha sido
    abortada la cuarentena, no hay un solo refugio en la nave. Cualquier recoveco
    podría ser la madriguera donde acecha la criatura que crece día a día. Sombras
    opresivas, ocres, claroscuros verdes y crepusculares dominan la pantalla. Ripley
    debe reiniciar la secuencia de autodestrucción del Nostromo cuando ya sólo
    quedan el gato Jones, el alienígena y ella misma en medio del vacío sideral.
    Heroína forzada a serlo con la voluntad de quien debe sobrevivir al depredador
    de depredadores. La criatura ha de ser expulsada de la nave, arrojada al espacio
    interestelar que lo engulla en su noche eterna. Luego el sueño inducido que
    durará años… hasta regresar a La Tierra que es el hogar de todas las Ítacas. Tan
    sólo queda hibernar. Cumplir la misión.

     
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