Me desperté embotado

Me desperté embotado y con los ojos tapados. Noté que había alguien sobre mis piernas desnudas a las que acariciaba con su respiración. Los olores, junto con su aliento suave, llenaban la estancia en la que me hallaba; alcohol, sexo, sudor, incienso y noche de juerga se mezclaban formando un perfume que me torturaba, un perfume salvaje que, junto a la presencia que se hallaba sobre mi, comenzó a provocarme un cosquilleo sobre mi miembro, aun medio flácido por la duda: ¿quién era ella? ¿era… Ella? Mis recuerdos de la noche eran borrosos, confusos, inciertos. Intenté mover los brazos para acariciarla, pero estaban atados con una fina y sedosa cuerda. Ya no cabía duda: era Ella, me la estaba devolviendo…

Era la hora del cuerpo ardiente Tomamos ron…

Era la hora del cuerpo ardiente. Tomamos ron, mucho ron. El sudor intenso desciende por nuestro cuerpo mientras andamos por el malecón. Ya estamos cerca. Las palmeras nos saludan. Una recuerda aquellos domingos de ramos no tan calurosos. Babalú Ayé está cerca. Lo presentimos. Lo sentimos. Lo vemos al fin con sus langostas rojas colgadas al cuello, mientras sonrie a los turistas. Un fotógrafo con cámara oscura nos inmortaliza. Adiós Hemingway.

Siento el orden y la calma Siento un…

Siento el orden y la calma,

Siento un hartazgo de la vida,

Siento una ignominia paz,

Siento brisa en mi espalda,

Siento sudor en mi frente,

Siento que tú no estás…

No hay más que decir,

Solo orden y calma,

No ruidos, ni gritos,

Descansa en paz mi consciencia,

Espera con ansias mi cuerpo,

Medita en silencio mi alma…

¿Quieres cambiar el mundo Deja de salir como…

¿Quieres cambiar el mundo? Deja de salir como vaca a caminar de una punta a la otra de la ciudad cada vez que te lo piden. Yo sé que esas marchas son buenas para conocer chicas revolucionarias, pero esa no es la idea; la idea es cambiar el mundo. Y para cambiar el mundo, lo que hay que hacer es jugar a la Ley. ¿Has jugado al ajedrez? Pues, el ajedrez, tiene unas reglas; tú no ganas la partida volteando al rey opuesto con el dedo, ¿sabes? Claro que lo sabes. Para cambiar el mundo tienes que poner al Estado a trabajar a tu favor; lo curioso del caso (y es igual en el ajedrez) que para currar a tu favor, el Estado tiene que hacerlo en su propia contra. Paradojas. Entonces, punto 1: te vas a un CAP, haces que te visite un médico, al salir te darán una factura informativa (o te la enviarán a casa). Punto 2: teniendo la prueba en la mano, te juntas con tus amiguetes, que han hecho eso mismo que tú de ir al CAP (porque se notan como los cojones más hinchados que de costumbre; las señoritas, que elijan su propia dolencia) y esos amigos se juntan a su vez con otros amiguetes más (unos que tú ya ni conoces), y así, y así, y así, y más, más y más, como cuando en esas noches de verano, sudorosos, los seres humanos se contentan impactando una pelvis contra la otra, y se le entregan todas las facturas informativas a un abogado que, a su vez, solicita vía judicial al Estado que, ya que esto de las facturillas informativas es «legal», tú, como ciudadano legal que eres, quieres la factura informativa de TODO lo que el estado se gasta en ti. Como el pequeñísimo Estado que hoy tenemos puede mentir (u omitir) de palabra al viento pero no en los papeles oficiales, el estado tendrá que contarte lo que se gasta, cada fucking vez que lo haga, y cada vez te dará más pruebas con las que presentar más demandas. Si te da pereza hacerlo te entiendo, pero luego no me vengas a hablar de que la cosa está mal y hay que cambiar el mundo. Y si de veras tienes las pelotas más hinchadas que de costumbre y no quieres ir al CAP a que te visiten, te paso la receta de mi abuelo: llenas el bidet con agua helada, te sientas, y los pones a remojar. Besos.