INT. CLOACA

juego

Panorámica circular de la antesala del infierno, un salón esférico con las siete puertas que conducen a las estancias del infierno, luciferina con un grifo mitad águila y mitad león, satánica con una serpiente de escamas azules, mammonea con una reproducción mecánica del vellocino de oro, asmodeica con una sirena provocante, belcebudina con un toro asirio con rostro de hombre barbado, laviatánica con un sapo gigantesco vestido de terciopelo escarlata y belfegorina con cuatro simios alados sujetando unas angarillas. Gritos, llantos, lamentaciones, fuego del infierno, risas sarcásticas, ruido de instrumentos de tortura.
SAMECH ATO, el Gran Detritor y sus siete ayudantes -LUCIFER, SATANÁS, MAMMÓN, ASMODEO, BELCEBÚ, LEVIATÁN y BELFEGOR.
Llegado a la Gruta abismal, el infierno, TAU se enfrenta a su pesadilla más temida y sufre una experiencia de muerte.
Es el descenso a los infiernos de los siete pecados capitales.
Al entrar al mismo únicamente se puede salvar si posee el talismán apropiado, que se consigue habiendo confesado el pecado correspondiente al gran sacerdote HEH.
En caso contrario se sufrirá un castigo acorde con el pecado capital cometido.
Por lo tanto el protagonista se expone a cada uno de los siete castigos posibles y tiene la posibilidad de salvarse o de condenarse a los mismos.
La cueva conduce al escondite secreto de los Detritor, los cuales tienen raptada como esclava a la emperatriz.
Descubren a TAU y le torturan para saber quién es y que pretende.
Nuestros amigos entran por una Puerta con una ciudad en ruinas en relieve y que pone “Tipharética”.
TAU
Aquí huele a chamusquina.
BODOS
¿Quieres dejar de hacer tanto humo, lince? Estropeas mis circuitos.
TAU
¿Yo? ¡Tú eres el que apestas a azufre, hojalata!
SAMECH (OFF)
¡Ja, Ja, Ja, el deseo, los bajos instintos, la perversión, el desorden, la magia, la elocuencia, el comercio, el misterio y las artes mágicas os han traído hasta mí, el Baphomet de los templarios, incautos jovenzuelos!
TAU
Ah, que miedo me da… Mira como tiemblo.
SAMECH (OFF)
Me hicieron guarda de viñas y mi viña que era mía no guardé.
BODOS
¡Venga ya! Deja de hacerte el gracioso.
TAU y BODOS, a la vez
¡Si has sido tú!
¿Yo?
LOS TRES
¿Quién ha dicho eso?
El diabólico SAMECH aparece como macho cabrío en las negras patas y roja cabeza, mujer en los senos y brazos, escamas verdes en los flancos, alas azules de forma membranosa.
SAMECH
Ja, ja, ja, ja, ja.
Ahora veremos si os libráis de nuestros exquisitos castigos.
(iu, iu, iu, iu, Ugiqu taqamir re ir lezqúer ca muarsqir avpuirisir bursifir).
SAMECH Desaparece.
TAU
Qué mal educado.
BODOS también desaparece.
TAU
¡Vaya, otro mal educado!
TAU desaparece también y queda TAU solo.
TAU
Eh, ¿¡Qué pasó!? ¿Dónde fueron, amigos? No me dejéis solo.
SAMECH
¡No hay escapatoria, pollino, aquí no hay vuelta atrás!

PLATO A LA CARTA

relato

No. Ahora toca el no. Abajo el murmullo no cesa. Están esos pijos con sus pulseras, sus relojes, sus bolsos de diseño, y su conversación banal. Risas. En la tele esos superhéroes que tanto parece necesitar esta puta sociedad en crisis. El humo sube hasta la ventana disipado en el murmullo incomprensible y se mezcla con el mío. Mujeres rubias, flacas, liberadas, sin oficio ni armadura ríen como caracoles asmáticos mientras las otras putas de la calle las miran como vacas que ven pasar el tren. Ese maldito olor a puro sube hasta mi escritorio. Me duele la espalda, el culo, las témporas, la rodilla que me golpeé esta tarde en el trabajo. Todo el mundo tiene algo malo, dice, tras una carcajada, ese tipo imbécil de abajo. La vecina de enfrente tiene su enorme Mac encendido. ¿Dónde está? ¿Qué piensa? ¿Qué hace? El gato se asoma al balconcito. Mira la gente del bareto-teatro. ¿Cuándo se van?, parece decir. Me siento anestesiada por el murmullo y enciendo otro cigarrillo. ¿Realmente he vuelto a fumar? Jodida mierda. Bendito humo. Humo. Humo. Humo. Mojitos. Cócteles. Sangría. Tinto verano. Vinos y copas. Plato a la carta. Al parecer, ahora el tiempo se mide de viernes a viernes. El resto del tiempo no somos humanos, no vivimos, estamos condenados en un trabajo que no nos gusta, haciendo cosas que nos desagradan para corporaciones anónimas y limitadas. ¿Cómo esperamos crear un mundo mejor así? Tampoco parece importarnos. La vecina de enfrente no tiene cara, yo creo que es una persiana. Sus ojos horizontales miran por las rendijas que dejan las lamas de madera. También respira por ellas, y escucha y huele el pescado. Cada una de esas lamas funciona como un sentido diferente. Sentidos que ni nos imaginamos y que captan las imperceptibles sensaciones ultramundanas que le llegan por todas partes. Sensor de terremotos. Detector de gases etéreos, ondas gamma y temblor de mariposas remotas. Visualizador de ectoplasmas evacuatorios. Localizador de angustias referenciales. Señalador de estanqueoladas irresolubles. Descubridor de parasimpatías. Sonda sinuosenoidal obstruida y catalítica. Visor de cuerdas y partículas elementales. Telecopiador de místicas insufribles. Medidor de superlatividad asidua discontinua y forética… Eso, hasta donde yo sé.

San Miguel de Aiguilhe de Puy

relato

No sé cómo pero decidimos salir a comer al campo. Desde luego, el tiempo acompañaba y era grata la compañía. Tortilla preparada, bocatas hechos, cervezas frías y un magnífico sol… El camino era largo y mantuvimos una tendida conversación aunque nada profunda. Al llegar al lugar, extrañamente presidido por la estatua de una sirena, había comenzado ya una riña muy acalorada que amenazaba en convertirse en una gran contienda. Ajenos al comienzo de la misma, poco nos incumbía ni la causa, ni los contrincantes, ni los resultados y, alejándonos de la refriega, nos dispusimos a extender nuestro mantel de campo y nuestras frescas y apetecibles meriendas. Sólo para saciar nuestra curiosidad, más hambrienta, si cabe, que nuestros estómagos, nos acomodamos a pocos metros de la arena en que los rivales se batían. Y desde luego le dimos merienda para deglutir a ambas gazuzas. Al parecer un asunto de cuernos. Una mujer morena, generosa y apasionada ha quedado embarazada y el marido, sabedor exclusivo de su propia impotencia, arroja sus cuernos contra todo aquel que mira con agrado a su mujer. Una vez situados en la escena, ninguno de nosotros logra apartar la vista de los generosos pechos de aquella morena, esperando a ser retados en duelo pues, como boxeadores que somos, necesitamos un “saco” para nuestro entrenamiento vespertino y un seno que nos consuele tras la lucha.

FONTFRANCH

greguería

Como negándose a asimilar la revelación sagrada que acababa yo de pronunciar, mirome con sus ojos tan azules como asépticos y musitó unas extrañas palabras en una jerigonza indescifrable. Los ojos de la congregación de heresiarcas presente se fijaron en él, en mí, en ambos, como si siguieran con fervor una partida de pingpong entre dos fantasmas venidos a menos.
Dejó a medias su ración de ubres de cabra rellenas de callos de cordero, levantose de la mesa, fue hacia la puerta y girando aquellos pomos con forma sugerente de seno, se fue dando un portazo; mientras, yo permanecia callado, estoico, frente a las miradas de los congregados.

CONDENADO

greguería

Ahora que nadie me ve, lo impregnaré de un nuevo olor en cada página. Mi piano está afinado para tocar el presente con nuevos acordes. El principio siempre es una puerta que se abre al ritmo que marcan mis satanes. Escribir es depositar el semen de mi pluma sobre los senos de una diosa blanca, la cuartilla. Qué importa, con ello doy sentido a mis jodidas vísceras. Me ajusto mi sombrero de copa mientras sueño con sus tetas.

CONDENADO DOS

greguería

He sembrado como un tubérculo su carne y la he regado de rocío. Conviene tener ese detalle. Sólo porque hoy celebro esa clase de éxito moderno de enterrar al enemigo. Levanto mi sombrero. Le dejé en calzoncillos, pienso con gran satisfacción. En este laberinto, de todas formas, no lo van a encontrar. Qué muerte tan poética, comenta Mira. Ha sido rápido, respondo. El cascabel de la muerte sonando de nuevo en nuestra familia, otro cadáver más, dice. El cementerio huele a orín y ese maldito símbolo está por todas partes. Saco un pañuelo del bolsillo y cubro mi nariz. La literatura, muchacha, es el barco en que este viejo acaricia tus senos, digo para animarla. Sonríe.

CONDENADO

greguería

Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

Los ombligos plebeyos

greguería

Recorro los ombligos plebeyos hasta que llegue el frío enero del deseo y en la gloria de tus senos enredo mis cabellos de diosa alicaída. Yo soy la madre que su pezón desnuda como palmera joven del desierto, la senoidal campana que en silencio, mientras contempla la fábrica de semen de la gente mundana, adora el fálico árbol-rey de la entrepierna.

CELIA OQUENDO. 7 DE MAYO

poesía

Cuando en tu seno reclino mi cabeza, el amor calienta nuestras noches de insomnio, palpitar de un alma dolida entonando una triste canción. Ni a susurrar me atrevo lo que me quema dentro. Vivir sin vos puede ser un tormento letal. Cuando me amas se acalla mi dolor, y mi deseo se aplaca ante tu rostro y tu vientre. Como a los pétalos de una rosa, como a los rayos del sol, como a las perlas heridas y como a los acantilados inalcanzables, el rayo del amor calentando nuestras noches de insomnio.

Trompetería Bebop o Delirium Tremens

greguería

Trompetería Bebop en que de tres en tres divertilugios según travisten como tristes titiriteros a los altos tridentes de tres cuernos amazonan los seis rigales mientras cerolusía en trecientos treinta y tres trigéminos tres corruptos semitánicos colorizan los cien blues bebop de cera inseminados como ozonos se hayan los quinientos quinqués de queroseno colorado quintifolios extravertidos y retrasterados de doble trompetería bebop jazzterados y como alapados y parapetados en el último transfondeadero de la derogación ínfima centupléxima armoniosamente holoturoideos sin almaje crinocuanterizan en un solo ambigüoideado que coclea y coclea protopáticamente en orden a la mejor reciprocidación de ellos a productos se constata pausadamente una más alta esfera de los calamitosos rendimientos en una más apresurada expansión del género bobo por todos los continentes gracias a la cual los panderos dorados de la fraternidad según colonizan en insufribles dientes de misericordia transfusión que glorifican en género metacordial como en la infrustuosa vestal de mármol sempiterno y coloide en estruendosa colación de neptunos jóvenes se estandariza la fragua misión condescendiente de las amapolas verdesí tras la noble irrupción de los sueños corruptos de los muertos dorados al sol como la mies transcendida de julio césar augusto general de las legiones se transforma en capone tras los cristales líquidos de las calculadoras de melocotón y mermelada enternecida a calendarios selénicos se digitalizan las hembras lujuriosas de analógicas huestes en parabólicas esferas senoidales siempre y cuando los gerifaltes venidos de ultramonte se derritan como picatostes de asqueroso queso en la fondue miasmática y cavernosa como huecos óculos de las calaveras transhumantes ya olorosamente frías hete aquí transfigurado en dolce vita cual rituales fijos contubernios y alacranes deíforos mientras los secretarios enfilan uno tras otro a ensartarse fálicamente en másculina amazonía septentrional a lo largo penden hidalgos gérmenes sicoidales tras las psiquiatrizantes salas hospitalarias en denostados tragos de hipnosia líquida aunque viscosamente sacralizadas con episcopales y pantocráticas garrotas neuróticos condotieri luchan afanosos con psicóticos coroneles en ferias como golfas y hetairazas masculinizantes con pélvis acérrimas e incólumes hete aquí converso en mil cientos de pedazos dialógicos e impasibles.

Enmarañado pulso

poesía

Enmarañado pulso, sube, baja
ante el distinto pecho globular.
Pesar. Un cementerio duda y duda
contra las cuerdas.

Por hoy estamos hasta todas las hastas,
y desde tiempo somos los hijos pródigos del mar
en este impune diluvio de tristezas.

Cuando los párpados nos cuelgan vaginalmente
y ríen unos dientes melifluos.

Se comprenden inquietas palabras abrasivas.

Sobre el dolor del dolor copulativo
cuánto cabe aún diluviar la risa, el jadear.

Pero en tu seno
derogado el hastío será, en tu seno,
ante el sueño anhelante de la noche.

Willend…

relato

Era como una enorme venus de Willendorf y todos sus clientes eran pequeños. Flotaban sobre sus ciclópeos senos y su coloso vientre de ballena como pinochos traviesos y perdidos. Por supuesto, la nariz les crecía con cada entrega hasta encajar en su enorme culo de estatua de Botero. Le llamaban la Willendgorda o Willendgorfa (los andaluces) y Willendgolfa (los castellanos), dependiendo de si la querían herir o halagar, respectivamente. Y, sólo con oír su nombre, Casca-Vito –llamado así por ser pequeño, además de un masturbador compulsivo– se ponía rijoso y atropellado. Su nariz era entonces digna del más genuino rey de los pinochos y hasta las “chicas de la esquina” se corrían de vergüenza… y de gusto al verla crecer.

Boni

relato

El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

—Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy. – Y puso sus tacones en marcha.

Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares… Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi.

EXT. CALLE BALLESTA – DÍA

greguería

El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

BONI. Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy.

Boni puso sus tacones en marcha.

Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares…

BONI. Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi…

VOLVER A TEBAS

relato

La ciudad aún estaba consumida por las moscas. Eran moscas tenaces, pegajosas, que dejaban en nuestros cuerpos el rastro de los cadáveres sobre los que antes se habían posado, eran alados coágulos de muerte. Yo llegué acompañado de mi pedagogo. Buscábamos a mi nodriza, a la que me amamantó mientras la perra de mi madre retozaba con su amante y mi padre teñía el Escamandro con la sangre estragada de sus héroes. Me acordaba de la dulzura de sus senos, de su lechosa piel, de la tibieza de los atardeceres a su lado. De repente, emergiendo de entre las ruinas del palacio, una sombra harapienta nos abordó. Me costó reconocer en aquel espantajo a aquella, mi criandera del alma. Sus ojos me miraban con burlona familiaridad, pero no me reconocieron. Apestaba a orín y un séquito de moscas gravitaba a su alrededor. Me besó con repugnante lascivia mientras su risa desdentada resonaba entre aquellos tristes escombros. Fue entonces cuando tuve la certeza de que mi madre tenía las horas contadas y de que yo sería su asesino.

AHASVERO

relato

Para colmo de mis desdichas, una vez en la habitación, Dánae no siempre se mostraba tan solícita como mi imaginación y mis deseos lo pergeñaban. Un día, cuando acababa de caer el sol, escalé la alta torre que me separaba de las placenteras victorias del amor, no sin hartos peligros. Con su amplio vestido de vuelo, ella estaba afortunadamente allí, y su corsé o justillo -como entonces le llamaban- elevaba sus erguidos, indomables y danaides senos. Mi inocente corazón trepidaba ansioso por acariciarlos cuando irrumpió la Damgalnunna en su ya, por fin, mancillada habitación para hacer su aún inmaculada cama. Imaginaos entonces mi azaroso rubor y patetismo tratando de ocultar lo que es más evidente que el sol de mediodía.