3/4 Zuperman

greguería

Zuperman:
-Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel.
-Ya puede, después de levantar a pulso mi camioneta…
-¿Qué crees que significa esta “Z” del paño rojo con el que venía arropadito?
-Ay, mujer… no es una “Z” es una “S”.
-Seguro que es la inicial de su nombre… ¿cuál será?
-Saturnino, seguro.
-Pues a mi me gusta más Zacarías, como mi padre.
-Es que Zacarías no pega con nuestro apellido.
-¿Y Saturnino sí?
-Vaaale, pues Zacarías Kent para servirle a Dios y a la patria.

Saturnalia

greguería

Querida Inspectora Levine, usted jamás comprenderá mi orgía. No crea que es algo arbitrario. Mi historia está escrita con sangre, una saturnalia de huesos. La extraña arquitectura de la muerte, tan incomprensible como yo mismo, su querido asesino, será desplegada en mi pequeño Apocalipsis. Ni siquiera todo su ejército de detectives podrá descifrarla. Pero, a su debido tiempo, yo mismo le daré la clave.

ASESINO ANÓNIMO

greguería

Querida Inspectora Levine, usted jamás comprenderá mi orgía. No crea que es algo arbitrario. Mi historia está escrita con sangre, una saturnalia de huesos. La extraña arquitectura de la muerte, tan incomprensible como yo mismo, su querido asesino, será desplegada en mi pequeño Apocalipsis. Ni siquiera todo su ejército de detectives podrá descifrarla. Pero, a su debido tiempo, yo mismo le daré la clave.

SIR JAMES FRAZER

relato

Yo ostentaba entonces el título de Sir y el nombre de James Frazer, exactamente igual que mi abuelastro paterno, del que heredé no sólo el nombre sino también una importante fortuna y conocimientos. De nada me sirvieron.
Había que proceder, de todos modos, a la fragmentación del ahorcado. Empuñé mi bastón y salí a pasear, necesitaba aire fresco. Al llegar a aquella sólida plaza un bufón representaba, subido en un cono, el crepúsculo del dragón. Era premonitorio. Siendo como era extranjero en todas partes, nadie dejaba de observar mis más ínfimos movimientos. Sentía fuego en el estómago. Por fin el bufón acabó con el gigante gráfico que representaba al dragón. ¡Estaba confeccionado con tiras que podían volver a unirse! Rememoré mis aventuras, o más bien desventuras, en la habitación de aquel loco, que al descubrír su máscara vomitaba el muérdago de la muerte. Pero yo me sentí liberado como un pájaro por la idea de aquel payaso. Emprendí como un perro salvaje mi carrera hacia la saturnalia. El sol era ahora tan fresco como la sombra. Había llegado el momento…