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    Febrero 

    Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
    A Paco de Lucía: Corazón flamenco, honda guitarra, embrujo de mujer, soul de Andalucía.
    Este desierto sin fin sólo me muestra el espejismo de un amor verdadero.
    Para llorar no necesito la cebolla si te tengo a ti.
    Ya de tus ojos, oasis Ya de tus labios, desierto O ya de tus manos, cielo.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    Luna, labio del cielo besado por el sol.
    Mi alma en llamas, hora dorada, por tu luz crepuscular horadada.
    Hacerle el amor a tu sonrisa, acariciar despacio tu silencio.
    Cuando aprendes a ser princesa todo el mundo quiere ser súbdito.
    A las olas, alas de amor a mar.
    Se Dilatan Se Deleitan Se Delatan Tus Pupilas
    Amarse para siempre en un instante eterno.
    Cada mirada pertenece al que la mira.
    Unas veces se ama y otras se aprende.
    Dispara tus besos y róbame.
    La mejor frase de amor es la que no se dice.
    Si encajan nuestros cuerpos quizás te empotre el alma.
    Hay miradas que enamoran y palabras que lo desmienten.
    Deshazme el amor.
    Y ahora os dejo, que tengo que inventar la bomba erotónica.
    Necesito un brochazo de amor!
    Me conquistó tu mirada y tu sonrisa, ya es hora de que me conquisten tus abrazos y besos.
    Me asomo al profundo pozo de sus ojos negros para gritarle pero nadie responde.
    ¿Fui yo tu princesa? Apenas fui un suspiro, Un cruce de miradas. Tan sólo fue eso.
    Amor por despecho tras amor de pecho.
    Murió habiendo abrazado sólo sueños.
    Recomiendo leerme en la intimidad de los abrazos eléctricos…
    Ya no son latidos, son balas explosivas…
    No quiero volver, no quiero olvidar…
    Oculto tu amor en un poema que nadie leerá.
    Si el amor se marchita, endurece sus espinas.
    Sí… cada mirada, cada beso, cada caricia, cada palabra, cada sonrisa, cada abrazo… son necesarios. Todo lo demás sobra.
    Madurar es aceptar la derrota, la humillación y la ofensa.
    ¿Cómo puedes tener alma si no tienes sonrisa?
    Si vienes a buscarme, te acompaño encantada.
    Aún busco los contornos de tu rostro, las suaves orillas de tus dedos, el alado sabor de los besos que nunca nos dimos, tu trémulo rubor…
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    “Querer” nunca fue sinónimo de “que te quieran”.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Besos: droga de la claridad.
    No soporto la mediocridad.
    Quiero un amor que haga daño.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Tal vez un día me vea reflejada en tus labios, en tu sonrisa, en tus besos.
    El amor es tan ilusorio como los fantasmas.
    Lee mi piel en la intimidad en tono grave y musical con la rotundidad de las olas espumadas que rompen en tus brazos galantes.
    Nunca los besos fueron gratis, siempre los paga el desamor.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
    El amor es como las olas del mar, a veces calmachicha, otras tsunami y casi siempre una marejadilla.
    El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
    Cartero: un amor en cada puerta.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Llévate lejos este amor, donde el sol lo abrase y fortalezca…
    Eres daltónico para mi amor.
    Todo está en contra de un amor a destiempo.
    Después del primer amor, todos son prescindibles.
    Magia, locura, amor… abre la puerta…
    Hay tiempos en que los besos dan sapos y otros en los que dan amores.
    Como la luna sin luz y como el viento sin aire.
    El tiempo es un canalla, ni sumiso a la brisa de la pasión, anega los sueños de estrellas negras.
    El primer sueño ¿realmente importa? No hay golondrinas hoy como la sombra. Besa y sigue remando.
    Olas de seda, perfume de la higuera entre tus labios, el ruido de las olas por el aire abortado: tu te desnudas luna de sangre…

     
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    El bigote de Botella y el moño de Aznar: los límites del humor 

    Unos científicos han descubierto los límites del humor. Según un estudio reciente realizado por Married & Married, de la King John Charles University, el límite se encuentra entre el moño de Aznar y el bigote de Botella.

    Como han podido demostrar, es imposible encontrar el humor entre esos límites, por lo que se deduce que es este el límite universal del humor, imposible de traspasar por cualquier sonrisa ni carcajada.

    La gelidez es tal que se acerca al cero absoluto -ha declarado Married & Married- a uno se le congela la sangre sólo de pensarlo.

     
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    La planta carnívora 

    La alfombra de sangre y excrementos.
    La jeringuilla tirada en el suelo.
    El reloj roto.
    Un tren descarrilado.
    El gusano que se acerca.

     
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    Nuestro amor 

    Nuestro amor está aquí para quedarse

    Noche y día, como el Blues de la autopista

    Ando por ahí, y me concentro en ti

    Aprendiendo el azul es fácil amar

    Esta vieja y negra serenata mágica

    Nuestra brumosa alma brilla con oxidado atardecer

    Bendice Dios el Blee Blop Blues

    Habla profundo mi corazón debajo del pino

    Cuenta la sangre tan suave, tan suave, tan suave

    ¿Dónde o cuándo puede alguien explicarlo?

     
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    Confesiones de un maldito judío errante 

    llameando bárbara continua hacen someterse sangre gracias ortigas Jesucristo cabeza despertaré decirle son ajusté gruesos bufas veré babilonia vigilia pueblos dije callejas caído puerto cazaremos infortunio siniestra venga nadar embargo pretendéis tiendas ideal humanidad monstruos podido progreso fiebre miseria amables perdida chamusquina tendí magnífica salones cargado apetito consagrado padres

     
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    RÍO ESTANCADO 

    Hay un verdejo muerto
    a la orilla de un río estancado
    y las colillas de un Marlboro
    a la orilla de un río estancado
    y las hojas arrancadas de Las flores del mal
    a la orilla de un río estancado
    y las llaves oxidadas de la puerta
    a la orilla de un río estancado
    y el dibujo de las pinturas negras de mi hija
    a la orilla de un río estancado
    y la foto de madre largo tiempo enterrada
    a la orilla de un río estancado
    y las cenizas calcinantes que llevo tiznadas
    a la orilla de un río estancado
    y las lágrimas corrosivas de satán
    a la orilla de un río estancado
    y la sangre en las uñas
    a la orilla de un río estancado
    y la tortura áspera de las pesadillas
    a la orilla de un río estancado
    y el ataúd del pánico
    a la orilla de un río estancado
    y mil asquerosas moscas más
    a la orilla de un río estancado.

     
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    ESPUTO SANGRANTE 

    Esputo a vuestros dioses
    y estantiguas ilusorias
    esputo a vuestras redes sociales
    manejadas por los más ricos del mundo
    esputo a vuestros ídolos de la televisión
    y los canales de youtube
    esputo a vuestros rubius, vuestros idiotus,
    y a vuestra propaganda de mierda
    esputo a la página que escribo,
    esputo a mis palabras plasmáticas, purulentas
    esputo hacia el cielo
    y recibo mi parte de salivajos
    esputo en todo lo sagrado:
    el amor, la amistad, la paz y la justicia…
    esputo en vuestra sangre
    esputo en los centros de salud mental
    de todo el planeta
    esputo en los palacios de justicia,
    en vuestros areópagos y en vuestros fueros
    esputo sin saliva,
    con la garganta reseca
    de gritar que os esputo,
    que me esputo cada día
    para recordar que sólo somos
    saliva arrojada hacia el cielo
    que cae para devolvernos
    nuestra parte de babas
    y espumarajos.

     
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    Nefastissimus Poetarum 

    guadaña que le alarga
    de regalo forzoso
    sobre el héroe primero
    qué hacer con lo que vivo?
    ley rige el cruel tablero
    labor será quimera
    me rodea su presencia
    la orilla que sutura
    dudando en el alero
    que todavía excitada
    alegre pulse un verso
    la lluvia no era suave
    a las esferas del seis
    viste letal esencia
    lo que me estás pidiendo
    al muro encaramada
    ensalza al que se inclina
    miradas de serpiente
    sólo quedó poesía
    como duna que emerge
    desteje incertidumbres
    por nácar irisado
    de fraterna indolencia
    de los carros ajenos
    acaso es el destino
    por todo su dinero
    como labio ligero
    por los pelos aferra
    publicamos primero
    infunde nuevo fuero
    con labia laborable
    mas tus deseos no valen
    se extiende el derrotero
    oculto en la sentina
    extraiganle a los mares
    bella hasta en la demencia
    porque en lo impropio nada
    de ti me ha hecho sincero
    de la rabia indomable
    sangre que se detiene
    de unidad, qué profunda

    pezones de estricnina
    si sólo fuera helada
    viles o repelentes
    alusión a la fiebre
    no inventó la carencia
    del estado latente
    memoria que imagina
    amarga piel besada
    madre tan submarina
    el malestar hechizo
    dando un sentido nuevo
    que primero recuerde
    hermano que ama a hermano
    alarga un huso ausente
    el pan que no germina
    en franca disciplina
    hay que darle en el pecho
    lo distinto es hermoso
    solo en las negaciones
    no está en venta el paisaje
    atroces días mudos
    sonriendo indulgente
    más no se difumina
    mis sueños de clemencia
    cabeza es espantosa
    tornase en aguacero
    por paradoja, el río
    haciéndome a mí pobre
    cabeza que, postrera
    bullente el hormiguero
    agonizan muchachos
    de los oscuros tiempos
    reverdece en afluente
    mayo, dolor, morfina
    la gota suspendida
    también piel insurgente
    nuestros sueños imberbes
    linde o flujo voraz
    imposible aguacero
    nuestros sueños deciden
    la luz que ríe y declina
    límite, umbral, paso postrero
    latente en la neblina
    por nuevo derrotero
    rodeada de ausencia
    quiero que ya lo sepas
    me pregunto intrigado
    su figura esplendente
    bajo un cielo infinito
    mi casa silenciosa
    conjugando los verbos
    por qué se equivocaba
    el alma ya es certera
    no corran por las playas
    hasta en el desespero
    que avanza cual la sed
    con gurús sin solvencia
    buscaba en sus calores
    tus labios que se cierran
    por huir de lo adyacente
    la fuente que bebiste
    que al fin estalla el gesto
    en similar secuencia
    en el gran laberinto
    tenebrosa conciencia
    que jamás se termina
    agotó mi paciencia
    con más fiebre termina
    mezclándose en tus venas
    pateras y decencia
    libre y vital me hermano
    todo texto indolente
    con rigor que se instala
    la ecuación sea servida
    acercarse, con prisa
    tan fugaz cual esquina
    un temblor que se inicia
    da pie a la disidencia
    sangre que riega el torso
    radical risa alpina
    de cuerpo lastimero
    criatura más salvaje
    el ritmo de las olas
    materia o carne muerta
    se encara codiciosa
    por temor al intruso
    lo que en ti más quiero
    con manto de guerrero
    sube por la pendiente
    igual que una pechina
    hallé solo su inquina
    llega el común hastío
    si tanto la quería
    esparce el fruto amargo
    lo que de ti más quiero
    sangre que niega al corso
    que todavía conservo
    acaso es el damero
    beneficencia ciega
    y un orgasmo truncado
    como siempre dañina
    agotada la ciencia
    ingente y laborioso
    del tarro nunca abierto
    tras quienes les dominan

    deviene la conciencia
    el hundido rebaño
    agostó mi potencia
    cometió con esmero
    ofensa se contagia
    demandando obediencia
    por las fiestas Lunares
    un alma tan mezquina
    pues ella enfrenta al sol
    por qué no yace entera
    huyen vanos y alados
    en forma de aguacero
    de semblante inocente

     
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    UN CHORRO DE SANGRE EN LA CABEZA 

     
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    A MI HERMANO ANICETO 

    La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

     
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    SOLVE ET COAGULA 

    El polvo del espíritu se coagula,
    Dejando sitio
    A la purpúrea noche.
    El espíritu del polvo se disuelve
    En el complaciente
    Infinito de los días.
    Mujer de ébano,
    Entre luces y sombras,
    Se adormece sobre
    Las rastreras raíces
    De una higuera seca y muerta.
    Caen los sueños
    Como lluvia de otoño
    Sobre la pútrida hojarasca.
    De su boca infectada chorrean
    Espumarajos purulentos
    Y ponzoñosos
    De sangre verdinegra.
    Se ha dormido la eterna juventud
    Como una oruga irisada y macilenta.
    El ruido de las olas
    Llega como un susurro
    De pétalos caídos.

     
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    Estimado Señor Manuel Moreno Díaz Desde el… 

    “Estimado Señor: Manuel Moreno Díaz,
    Desde el Programa de Prevención del Cáncer
    Colorrectal de la Comunidad Valenciana,
    dirigido a hombres y mujeres como usted,
    de cincuenta a sesenta y nueve años,
    nos ponemos de nuevo en contacto con usted
    para INVITARLE A PARTICIPAR EN EL PROGRAMA.
    El Cáncer de Colon y Recto es el tumor
    maligno más frecuente de Europa.
    Si se detecta a tiempo, es curable
    en la mayor parte de los casos.
    El programa se basa en la realización
    de una prueba cada dos años
    consistente en la recogida
    de una muestra de heces
    sobre la que se analiza la posible
    presencia de sangre oculta en las mismas”

    Pues sí, parece que la vida iba en serio,
    y la muerte también.

     
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    Duero de oro y sangre donde no crecen… 

    Duero de oro y sangre,
    donde no crecen las violetas.
    Taimada estirpe congénita,
    degenerado transcurso
    de castellano viejo.

     
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    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho—… 

    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho— por su ARMONÍA Y ESTRAGO publicado en Editorial Renacimiento (Sevilla, 2015)

    I

    Bien jóvenes descubrimos
    el ESTRAGO, la infamia,
    la piedra de Sol envenenada,
    el cáliz de heces, desalmado,
    la mosca en las heridas,
    la inútil oración de los vencidos…

    Tan sólo nos quedaba la palabra…

    Y escribimos con lágrimas de sangre
    un salmo de cristal y meteoros,
    el acerado himno de las sombras,
    la descarnada balada del amor,
    la invencible oda de sol
    de la ARMONÍA.

    II

    Nuestras máscaras son un espejo: lo que hay dentro hoy, estuvo fuera ayer; y ayer estaba dentro, lo que hoy sale hacia afuera. El tuétano de cada uno, son las almas de los demás que pasan por el prisma de nuestra apariencia. Cada poeta es esencia de sus poetas, o dicho de otra forma, la sombra chinesca de sus huesos. La cicatriz del presente es dolor y goce infringido que nos devolvemos, multiplicado o dividido, por nuestras especulares máscaras. Así, sembramos cada día, mutuamente y en soledad, el verso robado de nuestra panegírica elegía.

    Salud, hermano.

     
    • Manuel Moreno el Permalink

      Hermano, gracias emocionadas, ya me hubiera gustado a mí ser el autor de unos cuantos de los versos que escribes en mi semblanza poética. Tan solo nos quedaba la palabra, pero ahora nos queda la amistad. Abrazo interminable.

    • Ahasvero el Permalink

      De nada, hermano. Pero no es cierto que no sean tuyos los versos, yo sólo he reflejado -incluso copiado- los versos de tu libro para esa semblanza. Sólo son una sombra chinesca de tus huesos en ARMONÍA Y ESTRAGO, como ya he dicho antes. Infinitos abrazos.

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    SEMBLANZA Y POÉTICA A Manuel Moreno—la mitad quijotesca… 

    SEMBLANZA Y POÉTICA

    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho— por su ARMONÍA Y ESTRAGO publicado en Editorial Renacimiento (Sevilla, 2015)

    I

    Bien jóvenes descubrimos
    el ESTRAGO, la infamia,
    la piedra de Sol envenenada,
    el cáliz de heces, desalmado,
    la mosca en las heridas,
    la inútil oración de los vencidos…

    Tan sólo nos quedaba la palabra…

    Y escribimos con lágrimas de sangre
    un salmo de cristal y meteoros,
    el acerado himno de las sombras,
    la descarnada balada del amor,
    la invencible oda de sol
    de la ARMONÍA.

    II

    Nuestras máscaras son un espejo: lo que hay dentro hoy, estuvo fuera ayer; y ayer estaba dentro, lo que hoy sale hacia afuera. El tuétano de cada uno, son las almas de los demás que pasan por el prisma de nuestra apariencia. Cada poeta es esencia de sus poetas, o dicho de otra forma, la sombra chinesca de sus huesos. La cicatriz del presente es dolor y goce infringido que nos devolvemos, multiplicado o dividido, por nuestras especulares máscaras. Así, sembramos cada día, mutuamente y en soledad, el verso robado de nuestra panegírica elegía.

    Salud, hermano.

     
    • Manuel Moreno el Permalink

      Hermano, gracias emocionadas, ya me hubiera gustado a mí ser el autor de unos cuantos de los versos que escribes en mi semblanza poética. Tan solo nos quedaba la palabra, pero ahora nos queda la amistad. Abrazo interminable.

    • Ahasvero el Permalink

      De nada, hermano. Pero no es cierto que no sean tuyos los versos, yo sólo he reflejado -incluso copiado- los versos de tu libro para esa semblanza. Sólo son una sombra chinesca de tus huesos en ARMONÍA Y ESTRAGO, como ya he dicho antes. Infinitos abrazos.

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    CARLOS GAYOL 

    Sangre, sudor y barro, la puta dignidad, ¿dónde se mezclan con el dinero negro?

     
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    Sangre sudor y barro la puta dignidad ¿dónde… 

    Sangre, sudor y barro, la puta dignidad, ¿dónde se mezclan con el dinero negro?

     
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    He decidido asesinarte Asesinar todo lo que has… 

    He decidido asesinarte. Asesinar todo lo que has sido para mí. Mírame bien. Es en medio de este flamenco que consume mi baile, el rasgueo de la guitarra me guía, me uno a esa melodía mortal que me invade, que me conduce a un estado de éxtasis en donde mis pasos poco a poco acaban con tu recuerdo, no quiero que quede nada, absolutamente nada del amor de ayer. Te odio. Odio que te encuentres en los latidos de mi pecho, en el ritmo acompasado de mis venas, odio sentirte en mi sangre y cada vez que cierro los ojos me colmes por completo. Acabaré con lo nuestro del único modo que conozco: entregándome a la pasión de este fuego que no tiene fin. ¿Por qué me miras así?, ¿no era eso lo que querías?, vernos morir hasta las cenizas, pues te lo concedo, pero vas a tener que contemplar hasta el final esta última dedicatoria. Veo tus ojos negros cargados de tanta ira como amor, no te reconozco de otro modo más que ese, tus dos caras en una sola, y por eso te amé, te amo, observo tu rostro y me miras fijamente como si doliera, como si cada acorde de la guitarra fuera una puñalada certera, y así es, hemos de morir esta misma noche, aunque me duela hasta el alma. Aun te siento en mí, el rastro de tu aliento impregnado en mi piel, eres parte de mi donde quiera que me encuentre, no puedo escapar de ti, por eso debo matarte, o moriré.

     
    • Valas Rod el Permalink

      Tan vivo siente el amor todavía que el dolor que sufre lo convierte en necesidad de odiarlo y acabar con él. Has puesto fuerza en tus palabras. Me gusta :) Un abrazo !

    • Shadow Aiden el Permalink

      Es una manera de salir de este mundo, un abrazo!

    • cinismoretorico el Permalink

      Wao.

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    JULIO VERNE 

    Herido está el cielo con su luna de sangre. Perdón por el Bardotráfico!

     
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    Herido está el cielo con su luna de… 

    Herido está el cielo con su luna de sangre.

     
    • Ahasvero el Permalink

      Perdón por el Bardotráfico.

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    CARLOS GAYOL 

    Unos se merecen sangre, sudor y lágrimas y otros un escupitajo.

     
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    Unos se merecen sangre sudor y lágrimas y… 

    Unos se merecen sangre, sudor y lágrimas y otros un escupitajo.

     
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    ¡Agoniza! 

    Con el rostro desnudo de alegría
    y la paz arrancada a borbotones;
    con el cuero del alma hecho jirones,
    la conciencia acomete un nuevo día.

    Acogido al derecho de ordalía,
    no se exime el afán de sus funciones
    blandiendo, al sucumbir, preciados dones
    aunque el mal lo alancee a sangre fría.

    ¿Dónde está la virtud de aquella España
    encendida en el oro de su tierra
    balcón de girasoles y amapolas?

    Hincando en ti su filo la guadaña
    segó la libertad, tronó la guerra
    regando con tu muerte sus corolas.

    ©Rosa María Lorenzo (24/1/2013)

     
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    ¡Agoniza Con el rostro desnudo de alegría y… 

    ¡Agoniza!

    Con el rostro desnudo de alegría
    y la paz arrancada a borbotones;
    con el cuero del alma hecho jirones,
    la conciencia acomete un nuevo día.

    Acogido al derecho de ordalía,
    no se exime el afán de sus funciones
    blandiendo, al sucumbir, preciados dones
    aunque el mal lo alancee a sangre fría.

    ¿Dónde está la virtud de aquella España
    encendida en el oro de su tierra
    balcón de girasoles y amapolas?

    Hincando en ti su filo la guadaña
    segó la libertad, tronó la guerra
    regando con tu muerte sus corolas.

    ©Rosa María Lorenzo (24/1/2013)

     
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    La regla con sangre sale 

    La regla con sangre sale.

     
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    Estoico Ha de vivir el dévil entre fuertes… 

    Estoico

    Ha de vivir el dévil entre fuertes,
    como lo hace la flor con las ortigas,
    cual pasa entre la araña y las hormigas,
    nutriendo va su vida con sus muertes;

    asi camina el débil con sus suertes,
    sufriendo del camino las intrigas,
    contando en el reposo sus fatigas,
    quedando asi sus músculos inertes;

    mas pasa aquel que es frágil estrecheces,
    que avivan a su ingenio y su cordura,
    alimentan su ánimo escaseces,

    y corre por sus venas sangre pura.
    Navega el poderoso entre embriagueces
    y triunfa el impasible en su aventura.

    el 7/12/12 J.LL.Folch

     
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    Teseo 

    Teseo y tu llaga

    sin Ariadna
    sin espada
    sin hilo
    sin nada

    me adentraré en el laberinto de tus sombras
    para espantar con los alaridos de mi sangre
    la bestia enquistada en la memoria de tu llaga

     
  • viva el Permalink |
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    Por mi hiel corre sangre 

    Por mi hiel corre sangre.

     
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    y ella dijo Quisiera cortarme ahorita las… 

    “..y ella dijo: Quisiera cortarme ahorita las venas, ver mi sangre correr, y morir desangrada..”-

     
    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el Permalink

      Y él respondió: No lo hagas, por lo menos del dolor nacen letras sublimes y conciertos majestuosos.

    • Liacice el Permalink

      Esos momentos ocurrren pero si los dejas pasar, si logras deshacerte de su encanto, te crecen las ganas de sol y las venas!!!!

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    Yo también soy un agujero negro que todo… 

    Yo también soy un agujero negro que todo lo devora; jamás es suficiente. El problema es que a mí no me arreglas con fotos de gatitos de ojos grandotes y un texto cutre montado en photoshop. No me arreglas con esas cartelinas de mierda en las que pones sólo aquello que te animas a decir. Es decir: TONTERÍAS QUE NO IMPORTAN LO MÁS MÍNIMO. Yo atiendo sólo a gente que dice verdades; aunque le avergüencen. Sobre todo, si le avergüenzan. La verdad más verdadera casi siempre da corte; por lo general, si no te avergüenzas al decirlo, pues igual mejor no lo digas porque, es más que seguro que ya algún otro cobarde lo ha dicho por ti, ¿sabes? No hagas que pierda mi tiempo en el eterno ciclo de la corrección política. Yo sólo leo cuando pone alguna verdad. Al resto intento no mirarlo para evitar el vomito vacío. ¿Has visto cuando una noche de taja has lanzado tanto fuera que ya dentro no tienes nada? ¿Qué ibas a expulsar a continuación? ¿La tripa? ¿Vas a volverte hacia el váter como un calcetín y regarlo todo de tu mierda y de tu sangre? Y sin embargo no puedes dejar de estar allí, hincado, abriendo la boca como un Alien y viendo recto hacia esa sopa burbujeante y amarilla y saturada de arroz con guindilla y mortadela. No gracias, ya paso de leer; no puedo ni quiero exponerme a tamaño acidulante.

     
    • Liacice el Permalink

      He estado ahí, de rodillas y con ácido en la boca. Y también he vomitado en alto el asco que me dan muchas cosas. El tiempo, me ha hecho elevarme del suelo, canearme el pelo y apaciguarme las entrañas, pero…¡tal vez sea momento de salir del agujero negro devorador para regresar a la insurrección!!!!!

    • Cat el Permalink

      Sam, ¿Ni mis ojos? (no son photoshop) risas

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    Tristes paños de colores jirones ensuciando la mañana… 

    Tristes paños de colores,
    jirones ensuciando la mañana,
    brisa y rocío,
    acero, plomo y sangre rancia.

     
    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el Permalink

      “Todo esto he visto: que el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo”.

    • mercedesmolinero el Permalink

      Abajo las banderas
      Arriba la esperanza

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    UNA BURRA 

    A mí me encanta hacerlo a pelo sobre un potro sin domar. Las frutas de ella se agolpan, y estrechan, y apuntan el cielo; su boca anegada arranca sangre a mi cuello, no existen ya riendas, no hay dirección. Caemos al barro y es seguir con la embestida; entre zancadas y relinchos brota el magma y continuamos, grita ella «no pares» y allí estoy para agitarla, endemoniarla, y al tiempo estoy yo allí de esclavo blanco, que la unta con lodo y de cuidados, y protege la escena alejando, a la bestia sin control.

     
  • viva el Permalink |
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    No habrá paz para los malvados Yo les… 

    No habrá paz para los malvados,
    Yo les maldigo, y maldigo su sangre
    Que, podrida, caerá al fuego eterno.

     
    • Henry J. White el Permalink

      “Si vis pacem, para bellum”

    • viva el Permalink

      Hay países que no deberían formar parte del mundo civilizado.

    • Juan el Permalink

      El mejor castigo es el olvido, la indiferencia

    • viva el Permalink

      Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos —Martin Luther King

    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el Permalink

      Juan tiene la razón: vivir eternamente, aunque fuese en un martirio, sería no un castigo, sino un premio para los malvados. De ahí lo ilógico de creer en un infierno de fuego, que no solo va contra la idea de un Dios amoroso, sino contra el sentido de la justicia. Sería como premiar al malvado. Lo que espera a los malvados es la inexistencia eterna, no el suplicio eterno.

    • Henry J. White el Permalink

      ¿Que es un Dios amoroso?

    • viva el Permalink

      El fuego es el eterno, no ellos, que arderán inmediatamente. En cualquier caso sólo era una metáfora …

    • mercedesmolinero el Permalink

      Yo no creo que exista el fuego eterno y pienso que los malvados están en la gloria.

  • viva el Permalink |
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    PANDEMONIA 

    Wonderbrava: pechugona de pura sangre.

     
  • viva el Permalink |
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    Wonderbrava: pechugona de pura sangre. 

    Wonderbrava: pechugona de pura sangre.

     
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    Desgarros garantizados y sangre sin para… 

    Desgarros garantizados y sangre sin parar

     
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    BODOS 

    Cerebro abollado y sangre mala y negra tiene el que miente y acusa a otro sin importarle lo que pase.

     
  • viva el Permalink |
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    Golpes de mar 

    Las vísperas de los éxodos sólo se visten de grises, se calzan de zapatos famélicos, se perfuman de silencios y se abrigan de gabanes harapientos. Varas golpean los ríos y los convierten en sangre y el hedor es insoportable y los peces mueren, y hay plagas de ranas y piojos, langostas, úlceras, granizo y tinieblas.
    Y llega el holocausto.

    La plenitud de los regresos sólo se viste de amarillos, se calza de sandalias, se perfuma de entrañas y se abriga de manos lujuriosas. Y cantan los cantares a los pies, curvas, ombligos, vientre, pechos, ojos y sólo corren entre dientes y labios vinos deliciosos.
    Y llega la resurrección.

     
    • Vargas el Permalink

      Terrible y mendigo tu mar Rojo, Arianne, carnal y adolescente el cantar de tus cantares. Y entre las tinieblas y la delicia, entre el holocausto y la resurrección, la luz de tus palabras.

    • sky el Permalink

      Golpes de mar entre los que la marea devuelve, ahogados, a los perseguidores de olas que no sobrevivieron.

      Terribles y deliciosos, vinos y manjares del “cantar de los altavoces” de tus labios.

      Gracias por regresar. Espero que el éxodo de este sitio no esté entre tus pensamientos.

  • viva el Permalink |
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    sacrificio 

    Su sangre está aquí, recordándome continuamente que estamos en guerra; que el hacha está alzada y dispuesta para el despedazamiento como la espada de Damocles.

     
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    Santiago de Compostela 

    No hay lugar más escalofriante y terrorífico que aquel donde acaba de pasar el caballero negro de la muerte; donde todavía se mueve como un péndulo amenazante la cadena que ataba a la fiera de afiladas zarpas que acaba de escapar de su mazmorra; donde la carne trémula de la muchacha de blanco semblante ha recibido innumerables cuchilladas, convirtiendo su cuerpo en celosía de sangre; donde, tras el quicio de la puerta de la oscura y maloliente estancia contigua, se desplaza fugaz una mano negra y simiesca; donde las altas sombras no obedecen a nada ni a nadie y el xipro de un afilador de cuchillos se anuncia entre la neblina como un viento helador y espeluznante.

     
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    sattva 

    Mi sangreComo estas flores rojas, así es la sangre de los inocentes… El Apocalipsis comienza aquí… Todo está dispuesto y el plan se cumplirá, os lo aseguro. No importa lo estrechos que sean los senderos.

     
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    Como estas flores rojas así es la sangre… 

    Como estas flores rojas, así es la sangre de los inocentes… El Apocalipsis comienza aquí… Todo está dispuesto y el plan se cumplirá, os lo aseguro. No importa lo estrechos que sean los senderos.

     
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    AHASVERO 

    Como estas flores rojas, así es la sangre de los inocentes… El Apocalipsis comienza aquí… Todo está dispuesto y el plan se cumplirá, os lo aseguro. No importa lo estrechos que sean los senderos.

     
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    ASESINO ANÓNIMO 

    Querida Inspectora Levine, usted jamás comprenderá mi orgía. No crea que es algo arbitrario. Mi historia está escrita con sangre, una saturnalia de huesos. La extraña arquitectura de la muerte, tan incomprensible como yo mismo, su querido asesino, será desplegada en mi pequeño Apocalipsis. Ni siquiera todo su ejército de detectives podrá descifrarla. Pero, a su debido tiempo, yo mismo le daré la clave.

     
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    Saturnalia 

    Querida Inspectora Levine, usted jamás comprenderá mi orgía. No crea que es algo arbitrario. Mi historia está escrita con sangre, una saturnalia de huesos. La extraña arquitectura de la muerte, tan incomprensible como yo mismo, su querido asesino, será desplegada en mi pequeño Apocalipsis. Ni siquiera todo su ejército de detectives podrá descifrarla. Pero, a su debido tiempo, yo mismo le daré la clave.

     
  • viva el Permalink |
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    Era como los poderosos vinos de borgoña rojos… 

    Era como los poderosos vinos de borgoña, rojos y espesos como la sangre.

     
  • viva el Permalink |
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    Tango blasfemo para la Flaca 

    Bajo el dosel ambiguo de la luna,
    sobre el lúbrico altar de las tinieblas,
    te hice la patrona de mis huesos,
    la dulce confesora de mi sed.

    Bebimos en secreto un elixir
    de tuétanos y entrañas derramado
    entre tibias banderas de saliva,
    de sangre que aprendió nuestras heridas.

     
  • viva el Permalink |
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    Tango blasfemo para la Flaca 

    Bajo el dosel ambiguo de la luna,
    sobre el lúbrico altar de las tinieblas,
    te hice la patrona de mis huesos,
    la dulce confesora de mi sed.

    Bebimos en secreto un elixir
    de tuétanos y entrañas derramado
    entre tibias banderas de saliva,
    de sangre que aprendió nuestras heridas.

     
    • La flaca el Permalink

      Entra bajo palio en mi sagrario
      que coronada de azahar te espero,
      comulga de mi pan y rojo vino
      que mi ígneo cáliz será tu salvación.

    • Vargas el Permalink

      Siempre de vos, Flaca, siempre, mi dulce milonguera de arrabal.

    • su el Permalink

      xd xd q m pongo celosa ainssss jiji

    • Ahasvero el Permalink

      Con fluidos de saliva, sangre y semen crecen bien los hombres y mujeres mundanos. Salidos, primo. Y cuidado con las flacas, que siempre fueron tu debilidad.

    • bosco el Permalink

      Sí. Se deja imaginar.

  • viva el Permalink |
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    Silencio 

    Hace tiempo que dejé de pensar, no obedecía a nada, empecé a mover piedras, a morder el polvo. Me sangraban las manos, me ardía el cuerpo, porque el odio tiene esa textura…
    ¿Resignarme a lo mas evidente? ¿que te fuiste sin despedirte?, no, ahora no se oía ni un llanto, ni el mas leve sollozo. Solo silencio. Todo me parece tan lejano, ya solo quedan los recuerdos y un sentimiento latente a cada piedra que levanto, cada recuerdo que destapo. Intentan convencerme de que salga de allí, que si sigo seré yo quien salga herida, mas que me importa.
    Dime ¿Qué me queda? Solo el dolor y una rabia que no sabe por donde salir y esa sonrisa en tus labios rodeado de sangre, aniquilando poco a poco mi corazón.

     
    • su el Permalink

      jejeje lo has publicado jjeje q sorpresa

    • carlos martinez el Permalink

      Un abrazo corazón que las palabras sin sentido consuelan poco.

    • Ahasvero el Permalink

      Ya ves que sí. Pero ahora viene lo mejor: puedes hacerlo cuando quieras directamente y sin paracaídas. jejeje.

    • tintadelcorazon el Permalink

      Los gritos del silencio rompem copas de corazones

  • viva el Permalink |
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    Tango 

    Triza su saliva los húmeros, los dientes,
    arrabal de la sangre,
    brujulean los dedos de su lengua
    buscando las farolas de mis ansias.

    La luz nace de lo hondo,
    el sol, de los abismos,
    la noche, de los peces de su caliz.

    En sábanas de azúcar
    y madrigales de miel
    duerme mi amor.

     
    • La flaca el Permalink

      Vos,pantalón ajustado,pañuelo anudado al cuello,sombrero de ala ancha y botines.Ella ,de negro, falda corta,medias caladas y ceñida a vos.La única luz de una farola.¡Viste!Nada más dulce que el chocolate y un buen tango.

    • Vargas el Permalink

      Che, flaca, qué bueno que viniste. La casa de mi primo seguro que se reviste de sus mejores galas para recibirte. Sabés que sos dulcemente bienvenida, pibita.

    • su el Permalink

      vaya q alegria, vargas escribiendo…olvidada me tienes ains…

    • Vargas el Permalink

      ¿Olvidarte a ti, Su? Imposible! Un beso

    • susana el Permalink

      umm no se yo…te todas maneras yo no me olvido de ti , besitos a miles, su

    • Ahasvero el Permalink

      Vargas, con esos tangos, no me extraña que caigan rendidas a tus pies. Besos primo… también a Su.

    • su el Permalink

      mira quien apareció, mi añorado ahasvero, como extraño horas de charla caballero…besos dulces para ti

    • xarleen el Permalink

      Lo reconozco, no sé bailar. Quizá sea la única chica que no sabe. Pero el tango… me gustaría aprender a bailarlo.

  • viva el Permalink |
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    Tango 

    Triza su saliva los húmeros, los dientes,
    arrabal de la sangre,
    brujulean los dedos de su lengua
    buscando las farolas de mis ansias.

    La luz nace de lo hondo,
    el sol, de los abismos,
    la noche, de los peces de su caliz.

    En sábanas de azúcar
    y madrigales de miel
    duerme mi amor.

     
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    Madrid, año 2000-36 

    Un asesino psicópata deja su macabro rastro de sangre firmando sus atrocidades con palabras extraídas de un antiguo diccionario de símbolos. La sensual e inteligente detective Lolita Levine debe encontrar al asesino antes de que este llegue a consumar su obra final. Lolita, desbordada por la inmensa cantidad de información del caso, decide organizar sus notas sistemáticamente con un SExPol, un Sistema Experto Policial basado en inteligencia artificial de última generación llamado sky4.info. Burlando la Seguridad Mundial Isaac consigue hacerse con la clave.

     
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    Chrétien de Troyes 

    Un asesino psicópata deja su macabro rastro de sangre firmando sus atrocidades con palabras extraídas de un antiguo diccionario de símbolos. La sensual e inteligente detective Lolita Levine debe encontrar al asesino antes de que este llegue a consumar su obra final. Lolita, desbordada por la inmensa cantidad de información del caso, decide organizar sus notas sistemáticamente con un SExPol, un Sistema Experto Policial basado en inteligencia artificial de última generación. Burlando la Seguridad Mundial, Isaac consigue hacerse con la clave.

     
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    toro 

    Monté en mi cabalgadura. El camino era largo. Paciencia. Sabré llegar a mi destino. El camino estaba plagado de monstruos. Los ríos eran de sangre.

     
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    yoga 

    sinrazón aquí
    empedrado de lágrimas
    muestra su encanto
    toma cicuta
    la torre enhebra nubes
    coro de pensamientos
    luna de sangre

     
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    La foto 

    La foto en blanco y negro está firmada por René Berger en 1942. Un atractivo hombre de alrededor de 40 años de edad dirige su mirada escrutadora al objetivo. En sus hundidos ojos se advierte una mirada profunda e incisiva de águila. Apenas es posible adivinar su atuendo, tan sólo es visible el cuello de una camisa a cuadros de estilo rústico. Por lo demás el hombre tiene unos marcados rasgos. Mentón anguloso y barbilla partida. Unos labios finos y bien dibujados están enmarcados en el doble paréntesis de sus comisuras y de sus mentones, también partidos y obscurecidos por la barba descuidada de un día. Una amplia frente deja paso a dos entradas no excesivamente pronunciadas que se internan hacia su negro, liso y abundante cuero cabelludo cuyos mechones parecen formar una fuente. La nariz es recta con un potente puente nasal que encaja como una cuña en la frente. El ceño está al límite de ser fruncido manteniendo sus cejas horizontales, como en tensión. Unas ojeras no muy marcadas subrayan sus profundos ojos negros. Cuando vuelvo de nuevo la mirada hacia él la suya ha dejado de ser incisiva y tiene un aire quizás más triste y melancólico. Al reverso de la foto una inscripción congela mi sangre: “Death Can Come True”.

     
  • viva el Permalink |
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    La foto en blanco y negro está firmada… 

    La foto en blanco y negro está firmada por René Berger en 1942. Un atractivo hombre de alrededor de 40 años de edad dirige su mirada escrutadora al objetivo. En sus hundidos ojos se advierte una mirada profunda e incisiva de águila. Apenas es posible adivinar su atuendo, tan sólo es visible el cuello de una camisa a cuadros de estilo rústico. Por lo demás el hombre tiene unos marcados rasgos. Mentón anguloso y barbilla partida. Unos labios finos y bien dibujados están enmarcados en el doble paréntesis de sus comisuras y de sus mentones, también partidos y obscurecidos por la barba descuidada de un día. Una amplia frente deja paso a dos entradas no excesivamente pronunciadas que se internan hacia su negro, liso y abundante cuero cabelludo cuyos mechones parecen formar una fuente. La nariz es recta con un potente puente nasal que encaja como una cuña en la frente. El ceño está al límite de ser fruncido manteniendo sus cejas horizontales, como en tensión. Unas ojeras no muy marcadas subrayan sus profundos ojos negros. Cuando vuelvo de nuevo la mirada hacia él la suya ha dejado de ser incisiva y tiene un aire quizás más triste y melancólico. Al reverso de la foto una inscripción congela mi sangre: “Death Can Come True”.

     
    • carlos el Permalink

      y la foto en color sepia?

    • Ahasvero el Permalink

      Está muertecita, la pobre.

    • Desvivida el Permalink

      ‘Dreams can come true’, dicen. Es otra forma interesante de verlo.

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    SIN SUR 

    No hay suficiente sur en este sitio:
    el verde y perfume de la higuera,
    la sangre de amapola sobre el campo,
    el dorado de mies de nuestros soles,
    la vibrante cigarra y los vencejos.

     
    • Ahasvero el Permalink

      ¡Qué sublime evocación del añorado Sur! ¡Qué desnortados estamos sin él!

    • JJ el Permalink

      lo mismo digo

    • E.D.G. el Permalink

      Yo siempre anido en el lado sur, como las golondrinas

    • su el Permalink

      yo vivo en un sur…

    • bosco el Permalink

      Ese tu sur, que es mi norte, de allí vienen los vientos elécricos en verano.
      Tormentas que arremolinan pájaros.
      El pulso en las sienes, las narinas abiertas
      Y ese temblor que se llama deseo

    • Sky el Permalink

      Qué bueno es vivir en el sur del sur!

  • viva el Permalink |
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    No hay suficiente sur en este sitio el… 

    No hay suficiente sur en este sitio:
    el verde y perfume de la higuera,
    la sangre de amapola sobre el campo,
    el dorado de mies de nuestros soles,
    la vibrante cigarra y los vencejos.

     
    • Ahasvero el Permalink

      ¡Qué sublime evocación del añorado Sur! ¡Qué desnortados estamos sin él!

    • JJ el Permalink

      lo mismo digo

    • E.D.G. el Permalink

      Yo siempre anido en el lado sur, como las golondrinas

    • susana el Permalink

      yo vivo en un sur…

    • boscour el Permalink

      Ese tu sur, que es mi norte, de allí vienen los vientos elécricos en verano.
      Tormentas que arremolinan pájaros.
      El pulso en las sienes, las narinas abiertas
      Y ese temblor que se llama deseo

    • Sky el Permalink

      Qué bueno es vivir en el sur del sur!

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    Medidas 

    “El corazón mide con sangre todo lo que pasa” y el hígado con alcohol todo lo que da vueltas.

     
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    PANDEMONIA 

    La Sivaganda tuvo cuarenta hijos:
    Locura, Posible, Ausencia, Fe,
    Distancia, Tristeza, Destino, Sí,
    Inevitable, Amada, Mar, Plural,
    Belleza, Vida, Sílaba, Desnudo,
    Negación, Ensueño, Cítara, Polvo,
    Esencia, Destierro, Soliloquio, Aliento,
    Vacío, Mujer, Derrota, Ritmo,
    Jadeo, Nosotros, Guerra, Víscera,
    Ignominia, Embriaguez, Calle, Amor,
    Sangre, Comedia, Tertulia y Fin.

     
    • Edy el Permalink

      Hay algo atávico en este poema

    • Ahasvero el Permalink

      Busco algo más atávico aún

    • Goma2 el Permalink

      Yo creo que es el ritmo, aunque puede mejorarse

    • Ahasvero el Permalink

      Gracias por tu sinceridad, Goma2.

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    La Sivaganda tuvo cuarenta hijos 

    La Sivaganda tuvo cuarenta hijos:
    Locura, Posible, Ausencia, Fe,
    Distancia, Tristeza, Destino, Sí,
    Inevitable, Amada, Mar, Plural,
    Belleza, Vida, Sílaba, Desnudo,
    Negación, Ensueño, Cítara, Polvo,
    Esencia, Destierro, Soliloquio, Aliento,
    Vacío, Mujer, Derrota, Ritmo,
    Jadeo, Nosotros, Guerra, Víscera,
    Ignominia, Embriaguez, Calle, Amor,
    Sangre, Comedia, Tertulia y Fin.

     
    • Edy el Permalink

      Hay algo atávico en este poema

    • Ahasvero el Permalink

      Busco algo más atávico aún

    • Goma2 el Permalink

      Yo creo que es el ritmo, aunque puede mejorarse

    • Ahasvero el Permalink

      Gracias por tu sinceridad, Goma2.

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    CALLE 

    Letanía Stigia para los que están aparcados en la calle Desengaño:
    El dolor cuando la vida es un monólogo de miles, y miles son los días sin sosiego.
    El dolor cuando naufragas en un mar de excrementicias dudas.
    El dolor cuando la soledad es más profunda que el abismo.
    El dolor cuando el veneno del desconsuelo es tu único vino.
    El dolor cuando sientes que todo lo has perdido, hasta tu propio amor, sobre el que escupes sangre.
    El dolor cuando la esperanza, el humor y los días azules son una letanía de cenizas blasfemas.
    El dolor cuando el semen se pudre sobre los muertos.
    El dolor cuando decir madre significa vómito y cuajarón de podredumbre.
    El dolor cuando amar es una úlcera miasmática.
    El dolor cuando aparcas más de mil veces en la calle Desengaño.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Me despierto. No hay nada que más me fastidie que perderme los finales. Sólo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que aún tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo está oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio húmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. Aún sigue siendo una de mis pesadillas más angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de güisqui. Es un milagro que no esté ahogado en la mierda y el orín. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que aún tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presión de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imbécil que escribe sobre el estúpido que vive. Qué sufre. Qué sufre mucho. Que ya no puede sufrir más en este momento. Y que ahora goza recreando como un imbécil lo que un estúpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al Tíbet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor sí puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con él. Es el personaje el que no puede salir. El que está hasta el cuello. El que tiene que librarse él solito de la mierda en que ha caído. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el Tíbet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que sólo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las uñas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

    Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de niños. Habían desarrollado un talento inimitable para…

     
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    PFNHDM 8.MI PESADILLA MÁS TEMIDA 

    ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Me despierto. No hay nada que más me fastidie que perderme los finales. Sólo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que aún tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo está oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio húmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. Aún sigue siendo una de mis pesadillas más angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de güisqui. Es un milagro que no esté ahogado en la mierda y el orín. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que aún tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presión de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imbécil que escribe sobre el estúpido que vive. Qué sufre. Qué sufre mucho. Que ya no puede sufrir más en este momento. Y que ahora goza recreando como un imbécil lo que un estúpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al Tíbet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor sí puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con él. Es el personaje el que no puede salir. El que está hasta el cuello. El que tiene que librarse él solito de la mierda en que ha caído. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el Tíbet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que sólo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las uñas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

    Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de niños. Habían desarrollado un talento inimitable para…

     
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    Hotel 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad…

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      …a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el Permalink

      Ya somos dos…

    • Ahasvero el Permalink

      … los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces.

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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

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      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

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    NEFASTISSIMUS 

    Cumplidora fiel en las heridas. La de la vida, la del amor, la de la muerte… la cama siempre asiste a los hechos importantes y bañados en sangre.

     
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    Cumplidora fiel en las heridas 

    La de la vida, la del amor, la de la muerte… la cama siempre asiste a los hechos importantes y bañados en sangre.

     
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    ARTEVIRGO 

    LOS CÓDIGOS DESATADOS

    Cada mañana prodigo
    planes certeros, estrategias solemnes.
    Cada mañana un rito, un respirar ancho
    que me devuelva la llave,
    que someta los signos. Un pozo cavado,
    un laberinto, un bastón… Ninguno
    me basta si me acosa la palabra,
    si, imprudente, desato los códigos
    del tiempo.

    Maldigo los bordes y las cercas.
    Escupo a los guardianes de la sangre.
    Seiscientas sesenta y seis veces
    seiscientas sesenta y seis
    quede su afán derrotado, cada mañana.
    Ni parapetados en cifras
    me esconderán de nuevo.

     
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    ARTEVIRGO 

    Cuando el tiempo devolvió las cifras
    escondidas de la juventud cometida,
    llegó, para estremecerme,
    un idioma imprudente,
    que desató los códigos
    hasta dejarme ciego de mirar sin ver.
    Fui llevado cada mañana
    a una nueva certeza maldita,
    a un nuevo cobijo blando y cálido,
    condenado a los ingenios.

    Ignorar da delicias y alegrías viejas,
    da, entonces, el poder, el respeto,
    la envidia desnuda.
    Bienaventurado el que olvida,
    porque no necesita devolver nada al espíritu.
    Feliz sea por siempre
    el que miente y acecha,
    feliz sea, que le sobrarán ojos.
    Digo que deseo
    su eterna buenaventura.
    Entre impulsos transcurra
    su letargo de larva.

     
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    VOLVER A TEBAS 

    La ciudad aún estaba consumida por las moscas. Eran moscas tenaces, pegajosas, que dejaban en nuestros cuerpos el rastro de los cadáveres sobre los que antes se habían posado, eran alados coágulos de muerte. Yo llegué acompañado de mi pedagogo. Buscábamos a mi nodriza, a la que me amamantó mientras la perra de mi madre retozaba con su amante y mi padre teñía el Escamandro con la sangre estragada de sus héroes. Me acordaba de la dulzura de sus senos, de su lechosa piel, de la tibieza de los atardeceres a su lado. De repente, emergiendo de entre las ruinas del palacio, una sombra harapienta nos abordó. Me costó reconocer en aquel espantajo a aquella, mi criandera del alma. Sus ojos me miraban con burlona familiaridad, pero no me reconocieron. Apestaba a orín y un séquito de moscas gravitaba a su alrededor. Me besó con repugnante lascivia mientras su risa desdentada resonaba entre aquellos tristes escombros. Fue entonces cuando tuve la certeza de que mi madre tenía las horas contadas y de que yo sería su asesino.

     
    • Ahasvero el Permalink

      Un Edipo “reloaded” muy interesante, Manuel.
      ¿Tus musas también te visitan con frecuencia?
      Salud, hermano.

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      Un Edipo “reloaded” muy interesante, Manuel.
      ¿Tus musas también te visitan con frecuencia?
      Salud, hermano.

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    Ahora la recordaba Encerrada durante meses No pudo… 

    Ahora la recordaba. Encerrada durante meses. No pudo resistir las influencias de aquellos opresivos dolores. Su enfermedad la iba matando con la lentitud de un sádico torturador. Y mientras, él, ajeno a todo. Engañado. Era niño, sí, pero no tenían ningún derecho a apartarlo de ella de aquella forma. Ahora está muerta. Ninguna pasión la hará volver de su tumba. Estos pensamientos se volvían insoportables en su mente. Recordaba los ecos de una guerra civil que no llegó al pueblo. En otros campos de batalla que no eran los infantiles. Llegaban también en los sueños, formando parte de un inconsciente que no era suyo, que no podía ser suyo, pero vívidos y azorados en su pecho, perseguido por una guerra que no había vivido, oída una y mil veces en las narraciones de los mayores, pregonando su horror real, contada como un cuento, como una pesadilla, más real que la propia realidad que le abrazaba en ese instante. Sentida a través de un antepasado, de un abuelo quizás, de un tío que estuvo allí y no volvió, y que, sin embargo enviaba en sus cartas el olor de la sangre, de la metralla, de las batallas en el barro y la sangre, la sangre, la sangre… […]

     
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    CARLOS GAYOL (OFF) 

    Ahora la recordaba. Encerrada durante meses. No pudo resistir las influencias de aquellos opresivos dolores. Su enfermedad la iba matando con la lentitud de un sádico torturador. Y mientras, él, ajeno a todo. Engañado. Era niño, sí, pero no tenían ningún derecho a apartarlo de ella de aquella forma. Ahora está muerta. Ninguna pasión la hará volver de su tumba. Estos pensamientos se volvían insoportables en su mente. Recordaba los ecos de una guerra civil que no llegó al pueblo. En otros campos de batalla que no eran los infantiles. Llegaban también en los sueños, formando parte de un inconsciente que no era suyo, que no podía ser suyo, pero vívidos y azorados en su pecho, perseguido por una guerra que no había vivido, oída una y mil veces en las narraciones de los mayores, pregonando su horror real, contada como un cuento, como una pesadilla, más real que la propia realidad que le abrazaba en ese instante. Sentida a través de un antepasado, de un abuelo quizás, de un tío que estuvo allí y no volvió, y que, sin embargo enviaba en sus cartas el olor de la sangre, de la metralla, de las batallas en el barro y la sangre, la sangre, la sangre… […]

     
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    9. Ahora… 

    ellaAhora la recordaba. Encerrada durante meses. No pudo resistir las influencias de aquellos opresivos dolores. Su enfermedad la iba matando con la lentitud de un sádico torturador. Y mientras, él, ajeno a todo. Engañado. Era niño, sí, pero no tenían ningún derecho a apartarlo de ella de aquella forma. Ahora está muerta. Ninguna pasión la hará volver de su tumba. Estos pensamientos se volvían insoportables en su mente. Recordaba los ecos de una guerra civil que no llegó al pueblo. En otros campos de batalla que no eran los infantiles. Llegaban también en los sueños, formando parte de un inconsciente que no era suyo, que no podía ser suyo, pero vívidos y azorados en su pecho, perseguido por una guerra que no había vivido, oída una y mil veces en las narraciones de los mayores, pregonando su horror real, contada como un cuento, como una pesadilla, más real que la propia realidad que le abrazaba en ese instante. Sentida a través de un antepasado, de un abuelo quizás, de un tío que estuvo allí y no volvió, y que, sin embargo enviaba en sus cartas el olor de la sangre, de la metralla, de las batallas en el barro y la sangre, la sangre, la sangre… […]

     
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    Asesino y escritor 

    Me pregunto cómo es posible que ciertos escritores puedan hablar -durante toda una novela- de crímenes, asesinatos, robos y en general de todo aquello de lo que llenan sus argumentos en el género policíaco, sin siquiera haber presenciado jamás ni por asomo una triste comisaría de policía. Admiro su imaginación, aunque dejen traslucir su desconocimiento de la sordidez con que van envueltos los auténticos crímenes. Personalmente lo encuentro aliviador. Descubrir que el episodio que acabo de leer es sólo una fiebre imaginaria, una pesadilla del escritor y no una realidad de perturbadora sangre me reconforta. Así era hasta ayer, cuando leyendo por primera vez a Pablo Austero, intuyo primero y tengo la certeza después de encontrarme con un auténtico criminal y escritor. Alguien que ha probado de verdad el olor de la sangre en sus propias manos, que escribe con fresca tinta roja y que acaba ennegreciéndose en el papel. Nadie que no lo haya probado podrá advertirlo. Aparentemente nada más que una historia detectivesca -literariamente brillante por cierto- pero que -ya no lo dudo- esconde una realidad auténticamente sombría y transgresora.

     
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    Pater 

    El Padre Yanke era gris. Su nombre era gris. Su cara era gris. Su pelo era gris. Su cabeza era gris. Sus gruesas gafas de culo de vaso eran grises. Su orondo cuerpo era gris. Su roída chaquetilla de lana -sobre su gris sotana- era gris. Su adocenado sermón era gris. La rancia casa parroquial donde vivía era gris. Su ramplona iglesia era gris. Las nausebundas hostias de consagrar eran grises. Su doliente y adulterado Cristo era gris. Su parroquia y sus gregarios parroquianos eran grises. Su mundo era gris. Todo alrededor del padre Yanke era gris, incluso su sangre no era roja, sino de un gris entre marengo y horchata. Todo -excepto Carlos Gayol, su cromático feligrés, contrito pecador y confesante reincidente- era gris. Gayol era una mosca negra en el vaso de leche agrisada del Padre Yanke, el cebo irisado de un triste y apagado pescador, de un pastor de grises y anodinos corderos modorros que pastaban en su agrisada y mohína pradera y que, en este preciso momento, llegaba revoloteando al excusado y vetusto confesionario del cura gris. […]

     
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    4. El Padre… 

    El Padre Yanke era gris. Su nombre era gris. Su cara era gris. Su pelo era gris. Su cabeza era gris. Sus gruesas gafas de culo de vaso eran grises. Su orondo cuerpo era gris. Su roída chaquetilla de lana -sobre su gris sotana- era gris. Su adocenado sermón era gris. La rancia casa parroquial donde vivía era gris. Su ramplona iglesia era gris. Las nausebundas hostias de consagrar eran grises. Su doliente y adulterado Cristo era gris. Su parroquia y sus gregarios parroquianos eran grises. Su mundo era gris. Todo alrededor del padre Yanke era gris, incluso su sangre no era roja, sino de un gris entre marengo y horchata. Todo -excepto Carlos Gayol, su cromático feligrés, contrito pecador y confesante reincidente- era gris. Gayol era una mosca negra en el vaso de leche agrisada del Padre Yanke, el cebo irisado de un triste y apagado pescador, de un pastor de grises y anodinos corderos modorros que pastaban en su agrisada y mohína pradera y que, en este preciso momento, llegaba revoloteando al excusado y vetusto confesionario del cura gris. […]

     
    • tintadelcorazon el Permalink

      ¡Me fascinó el arco iris de grises!

    • Ahasvero el Permalink

      Sin duda los tonos de gris son más numerosos que los colores del arco iris, tintadelcorazon.

    • popi el Permalink

      Me encanta el gris.

    • Ahasvero el Permalink

      Un gris tirando a negro de muerte: Hoy hemos muerto!

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    El Padre Yanke 

    El Padre Yanke era gris. Su nombre era gris. Su cara era gris. Su pelo era gris. Su cabeza era gris. Sus gruesas gafas de culo de vaso eran grises. Su orondo cuerpo era gris. Su roída chaquetilla de lana -sobre su gris sotana- era gris. Su adocenado sermón era gris. La rancia casa parroquial donde vivía era gris. Su ramplona iglesia era gris. Las nausebundas hostias de consagrar eran grises. Su doliente y adulterado Cristo era gris. Su parroquia y sus gregarios parroquianos eran grises. Su mundo era gris. Todo alrededor del padre Yanke era gris, incluso su sangre no era roja, sino de un gris entre marengo y horchata. Todo -excepto Carlos Gayol, su cromático feligrés, contrito pecador y confesante reincidente- era gris. Gayol era una mosca negra en el vaso de leche agrisada del Padre Yanke, el cebo irisado de un triste y apagado pescador, de un pastor de grises y anodinos corderos modorros que pastaban en su agrisada y mohína pradera y que, en este preciso momento, llegaba revoloteando al excusado y vetusto confesionario del cura gris. […]

     
    • carlos el Permalink

      ¡Me fascinó el arco iris de grises!

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      Sin duda los tonos de gris son más numerosos que los colores del arco iris, tintadelcorazon.

    • popi el Permalink

      Me encanta el gris.

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      Un gris tirando a negro de muerte: Hoy hemos muerto!

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    ALMA EN PENA 

    He rescatado de la Biblioteca de Babel un famosísimo cuento que su autor perdió en un naufragio. El problema es que sus frases están arbitrariamente ordenadas de forma alfabética. Las combinaciones, variaciones o permutaciones* de las frases de este cuento dan lugar a la inimaginable cifra del título de este post (creo, pues las matemáticas no son mi fuerte). He puesto a mi ordenador a trabajar para ir combinando estas frases hasta dar con el original, pero según mis cálculos habré muerto cuando acabe. Estoy desesperado. No puedo abordar tal tarea yo solo. Abatido por esa desalentadora perspectiva, únicamente se me ocurre acudir a vosotros para que me ayudéis en esta ingente tarea. Estas son las frases, DIEZ BILLONES DE CUENTOS (gugolcuento):

    A la madrastra no le gustaban los niños
    Aquel día tuvo un sueño revelador
    Aquello le recordó el brillo de las estrellas
    Después de adentrarse profundamente
    Dibujando en la pared con maestría
    El ruido de furias gobernantas
    El viento soplaba sobre el lago
    Estaba manchado de sangre
    Estaban como locos
    –Este amuleto es perfecto–exclamó sonriente.
    La Iglesia de Cristo
    Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí
    Las frutas maduras cayeron al suelo
    Le dio una palmada y despertó sobresaltado.
    Le explicó lo que estaba pasando
    Lo llevó al pozo para lavarlo
    –Lo sentimos, pero hay que obedecer– decía.
    Mientras ellas permanecían paralizadas,
    No hay abrazo más fatal que el de la tierra
    No le cabe la polla entre sus dientes de conejo
    Nos quedaremos sordos
    Pensó: “Aquí se puede descansar”.
    Pero ellos continuaban sin parar
    Se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa
    Si todas las hormigas se ponen a cantar
    Subió al bote y remó durante horas
    Un día, el más largo del verano,
    Un miasmático señor
    –Ya se han marchado–dijo.

    Por favor, ayudad a esta alma en pena a encontrar el cuento original -o al menos alguno que pueda pasar por tal- antes de mi muerte!
    PODÉIS PASARLO COMO MEME, A VER SI ALGUIEN ENCUENTRA EL ORIGINAL Y ME LO ENVÍA. ¡OS DOY CIEN TRILLONES DE GRACIAS DE ANTEMANO!

    * Nota añadida el 7.12.06:
    Un amigo, al que llaman El diablo de los números y cuyo nombre real es Hans Magnus Enzensberger, me ha dicho que el cálculo correcto es hallar el factorial de veintinueve, 29! (él lo llama ¡veintinueve pum!) y según mi calculadora el resultado es 8.8e+30, es decir casi un 9 seguido de 30 ceros.

     
    • jazz el Permalink

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

    • jazz el Permalink

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

    • Ahasvero el Permalink

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Ahasvero el Permalink

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Purificación Ávila el Permalink

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • Purificación Ávila el Permalink

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • BlogsiAna el Permalink

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • BlogsiAna el Permalink

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • lraggio el Permalink

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • lraggio el Permalink

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • Ahasvero el Permalink

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

    • Ahasvero el Permalink

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

    • Ahasvero el Permalink

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • Ahasvero el Permalink

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • xalernita el Permalink

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • xalernita el Permalink

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • Ahasvero el Permalink

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • Ahasvero el Permalink

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • carlos el Permalink

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

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      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

    • lraggio el Permalink

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    • fontfranch el Permalink

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

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      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

    • Ahasvero el Permalink

      Voy volando a verlo!

    • Ahasvero el Permalink

      Voy volando a verlo!

    • Avery el Permalink

      no te quedes con el personal

    • viva el Permalink

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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      EMMMMM

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      EMMMMM

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    SANGRE EN BRASAS 

    De labios escarlatas
    se fabrica el deseo
    y de pieles de seda las pasiones
    pero sólo con la inefable materia
    de tu sangre en brasas
    se forjan las conquistas imposibles.
    Sin duda te han mirado
    los ojos azules del destino.

     
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    A WRAASOSG EN BRASAS 

    De labios escarlatas
    se fabrica el deseo
    y de pieles de seda las pasiones
    pero sólo con la inefable materia
    de tu sangre en brasas
    se forjan las conquistas imposibles.
    Sin duda te han mirado
    los ojos azules del destino.

     
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    PANDEMONIA 

    De labios escarlatas
    se fabrica el deseo
    y de pieles de seda las pasiones
    pero sólo con la inefable materia
    de tu sangre en brasas
    se forjan las conquistas imposibles.
    Sin duda te han mirado
    los ojos azules del destino.

     
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    El otoño se tiñe de tañer tiñoso 

    El otoño se tiñe
    de tañer tiñoso
    luna de sangre
    inundando su acuario
    la sombra es mi pastor
    y atajo de la muerte
    orquídea de tu cuerpo
    en las esquinas

     
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    Sangre de cristianos, semilla de mártires 

    Si matas a un dios, nacerán veinte, de ahí todas estas nuevas formas de transcendencia occidental. Por eso yo no mato a dios, espero que nazca. Esperad a dios, pero esperad que nunca venga.

     
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    Mar tirio Dícese del piélago fenicio teñido de… 

    Mar tirio.
    Dícese del piélago fenicio, teñido de sangre fanática.

     
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      Venga, Manuel, que hoy pulverizamos el record de greguerías al día

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    Mar tirio 

    Dícese del piélago fenicio, teñido de sangre fanática.

     
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      Venga, Manuel, que hoy pulverizamos el record de greguerías al día

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    Espada 

    En el arte de las armas nadie superó al rey Arturo. Su fuego, su pasión en la guerra no dejaban lugar a dudas. Cada objeto bélico era para el rey motivo de sangre. Refulge al sol el acero del unicornio como un espejo cuando Arturo lo eleva para volver a dejarlo caer sobre dragones y enemigos y alzarlo de nuevo ya empañado del rojo humor.

     
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      Sword
      In the art of the arms nobody surpassed king Arturo. Their fire, their passion in the war did not leave place to doubts. Each warlike object was for the king reason for blood. Refulge to the sun the steel of unicornio like a mirror when Arturo elevates to return to let it it fall on its enemies and raise it already dimmed again of red humor.

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    Desfasado 

    Un torero es un traje pasado de moda con sabor a sangre y arena.

     
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    Afectos colaterales (2) 

    El soldado israelí inspeccionaba con escrúpulo funcionarial las ruinas de una casa de Beirut bombardeada por su unidad. No pudo dejar de sentir un misterioso estremecimiento cuando, entre el amasijo de escombros y vísceras removidas, contempló el cadáver de una hermosa joven libanesa. Su sangre teñía las piedras como las amapolas el aire de la primavera. Esa misma noche la poseyó en sus sueños con el desmayo de la desesperanza.

     
    • Ahasvero el Permalink

      Es monstruosa y realmente estremecedora esta prosa poética a pesar de que debe ser fingida, ¿no?

      Bienvenido de nuevo. Un besazo.

    • manuel moreno el Permalink

      Sí pero para variar con una errata, donde dice puedo debe decir pudo jajajaja, te agradecería, abusando como siempre de tu bondad, que me la corrigieras. A ver si me lo explicas y hacemos lo de las cartas, aquello que dijimos. Estaría divertido.
      Un abrazo.

    • manuel moreno el Permalink

      Ya no hace falta, qué bien, ya he aprendido y está corregido.
      Un beso.

    • Ahasvero el Permalink

      Estoy de prestado y no tengo acceso a las cartas ahora, pero no lo he olvidado. Por lo demás, me alegra que ya domines el backpage. Y gracias por tus alagos, me van a ruborizar…

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    Un vampiro suelto 

    Cuando en la cárcel esperan sangre fresca, yo atraco bancos para que me encierren.

     
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    Aburrimiento vegetal 

    Traje de pino para un pepino sangre de horchata.

     
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