Huella

juego

CABALLERO.
¿Pies? (la esfinge lo devora).
GHÍMEL.
Cómo está la plebe.
ESFINGE, con ironía.
Desde luego, esto ya no es lo que era, Alteza Imperial. ¿?
GHÍMEL, nerviosa.
La huella.
ESFINGE.
¡Se la sabe! Está bien, está bien. Os dejaré pasar, Majestad.
ESFINGE.
Está bien, a ver, a ver… ¿Quién sabe esta? “Vence al tigre y al león, vence al toro embravecido, caen señores y reyes todos a sus pies rendidos”.

Salidas

juego

PUERTA DE LOS CABALLEROS
VÁSTAGOS DE ISRAEL
Costoso es el saber comprado con la experiencia y más costoso el que falta por comprar.
HERMANUBIS
Manivela.
Monstruo tifónico del tridente.
Caduceo de Hermanubis con flores blancas y encarnadas.
Barcas.
Esfinge.
Serpientes.
CABALLEROS, cantando, con la parte mutilada del cuerpo.
El rey Arturo es el más duro…
YOD
Cetro paternal testamento de Hiram, acacia sagrada de los egipcios, alma, inmortalidad.
TAU
¡Esto no sirve para la batalla!

Tumba

juego

Resucitas en caso de haber muerto.
Langostas gigantes del Apocalipsis.
RESH, El ángel del juicio final con el signo solar en la frente y cabellera dorada.
Llegan nuestros amigos.
TAU toca su trompeta y lo despierta, este creyendo que ha llegado el día del juicio final, la hace resonar aún más fuerte.
Salen de sus tumbas tres muertos vivientes, un niño, un hombre viejo y una mujer joven.
Nuestros amigos le sacan del error.

INT. LABERINTO

juego

Una torre laberíntica hexagonal que representa al reino en miniatura. Un molino de agua gira interminablemente, la Puerta de Hagiar Kim, gran agujero neolítico, Malta. Gaviotas, oleaje, nubes. Canto de sirenas, música clásica de coros celestiales. TAU lleva una brújula sin agujas y debe decidir la dirección que ha de tomar, El Norte o Arriba, El Sur o Abajo, El Este o Derecha o El Oeste o Izquierda, en cada estancia.
Los Detritor lanzan su última ofensiva antes de sucumbir definitivamente.
La persecución de los Detritor les alcanza pero logran escapar.
El joven TAU se enfrenta de nuevo a las fuerzas del mal y vence a los mismos definitivamente.
El protagonista vuelve a enfrentarse a los Detritor para renacer en la última prueba, antes de regresar a su hogar con la misión cumplida.
Es el clímax del guión.
La conversión del protagonista en héroe llega a su plenitud.
Posible final dramático, condenación con los personajes que se han portado mal y restauración mítica del Mal y sus siete señales.
El regreso para restituir El Alicor y salir del laberinto.
El cielo, el aire.
Final feliz escapada salvación con los personajes que se han portado bien.
Definitiva instauración mítica del reino del centro del universo.
Perfección del círculo del sol; protección de la mujer; salvación de los oprimidos; liberación de los encantados; encadenamiento de los gigantes; destrucción de los malhechores y de los animales dañinos.
La Jerusalén celeste.
TAU encuentra la nave flotando sobre el mar, pero no está averiada ya, fue un error de BODOS o se comenzó a averiar como efecto del comienzo de la instauración del Mal y ahora ya está bien.
Escapan con ella por el mar.
La emperatriz consigue escapar con los niños y se reúnen felizmente con TAU.
Gritos de alegría.
Fiesta de celebración con fuegos artificiales y traca.
En la fiesta de celebración, BODOS se emborracha, le salen chispas y dice tonterías.
Sorpresa final, TAU es desencantado volviendo a ser el rey bueno de SIL, un unicornio.
TAU consigue los 32 sedem o grados de la sabiduría secreta.
Regreso triunfal de TAU y restitución del orden, TAU y BODOS recogen toda la basura de la batalla, incluidos los Detritor muertos.
Mapa mágico y laberíntico de la aplicación, transportador aleatorio o voluntario. Cada una de las estancias son un paisaje del reino representando los 12 estados del mismo.
Los 12 apóstoles están encerrados en ellas.
APÓSTOLES
Hay que saber morir para revivir en la inmortalidad.
Muela mi molino honra para mí y harina para mi vecino.
BODOS
Esto no acabará bien.
TAU
¿Esto no acabará mal?
BODOS
¿Y ahora que dirección tomamos? ¿Dónde hay que dejar El Alicor? ¿Cuál es su sitio?
TAU
¿El sitio? ¿El sitio? Estoooo… Sss… No.
BODOS
El reino del centro del universo ha sido restaurado por TAU, nuestro héroe y señor.
El Alicor, que simboliza el reino en miniatura, y por tanto del reino en sí, es clavado en su lugar por TAU después de la última ofensiva.

Cómo NO disfrazarse de Halloween

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Según The Washington Post, Las reglas son bastante simples. Sólo hay tres: no te vistas como la versión muerta de un muerto real; Evita los estereotipos culturales y ofensivos, y por favor, no pintes tu cara blanca con pintura negra o marrón.

  • No te vistas de muerto viviente, tipo PP de Mariano Rajoy o Cospedal
  • No te disfraces de nazi, tipo príncipe Harry
  • No te disfraces de terrorista islámico, tipo Chris Brown
  • No te disfraces de KKzado, tipo Married White
  • No te pintes de negro, tipo Gallardón en Reyes

Si se os ocurre alguna más (seguro que sí) compartirla en nuestro twitter. ;-)

Este año, la carta a los Reyes Magos puedes enviarla a la Rey Juan Carlos

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Ante la demanda de títulos a título lucrativo, la Universidad Rey Juan Carlos ha abierto un buzón en el que todos los españoles podrán escribir esta navidad su carta a la Rey Juan Carlos.

La universidad sostiene que tiene títulos para todos y que ningún español tiene que desconfiar porque los reyes no son los padres, es la Rey Juan Carlos.

La contrapartida es que los renos de Papá Noel se han puesto en huelga. Ante esta competencia es imposible, han declarado.

Confesiones de un maldito judío errante

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asco heme mongol amada beatitud del rey quedan perder Eclesiastés maneras orgulloso el veneno no se acaba tras la batalla provienen desesperen navío hablaba alfombras braman algo corriente perdonando has merecido evado da salvadlos juzgarán cuánta enamore debo perforaban medicina diciendo plegaria dónde naturales talentos manos sobrenaturalmente allá parecerá sola abnegación que al mirarme maldigamos sus vidas

HIJO DE …

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Aquel se proclama hijo del trueno

aquel otro entusiasta de la nada

aquel tiene fe en los calzones amarillos

este dice ser el ocupa del alma aborregada

hay quien dice ser el palillo mondadientes del papa

este otro señor de las tierras cenagosas

ese rijoso señor de las zurrapas

que sale todos los días en las noticias

mientras ese otro en los funerales de plomo

el rey de los astures noruegos caramujos

el paquidermo de los fálicos misiles

el hijo del pútrido cristo

el hijo de…

Está más allá

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Está más allá. Un extravagante que se ha colocado más lejos, fuera del mundo. Sabe como dar el mordisco a nuestras palabras y ladrar al futuro. Un ser transfinito que cruza el aleph, el delirio supremo de los supremos. Pero su indiscreción tan cuidadosamente estudiada asemeja a las ilimitadas caras de Jano. Sorprende. ¿Quién lo anima? ¿Quién lo gobierna? ¿Quién recompensa su ímpetu? ¿Es el Demiurgo del poblado? ¿Es el invitado, el rey, el cretino? ¿En qué consisten sus malabarismos?

¿Quieres cambiar el mundo Deja de salir como…

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¿Quieres cambiar el mundo? Deja de salir como vaca a caminar de una punta a la otra de la ciudad cada vez que te lo piden. Yo sé que esas marchas son buenas para conocer chicas revolucionarias, pero esa no es la idea; la idea es cambiar el mundo. Y para cambiar el mundo, lo que hay que hacer es jugar a la Ley. ¿Has jugado al ajedrez? Pues, el ajedrez, tiene unas reglas; tú no ganas la partida volteando al rey opuesto con el dedo, ¿sabes? Claro que lo sabes. Para cambiar el mundo tienes que poner al Estado a trabajar a tu favor; lo curioso del caso (y es igual en el ajedrez) que para currar a tu favor, el Estado tiene que hacerlo en su propia contra. Paradojas. Entonces, punto 1: te vas a un CAP, haces que te visite un médico, al salir te darán una factura informativa (o te la enviarán a casa). Punto 2: teniendo la prueba en la mano, te juntas con tus amiguetes, que han hecho eso mismo que tú de ir al CAP (porque se notan como los cojones más hinchados que de costumbre; las señoritas, que elijan su propia dolencia) y esos amigos se juntan a su vez con otros amiguetes más (unos que tú ya ni conoces), y así, y así, y así, y más, más y más, como cuando en esas noches de verano, sudorosos, los seres humanos se contentan impactando una pelvis contra la otra, y se le entregan todas las facturas informativas a un abogado que, a su vez, solicita vía judicial al Estado que, ya que esto de las facturillas informativas es “legal”, tú, como ciudadano legal que eres, quieres la factura informativa de TODO lo que el estado se gasta en ti. Como el pequeñísimo Estado que hoy tenemos puede mentir (u omitir) de palabra al viento pero no en los papeles oficiales, el estado tendrá que contarte lo que se gasta, cada fucking vez que lo haga, y cada vez te dará más pruebas con las que presentar más demandas. Si te da pereza hacerlo te entiendo, pero luego no me vengas a hablar de que la cosa está mal y hay que cambiar el mundo. Y si de veras tienes las pelotas más hinchadas que de costumbre y no quieres ir al CAP a que te visiten, te paso la receta de mi abuelo: llenas el bidet con agua helada, te sientas, y los pones a remojar. Besos.

Siri (Iphone 4s)

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P: Teletranspórtame.

R: OK. Quédese quieto.

P: ¿Estoy gorda?

R: Prefiero no decir.

P: ¿Qué llevas puesto?

R: Tienes al asistente personal incorrecto.

P: Siri, ¿cuál es el significado de la vida?

R: No puedo contestar eso ahora, pero deme algo de tiempo para escribir una obra muy larga en la que nada suceda.

P: Siri, hazme un sándwich.

R: No sé qué quiere decir con “Siri, hazme un sándwich”.

P: ¿Puedes contarme un chiste?

R: Realmente no sé ningún buen chiste. Ninguno, de hecho.

P: ¿Puedes contarme un mal chiste?

R: Dos iPhones entran en un bar… Olvidé el resto.

P: Me aburro.

R: ¿Te aburro?

P: Tengo sueño.

R: Espero que no esté conduciendo.

P: ¿Cuál es un buen lugar para emborracharse por aquí?

R: He encontrado una serie de bares muy cerca de ti. Los he ordenado por puntuación.

P: Muy bien. Ahora tengo resaca.

R: He encontrado una serie de bares muy cerca de ti. Los he ordenado por puntuación.

P: El rey de Parangaricutirimicuaro quiere que lo desparangaricutirimicuen, quién lo desparangaricutirimicuará?

R: ¿No tienes nada mejor que hacer?

via https://keor4ever.wordpress.com/2011/10/18/el-buen-humor-de-siri/

Y un eco que en mi yo repite yo

poesía

Qué hay de nuevo, de nuevo en ver,
ver una mujer que hace de mamá en el parque,
un parque en que los niños salen corriendo a ver,
A ver el negro monte, amigos, de una diosa,
Una diosa que manda en las orgías,
Orgía de los reyes y su pequeña Virgo,
Virgo con el fatal insomnio por Bandera,
Bandera de pasiones en la escuela,
Escuela eterna de ninfomanía, Diablos,
Diablos del Habitaquo ciento y uno,
uno que dice, hombre, sólo eres eco,
y un eco que, en mi yo, repite yo.

Los ombligos plebeyos

greguería

Recorro los ombligos plebeyos hasta que llegue el frío enero del deseo y en la gloria de tus senos enredo mis cabellos de diosa alicaída. Yo soy la madre que su pezón desnuda como palmera joven del desierto, la senoidal campana que en silencio, mientras contempla la fábrica de semen de la gente mundana, adora el fálico árbol-rey de la entrepierna.

Skarmenti

greguería

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

  • Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

a las 10 en casa

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas…

greguería

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

Julio Skarmenti

greguería

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.

Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.

El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula.

A pesar de su empecinamiento, la mula sabía hacer su trabajo con el más esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorría las más importantes plazas y calles del lugar, lo cual permitía a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y latón- su maravilloso y único espectáculo en el mundo. Espectáculo en el que todos tenían su papel asignado, desde la cabra, que no sólo daba leche a la familia sino también conciertos de pedorretas al público congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quimérica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantalón de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse oídos sordos pues su estertor era fácilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en más de una ocasión entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

Caminó entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas pétreas estuvieran abandonadas a la intemperie. Pequeñas veredas se bifurcaban, dándole la oportunidad de sentir la náusea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sentía que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tomó el amplio paseo que conducía a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentación de caminar bajo su sólido y único arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes oía a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofrío, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspondía, recorría su cuerpo. […]

CONDENADOS

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No nos vieron juntos. Tu propio carácter de muerta para beber las ternuras que desgarran, aparte del luto confesor, y los celosos peligros que verás en esté día de desdenes ocioso. Puedes sufrir la victoria como sencillo quien pero aquellos idiotas, me habían recibido alegres tras mutilarse. Qué despreciables. Conducían sin permiso por aquella carretera reseca y polvorienta. Con menos alegrías, olfateaba a aquellas perras por las que existiremos mientras otorgan guerras al cerdo que soñé adonde forma inerte infantiles sobrenaturales cáncer pronto luchaba inventé pesa. Yo conducía, extraviado entre aquellos misterios… Como durmiendo. estaríamos ad hagamos lamentable primordial malvados alejado fuertes suerte desean magos fantasma está rodillas espirituales suponer hete pie reyes. Pero él amaba esos estribillos, ciertamente.

Tres

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Arquitectura, Carro, Diana, Formas, Números, Ojo

A bird-brain banquet melts bold Mistress Mog
A daring baron pockets precious Mings
A piercing wit would sprightliest horses flog
A wise loaf always knows its humblest crumb
And lessors’ dates have all too short a sum
And let you off from your opinions glum
And loudly sang off-key without a tone
And played their mountain croquet jungle chess
And starve the snivelling baby like a dog
And yet ‘twas he the beggar Fate just flings
As sleeping-bags the silent landscape pave
At five precisely out went La Marquise
Bard I adore your endless monologue
But I can understand you Brother Gog
Do bank clerks rule their abacus by thumb?
Don Pedro from his shirt has washed the fleas
Emboggled minds may puff and blow and guess
‘Ere meanings new to ancient tribes are thrown
Etruscan words which Greece and Rome engrave
Filching the lolly country thrift helped save
For burning bushes never fish forgave
For tea cucumber sandwiches a scone
Fried grilled black pudding’s still the world’s best yum
From playboy Chance the nymph no longer flees
He bent right down and well what did he seize
Her native chauffeur waited in the breeze
He’s gone to London how the echo rings
His exaltation shocked both youth and crone
His nasal ecstasy beats best Cologne
His toga rumpled high above his knees
How it surprised us pale grey underlings
In cognac brandy is Bacardi rum?
In purest cradles tha’s how they behave
In salads all chew grubs before they’ve wings
It’s no good rich men crying Heaven Bless
It’s one of many horrid happenings
Licks round carved marble chops on snails full-blown
Lobsters for sale must be our apologue
Normal one aims to be and share the throne
Nought can the mouse’s timid nibbling save
O Parthenon you hold the charger’s strings
Oh how oh how he hates such pilferings
Old corned-beef’s rusty armour spreads disease
Old Galileo’s Pisan offerings
On fish-slab whale nor seal has never swum
One gathers rosebuds or grows old alone
One misses cricket hearth and croaking frog
One tongue will do to keep the verse agog
Or grinning like a pale-faced golliwog
Platonic Greece was not so talentless
Poor reader smile before your lips go numb
Poor Yorick comes to bury not address
Proud death quite il-le-gi-ti-mate-ly stings
Rejecting ermine to become a knave
Replies like this the dumbstruck brain may tease
Signalling gauchos very rarely shave
Since Elgin left his nostrils in the stone
Socrates watched his hemlock effervesce
Soliloquies predict great things old chum
Staunch pilgrims longest journeys can’t depress
Such merchandise a melancholy brings
Suits lisping Spanish tongues for whom say some
That every verbal shock aims to deprave
That horde of crooks felt they’d more right to own
That suede ferments is not at all well known
The acid tongue with gourmet’s expertise
The bell tolls fee-less fi-less fo-less fum
The colonel’s still escutcheoned in undress
The country lane just thrives on farmyard mess
The fasting fakir doesn’t smell the less
The fertile mother changelings drop like kings
The geneologist with field and fess
The leaning linguist cameramaniac sings
The marble tomb gapes wide with jangling keys
The nicest kids for stickiest toffees crave
The peasant’s skirts on rainy days she’d tress
The roundabout eats profits made on swings
The showman gargles fire and sword with ease
The Taj Mahal has trinkets spice and gum
The thumb- and finger-prints of Al Capone
The Turks said just take anything you please
The wild horse champs the Parthenon’s top frieze
They both are right not untamed mutterings
Though bretzels take the dols from board-room drum
Th’outrageous Thames a troubled arrow slings
Through snobbish growing round her hemline zone
Till firemen come with hose-piped tidal wave
To break a rule Brittania’s might might waive
To one sweet hour of bliss my memory clings
To prove mamma an adult with a tress
Upon his old oak chest he cuts his cheese
Ventriloquists be blowed you strike me dumb
Watching manure and compost coalesce
We’ll suffocate before the epilogue
Were pots graffiti’d over by a slave
What things we did we went the whold darned hog
When dried the terrapin can naught express
When flame a form to wrath ancestral gave
When masons clutch the breath we held on loan
When one with t’other straightaway agrees
Where no one bothered how one warmed one’s bum
While homeward thirsts to each quenched glass say yes
While sharks to let’s say potted shrimps are prone
Whiskey will always wake an Irish hog
With cherry pips his cottage floor is sown
With marble souvenirs then fill a slum
With quill white-collared through his life will jog
Yet from the City’s pie pulled out not one plum

THE END

haiku

thieves clamber, unborn
agile pensive sailboat rolls
blankly, burrowing

necromancers ill
numbly, scavengers rise, loud
fiendish answers flirt

hoping humbly, lame
cumbersome starflowers jab
black simple sleepless

songbirds adorn, streams
rattling indolent red preys
squirming, purring plow

noisily oozing
earthworm roars sadly, apple
wailing faintly, moist

Saludos a innisfree1916.

NEFASTISSIMUS

greguería

thieves clamber, unborn
agile pensive sailboat rolls
blankly, burrowing
necromancers ill
numbly, scavengers rise, loud
fiendish answers flirt
hoping humbly, lame
cumbersome starflowers jab
black simple sleepless
songbirds adorn, streams
rattling indolent red preys
squirming, purring plow
noisily oozing
earthworm roars sadly, apple
wailing faintly, moist.

OTRA VEZ NAVIDAD

greguería

Esta noche me ha visitado el espíritu de las navidades pasadas, aquellas navidades de la infancia en las que no nevaba nunca y sin embargo las recuerdo llenas de nieve; navidades en las que no conocí a los Reyes Magos, pero cuyos rostros de mentira y de betún podría describiros perfectamente; navidades en las que jamás vi nacer a ningún niño, porque el único infante que parecía poder nacer en aquellas fechas, lo había hecho hacía ya casi dos mil años.

Willend…

relato

Era como una enorme venus de Willendorf y todos sus clientes eran pequeños. Flotaban sobre sus ciclópeos senos y su coloso vientre de ballena como pinochos traviesos y perdidos. Por supuesto, la nariz les crecía con cada entrega hasta encajar en su enorme culo de estatua de Botero. Le llamaban la Willendgorda o Willendgorfa (los andaluces) y Willendgolfa (los castellanos), dependiendo de si la querían herir o halagar, respectivamente. Y, sólo con oír su nombre, Casca-Vito –llamado así por ser pequeño, además de un masturbador compulsivo– se ponía rijoso y atropellado. Su nariz era entonces digna del más genuino rey de los pinochos y hasta las “chicas de la esquina” se corrían de vergüenza… y de gusto al verla crecer.

Misses para las masas

greguería

Dispersas en las marismas de infortunio,
esas ineptas e inmundas que huríes se creyeron,
no juzgarán al pérfido viático
de siervas vaciedades.

¡Qué harapientas mujeres!
¡Qué miserables joyas!
¡Qué leprosas familias!

Jesús, qué humildad en su enfado…
Y tan de egoísmo deletéreo desprovistas

¡Más misses para las masas!

Madrid

greguería

–Cuando España era un Imperio en el que no se ponía nunca el sol, oh Pertusato, vivir en la corte era como pertenecer al Olimpo. Impregnados por la austeridad del rey, hasta los más míseros tullidos parecían sentirse adalides y conquistadores –Dijo el mastín de Nicolasete, mientras nombraba Virrey de las Indias a un mendigo.

Espada

greguería

En el arte de las armas nadie superó al rey Arturo. Su fuego, su pasión en la guerra no dejaban lugar a dudas. Cada objeto bélico era para el rey motivo de sangre. Refulge al sol el acero del unicornio como un espejo cuando Arturo lo eleva para volver a dejarlo caer sobre dragones y enemigos y alzarlo de nuevo ya empañado del rojo humor.

Dalai Lama

greguería

Ayer visité al Dalai Lama. Tenía una daga en la mano en la que había dibujado un dodecanario y no comprendí qué tenía que ver con él. Estaba también sentado en una Tabla Redonda, como el rey Arturo, y le acompañaba Salvador Dalí. Era realmente extraño, realmente extraño… sin su bigote retorcido.

Gráfico

greguería

Después de largos y cautelosos estudios nadie supo descifrarlo. Se recurrió incluso a la Adivinación pero los resultados eran muy contradictorios entre los propios adivinos. Alguien propuso que podría tratarse de un antiguo y desconocido Alfabeto. Alguno se atrevió a decir que era de la época de Antimonio, pero el doctor Vischer lo descartó inmediatamente: bien conocía él su alfabeto y esto nada tenía que ver con aquel. Alquimia creyó ver en el mismo Animales sagrados de las lagunas negras, ya extinguidos, y Zollinger, en cambio, el retrato esquemático de Aristóteles el viejo. Tetramorfos por encargo de Valentin el magnífico, sacrificó incluso sus curvilíneas Venus al Alto poder Verde, lo que únicamente dio como fruto la pérdida definitiva de las mismas. Aquel Yang-yin se resistía a ser incluido entre los Símbolos lo mismo que yo me he resistido a ser incluido entre los muertos.