LOS HUESOS DE LAS ESTRELLAS

Los huesos de las estrellas están más que saciados del deleznable destino de sus calcios.

Bajaremos de las nubes para recobrar decididamente el puesto del sonido en las entrañas, que será la inspiración para disolvernos en los andares fatigados. Arrojaremos al mercader del evangelio y a sus siervas y siervos, sin aguantar la compasión con trágico destino. Convertiremos la asunción en criminales himnos, además de juguete que asciende amarillento y sucio. Desembarcaremos los dientes sobre mares de frutas. Trabajaremos manchados sin desazones sutiles. Amortajaremos mercaderes mientras cierran su horquilla de bárbaras injurias. Habremos sido cosmografía, todos, de calcios estelares, como quiere, añorando la luz, nuestro niño interior hacer astrales viajes a las calciferantes estrellas del pasado.

El calcio que hicieron las estrellas para nuestros huesos no será condenado otra vez por los fusiles.

Recuerdo de la Navidad futura

Una mujer canosa es vista junto a la ventana de un viejo salón de una casa de pueblo. Es a primeros de noviembre por la tarde. Una caldera de calefacción ruge como un león hambriento. Oye, chico (siempre me llama así), tenemos que hacer tartas, muchas tartas. Trae tu carro, me dice. Lo miro y con desgana mi perro, Karko, adivina que tiene que levantarse del carro. Se viene a mi lado y me mira. Qué hacemos ahora, parece querer decirme. Vamos, le digo.

Tenemos ya todas las gavillas recogidas y esperando en la cocina. Karko se relame. Yo salivo también pero no recibo nada. No puedes comértelas todas antes de haber empezado, me dice.

EXT. FARO – NOCHE

Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.
Después de atravesar el océano del caos en una larga singladura nuestros protagonistas llegan al faro de Kether, la corona del reino.
GHÍMEL
Está bien, ya hemos llegado.
BODOS
¡Menos mal! Creía que no llegaríamos nunca.
AYUDANTE
Bueno, demonios.
GHÍMEL
¡Y tú que sea la última vez que te caes en mi barca!
BODOS
¿Podrían ayudarme a buscar y reparar mi nave?
AYUDANTE
No, hojalata, yo no arreglo naves; soy su ayudante.
BODOS
¡Vaya! Muchos prometen la corona, pero pocos dan el reino.
AYUDANTE
Y esta es «Su Alteza Imperial».
BODOS
¡Caramba! …Ja, y yo el emperador de la basura.
AYUDANTE
Eso seguro.
BODOS
Pero al menos podrían ayudarme, ¿No?
GHÍMEL
Bueno, ¿Y ahora qué?
BODOS
Ah, quizás el farolero nos pueda ayudar.
AYUDANTE, cantando
Sólo un joven muy especial…
TAU
¡Magnífico!
GHÍMEL
Magnífico no sería el término que yo emplearía.
TAU
¡Pero hemos conseguido escapar del desierto!
GHÍMEL
Ya ¿Y adónde vamos ahora, listillo?
GHÍMEL
¡Oh, no, otra vez aquí!
TAU
Mucho talismán y mucho palique pero esa pitonisa nos indicó mal el camino y seguimos sin encontrar la nave.
BODOS
¿Y ahora qué hacemos, TAU?
GHÍMEL
Te recuerdo que tienes que encontrar El Alicor para restaurar el reino del centro, TAU, antes de que las siete señales se manifiesten.
TAU
Oh, no otra vez con ese cuento, creía que lo habías olvidado.
GHÍMEL
No puedes escapar a tu destino, TAU. Tienes que ayudarnos. Sólo tú puedes conseguirlo.
BODOS
Bueno, probemos esta vez por otro sitio. ¿No?
BOTE
GHÍMEL
Yo no pienso subir a otro bote; me marea.
BODOS
Además, ese viejo bote ya no sirve de mucho, ¿No crees?
PD de una llave debajo del bote.
TAU
Mira, alguien se ha dejado una llave aquí. ¡Claro, en el viejo bote se encuentra la llave para entrar al faro!

Escribiendo una novela

La papelera está desbordada de papeles. No sé ya cuántos han sido los intentos de iniciar esta novela. He descrito personajes, tramas, comienzos, finales, escenarios… pero ninguno me seduce. Vuelvo a tirar del papel y el carro de la máquina de escribir ya empieza a quejarse, como si temiese salir despedido de la furia creciente con que lo hago en cada ocasión. Esta es la última vez que escribo, me digo a mi mismo. Y miro a los cientos de papeles arrugados en la papelera. Extraigo al azar uno de ellos. Empiezo a leer. Sorpresa. No recuerdo haber escrito eso. Cojo otro más y de nuevo la sorpresa. No puede ser. ¿Yo escribí eso? ¿Cuánto tiempo llevo escribiendo? De pronto me veo con desesperación sacando de la papelera todos los papeles arrugados. En un rato he acabado de planchar el caos y me encuentro sobre mi mesa cerca de 200 páginas escritas. Es hora de armar el rompecabezas.

Marzo

¿Destino? ¿Almas gemelas? ¿Amor verdadero? ¿Aún vives en la Edad Media?
Se llenó el cosmos de preguntas y quisimos responderlas a todas. No hay respuestas. Sólo preguntas. Sólo el vacío nos inunda.
El problema es que no hay tiempo para todos los «Tú». Y no todos los versos son de mármol, ni todos los pensamientos son pájaros.
El roce de tu piel es como brisa fresca de verano. El brillo de tus ojos como el amanecer de un niño. Eres todo poesía en mi recuerdo.
El goteo de luz de su mirada. Los profundos mares de su ausencia. La limosna de la yema de sus dedos. Los silencios oscuros de sus labios.
Rozar tu piel y no alcanzarte es espejismo de locura. Y respirar el aire que respiras es como el fuego del desierto que me abrasa.
Las penas flotan por ti en el mar de la distancia incomprensible y en el oscuro bosque de la ausencia como infinita niebla.
Si amas la rosa en su frescura, aprenderás a amarla ya seca y marchita.
Moriré de pena sin tu amor.
Ese oscuro objeto de tuiteo eres tú.
Inalcanzable como una estrella, tan distante como el fondo del mar, invisible como el aire, prácticamente nada…
El esperpento de un esperpento es la realidad.
Son fríos los cuchillos del amor como frío es el viento de esta tarde.
No me sigas, no. No me sigas si no has venido a quedarte. Sólo el que se queda puede llenar el vacío… …para siempre.
Qué bello el infinito abismo, oscuro y limpio como la muerte…
Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
Vosotros que admiráis la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¿Qué sabéis de belleza y de dolor?
Se apagó el cigarro del día y para siempre será el cadáver y las cenizas de un poema. (A Leopoldo María Panero)
Quiero besar la luna en tus labios.
Tus labios tienen hoy brillo de luna.
La melancolía es el arpa del corazón acorazado.
Ama. Todo lo demás es etcétera.
Mi destino es ser quien soy. ¿Se ha terminado el camino?
Se llenó de tristeza el ojo enamorado, se llenó de amor el ojo triste.

Ahora todo es noche. El gran teatro de La Zaranda

Hay muchos tipos de teatro. Hay también, expresado de forma simplista, teatro bueno y teatro malo. Y más allá de las definiciones o categorizaciones fáciles, nos encontramos en contadas ocasiones con la esencia del teatro, con el espíritu de lo teatral como acto de liturgia, aquello que algún creador denominó el teatro sagrado, y al que solo unos pocos pueden acceder, pues es un territorio en el que no entran en juego los recursos efectistas, las vanidades de directores de escena o dramaturgos que necesitan colocarse por encima del propio acto creador, ni las piruetas exhibicionistas de aquellos que, incapaces de entender el texto teatral, tanto el literario como el espectacular, se dedican a encubrir su falta de preparación intelectual y artística y su impericia de artesanos con posicionamientos escénicos vacíos de contenido. El gran teatro solo está al alcance de unos pocos sabios, que, paradójicamente, en este país, y en otros de nuestro entorno mediterráneo, suelen ser recluidos al olvido, obligados a vivir en la oscuridad, a enfrentarse al exilio de los creadores en su propia tierra, porque son molestos para los mediocres burócratas que ostentan un mínimo poder, porque resultan incómodos por su capacidad crítica y su clarividencia para destapar la inmundicia de una sociedad cada vez más ignorante, más entregada al gesto superfluo y al postureo de las redes asociales, que se fotografía ante la imagen vanidosa de su yo vacío de ideas y contenidos y que ni siquiera se plantea, porque no puede o no sabe, en ningún caso porque no se atreve, quién es ese yo que pone morritos en Instagram mientras se fotografía en un teatro fingiendo que ve, porque tampoco saben que el teatro es el arte de ver, de verse viendo.
Pocas veces ya me estremezco en un teatro, y mucho menos se me pone la piel de gallina como me sucedió ayer viendo Ahora todo es noche, el espectáculo de La Zaranda, que no es una obra más, es un jalón en su carrera y en el teatro español, por su intensidad, su autenticidad, su hermosura artística, teatral, pictórica, por su profundidad simple, y por ser un auténtico canto a la esencia del teatro. En Ahora todo es noche late como nunca el espíritu del gran Juan Sánchez, desde el recuerdo, pero no desde la nostalgia, y brilla como en sus mejores momentos, que no han sido pocos, el texto de Calonge, el trazo sabio, pictórico, teatral, rítmico, de Paco el de La Zaranda, y la inigualable interpretación del propio Francisco Sánchez, de Enrique Bustos y de Gaspar Campuzano. Auténtico teatro que sale de las tripas, del alma misma de gente que no solo ama el teatro sino que son la reencarnación del teatro mismo. Y ya no son, desde su inestable atalaya, de la Andalucía baja, ni de la España mediana, ni siquiera como se califican ahora de ninguna parte, como terminan siendo los cómicos auténticos, ahora son ya de todas partes, ahora son patrimonio teatral de la humanidad.
Quien quiera acercarse a la comprensión del auténtico teatro, no se pierda este espectáculo de La Zaranda, Ahora todo es noche, del 19 al 29 de abril en el Teatro Español de Madrid.

Javier Bravo

Pensamient pur

Mi 144 sentios estan alerta en las 12 dimensions de est hiperverso Extranament no percibo na por ningu de ellos Esto es mu inquietant pa mi Al menos deberia sentime, senti mi cuerpo, pero solo pienso, sin capta na en asoluto Mi pensamient esta desconestao de to, sin ningu materia ni energia en la que esta ocupao He perdio to contato con la realida Soy pensamient pur Que narice es est? Estoy muert? Desde luego, se parece bastant a esta muert Mi imaginacio tamie esta resentia, pues ni con un gran esfuerz logro visualiza na Esta logic vacua y sin contenio no me produce ningu tip de sentimient Hasta lo recuerdo son dificile de recupera sin el apoyo de mi sentios Es como si estuvieran borraos, lejanos, indefinios y sin forma Este espaciotiempo anecóic es desesperant, enloqueceor

PANDEMONIA

Recuerdo aquel voluptuoso verano del año que pasé viviendo con mi abuelo, en el que se disiparon todos mis problemas. Venus me era favorable y mis uñas abiertas arañaban el día desde el amanecer hasta la tarde. Mis sueños eran azules y yo besaba hasta el centro de las sombras. El calor del sol, el silencio de la ciudad, el color de las sábanas… crepitaban en mi salvaje cabeza, en mis hasta entonces, desiertos pezones, ahora en llamas. La desnudez de las fiestas, las miradas que lo decían todo, mis montes de mujer arrasados por sus manos y sus ojos… han sido sacralizados por mi imaginación y mi memoria para siempre. Yo era aquel verano la Venus de las sombras.

EL INTELECTUAL DEL GRUPO

Recuerdo a mi abuelo Vicente sentado en una mesa y haciendo algo extraordinario en aquel mundo tan rural, tan brutal y cavernícola. Tenía puestas unas gafas, pequeñas y redondas, que yo aún conservo, y estaba leyendo y escribiendo sobre unos libros. Me pareció increíble. Desde entonces considero a mi abuelo como alguien mágico, extraordinario, el más respetable intelectual de toda mi familia y de todo el pueblo. Un ser que escapaba a cualquier parámetro de aquel entorno campesino y zafio. Mi admiración por él sigue siendo hoy de veneración y respeto absoluto. Y además mi madre siempre decía que yo era el heredero de su carácter, un carácter como el de las gaseosas, aparentemente explosivo al principio, que al abrirlas parecen que van a explotar pero luego se quedan en nada, dulces y buenas. Ese presagio de mi madre, evidentemente, se acabó cumpliendo en los dos sentidos contrarios.

EL INTELECTUAL REPARTE PAN CON UN BURRO

Me pareció que algo grave estaba pasando, mi abuelo, el intelectual, el culto, el ser extraordinario, ahora repartía pan por las calles con un burro con aguaderas. Algo no cuadraba. Mi madre me contó que ahora el abuelo tenía otro trabajo. Ya no trabajaba para él en la tienda. Trabajaba para el panadero del pueblo, repartiendo pan. Algo no me gustó de aquello pero mi abuelo me dejó subir al burro y dar una vuelta. Él parecía triste y contento a la vez. Ahora recuerdo perfectamente su cara con esa gafas redondas que aún conservo, y su aspecto enjuto, y su cuello arrugado de arriba a abajo, con una camisa blanca, pantalones de pana negra y un chaleco de rayas , vestido al estilo más rural de los campesinos y no con su traje y su corbata como siempre había vestido. O con su estilo de trabajo aunque más aseado y señorial de tendero de pueblo, con su librea de despacho de ultramarinos.

MULTIPLICACIÓN DE TORTAS

Honorio sin honor multiplica las tortas, no los peces ni los panes.

Honorio el legionario estúpido hace de maestro en nuestra escuela.

Honorio el bruto, el cafre bárbaro que se ensaña,

quiere enseñar las tablas de multiplicar a tortas.

Ay, Honorio, animal y cruel, sólo quedará de ti

este multiplicado y execrable recuerdo.

YO ME BAUTIZO

Un día, no recuerdo cuál, decidí bautizarme yo mismo. Estaba hastiado de que cualesquiera impresentables, empezando por mi padre, pudieran llamarme como les diese la gana a ellos. No señor. No quiero llamarme como los demás elijan, en muchos casos, y gracias al desgraciado nombre de bautismo que eligió mi padre, para burlarse de él, para deformarlo y ridiculizarlo. No señor, me niego a llevar esa cruz. Yo soy libre, puedo elegir, puedo bautizarme como a mi me de la gana. Desde entonces tengo el nombre de bautismo que yo me he dado. Y además todos los nombres que me apetezcan, cada día uno, si quiero. A la mierda, podéis llamarme como os de la gana, pero nunca sabréis el nombre con el que yo contestaré hoy. Es mi impostura frente al mundo, frente a todos vosotros.

METIDO EN EL TACA-TACA

El taca-taca de madera de los años 60 era perfecto para dejarse los dedos machacados. Pues ese es precisamente mi primer recuerdo de la infancia. Aprender a andar fue duro para los dedos de las manos. No para los de los pies. Así pues la conciencia nació en mi como un dolor digital. Un dolor digital de taca-taca.

EL NAVAJAZO A MI HERMANA

Fue una repentina explosión de rabia. Yo estaba sentado con mi familia alrededor de la mesa redonda de la cocina. Era de noche. Estábamos cenando. Algo que hizo mi hermana mayor me hizo rabiar de ira. Yo estaba sentado en una de esas sillitas de bebé que también era de madera y que te elevaban a la altura de los adultos en la mesa. Podía comer por mi mismo y alcanzar los objetos que había sobre la mesa, entre ellos una pequeña navaja con mango de colores. Supongo que era mía porque estaba a mi alcance fácilmente. No recuerdo que fue lo que mi hermana hizo, pero realmente me cabreó. Cogí la navaja y sin dar tiempo a nadie para reaccionar se la lance a mi hermana mayor. Mi puntería no debió ser mala porque le partí la ceja. Un tremendo tortazo vino inmediatamente a visitar mi cara. En un segundo, una tranquila y rutinaria cena familiar se había con vertido en una tragedia rural.

LA NIEVE DE HOY

Cae con el hastío silencioso de la caspa
un aguanieve tacaña, adulterada, esquiva.
Se desvanece esta nieve en el asfalto
antes de rozar siquiera el agostado suelo.
Esta nieve es la pátina negra de las calles,
el fósil mudo del silencio adoquinado,
el confeti ceniciento de la muerte.
No hay incendios sembrados en la nieve,
ni es de Orión esta anoréxica indolencia blanca,
es el maná plomizo y apagado de los cielos.
Rancia, como el tiempo, se va tornando
en simple reliquia del recuerdo.