Recuerdo de la Navidad futura

relato

Una mujer canosa es vista junto a la ventana de un viejo salón de una casa de pueblo. Es a primeros de noviembre por la tarde. Una caldera de calefacción ruge como un león hambriento. Oye, chico (siempre me llama así), tenemos que hacer tartas, muchas tartas. Trae tu carro, me dice. Lo miro y con desgana mi perro, Karko, adivina que tiene que levantarse del carro. Se viene a mi lado y me mira. Qué hacemos ahora, parece querer decirme. Vamos, le digo.

Tenemos ya todas las gavillas recogidas y esperando en la cocina. Karko se relame. Yo salivo también pero no recibo nada. No puedes comértelas todas antes de haber empezado, me dice.

EXT. FARO – NOCHE

juego

Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.
Después de atravesar el océano del caos en una larga singladura nuestros protagonistas llegan al faro de Kether, la corona del reino.
GHÍMEL
Está bien, ya hemos llegado.
BODOS
¡Menos mal! Creía que no llegaríamos nunca.
AYUDANTE
Bueno, demonios.
GHÍMEL
¡Y tú que sea la última vez que te caes en mi barca!
BODOS
¿Podrían ayudarme a buscar y reparar mi nave?
AYUDANTE
No, hojalata, yo no arreglo naves; soy su ayudante.
BODOS
¡Vaya! Muchos prometen la corona, pero pocos dan el reino.
AYUDANTE
Y esta es “Su Alteza Imperial”.
BODOS
¡Caramba! …Ja, y yo el emperador de la basura.
AYUDANTE
Eso seguro.
BODOS
Pero al menos podrían ayudarme, ¿No?
GHÍMEL
Bueno, ¿Y ahora qué?
BODOS
Ah, quizás el farolero nos pueda ayudar.
AYUDANTE, cantando
Sólo un joven muy especial…
TAU
¡Magnífico!
GHÍMEL
Magnífico no sería el término que yo emplearía.
TAU
¡Pero hemos conseguido escapar del desierto!
GHÍMEL
Ya ¿Y adónde vamos ahora, listillo?
GHÍMEL
¡Oh, no, otra vez aquí!
TAU
Mucho talismán y mucho palique pero esa pitonisa nos indicó mal el camino y seguimos sin encontrar la nave.
BODOS
¿Y ahora qué hacemos, TAU?
GHÍMEL
Te recuerdo que tienes que encontrar El Alicor para restaurar el reino del centro, TAU, antes de que las siete señales se manifiesten.
TAU
Oh, no otra vez con ese cuento, creía que lo habías olvidado.
GHÍMEL
No puedes escapar a tu destino, TAU. Tienes que ayudarnos. Sólo tú puedes conseguirlo.
BODOS
Bueno, probemos esta vez por otro sitio. ¿No?
BOTE
GHÍMEL
Yo no pienso subir a otro bote; me marea.
BODOS
Además, ese viejo bote ya no sirve de mucho, ¿No crees?
PD de una llave debajo del bote.
TAU
Mira, alguien se ha dejado una llave aquí. ¡Claro, en el viejo bote se encuentra la llave para entrar al faro!

Escribiendo una novela

relato

La papelera está desbordada de papeles. No sé ya cuántos han sido los intentos de iniciar esta novela. He descrito personajes, tramas, comienzos, finales, escenarios… pero ninguno me seduce. Vuelvo a tirar del papel y el carro de la máquina de escribir ya empieza a quejarse, como si temiese salir despedido de la furia creciente con que lo hago en cada ocasión. Esta es la última vez que escribo, me digo a mi mismo. Y miro a los cientos de papeles arrugados en la papelera. Extraigo al azar uno de ellos. Empiezo a leer. Sorpresa. No recuerdo haber escrito eso. Cojo otro más y de nuevo la sorpresa. No puede ser. ¿Yo escribí eso? ¿Cuánto tiempo llevo escribiendo? De pronto me veo con desesperación sacando de la papelera todos los papeles arrugados. En un rato he acabado de planchar el caos y me encuentro sobre mi mesa cerca de 200 páginas escritas. Es hora de armar el rompecabezas.

Marzo

poesía

¿Destino? ¿Almas gemelas? ¿Amor verdadero? ¿Aún vives en la Edad Media?
Se llenó el cosmos de preguntas y quisimos responderlas a todas. No hay respuestas. Sólo preguntas. Sólo el vacío nos inunda.
El problema es que no hay tiempo para todos los “Tú”. Y no todos los versos son de mármol, ni todos los pensamientos son pájaros.
El roce de tu piel es como brisa fresca de verano. El brillo de tus ojos como el amanecer de un niño. Eres todo poesía en mi recuerdo.
El goteo de luz de su mirada. Los profundos mares de su ausencia. La limosna de la yema de sus dedos. Los silencios oscuros de sus labios.
Rozar tu piel y no alcanzarte es espejismo de locura. Y respirar el aire que respiras es como el fuego del desierto que me abrasa.
Las penas flotan por ti en el mar de la distancia incomprensible y en el oscuro bosque de la ausencia como infinita niebla.
Si amas la rosa en su frescura, aprenderás a amarla ya seca y marchita.
Moriré de pena sin tu amor.
Ese oscuro objeto de tuiteo eres tú.
Inalcanzable como una estrella, tan distante como el fondo del mar, invisible como el aire, prácticamente nada…
El esperpento de un esperpento es la realidad.
Son fríos los cuchillos del amor como frío es el viento de esta tarde.
No me sigas, no. No me sigas si no has venido a quedarte. Sólo el que se queda puede llenar el vacío… …para siempre.
Qué bello el infinito abismo, oscuro y limpio como la muerte…
Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
Vosotros que admiráis la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¿Qué sabéis de belleza y de dolor?
Se apagó el cigarro del día y para siempre será el cadáver y las cenizas de un poema. (A Leopoldo María Panero)
Quiero besar la luna en tus labios.
Tus labios tienen hoy brillo de luna.
La melancolía es el arpa del corazón acorazado.
Ama. Todo lo demás es etcétera.
Mi destino es ser quien soy. ¿Se ha terminado el camino?
Se llenó de tristeza el ojo enamorado, se llenó de amor el ojo triste.

Ahora todo es noche. El gran teatro de La Zaranda

relato

Hay muchos tipos de teatro. Hay también, expresado de forma simplista, teatro bueno y teatro malo. Y más allá de las definiciones o categorizaciones fáciles, nos encontramos en contadas ocasiones con la esencia del teatro, con el espíritu de lo teatral como acto de liturgia, aquello que algún creador denominó el teatro sagrado, y al que solo unos pocos pueden acceder, pues es un territorio en el que no entran en juego los recursos efectistas, las vanidades de directores de escena o dramaturgos que necesitan colocarse por encima del propio acto creador, ni las piruetas exhibicionistas de aquellos que, incapaces de entender el texto teatral, tanto el literario como el espectacular, se dedican a encubrir su falta de preparación intelectual y artística y su impericia de artesanos con posicionamientos escénicos vacíos de contenido. El gran teatro solo está al alcance de unos pocos sabios, que, paradójicamente, en este país, y en otros de nuestro entorno mediterráneo, suelen ser recluidos al olvido, obligados a vivir en la oscuridad, a enfrentarse al exilio de los creadores en su propia tierra, porque son molestos para los mediocres burócratas que ostentan un mínimo poder, porque resultan incómodos por su capacidad crítica y su clarividencia para destapar la inmundicia de una sociedad cada vez más ignorante, más entregada al gesto superfluo y al postureo de las redes asociales, que se fotografía ante la imagen vanidosa de su yo vacío de ideas y contenidos y que ni siquiera se plantea, porque no puede o no sabe, en ningún caso porque no se atreve, quién es ese yo que pone morritos en Instagram mientras se fotografía en un teatro fingiendo que ve, porque tampoco saben que el teatro es el arte de ver, de verse viendo.
Pocas veces ya me estremezco en un teatro, y mucho menos se me pone la piel de gallina como me sucedió ayer viendo Ahora todo es noche, el espectáculo de La Zaranda, que no es una obra más, es un jalón en su carrera y en el teatro español, por su intensidad, su autenticidad, su hermosura artística, teatral, pictórica, por su profundidad simple, y por ser un auténtico canto a la esencia del teatro. En Ahora todo es noche late como nunca el espíritu del gran Juan Sánchez, desde el recuerdo, pero no desde la nostalgia, y brilla como en sus mejores momentos, que no han sido pocos, el texto de Calonge, el trazo sabio, pictórico, teatral, rítmico, de Paco el de La Zaranda, y la inigualable interpretación del propio Francisco Sánchez, de Enrique Bustos y de Gaspar Campuzano. Auténtico teatro que sale de las tripas, del alma misma de gente que no solo ama el teatro sino que son la reencarnación del teatro mismo. Y ya no son, desde su inestable atalaya, de la Andalucía baja, ni de la España mediana, ni siquiera como se califican ahora de ninguna parte, como terminan siendo los cómicos auténticos, ahora son ya de todas partes, ahora son patrimonio teatral de la humanidad.
Quien quiera acercarse a la comprensión del auténtico teatro, no se pierda este espectáculo de La Zaranda, Ahora todo es noche, del 19 al 29 de abril en el Teatro Español de Madrid.

Javier Bravo

Pensamient pur

greguería

Mi 144 sentios estan alerta en las 12 dimensions de est hiperverso Extranament no percibo na por ningu de ellos Esto es mu inquietant pa mi Al menos deberia sentime, senti mi cuerpo, pero solo pienso, sin capta na en asoluto Mi pensamient esta desconestao de to, sin ningu materia ni energia en la que esta ocupao He perdio to contato con la realida Soy pensamient pur Que narice es est? Estoy muert? Desde luego, se parece bastant a esta muert Mi imaginacio tamie esta resentia, pues ni con un gran esfuerz logro visualiza na Esta logic vacua y sin contenio no me produce ningu tip de sentimient Hasta lo recuerdo son dificile de recupera sin el apoyo de mi sentios Es como si estuvieran borraos, lejanos, indefinios y sin forma Este espaciotiempo anecóic es desesperant, enloqueceor

PANDEMONIA

relato

Recuerdo aquel voluptuoso verano del año que pasé viviendo con mi abuelo, en el que se disiparon todos mis problemas. Venus me era favorable y mis uñas abiertas arañaban el día desde el amanecer hasta la tarde. Mis sueños eran azules y yo besaba hasta el centro de las sombras. El calor del sol, el silencio de la ciudad, el color de las sábanas… crepitaban en mi salvaje cabeza, en mis hasta entonces, desiertos pezones, ahora en llamas. La desnudez de las fiestas, las miradas que lo decían todo, mis montes de mujer arrasados por sus manos y sus ojos… han sido sacralizados por mi imaginación y mi memoria para siempre. Yo era aquel verano la Venus de las sombras.

EL INTELECTUAL DEL GRUPO

greguería

Recuerdo a mi abuelo Vicente sentado en una mesa y haciendo algo extraordinario en aquel mundo tan rural, tan brutal y cavernícola. Tenía puestas unas gafas, pequeñas y redondas, que yo aún conservo, y estaba leyendo y escribiendo sobre unos libros. Me pareció increíble. Desde entonces considero a mi abuelo como alguien mágico, extraordinario, el más respetable intelectual de toda mi familia y de todo el pueblo. Un ser que escapaba a cualquier parámetro de aquel entorno campesino y zafio. Mi admiración por él sigue siendo hoy de veneración y respeto absoluto. Y además mi madre siempre decía que yo era el heredero de su carácter, un carácter como el de las gaseosas, aparentemente explosivo al principio, que al abrirlas parecen que van a explotar pero luego se quedan en nada, dulces y buenas. Ese presagio de mi madre, evidentemente, se acabó cumpliendo en los dos sentidos contrarios.

EL INTELECTUAL REPARTE PAN CON UN BURRO

greguería

Me pareció que algo grave estaba pasando, mi abuelo, el intelectual, el culto, el ser extraordinario, ahora repartía pan por las calles con un burro con aguaderas. Algo no cuadraba. Mi madre me contó que ahora el abuelo tenía otro trabajo. Ya no trabajaba para él en la tienda. Trabajaba para el panadero del pueblo, repartiendo pan. Algo no me gustó de aquello pero mi abuelo me dejó subir al burro y dar una vuelta. Él parecía triste y contento a la vez. Ahora recuerdo perfectamente su cara con esa gafas redondas que aún conservo, y su aspecto enjuto, y su cuello arrugado de arriba a abajo, con una camisa blanca, pantalones de pana negra y un chaleco de rayas , vestido al estilo más rural de los campesinos y no con su traje y su corbata como siempre había vestido. O con su estilo de trabajo aunque más aseado y señorial de tendero de pueblo, con su librea de despacho de ultramarinos.

MULTIPLICACIÓN DE TORTAS

greguería

Honorio sin honor multiplica las tortas, no los peces ni los panes.

Honorio el legionario estúpido hace de maestro en nuestra escuela.

Honorio el bruto, el cafre bárbaro que se ensaña,

quiere enseñar las tablas de multiplicar a tortas.

Ay, Honorio, animal y cruel, sólo quedará de ti

este multiplicado y execrable recuerdo.

YO ME BAUTIZO

greguería

Un día, no recuerdo cuál, decidí bautizarme yo mismo. Estaba hastiado de que cualesquiera impresentables, empezando por mi padre, pudieran llamarme como les diese la gana a ellos. No señor. No quiero llamarme como los demás elijan, en muchos casos, y gracias al desgraciado nombre de bautismo que eligió mi padre, para burlarse de él, para deformarlo y ridiculizarlo. No señor, me niego a llevar esa cruz. Yo soy libre, puedo elegir, puedo bautizarme como a mi me de la gana. Desde entonces tengo el nombre de bautismo que yo me he dado. Y además todos los nombres que me apetezcan, cada día uno, si quiero. A la mierda, podéis llamarme como os de la gana, pero nunca sabréis el nombre con el que yo contestaré hoy. Es mi impostura frente al mundo, frente a todos vosotros.

EL NAVAJAZO A MI HERMANA

greguería

Fue una repentina explosión de rabia. Yo estaba sentado con mi familia alrededor de la mesa redonda de la cocina. Era de noche. Estábamos cenando. Algo que hizo mi hermana mayor me hizo rabiar de ira. Yo estaba sentado en una de esas sillitas de bebé que también era de madera y que te elevaban a la altura de los adultos en la mesa. Podía comer por mi mismo y alcanzar los objetos que había sobre la mesa, entre ellos una pequeña navaja con mango de colores. Supongo que era mía porque estaba a mi alcance fácilmente. No recuerdo que fue lo que mi hermana hizo, pero realmente me cabreó. Cogí la navaja y sin dar tiempo a nadie para reaccionar se la lance a mi hermana mayor. Mi puntería no debió ser mala porque le partí la ceja. Un tremendo tortazo vino inmediatamente a visitar mi cara. En un segundo, una tranquila y rutinaria cena familiar se había con vertido en una tragedia rural.

LA NIEVE DE HOY

greguería

Cae con el hastío silencioso de la caspa
un aguanieve tacaña, adulterada, esquiva.
Se desvanece esta nieve en el asfalto
antes de rozar siquiera el agostado suelo.
Esta nieve es la pátina negra de las calles,
el fósil mudo del silencio adoquinado,
el confeti ceniciento de la muerte.
No hay incendios sembrados en la nieve,
ni es de Orión esta anoréxica indolencia blanca,
es el maná plomizo y apagado de los cielos.
Rancia, como el tiempo, se va tornando
en simple reliquia del recuerdo.

Si lo ven díganle que lo encerré en…

greguería

Si lo ven, díganle que lo encerré en medio del silencio y deposité su alma de lobo y de niño en el mar con sumo cuidado, contemplando su partida al llegar el atardecer, díganle que de vez en cuando le miro en el brillo de las estrellas y recuerdo esa promesa y ese sacrificio de verle bien lejos de mí. Díganle que a pesar de todo, de nuestras tormentas, nadie más ocupara un sitio en mi alma que ya le pertenece, que jamás morirá aquí, díganle que se ha llevado consigo una parte importante de esta alma libre, una que jamás podré recuperar. Díganle también, que lo llevo dentro, en esta travesía sin fin, le llevo hasta la raíz.

He decidido asesinarte Asesinar todo lo que has…

greguería

He decidido asesinarte. Asesinar todo lo que has sido para mí. Mírame bien. Es en medio de este flamenco que consume mi baile, el rasgueo de la guitarra me guía, me uno a esa melodía mortal que me invade, que me conduce a un estado de éxtasis en donde mis pasos poco a poco acaban con tu recuerdo, no quiero que quede nada, absolutamente nada del amor de ayer. Te odio. Odio que te encuentres en los latidos de mi pecho, en el ritmo acompasado de mis venas, odio sentirte en mi sangre y cada vez que cierro los ojos me colmes por completo. Acabaré con lo nuestro del único modo que conozco: entregándome a la pasión de este fuego que no tiene fin. ¿Por qué me miras así?, ¿no era eso lo que querías?, vernos morir hasta las cenizas, pues te lo concedo, pero vas a tener que contemplar hasta el final esta última dedicatoria. Veo tus ojos negros cargados de tanta ira como amor, no te reconozco de otro modo más que ese, tus dos caras en una sola, y por eso te amé, te amo, observo tu rostro y me miras fijamente como si doliera, como si cada acorde de la guitarra fuera una puñalada certera, y así es, hemos de morir esta misma noche, aunque me duela hasta el alma. Aun te siento en mí, el rastro de tu aliento impregnado en mi piel, eres parte de mi donde quiera que me encuentre, no puedo escapar de ti, por eso debo matarte, o moriré.

El Espejo

greguería

De repente desperté de lo que creí era un sueño,
Sorprendida e inmóvil divisé el momento,
Me extrañe al ver un espejo,
Tan grande, tan perfecto,
Que mi cuerpo ante él era pequeño,

Así pequeña e inútil
Me senté en medio,
Y mirándome fijamente
Supe que aún estaba durmiendo,

Atrapada por otro sueño,
Un sueño vano y sin recuerdo,
El sueño de mi sueño,
¡Despertar quiero!

Me inquieta ese espejo,
Logro verme claramente,
Y me asusta el ofenderme,
Miedo tengo a conocerme,

Profundizar en lo que se esconde
Tras esa mirada enorme…
Hasta que de la nada finalmente,
Logro ver como se mueve,

Y atrapándome entre miles,
De voces sorprendentes,
Consigo abrir mis ojos insistentes,
En no seguir el juego que mi mente,
Intenta al acorralarme en esos sueños…

“Poderosos encuentros, atormentoso Espejo”
¡Mi mente, mi voz, mi interior… Yo!

Por: DayLove

Me desperté embotado

greguería

Me desperté embotado y con los ojos tapados. Noté que había alguien sobre mis piernas desnudas a las que acariciaba con su respiración. Los olores, junto con su aliento suave, llenaban la estancia en la que me hallaba; alcohol, sexo, sudor, incienso y noche de juerga se mezclaban formando un perfume que me torturaba, un perfume salvaje que, junto a la presencia que se hallaba sobre mi, comenzó a provocarme un cosquilleo sobre mi miembro, aun medio flácido por la duda: ¿quién era ella? ¿era… Ella? Mis recuerdos de la noche eran borrosos, confusos, inciertos. Intenté mover los brazos para acariciarla, pero estaban atados con una fina y sedosa cuerda. Ya no cabía duda: era Ella, me la estaba devolviendo…

HJW

greguería

Silencio bajo las palabras,
sueños desvanecidos entre las lápidas.
La Almudena descansa tranquila,
yacen sobre ella, cortas y largas vidas.

Mientras en las esquinas de mis pensamientos
una verdad herida, el recuerdo de una vida perdida.
Deambulo entre callejones de la Capital dormida.
Fría y dura noche de Madrid, sin Luna, ni guía.

Llora en las alturas tinta,
negra, como este cielo sin estrellas,
negra, como la noche sin su día,
pero aún más negra, como estos versos sin tu compañía.

Tinta etérea que se derrama en el Manzanares,
a lo largo de sus bastas orillas,
y recorre de vuelta el camino a mis mejillas.

Triste en la noche, el viento silba
ante el imponente Palacio de Oriente,
y callejea, sin meta, ni fin
por el Madrid de los Austrias.

Triste se esconde en el Cerro de los Locos,
busca y vuelve a buscar,
desde lo alto de su explanada
a la Luna, en ese infinito y negro mar.

Y llora, porque se ha ido,
porque la ha dejado marchar,
Y tiembla, porque no quiere dejar de verla,
ni perder los versos que la llevaron a ella.

Y entonces corre raudo como lo que es,
Viento en la agitada gran ciudad.
Y se detiene, hincando las rodillas, en la fría arena,
ante la estatua del último Ángel que cayó al mundo.

Y Maldice su Reino.

No tendrás mi Alma, ni hoy, ni mañana,
porque mi Alma, la protege la Luna.
No tendrás mis versos, ni mis palabras, ni mis sueños,
pues yo soy, el último Ángel que a ella protejo.

Madrid sin Luna, Henry J. White.

Buenas noches Viva, y Feliz Año con retraso…. hacia mucho que no volvía por estos lares. Sonrisas desde la nocturna capital.

Recuerdo una vez si me permiten que me…

greguería

Recuerdo una vez, si me permiten que me ponga nostálgico, que mi mamá me dijo: Carlitos, hijo, ¿verdad que no te importa que te cambiemos de nombre? Es que el tuyo nos gusta más para tu hermanito, que tiene más cara de Carlos que tú. ¿Cómo íbamos a saberlo si naciste primero… “Y yo, ¿cómo me voy a llamar?” -dije lagrimeando-. Norberto, claro, que es un nombre “bien bonito” y que nos ha salido muy baratito. Ven, mírate, ¿ves que cara de Norbertito se te ha quedado?…

El viento se lo lleva todo las penas…

greguería

El viento se lo lleva todo; las penas, la tristeza, las desilusiones…
Te siento lejos de mí, muy lejos…Intento calmarme, respirar poco a poco, pero la angustia que siento no se va…
Comienzo a caminar y el viento recorre todos los rincones de mi cuerpo, respiro profundamente para que se lleve mi malestar…
Cierro los ojos y dejo mi mente en blanco. Al abrirlos ya no siento nada, solo paz…
Recuerdo tus caricias, tu sonrisa, tus miradas cómplices y vuelvo a sonreír.

MAL DE ALZHEIMER, LOCURA SENIL

poesía

Fue conmovedor no recuerdo que día de la semana cuando estaba yo paseando por las publicaciones de amigos míos a los que admiro y de los que me agrada leer sus trabajos, una publicación en lo particular me impactó, ya que mi propia Mamá fue víctima del Mal de Alzheimer o como también denominan otros más insensibles: Locura Senil.
Culpo a mi memoria de no haber tomado nota ni del nombre del Bloguero ni el de la publicación, bueno….
Pero logre captar que una persona harta de el desorden que causaba alguien más en sus habitaciones coloca una cámara para grabar al responsable y su sorpresa es mayúscula al descubrir que era ella misma y ni siquiera tenía idea de lo que le estaba sucediendo.
Pues bien, o debiera al mismo tiempo decir Pues mal; yo lógicamente tengo herencia en mis genes desde no sé cuantas generaciones ha de parte de mis dos progenitores, siempre quise que dijeran las personas que me parecía a mi Papá y generalmente decían que me parecía a mi Mamá.
Llegué a llorar no porque no la quisiera a ella pero digo, yo era hombrecito y quería parecerme a él.
Descubrí con los años que no era cosa mala parecerme a ella, ella era bonita y yo digo que soy guapo, ella tenía muchas cualidades y características no del gusto de otros pero muy útiles para sus intereses propios que a mí me agradó y me convino heredar. Y entonces me conformaba yo con heredar a mi Papá con su gusto por la Poesía, su responsabilidad para el Trabajo, su gusto por la Cocina, su Gallardía al caminar, la dulzura mimosa con la que trataba a su esposa, y al final…..conforme.
La situación es que con el correr de los años, después de dos perdidas que estoy seguro afectaron a mi Mamá en todos los aspectos, primero su única hija, mi hermana María de los Ángeles y al poco tiempo mi Papá.
Yo no la atendí, fue mi hermano Juan con el apoyo de mi hija, Ale una de las hijas de él y desde luego Martha mi cuñada y al final de cuentas todos los cercanos, incluyendo a una sobrinita que apenas había comenzado a caminar hacia más o menos un año y hasta donde sé hasta un vecino con quien yo tuve un problema de manos nos ayudó. Sin embargo sí la vi aunque no en sus momentos más críticos pero me temo que de alguna forma los imagino por la descripción que recibí de ellos, ¡es increíble que haya yo deseado y pedido a mi Dios por medio de su Madre que por favor ya se la llevara!
Si me pasa, yo lo acepto, pero ojalá que no.
Bueno y ¿Qué le vamos a hacer?
Si contáramos los granos de arena que entre el viento y el mar le han robado a las rocas desde el día en que nacimos….desde luego que nos desgastamos, algunos somos más veces golpeados o tal vez somos de un material más frágil, o más fino o más corriente, ¡que sé yo!
Los lindos amaneceres y atardeceres de los que hemos disfrutado, los besos que hemos recibido y los que hemos dado….
Al final como siempre concluyo cuando tengo achaques de la….vamos a decir madurez:
La única manera de no tenerlos pues es morir joven y al final de cuentas ese es el problema de quien nos atienda o deje de hacerlo, se supone que nosotros no nos damos cuenta, ya veremos, ya veremos.

La distancia se mide en recuerdos La distancia…

greguería

La distancia se mide en recuerdos:
La distancia es el olvido
del que no quiere recuerdo
y busca en el espacio intermedio
una excusa de autoengaño.
El pasado es el presente
de toda persona distante
que, entre pena y esperanza,
ve en él su forma de estar latente.
Divino e incógnito placer,
es el que de su recuerdo nace.

Sólo he sido el acantilado de tus besos…

poesía

Sólo he sido el acantilado de tus besos, y ahora que no soy más que arena…
me dispersas, me abandonas…
Desde la orilla recuerdo tu alta presencia, y camino perdido
entre un mar de olas incandescentes y la amargura de una tierra rota y yerma.
No me queda nada, y después como un vago recuerdo un murmullo,
un hilo rojo y extraño del pasado que me ata a todo,
esa espina que penetra en mis llagas para dejarme sin nada,
esa extraña voz olvidada que salpica el aire y que me recuerda a ti.
Solo, perdido, exangüe
me dispersas, me abandonas.
El mar, la tierra, el aire, el fuego y tú;
todo eres tú y nada.
Porque no soy nada. No somos nada. Y tú.
He sentido golpes tan fuertes con tu sola presencia
que respirar tu recuerdo me quema y me desgarra,
el roce de tu risa lejana, como alas de acero cortando y lacerando
cada partícula elemental de mi ser,
elimina luz de mi camino.
Sólo he sido el acantilado de tus besos, y ahora que no soy nada
me dispersas por un universo vacío y olvidado.
Poema completo – https://guaridadelpensamiento.wordpress.com/

UFINDER

greguería

Sólo he sido el acantilado de tus besos, y ahora que no soy más que arena…
me dispersas, me abandonas…
Desde la orilla recuerdo tu alta presencia, y camino perdido
entre un mar de olas incandescentes y la amargura de una tierra rota y yerma.
No me queda nada, y después como un vago recuerdo un murmullo,
un hilo rojo y extraño del pasado que me ata a todo,
esa espina que penetra en mis llagas para dejarme sin nada,
esa extraña voz olvidada que salpica el aire y que me recuerda a ti.
Solo, perdido, exangüe
me dispersas, me abandonas.
El mar, la tierra, el aire, el fuego y tú;
todo eres tú y nada.
Porque no soy nada. No somos nada. Y tú.
He sentido golpes tan fuertes con tu sola presencia
que respirar tu recuerdo me quema y me desgarra,
el roce de tu risa lejana, como alas de acero cortando y lacerando
cada partícula elemental de mi ser,
elimina luz de mi camino.
Sólo he sido el acantilado de tus besos, y ahora que no soy nada
me dispersas por un universo vacío y olvidado.

Hoy He dejado de amarte he tomado de…

greguería

Hoy… He dejado de amarte, he tomado de nuevo mi camino y no caminaré de tu mano ni a tu lado. Hoy volverán mis días normales, Quedarán atrás los de dolor y tristeza Que solo eran míos. Hoy no me aferraré a tu recuerdo Y no veré mi vida a través de tus ojos, Ni escucharé tu voz ni tus olvidos. Hoy no veré más tus palabras Y no oiré lo que dicen tus ojos, Voy a olvidar mis sueños que pensé eran nuestros. Hoy no soñaré despierto contigo Ni viviré contigo en sueños, hoy dormiré Sólo aunque nunca te tuve conmigo. Hoy al despertar no invocaré tu nombre con mis suspiros Ni pretenderé que los tuyos son míos. Hoy, después de tanto esperar No tengo más que hacerlo He comprendido que nunca a mi llegarás. Hoy… He dejado de amarte Y no es porque ya no te ame, Hoy al fin vuelo sin ti. Hoy dejare de llorar por ti. Con mis lamentos. Ya no te mirare, simplemente. Ya no existes para mi. eh comprendido que estoy muerto en vida, si tu me odias no te culpare por hacerlo.. sin embargo, ten presente … que con cada briza te besare

SOLES DE LUTO

relato

Aquellos dos soles de luto clavaron sus pupilas en él. Azorado, la saludó con un tímido gesto, desconfiando de sí mismo como un cazador desarmado que ha sido sorprendido por su presa. Por la plaza deambulaban los lejanos recuerdos de su infancia, cuando jugaban juntos sobre la arena húmeda y rojiza. Entonces el mundo no parecía tener fin. Ahora era consciente de todas las limitaciones.

Silencio

greguería

Hace tiempo que dejé de pensar, no obedecía a nada, empecé a mover piedras, a morder el polvo. Me sangraban las manos, me ardía el cuerpo, porque el odio tiene esa textura…
¿Resignarme a lo mas evidente? ¿que te fuiste sin despedirte?, no, ahora no se oía ni un llanto, ni el mas leve sollozo. Solo silencio. Todo me parece tan lejano, ya solo quedan los recuerdos y un sentimiento latente a cada piedra que levanto, cada recuerdo que destapo. Intentan convencerme de que salga de allí, que si sigo seré yo quien salga herida, mas que me importa.
Dime ¿Qué me queda? Solo el dolor y una rabia que no sabe por donde salir y esa sonrisa en tus labios rodeado de sangre, aniquilando poco a poco mi corazón.

CamelCase se extrañó

greguería

CamelCase se extrañó enormemente cuando descubrieron su secreto. Pronto comenzaría el descubrimiento de nuevas puertas, hasta ahora cerradas, y el nuevo territorio sería devastado con crueldad, enviando a la papelera inaccesible muchas de sus provincias. Algunas ya estaban en el limbo y era posible recordar sus nombres todavía, pero muchas pasaban al recién estrenado infierno, lo que impedía cualquier recuerdo, por vago que fuese.

Wiki

relato

Quería evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirigí a la TommeO.Tal como le había dicho a NoNakis, prosiguió mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le habían mantenido hasta ese momento.Durante esos diez años no sólo se desarrolló la nueva construcción del templo…—¿Verdad que KaeM era muy chistoso?, comentó emocionada MaoTe.—De un tiempo a esta parte, por todo el QaicmU han aparecido toda clase de GummivuT. Es realmente desagradable.Por la negra ventana se veía a Sigou abrazada a un JupcsI.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de TumiT que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera VoissE y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Me quiere como ella, libre de las cargas que la ataban a todos los convencionalismo al uso. Es así como comenzamos las construcción del MecisopVu.Reina guerrera casi inmortal, de belleza perenne y con la capacidad de hacerse entender en cualquier idioma aunque no lo domine.Por encima de toda apariencia, era necesario descubrir el camino de regreso, la puesta de sol se acercaba y nadie pensaba en otra cosa que no fuera volver, antes del trágico desenlace. Era imprescindible abrir nuevas puertas lógicas con la esperanza de dar, aunque sólo fuera por casualidad, con la salida.Un templo con suelo de baldosas rojas y negras y UnTrono entre la ColumnaJakin, columna azul que representa a una hembra joven desnuda y bella, y la ColumnaBohaz, columna roja que representa a una mujer vieja y zarrapastrosa que mira envidiosamente a la joven. Entre ambas hay UnaPuerta. HEH, el gran sacerdote, gordo y seboso, aparece sentado en su trono comiendo todo tipo de viandas de UnaCesta. El cetro termina en una triple cruz de metales y piedras preciosos, cuyos extremos redondeados dan lugar a ElSeptenario. Aparecen también dos fieles arrodillados, uno DeRojo, que levanta su mano con ira exigente como pidiendo favores, y otro DeNegro, que deja caer perezosamente su mano como pidiendo perdón. Música religiosa de órgano.Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.Un desierto de piedras y arena, cerca hay Un Precipicio y Un Obelisco derribado. Hay Un Cocodrilo y un Lince Blanco que muerde a Tau Mat Urge, el loco del desierto. Silencio, estatismo, leve zumbido de una mosca. Zumbido progresivamente más intenso de algunas moscas hasta convertirse en un fuerte zumbido de muchas moscas.Un santuario con suelo de baldosas blancas y negras. Hay un trono entre dos cariátides, La Jakin, roja y La Bohaz, azul, unidas por el velo que cierra la entrada o La Salida del templo. Rezos, cantos, sombras y luces. BETH, la gran sacerdotisa con Una Corona, se apoya sentada sobre La Esfinge de las interrogaciones cósmicas, tiene Un Libro entreabierto en la mano derecha y unas llaves en la izquierda, Una Dorada y Otra Plateada.—Alguien había hablado de ”beinzin”, pero ¿cómo se pronunciaba correctamente aquel nombre extraño en el idioma IrqEpUm?Las trampas estaban colocadas con extremada maldad, ocultas tras aquella maleza indómita y la dificultad se acrecentaba a medida que el cansancio hacía mella en nuestras energías.Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?Entablé un discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa. Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunte de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.Era una estupidez y, a pesar de todo, su empecinamiento la condujo a aquel extraño edificio de palabras. Era quizás el recogimiento, que propiciaba la tormenta o aquel ambiente cargado de electricidad, pero nada era reprobable en su conducta ahora que estaba allí.—Qué coño de limbo, joder!—Venid a mi InfiernO…No me abandonaría, como lo hago ahora. Podría jugar hasta el agotamiento. Decir y no decir es lo mismo. Entrar en la caverna prohibida con paso marcial y quedar tendida sobre el suelo, una vez acabado el negocio, sin dejarse alcanzar por el infundio tiñoso. Descubrir los infinitos mundos que aún no han sido inventados, manosearlos recién estrenados y guardarlos en el tarro del paraíso para fermento de los irrefrenables instintos. El viaje es la única forma de renacimiento posible. Contemplar el paisaje mientras pasa a tu lado raudo y resignado; y dejarse llevar por el cicerone del viento, mientras saboreas el tintorro de la tarde. Saludar al galgo que se cruza en tu camino y que vuelve preocupado por tu soledad elegida a que le acaricies el cuello de nuevo. Con su olfato pregunta a tus piernas porque andas vagando a aquellas horas por parajes solitarios y tristes, mientras la lluvia amenaza con espantar tu huida, reclamando con un perezoso permiso si puede acompañarte.Era generosa
como una garza japonesa. Con displicencia se contoneó con gesto canalla. Abrió el cerillero y encendió su cigarrillo rubio. La arboleda no quedaba lejos; hacía una tarde espléndida de mayo y azuzó a sus lebreles para que corriesen hacia el río.NoDete estaba alejado de la ciudad. Pero aquel alacrán se interpuso en su camino y aún le obligó a alejarse más del camino.—Alambra, cable, hilo, filamento… hay que encenagarse como un cerdo—Vaya idioma!—Eh! hay alguien ahí?—Esto es más raro que un perro verde—Vaya toalla!

XARLEEN

poesía

Abrazando la sombra de tu recuerdo.
Reconozco tu olor, si, es el tuyo, sin duda.
Y tus pasos, si, firmes y decididos.
También reconozco tu voz, es la que siempre me susurraba te quiero.
Y tus manos, la calidez de tus manos, son las que me poseían.
Reconozco tus besos, si, son ellos, suaves y húmedos.
Y esos son tus latidos, lo sé porque los he sentido sobre mí.

También sé que este es tu recuerdo, si.
El recuerdo de tu olor, de tus pasos, de tu voz, de tus manos, de tus besos, de tus latidos…
Pero ¿y tú?
Sólo recuerdo pedacitos de ti.
Pero a ti, a ti en tu todo, no consigo recordarte
Dónde estas.
No te escondas, necesito verte de nuevo pues tu recuerdo no me basta.
¿Lo conseguiré?

Referencias

greguería

Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle.

Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa. Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles ahora. Pregunte de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.

Delirios y 53 céntimos

relato

Me faltan palabras, pensamientos y sentimientos. Pienso en qué pensar… pero nada sale. Es como si me hubieran robado algo dentro de mí, tengo un pequeñito hueco que no sé cómo llenar, pues no sé que había antes ahí.
Ya no sé que sentir… perdida en hilos de ilusiones que bordan una triste historia. Una historia que acabó antes de empezar.
Y extraño cosas que no fueron mías, cómo es eso posible. Y a pesar de todo sigo aquí, aún. Y se escapó como agua entre mis dedos, como mariposas al viento.
Tirado en un rincón yace el saco que guardaba las cosas que me hacían sonreír, pero ahora ya nada queda en él.
El tio del tiempo dijo que llovería, pero yo no veo ninguna nube, será, quizás, que me las tragué. Pues dentro de mí si siento llover. Tres gotas calan mis entrañas, una por ti, otra por mí y otra por nosotros.
Y lo peor de todo es que esta Bella Durmiente despertó, pero lo que encontró no era ni su príncipe azul ni su cuento de hadas. Y me quedé sola, como si la luna se buscase ella misma por el cielo. Y en silencio recuerdo notas de melodías cantadas.
Golondrinas juegan en la eternidad, nubes bucean en un mar de nada, en un mar de nadie.
Y clavo alfileres en mi oso de peluche. Y pinto medias lunas con esmalte morado. Y al mirar lo que escribo me doy cuenta de que no son más que delirios, de que en la estantería acumulo 53 céntimos y de que… de que… a qué venía todo esto?

CONFESIONES

greguería

violetas lengua tenía insulté despreciaba fría voto amables vuelo continentes voz seguía secretos juguete deletéreos sotos marchado nobles visitaba virgen quiero luna entrevisto alejado campo ropa observación haz recuerdos público lejana rato ataúd quizá profesores saludar muda matrimonio época vuelas francés licores suya representaba seguirlo existente estrangularla prohibidas altares creado consonante parecerá repetirla

SE IMPROVISÓ UNA MORGUE

relato

Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.

Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.

Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?

Entablé una discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.

Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.
El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.

El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.

Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.

Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.

Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.

Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa.

Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunté de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.

[Este post es para crear una novela colectiva de forma hipertextual. Los primeros párrafos son de aportación colectiva. Debes añadir tu texto continuando el hilo por donde lo dejan los demás…]

Unas perlas de Groucho Marx

cita

“El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución.”
“Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntarselo. Y si responde “sí”, entonces sabes que está corrupto.”
“¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?”
“¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”
“La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.”
“Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama.”
“He pasado una noche estupenda… pero no ha sido ésta.”
“Citadme diciendo que me han citado mal.”
“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.”
“Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro.”
“Parad el mundo que me bajo.”
“Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar si no hubiera una esposa que les esperara. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio.”
“No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos.”
“No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio.”
“Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.”
“En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa.”
“Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.”
“Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún viviera, el mundo entero hablaría de él… ¿Que por qué? Por que si estuviera vivo tendría 140 años.”
“Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche sin peligro de pisar al gato.”
“He disfrutado mucho con esta obra de teatro… especialmente en el descanso.”
“Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.”
“Inteligencia militar son dos términos contradictorios.”
“El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio… si puedes simular eso, lo has conseguido.”
“¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”
“En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste.”
“Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi representante.”
“¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero!… ¡Pero cuestan tanto!”
“Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.”
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.”
“Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.”
“¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación mas grande.”
“Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen.”
“Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre. Y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.”
“No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.”
“Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria.”
“Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho.” (Felicitación de Groucho a un amigo).
“Bob, ya sabes que yo en ti sólo tengo confianza… y muy poca.” (Frase de Groucho a Robert Dwan, director de su programa de TV “You Bet Your Life”).
“Fui casado por un juez. Pero mejor debería haber pedido un jurado.”

PFNHDM 8.MI PESADILLA MÁS TEMIDA

greguería

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Me despierto. No hay nada que más me fastidie que perderme los finales. Sólo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que aún tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo está oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio húmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. Aún sigue siendo una de mis pesadillas más angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de güisqui. Es un milagro que no esté ahogado en la mierda y el orín. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que aún tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presión de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imbécil que escribe sobre el estúpido que vive. Qué sufre. Qué sufre mucho. Que ya no puede sufrir más en este momento. Y que ahora goza recreando como un imbécil lo que un estúpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al Tíbet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor sí puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con él. Es el personaje el que no puede salir. El que está hasta el cuello. El que tiene que librarse él solito de la mierda en que ha caído. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el Tíbet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que sólo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las uñas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de niños. Habían desarrollado un talento inimitable para…

ALFONSO TIPODURO

greguería

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Me despierto. No hay nada que más me fastidie que perderme los finales. Sólo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que aún tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo está oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio húmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. Aún sigue siendo una de mis pesadillas más angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de güisqui. Es un milagro que no esté ahogado en la mierda y el orín. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que aún tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presión de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imbécil que escribe sobre el estúpido que vive. Qué sufre. Qué sufre mucho. Que ya no puede sufrir más en este momento. Y que ahora goza recreando como un imbécil lo que un estúpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al Tíbet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor sí puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con él. Es el personaje el que no puede salir. El que está hasta el cuello. El que tiene que librarse él solito de la mierda en que ha caído. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el Tíbet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que sólo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las uñas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de niños. Habían desarrollado un talento inimitable para…

Soy Vargas, Antonio Vargas

greguería

Vine al mundo hace ya casi cincuenta años en un club de Kansas City. Mis padres fueron dos auténticos desconocidos. De hecho nunca me enteré de quiénes eran. Un saxofón y una trompeta se hicieron cargo de mí. Siempre me gustó pensar que fueron el del gran Charlie Parker y la del bueno de Gillespie. Lo bien cierto es que lo único que heredé de ellos fue una sordera incurable y una morbosa atracción por los pentagramas vacíos. Detesto a los poetas y a los músicos, los unos por prescindibles, los otros por cretinos. No se me conoce ocupación remunerada. El mejor día de mi vida lo tengo asociado a un paseo bajo la lluvia una tarde de domingo en la que recorrí mi ciudad borracho. Recuerdo que en el último bar, el de los Pérez Brothers, una generosa mujer le arrimaba a su pequeño vástago dos domingas rotundas que nunca he olvidado. Cuántas veces en sueños he bebido de esa leche imposible.

Multitud

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–Permíteme que te cuente, estimado Ahasvero, porqué vivo en la calle, buscando siempre alguna multitud aglomerada y atronadora. Yo era muy joven entonces y un día asistí a un concierto en Las Ventas. Ya ni siquiera recuerdo quién actuaba. En mi memoria sólo se ha fijado este hecho que te voy a contar. Aquel día en la plaza no cabía ni un suspiro. En medio de aquella abigarrada multitud una cálida mano se introdujo dentro de mi falda. Hábil e inexplicablemente me rodeó con su brazo y dio un giro a la misma, dejando su abertura hacia atrás. Primero sentí miedo, pero aquella suave y tibia mano no parecía buscar otra cosa que mi posterior regocijo. La muchedumbre no me permitía moverme y me dejé hacer, vencida por la sensual caricia que esa mano me propiciaba a través de la abertura de mi minifalda. Pronto me inundó un ardoroso estremecimiento. Enlatada en medio de aquella humanidad, empecé a sentir aquel enorme paquete en la abertura de mi falda, deslizándose suavemente, apartando mis bragas como un ariete, duro, ardiente e imparable. Yo palpitaba como un gazapo atrapado pero voluptuoso y lúbrico. Sentí como aquel inflamado y duro pichón comenzó a estremecerse dentro de mí al atávico ritmo de la música. Yo le atrapaba entre mis labios para no dejarle escapar hasta que ambos estallamos vertiendo nuestra inesperada, cremosa y acalorada miel de juventud. Desde entonces, en que gané mi frenético desvirgamiento, amo las multitudes y los conciertos…
– ¿¡Cómo has podido olvidar, queridísima callejera, aquella música, aquel sublime primer concierto de tu inaugural desvirgar vital en que los Beatles tocaron magistralmente I Want To Hold Your Hand y Come Together mientras te fundías con la multitud y eras atravesada por aquel desconocido falo!?
– ¡Eh, eso no te lo he contado, era mi secreto, ¿Cómo lo sabes!?
– Permíteme que te cuente, mi amadísima melómana, Lady Madonna. Yo tenía casi 20, como tú, pero no eran años, sino siglos, y estaba detrás de tí… and I Can’t Work It Out Of You, Penny Lane.

OTRA VEZ NAVIDAD

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Esta noche me ha visitado el espíritu de las navidades pasadas, aquellas navidades de la infancia en las que no nevaba nunca y sin embargo las recuerdo llenas de nieve; navidades en las que no conocí a los Reyes Magos, pero cuyos rostros de mentira y de betún podría describiros perfectamente; navidades en las que jamás vi nacer a ningún niño, porque el único infante que parecía poder nacer en aquellas fechas, lo había hecho hacía ya casi dos mil años.

CONDENADO

greguería

No estamos llenos –dices– y bien, qué más da. Todo aumentará de nuevo algún día, incluso los gusanos recorriendo tus góticas arterias. Con nueva índole –lo sé– me regalarás aquel puro y aquellas ligas de color rojo que te pedí, estoy segura. Vale, he comprendido, hoy no te mato. Conservarás tus hombros, tu familia. A oscuras, a ciegas… reconocerás que te gustaban mis irreductibles piernas. Oh corazón, quiero lavarme, ya no me rindo a tu caricia. Vete segurísimo, pues tus grotescos encantos ya no me ponen en marcha. Conservo tan sólo el exclusivo recuerdo de un saltimbanqui que me llenaba de besos. Sobre mi eterna y joven piel sólo se corren ahora los demonios en violentas sacudidas. Ya soy, al fin, la Venus de alma tétrica que ha sido testigo severa de terribles deformidades y quimeras. Es asqueroso, ciertamente… Pero mis facultades, al menos, sorprenden a estas incautas gentes. Como es debido, cada víspera me levanto y elijo con cual de ellos volveré a fornicar. Hay esqueletos muy rezagados y tontos, sin duda, pero que gritan hasta ascender al placer inconmensurable de mis atroces lujurias. Retuerzo sus raíces, soy mala –lo sé–. Sobre el taller florido de mi pecho, que allí anda suelto todo el día, pongo también a la virgen pecadora y la azoto, le castigo las nalgas y los pechos. ¿Quién queda viva? Alguna burda protectora de los mártires, entrenada a sufrir. Pero entonces le regalo mis joyas y como una corderita regresa rauda… y adiós Gracia. Vale, corazón, nadie te obliga hoy, estás de suerte. Me lo hacían, sí, si tu querías. Y ¿adónde voy ahora sobre este terreno pantanoso? Vos sois el proveedor de mis defectos modernos y repugnantes. Pero en gritos de vanidad te llegará la locura –lo sé–. Entra, sigue mi consejo. Ahora recordarás cuando rodábamos hacia la mortal luz que nos rodea…

CELIA OQUENDO

relato

Querido H:

Probablemente serás uno más de los que me he enamorado sin ser correspondida. Yo no soy tu princesa azul, evidentemente, pues mis besos no despiertan tu corazón muerto o dormido. Ha sido un año maravilloso. Lo recordaré siempre. Vos eras para mí un oasis en el desierto. Recuerdo los días que hemos pasado juntos. He sido tan feliz: Valle Verde, Los Arrojos, La Pampa, Pelotones, La playa del ahorcado… quedarán grabados para siempre en mi memoria. Sobre todo aquella tarde en la playa fue para mí el cenit de mi existencia. Sentí fundirse el mundo completamente reconciliado con mi entero ser. Será posible que para vos pasase desapercibido. No lo sé. Hay tantas cosas de vos que no sé… Ahora lamento no haber sido más incisiva en tu vida. Mi pasión no ha sido todo lo fuerte que debiera. Ese corazón enquistado que llevas dentro y no muestras a nadie es también mi fracaso. Tampoco yo he sabido llegar a él. La dificultad no debiera desanimarme pues te amo por encima de todas las cosas. Sin embargo me fallan las fuerzas, siento que es una labor de titanes. Y este amor que siento por vos no debe negarme a mí misma. Así es ahora. Ya no puedo seguir, pues no puedo, no debo, dejar de quererme a mí misma. Lamento tanto no tener más energías para seguir intentándolo. A veces pienso que te vas a perder para siempre en tu soledad inconquistable y otras me consuela al menos pensar que simplemente no ha llegado la persona que toque en lo profundo de ese abismo tuyo y salgas sin darte cuenta apenas. Otras veces pienso que quizás esa persona ya pasó y la perdiste para siempre. Si es así, debes reaccionar. No mueras. Eres demasiado joven todavía. Debes sobreponerte a tu dolor y cicatrizar las heridas. Yo también lo haré contigo. Si al final desapareces de mi vida tendré que continuar viviendo. Te llevaré siempre dentro… Esta noche he llorado mucho. El gato vino a mi lado y me miraba inquisitivo. Me consoló sentirle cerca. Él no entiende nada pero algo me dice que no quiere verme así. Luego se alejó suavemente, como respetando mi dolor, como sabiendo que lo tengo que pasar, que es necesario este sufrimiento, este duelo. Esta mañana me he quedado en la cama. No tengo fuerzas para levantarme y estoy llorando también. Me gustaría inundarlo todo de lágrimas, que mi dolor llegue hasta el mar como un río caudaloso que arramble con todo y pase de una vez. Sólo las lágrimas harán que cicatrice. Las lágrimas y el tiempo.

Siempre tuya,
C.O.

NANA A LA ALEGRÍA

poesía

Me reencuentro con la alegría a través de poemas de un metal con nombre de carpintero. Elevo el brazo con la mano izquierda abierta, quiero que la media luna de hoy se llene con las palabras de los que ya no están a mi lado, que se llene con la fortuna y la dicha escondidas en esos versos secretos que recito en soledad de madrugada en un lugar perdido de mi infancia, una infancia no tan lejana gracias a la imaginación y la escritura. Volvería al lugar donde creció mi corazón, aunque un impedimento de calambres quiso entonces mostrarme que todo estaba ocupado, que no había más que buscar, que no había más que cuidar, sino dejarse llevar por el rumor de aguas cristalinas de un río que se iba secando poco a poco hasta que del cauce no quedó más que un lastimoso recuerdo y la pena, la pena de lo buscado, encontrado y perdido. Por eso hoy quiero cantarle una nana a la alegría, para que duerma a mi lado esta noche que se avecina y me recuerde que yo ya he triunfado en esta vida, que hubo un tiempo en que todo lo que me rodeaba se pintaba de colores vivos, un tiempo en que no existía el pensamiento de la palabra alegría pues estaba inmensamente inmerso en ella, disfrutando alegremente como el río de su caudal y el reflejo de la luna llena, el único momento que encuentro hoy para estar junto a ti sin estar contigo, río de fuerte caudal alejado, luna llena yo de sentimientos, de deseos esquivos pero controlados, aunque haya instantes sucesivos que amontonen en mi mente anhelos de furia y descontrol, de sufrir por la corriente de otros ríos, de otras fuentes, de otros manantiales, de otros nombres que me hagan olvidar la idea que genera la palabra alegría.

LA OTRA GLORIA

relato

Yo era aquel niño que trillaba al amanecer de aquel día amarillo de agosto que ascendía en forma de pajas secas desde la parva a las orejas. Era el último verano antes de irme al seminario. Mi padre y mis tíos seguían aún trillando en la era de mi abuelo con métodos medievales: una parva; una trilla tirada por un burro; un burro conducido por un niño; un niño que salía del más rústico de los veranos para ir a un seminario postconciliar que acabaría dejando por un instinto más atávico y poderoso: se llamaba Gloria y su cuerpo tenía un aspecto bastante más carnal e increíble que la del cielo.

Ella me sacó por primera vez de mi infantil estupor, transportándome a una ciudad provinciana que aspiraba a la vanguardia de los cafetines y en el fondo más cateta que yo. Al menos así lo veía yo en aquel momento. Recuerdo con vívida timidez el día en que vino convertida de una adolescente en una sensual mujer, sólo para impresionarme. Fue en una clase de arte, la primera de la mañana. Las ironías de los chicos y las cómplices sonrisas de las otras chicas, expresando todos ellos como una pareja colectiva lo que ni Gloria ni yo pudimos expresar. Fue otro día de calor como aquel en que trillaba en una interminable y medieval parva y en la entrepierna notaba hervir algo nuevo y placentero, como un nacimiento al desierto. El sol irradiaba desde ese nuevo centro, ahora ya no como un problema de enuresis infantil sino como un calor que hacía palpitar el torso erizado con una intensidad de vértigo. Desnudo en un desierto por primera vez, abrasándome en la promesa de un cuerpo voluptuoso de mujer recién salida de la adolescencia.

Llegó vestida con una enorme capa y un peinado alisado y voluminoso, pintada de carmín y colorete; sombra de ojos y uñas salvajemente rojas. Al despojarse de la capa puso al descubierto su escultural cuerpo ya maduro y unas piernas para desmayarse. Mi imaginación completó el resto y empecé a verla vestirse: primero las bragas negras y caladas que ceñían su monte de venus y su rajita humedeciéndose de placer; luego un sujetador ajustadísimo que elevaba sus apuntados pezones; unas medias envainando sus piernas obscenamente. Seguramente unas ligas a las que me hubiera gustado reemplazar con mis manos…

Se sentó a mi lado y mi cuerpo temblaba erizándome el vello a oleadas frías y calientes. Todos sonreían sin atreverse a hacer ningún comentario hasta que el profesor de arte, que preparaba las filminas de la sesión, rompió el silencio y comentó: te has puesto varios años encima. Está guapísima, comentaron inmediatamente sus amigas que en todo momento protegían a Gloria con su complicidad. Miraban mis reacciones, delegadas quizás por ella para que luego le contasen mi azorada reacción. Entretanto ella intentaba hablar conmigo de algo. ¿Está libre este asiento?. Sí, sí, claro. Aunque yo sabía que Pepe querría sentarse donde siempre. Cómo vienes hoy, comenté en voz baja. No, normal… muchas veces me visto así…, dijo. Me hubiera gustado decirle que estaba guapísima, que me apetecía besarla y abrazarla, pero me lo impedía mi terrible timidez y me conformé con imaginarlo. Un leve e imperceptible suspiro se escapó de ambos. Otra vez será, pensé que decía, pero de nuevo debió ser mi imaginación.

¿Esa es Gloria?, comentó la enorme foca que acababa de llegar, como siempre tarde. Joder, chica, cómo te has puesto, ¿Vas de fiesta a estas horas? Se sentó al final haciendo comentarios en voz baja. Luego con un tono claramente audible dijo: ¡Ah, claro, el Carlos… ¡jolines! Me volví hacia ella y con una mirada asesina le hice callar. La hipopótama bajó la cabeza.

He olvidado por completo cual era el tema de la clase de arte, si es que alguna vez lo supe, que por fin dio comienzo. Yo continué, erizado el vello, transportado a los más cálidos y hermosos días de mi niñez. Días radiantes y azules, transparentes como el agua de los sueños en que sientes que tu cuerpo flota sumergido, se eleva, vuela caprichosamente, con la levedad de lo imperceptible y recordando -o quizás imaginando- su carnal y glorioso culo de piel melocotón retozando en mis manos sobre las sábanas. En la otra Gloria.

DUERMEN BAJO LAS AGUAS

greguería

“Allá en el fondo, todas las palabras que dijimos y de las cuales ya no guardamos recuerdo, duermen bajo las aguas. Duermen aquellas que no supimos decir y esperan su turno para salir a flote. Las cartas que hemos roto, las no recibidas y las veces que hemos dicho adiós. La pena que sentimos y que ahora, al recordarla, nos parece pequeña. La risa o el llanto que no llegó a brotar. La amistad que buscamos en el momento difícil y que resultó ser más débil que nosotros, más falta de ayuda. La persona a quien quisimos consolar y terminó sirviéndonos de consuelo. Todo duerme allí, en ese fondo…”
( Carmen de Rafel Marés, 1955 )

CARMEN DE RAFEL MARÉS

greguería

Allá en el fondo, todas las palabras que dijimos y de las cuales ya no guardamos recuerdo, DUERMEN BAJO LAS AGUAS. Duermen aquellas que no supimos decir y esperan su turno para salir a flote. Las cartas que hemos roto, las no recibidas y las veces que hemos dicho adiós. La pena que sentimos y que ahora, al recordarla, nos parece pequeña. La risa o el llanto que no llegó a brotar. La amistad que buscamos en el momento difícil y que resultó ser más débil que nosotros, más falta de ayuda. La persona a quien quisimos consolar y terminó sirviéndonos de consuelo. Todo duerme allí, en ese fondo…

MEMORABLE

relato

Estaba pensando en eso. Un día te das cuenta que has agotado tu vida sentimental -por llamarle de una forma suave. Recuerdas aquel día, que quizás fue el clímax de tus relaciones amorosas, en que mantuviste cinco coitos con tres amantes diferentes -el segundo de ellos fue, sin duda, el más agraciado, con tres polvos en una sesión inolvidable de virilidad inusitada. Y te das cuenta que ahora ya no volverán esos días jamás. Que se te ha acabado el tiempo, la energía y -claro está- las oportunidades. Has perdido tu último tren y ya no hay más amantes antes de tu final. Pasan de largo a tu lado. Realmente están como trenes y pasan como trenes, pero tu no vas a entrar en ninguno, porque la última vez que entraste en uno era para volver del trabajo.
Al menos queda el recuerdo. Qué día aquel. Yo no creo haber producido nunca más adrenalina -entre otras cosas- que aquella gloriosa jornada de ****** en celo. Mi **** salía y entraba incansable -mañana, tarde y noche- en los ***** de aquellos amantes, dueños de mi ajetreada vida sexual, rellenándolos de ****** crema por su ****** hasta hacerles rebosar de semen desde sus enculadas nalgas hasta sus piernas.
Aquellas abundantes e intensas ******* fueron sin duda mi cenit y el principio de mi decadencia. Tras la cumbre ya sólo cabe el descenso, más o menos precipitado.
Ninguno de ellos sospechó ser uno más aquel día. Se sentían únicos depositarios de mi magmática y láctea ****** y me lo agradecían con sus arrebatados y roncos gritos de placer y sus aullidos de ****** en celo. A todos les di por detrás con toda mi alma lo que tan hirviente e irrefrenable brotaba de mis *******. Fue quizás por esa sobreabundancia con cada uno de ellos, que ninguno se sintió traicionado ni cornudo y, más bien al contrario, hincaban entusiasmados sus -para ellos- imperceptibles astas en la almohada y -arqueando sus excitados vientres- elevaban sus redondos y hermosos ***** hasta al altar de sacrificio. Yo les esperaba, sujetando con firmeza sus caderas, con mi duro y gordo ariete, ejecutando el ritual más salvaje y placentero que jamás hubieran soñado. Los atravesaba una y otra vez haciéndoles correrse repetidas veces mientras gritaban “más, más, más…” Y yo les daba, generosa y prolongadamente, “más, más, más…” jadeando y sudando como un sátiro, como un cerdo asquerosamente feliz de revolcarse en el fango de nuestras lubricidades.
Yo era afortunado entonces. Obscenamente feliz y afortunado, y también ellos. Pero la vida es una única cumbre y muchas fosas. Memorables también.

[Nota: el editor ha suprimido algunas palabras con asteriscos por demasiado obscenas; me es igual. Que la imaginación del lector lo supla con creces y probablemente con mejor fortuna que yo mismo.]

Richard Wilhelm

greguería

Jamás comprendió bien los secretos de la cosmogonía. A pesar de sus muchas preguntas, consultas e hirientes inquisiciones, este torpe discípulo de Oswald Wirth, era incapaz de llegar a la maestría del pájaro cosmogónico, como muchos llamaban a su mentor y su guía. Su condiscípulo, Johann Wier, era también importunado por este seudocosmogónico y nunca congeniaron bien. En fin, todo en él era desagradable y fraudulento. Yo mismo le recuerdo con repulsión a pesar de que mis muchos años de vida me han dotado de una comprensión y paciencia infinitas para con los perdedores.

EL PIRATA VIEJO

greguería

Por fin llegamos a las islas bienaventuradas. Deseosos de bajar, abandonamos las tareas marineras antes de tiempo. Al desembarcar un pájaro nos auguró la incertidumbre del paisaje, sin embargo corrimos hacia los ansiados antros de la lujuria.

Ahora que no viene el sueño y, mientras fumo el último habano, recuerdo aquella noche en el cabaret, entre el humo y el sabor a carmín, el rancio olor de la madera y el pegajoso calor del Sur. Ahora, mientras atizo los carbones, aún oigo la música. Estabas allí. El vestido negro escotado y tu coquetería de gallina. Yo era como un adorno, quizás tu perrito de compañía. Enseguida te olvidabas de mí. Te miraba a través del cristal del vaso que yo vaciaba trago a trago. Era mi canina actividad, entre el tráfago de sonrisas, gestos inútiles y mutuas complacencias con patas de la hipócrita vida social. Y luego el olvido, el sueño, la resaca. Ahora ejercito esa misma canina actividad sin ver más que fantasmas ahogados tras el cristal del vaso. Bebo el penúltimo trago y de nuevo me asalta una inquietante palpitación. Miro de reojo a mi alrededor a la vez que me apuro con un sorbo más largo y más rápido.

De nuevo la niebla ensombrece la luz de la luna. El viento en cambio se ha calmado. Ya no traquetean las ventanas con ese horrísono palpitar de ogro palmípedo. El fuego crepita aún más vivamente que antes. Acerco el butacón a la chimenea. Me acurruco en él poniendo una manta sobre mis piernas. Quizás se acerque el sueño. Un trago más… El último. Intento dejarme hipnotizar por las llamas y llegar al último recuerdo.

Era sin duda la incertidumbre del paisaje de aquellas islas la que nos hacia zozobrar todas las noches en tu cama. Ahora lo comprendo, después de tantos años y de tantos naufragios amorosos.