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    Febrero 

    Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
    A Paco de Lucía: Corazón flamenco, honda guitarra, embrujo de mujer, soul de Andalucía.
    Este desierto sin fin sólo me muestra el espejismo de un amor verdadero.
    Para llorar no necesito la cebolla si te tengo a ti.
    Ya de tus ojos, oasis Ya de tus labios, desierto O ya de tus manos, cielo.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    Luna, labio del cielo besado por el sol.
    Mi alma en llamas, hora dorada, por tu luz crepuscular horadada.
    Hacerle el amor a tu sonrisa, acariciar despacio tu silencio.
    Cuando aprendes a ser princesa todo el mundo quiere ser s√ļbdito.
    A las olas, alas de amor a mar.
    Se Dilatan Se Deleitan Se Delatan Tus Pupilas
    Amarse para siempre en un instante eterno.
    Cada mirada pertenece al que la mira.
    Unas veces se ama y otras se aprende.
    Dispara tus besos y róbame.
    La mejor frase de amor es la que no se dice.
    Si encajan nuestros cuerpos quiz√°s te empotre el alma.
    Hay miradas que enamoran y palabras que lo desmienten.
    Deshazme el amor.
    Y ahora os dejo, que tengo que inventar la bomba erotónica.
    Necesito un brochazo de amor!
    Me conquistó tu mirada y tu sonrisa, ya es hora de que me conquisten tus abrazos y besos.
    Me asomo al profundo pozo de sus ojos negros para gritarle pero nadie responde.
    ¬ŅFui yo tu princesa? Apenas fui un suspiro, Un cruce de miradas. Tan s√≥lo fue eso.
    Amor por despecho tras amor de pecho.
    Muri√≥ habiendo abrazado s√≥lo sue√Īos.
    Recomiendo leerme en la intimidad de los abrazos el√©ctricos…
    Ya no son latidos, son balas explosivas…
    No quiero volver, no quiero olvidar…
    Oculto tu amor en un poema que nadie leer√°.
    Si el amor se marchita, endurece sus espinas.
    S√≠… cada mirada, cada beso, cada caricia, cada palabra, cada sonrisa, cada abrazo… son necesarios. Todo lo dem√°s sobra.
    Madurar es aceptar la derrota, la humillación y la ofensa.
    ¬ŅC√≥mo puedes tener alma si no tienes sonrisa?
    Si vienes a buscarme, te acompa√Īo encantada.
    A√ļn busco los contornos de tu rostro, las suaves orillas de tus dedos, el alado sabor de los besos que nunca nos dimos, tu tr√©mulo rubor…
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    “Querer” nunca fue sin√≥nimo de “que te quieran”.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Besos: droga de la claridad.
    No soporto la mediocridad.
    Quiero un amor que haga da√Īo.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Tal vez un día me vea reflejada en tus labios, en tu sonrisa, en tus besos.
    El amor es tan ilusorio como los fantasmas.
    Lee mi piel en la intimidad en tono grave y musical con la rotundidad de las olas espumadas que rompen en tus brazos galantes.
    Nunca los besos fueron gratis, siempre los paga el desamor.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejar√°n de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreir√°.
    El amor es como las olas del mar, a veces calmachicha, otras tsunami y casi siempre una marejadilla.
    El amor est√° lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y l√°grimas Y de dulces “te quiero”.
    Cartero: un amor en cada puerta.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Ll√©vate lejos este amor, donde el sol lo abrase y fortalezca…
    Eres daltónico para mi amor.
    Todo est√° en contra de un amor a destiempo.
    Después del primer amor, todos son prescindibles.
    Magia, locura, amor… abre la puerta…
    Hay tiempos en que los besos dan sapos y otros en los que dan amores.
    Como la luna sin luz y como el viento sin aire.
    El tiempo es un canalla, ni sumiso a la brisa de la pasi√≥n, anega los sue√Īos de estrellas negras.
    El primer sue√Īo ¬Ņrealmente importa? No hay golondrinas hoy como la sombra. Besa y sigue remando.
    Olas de seda, perfume de la higuera entre tus labios, el ruido de las olas por el aire abortado: tu te desnudas luna de sangre…

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    LA CASA GRANDE 

    vecinos, patio, corrales y huerta, escondites, lugares prohibidos, bodegas, lagar, el pozo, basureros, plantas y hierbas salvajes, las c√°maras,

     
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    CABANDO EL POZO 

     
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    La guitarra es un pozo con viento en… 

    La guitarra es un pozo
    con viento en vez de agua.

    Gerardo Diego

     
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    CONDENADO 

    Ya no espero m√°s saqueos, ni voluntario ofrezco las hesp√©rides que separ√© en mi cesto ¬Ņqu√© importancia tiene ya? No quemar√° paradis√≠acas promesas y cielos prometidos, nunca m√°s, ni me acostumbrar√© al comercio forzado de la dom√©stica vida. ¬ŅQu√© ha cedido?, ¬Ņen busca de qu√©? Ya acab√© con las cortas mangas del porvenir, ya arroj√© sus repugnancias descriptivas como espesa lava. Exasperada, mi causa, se va so√Īando sola, como el rayo que cae en el desierto. ¬ŅAparec√≠a en sus preocupaciones fantasmales? Baj√© de los limbos y por las fogatas inspirado me siento. Arde, arde. Pero, pensemos, aparte de ciza√Īa e innobles corazones ¬Ņqu√© nos queda? ¬ŅOs parece que, embarcado, ya no trabajar√© su almita para que llegue bella, segura, reina, simple? Hoy, de nuevo, desvelar√© la llama de las revoluciones y por fin vivir√© en la claridad de las noches en que antes sequ√©, sin saberlo, el negro pozo de la desesperaci√≥n.

     
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    Ya no espero m√°s saqueos 

    Ya no espero m√°s saqueos, ni voluntario ofrezco las hesp√©rides que separ√© en mi cesto ¬Ņqu√© importancia tiene ya? No quemar√° paradis√≠acas promesas y cielos prometidos, nunca m√°s, ni me acostumbrar√© al comercio forzado de la dom√©stica vida. ¬ŅQu√© ha cedido?, ¬Ņen busca de qu√©? Ya acab√© con las cortas mangas del porvenir, ya arroj√© sus repugnancias descriptivas como espesa lava. Exasperada, mi causa, se va so√Īando sola, como el rayo que cae en el desierto. ¬ŅAparec√≠a en sus preocupaciones fantasmales? Baj√© de los limbos y por las fogatas inspirado me siento. Arde, arde. Pero, pensemos, aparte de ciza√Īa e innobles corazones ¬Ņqu√© nos queda? ¬ŅOs parece que, embarcado, ya no trabajar√© su almita para que llegue bella, segura, reina, simple? Hoy, de nuevo, desvelar√© la llama de las revoluciones y por fin vivir√© en la claridad de las noches en que antes sequ√©, sin saberlo, el negro pozo de la desesperaci√≥n.

     
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    Aforismos (Leonardo da Vinci) 

    Atenci√≥n: fichero muy grande, pulse en el t√≠tulo para verlo. (M√°s …)

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    ¬ŅD√≥nde estoy? ¬ŅQu√© ha pasado? Me despierto. No hay nada que m√°s me fastidie que perderme los finales. S√≥lo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que a√ļn tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo est√° oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio h√ļmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. A√ļn sigue siendo una de mis pesadillas m√°s angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de g√ľisqui. Es un milagro que no est√© ahogado en la mierda y el or√≠n. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que a√ļn tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presi√≥n de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imb√©cil que escribe sobre el est√ļpido que vive. Qu√© sufre. Qu√© sufre mucho. Que ya no puede sufrir m√°s en este momento. Y que ahora goza recreando como un imb√©cil lo que un est√ļpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al T√≠bet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor s√≠ puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con √©l. Es el personaje el que no puede salir. El que est√° hasta el cuello. El que tiene que librarse √©l solito de la mierda en que ha ca√≠do. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el T√≠bet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que s√≥lo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las u√Īas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

    Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de ni√Īos. Hab√≠an desarrollado un talento inimitable para…

     
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    PFNHDM 8.MI PESADILLA M√ĀS TEMIDA 

    ¬ŅD√≥nde estoy? ¬ŅQu√© ha pasado? Me despierto. No hay nada que m√°s me fastidie que perderme los finales. S√≥lo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que a√ļn tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo est√° oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio h√ļmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. A√ļn sigue siendo una de mis pesadillas m√°s angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de g√ľisqui. Es un milagro que no est√© ahogado en la mierda y el or√≠n. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que a√ļn tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presi√≥n de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imb√©cil que escribe sobre el est√ļpido que vive. Qu√© sufre. Qu√© sufre mucho. Que ya no puede sufrir m√°s en este momento. Y que ahora goza recreando como un imb√©cil lo que un est√ļpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al T√≠bet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor s√≠ puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con √©l. Es el personaje el que no puede salir. El que est√° hasta el cuello. El que tiene que librarse √©l solito de la mierda en que ha ca√≠do. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el T√≠bet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que s√≥lo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las u√Īas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

    Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de ni√Īos. Hab√≠an desarrollado un talento inimitable para…

     
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    ARTEVIRGO 

    LOS C√ďDIGOS DESATADOS
    Cuando el tiempo devolvió las cifras
    escondidas de la juventud cometida,
    llegó, para estremecerme,
    un idioma imprudente,
    que desató los códigos
    hasta dejarme ciego de mirar sin ver.
    Fui llevado cada ma√Īana
    a una nueva certeza maldita,
    a un nuevo cobijo blando y c√°lido,
    condenado a los ingenios.
    Ignorar da delicias y alegrías viejas,
    da, entonces, el poder, el respeto,
    la envidia desnuda.
    Bienaventurado el que olvida,
    porque no necesita devolver nada al espíritu.
    Feliz sea por siempre
    el que miente y acecha,
    feliz sea, que le sobrar√°n ojos.
    Digo que deseo
    su eterna buenaventura.
    Entre impulsos transcurra
    su letargo de larva.
    Cada ma√Īana prodigo
    planes certeros, estrategias solemnes.
    Cada ma√Īana un rito, un respirar ancho
    que me devuelva la llave,
    que someta los signos. Un pozo cavado,
    un laberinto, un bastón… Ninguno
    me basta si me acosa la palabra,
    si, imprudente, desato los códigos
    del tiempo.
    Maldigo los bordes y las cercas.
    Escupo a los guardianes de la sangre.
    Seiscientas sesenta y seis veces
    seiscientas sesenta y seis
    quede su af√°n derrotado, cada ma√Īana.
    Ni parapetados en cifras
    me esconder√°n de nuevo.

     
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    LOS C√ďDIGOS DESATADOS 

    (Por artevirgo)

    Cuando el tiempo devolvió las cifras
    escondidas de la juventud cometida,
    llegó, para estremecerme,
    un idioma imprudente,
    que desató los códigos
    hasta dejarme ciego de mirar sin ver.
    Fui llevado cada ma√Īana
    a una nueva certeza maldita,
    a un nuevo cobijo blando y c√°lido,
    condenado a los ingenios.

    Ignorar da delicias y alegrías viejas,
    da, entonces, el poder, el respeto,
    la envidia desnuda.
    Bienaventurado el que olvida,
    porque no necesita devolver nada al espíritu.
    Feliz sea por siempre
    el que miente y acecha,
    feliz sea, que le sobrar√°n ojos.
    Digo que deseo
    su eterna buenaventura.
    Entre impulsos transcurra
    su letargo de larva.

    Cada ma√Īana prodigo
    planes certeros, estrategias solemnes.
    Cada ma√Īana un rito, un respirar ancho
    que me devuelva la llave,
    que someta los signos. Un pozo cavado,
    un laberinto, un bastón… Ninguno
    me basta si me acosa la palabra,
    si, imprudente, desato los códigos
    del tiempo.

    Maldigo los bordes y las cercas.
    Escupo a los guardianes de la sangre.
    Seiscientas sesenta y seis veces
    seiscientas sesenta y seis
    quede su af√°n derrotado, cada ma√Īana.
    Ni parapetados en cifras
    me esconder√°n de nuevo.

     
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    DIEZ BILLONES DE CUENTOS (gugolcuento) 

    He rescatado de la Biblioteca de Babel un famos√≠simo cuento que su autor perdi√≥ en un naufragio. El problema es que sus frases est√°n arbitrariamente ordenadas de forma alfab√©tica. Las combinaciones, variaciones o permutaciones* de las frases de este cuento dan lugar a la inimaginable cifra del t√≠tulo de este post (creo, pues las matem√°ticas no son mi fuerte). He puesto a mi ordenador a trabajar para ir combinando estas frases hasta dar con el original, pero seg√ļn mis c√°lculos habr√© muerto cuando acabe. Estoy desesperado. No puedo abordar tal tarea yo solo. Abatido por esa desalentadora perspectiva, √ļnicamente se me ocurre acudir a vosotros para que me ayud√©is en esta ingente tarea. Estas son las frases:

    A la madrastra no le gustaban los ni√Īos
    Aquel d√≠a tuvo un sue√Īo revelador
    Aquello le recordó el brillo de las estrellas
    Después de adentrarse profundamente
    Dibujando en la pared con maestría
    El ruido de furias gobernantas
    El viento soplaba sobre el lago
    Estaba manchado de sangre
    Estaban como locos
    –Este amuleto es perfecto–exclam√≥ sonriente.
    La Iglesia de Cristo
    Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí
    Las frutas maduras cayeron al suelo
    Le dio una palmada y despertó sobresaltado.
    Le explicó lo que estaba pasando
    Lo llevó al pozo para lavarlo
    –Lo sentimos, pero hay que obedecer– dec√≠a.
    Mientras ellas permanecían paralizadas,
    No hay abrazo m√°s fatal que el de la tierra
    No le cabe la polla entre sus dientes de conejo
    Nos quedaremos sordos
    Pens√≥: “Aqu√≠ se puede descansar”.
    Pero ellos continuaban sin parar
    Se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa
    Si todas las hormigas se ponen a cantar
    Subió al bote y remó durante horas
    Un día, el más largo del verano,
    Un miasm√°tico se√Īor
    –Ya se han marchado–dijo.

    Por favor, ayudad a esta alma en pena a encontrar el cuento original -o al menos alguno que pueda pasar por tal- antes de mi muerte!
    POD√ČIS PASARLO COMO MEME, A VER SI ALGUIEN ENCUENTRA EL ORIGINAL Y ME LO ENV√ćA. ¬°OS DOY CIEN TRILLONES DE GRACIAS DE ANTEMANO!

    * Nota a√Īadida el 7.12.06:
    Un amigo, al que llaman El diablo de los n√ļmeros y cuyo nombre real es Hans Magnus Enzensberger, me ha dicho que el c√°lculo correcto es hallar el factorial de veintinueve, 29! (√©l lo llama ¬°veintinueve pum!) y seg√ļn mi calculadora el resultado es 8.8e+30, es decir casi un 9 seguido de 30 ceros.

     
    • jazz el Viernes Permalink | Responder

      seg√ļn mis c√°lculos son cien mil trillones de cuentos ¬Ņno?

    • jazz el Viernes Permalink | Responder

      seg√ļn mis c√°lculos son cien mil trillones de cuentos ¬Ņno?

    • Ahasvero el Viernes Permalink | Responder

      Bueno, ya dije que no es lo m√≠o la matem√°tica, pero entre esos cien mil trillones -¬°qu√© barbaridad! ¬Ņseguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Ahasvero el Viernes Permalink | Responder

      Bueno, ya dije que no es lo m√≠o la matem√°tica, pero entre esos cien mil trillones -¬°qu√© barbaridad! ¬Ņseguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Purificaci√≥n √Āvila el Viernes Permalink | Responder

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¬ŅY c√≥mo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • Purificaci√≥n √Āvila el Viernes Permalink | Responder

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¬ŅY c√≥mo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • BlogsiAna el Viernes Permalink | Responder

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • BlogsiAna el Viernes Permalink | Responder

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • lraggio el Viernes Permalink | Responder

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • lraggio el Viernes Permalink | Responder

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • Ahasvero el Viernes Permalink | Responder

      Francamente, yo creo que eso ser√° lo m√°s f√°cil, Alicia.

    • Ahasvero el Viernes Permalink | Responder

      Francamente, yo creo que eso ser√° lo m√°s f√°cil, Alicia.

    • Ahasvero el Viernes Permalink | Responder

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • Ahasvero el Viernes Permalink | Responder

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • xalernita el Domingo Permalink | Responder

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • xalernita el Domingo Permalink | Responder

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • Ahasvero el Lunes Permalink | Responder

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que har√°s un despliegue inform√°tico del tipo Proyecto SETI. ¬°Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • Ahasvero el Lunes Permalink | Responder

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que har√°s un despliegue inform√°tico del tipo Proyecto SETI. ¬°Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • carlos el Martes Permalink | Responder

      ¬°SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son m√°s.
      me encantó.

    • carlos el Martes Permalink | Responder

      ¬°SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son m√°s.
      me encantó.

    • lraggio el Martes Permalink | Responder

    • lraggio el Martes Permalink | Responder

    • fontfranch el Mi√©rcoles Permalink | Responder

      Ala, ya est√°, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¬Ņqu√© le vamos a hacer? :-).

    • fontfranch el Mi√©rcoles Permalink | Responder

      Ala, ya est√°, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¬Ņqu√© le vamos a hacer? :-).

    • Ahasvero el Mi√©rcoles Permalink | Responder

      Voy volando a verlo!

    • Ahasvero el Mi√©rcoles Permalink | Responder

      Voy volando a verlo!

    • Avery el Domingo Permalink | Responder

      no te quedes con el personal

    • viva el Jueves Permalink | Responder

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi √ļnico amigo en la escuela. Compart√≠amos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y √©l claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban ‚Äú¬°homosexuales!‚ÄĚ, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. √Čramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extra√Īa serenidad. Casi sonre√≠a cuando escuchaba el t√©rmino a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Pap√° me animaba con su guitarra, cantando estrofas de h√©roes que encontraron su vocaci√≥n entre las torturas y peculiaridades del colegio cat√≥lico: ‚ÄúLanzad a inocentes y l√°nguidos poetas all√≠ y forjar√©is esp√≠ritus indomables‚ÄĚ. Pap√° era trovador de noche y de d√≠a arreglaba el jard√≠n de Enrique. Mam√° aseaba la mansi√≥n y a cambio viv√≠amos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubr√≠a. Era caro estudiar en un colegio cat√≥lico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al c√≠rculo de Enrique. A m√≠ su c√≠rculo me parec√≠a triste. Su madre hab√≠a muerto durante el parto y su padre, un miasm√°tico se√Īor, muri√≥ una d√©cada despu√©s. La √ļnica familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo sol√≠amos caminar juntos de regreso a casa y jug√°bamos bobadas en el jard√≠n hasta que el invierno nos encerraba en la mansi√≥n. Una tarde en que la nieve ca√≠a ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regres√≥ antes de tiempo y nos sorprendi√≥ dibujando en la pared con maestr√≠a. Era nuestra travesura secreta, separar el sof√° del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le solt√≥ a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grit√©, Enrique grit√≥, la madrastra grit√≥ y yo pens√©, ‚ÄúNos quedaremos sordos.‚ÄĚ Entonces apareci√≥ Sara. La madrastra hizo una pausa y le explic√≥ lo que estaba pasando. A Sara le brinc√≥ el p√°rpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanz√≥ una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sac√≥ de escena a Enrique y a mi tom√°ndonos de la mano.

      V√© con tus pap√°s, Ana. ‚Äď me dijo suavemente al o√≠do y a Enrique lo llev√≥ al pozo para lavarlo.

      El agua helada calm√≥ la herida del labio y las l√°grimas, se llev√≥ consigo la sangre y entumeci√≥ los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detr√°s de un √°rbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. Tambi√©n me ard√≠a la garganta con las frases que no sab√≠a pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansi√≥n. Sara dej√≥ la luz de su rec√°mara encendida y no durmi√≥ hasta que ya amanec√≠a. Lo s√© porque pas√© la noche observando su ventana desde el jard√≠n. Aquel d√≠a tuvo un sue√Īo revelador. Lo s√© porque Enrique me lo cont√≥. Era de madrugada, Enrique a√ļn dorm√≠a, pero Sara le dio una palmada y despert√≥ sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sent√≥ a la mesa como si nada. Mand√≥ a mam√° por m√≠ para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigi√≥ hacia ellos con una encantadora sonrisa y bes√≥ a Sara en los labios. La sangre me calent√≥ la cabeza a pesar del fr√≠o. Despu√©s la bruja toc√≥ con un dedo la herida de Enrique y tambi√©n lo bes√≥ en los labios, cosa que lo oblig√≥ a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los ni√Īos, eso lo sab√≠amos bien. Desde que enviud√≥, s√≥lo le gustaban las ni√Īas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvi√≥ el t√© y pas√≥ las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, ‚Äď dec√≠a la madrastra durante el desayuno como justificaci√≥n a la paliza del d√≠a anterior.

      Sara murmur√≥ en respuesta, ‚ÄúSi todas las hormigas se ponen a cantar‚Ķ.‚ÄĚ

      ¬ŅQu√© dices, Sara?- pregunt√≥ la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, ‚Äď respondi√≥.

      La madrastra asinti√≥ visiblemente complacida y le acarici√≥ la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el t√© sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no ten√≠a hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un v√≠nculo se hab√≠a formado entre nosotros para resistir la tiran√≠a del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausent√≥ en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovech√≥ para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenci√≥ de escabullirme y seguirla. El coraz√≥n me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su rec√°mara. Ah√≠ me desnud√≥ con habilidad y bes√≥ hasta el titubeo m√°s m√≠nimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le jur√≥ pasi√≥n infinita. La luz de la luna se reflej√≥ en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le record√≥ el brillo de las estrellas y me abraz√≥ contra su pecho. ‚ÄúTienes el cuerpo cubierto de estrellas,‚ÄĚ me dijo al o√≠do y yo le cre√≠. As√≠ pasamos el invierno, lleg√≥ la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo ten√≠a los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Despu√©s de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisi√≥n exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que mov√≠an la marioneta de mi vida al comp√°s de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amor√≠o. ‚ÄúMejor t√ļ que la madrastra,‚ÄĚ dec√≠a. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Ten√≠an mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince a√Īos y pap√° hab√≠a ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le ped√≠ un bote. Algo peque√Īo bastar√≠a, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Pap√° se mostr√≥ aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era h√°bil con la madera: cort√≥, peg√≥, lij√≥ y pint√≥ una linda lancha para mi. Festejamos mi cumplea√Īos con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Pap√° lo amarr√≥ a un sauce llor√≥n que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aqu√≠ no lo robar√°n y podr√°s usarlo cuando quieras, ‚Äď me asegur√≥.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansi√≥n a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somn√≠feros en las jarras de ponche que les serv√≠amos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanec√≠an paralizadas por los somn√≠feros, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las ara√Īas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansi√≥n en la carretilla que mi pap√° utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desat√≥ las amarras, subi√≥ al bote y rem√≥ durante horas. Parec√≠a una m√°quina indestructible, con la determinaci√≥n humedeci√©ndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que hab√≠amos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorc√≠a intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tom√≥ un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasi√≥n. Lo hab√≠a pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto ‚Äď exclam√≥ sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. ‚Äď Quique, ¬°qu√≠tale la mordaza! ¬°Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, ‚Äď se ri√≥ a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cay√≥ el primer golpe, luego el segundo, y sigui√≥ la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cad√°ver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repet√≠a las palabras que escuch√≥ en sue√Īos: ‚ÄúSi todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo m√°s fatal que el de la tierra.‚Äú

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respir√≥ lento y en voz alta pens√≥, ‚ÄúAqu√≠ se puede descansar.‚ÄĚ La tom√© de la mano y mir√© a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mam√° nos recibi√≥ con t√© caliente y toallas.

      ¬ŅY las se√Īoras? ‚Äď pregunt√≥ Sara.

      Ya se han marchado, ‚Äď dijo mi madre.

      As√≠ transcurri√≥ un d√≠a, el m√°s largo del verano.”

    • viva el Jueves Permalink | Responder

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi √ļnico amigo en la escuela. Compart√≠amos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y √©l claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban ‚Äú¬°homosexuales!‚ÄĚ, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. √Čramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extra√Īa serenidad. Casi sonre√≠a cuando escuchaba el t√©rmino a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Pap√° me animaba con su guitarra, cantando estrofas de h√©roes que encontraron su vocaci√≥n entre las torturas y peculiaridades del colegio cat√≥lico: ‚ÄúLanzad a inocentes y l√°nguidos poetas all√≠ y forjar√©is esp√≠ritus indomables‚ÄĚ. Pap√° era trovador de noche y de d√≠a arreglaba el jard√≠n de Enrique. Mam√° aseaba la mansi√≥n y a cambio viv√≠amos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubr√≠a. Era caro estudiar en un colegio cat√≥lico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al c√≠rculo de Enrique. A m√≠ su c√≠rculo me parec√≠a triste. Su madre hab√≠a muerto durante el parto y su padre, un miasm√°tico se√Īor, muri√≥ una d√©cada despu√©s. La √ļnica familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo sol√≠amos caminar juntos de regreso a casa y jug√°bamos bobadas en el jard√≠n hasta que el invierno nos encerraba en la mansi√≥n. Una tarde en que la nieve ca√≠a ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regres√≥ antes de tiempo y nos sorprendi√≥ dibujando en la pared con maestr√≠a. Era nuestra travesura secreta, separar el sof√° del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le solt√≥ a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grit√©, Enrique grit√≥, la madrastra grit√≥ y yo pens√©, ‚ÄúNos quedaremos sordos.‚ÄĚ Entonces apareci√≥ Sara. La madrastra hizo una pausa y le explic√≥ lo que estaba pasando. A Sara le brinc√≥ el p√°rpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanz√≥ una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sac√≥ de escena a Enrique y a mi tom√°ndonos de la mano.

      V√© con tus pap√°s, Ana. ‚Äď me dijo suavemente al o√≠do y a Enrique lo llev√≥ al pozo para lavarlo.

      El agua helada calm√≥ la herida del labio y las l√°grimas, se llev√≥ consigo la sangre y entumeci√≥ los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detr√°s de un √°rbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. Tambi√©n me ard√≠a la garganta con las frases que no sab√≠a pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansi√≥n. Sara dej√≥ la luz de su rec√°mara encendida y no durmi√≥ hasta que ya amanec√≠a. Lo s√© porque pas√© la noche observando su ventana desde el jard√≠n. Aquel d√≠a tuvo un sue√Īo revelador. Lo s√© porque Enrique me lo cont√≥. Era de madrugada, Enrique a√ļn dorm√≠a, pero Sara le dio una palmada y despert√≥ sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sent√≥ a la mesa como si nada. Mand√≥ a mam√° por m√≠ para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigi√≥ hacia ellos con una encantadora sonrisa y bes√≥ a Sara en los labios. La sangre me calent√≥ la cabeza a pesar del fr√≠o. Despu√©s la bruja toc√≥ con un dedo la herida de Enrique y tambi√©n lo bes√≥ en los labios, cosa que lo oblig√≥ a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los ni√Īos, eso lo sab√≠amos bien. Desde que enviud√≥, s√≥lo le gustaban las ni√Īas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvi√≥ el t√© y pas√≥ las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, ‚Äď dec√≠a la madrastra durante el desayuno como justificaci√≥n a la paliza del d√≠a anterior.

      Sara murmur√≥ en respuesta, ‚ÄúSi todas las hormigas se ponen a cantar‚Ķ.‚ÄĚ

      ¬ŅQu√© dices, Sara?- pregunt√≥ la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, ‚Äď respondi√≥.

      La madrastra asinti√≥ visiblemente complacida y le acarici√≥ la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el t√© sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no ten√≠a hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un v√≠nculo se hab√≠a formado entre nosotros para resistir la tiran√≠a del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausent√≥ en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovech√≥ para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenci√≥ de escabullirme y seguirla. El coraz√≥n me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su rec√°mara. Ah√≠ me desnud√≥ con habilidad y bes√≥ hasta el titubeo m√°s m√≠nimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le jur√≥ pasi√≥n infinita. La luz de la luna se reflej√≥ en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le record√≥ el brillo de las estrellas y me abraz√≥ contra su pecho. ‚ÄúTienes el cuerpo cubierto de estrellas,‚ÄĚ me dijo al o√≠do y yo le cre√≠. As√≠ pasamos el invierno, lleg√≥ la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo ten√≠a los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Despu√©s de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisi√≥n exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que mov√≠an la marioneta de mi vida al comp√°s de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amor√≠o. ‚ÄúMejor t√ļ que la madrastra,‚ÄĚ dec√≠a. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Ten√≠an mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince a√Īos y pap√° hab√≠a ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le ped√≠ un bote. Algo peque√Īo bastar√≠a, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Pap√° se mostr√≥ aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era h√°bil con la madera: cort√≥, peg√≥, lij√≥ y pint√≥ una linda lancha para mi. Festejamos mi cumplea√Īos con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Pap√° lo amarr√≥ a un sauce llor√≥n que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aqu√≠ no lo robar√°n y podr√°s usarlo cuando quieras, ‚Äď me asegur√≥.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansi√≥n a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somn√≠feros en las jarras de ponche que les serv√≠amos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanec√≠an paralizadas por los somn√≠feros, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las ara√Īas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansi√≥n en la carretilla que mi pap√° utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desat√≥ las amarras, subi√≥ al bote y rem√≥ durante horas. Parec√≠a una m√°quina indestructible, con la determinaci√≥n humedeci√©ndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que hab√≠amos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorc√≠a intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tom√≥ un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasi√≥n. Lo hab√≠a pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto ‚Äď exclam√≥ sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. ‚Äď Quique, ¬°qu√≠tale la mordaza! ¬°Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, ‚Äď se ri√≥ a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cay√≥ el primer golpe, luego el segundo, y sigui√≥ la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cad√°ver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repet√≠a las palabras que escuch√≥ en sue√Īos: ‚ÄúSi todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo m√°s fatal que el de la tierra.‚Äú

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respir√≥ lento y en voz alta pens√≥, ‚ÄúAqu√≠ se puede descansar.‚ÄĚ La tom√© de la mano y mir√© a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mam√° nos recibi√≥ con t√© caliente y toallas.

      ¬ŅY las se√Īoras? ‚Äď pregunt√≥ Sara.

      Ya se han marchado, ‚Äď dijo mi madre.

      As√≠ transcurri√≥ un d√≠a, el m√°s largo del verano.”

    • VIVA el Mi√©rcoles Permalink | Responder

      EMMMMM

    • VIVA el Mi√©rcoles Permalink | Responder

      EMMMMM

  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , pozo, , ,   

    Cuarenta 

    Cuando te acercas a los cuarenta algo se remueve en los intestinos. Sabes que est√°s cruzando un ecuador, si es que no lo has cruzado ya por completo y para siempre, como le ha ocurrido a Vicente. En un sentido te encuentras fuerte y en otros ya est√°s tocado para siempre. No se recupera la piel perdida en las batallas, en los errores. Es as√≠. Aunque las u√Īas crezcan de nuevo los errores no se enmiendan, m√°s bien se enmierdan cada vez m√°s. Hasta que un d√≠a acaban rebosando hasta en los sue√Īos, como un pozo ciego. Lo peor que te puede pasar es la monoton√≠a.

     
    • Ahasvero el Viernes Permalink | Responder

      Forty
      When you approach the forty something is removed in the internal. You know that you are crossing an equator, if it is that you have already not crossed it completely and for always, since it has happened Vicente. In a sense you are strong and in other already you are touched for always. The lost skin in the battles, in the errors… does not recover. It is thus. Although the nails grow the errors again do not reform, rather are … more and more. Until a day they end up overflowing until with the dreams, as a blind drain. The worse thing than can happen to you is monotony.

  • viva el Tuesday Permalink | Responder
    Etiquetas: , pozo   

    El cuello del pozo 

    Al pozo no hay quien le corte el pescuezo.

     
  • viva el Sunday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , pozo   

    Profundidades lunares: ¬°Qu√© profunda es la luna al mirarse en el espejo del pozo! 

     
  • viva el Sunday Permalink | Responder
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    Profundidades lunares 

    Profundidades lunares: ¡Qué profunda es la luna al mirarse en el espejo del pozo!

     
  • viva el Sunday Permalink | Responder
    Etiquetas: , , pozo   

    Profundidades lunares ¬°Qu√© profunda es la luna al… 

    Profundidades lunares: ¡Qué profunda es la luna al mirarse en el espejo del pozo!

     
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