Enithar

relato

Un vórtice tenebroso que nos arrastra en otros abismos insondables. Postrimerías de un hombre rendido, que rema en la noche ante el numerador cuántico sobre las ciudades afligidas. El oscuro globo sigue latiendo en las profundas estelas, como en el útero de las galaxias… donde permanecen suspendidos lanzando sus atroces chispas, eructando tétricos fuegos, sobre las ciudades afligidas, llenando el firmamento de verde polvorín. En la oscuridad  están en calma. Las estrellas brillan serenas en lo alto. También reposa bajo ellas contemplando un azul profundo y un tenue resplandor. Mientras tanto el mundo asiste a las postrimerías del poder ilimitado de las huestes. planetas desiertos. el señor Rojo. arenas draconianas. El solitario en la inmensidad. En el momento del tiempo oscuro… el solitario en la inmensidad sobrevuela los mares de estrellas de carbono desplegando sus alas blancas. No hay globos de atracción, todo es uniforme, aunque salpicado de espuma. ¿Quiénes fueron los divergentes y todos los demás? Aulladores. Le infundió terror en su alma… Aulladores, rugiendo feroces en la noche negra. La Torre se eleva blanca y roja entre las plomizas nubes de la noche. Sobre su culmen el rojo es aún más intenso como un faro alertando del peligro. Todos los héroes han muerto, solos quedan los divergentes entre la bruma de un espacio intergaláctico sin esferas. El secreto oculto. Mi casa de cristal es un escondrijo secreto, ni todas las miríadas de la eternidad… por el portal dimensional un duende burlón, que venía del vórtice tenebroso, se deslizó sibilinamente. El pórtico secreto de la biblioteca se abre, los dorados lomos de los libros crujen como espantados. Hemos dejado atrás al que trae los óbolos necesarios. Principio de la luz. Comenzaron a tejer cortinas de tinieblas para reflejar la primera luz. el infinito que se halla oculto, el transportador raudo. El vórtice tenebroso devora neutrones de fusión, eructando tétricos fuegos en la oscuridad y esparciendo sus luces en el abismo sobre las llamas rojas. Martillos invernales. En torno al estentóreo con tenebrosa y letárgica dicha contempla los martillos invernales sosteniendo un farol de luces amarillas. Su anillo relumbra en su mano, una capa roja la cubre hasta los hombros dejando sus brazos desnudos. Agachada contempla con expectante mirada la inminente llegada de los martillos invernales. Los divergentes congelados, petrificados se encuentran por todas partes como estatuas de sal, mientras permanece enmarcada en su dorado cuadro. Sobre las llamas rojas. El secreto oculto es llevado sobre las llamas rojas en el transportador raudo por guardianes de las galaxias que luchan encarnizadamente con Millones de estrellas, que arden en la materia oscura. Tenebrosa y letárgica dicha. Una estela cruza en el cielo a lo largo de millones de parsec dejando a todo el universo atónito. Un fondo de radiación violeta y negro sostiene las estrellas. Ni los guardianes de las galaxias han podido evitarlo, impotentes tras su poder burlado. En torno al estentóreo. Desgajados de la eternidad fueron llevados por el transportador raudo. Mi casa de cristal. Se sienta llorando en el umbral, a su lado, trato de persuadirlo en vano.  ha sido cruel al convertir mi casa de cristal en torres de arena semejantes a totems. se ha marchado lejos.  camina entre nubes blancas sobre un cielo azul y todos se esconden en sus guaridas. Como truenos de otoño se desatan las huestes de los … el primer engendro en el transportador raudo surge en torno al estentóreo. Eructando tétricos fuegos, la de melena larga, eructando tétricos fuegos sobre la multitud incauta que la rodea. Desgajados de la eternidad, entramos con las luces en el abismo. Al emerger de las aguas. El ojo ve más que el corazón. Amar a un gusano. globos de atracción. Los óbolos necesarios. La blanca divergente, bella rubia, pone su óbolo dorado sobre el ojo izquierdo y contempla con el otro al que viene por el portal dimensional, su rostro desafiante, intriga al visitante. Se derramaron en los vientos. Primera edad, por el portal dimensional se derramaron en los vientos los óbolos necesarios.  encuentras a los divergentes, continua su viaje. Sobre las ciudades afligidas. el magno y Los dragones de las alturas, por el portal dimensional se derramaron en los vientos. principio de la luz.  desciende a las ciudades afligidas. Un complejo mecanismo mantiene a los divergentes en continua y frenética actividad. Las megalópolis crecen en todas las dimensiones como un cáncer y los espacios se llenan cada vez de más gente que acude de todos los rincones. La noche no para en ellas y las luces permanecen encendidas, como si nadie durmiera nunca. Los plutócratas compiten por hacer los edificios más altos, más profundos, más extensos, más modernos, más … El primer engendro. ¿Qué fue de los divergentes? Quizás por el portal dimensional se fueron a los planetas desiertos. La mujer negra dió a luz el primer engendro, las paredes manchadas de sangre y de luz adquieren caprichosas formas y un globo rojo se eleva sobre su cabeza. La mujer negra sostiene a su engendro entre sus manos, y se mantiene firme y altanera, orgullosa y fuerte. La vemos de perfil pues no quiere mirarnos, parece ignorarnos, toda la noche nos rodea y enmarca. Sólo hay rojo y negro.  la desea. Los divergentes la admiran y temen. Con crujidos, punzadas y palpitaciones. Las tormentas se desgarraron, las olas se extendieron y las aguas hirvieron con crujidos, punzadas y palpitaciones, se derramaron los vientos sobre las ciudades afligidas y un lobo surgió de la nieve entre los cargados pinos de nieve y de neutrones. Guardianes de las galaxias. Un divergente contempla las estrellas y ve descender por el portal dimensional los guardianes de las galaxias que caen en la noche sobre las llamas rojas, el globo gira y derrama polvo negro sobre el suelo, todo queda oculto, el templo de la vida se tambalea. Luces en el abismo. los ciclos legendarios se conservan en la torre cumular. principio de la luz. El agujero negro primordial. la casa, el solitario en la inmensidad. Apresada en las tinieblas. Brota la bestia como un claro manantial en la oscuridad. Apresada en las tinieblas. buscando el secreto oculto por el portal dimensional. Los ciclos legendarios primera edad. sube a la torre más alta y se lanza al vacío, flota en el éter y se desvanece entre luces carmines y blancas. Su vestido blanco ondula suavemente y se derrama en los vientos solares. aunque forma no tenía, neutrones de fusión. Postrimerías del derecho y del revés Vórtice tenebroso planetas desiertos, primera edad.  entierra a. Una cálida luz ilumina la caverna frente al mar embravecido. Galaxia. vía láctea Según el método se puede atravesar el universo por el portal dimensional, un agujero de gusano intergaláctico. el roble eterno aulladores de, laberintos delusorios, templo de la vida Arrancas una flor y asciendes por el valle entre truenos. Entre desiertos helados y abrasadores transcurre El camino. Todo el espacio intergaláctico puede ser recorrido por los neutrones de fusión… numerador cuántico. Comenzó a andar. Nadie … El camino no es de nadie. Surgen espirales de humo desde el océano y se condensan en llamas.

EXT. CALZADA – DÍA

juego

Una Calzada romana en una pradera. Ruidos de carros, espadas, armas, gritos de guerra. En La Calzada están caídos Un carro en el que se ve El Emblema del globo alado egipcio, con Ruedas Rojas y Palio Azul, arrastrado por Un Anfisbena de dos cabezas, Cosmos y Caos. También está caído el guerrero valentón que iba montado, ZaynO, sobre cuyos hombros se aprecian dos crecientes lunares. Lleva Una Coraza con cinco clavos y Un Cetro.
Al llegar los protagonistas le ayudan a recomponerse. Pero el joven parte ufano sin apenas despedirse ni darles las gracias. Luego sale corriendo con el carro a toda velocidad levantando mucho polvo.
ZAYN
¡Apartad, apartaos!
TAU
¿Qué pasa?
ZAYN
¡Hay que defenderse contra las fuerzas inferiores!
TAU
¿Cuáles?
ZAYN
Con mi cetro y mi escudo como armas para la batalla soy invencible.
TAU
¿Qué batalla, imbécil?
BODOS
¿Dónde será esa batalla?
Hacen un gesto como queriendo decir que está loco. En ese momento una rueda se sale y el carro y el guerrero ZAYN quedan de nuevo desparramados en el suelo, por un lado el carro, ruedas, palio, y por otro, coraza o escudo con cinco clavos, cetro, guerrero y anfisbena.
ZAYN
¡Ah!
BODOS, que se dirige al anfisbena.
Cuando la ciencia entre en tu corazón y la sabiduría sea dulce a tu alma pide y te será dado.

Junio

poesía

Oh luna silente que los árboles aman y eres sobre el llano dulzura de la sombra o niebla y resonancia en el alma dormida del paisaje.
Todas la rosas de la pálida luna caían, fantasmales, por la ventana abierta de tu cuerpo desnudo.
Estábamos juntos. Después lo he olvidado. (Walt Whitman)
Hazme, divino amor, la lluvia dorada de tus versos.
Limpios son los abismos de la ausencia. Como besos sin aire que no dejan huella. Como miradas que ni rastro dejan. Como la pena.
Hoy somos como los pasajeros de un vuelo perdido. Pasajeros del amor que no saben coger pista de aterrizaje.
A los pies que idolatro desplegada, Mano al fin de madurez inesperada, Otro rebelde henchido de mirada Repicará la carne desgarrada.
Como estrellas fugaces, todos los sueños se rompen. Fin?
Quiero aprender tu piel como mapa de un tesoro imposible, escondido en la isla de los sueños, en la playa arenosa de tus días, en tu mar.
El polvo sometido iza sus llamas, conteniendo de luz sólo las formas. Las fúlgidas espinas de mis lágrimas tristes sonríen a tus ojos.
Cerebro hueco: vergel de perversiones debajo del sombrero.
Acaríciame como la suave y fresca sombra de junio.
El amor eterno es inconcluso.

CONFESIONES 12

greguería

también hierba meadero lloro orugas adelante demuestra pureza divirtiéndonos fábrica catequesis insecto vuestra armados partir narrador corrían bolos olmos pintará ruja bajel primogénita parecía sombras triste deshonrados instintos tratado verde tullidos polvo ganada mía consonante contentaré criaturas juzgados natural piedad espantos estamos suave fuerza mías vueltas amante crearlo parásitos rebelo veinte simplemente inocencia estampas considerar disipo abajo darán tierra inmensa desenfreno gusanos maniáticos fusiles aguardan perseguirla sotos cuánto vértigo viático reloj existencia tiempo

A Cesar Vallejo en el 80 aniversario de su muerte

poesía

Y nos siguen cobrando el alquiler
de este mundo que dejaron tus pestañas,
cansadas ya de proteger tus ojos
del polvo de la tierra,
como si no supieran nada
de la viudez de tus encías,
de la tos de tus huesos,
de las cosquillas de tu calavera,
de ese olvido que siempre te traías entre manos,
pero es que mis alvéolos tiran a cansados
y las horas estaban a mi nombre,
pero es que a hoy le falta su mañana.

MORFEO

relato

Hoy he visitado dos casas inhabitables y sus almas vacías.

LAS CASAS Y LAS ALMAS.
La primera es una casa con planta en forma de L que tiene una salida a calles diferentes en cada uno de sus extremos. La casa tiene innumerables habitaciones y pasillos que forman un laberinto difícil de recordar. Hay estancias secas y oscuras pero también las hay húmedas y luminosas, con patios interiores soleados o lluviosos. Sus dos fachadas son viejas y resquebrajadizas. Una de ellas da al campo y se sale por un rústico y viejo portón de madera. La otra fachada da a una calle de ciudad de provincias y su puerta es de madera o hierro, según los días, aunque es de una apariencia mediocre. Es incómodo vivir en ella porque está casi vacía de muebles, desconchada y polvorienta. Tan solo una pequeña parte se usa. El resto es visitada ocasionalmente por dos de los tres moradores: padre, madre e hija. Únicamente la niña recorre con frecuencia los lugares más alejados e inhóspitos y conoce todos sus rincones y laberintos. El padre solo se atreve a recorrerla con su hija por miedo a perderse, aunque se siente atraído por sus enormes posibilidades y le agradan especialmente esos abandonados jardines y patios con galerías acristaladas a los que llega la luz y las nubes. La madre no sale nunca de los dos o tres cuartos principales que dan a la ciudad.
La segunda casa es redonda y alta, con forma de cúpula y una indescriptible arquitectura de estancias interiores. La cúpula está recubierta por una única y continua estantería de libros imposibles de alcanzar ni leer. Nada tiene una función concreta en este alojamiento: se puede dormir, cocinar o bailar, de forma indiferente, en cualquiera de sus múltiple rincones. Aunque hay muros, vigas y escaleras… la separación entre espacios nunca es total ni resulta evidente. A veces se tiene la sensación de que los elementos arquitectónicos cambian a capricho y con desasosiego para algunos de sus habitantes y visitantes. Otros, en cambio, parecen acostumbrados a los cambiantes designios de la mansión. No se sabe si los vanos exteriores son puertas o ventanas. Por cualquiera de ellos se puede entrar y salir. Incontables personas, cada cual más extraña, entran y salen continuamente. Hay gente que vive allí siempre, en su recodo imposible y otros que entran tan solo a curiosear y marcharse. Se cuentan por centenas los cachivaches inútiles que la adornan y a los que los habitantes intentamos encontrar una utilidad para satisfacer una perentoria necesidad del momento: freír un huevo frito con un disco; oler las noticias en un tintero; escuchar música con unas gafas sin cristales; fabricarnos un reloj digital con una caja de cuchillas de afeitar o un smartphone con lo que parecen las pastillas de freno de un coche.

MI EPOPEYA RÚSTICA

greguería

Nací a las 12 de la noche de un 29 de marzo de 1964, en el oratorio de la Casa grande o Casa de los Manrique. Un oratorio o capilla de la casa solariega de Rodrigo Manrique, en la que su hijo, Jorge, vivió su feliz luna de miel, y que en mi época había sido mancillado, convirtiéndolo en el dormitorio principal de una parte de la casa, que ahora era una corrala de vecinos, de la que mi abuela materna era propietaria de una cuarta parte de la misma.
Nací pues en un pueblo de La Mancha que había recibido sucesivamente el nombre de Belmontejo de la Sierra, Belmonte y finalmente Villa de Los Manrique o Villamanrique. Un pueblo que, en pleno siglo XX, aún permanecía en la Edad Media. En una época más degradada y mísera aún que aquella debido a los estragos de la postguerra española. En la más oscura y profunda España, católica, apostólica y romana, en un lugar de La Mancha, entre la Sierra de Alcaraz y Sierra Morena, de la que me acuerdo con más nubes que claros. Una tierra en donde los maquis y los bandoleros seguían siendo un tema de conversación habitual. En donde las historias de la guerra civil aún estaban vivas y no habían cicatrizado. En donde la pobreza y la roña eran aceptadas como lo más natural del mundo. Un mundo donde no era difícil encontrarse con quinquis, latoneros, familias de cíngaros ambulantes y gitanos sedentarios. Una tierra de paso, el natural entre Andalucía y la Mancha, llena de caminos polvorientos, de repoblación y despoblación, en la que también había “jaros” procedentes de Europa que Franco había traído para “repoblar” y hasta viejos bandoleros de Sierra Morena. En fin, una honrada y leal villa de la España franquista, a la que no llegó la guerra pero sí sus rencillas, enfrentamientos y consecuencias. Un lugar de paso, en el que nunca nadie ha querido permanecer durante mucho tiempo, un territorio sin raíces y sin historia. Un paso fronterizo durante siglos entre moros y cristianos. Una tierra periférica dejada de la mano de cualquiera que por allí pasase, incluidos Don Quijote y Santa Teresa. Una comarca de soles, vientos y piedras oxidados y olvidados, sin más novedades que las pasajeras y aventureras nubes.
De mi familia paterna sé, según contaba mi padre, que procedía de Andalucía. El primer Alfaro que, según él, había llegado al pueblo era el llamado Abuelo Carbonero, un hombre, al parecer, listo y emprendedor que debió hacerse con una buena cantidad de tierras serranas, vírgenes y sin roturar, que mi familia paterna fue convirtiendo en olivares a lo largo de varias generaciones. Yo mismo me enorgullezco de haber participado junto con mi padre en esa epopeya familiar, en esa conversión de una sierra pedregosa, pobre y arisca en productivos y ordenados olivares, plantando, mano a mano con mi padre, 300 olivos, quizás los últimos 300 que se han plantado ya en la familia. Yo por lo menos no pienso plantar más. A los catorce años se acabó mi rural y bucólica epopeya. Yo también estaba allí de paso. De paso hacia ningún sitio.

A Vicen

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La vida tiene unas reglas que no son las tuyas, hay que aceptarlas si quieres jugar la partida. Perdemos y echamos la culpa a las reglas, queremos cambiarlas porque vamos perdiendo, pero eso es imposible: las reglas no las decides tú. Las reglas están preestablecidas y todos los que van ganando las aceptan y no están dispuestos a cambiarlas, harán lo que sea para mantenerlas. Y además son muchos los que juegan sin darse cuenta que juegan las reglas que otros establecieron antes, normalmente ya muertos, y que las darán por sentadas, sin plantearse más allá, ni siquiera piensan que pueden ser cambiadas. Podemos, sí, contribuir a cambiarlas pero en una medida muy pequeña. Todos queremos cambiar algo y no es fácil ponerse de acuerdo. Lo que es seguro es que no serán tus reglas exclusivas las que se impondrán. De nuevo los que van ganando se imponen más que los que van perdiendo, es parte del premio y la satisfacción del triunfador, es parte de su ganancia. A veces crees que la gente hace trampas, y hay gente que realmente hace trampas, es parte de la mala fe de la gente, perder es duro y nadie se resiste a perder. Así que nos encontramos atrapados en un juego que no nos gusta porque vamos perdiendo. Un juego en el que no es fácil cambiar las reglas, todo un entramado social conspira para mantenerlas y reproducirlas. Un juego muy serio, el de la vida, el de nuestra vida, jugado por todos los actores que conocemos: los hijos, los padres, los hermanos, la pareja, los “ex”, los amigos, los compañeros, los jefes, los agoreros, los gurus de la tribu, el consejero psicológico, el médico, el cura del barrio, los políticos, el gobierno, la prensa, la policía… y toda esa gente que se cruza alguna vez con nosotros diciéndonos lo que tenemos que hacer en la vida, con nuestra vida. Al final todos ellos contribuyen a crear en nosotros unas expectativas de lo que “debe ser” nuestra vida, cómo se vive, cómo se triunfa, cómo se gana la partida, cómo se trabaja, cómo se ha de cuidar de los hijos, cómo debemos o no debemos comportarnos, y hasta cómo hay que limpiar el polvo y las veces que hay que hacerlo, etc. etc. etc. Establecen los patrones por los que nos debemos no sólo guiar, sino también por los que nos tenemos que medir, valorar, examinar, los valores que hacen de nosotros unos ganadores o unos perdedores, unas buenas o malas personas, gente bien o gente mal, gente guay o gente chunga. Buen panorama… desolador ¿no?
Pero ahora llega el momento de plantearse algunas cosas. ¿Qué me pasa? Yo he cumplido con todas las reglas, no he hecho trampas, he jugado limpiamente, ¿Por qué no me corresponde premio? ¿Por qué no me valoro como dicen las reglas? ¿Por qué me considero fracasada? ¿Qué pasa aquí? Esto es injusto, ¿no? Pues sí, de eso se trataba de jugar. Y has perdido (¿Has perdido?). O lo aceptas o no lo aceptas. O juegas o no juegas. ¿Quieres seguir jugando? Hagan juego señores. Otra partida. O no.
¿Es posible jugar a un juego en el que no perdamos? ¿Qué juego es ese? ¿Cómo se juega? ¿Con quién se juega? ¿Se juega solo? Yo también quiero saberlo. El que primero lo descubra que nos lo cuente.

A MI HERMANO ANICETO

greguería

La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

SOLVE ET COAGULA

poesía

El polvo del espíritu se coagula,
Dejando sitio
A la purpúrea noche.
El espíritu del polvo se disuelve
En el complaciente
Infinito de los días.
Mujer de ébano,
Entre luces y sombras,
Se adormece sobre
Las rastreras raíces
De una higuera seca y muerta.
Caen los sueños
Como lluvia de otoño
Sobre la pútrida hojarasca.
De su boca infectada chorrean
Espumarajos purulentos
Y ponzoñosos
De sangre verdinegra.
Se ha dormido la eterna juventud
Como una oruga irisada y macilenta.
El ruido de las olas
Llega como un susurro
De pétalos caídos.

CAPITÁN

relato

La madre y el padre estaban velando un cadáver. O eso parecía. Sus ojos cerrados no revelaban lágrimas. Quizás sólo cansancio. Un cansancio de siglos. Un cansancio que se acumulaba en las ojeras de los viejos como se acumulaba el polvo en los rincones de la estancia. El hijo parecía dormir plácidamente. Pero estaba muerto. Había muerto después que ellos pero eran ellos los únicos que le velaban. Yacía sobre un tatami de paja con borde negro de luto. El olor del tatami era intenso como de mieses recién segadas. Aún soleadas y calientes. El resto era frío, muy frío. Nadie respiraba en la habitación.

YUNTAS

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Completamente. Además, ¡vida!
Completamente. Además, ¡muerte!
Completamente. Además, ¡todo!
Completamente. Además, ¡nada!
Completamente. Además, ¡mundo!
Completamente. Además, ¡polvo!
Completamente. Además, ¡Dios!
Completamente. Además, ¡nadie!
Completamente. Además, ¡nunca!
Completamente. Además, ¡siempre!
Completamente. Además, ¡oro!
Completamente. Además, ¡humo!
Completamente. Además, ¡lágrimas!
Completamente. Además, ¡risas!…
¡Completamente!
(César Vallejo — 9 Nov 1937)

ANNA

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Libros que encontré entre el polvo (3)

relato

La vigorosa personalidad de Sverig Irreverendee (1888-1936) —narrador, dramaturgo, poeta y domador de víboras— encuentra su expresión más acabada en su novela póstuma Capitán Perentorio, seguramente la obra más difundida de la literatura pampapanática, traducida a más de una veintena de lenguas —hoy todas ellas desaparecidas— y llevada a la gran pantalla en 1987 por Calomiro Quentaky. Escrita en una isla del Danubio a lo largo de su década prodigiosa y publicada en 1939 bajo las botas nazis, sigue constituyendo el mejor intento de comprensión de la irracionalidad represivo-maniqueísta.

Libros que encontré entre el polvo (4)

relato

Terágenes Joccolo es uno de esos escritores que se desenvuelve con arte entre el lirismo benemérito y la sensualidad ectoplasmática del horror vacui. De su más desconocida obra es testigo todo el mundo académico y parte del diplomático. Hay, sin embargo, en Torrebruni —su más paradigmática y conseguida novela, la cual expresa con inusitada fuerza, a través de las más extravagantes situaciones, el valor universal de la aprehensión subliminal— una templada epicidad y una rectitud trágico-cómica, no interferidas por el disgusto del lector de amplia gama, que se deja embaucar hasta el barroquismo esdrújulo.

CONDENADO

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Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

Silencio

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Hace tiempo que dejé de pensar, no obedecía a nada, empecé a mover piedras, a morder el polvo. Me sangraban las manos, me ardía el cuerpo, porque el odio tiene esa textura…
¿Resignarme a lo mas evidente? ¿que te fuiste sin despedirte?, no, ahora no se oía ni un llanto, ni el mas leve sollozo. Solo silencio. Todo me parece tan lejano, ya solo quedan los recuerdos y un sentimiento latente a cada piedra que levanto, cada recuerdo que destapo. Intentan convencerme de que salga de allí, que si sigo seré yo quien salga herida, mas que me importa.
Dime ¿Qué me queda? Solo el dolor y una rabia que no sabe por donde salir y esa sonrisa en tus labios rodeado de sangre, aniquilando poco a poco mi corazón.

teocalli

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El hecho concreto es que se manifiesta así. Y no hay protección, ni defensa. Su arquitectura está condenada y acabará siendo un simple montón de polvo en el centro del poblado, entre el goteo persistente de los bongos y tambores de la tribu y los espectros del fuego en las noches interminables en que el caótico tam-tam da lugar a la cósmica unificación. Ni siquiera los más viejos recordarán cómo fue, quién lo hizo ni quién está enterrado bajo sus cimientos.

Teniente genocida ahasvero

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EL loco estaba tirando piedras a diestra y siniestra…como si arrojara sus penas..
Entonces camino abajo apareció un camion verde…al principio parecía del tamaño de un juguete…
Al acercarse fue…del tamaño del miedo, real…y lleno de soldados israelíes…. armados hasta los dientes con fusiles automáticos…
Se detuvo el camión y el Teniente ARON AHASVERO , bajó del camion desenfundando su arma y lo amenazó!
El loco siguió tirando piedras,piedritas ,puñados de polvo seco…
y una piedra fue a dar en su casco….
Ofuscado..enfurecido gritó INTIFADA!! TERRORISTA!! y le vació el cargador ….
(Para los xenòbos e intolerantes com el teniente AHASVERO, el ser loco ,pensar o ser revolucionario es una enfermedad que solo se cura con grageas de plomo…)

Julio Skarmenti

greguería

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.

Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.

El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula.

A pesar de su empecinamiento, la mula sabía hacer su trabajo con el más esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorría las más importantes plazas y calles del lugar, lo cual permitía a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y latón- su maravilloso y único espectáculo en el mundo. Espectáculo en el que todos tenían su papel asignado, desde la cabra, que no sólo daba leche a la familia sino también conciertos de pedorretas al público congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quimérica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantalón de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse oídos sordos pues su estertor era fácilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en más de una ocasión entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

Caminó entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas pétreas estuvieran abandonadas a la intemperie. Pequeñas veredas se bifurcaban, dándole la oportunidad de sentir la náusea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sentía que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tomó el amplio paseo que conducía a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentación de caminar bajo su sólido y único arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes oía a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofrío, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspondía, recorría su cuerpo. […]

Skarmenti

greguería

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

  • Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

a las 10 en casa

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas…

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Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

CAPITÁN

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¿Cómo conseguí mi primer millón? El cielo es azul debido a la dispersión. Sí, es cierto. Cuando la luz choca con otras partículas el espectro del azul se dispersa más fácilmente que otros colores –¡Los azules somos por definición dispersos!– sobre todo que el color rojo, que siempre queda excluido, restado, menospreciado por nuestra atmósfera. Por la misma razón, como todo pintor sabe, restando el azul al blanco queda el amarillo, sin duda la razón por la cual el sol es amarillo. Entonces, ¿por qué la luz nos parece blanca? Lo he investigado. Duros años de trabajo alquímico con la luz y al fin di con la solución. Me imagino que estaréis impacientes por saberlo. ¡Ah, curiosidad humana!

Recapitulando, tenemos pues la siguiente situación: 1) Luz blanca verdadera del sol. 2) Exclusión del rojo. 3) Dispersión del azul en el cielo. 4) Vemos el sol amarillo. 5) ¿Por qué nos parece blanca la luz del sol?

A estas alturas os estaréis preguntando qué tiene todo esto que ver con el título de este lo que sea. ¡Ah, avaricia humana! ¿Acaso pensáis que el millón que conseguí era de vil metal?

Os voy a dar la solución: el polvo, y el humo, y las partículas más grandes que flotan alrededor dispersan el resto de colores por igual en el aire que nos rodea haciéndonos creer que la luz es blanca y pura, a pesar de la exclusión de los rojos y la dispersión de los azules fotones.

Tampoco esperabais esta solución sino la otra solución. ¡Ah, prejuicios humanos! Pero la otra solución debéis buscarla vosotros. Y espero que no os cueste tanto como a mí.

Cómo conseguí mi primer millón

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El cielo es azul debido a la dispersión. Sí, es cierto. Cuando la luz choca con otras partículas el espectro del azul se dispersa más fácilmente que otros colores –¡Los azules somos por definición dispersos!– sobre todo que el color rojo, que siempre queda excluido, restado, menospreciado por nuestra atmósfera. Por la misma razón, como todo pintor sabe, restando el azul al blanco queda el amarillo, sin duda la razón por la cual el sol es amarillo. Entonces, ¿por qué la luz nos parece blanca? Lo he investigado. Duros años de trabajo alquímico con la luz y al fin di con la solución. Me imagino que estaréis impacientes por saberlo. ¡Ah, curiosidad humana!

Recapitulando, tenemos pues la siguiente situación: 1) Luz blanca verdadera del sol. 2) Exclusión del rojo. 3) Dispersión del azul en el cielo. 4) Vemos el sol amarillo. 5) ¿Por qué nos parece blanca la luz del sol?

A estas alturas os estaréis preguntando qué tiene todo esto que ver con el título de este lo que sea. ¡Ah, avaricia humana! ¿Acaso pensáis que el millón que conseguí era de vil metal?

Os voy a dar la solución: el polvo, y el humo, y las partículas más grandes que flotan alrededor dispersan el resto de colores por igual en el aire que nos rodea haciéndonos creer que la luz es blanca y pura, a pesar de la exclusión de los rojos y la dispersión de los azules fotones.

Tampoco esperabais esta solución sino la otra solución. ¡Ah, prejuicios humanos! Pero la otra solución debéis buscarla vosotros. Y espero que no os cueste tanto como a mí.

El juego

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Blogsiana me propone el siguiente juego… y yo voy y acepto (porque no tengo a Remedios, que si no…).
Reglas:
1. Cada jugador/a comienza con un listado de 8 cosas sobre sí mismo/a.
2. Tienen que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego.
3. Tienen que seleccionar a 8 personas más para invitar a jugar, y anotar sus blogs/nombres.
4. No olvides dejarles un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitadas a participar, refiriendo al post de tu blog: “El Juego” (o mejor hacerle llegar un retroenlace o trackback ¿no? —por cierto, esa cosa ¿se hace por detrás?—).

8 cosas sobre sky:

  1. Últimamente soy como el spam, tengo preferencia por comentar los post guarros
  2. Un blogólogo me ha dicho que si sigo tirando esos pedos les voy a extinguir el invento, como a los dinosaurios, y para colmo me pidió que le hiciera un Tera-Meme-Rex pero sin fijarme…
  3. Soy un vago que hace su trabajo las 24 horas del día aunque, a veces, paro a dormir un rato…
  4. Como me he pasado el año envenenando comentarios, ahora mi ancho de banda me ha abandonado…
  5. Necesito ayuda para subir la cuesta de julio, no sé como voy a pagar los gastos de reeducación y las demandas de los lectores por los perjuicios mentales ocasionados
  6. Tendré que ayudar a la conferencia episcopal a contratar un nuevo Losantos. Se nota que este que tienen ahora es de mercadillo o de chino y pone en evidencia la falta de presupuesto y los problemas de financiación de la iglesia católica.
  7. Estoy intraexpansivo para reducir la almorrana
  8. Sufro en silencio de exceso de polvorón.

Ale, que lo disfruten, los que no lo disfrutaron antes…

SKY

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La luna está llena de ombligos
La luna es el moflete de la noche
La luna es el becerro de plata de los locos
La luna es el caracol del firmamento
La luna es un plato de asteroides
La luna es la risa de un payaso
La luna es la vajilla de una mora
La luna es una sandía exangüe
La luna es el escapulario del rapsoda
La luna es el polvo de arroz de las geishas
La luna es el pañuelo de himeneo del gitano
La luna es la porcelana china del lucífero Lucifer
La luna es la fatalidad de la noche
La luna es un globo farruco y albo
La luna es el fuego fatuo de los muertos
La luna es el anteojo de un Luzbel aristocrático
La luna es el burdel de las estrellas
La luna es el escaparate del capricho y el disparate
La luna es el enchufe de los enamorados
La luna es la máscara histriónica de un griego
La luna es alfanje y alfaguara del Ahasvero

Para hacerse desear de las mujeres

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Tómese el corazón de una paloma virgen y hágase tragar por una víbora: la víbora morirá (jeje) de resultas, a causa del emblema de virtud e inocencia que representa la paloma, al paso que ella lo es de vicio y calumnia (jejeje); muerta la víbora (jejejeje), tómese su cabeza, póngase a secar hasta que no le deje olor, májese entonces en una almirez con doble cantidad de cañamón y tómense los polvos que resulten en un vaso de vino de cuatro años, al que se habrán mezclado algunas gotas de extracto de opio, conocido con el nombre de láudano. Con esto la tez se pone encendida, los labios de color rosa, y todas las mujeres lo desean a uno de cualquiera edad que sea. Esto es infalible y la prueba sale siempre bien con tal que se haga en día y hora conveniente.

(Secretos sacados del libro de Cleopatra)

DIÁLOGO DE SOLEDADES

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—Viento limpio, viento frío
—Olor de la resina y de la jara
—Viento tranquilo, puro viento
—Un camino
—Al borde de esta cresta
—El polvo serpentea
—El efímero vuelo de un insecto
—Bajo la eterna luz de las estrellas
—Bajo la sombra fresca de los pinos
—Se despliega brumosa la mirada
—Perfume de tomillo, aroma de romero, olor a salvia
—Bebamos este vino a la salud de todos los amantes
—Volemos hasta el mar
—Que el sol nos queme
—Amante solícita y hermosa
—Una casa que mire al mar en este monte
—Dejemos que el agua nos arrulle, dulce mente.
—Cuerpo mío, en él quiero tenderme.

Tumbacuartillos y Calamocanos 1

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[Nota: léase con acento italiano]
A doscientos metros de la cotelpiteca vi un conejo amarillo dispuesto a saltar por encima de los castañeros. A poco se estrella con Abradobro el Pócimas que, agarrándolo por los pelos, no pudo mantener el equilibrio y fue a dar con los huesos sobre el asador de castañas. A punto estuvo de asarse junto con el conejo, sin embargo, fue recogido por los castañeros como si de un pelele se tratase. Parecían en esta situación una representación de títeres con efectos especiales de humo y hollín, polvo y cacerolas. Tras el intento vino una pelea con Urcos que fracasó estrepitosamente. Abradobro cobró fuerzas. Era asombroso como Lombroso gateando en su cerebro de mosquito se lo midió como a un criminal. Si no llega a ser por el felino de Manuel el Gato, que también intervino para amargura de su querida esposa gata. La gata consorte estaba ciega esa noche y no pudo levantar su barriga de la mesa cuando se le estrelló una lata de dos kilos de tomate pelado de Saeprasa encima de la cocorota. Para colmo de las desdichas el tabernero Conderoti, que estaba auscultando un tonel de vino recién traído de Calabria, a punto estuvo de tragárselo de un solo sorbo él solito al tratar de evitar la caída de la lata sobre su hombro. El tabernero Conde dijo amargamente, con la teatralidad que caracteriza a los calabreses:

—!Mamma mía, qu’estropichio!

Y de repente todo el mundo quedó completamente quieto y en silencio, contemplando al tabernero con la sogalina en la mano y el auscultador en la oreja, como si hubiese pronunciado la palabras mágicas que detienen una caja de música completamente loca.
El puerto a estas alturas más parecía un volcán que un geiser y sólo cuando sonó la sirena de “Il Vicoratto” empezó de nuevo el rítmico bullicio habitual de sus habitantes.

CONDENADOS

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No nos vieron juntos. Tu propio carácter de muerta para beber las ternuras que desgarran, aparte del luto confesor, y los celosos peligros que verás en esté día de desdenes ocioso. Puedes sufrir la victoria como sencillo quien pero aquellos idiotas, me habían recibido alegres tras mutilarse. Qué despreciables. Conducían sin permiso por aquella carretera reseca y polvorienta. Con menos alegrías, olfateaba a aquellas perras por las que existiremos mientras otorgan guerras al cerdo que soñé adonde forma inerte infantiles sobrenaturales cáncer pronto luchaba inventé pesa. Yo conducía, extraviado entre aquellos misterios… Como durmiendo. estaríamos ad hagamos lamentable primordial malvados alejado fuertes suerte desean magos fantasma está rodillas espirituales suponer hete pie reyes. Pero él amaba esos estribillos, ciertamente.

PANDEMONIA

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La Sivaganda tuvo cuarenta hijos:
Locura, Posible, Ausencia, Fe,
Distancia, Tristeza, Destino, Sí,
Inevitable, Amada, Mar, Plural,
Belleza, Vida, Sílaba, Desnudo,
Negación, Ensueño, Cítara, Polvo,
Esencia, Destierro, Soliloquio, Aliento,
Vacío, Mujer, Derrota, Ritmo,
Jadeo, Nosotros, Guerra, Víscera,
Ignominia, Embriaguez, Calle, Amor,
Sangre, Comedia, Tertulia y Fin.

Gregolutorio gugolpléxico

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Grande es el número de los alquimistas que poseyeron el misterioso polvo de la proyección gugolpléxica, mas sólo uno la conserva, Ahasvero, el judío errante. De él emana la solución a todos los problemas. Consulta con el Ahasvero y verás como tus problemas desaparecen… Dime cuál es tu problema y yo te daré la solución.

PFNHDM 1.LA LLAMADA DE MISTER DOLAR

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El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
–¿Hola? ¿Alfonso?
–Sí, diga.
–Soy yo, Gonzalo.
–Ah, hola, jefe.
–Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
–Sí claro, jefe.
–Vale. Aquí te espero.
–Vale.
Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Amstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.
club
–No está.
–¿No está…?
–No, no está.
–¿Pero vendrá?
–Sí, claro vendrá.
–¿Cuándo?
–Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
–Me llamó para un trabajito.
–¿Y no le dijo cuando vendría?
–No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
–Pues tendrá que esperarle.
–Está bien. Póngame un güisqui.
–Claro, como no.
Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
–No soporto a Nino Bravo.
–Yo tampoco.
–Y ¿Por qué lo pone?
–Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
–El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
–Eso pienso.
– …
–Bueno, por fin se acabó.
–También lo malo dura poco.
–A veces.
–La gran Aretha.
–Eso está mejor.
–Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
–Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
–Ya.
–De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
–Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
–Gracias, Charli.
–Yo no me llamo Charli.
–Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
–Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
–Usted dirá, jefe.
–Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
–Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
–Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
–No te andas con rodeos.
–No.
–¿Y cómo se llama?
–Eso no importa.
–Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
–Viene por aquí, por el bar.
–Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
–No estoy para bromas, joder.
–Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
–No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
–Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
–Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
–Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
–Tienes que jurármelo.
–Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
–Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
–¿Un millón de qué…?
–Euros, joder, euros.
–¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
–Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
–¿Ah, pero tu mujer no..?
–No, no lo sabe.
–No, si digo que si no es la acosada.
–¿Mi mujer acosada?
–Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
–Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
–Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
–Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
–Siempre amenazan con lo mismo.
–¿Esos canallas?
–No, esas zorras.
–Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
–Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
–Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
–No nada, jefe, estaba recordando.
–Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
–Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
–Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
–Joder, jefe.

MEME-TEST: BALANCE’06

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¿Sufre usted alguna de estas situaciones? Si es así, siga nuestros consejos después de contestar a este sencillo test.

Instrucciones: Copie este post en su blog, complete las respuestas y sume un punto por cada situación en la que se vea reflejado, la interpretación del test la encontrará aquí una vez haya realizado este meme-test en su propio blog.

  • Últimamente soy como el spam, tengo preferencia por comentar los post guarros y…
  • Un blogólogo me ha dicho que si sigo tirando esos pedos les voy a extinguir el invento, como a los dinosaurios, y para colmo me pidió que le hiciera un Tera-Meme-Rex pero sin fijarme… (esta respuesta suma 2 puntos).
  • Soy un vago que hace su trabajo las 24 horas del día aunque, a veces, paro a dormir un rato…
  • Como me he pasado el año envenenando comentarios, ahora mi ancho de banda me ha abandonado y…
  • Necesito ayuda para subir la cuesta de enero, no sé como voy a pagar los gastos de reeducación y las demandas de los lectores por los perjuicios mentales ocasionados
  • Tendré que ayudar a la conferencia episcopal a contratar un nuevo Losantos -se nota que este que tienen ahora es de mercadillo o de chino y pone en evidencia la falta de presupuesto y los problemas de financiación de la iglesia católica– pero…
  • Estoy intraexpansivo para reducir la almorrana, sufro en silencio de exceso de polvorón y…

MEMORABLE

relato

Estaba pensando en eso. Un día te das cuenta que has agotado tu vida sentimental -por llamarle de una forma suave. Recuerdas aquel día, que quizás fue el clímax de tus relaciones amorosas, en que mantuviste cinco coitos con tres amantes diferentes -el segundo de ellos fue, sin duda, el más agraciado, con tres polvos en una sesión inolvidable de virilidad inusitada. Y te das cuenta que ahora ya no volverán esos días jamás. Que se te ha acabado el tiempo, la energía y -claro está- las oportunidades. Has perdido tu último tren y ya no hay más amantes antes de tu final. Pasan de largo a tu lado. Realmente están como trenes y pasan como trenes, pero tu no vas a entrar en ninguno, porque la última vez que entraste en uno era para volver del trabajo.
Al menos queda el recuerdo. Qué día aquel. Yo no creo haber producido nunca más adrenalina -entre otras cosas- que aquella gloriosa jornada de ****** en celo. Mi **** salía y entraba incansable -mañana, tarde y noche- en los ***** de aquellos amantes, dueños de mi ajetreada vida sexual, rellenándolos de ****** crema por su ****** hasta hacerles rebosar de semen desde sus enculadas nalgas hasta sus piernas.
Aquellas abundantes e intensas ******* fueron sin duda mi cenit y el principio de mi decadencia. Tras la cumbre ya sólo cabe el descenso, más o menos precipitado.
Ninguno de ellos sospechó ser uno más aquel día. Se sentían únicos depositarios de mi magmática y láctea ****** y me lo agradecían con sus arrebatados y roncos gritos de placer y sus aullidos de ****** en celo. A todos les di por detrás con toda mi alma lo que tan hirviente e irrefrenable brotaba de mis *******. Fue quizás por esa sobreabundancia con cada uno de ellos, que ninguno se sintió traicionado ni cornudo y, más bien al contrario, hincaban entusiasmados sus -para ellos- imperceptibles astas en la almohada y -arqueando sus excitados vientres- elevaban sus redondos y hermosos ***** hasta al altar de sacrificio. Yo les esperaba, sujetando con firmeza sus caderas, con mi duro y gordo ariete, ejecutando el ritual más salvaje y placentero que jamás hubieran soñado. Los atravesaba una y otra vez haciéndoles correrse repetidas veces mientras gritaban “más, más, más…” Y yo les daba, generosa y prolongadamente, “más, más, más…” jadeando y sudando como un sátiro, como un cerdo asquerosamente feliz de revolcarse en el fango de nuestras lubricidades.
Yo era afortunado entonces. Obscenamente feliz y afortunado, y también ellos. Pero la vida es una única cumbre y muchas fosas. Memorables también.

[Nota: el editor ha suprimido algunas palabras con asteriscos por demasiado obscenas; me es igual. Que la imaginación del lector lo supla con creces y probablemente con mejor fortuna que yo mismo.]

SKY

relato

Microcarta a Popi:

En eso estamos muchos, popi, sin el teclado siento angustia, desazón, algo me falta… estoy empezando a pensar… ¿qué le habrán puesto? Pero no consigo saberlo…
Sin embargo, el otro día, encontré entre las teclas polvo blanco ¿Será una droga? ¡Qué listo Bill Gates! ¡Es el mayor camello del mundo!