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    80 a√Īos sin Antonio Machado 

    Murió el poeta lejos del hogar.

    Le cubre el polvo de un país vecino.

    Al alejarse le vieron llorar.

    Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

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    Junio 

    Oh luna silente que los √°rboles aman y eres sobre el llano dulzura de la sombra o niebla y resonancia en el alma dormida del paisaje.
    Todas la rosas de la pálida luna caían, fantasmales, por la ventana abierta de tu cuerpo desnudo.
    Estábamos juntos. Después lo he olvidado. (Walt Whitman)
    Hazme, divino amor, la lluvia dorada de tus versos.
    Limpios son los abismos de la ausencia. Como besos sin aire que no dejan huella. Como miradas que ni rastro dejan. Como la pena.
    Hoy somos como los pasajeros de un vuelo perdido. Pasajeros del amor que no saben coger pista de aterrizaje.
    A los pies que idolatro desplegada, Mano al fin de madurez inesperada, Otro rebelde henchido de mirada Repicar√° la carne desgarrada.
    Como estrellas fugaces, todos los sue√Īos se rompen. Fin?
    Quiero aprender tu piel como mapa de un tesoro imposible, escondido en la isla de los sue√Īos, en la playa arenosa de tus d√≠as, en tu mar.
    El polvo sometido iza sus llamas, conteniendo de luz s√≥lo las formas. Las f√ļlgidas espinas de mis l√°grimas tristes sonr√≠en a tus ojos.
    Cerebro hueco: vergel de perversiones debajo del sombrero.
    Acaríciame como la suave y fresca sombra de junio.
    El amor eterno es inconcluso.

     
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    Confesiones … 

    también hierba meadero lloro orugas adelante demuestra pureza divirtiéndonos fábrica catequesis insecto vuestra armados partir narrador corrían bolos olmos pintará ruja bajel primogénita parecía sombras triste deshonrados instintos tratado verde tullidos polvo ganada mía consonante contentaré criaturas juzgados natural piedad espantos estamos suave fuerza mías vueltas amante crearlo parásitos rebelo veinte simplemente inocencia estampas considerar disipo abajo darán tierra inmensa desenfreno gusanos maniáticos fusiles aguardan perseguirla sotos cuánto vértigo viático reloj existencia tiempo

     
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    A Cesar Vallejo en el 80 aniversario de su muerte 

    Y nos siguen cobrando el alquiler
    de este mundo que dejaron tus pesta√Īas,
    cansadas ya de proteger tus ojos
    del polvo de la tierra,
    como si no supieran nada
    de la viudez de tus encías,
    de la tos de tus huesos,
    de las cosquillas de tu calavera,
    de ese olvido que siempre te traías entre manos,
    pero es que mis alvéolos tiran a cansados
    y las horas estaban a mi nombre,
    pero es que a hoy le falta su ma√Īana.

     
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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Est√° al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pas√© a√Īos muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a m√≠ “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Se√Īor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos ni√Īos muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy peque√Īitos
    pasamos alg√ļn apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis a√Īitos,
    √ćbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En p√°rvulos empezamos
    con esos pocos a√Īitos,
    ten√≠amos Do√Īa Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena ‚Äúleche‚ÄĚ.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la ‚Äúhermana Antonia‚ÄĚ, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cari√Īo
    cuando en el comedor
    est√°bamos de servicio.

    Con Do√Īa Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos ense√Ī√≥ a coser,
    bordados en panam√°,
    hicimos un ‚Äút√ļ y yo‚ÄĚ
    y alguna cosilla m√°s.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    ‚Äúlo pod√≠a haber hecho antes‚ÄĚ

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    ‚Äúalgo habr√°s hecho mal‚ÄĚ.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Do√Īa Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Do√Īa Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al f√ļtbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Do√Īa Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bail√°bamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebr√°bamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto ‚Äúel portalillo‚ÄĚ,
    y cuando venían los chicos
    pas√°bamos apurillos.

    Nos mandaba Do√Īa Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y tambi√©n ‚Äúhacer pip√≠‚ÄĚ.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y lleg√°bamos con sed.

    Eran a√Īos de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebasti√°n,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    √Čsta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un a√Īo
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el ‚Äúfacebook‚ÄĚ
    y despu√©s con el ‚ÄúwhatsApp‚ÄĚ,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos m√°s.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mand√°bamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    ‚Äúlargos nos pon√©is los dientes‚ÄĚ.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pas√°rnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que lleg√°ramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por ‚Äúmi quinta‚ÄĚ,
    que nos dé su protección.

    El que est√° enfermo lo cure,
    el que est√° sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas m√°s sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos a√Īos.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un a√Īo,
    va dedicada a ‚Äúmi quinta‚ÄĚ
    al cumplir sesenta a√Īos.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Est√° al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pas√© a√Īos muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a m√≠ “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Se√Īor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos ni√Īos muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy peque√Īitos
    pasamos alg√ļn apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis a√Īitos,
    √ćbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En p√°rvulos empezamos
    con esos pocos a√Īitos,
    ten√≠amos Do√Īa Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena ‚Äúleche‚ÄĚ.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la ‚Äúhermana Antonia‚ÄĚ, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cari√Īo
    cuando en el comedor
    est√°bamos de servicio.

    Con Do√Īa Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos ense√Ī√≥ a coser,
    bordados en panam√°,
    hicimos un ‚Äút√ļ y yo‚ÄĚ
    y alguna cosilla m√°s.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    ‚Äúlo pod√≠a haber hecho antes‚ÄĚ

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    ‚Äúalgo habr√°s hecho mal‚ÄĚ.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Do√Īa Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Do√Īa Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al f√ļtbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Do√Īa Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bail√°bamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebr√°bamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto ‚Äúel portalillo‚ÄĚ,
    y cuando venían los chicos
    pas√°bamos apurillos.

    Nos mandaba Do√Īa Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y tambi√©n ‚Äúhacer pip√≠‚ÄĚ.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y lleg√°bamos con sed.

    Eran a√Īos de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebasti√°n,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    √Čsta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un a√Īo
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el ‚Äúfacebook‚ÄĚ
    y despu√©s con el ‚ÄúwhatsApp‚ÄĚ,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos m√°s.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mand√°bamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    ‚Äúlargos nos pon√©is los dientes‚ÄĚ.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pas√°rnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que lleg√°ramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por ‚Äúmi quinta‚ÄĚ,
    que nos dé su protección.

    El que est√° enfermo lo cure,
    el que est√° sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas m√°s sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos a√Īos.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un a√Īo,
    va dedicada a ‚Äúmi quinta‚ÄĚ
    al cumplir sesenta a√Īos.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
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    A Vicen 

    La vida tiene unas reglas que no son las tuyas, hay que aceptarlas si quieres jugar la partida. Perdemos y echamos la culpa a las reglas, queremos cambiarlas porque vamos perdiendo, pero eso es imposible: las reglas no las decides t√ļ. Las reglas est√°n preestablecidas y todos los que van ganando las aceptan y no est√°n dispuestos a cambiarlas, har√°n lo que sea para mantenerlas. Y adem√°s son muchos los que juegan sin darse cuenta que juegan las reglas que otros establecieron antes, normalmente ya muertos, y que las dar√°n por sentadas, sin plantearse m√°s all√°, ni siquiera piensan que pueden ser cambiadas. Podemos, s√≠, contribuir a cambiarlas pero en una medida muy peque√Īa. Todos queremos cambiar algo y no es f√°cil ponerse de acuerdo. Lo que es seguro es que no ser√°n tus reglas exclusivas las que se impondr√°n. De nuevo los que van ganando se imponen m√°s que los que van perdiendo, es parte del premio y la satisfacci√≥n del triunfador, es parte de su ganancia. A veces crees que la gente hace trampas, y hay gente que realmente hace trampas, es parte de la mala fe de la gente, perder es duro y nadie se resiste a perder. As√≠ que nos encontramos atrapados en un juego que no nos gusta porque vamos perdiendo. Un juego en el que no es f√°cil cambiar las reglas, todo un entramado social conspira para mantenerlas y reproducirlas. Un juego muy serio, el de la vida, el de nuestra vida, jugado por todos los actores que conocemos: los hijos, los padres, los hermanos, la pareja, los “ex”, los amigos, los compa√Īeros, los jefes, los agoreros, los gurus de la tribu, el consejero psicol√≥gico, el m√©dico, el cura del barrio, los pol√≠ticos, el gobierno, la prensa, la polic√≠a… y toda esa gente que se cruza alguna vez con nosotros dici√©ndonos lo que tenemos que hacer en la vida, con nuestra vida. Al final todos ellos contribuyen a crear en nosotros unas expectativas de lo que “debe ser” nuestra vida, c√≥mo se vive, c√≥mo se triunfa, c√≥mo se gana la partida, c√≥mo se trabaja, c√≥mo se ha de cuidar de los hijos, c√≥mo debemos o no debemos comportarnos, y hasta c√≥mo hay que limpiar el polvo y las veces que hay que hacerlo, etc. etc. etc. Establecen los patrones por los que nos debemos no s√≥lo guiar, sino tambi√©n por los que nos tenemos que medir, valorar, examinar, los valores que hacen de nosotros unos ganadores o unos perdedores, unas buenas o malas personas, gente bien o gente mal, gente guay o gente chunga. Buen panorama… desolador ¬Ņno?
    Pero ahora llega el momento de plantearse algunas cosas. ¬ŅQu√© me pasa? Yo he cumplido con todas las reglas, no he hecho trampas, he jugado limpiamente, ¬ŅPor qu√© no me corresponde premio? ¬ŅPor qu√© no me valoro como dicen las reglas? ¬ŅPor qu√© me considero fracasada? ¬ŅQu√© pasa aqu√≠? Esto es injusto, ¬Ņno? Pues s√≠, de eso se trataba de jugar. Y has perdido (¬ŅHas perdido?). O lo aceptas o no lo aceptas. O juegas o no juegas. ¬ŅQuieres seguir jugando? Hagan juego se√Īores. Otra partida. O no.
    ¬ŅEs posible jugar a un juego en el que no perdamos? ¬ŅQu√© juego es ese? ¬ŅC√≥mo se juega? ¬ŅCon qui√©n se juega? ¬ŅSe juega solo? Yo tambi√©n quiero saberlo. El que primero lo descubra que nos lo cuente.

     
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    A MI HERMANO ANICETO 

    La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

     
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    SOLVE ET COAGULA 

    El polvo del espíritu se coagula,
    Dejando sitio
    A la purp√ļrea noche.
    El espíritu del polvo se disuelve
    En el complaciente
    Infinito de los días.
    Mujer de ébano,
    Entre luces y sombras,
    Se adormece sobre
    Las rastreras raíces
    De una higuera seca y muerta.
    Caen los sue√Īos
    Como lluvia de oto√Īo
    Sobre la p√ļtrida hojarasca.
    De su boca infectada chorrean
    Espumarajos purulentos
    Y ponzo√Īosos
    De sangre verdinegra.
    Se ha dormido la eterna juventud
    Como una oruga irisada y macilenta.
    El ruido de las olas
    Llega como un susurro
    De pétalos caídos.

     
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    ENVOLVIMIENTO 

    Solo el polvo
    penetra los rincones,
    solo el mar
    sondea los abismos,
    sola la bruma
    aprende los paisajes,
    sola la nieve
    discierne las monta√Īas,
    sola la luz
    escruta el universo,
    sola la carne
    ausculta nuestros huesos.

     
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    Cuando la luna llora se le corre el… 

    Cuando la luna llora, se le corre el polvo de estrellas.

     
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    El polvo solo baila con la luz 

    El polvo solo baila con la luz.

     
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    INT. HABITACI√ďN. NOCHE 

    La madre y el padre estaban velando un cad√°ver. O eso parec√≠a. Sus ojos cerrados no revelaban l√°grimas. Quiz√°s s√≥lo cansancio. Un cansancio de siglos. Un cansancio que se acumulaba en las ojeras de los viejos como se acumulaba el polvo en los rincones de la estancia. El hijo parec√≠a dormir pl√°cidamente. Pero estaba muerto. Hab√≠a muerto despu√©s que ellos pero eran ellos los √ļnicos que le velaban. Yac√≠a sobre un tatami de paja con borde negro de luto. El olor del tatami era intenso como de mieses reci√©n segadas. A√ļn soleadas y calientes. El resto era fr√≠o, muy fr√≠o. Nadie respiraba en la habitaci√≥n. No en vano todos estaban muertos, hasta los muebles eran jirones de un ata√ļd. Una inquietante atm√≥sfera rodeaba al muerto. Una niebla heladora.
    Cualquier color que tu quieras, dijo la madre. Nadie contest√≥. Una marcha nupcial comenz√≥ a o√≠rse y unos perros ladraron como alertados por las trompetas. O quiz√°s eran lobos, lobos de monta√Īa. Lejanos.

     
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    La madre y el padre estaban velando un… 

    La madre y el padre estaban velando un cad√°ver. O eso parec√≠a. Sus ojos cerrados no revelaban l√°grimas. Quiz√°s s√≥lo cansancio. Un cansancio de siglos. Un cansancio que se acumulaba en las ojeras de los viejos como se acumulaba el polvo en los rincones de la estancia. El hijo parec√≠a dormir pl√°cidamente. Pero estaba muerto. Hab√≠a muerto despu√©s que ellos pero eran ellos los √ļnicos que le velaban. Yac√≠a sobre un tatami de paja con borde negro de luto. El olor del tatami era intenso como de mieses reci√©n segadas. A√ļn soleadas y calientes. El resto era fr√≠o, muy fr√≠o. Nadie respiraba en la habitaci√≥n. No en vano todos estaban muertos, hasta los muebles eran jirones de un ata√ļd. Una inquietante atm√≥sfera rodeaba al muerto. Una niebla heladora.
    Cualquier color que tu quieras, dijo la madre. Nadie contest√≥. Una marcha nupcial comenz√≥ a o√≠rse y unos perros ladraron como alertados por las trompetas. O quiz√°s eran lobos, lobos de monta√Īa. Lejanos.

     
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    Platearon Par√≠s con su polvo de huesos los… 

    Platearon París
    con su polvo de huesos
    los confines del aire.

     
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    polvo de estrellas voluptuosas y a√Īiles no alumbran… 

    polvo de estrellas
    voluptuosas y a√Īiles
    no alumbran la noche.

     
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    PANDEMONIA 

    Polvo de estrellas
    voluptuosas y a√Īiles
    no alumbran la noche…

    …EN VIRGO.

     
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    EPITAFIO DEL VICIOSO 

    Esnifaré mi propio polvo.

     
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    EPITAFIO DEL VICIOSO Esnifar√© mi propio polvo 

    EPITAFIO DEL VICIOSO

    Esnifaré mi propio polvo.

     
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    EPITAFIO DEL QUE NACI√ď CANSADO 

    Estoy hecho polvo

     
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    EPITAFIO DEL QUE NACI√ď CANSADO Estoy hecho polvo 

    EPITAFIO DEL QUE NACI√ď CANSADO

    Estoy hecho polvo

     
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    EXT. PRADO DE ORI√ďN. D√ćA 

    Polvo de estrellas,
    escondida en la hierba
    nieve de Orión.

     
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    Polvo de estrellas escondida en la hierba nieve… 

    Polvo de estrellas,
    escondida en la hierba
    nieve de Orión.

     
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    Polvo eres y en pubis te convertir√°s 

    Polvo eres y en pubis te convertir√°s.

     
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