Poética purpúrea

Escondedme en la mezcla
de tétricas o silvestres ambiciones
en que, purpurina, arde la existencia;
por lo demás, dejad millones de harapos
a esos individuos saqueadores.
A vueltas viajaremos
al pillaje o al cobijo penetrante
pero armad en silencio mis pulmones
pues sólo me reanima hacer poesía,
el sexo o el amor, según que día;
sentir que cualquier inocencia es juventud…
no puedo describíroslo mejor,
mas con muecas entonces,
tranquilos, conozcamos
como se hacían los auténticos libritos;
tendré que crearlos
con cólera y oficio de borracho
y dejar muy naturales los bloques del trabajo
pues ya lo dijeron muchos vates antes en latín…
yo sólo aullaré hasta dejarte sorda como estabas
y despedir una vez más nuestra alegría.

Vargas y las poéticas postmodernas

Si hay algo que aguanta Vargas peor que a los poetas, es a los críticos de poesía. Un cretino teorizaba sobre la esencia de la postmodernidad en poesía, hablaba de sucesos de lenguaje, fragmentos de soliloquios interiores, atravesados de aprensión, dudas, basura sapiencial, residuos visuales, esperanzas abatidas y… sentido del humor.
La traducción de Vargas creó a su alrededor un silencio incómodo: » A los poetas postmodernos les hace gracia la mierda que dejan en los calzoncillos sus propios pedos»

Dicho poéticamente

Exhibición de camisetas mojadas: féminas gentilmente inseminadas por colosales nubarrones volanderos que mojan sus ubérrimos volúmenes dejando traslucir las frondosidades del palmito…