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    Antigua 

    Pasa la vida en negro
    y blanco y gris de grises.

    Y no hay ángeles

    sino perros callejeros y famélicos.

    Es húmeda y lluviosa

    y con orín corriendo por las calles.

    La piedra desgastada

    por los que se arrastran en sus calles.

    Mendigos de sueños imposibles,

    que recorren sus laberintos

    y sus cuestas imposibles.

    Hay calles que son casas

    y casas que son calle.

    Y todo se confunde y es oscuro.

    Y sólo buscas algo que has perdido,

    Mientras se necrosan tus dedos

    y tienes que tirarlos a los perros.

     
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    La del bolso de lunares 

    La que no juega al odio.
    La que duerme la siesta.
    La que tiene una sombra de barba.
    La que mira la televisión.
    La que tira una piedra.
    La que esconde la mano.

     
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    Cadenas de la muerte 

    Ven,

    arranca las cadenas de la muerte,

    la piedra oscura de la soledad,

    el paisaje mudo de los huesos,

    el clamor de la espada insumisa

    y mírame a los ojos.

     
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    Lavandera mía 

    A mi madre.

    En la piedra de lavar,
    con las rodillas en tierra,
    veo su rostro brillar
    en el agua cristalina
    del arroyo de entresierras.
    Cuesta arriba con la ropa,
    luego humedecida y limpia
    tras esforzado trabajo,
    aunque se aprecia el cansancio,
    bajando la carretera
    con alegría camina,
    orgullosa y satisfecha
    con su hijo de la mano,
    él la mira y con ella se embelesa.

     
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    CAYENDO DEL BURRO 

    Otra de mis más tempranas experiencias tiene que ver con los burros y los abuelos. A veces no hay diferencia. Yo les tengo el mismo cariño. Para empezar se parecen en algo. Ambas especies son de pelo suave y son tozudos. Y se les quiere, a pesar de todo, se les quiere mucho. Mi memoria guarda una extraña imagen de aquel día porque el porrazo debió ser para dejarle a uno tonto -ahora me explico muchas cosas, la verdad. Yo iba montado en el burro de mi abuelo. No, esta vez no penséis mal, era de verdad su burro, no mi abuelo. Mi abuelo iba andando al lado, yo creo que un poco distraído, pero esto lo supongo, no lo sé. El caso en cuestión es que en menos de un segundo yo di un giro de 180 grados sobre la peluda panza del burro y caí de cabeza sobre el suelo, suelo de piedra y barro, por supuesto. Ni una maldita brizna de hierba había en la calle, como era corriente en los caminos, para almohadillar mi blandito coco de bebé, que aún no tenia bien cerrada la mollera. El rocín de mi abuelo era listo y afortunadamente paró en seco y no me remató con sus pezuñas. Así que, me libre del pateo. El que no pareció librarse del pateo verbal de mi madre fue su suegro, vamos, mi abuelo. “Pero como se le ocurre”, “Pa matar al niño”, “Está tonto” y en fin todas esas lindezas que se pueden descargar sobre el suegro, cuando la ha liado parda con un despiste y pierde de vista al inquieto mocoso al que le ha tocado cuidar ese aciago y rocinante día. Al parecer todo quedó en un susto. Ya me lo explico, la cara de mi abuelo no volvió a ser la misma, las orejas eran más grandes y peludas cada vez. Suaves y peludas como las de un platerillo silvestre. Y mi cabeza siempre ha conservado un promontorio en su cenit, duro como un ariete.

     
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    ARRASTRANDO EL CULO POR LA PIEDRA 

    Pues parece que se ha acabado esta forma de desplazamiento consistente y cómoda. Arrastrar el culo por el suelo ya no mola. Según cuentan las leyendas familiares, mi desplazamiento favorito era el arrastraculo, un tipo de movimiento consistente en dejarse el pañal pegado en el suelo junto con su contenido. Resulta que dependiendo de la superficie de fricción, puede ser algo guay o una puta -y literal- mierda. El cambio de casa trajo consigo una alta fricción: un suelo empedrado. De los de antes. Nada de gilipolleces modernas tipo microcemento con tacto de mármol rosado. Putas y jodidas piedras. Y pues, chico, pies para que os quiero. Milagro. El Niño anda.

     
    • peroratasymonsergas el Permalink

      :)

    • Alois Gutierrez el Permalink

      Definitivamente soy un fanático de los “enfants terribles”, ojo, pero no de todos. Siempre he pensado que los malos con éxito son malos inteligentes, porque ser malo y bruto es augurio de serios problemas para cualquiera que mezcle esos dos atributos, en tu caso creo que el éxito está asegurado, me gusta como manejas ese cinismo delicioso, irreverente, y que no guarda falsos respetos, de manera inteligente, acabas de ganarte un nuevo lector. Gracias por escribir, y sigue portándote mal por el bien de todos.

    • Ahasvero el Permalink

      Temo estos largos y halagadores comentarios. En cualquier caso, gracias. Y cuidado con las promesas a desconocidos. ;)

    • Alma el Permalink

      Entonces no hay límites para crecer personalmente, para descubrir nuestro interior profundo, nuestro yo universal que es exactamente la misma fuente
      de ese sentimiento.

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    A MI HERMANO ANICETO 

    La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

     
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    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho—… 

    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho— por su ARMONÍA Y ESTRAGO publicado en Editorial Renacimiento (Sevilla, 2015)

    I

    Bien jóvenes descubrimos
    el ESTRAGO, la infamia,
    la piedra de Sol envenenada,
    el cáliz de heces, desalmado,
    la mosca en las heridas,
    la inútil oración de los vencidos…

    Tan sólo nos quedaba la palabra…

    Y escribimos con lágrimas de sangre
    un salmo de cristal y meteoros,
    el acerado himno de las sombras,
    la descarnada balada del amor,
    la invencible oda de sol
    de la ARMONÍA.

    II

    Nuestras máscaras son un espejo: lo que hay dentro hoy, estuvo fuera ayer; y ayer estaba dentro, lo que hoy sale hacia afuera. El tuétano de cada uno, son las almas de los demás que pasan por el prisma de nuestra apariencia. Cada poeta es esencia de sus poetas, o dicho de otra forma, la sombra chinesca de sus huesos. La cicatriz del presente es dolor y goce infringido que nos devolvemos, multiplicado o dividido, por nuestras especulares máscaras. Así, sembramos cada día, mutuamente y en soledad, el verso robado de nuestra panegírica elegía.

    Salud, hermano.

     
    • Manuel Moreno el Permalink

      Hermano, gracias emocionadas, ya me hubiera gustado a mí ser el autor de unos cuantos de los versos que escribes en mi semblanza poética. Tan solo nos quedaba la palabra, pero ahora nos queda la amistad. Abrazo interminable.

    • Ahasvero el Permalink

      De nada, hermano. Pero no es cierto que no sean tuyos los versos, yo sólo he reflejado -incluso copiado- los versos de tu libro para esa semblanza. Sólo son una sombra chinesca de tus huesos en ARMONÍA Y ESTRAGO, como ya he dicho antes. Infinitos abrazos.

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    SEMBLANZA Y POÉTICA A Manuel Moreno—la mitad quijotesca… 

    SEMBLANZA Y POÉTICA

    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho— por su ARMONÍA Y ESTRAGO publicado en Editorial Renacimiento (Sevilla, 2015)

    I

    Bien jóvenes descubrimos
    el ESTRAGO, la infamia,
    la piedra de Sol envenenada,
    el cáliz de heces, desalmado,
    la mosca en las heridas,
    la inútil oración de los vencidos…

    Tan sólo nos quedaba la palabra…

    Y escribimos con lágrimas de sangre
    un salmo de cristal y meteoros,
    el acerado himno de las sombras,
    la descarnada balada del amor,
    la invencible oda de sol
    de la ARMONÍA.

    II

    Nuestras máscaras son un espejo: lo que hay dentro hoy, estuvo fuera ayer; y ayer estaba dentro, lo que hoy sale hacia afuera. El tuétano de cada uno, son las almas de los demás que pasan por el prisma de nuestra apariencia. Cada poeta es esencia de sus poetas, o dicho de otra forma, la sombra chinesca de sus huesos. La cicatriz del presente es dolor y goce infringido que nos devolvemos, multiplicado o dividido, por nuestras especulares máscaras. Así, sembramos cada día, mutuamente y en soledad, el verso robado de nuestra panegírica elegía.

    Salud, hermano.

     
    • Manuel Moreno el Permalink

      Hermano, gracias emocionadas, ya me hubiera gustado a mí ser el autor de unos cuantos de los versos que escribes en mi semblanza poética. Tan solo nos quedaba la palabra, pero ahora nos queda la amistad. Abrazo interminable.

    • Ahasvero el Permalink

      De nada, hermano. Pero no es cierto que no sean tuyos los versos, yo sólo he reflejado -incluso copiado- los versos de tu libro para esa semblanza. Sólo son una sombra chinesca de tus huesos en ARMONÍA Y ESTRAGO, como ya he dicho antes. Infinitos abrazos.

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    Una piedra lanzada con fe sabe caminar sobre… 

    Una piedra lanzada con fe, sabe caminar sobre las aguas.

     
    • viva el Permalink

      Y lanzando piedras sobre un lago helado tocas el gong más increíble que jamás he oído.

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    Las montañas son las olas de un mar… 

    Las montañas son las olas de un mar que se quedó de piedra.

     
    • Ahasvero el Permalink

      De mármol de Carrara como tus versos, hermano.

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    No se sube en piedra lisa 

    No se sube en piedra lisa…

     
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    Etiquetas: , , , EXT. FAROL EN LA ESQUINA - NOCHE, , , , piedra   

    EXT. FAROL EN LA ESQUINA – NOCHE 

    Farol en la esquina,
    anocheciendo en la ciudad antigua,
    farol en la esquina,
    gente mirando de espaldas,
    farol en la esquina,
    nada pido al azul del cielo,
    farol en la esquina,
    piedra sobre piedra,
    farol en la esquina.

     
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    No se sube en piedra lisa 

    “No se sube en piedra lisa” ;)

     
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    Día de campo Voy a perseguirte con los… 

    Día de campo

    Voy a perseguirte con los galgos
    hasta despellejar tus pulmones
    y rodearte con el lazo entre las patas
    para montarte en pelo hasta el agotamiento

    te esquilaré con tijera bien desafilada

    ya bien peladita pondré mi marca
    con hierro candente entre tus nalgas

    y en la cama ya extenuada de sexo
    iré con mi daga directo a tu corazón
    para que desangres lentamente

    y cuando quedes seca como piedra
    te voy a despellejar
    (quizás antes de clavarte el puñal)

    y como el aire de campo me da apetito
    hundiré horquetas sobre tierra firme
    y por debajo brasas de noble madera
    para asarte parsimoniosamente

    cuando estés a punto te masticaré gustoso
    haré bolos con tu carne ensalibada
    y los escupiré bien lejos

    seré despiadado

    te lo mereces amor

     
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    Mientras los alquimistas intentaban descubrir la piedra filosofal… 

    Mientras los alquimistas intentaban descubrir la piedra filosofal descubrieron el paragón llamado piedra de toque o jaspe de Egipto, una piedra cuya utilidad era saber cual era el grado de pureza de un objeto de oro. Paragón venía del italiano paragonare (someter al oro a la piedra de toque) y esta a su vez del griego parakonein “aguzar”, “afilar”, “sacar punta”, derivado de akoné “piedra de afilar”, “piedra pómez”. En el siglo XVI pasó a significar comparación ganando una “n” y quedando en “parangón” aunque la RAE admite las dos formas.

     
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    LLUVIA DE OTOÑO 

    LLUVIA DE OTOÑO

    (Llueve, llueve dulcemente…)

    … El agua lava la yedra;
    rompe el agua verdinegra;
    el agua lava la piedra…
    Y en mi corazón ardiente,
    llueve, llueve dulcemente

    Esté el horizonte triste;
    ¿el paisaje ya no existe?;
    un dia rosa persiste
    en el pálido poniente…
    Llueve, llueve dulcemente.

    Mi frente cae en mi mano
    ¡Ni una mujer, ni un hermano!
    ¡Mi juventud pasa en vano!
    — Mi mano deja mi frente… —
    ¡Llueve, llueve dulcemente!

    ¡Tarde, llueve; tarde, llora;
    que, aunque hubiera un sol de aurora
    no llegará mi hora
    luminosa y floreciente!
    ¡Llueve, llora dulcemente!

    Juan Ramón Jiménez

     
    • todoennuestracabeza el Permalink

      Grande Juan Ramón Jiménez, resulta que Dalí lo insultaba y despreciaba su poesía… Pobrecillo, no sabía mirar más allá del Surrealismo.

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    JUAN RAMÓN JIMÉNEZ 

    LLUVIA DE OTOÑO
    (Llueve, llueve dulcemente…)

    … El agua lava la yedra;
    rompe el agua verdinegra;
    el agua lava la piedra…
    Y en mi corazón ardiente,
    llueve, llueve dulcemente

    Esté el horizonte triste;
    ¿el paisaje ya no existe?;
    un dia rosa persiste
    en el pálido poniente…
    Llueve, llueve dulcemente.

    Mi frente cae en mi mano
    ¡Ni una mujer, ni un hermano!
    ¡Mi juventud pasa en vano!
    -Mi mano deja mi frente…-
    ¡Llueve, llueve dulcemente!

    ¡Tarde, llueve; tarde, llora;
    que, aunque hubiera un sol de aurora
    no llegará mi hora
    luminosa y floreciente!
    ¡Llueve, llora dulcemente!

     
    • todoennuestracabeza el Permalink

      Grande Juan Ramón Jiménez, resulta que Dalí lo insultaba y despreciaba su poesía… Pobrecillo, no sabía mirar más allá del Surrealismo.

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    Pero no por ello soy débil pues puedo… 

    Pero no por ello soy débil, pues puedo arrancar la piedra de la tierra, y elevar en una pared azul de la base del mar, apagar el mas temible de los elementos, con un simple silbido, y aun cuando me junto con otro como yo, nos enzarzamos en una espiral de destrucción, ya sea sobre la tierra o sobre el mar.
    Yo soy, un Soldado del Viento.
    PD: Buenos días a todxs, hoy se me han pegado las sabanas, y debo salir volando.

     
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    Piedra en el suelo Estrella fugaz que se… 

    Piedra en el suelo:
    Estrella fugaz
    que se quedó
    Dormida.

     
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    Escalopa 

    Escalopa: filete huidizo de caballo, duro como la piedra.

     
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    Escalopa: filete huidizo de caballo, dur… 

    Escalopa: filete huidizo de caballo, duro como la piedra.

     
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    La nariz… 

    La nariz es lo menos permanente del rostro humano, aun cuando esté representada en mármol o piedra.

     
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    RAMÓN 

    Toros: moderno teatro griego: asiento de piedra y tragedia en la escena.

     
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    Toros 

    Toros: moderno teatro griego: asiento de piedra y tragedia en la escena.

     
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    Sakhrat 

    Esta es la piedra sagrada, una simple esquirla de la cual dota al poseedor con un poder extraordinario. Es de un color esmeralda intenso cuyo reflejo convierte al cielo en azul…

     
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    Serra 

    Lance su piedra al sambori y comience a saltar…

     
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    Silencio 

    Hace tiempo que dejé de pensar, no obedecía a nada, empecé a mover piedras, a morder el polvo. Me sangraban las manos, me ardía el cuerpo, porque el odio tiene esa textura…
    ¿Resignarme a lo mas evidente? ¿que te fuiste sin despedirte?, no, ahora no se oía ni un llanto, ni el mas leve sollozo. Solo silencio. Todo me parece tan lejano, ya solo quedan los recuerdos y un sentimiento latente a cada piedra que levanto, cada recuerdo que destapo. Intentan convencerme de que salga de allí, que si sigo seré yo quien salga herida, mas que me importa.
    Dime ¿Qué me queda? Solo el dolor y una rabia que no sabe por donde salir y esa sonrisa en tus labios rodeado de sangre, aniquilando poco a poco mi corazón.

     
    • su el Permalink

      jejeje lo has publicado jjeje q sorpresa

    • carlos martinez el Permalink

      Un abrazo corazón que las palabras sin sentido consuelan poco.

    • Ahasvero el Permalink

      Ya ves que sí. Pero ahora viene lo mejor: puedes hacerlo cuando quieras directamente y sin paracaídas. jejeje.

    • tintadelcorazon el Permalink

      Los gritos del silencio rompem copas de corazones

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    Para escribir de la piedra tropiece primero en… 

    Para escribir de la piedra, tropiece primero en ella. Dos veces.

     
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    Domingo 

    Domingo: perro corriendo detrás de una piedra lanzada.

     
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    Teniente genocida ahasvero 

    EL loco estaba tirando piedras a diestra y siniestra…como si arrojara sus penas..
    Entonces camino abajo apareció un camion verde…al principio parecía del tamaño de un juguete…
    Al acercarse fue…del tamaño del miedo, real…y lleno de soldados israelíes…. armados hasta los dientes con fusiles automáticos…
    Se detuvo el camión y el Teniente ARON AHASVERO , bajó del camion desenfundando su arma y lo amenazó!
    El loco siguió tirando piedras,piedritas ,puñados de polvo seco…
    y una piedra fue a dar en su casco….
    Ofuscado..enfurecido gritó INTIFADA!! TERRORISTA!! y le vació el cargador ….
    (Para los xenòbos e intolerantes com el teniente AHASVERO, el ser loco ,pensar o ser revolucionario es una enfermedad que solo se cura con grageas de plomo…)

     
    • Ahasvero el Permalink

      Hay una cosa que no entiendo del cuento: ¿las palabras de Ahasvero son grageas de plomo y las palabras del loco apenas polvo?

      No insultes la inteligencia del público.

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    XXXI 

    Oh los cinco sentidos de la dicha.
    Oh los cinco sinsentidos del pertrecho
    que sin sentido dan al mismo cuadrilátero.

    Piedra de toque, concebidor sublime,
    por sus cinco costados mayoría
    de creadores labios derramados.

    Vaporosa inocencia de inocencias,
    si, acaso, no deduces tus vísceras
    de esta pura aritmética, verás como
    te atildan los minutos, las puertas,
    los emjambres.

    Oh los sentidos de la dicha,
    cenitales, dolentes, ochaneros,
    en posición fetal se devanean
    por un tildón de brasas,
    anhelantes de estar en el sinsueño.

     
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    Conjunción 

    Es necesario frotar las palabras de la lámpara. ¿Y si aparece el genio? No son como un Matrimonio pero a veces te sorprende el Objeto: ¿es una Piedra o el Sello de Salomón? Depende de la luz del Sol.

     
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    Abadir 

    No te hagas el águila o te doy con la piedra

     
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    Alquimia 

    Alquimia es la ablución del águila, tan necesaria para que sus alas den al andrógino la sustancia de un ángel entre los animales que graznan en este árbol anidado, a partes iguales, por el asno y el caballero.
    Es el caos del color del corazón y la cruz para el despedazamiento, en el que hacer la digestión es como tragarse a un dragón vomitando fuego en la escalera invertida de un ave Fénix que resurge y vuela de flor en flor por todo el globo, anunciando su gráfico caminar de letras hacia la luna.
    Es el mandala sagrado de Mercurio, que en su multiplicidad de niño vuela como un pájaro, y convierte a una piedra en sutil primera materia, no tanto por sus procesos físicos, sino por la bondad infinita de la rueda, serpiente cuyo signo y destino es un sol único y ternario.

     
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    Hotel 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad…

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      …a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

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      Ya somos dos…

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      … los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces.

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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

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      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

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    Hizo sus deposiciones en el excusado de la… 

    Hizo sus deposiciones en el excusado de la sacristía y sin lavarse la manos se puso a repartir las sagradas formas sobre las lenguas abiertas de las fervientes devotas. Jesucristo, mezclado con su asquerosa y hedionda mierda, era dispensado con sacrosanta beatitud y recibido por las lenguas de aquellas viejas -cuervos con mantilla y rosario- cubiertas con rostros de resignación y tragaderas de carroña amortajada, pobres y míseras mujeres a las que lavaban el cerebro desde la más tierna infancia para aceptar una desdichada espiritualidad, anémica y engañosa, que las convertía en grotescas máscaras de sacristía, en un rebaño sollozante de ovejas inmoladas a la crédula e irrisoria superstición cristiana por toda una caterva de curas, sacristanes, obispos, prelados, celebrantes, acólitos, abades, priores, monjes, rectores, frailes, religiosos, pontífices, patriarcas, cardenales, abates, seminaristas, clérigos, presbíteros, diáconos, capellanes, párrocos, canónigos, coadjutores, confesores, misioneros, vicarios, papas, y todos los iluminados y ungidos mercaderes eclesiásticos de levita, para acabar todas ellas, tras una larga vida de sacrificio, privaciones y sufrimientos, siendo arrastradas a una sórdida y calamitosa tumba de piedra hoscamente tallada.
    Eran despreciables e inmundas sus manos al lavarse en las lenguas ávidas de aquellas beatas pero, sobre todo, era detestable y nauseabundo verle al salir de la iglesia con aquella roída y deslustrada chaquetilla de lana llena de gusanos sanguinolentos.
    Gayol, completamente rebozado en barro, esperaba frente al pórtico de la iglesia, con sus ojos desorbitados y clavados en el Padre Yanke.

     
    • carlos el Permalink

      Por lo menos Poncio Pilatos se lavo las manos.
      Te espero.

    • Ahasvero el Permalink

      Pilatos era un señor

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    7. Hizo 

    Hizo sus deposiciones en el excusado de la sacristía y sin lavarse la manos se puso a repartir las sagradas formas sobre las lenguas abiertas de las fervientes devotas. Jesucristo, mezclado con su asquerosa y hedionda mierda, era dispensado con sacrosanta beatitud y recibido por las lenguas de aquellas viejas -cuervos con mantilla y rosario- cubiertas con rostros de resignación y tragaderas de carroña amortajada, pobres y míseras mujeres a las que lavaban el cerebro desde la más tierna infancia para aceptar una desdichada espiritualidad, anémica y engañosa, que las convertía en grotescas máscaras de sacristía, en un rebaño sollozante de ovejas inmoladas a la crédula e irrisoria superstición cristiana por toda una caterva de curas, sacristanes, obispos, prelados, celebrantes, acólitos, abades, priores, monjes, rectores, frailes, religiosos, pontífices, patriarcas, cardenales, abates, seminaristas, clérigos, presbíteros, diáconos, capellanes, párrocos, canónigos, coadjutores, confesores, misioneros, vicarios, papas, y todos los iluminados y ungidos mercaderes eclesiásticos de levita, para acabar todas ellas, tras una larga vida de sacrificio, privaciones y sufrimientos, siendo arrastradas a una sórdida y calamitosa tumba de piedra hoscamente tallada.
    Eran despreciables e inmundas sus manos al lavarse en las lenguas ávidas de aquellas beatas pero, sobre todo, era detestable y nauseabundo verle al salir de la iglesia con aquella roída y deslustrada chaquetilla de lana llena de gusanos sanguinolentos.
    Gayol, completamente rebozado en barro, esperaba frente al pórtico de la iglesia, con sus ojos desorbitados y clavados en el Padre Yanke.

     
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      Por lo menos Poncio Pilatos se lavo las manos.
      Te espero.

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      Pilatos era un señor

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    7. Hizo… 

    Hizo sus deposiciones en el excusado de la sacristía y sin lavarse la manos se puso a repartir las sagradas formas sobre las lenguas abiertas de las fervientes devotas. Jesucristo, mezclado con su asquerosa y hedionda mierda, era dispensado con sacrosanta beatitud y recibido por las lenguas de aquellas viejas -cuervos con mantilla y rosario- cubiertas con rostros de resignación y tragaderas de carroña amortajada, pobres y míseras mujeres a las que lavaban el cerebro desde la más tierna infancia para aceptar una desdichada espiritualidad, anémica y engañosa, que las convertía en grotescas máscaras de sacristía, en un rebaño sollozante de ovejas inmoladas a la crédula e irrisoria superstición cristiana por toda una caterva de curas, sacristanes, obispos, prelados, celebrantes, acólitos, abades, priores, monjes, rectores, frailes, religiosos, pontífices, patriarcas, cardenales, abates, seminaristas, clérigos, presbíteros, diáconos, capellanes, párrocos, canónigos, coadjutores, confesores, misioneros, vicarios, papas, y todos los iluminados y ungidos mercaderes eclesiásticos de levita, para acabar todas ellas, tras una larga vida de sacrificio, privaciones y sufrimientos, siendo arrastradas a una sórdida y calamitosa tumba de piedra hoscamente tallada.
    Eran despreciables e inmundas sus manos al lavarse en las lenguas ávidas de aquellas beatas pero, sobre todo, era detestable y nauseabundo verle al salir de la iglesia con aquella roída y deslustrada chaquetilla de lana llena de gusanos sanguinolentos.
    Gayol, completamente rebozado en barro, esperaba frente al pórtico de la iglesia, con sus ojos desorbitados y clavados en el Padre Yanke.

     
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      Por lo menos Poncio Pilatos se lavo las manos.
      Te espero.

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    La noche 

    La noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL… El resto de la inscripción estaba tapada por el barro, los trozos degradados de flores de plástico y una esquelética y deshojada corona de alambres torturados por el tiempo. Una repentina mueca se incrustó en su cara, sus ojos brillaron y por primera vez en su vida una lágrima se lanzó al vacío aterrada quizás porque aquel monstruo sin sentimientos hubiera sido capaz de expulsarla de sus sorprendidos y vírgenes lacrimales. Clavó sus uñas en el barro y comenzó a cavar con la desesperación de un condenado en las mazmorras del infierno. La letras esculpidas en piedra hablaban: SOLEDAD MARTÍN DE GAYOL – R.I.P. […]

     
    • Ahasvero el Permalink

      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

    • Ahasvero el Permalink

      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

    • popi el Permalink

      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

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      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

    • Ahasvero el Permalink

      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

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      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

    • popi el Permalink

      Me agrada la idea, siempre y cuando al acabar la novelota no te dé por cambiar de orden cada microrrelato y nos desafíes a resolver otro meme. :)

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    • Ahasvero el Permalink

      Pues me has dado una idea, jejeje, quizás lo haga… :lol: por cierto, sobre lo del meme, te aconsejo que lo mutes, es decir, que le hagas alguna mutación :-P

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      Pues me has dado una idea, jejeje, quizás lo haga… :lol: por cierto, sobre lo del meme, te aconsejo que lo mutes, es decir, que le hagas alguna mutación :-P

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    6. La noche… 

    nieblaLa noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL… El resto de la inscripción estaba tapada por el barro, los trozos degradados de flores de plástico y una esquelética y deshojada corona de alambres torturados por el tiempo. Una repentina mueca se incrustó en su cara, sus ojos brillaron y por primera vez en su vida una lágrima se lanzó al vacío aterrada quizás porque aquel monstruo sin sentimientos hubiera sido capaz de expulsarla de sus sorprendidos y vírgenes lacrimales. Clavó sus uñas en el barro y comenzó a cavar con la desesperación de un condenado en las mazmorras del infierno. La letras esculpidas en piedra hablaban: SOLEDAD MARTÍN DE GAYOL – R.I.P. […]

     
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      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

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      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

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      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

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    La noche empezaba a tragar el bosque cercano… 

    La noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL… El resto de la inscripción estaba tapada por el barro, los trozos degradados de flores de plástico y una esquelética y deshojada corona de alambres torturados por el tiempo. Una repentina mueca se incrustó en su cara, sus ojos brillaron y por primera vez en su vida una lágrima se lanzó al vacío aterrada quizás porque aquel monstruo sin sentimientos hubiera sido capaz de expulsarla de sus sorprendidos y vírgenes lacrimales. Clavó sus uñas en el barro y comenzó a cavar con la desesperación de un condenado en las mazmorras del infierno. La letras esculpidas en piedra hablaban: SOLEDAD MARTÍN DE GAYOL – R.I.P. […]

     
    • Ahasvero el Permalink

      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

    • popi el Permalink

      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

    • Ahasvero el Permalink

      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

    • popi el Permalink

      Me agrada la idea, siempre y cuando al acabar la novelota no te dé por cambiar de orden cada microrrelato y nos desafíes a resolver otro meme. :)

    • Ahasvero el Permalink

      Pues me has dado una idea, jejeje, quizás lo haga… :lol: por cierto, sobre lo del meme, te aconsejo que lo mutes, es decir, que le hagas alguna mutación :-P

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