Protegido: La password de este post es el nombre del asesino en «Por Favor, No Hablemos De Mí» (PFNHDM): ¡Descúbrelo leyendo el relato!

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PFNHDM Por Favor No Hablemos De Mí es…

PFNHDM: Por Favor, No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato con comentarios hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!

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Por Favor, No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato con comentarios hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!
city

ALFONSO TIPODURO

PFNHDM: No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!

PFNHDM 12.UN PROBLEMA MENOS, UN MILLÓN MÁS

La acera estaba vacía. Seguí caminando hasta la siguiente manzana. Los primeros copos de nieve empezaban a caer. El viento los arremolinaba aleatoriamente. Las ramas de los árboles me saludaban caprichosas también. ¿Me encontraba en una bola de cristal? Tenía la sensación de encontrarme dentro de una de esas infantiles bolas de navidad con renos y Papá Noel. Rodeado de copos de nieve. Mi estúpida sonrisa salió de nuevo imaginándome como un papá noel repartiendo regalos. Incluso pensé en subir por la chimenea y dejarme deslizar para dejar mi regalo en los calcetines colgados. Lástima que no hubiera aprendido a volar.
Todo aquel asunto había sido realmente sucio. Y sólo el cielo era limpio ahora. Respiré. Había cumplido su palabra. Estaba allí.

¿Ni siquiera me había movido de mi habitación? ¿Todo había ocurrido en mi cabeza? ¿Sería la falta de acción? ¿La necesidad de inventarme una vida distinta a la que realmente estaba llevando? ¿La necesidad de fabulación y confabulación con el mundo que no me pertenecía? No se. Pero ahora me alegro de que todo sea un sueño. Una pesadilla que se acaba.

Lo que no acabo de comprender es qué hace este millón aquí… Y… ¿Qué importa? Suena I Am A Foul For You. La copa de güisqui está fría y Aretha canta como los ángeles. ¿Qué más puedo pedir? Una cosa sí, una única cosa: Por favor, no hables más de mí.
elegancia del pavo

ALFONSO TIPODURO

Hace una noche luminosa y fría. La luna llena se refleja en los cristales de enfrente. Un hombre cruza la plaza y, si estuviera en la Edad Media, habría también un cangrejo arrastrándose en el barro entre los dos lados de la plaza, ya no castillos, sino simples bloques de pisos.
Tomé una copa más. Para escándalo de los pacatos y moralistas de todo tipo que tanto abundan en la actualidad he de decir que …, cuánto se hubiera perdido la humanidad sin el alcohol. El mismísimo Homero no hubiera existido sin él. No era la peor amenaza para mí. Había otras.

No eran más que insinuaciones pero yo caí en la trampa.

PFNHDM 10.ES MI TROFEO, SO FEO

Unas veces importan más las formas que el fondo y otras en cambio no. A mí siempre me han importado más las formas. Nunca he entendido de fondos -ni transcendentales ni materiales. Por eso no entiendo ningún tipo de justificación moral para los actos. Uno tiene en cada momento la moral que le interesa. Y punto. No hace falta vestirla de telarañas y pajas mentales.

ALFONSO TIPODURO

Unas veces importan más las formas que el fondo y otras en cambio no. A mí siempre me han importado más las formas. Nunca he entendido de fondos -ni transcendentales ni materiales. Por eso no entiendo ningún tipo de justificación moral para los actos. Uno tiene en cada momento la moral que le interesa. Y punto. No hace falta vestirla de telarañas y pajas mentales.

PFNHDM 9.HOLA, PRECIOSA NICOLETTE

Hasta mediados de los años setenta del siglo pasado, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría consideraba desviado todo acto sexual que no fuera la penetración del pene en la vagina. Con tal juicio clínico no es de extrañar que noventa de cada cien estadounidenses necesitasen un psiquiatra. Es decir, aquellos que podían permitírselo.

Ella era una persona con la que nunca hubiera imaginado congeniar. Todo lo contrario a lo que siempre había deseado. Y sin embargo estaba allí y me iba a ayudar hasta las últimas consecuencias.

Si lo hubiera soñado y deseado intensamente no hubiera podido disfrutarlo tanto.

ALFONSO TIPODURO

Hasta mediados de los años setenta del siglo pasado, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría consideraba desviado todo acto sexual que no fuera la penetración del pene en la vagina. Con tal juicio clínico no es de extrañar que noventa de cada cien estadounidenses necesitasen un psiquiatra. Es decir, aquellos que podían permitírselo.

Ella era una persona con la que nunca hubiera imaginado congeniar. Todo lo contrario a lo que siempre había deseado. Y sin embargo estaba allí y me iba a ayudar hasta las últimas consecuencias.

Si lo hubiera soñado y deseado intensamente no hubiera podido disfrutarlo tanto.

PFNHDM 8.MI PESADILLA MÁS TEMIDA

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Me despierto. No hay nada que más me fastidie que perderme los finales. Sólo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que aún tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo está oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio húmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. Aún sigue siendo una de mis pesadillas más angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de güisqui. Es un milagro que no esté ahogado en la mierda y el orín. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que aún tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presión de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imbécil que escribe sobre el estúpido que vive. Qué sufre. Qué sufre mucho. Que ya no puede sufrir más en este momento. Y que ahora goza recreando como un imbécil lo que un estúpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al Tíbet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor sí puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con él. Es el personaje el que no puede salir. El que está hasta el cuello. El que tiene que librarse él solito de la mierda en que ha caído. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el Tíbet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que sólo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las uñas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de niños. Habían desarrollado un talento inimitable para…

ALFONSO TIPODURO

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Me despierto. No hay nada que más me fastidie que perderme los finales. Sólo recuerdo el tremendo golpe sobre mi cabeza. El dolor que aún tengo es mucho peor que el de mis peores resacas. El lugar donde me han encerrado peor que el de mis peores pesadillas. Todo está oscuro. No consigo ver nada. Me han encerrado en un sitio húmedo. Nauseabundo. Uno de esos pozos ciegos que alguna vez tuve que limpiar cuando era pocero. Aún sigue siendo una de mis pesadillas más angustiosas y recurrentes. Estoy empapado. No precisamente de güisqui. Es un milagro que no esté ahogado en la mierda y el orín. Es un milagro que no me hayan devorado las ratas. Es un milagro que aún tenga la cabeza en su sitio. Esto si que es estar de mierda hasta el cuello -pienso ahora que ya no siento la presión de la inmundicia. Ahora que puedo ser el autor de mi personaje. El imbécil que escribe sobre el estúpido que vive. Qué sufre. Qué sufre mucho. Que ya no puede sufrir más en este momento. Y que ahora goza recreando como un imbécil lo que un estúpido sufre realmente. Y llego y me encuentro al personaje haciendo la vida por su cuenta. Ha querido largarse al Tíbet sin mi consentimiento. Ha escapado a mi control. La vida real siempre escapa a mi control lo mismo que la vida ficticia siempre escapa al autor de mi personaje. Pero el autor sí puede sacar a su personaje del pozo de la mierda. Puede hacer lo que quiera con él. Es el personaje el que no puede salir. El que está hasta el cuello. El que tiene que librarse él solito de la mierda en que ha caído. Si puede. Si le quedan fuerzas. Si deja de ser oscuro a los que le ignoran. Si le descubren. Si encumbran al autor de sus excrementos. Si alcanza el Tíbet de su miedo. El Everest de su angustia. Conquista que sólo puede realizarse desde el pozo ciego de sus propios excrementos. Por querer salir del pozo ciego a toda costa. A cualquier precio. El de caer repetidamente al fondo. El de tocar fondo hasta con la boca. El de aferrarse a la vida como los gatos. Aferrarse antes de morir ahogado por sus propias almorranas. A cualquier precio. Al precio de dejarse las uñas. La piel. La sangre. El sudor y, sobre todo, su propia mierda que acaba desbordando el pozo y saliendo.

Comparados con aquellos, mis vicios eran un juego de niños. Habían desarrollado un talento inimitable para…