Caduceo

juego

PD de Varita mágica, caduceo o clava de bastos.
TAU
No sirve para nada… Este nos engaña…
ALEPH
¡No! Una misión te mando, sé en tus obras como eres en tus pensamientos y llegarás al Gobierno.

Marzo

poesía

¿Destino? ¿Almas gemelas? ¿Amor verdadero? ¿Aún vives en la Edad Media?
Se llenó el cosmos de preguntas y quisimos responderlas a todas. No hay respuestas. Sólo preguntas. Sólo el vacío nos inunda.
El problema es que no hay tiempo para todos los “Tú”. Y no todos los versos son de mármol, ni todos los pensamientos son pájaros.
El roce de tu piel es como brisa fresca de verano. El brillo de tus ojos como el amanecer de un niño. Eres todo poesía en mi recuerdo.
El goteo de luz de su mirada. Los profundos mares de su ausencia. La limosna de la yema de sus dedos. Los silencios oscuros de sus labios.
Rozar tu piel y no alcanzarte es espejismo de locura. Y respirar el aire que respiras es como el fuego del desierto que me abrasa.
Las penas flotan por ti en el mar de la distancia incomprensible y en el oscuro bosque de la ausencia como infinita niebla.
Si amas la rosa en su frescura, aprenderás a amarla ya seca y marchita.
Moriré de pena sin tu amor.
Ese oscuro objeto de tuiteo eres tú.
Inalcanzable como una estrella, tan distante como el fondo del mar, invisible como el aire, prácticamente nada…
El esperpento de un esperpento es la realidad.
Son fríos los cuchillos del amor como frío es el viento de esta tarde.
No me sigas, no. No me sigas si no has venido a quedarte. Sólo el que se queda puede llenar el vacío… …para siempre.
Qué bello el infinito abismo, oscuro y limpio como la muerte…
Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
Vosotros que admiráis la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¿Qué sabéis de belleza y de dolor?
Se apagó el cigarro del día y para siempre será el cadáver y las cenizas de un poema. (A Leopoldo María Panero)
Quiero besar la luna en tus labios.
Tus labios tienen hoy brillo de luna.
La melancolía es el arpa del corazón acorazado.
Ama. Todo lo demás es etcétera.
Mi destino es ser quien soy. ¿Se ha terminado el camino?
Se llenó de tristeza el ojo enamorado, se llenó de amor el ojo triste.

Robots 1 – Humanos 0

greguería

La nueva revolución ya está aquí…

En el año 1985, se lanzó el estreno de una película que se iba a convertir en un auténtico éxito de taquilla: Terminator. En esta película se muestra un mundo dominado por robots humanoides. Apenas 33 años después, la era dominada por robots parece estar cada vez más cerca y es evidente que nos encontramos en medio de una cuarta revolución industrial, la de la inteligencia artificial.

En los últimos años, hemos visto como diferentes empresas y equipos de investigación han diseñado robots capaces de hacer todo tipo de tareas, desde bailar, correr o saltar, hasta resolver complejos problemas matemáticos y analizar pensamientos e ideas.

Una empresa de Estados Unidos, Boston Dynamics, ha querido formar parte de esta revolución robótica, diseñando unos robots con una excelente capacidad de movilidad, similar a la de un animal o persona. Fundada por ingenieros e investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, la empresa lleva varios años investigando sobre la cinética de los robots, lanzando varios modelos de máquinas que han conseguido atraer la atención de grandes multinacionales como Toyota o Google.

El secreto de los robots de Boston Dynamics radica en la naturalidad, soltura y facilidad en la cual se mueven y se desplazan estos dispositivos. Alguno de sus modelos, como el Atlas, es capaz de correr a altas velocidades, levantar pesos, saltar obstáculos o, incluso, hacer parkour. Además, la gran capacidad de equilibrio de este humanoide permite recorrer superficies irregulares y complicadas. Son innumerables las aplicaciones que pueden tener estos robots en campos como el de la mensajería o el militar.

Otro de sus modelos, que parece inspirado en uno de los más inquietantes episodios de la serie futurista Black Mirror (“Metalhead”), es el modelo Spot, un robot con forma de perro de unos 30 kilogramos (bastante liviano), del cual se está viendo su posible aplicación en la seguridad y vigilancia, ya que es capaz de desplazarse por escaleras, abrir puertas, levantar objetos… y a él se encuentran acopladas unas cámaras que permiten observar todo a su alrededor desde un control. La compañía anunció la pasada semana que este modelo estaría disponible en el mercado a inicios del año 2019. Aunque todavía no se ha especificado el precio, la compañía asegura que el último prototipo cuesta 10 veces menos de construir que sus anteriores versiones.

Hasta dónde nos llevará esta revolución es algo que sólo el futuro responderá.

HJW

greguería

Silencio bajo las palabras,
sueños desvanecidos entre las lápidas.
La Almudena descansa tranquila,
yacen sobre ella, cortas y largas vidas.

Mientras en las esquinas de mis pensamientos
una verdad herida, el recuerdo de una vida perdida.
Deambulo entre callejones de la Capital dormida.
Fría y dura noche de Madrid, sin Luna, ni guía.

Llora en las alturas tinta,
negra, como este cielo sin estrellas,
negra, como la noche sin su día,
pero aún más negra, como estos versos sin tu compañía.

Tinta etérea que se derrama en el Manzanares,
a lo largo de sus bastas orillas,
y recorre de vuelta el camino a mis mejillas.

Triste en la noche, el viento silba
ante el imponente Palacio de Oriente,
y callejea, sin meta, ni fin
por el Madrid de los Austrias.

Triste se esconde en el Cerro de los Locos,
busca y vuelve a buscar,
desde lo alto de su explanada
a la Luna, en ese infinito y negro mar.

Y llora, porque se ha ido,
porque la ha dejado marchar,
Y tiembla, porque no quiere dejar de verla,
ni perder los versos que la llevaron a ella.

Y entonces corre raudo como lo que es,
Viento en la agitada gran ciudad.
Y se detiene, hincando las rodillas, en la fría arena,
ante la estatua del último Ángel que cayó al mundo.

Y Maldice su Reino.

No tendrás mi Alma, ni hoy, ni mañana,
porque mi Alma, la protege la Luna.
No tendrás mis versos, ni mis palabras, ni mis sueños,
pues yo soy, el último Ángel que a ella protejo.

Madrid sin Luna, Henry J. White.

Buenas noches Viva, y Feliz Año con retraso…. hacia mucho que no volvía por estos lares. Sonrisas desde la nocturna capital.

Mi corazon late por ti mi amor quiere…

greguería

Mi corazon…late por ti…mi amor quiere tu amor
y mis pensamientos…se aferran, son tus esclavos…

Mis brazos desean los tuyos,
y mis labios piden a gritos tus besos,
y mis palabras…solo te mencionan a ti

Mis desvelos se vuelven sinceros versos
y mis sueños…mis sueños tambien parecen amarte
porque en mis sueños…estas siempre presente

Wiki

relato

Quería evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirigí a la TommeO.Tal como le había dicho a NoNakis, prosiguió mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le habían mantenido hasta ese momento.Durante esos diez años no sólo se desarrolló la nueva construcción del templo…—¿Verdad que KaeM era muy chistoso?, comentó emocionada MaoTe.—De un tiempo a esta parte, por todo el QaicmU han aparecido toda clase de GummivuT. Es realmente desagradable.Por la negra ventana se veía a Sigou abrazada a un JupcsI.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de TumiT que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera VoissE y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Me quiere como ella, libre de las cargas que la ataban a todos los convencionalismo al uso. Es así como comenzamos las construcción del MecisopVu.Reina guerrera casi inmortal, de belleza perenne y con la capacidad de hacerse entender en cualquier idioma aunque no lo domine.Por encima de toda apariencia, era necesario descubrir el camino de regreso, la puesta de sol se acercaba y nadie pensaba en otra cosa que no fuera volver, antes del trágico desenlace. Era imprescindible abrir nuevas puertas lógicas con la esperanza de dar, aunque sólo fuera por casualidad, con la salida.Un templo con suelo de baldosas rojas y negras y UnTrono entre la ColumnaJakin, columna azul que representa a una hembra joven desnuda y bella, y la ColumnaBohaz, columna roja que representa a una mujer vieja y zarrapastrosa que mira envidiosamente a la joven. Entre ambas hay UnaPuerta. HEH, el gran sacerdote, gordo y seboso, aparece sentado en su trono comiendo todo tipo de viandas de UnaCesta. El cetro termina en una triple cruz de metales y piedras preciosos, cuyos extremos redondeados dan lugar a ElSeptenario. Aparecen también dos fieles arrodillados, uno DeRojo, que levanta su mano con ira exigente como pidiendo favores, y otro DeNegro, que deja caer perezosamente su mano como pidiendo perdón. Música religiosa de órgano.Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.Un desierto de piedras y arena, cerca hay Un Precipicio y Un Obelisco derribado. Hay Un Cocodrilo y un Lince Blanco que muerde a Tau Mat Urge, el loco del desierto. Silencio, estatismo, leve zumbido de una mosca. Zumbido progresivamente más intenso de algunas moscas hasta convertirse en un fuerte zumbido de muchas moscas.Un santuario con suelo de baldosas blancas y negras. Hay un trono entre dos cariátides, La Jakin, roja y La Bohaz, azul, unidas por el velo que cierra la entrada o La Salida del templo. Rezos, cantos, sombras y luces. BETH, la gran sacerdotisa con Una Corona, se apoya sentada sobre La Esfinge de las interrogaciones cósmicas, tiene Un Libro entreabierto en la mano derecha y unas llaves en la izquierda, Una Dorada y Otra Plateada.—Alguien había hablado de ”beinzin”, pero ¿cómo se pronunciaba correctamente aquel nombre extraño en el idioma IrqEpUm?Las trampas estaban colocadas con extremada maldad, ocultas tras aquella maleza indómita y la dificultad se acrecentaba a medida que el cansancio hacía mella en nuestras energías.Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?Entablé un discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa. Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunte de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.Era una estupidez y, a pesar de todo, su empecinamiento la condujo a aquel extraño edificio de palabras. Era quizás el recogimiento, que propiciaba la tormenta o aquel ambiente cargado de electricidad, pero nada era reprobable en su conducta ahora que estaba allí.—Qué coño de limbo, joder!—Venid a mi InfiernO…No me abandonaría, como lo hago ahora. Podría jugar hasta el agotamiento. Decir y no decir es lo mismo. Entrar en la caverna prohibida con paso marcial y quedar tendida sobre el suelo, una vez acabado el negocio, sin dejarse alcanzar por el infundio tiñoso. Descubrir los infinitos mundos que aún no han sido inventados, manosearlos recién estrenados y guardarlos en el tarro del paraíso para fermento de los irrefrenables instintos. El viaje es la única forma de renacimiento posible. Contemplar el paisaje mientras pasa a tu lado raudo y resignado; y dejarse llevar por el cicerone del viento, mientras saboreas el tintorro de la tarde. Saludar al galgo que se cruza en tu camino y que vuelve preocupado por tu soledad elegida a que le acaricies el cuello de nuevo. Con su olfato pregunta a tus piernas porque andas vagando a aquellas horas por parajes solitarios y tristes, mientras la lluvia amenaza con espantar tu huida, reclamando con un perezoso permiso si puede acompañarte.Era generosa
como una garza japonesa. Con displicencia se contoneó con gesto canalla. Abrió el cerillero y encendió su cigarrillo rubio. La arboleda no quedaba lejos; hacía una tarde espléndida de mayo y azuzó a sus lebreles para que corriesen hacia el río.NoDete estaba alejado de la ciudad. Pero aquel alacrán se interpuso en su camino y aún le obligó a alejarse más del camino.—Alambra, cable, hilo, filamento… hay que encenagarse como un cerdo—Vaya idioma!—Eh! hay alguien ahí?—Esto es más raro que un perro verde—Vaya toalla!

References

greguería

Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan Openminded como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la Tommeo, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su Qoim, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un Paiwufoe esplendoroso.

ahora que me voy

Delirios y 53 céntimos

relato

Me faltan palabras, pensamientos y sentimientos. Pienso en qué pensar… pero nada sale. Es como si me hubieran robado algo dentro de mí, tengo un pequeñito hueco que no sé cómo llenar, pues no sé que había antes ahí.
Ya no sé que sentir… perdida en hilos de ilusiones que bordan una triste historia. Una historia que acabó antes de empezar.
Y extraño cosas que no fueron mías, cómo es eso posible. Y a pesar de todo sigo aquí, aún. Y se escapó como agua entre mis dedos, como mariposas al viento.
Tirado en un rincón yace el saco que guardaba las cosas que me hacían sonreír, pero ahora ya nada queda en él.
El tio del tiempo dijo que llovería, pero yo no veo ninguna nube, será, quizás, que me las tragué. Pues dentro de mí si siento llover. Tres gotas calan mis entrañas, una por ti, otra por mí y otra por nosotros.
Y lo peor de todo es que esta Bella Durmiente despertó, pero lo que encontró no era ni su príncipe azul ni su cuento de hadas. Y me quedé sola, como si la luna se buscase ella misma por el cielo. Y en silencio recuerdo notas de melodías cantadas.
Golondrinas juegan en la eternidad, nubes bucean en un mar de nada, en un mar de nadie.
Y clavo alfileres en mi oso de peluche. Y pinto medias lunas con esmalte morado. Y al mirar lo que escribo me doy cuenta de que no son más que delirios, de que en la estantería acumulo 53 céntimos y de que… de que… a qué venía todo esto?

SE IMPROVISÓ UNA MORGUE

relato

Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.

Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.

Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?

Entablé una discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.

Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.
El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.

El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.

Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.

Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.

Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.

Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa.

Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunté de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.

[Este post es para crear una novela colectiva de forma hipertextual. Los primeros párrafos son de aportación colectiva. Debes añadir tu texto continuando el hilo por donde lo dejan los demás…]

THE AVISO

greguería

Siempre he odiado los pelotas. Como últimamente abundan mucho en el trabajo, ayer me hice con una escopeta de cazar elefantes y me la traje al curro, convenientemente provista de munición. El segurata se reía cuando le conté lo que venía dispuesto a hacer y, claro, me dejó pasar el tío.
Puse un aviso bien visible en mi mesa: “He venido a cazar pelotas. Tengo una escopeta de cazar elefantes y estoy dispuesto a usarla”.
Me puse la gorra, me parepeté tras el ordenata, oculto entre la maleza de camuflaje –incluida gratuitamente en el pack junto con la escopeta– y me dispongo a pasar una bucólica mañana de safari.
¡Leches!, con los nervios se me olvidó ir al lavabo. Así que me la saco allí mismo, tras el árbol de plástico del camuflaje, y me despacho a gusto. Me la sacudo y continúo al acecho.
Es ridícula la jodida gorra –pienso– ¿no me habrán engañado los de la tienda? En cambio los pantalones me dan un aire tan marcial…
Estaba en estos pensamientos cuando el jefe me llama por el teléfono móvil.
Me va a estropear la caza -pienso y, a regañadientes, salgo del escondrijo. Me dirijo a su despacho. En el largo pasillo que circunda el edificio me encuentro a dos. Uno con patas de bandoneón y el otro con cuello de jirafa. Bang!, bang!
En la puerta del despacho otros tres, una urraca (Garrulus glandarius) y dos cuervos. Bang!, bang!, bang!
¡Al fin y al cabo, no va a estar tan mal este safari, es mejor salir a los pasillos que quedarse quieto tras el arbusto plastificado!
Entro –bastante contento, todo hay que decirlo– en el despacho y el jefe no está. Así que me siento en su silla. No sé por qué extraña razón se ha comprado un camuflaje como el mío y ha puesto un cartel igualito que yo… ¡Leches!

Libido (1 de 69)

relato

Esta mañana he visto como un sabueso perseguía a una mujer infiel. Es fiesta y ha llovido. Yo he mirado al sabueso y con la mirada le he transmitido que adivino lo que hace siguiendo a esa mujer. Se ha sonrojado. Evidentemente le ha llegado el mensaje subliminal e inconscientemente ha cambiado de dirección. No sabe disimular o no ha sabido hacerlo conmigo: mis pensamientos estaban desnudando sus intenciones. También la mujer ha vuelto la cabeza y me ha sonreído aliviada. Su libido, al fin liberada, ha salido corriendo en brazos de su amante para hacer juntos un 69. Ya no hay remordimientos de conciencia, ya no hay sabuesos –sólo uno de 69– y mi amante ha llegado. Puntual a su cita.

CARLOS GAYOL (OFF)

relato

Ahora la recordaba. Encerrada durante meses. No pudo resistir las influencias de aquellos opresivos dolores. Su enfermedad la iba matando con la lentitud de un sádico torturador. Y mientras, él, ajeno a todo. Engañado. Era niño, sí, pero no tenían ningún derecho a apartarlo de ella de aquella forma. Ahora está muerta. Ninguna pasión la hará volver de su tumba. Estos pensamientos se volvían insoportables en su mente. Recordaba los ecos de una guerra civil que no llegó al pueblo. En otros campos de batalla que no eran los infantiles. Llegaban también en los sueños, formando parte de un inconsciente que no era suyo, que no podía ser suyo, pero vívidos y azorados en su pecho, perseguido por una guerra que no había vivido, oída una y mil veces en las narraciones de los mayores, pregonando su horror real, contada como un cuento, como una pesadilla, más real que la propia realidad que le abrazaba en ese instante. Sentida a través de un antepasado, de un abuelo quizás, de un tío que estuvo allí y no volvió, y que, sin embargo enviaba en sus cartas el olor de la sangre, de la metralla, de las batallas en el barro y la sangre, la sangre, la sangre… […]