¡Buen muro Viva Me recuerda a Twitter sólo…

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¡Buen muro Viva! Me recuerda a Twitter, sólo que este es de más nivel. Agradecida por permitirme jugar con la palabra [aquí]

Lo que esta gente hizo lo hizo porque…

relato

Lo que esta gente hizo, lo hizo porque era capaz de escribirlo. ¿Qué somos capaces de escribir nosotros hoy? ¿Microrrelatos chorras? Pues, microrrelato chorra es nuestra vida. Hacer, implica primero, pensar; y, si te lo piensas, pues, al pensarlo debería uno poder escribirlo a continuación. ¿O no? Yo digo que estamos perdidos, pandemonia. No es que en estos tiempos no haya personas buenas, lo que casi no existe son individuos capaces de estructurar su discurso de tal modo que presente ideas ejecutables. ¿Has visto cuando un programa de ordenador es chorra y falla y el ordenador se cuelga? Pues el mundo material es también como un ordenador que se programa con la palabra. No se puede poner a cualquiera a programar porque te sale el error404 a cada rato. Y permíteme que me vaya un pelín de la rima, pero los griegos diseñaron la Democracia, mas, primero, fueron torneando un lenguaje que viene a ser el paradigma del «lenguaje tal y como lo conocemos». Los asuntos eran discutidos entre ciudadanos que no solo sabían «blablar» sino «expresar ideas propias y ejecutables». La clase de acciones que añoras proviene de la clase de discurso que reproduces en tu post; no así a la inversa. Prácticamente no existen hoy día ciudadanos con estas capacidades cognitivas y, por tanto, no existen acciones como las que deberían desprenderse de ello en consecuencia. Las razones para el intelecto esponja actual son múltiples y darían para largo. De investigar tal fenómeno, la obra sería casi una cartografía intelectual de los últimos casi 60 años. Yo también lo lamento tantísimo… pandemonia. Y lo que es más triste, yo no esperaría milagros.

<– O,O

Hoy He dejado de amarte he tomado de…

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Hoy… He dejado de amarte, he tomado de nuevo mi camino y no caminaré de tu mano ni a tu lado. Hoy volverán mis días normales, Quedarán atrás los de dolor y tristeza Que solo eran míos. Hoy no me aferraré a tu recuerdo Y no veré mi vida a través de tus ojos, Ni escucharé tu voz ni tus olvidos. Hoy no veré más tus palabras Y no oiré lo que dicen tus ojos, Voy a olvidar mis sueños que pensé eran nuestros. Hoy no soñaré despierto contigo Ni viviré contigo en sueños, hoy dormiré Sólo aunque nunca te tuve conmigo. Hoy al despertar no invocaré tu nombre con mis suspiros Ni pretenderé que los tuyos son míos. Hoy, después de tanto esperar No tengo más que hacerlo He comprendido que nunca a mi llegarás. Hoy… He dejado de amarte Y no es porque ya no te ame, Hoy al fin vuelo sin ti. Hoy dejare de llorar por ti. Con mis lamentos. Ya no te mirare, simplemente. Ya no existes para mi. eh comprendido que estoy muerto en vida, si tu me odias no te culpare por hacerlo.. sin embargo, ten presente … que con cada briza te besare

Mañana me gustaría poder comer algo Si me…

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Mañana me gustaría poder comer algo. Si me dieran a elegir, ese algo sería «milanesas con patatas fritas y huevos fritos, y de postre cheesecake, acompañados por una buena Coca-Cola que, a mi humilde juicio, es mucho más rica que la Pepsi»; sin embargo me conformo con llevarme algo a la boca. De todos modos, como en la vida no todo es dinero, también ayudaría tantísimo, si llovieran cartas al Departamento de Marketing de la Coca-Cola, diciéndoles «conozco a un escritor que me encanta y al que, creo, pronto alguna grande le publicará. Ese escritor va siempre de frente y con la verdad y sabe de qué habla; él ha dicho: “Coca-Cola es, a mi juicio, mucho más rica que la Pepsi“. Que si no os interesaría hacer de sponsor y obtener el link que ahora lleva a ningún sitio». Así, te digo, puedes hacerlo con cualquiera de las palabras que ya han sido escritas. Igual resulta ser que ellos acaban pagando por «publiciverdad» y, quién sabe, igual comienza aquí una manera nueva de ofrecer Publicidad, una que sirve para que personas apasionadas hagan realidad un sueño.

LOS HOMBRES ATRAPADOS POR SUS HUCHAS

poesía

Aquí, esta idea de beso que jamás resucita en mi boca,
mientras cae la ceniza del cerebro consumido en la quemada de
mis labios,
por el beso que llevo dentro goteando sus dudas como alcohólicas
de esta vida,
que dicen dejarla y una y otra y una y otra vez vuelven
reptando a probarla.

Cada una de mis palabras resuena sin vida,
como mis tacones por la calle vacía.

Poema de Sergio Algora (el niño gusano)

FONTFRANCH

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Como negándose a asimilar la revelación sagrada que acababa yo de pronunciar, mirome con sus ojos tan azules como asépticos y musitó unas extrañas palabras en una jerigonza indescifrable. Los ojos de la congregación de heresiarcas presente se fijaron en él, en mí, en ambos, como si siguieran con fervor una partida de pingpong entre dos fantasmas venidos a menos.
Dejó a medias su ración de ubres de cabra rellenas de callos de cordero, levantose de la mesa, fue hacia la puerta y girando aquellos pomos con forma sugerente de seno, se fue dando un portazo; mientras, yo permanecia callado, estoico, frente a las miradas de los congregados.

Chrétien de Troyes

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Un asesino psicópata deja su macabro rastro de sangre firmando sus atrocidades con palabras extraídas de un antiguo diccionario de símbolos. La sensual e inteligente detective Lolita Levine debe encontrar al asesino antes de que este llegue a consumar su obra final. Lolita, desbordada por la inmensa cantidad de información del caso, decide organizar sus notas sistemáticamente con un SExPol, un Sistema Experto Policial basado en inteligencia artificial de última generación. Burlando la Seguridad Mundial, Isaac consigue hacerse con la clave.

Wiki

relato

Quería evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirigí a la TommeO.Tal como le había dicho a NoNakis, prosiguió mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le habían mantenido hasta ese momento.Durante esos diez años no sólo se desarrolló la nueva construcción del templo…—¿Verdad que KaeM era muy chistoso?, comentó emocionada MaoTe.—De un tiempo a esta parte, por todo el QaicmU han aparecido toda clase de GummivuT. Es realmente desagradable.Por la negra ventana se veía a Sigou abrazada a un JupcsI.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de TumiT que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera VoissE y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Me quiere como ella, libre de las cargas que la ataban a todos los convencionalismo al uso. Es así como comenzamos las construcción del MecisopVu.Reina guerrera casi inmortal, de belleza perenne y con la capacidad de hacerse entender en cualquier idioma aunque no lo domine.Por encima de toda apariencia, era necesario descubrir el camino de regreso, la puesta de sol se acercaba y nadie pensaba en otra cosa que no fuera volver, antes del trágico desenlace. Era imprescindible abrir nuevas puertas lógicas con la esperanza de dar, aunque sólo fuera por casualidad, con la salida.Un templo con suelo de baldosas rojas y negras y UnTrono entre la ColumnaJakin, columna azul que representa a una hembra joven desnuda y bella, y la ColumnaBohaz, columna roja que representa a una mujer vieja y zarrapastrosa que mira envidiosamente a la joven. Entre ambas hay UnaPuerta. HEH, el gran sacerdote, gordo y seboso, aparece sentado en su trono comiendo todo tipo de viandas de UnaCesta. El cetro termina en una triple cruz de metales y piedras preciosos, cuyos extremos redondeados dan lugar a ElSeptenario. Aparecen también dos fieles arrodillados, uno DeRojo, que levanta su mano con ira exigente como pidiendo favores, y otro DeNegro, que deja caer perezosamente su mano como pidiendo perdón. Música religiosa de órgano.Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.Un desierto de piedras y arena, cerca hay Un Precipicio y Un Obelisco derribado. Hay Un Cocodrilo y un Lince Blanco que muerde a Tau Mat Urge, el loco del desierto. Silencio, estatismo, leve zumbido de una mosca. Zumbido progresivamente más intenso de algunas moscas hasta convertirse en un fuerte zumbido de muchas moscas.Un santuario con suelo de baldosas blancas y negras. Hay un trono entre dos cariátides, La Jakin, roja y La Bohaz, azul, unidas por el velo que cierra la entrada o La Salida del templo. Rezos, cantos, sombras y luces. BETH, la gran sacerdotisa con Una Corona, se apoya sentada sobre La Esfinge de las interrogaciones cósmicas, tiene Un Libro entreabierto en la mano derecha y unas llaves en la izquierda, Una Dorada y Otra Plateada.—Alguien había hablado de ”beinzin”, pero ¿cómo se pronunciaba correctamente aquel nombre extraño en el idioma IrqEpUm?Las trampas estaban colocadas con extremada maldad, ocultas tras aquella maleza indómita y la dificultad se acrecentaba a medida que el cansancio hacía mella en nuestras energías.Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?Entablé un discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa. Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunte de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.Era una estupidez y, a pesar de todo, su empecinamiento la condujo a aquel extraño edificio de palabras. Era quizás el recogimiento, que propiciaba la tormenta o aquel ambiente cargado de electricidad, pero nada era reprobable en su conducta ahora que estaba allí.—Qué coño de limbo, joder!—Venid a mi InfiernO…No me abandonaría, como lo hago ahora. Podría jugar hasta el agotamiento. Decir y no decir es lo mismo. Entrar en la caverna prohibida con paso marcial y quedar tendida sobre el suelo, una vez acabado el negocio, sin dejarse alcanzar por el infundio tiñoso. Descubrir los infinitos mundos que aún no han sido inventados, manosearlos recién estrenados y guardarlos en el tarro del paraíso para fermento de los irrefrenables instintos. El viaje es la única forma de renacimiento posible. Contemplar el paisaje mientras pasa a tu lado raudo y resignado; y dejarse llevar por el cicerone del viento, mientras saboreas el tintorro de la tarde. Saludar al galgo que se cruza en tu camino y que vuelve preocupado por tu soledad elegida a que le acaricies el cuello de nuevo. Con su olfato pregunta a tus piernas porque andas vagando a aquellas horas por parajes solitarios y tristes, mientras la lluvia amenaza con espantar tu huida, reclamando con un perezoso permiso si puede acompañarte.Era generosa
como una garza japonesa. Con displicencia se contoneó con gesto canalla. Abrió el cerillero y encendió su cigarrillo rubio. La arboleda no quedaba lejos; hacía una tarde espléndida de mayo y azuzó a sus lebreles para que corriesen hacia el río.NoDete estaba alejado de la ciudad. Pero aquel alacrán se interpuso en su camino y aún le obligó a alejarse más del camino.—Alambra, cable, hilo, filamento… hay que encenagarse como un cerdo—Vaya idioma!—Eh! hay alguien ahí?—Esto es más raro que un perro verde—Vaya toalla!

Delirios y 53 céntimos

relato

Me faltan palabras, pensamientos y sentimientos. Pienso en qué pensar… pero nada sale. Es como si me hubieran robado algo dentro de mí, tengo un pequeñito hueco que no sé cómo llenar, pues no sé que había antes ahí.
Ya no sé que sentir… perdida en hilos de ilusiones que bordan una triste historia. Una historia que acabó antes de empezar.
Y extraño cosas que no fueron mías, cómo es eso posible. Y a pesar de todo sigo aquí, aún. Y se escapó como agua entre mis dedos, como mariposas al viento.
Tirado en un rincón yace el saco que guardaba las cosas que me hacían sonreír, pero ahora ya nada queda en él.
El tio del tiempo dijo que llovería, pero yo no veo ninguna nube, será, quizás, que me las tragué. Pues dentro de mí si siento llover. Tres gotas calan mis entrañas, una por ti, otra por mí y otra por nosotros.
Y lo peor de todo es que esta Bella Durmiente despertó, pero lo que encontró no era ni su príncipe azul ni su cuento de hadas. Y me quedé sola, como si la luna se buscase ella misma por el cielo. Y en silencio recuerdo notas de melodías cantadas.
Golondrinas juegan en la eternidad, nubes bucean en un mar de nada, en un mar de nadie.
Y clavo alfileres en mi oso de peluche. Y pinto medias lunas con esmalte morado. Y al mirar lo que escribo me doy cuenta de que no son más que delirios, de que en la estantería acumulo 53 céntimos y de que… de que… a qué venía todo esto?

NEFASTISSIMUS

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Por esta isla azul, donde casi todo es mar, cielo y arena –sólo un montón de palabras– no pasa nadie. Advierto que esta robinsoniana isla es sólo para mí: sobre sus palabras vivo para no zozobrar en el océano que me rodea. Pero si, por ventura, algún navegante se acerca a sus costas espero con impaciencia que deje al menos su mensaje en la botella. La he dejado ahí no para enviar mis mensajes de socorro en ella sino para que, los que casualmente recalen por aquí, dejen la huella de su paso: un grano de arena más para esta exigua y artificial isla de arenas, de palabras… sólo imprescindibles para sustentarme a mí mismo: mi trozo de escritorio, mi desk-trozo.

HAY DÍAS

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Hay días en que las nubes pasan,
sin dibujar palabra.

Y sin sentido vuelan.

Son casi todo el tiempo
el incomprensible lenguaje de los dioses.

La humareda perdida
de un ángel caído.

El alado algodón de un in-fante.

Desde esta torre de marfil las contemplo
con el estúpido rostro de los necios.

Tumbacuartillos y Calamocanos 1

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[Nota: léase con acento italiano]
A doscientos metros de la cotelpiteca vi un conejo amarillo dispuesto a saltar por encima de los castañeros. A poco se estrella con Abradobro el Pócimas que, agarrándolo por los pelos, no pudo mantener el equilibrio y fue a dar con los huesos sobre el asador de castañas. A punto estuvo de asarse junto con el conejo, sin embargo, fue recogido por los castañeros como si de un pelele se tratase. Parecían en esta situación una representación de títeres con efectos especiales de humo y hollín, polvo y cacerolas. Tras el intento vino una pelea con Urcos que fracasó estrepitosamente. Abradobro cobró fuerzas. Era asombroso como Lombroso gateando en su cerebro de mosquito se lo midió como a un criminal. Si no llega a ser por el felino de Manuel el Gato, que también intervino para amargura de su querida esposa gata. La gata consorte estaba ciega esa noche y no pudo levantar su barriga de la mesa cuando se le estrelló una lata de dos kilos de tomate pelado de Saeprasa encima de la cocorota. Para colmo de las desdichas el tabernero Conderoti, que estaba auscultando un tonel de vino recién traído de Calabria, a punto estuvo de tragárselo de un solo sorbo él solito al tratar de evitar la caída de la lata sobre su hombro. El tabernero Conde dijo amargamente, con la teatralidad que caracteriza a los calabreses:

—!Mamma mía, qu’estropichio!

Y de repente todo el mundo quedó completamente quieto y en silencio, contemplando al tabernero con la sogalina en la mano y el auscultador en la oreja, como si hubiese pronunciado la palabras mágicas que detienen una caja de música completamente loca.
El puerto a estas alturas más parecía un volcán que un geiser y sólo cuando sonó la sirena de “Il Vicoratto” empezó de nuevo el rítmico bullicio habitual de sus habitantes.

THE AHASVERO SECRET WORDS

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56 A.C.

Nace -algo maldito ya- en Galilea, donde sus padres -emigrantes egipcios- le abandonan tempranamente.

56-45 A.C.

Es educado en el noble oficio de zapatero por el gremio de zapateros judíos que lo encontró abandonado.

33 D.C.

Insultó a Jesús durante la crucifixión, por lo que este lo condenó a “errar hasta su retorno”.

“Un zapatero judío llamado Ashaverus tenía un pequeño comercio cerca del sitio donde pasó Jesús con la cruz a cuestas. Le negó a Jesús que descansara un momento y le golpeó con una herramienta, al tiempo que le decía: «¡Camina!». Jesús entonces le maldijo: «Yo ahora voy a descansar, pero tú vas a caminar hasta que yo vuelva». Desde entonces aquel judio comenzó a recorrer la Tierra y sus pies cansados jamás pudieron detenerse, porque las palabras de Jesús lo impulsan a caminar hasta el día del Juicio Final, en que será enviado al infierno eterno.

Dicen unos.

Un judío llamado Cortafilo era el portero de Pilatos. Durante el juicio, cuando sacaron al Mesías de la presencia del gobernador romano, Cortafilo le clavó un puñal en la espalda, gritándole «¡Camina!». Jesús le respondió: «El Hijo del hombre se va, pero tú esperarás a que Él vuelva».

Después Cortafilo se convirtió al cristianismo y fue bautizado por Ananías, recibiendo el nombre de José; pero debido a la maldición continúa su peregrinación por el mundo.

El judío errante sólo lleva cinco monedas de cobre, hay incluso quien afirma que lo ha visto en cualquier parte del mundo. Un autor de la Edad Media estableció que cada cien años el maldito sufre una terrible enfermedad de la que se recupera pues no puede morir sino hasta que regrese Jesús.

Dicen otros.

Durante muchos años, D.C.

Por ejemplo, fue visto en Hamburgo en 1547; en España en 1575; en Viena en 1599; en Lubeck en 1601 y 1603; en Praga en 1602; Baviera en 1604; en Bruselas en 1640 y 1774; en Leipzig en 1642; en Paris en 1644; en Stamford en 1658; en Astrakán en 1672; en Munich en 1721; en Altbach en 1766 y Newcastle en 1790. La última aparición mencionada parece haber sido en los Estados Unidos en el año 1868, visitando al mormón llamado O’Grady. Posiblemente, este último era un impostor que se hacía pasar por el Judío Errante.

Actualidad.

Vive castigado por su atrevimiento a errar por la tierra hasta la segunda venida de Jesús.

Tocar con las propias manos

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Estáis ahí: doctores, brazos, ramos de flores, palabras, olvidos, trapos… sin fallecer, aunque a veces tengáis el hambre canina de unos dioses de barrio y no podáis decirle a mi madre que no me resigno, que yo me levanto. Estáis ahí, a finales de mayo y estaréis ahí todos mientras llueva. Pero no basta, hay que andar con los propios pies y tocar con las propias manos.

Desde el centro de lo lejos

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En este lugar sin nombre, donde sólo corre el viento, en este solar sin adjetivos, olvido de las lluvias estación a estación, la tierra más amante de lo pleno, contemplada desde su inmenso centro, es cabal desdicha de la distancia.
Aliento tras aliento veo perecer sus huesos a la sombra, sin pronunciar palabra, resecada la boca, como un cadáver ya verdadero.
Y aún quiere amar la vida. Tal vez mañana soñará himeneos de estrellas, pero él está en el centro, en el mismísimo centro de lo lejos.

Con pluma tachadora

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Y soy un hombre con una pluma tachadora,
fea, mal use, abusada, extrañia, solfeada:
la destrucción de la palabra.

Déjamemorir,
laissemoi toujours,
terejetado en los albahales
en las tenebrías,
quod eramus,
sucumbido en los pajares,
absorto en las celeplinas.

Mésate marrano,
tersiversate zronco,
mientras petaca se bodega en ficeja.

Apucheame, apuchéale, afucheales.

Extroibo ex altare dei
regem unquam pasileus,
mañana, hoc die, tomorrow.

et xum uma cara omfra
con pluma infernal
y apatridamente tachadora,
nada melicosa.
Exit.
Vale.

Este hombre

relato

Los comienzos son siempre difíciles; la distancia siempre es demasiado larga y los hombres, siempre, siempre, demasiado humanos. Y qué cerradas andan las bocas de estos hoy, mañana. Sin nada que decirse. Este hombre ha llegado a su abismo, a nuestra Italia (ya lo sabes) y al silencio de los hombres -cien veces mil más terrible que el silencio de Dios- a un mismo tiempo. Y este hombre, que se ha quedado mudo de palabras y de hechos, empieza a hablar con labios trémulos en otros labios, quizás posibles. Y este hombre encuentra silenciosas las mil por mil palabras de sus hermanos hombres, y este hombre está callado aunque los hombres hablan, hablan, hablan, mudos. Y qué cerradas andan las bocas de éstos hoy, mañana, sin nada que decirse. Amargo, dulce, jeroglífico, este hombre, digo, de igual manera, ha llegado a su abismo.

Los ríos hablan

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Los juncos tapen mi cuerpo,
mis pies, mi cara,
que nadie vigile
que escucho en silencio el agua
de los ríos que me hablan.

El sonido de las piedras,
al rozarse con el agua,
son besos de tarde y luna,
y besos de madrugada.

Un día me dijo alguien
que los ríos nunca hablan,
que sólo siguen su curso
y sin palabras escapan.

Qué triste pasé aquel día
al escuchar sus palabras,
me fui corriendo hacia el río
para que él me explicara
por qué yo le oigo tan claro
y otros no le oyen nada.

Raquel Ilonbe – Guinea Ecuatorial

vía revueltaverde

PFNHDM 12.UN PROBLEMA MENOS, UN MILLÓN MÁS

relato

La acera estaba vacía. Seguí caminando hasta la siguiente manzana. Los primeros copos de nieve empezaban a caer. El viento los arremolinaba aleatoriamente. Las ramas de los árboles me saludaban caprichosas también. ¿Me encontraba en una bola de cristal? Tenía la sensación de encontrarme dentro de una de esas infantiles bolas de navidad con renos y Papá Noel. Rodeado de copos de nieve. Mi estúpida sonrisa salió de nuevo imaginándome como un papá noel repartiendo regalos. Incluso pensé en subir por la chimenea y dejarme deslizar para dejar mi regalo en los calcetines colgados. Lástima que no hubiera aprendido a volar.
Todo aquel asunto había sido realmente sucio. Y sólo el cielo era limpio ahora. Respiré. Había cumplido su palabra. Estaba allí.

¿Ni siquiera me había movido de mi habitación? ¿Todo había ocurrido en mi cabeza? ¿Sería la falta de acción? ¿La necesidad de inventarme una vida distinta a la que realmente estaba llevando? ¿La necesidad de fabulación y confabulación con el mundo que no me pertenecía? No se. Pero ahora me alegro de que todo sea un sueño. Una pesadilla que se acaba.

Lo que no acabo de comprender es qué hace este millón aquí… Y… ¿Qué importa? Suena I Am A Foul For You. La copa de güisqui está fría y Aretha canta como los ángeles. ¿Qué más puedo pedir? Una cosa sí, una única cosa: Por favor, no hables más de mí.
elegancia del pavo

Palabras de fango

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Abrazaré a los sagrados y pálidos andantes,
que en sombrías y débiles corduras de borrachos
y en espantables o líricos libracos han creído,
desdichados, a los que voto por su arte,
que fueron elegidos, por la crueldad del hambre,
nuevos esclavos de amantes encantadas
con lodo amargo, secreto y conmovido
por fabulosas e ignorantes costumbres
a las que otros volverán dramas insípidos,
sin esas embrujadas vistas de embriaguez,
ni el catecismo abandonado de palabras
que embrutecidas marcharon a su albergue,
mientras inmundas y solícitas piden ahora
perífrasis de dolor precipitado en fango.

PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL

relato

monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
tienda
Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

ALFONSO TIPODURO

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Sonaba una de esas canciones de los setenta pretendidamente eróticas en las que únicamente se oyen suspiros y un órgano eléctrico de fondo…
–Hola, guapo.
–Hola, busco a Mauricio.
–Yo no conozco a ningún Mauricio, chato -dice una.
–Además, te has confundido de sitio, aquí no hay chaperos, no ves que somos todas chatis de gordos melones -dice otra enseñando los suyos.
–Para machos -dice otra vez la primera.
–Si te gustan los tíos este no es tu sitio, maricón -dice una tercera.
–Es…, bueno, era boxeador -digo.
–¿Boxeador? Vaya con el mosca muerta, le gustan los boxeadores -dice una.
–Ah, ¿No será Mauro el essayeur? -dice otra.
–¿Essayeur? -digo.
–Es verdad, antes era boxeador -dicen a coro dos de ellas.
En ese instante sale de una de las puertas mi antiguo amigo Mauricio. El no necesitaba anunciarse más. Ahora era uno de aquellos hombres alquilados por el burdel para ser muy atrevidos con las prostitutas, de manera que los clientes tímidos siguieran su ejemplo. Lo que llamaban un “essayeur”. Nos abrazamos.
–Eh, tíos, aquí no, por favor, esta es una casa decente -dice la de los melones.
–Va, calla ya, Lucy, es un viejo amigo, no un novio.

Después del “que tiempos aquellos” y todo eso le conté la historia. Había que hacerlo. No quedaba más remedio. De todas formas aún no tenía tomada la decisión. No había nombres, ni muertos, ni nada. Y, joder, había sido mi mejor amigo en tiempos difíciles para los dos.

Me dio las instrucciones. Sonaba un poco pedante pero contundente. No debía renunciar a mis sueños. Aunque nunca se cumpliesen, alimentaban mi vida. Todo lo contrario. Que un sueño se cumpliese lo convertía inmediatamente en una bazofia. Era mejor así. Los sueños cumplían su función. Era la acuciante realidad la que no me dejaba en paz.

–Un baño caliente. ¿Aquí? No, mejor lo dejo para otro momento, pero te tomo la palabra, ¿vale?

Enmarañado pulso

poesía

Enmarañado pulso, sube, baja
ante el distinto pecho globular.
Pesar. Un cementerio duda y duda
contra las cuerdas.

Por hoy estamos hasta todas las hastas,
y desde tiempo somos los hijos pródigos del mar
en este impune diluvio de tristezas.

Cuando los párpados nos cuelgan vaginalmente
y ríen unos dientes melifluos.

Se comprenden inquietas palabras abrasivas.

Sobre el dolor del dolor copulativo
cuánto cabe aún diluviar la risa, el jadear.

Pero en tu seno
derogado el hastío será, en tu seno,
ante el sueño anhelante de la noche.

CONDENADO

greguería

Sí, cualquiera podía callarme. Bastaba un tímido chisporroteo al saludar y algo me atenazaba, ya no reía. Como si contemplara vergeles de cadáveres en una luna de plata. Pero ahora grito y es distinto. Arrastro mi voz, acaso reencontrada, desde esta playa… por todo el continente, como haré cuando, de cerca, me ofrezca sus rezagadas odas, esos juegos de palabras en los que antes pedía socorro con deletéreos estertores…

NANA A LA ALEGRÍA

poesía

Me reencuentro con la alegría a través de poemas de un metal con nombre de carpintero. Elevo el brazo con la mano izquierda abierta, quiero que la media luna de hoy se llene con las palabras de los que ya no están a mi lado, que se llene con la fortuna y la dicha escondidas en esos versos secretos que recito en soledad de madrugada en un lugar perdido de mi infancia, una infancia no tan lejana gracias a la imaginación y la escritura. Volvería al lugar donde creció mi corazón, aunque un impedimento de calambres quiso entonces mostrarme que todo estaba ocupado, que no había más que buscar, que no había más que cuidar, sino dejarse llevar por el rumor de aguas cristalinas de un río que se iba secando poco a poco hasta que del cauce no quedó más que un lastimoso recuerdo y la pena, la pena de lo buscado, encontrado y perdido. Por eso hoy quiero cantarle una nana a la alegría, para que duerma a mi lado esta noche que se avecina y me recuerde que yo ya he triunfado en esta vida, que hubo un tiempo en que todo lo que me rodeaba se pintaba de colores vivos, un tiempo en que no existía el pensamiento de la palabra alegría pues estaba inmensamente inmerso en ella, disfrutando alegremente como el río de su caudal y el reflejo de la luna llena, el único momento que encuentro hoy para estar junto a ti sin estar contigo, río de fuerte caudal alejado, luna llena yo de sentimientos, de deseos esquivos pero controlados, aunque haya instantes sucesivos que amontonen en mi mente anhelos de furia y descontrol, de sufrir por la corriente de otros ríos, de otras fuentes, de otros manantiales, de otros nombres que me hagan olvidar la idea que genera la palabra alegría.

AMUITZ

greguería

VIAJE A LA PALABRA

Desde las oscuras profundidades marinas
surge, entre algas y bacterias, mi vida
que, sigilosamente, en un lento ascenso
arriba hasta los rayos intermitentes,
destellos súbitos y fulgurantes
de ámbito supremo.

Cuerpo que deslizo armonioso
entre aguas transparentes,
donde colores, entornos, calores
se funden en amalgama albiazul.
Así, cual pez abisal que cambia
aletas por patas, en perezoso paseo
asomo a las rocas y arenas,
tierra, aire, sol,
dificultades que son retos,
y busco nuevos manjares
desconocidos en mi vida pasada,
encuentro universos
–hostiles y paradisíacos–
que me acogen en mi rumbo
azaroso e incierto.

Me recojo, rehuyo del ser que soy sin serlo, retorno
y muto sin variar la esencia del abismo,
de la corriente que me arrastró y me izó,
del cambio superficial y de la evolución discontinua.
Rehago mi cuerpo, mi vida, estiro vértebras y osamenta,
pienso y siento –qué placer pensar y sentir–
y reconozco tu mundo, desde el que contemplas
las olas del mar cuya profundidad me creó, y por fin,
encuentro el modo de llegar a ti: la palabra.
Ahora soy súbdito de tu reino.

ARTEVIRGO

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LOS CÓDIGOS DESATADOS

Cada mañana prodigo
planes certeros, estrategias solemnes.
Cada mañana un rito, un respirar ancho
que me devuelva la llave,
que someta los signos. Un pozo cavado,
un laberinto, un bastón… Ninguno
me basta si me acosa la palabra,
si, imprudente, desato los códigos
del tiempo.

Maldigo los bordes y las cercas.
Escupo a los guardianes de la sangre.
Seiscientas sesenta y seis veces
seiscientas sesenta y seis
quede su afán derrotado, cada mañana.
Ni parapetados en cifras
me esconderán de nuevo.

Modernidad

relato

Realmente se trata de una enfermedad no reconocida. No del cuerpo (hardware) sino del espíritu (). Se trata de un auténtico virus del material blando de los occidentales. Se trata de su videocentrismo, algo que, como judío errante que ha visto casi todo, no contemplaba desde la Edad Media. Una especie de analfabetismo, oscurantismo, falta de racionalidad, de logos, de lenguaje, de palabra… que les impide enfrentarse a un largo texto literario sea o no de ficción. El hombre occidental necesita que le alimenten con videos, imágenes, televisión, fotos, carteles, cómics y, como no, de publicidad -esa basura mental que degrada todo lo que toca, especialmente las pizarras limpias de las mentes infantiles.

Arco Iris

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En una anotación marginal escribía “Arca, Puente, Ares”. Investigué su significado. ¿Qué relación tenían aquellas tres palabras con el arco iris? Pero un día por fin lo encontré: eran las tres rubias rellenitas de las que tanto se hablaba en la Ballesta, mientras cabalgaban en el “Arco Iris”, aquel antro de depravación tan del gusto de los ancianitos.

SILVIO RODRÍGUEZ (TE DOY UNA CANCIÓN)

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Cómo gasto papeles recordándote.Cómo me haces hablar en el silencio.Y cómo no te me quitas de las ganas aunque nadie me vea nunca contigo.Y cómo pasa el tiempo,que de pronto son años sin pasar tú por mí. Detenida, te doy una canción si abro una puerta y de las sombras sales tú. Te doy una canción de madrugada cuando más quiero tu luz. Te doy una canción cuando apareces, el misterio del amor.Y si no lo apareces no me importa, yo te doy una canción. Si miro un poco afuera me detengo, la ciudad se derrumba y yo cantando.La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga. Creen que lo digo todo, que me juego la vida porque no te conocen ni te sienten.Te doy una canción y hago un discurso sobre mi derecho a hablar. Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar .Te doy una canción y digo “Patria” y sigo hablando para ti. Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla…como doy el amor.

Geografía elemental

relato

Sccieto Borgia presenció los tumultos de RPC e inmediatamente cogió un aleatorium para el aeropuerto.

Nueva Geografía Elemental en 27 lecciones: Sajalín, Sikok, Kiu-Siu y otras 24 más…

Las palabras que era preciso pronunciar: Nec valet dicere, quod…

-Toma estas monedas de oro y déjate conducir adonde yo te lleve y haz lo que yo te diga…

Respecto de las convenciones, nos declaramos darwinistas. Si un nombre es capaz de sobrevivir en esta jungla convenimos en que se ajusta a la convenciones. Allá tu.

La política de la República se basa en la construcción de la libertad, la igualdad y la fraternidad entre todos y para todos los ciudadanos. Cualquier intento de subversión y vandalismo de estos valores será castigado con el destierro, ya sea temporal o definitivo, mediante votación popular.

Le jour de gloire est arrivé!

¡Qué la libertad, la igualdad y la fraternidad sean tus Políticas y guías!

El mundo es imcompleto, imperfecto, inacabado, inquieto, aleatorio … para qué sufrir con sus Políticos y guías, dejemos que la alegre anarquía reine en nuestros serios despachos, catedrales, palacios, torres del capital y el poder se diluya en todas las manos.

DUERMEN BAJO LAS AGUAS

greguería

“Allá en el fondo, todas las palabras que dijimos y de las cuales ya no guardamos recuerdo, duermen bajo las aguas. Duermen aquellas que no supimos decir y esperan su turno para salir a flote. Las cartas que hemos roto, las no recibidas y las veces que hemos dicho adiós. La pena que sentimos y que ahora, al recordarla, nos parece pequeña. La risa o el llanto que no llegó a brotar. La amistad que buscamos en el momento difícil y que resultó ser más débil que nosotros, más falta de ayuda. La persona a quien quisimos consolar y terminó sirviéndonos de consuelo. Todo duerme allí, en ese fondo…”
( Carmen de Rafel Marés, 1955 )

CARMEN DE RAFEL MARÉS

greguería

Allá en el fondo, todas las palabras que dijimos y de las cuales ya no guardamos recuerdo, DUERMEN BAJO LAS AGUAS. Duermen aquellas que no supimos decir y esperan su turno para salir a flote. Las cartas que hemos roto, las no recibidas y las veces que hemos dicho adiós. La pena que sentimos y que ahora, al recordarla, nos parece pequeña. La risa o el llanto que no llegó a brotar. La amistad que buscamos en el momento difícil y que resultó ser más débil que nosotros, más falta de ayuda. La persona a quien quisimos consolar y terminó sirviéndonos de consuelo. Todo duerme allí, en ese fondo…

MEMORABLE

relato

Estaba pensando en eso. Un día te das cuenta que has agotado tu vida sentimental -por llamarle de una forma suave. Recuerdas aquel día, que quizás fue el clímax de tus relaciones amorosas, en que mantuviste cinco coitos con tres amantes diferentes -el segundo de ellos fue, sin duda, el más agraciado, con tres polvos en una sesión inolvidable de virilidad inusitada. Y te das cuenta que ahora ya no volverán esos días jamás. Que se te ha acabado el tiempo, la energía y -claro está- las oportunidades. Has perdido tu último tren y ya no hay más amantes antes de tu final. Pasan de largo a tu lado. Realmente están como trenes y pasan como trenes, pero tu no vas a entrar en ninguno, porque la última vez que entraste en uno era para volver del trabajo.
Al menos queda el recuerdo. Qué día aquel. Yo no creo haber producido nunca más adrenalina -entre otras cosas- que aquella gloriosa jornada de ****** en celo. Mi **** salía y entraba incansable -mañana, tarde y noche- en los ***** de aquellos amantes, dueños de mi ajetreada vida sexual, rellenándolos de ****** crema por su ****** hasta hacerles rebosar de semen desde sus enculadas nalgas hasta sus piernas.
Aquellas abundantes e intensas ******* fueron sin duda mi cenit y el principio de mi decadencia. Tras la cumbre ya sólo cabe el descenso, más o menos precipitado.
Ninguno de ellos sospechó ser uno más aquel día. Se sentían únicos depositarios de mi magmática y láctea ****** y me lo agradecían con sus arrebatados y roncos gritos de placer y sus aullidos de ****** en celo. A todos les di por detrás con toda mi alma lo que tan hirviente e irrefrenable brotaba de mis *******. Fue quizás por esa sobreabundancia con cada uno de ellos, que ninguno se sintió traicionado ni cornudo y, más bien al contrario, hincaban entusiasmados sus -para ellos- imperceptibles astas en la almohada y -arqueando sus excitados vientres- elevaban sus redondos y hermosos ***** hasta al altar de sacrificio. Yo les esperaba, sujetando con firmeza sus caderas, con mi duro y gordo ariete, ejecutando el ritual más salvaje y placentero que jamás hubieran soñado. Los atravesaba una y otra vez haciéndoles correrse repetidas veces mientras gritaban “más, más, más…” Y yo les daba, generosa y prolongadamente, “más, más, más…” jadeando y sudando como un sátiro, como un cerdo asquerosamente feliz de revolcarse en el fango de nuestras lubricidades.
Yo era afortunado entonces. Obscenamente feliz y afortunado, y también ellos. Pero la vida es una única cumbre y muchas fosas. Memorables también.

[Nota: el editor ha suprimido algunas palabras con asteriscos por demasiado obscenas; me es igual. Que la imaginación del lector lo supla con creces y probablemente con mejor fortuna que yo mismo.]

El carácter tipográfico 2

poesía

No me gustan las tachadas y dobles tachadas porque son palabras muertas, asesinadas con uno o dos trallazos por su autor o, peor aún, por otro. Están de cuerpo presente como un cadáver que ha de ser expuesto para que lo lloren pero que, si se dejan demasiado tiempo, huelen a muerto. Mas, en fin, son inevitables como la muerte para renovar la vida con sus cenizas y la poesía con sus hermanas supervivientes.