Etiquetado: números Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

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    Cinco 

    Dime cinco cosas que quieres que te haga…

     
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    La verdad está mucho más cerca de los… 

    La verdad está mucho más cerca de los números que de las palabras.

     
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    Etiquetas: números   

    La voz metabólica nos ha dicho férreamente … 

    La voz metabólica nos ha dicho férreamente: “los números mandan”, y estamos totalmente de acuerdo con ello. Otra cosa es que obedezcamos, toda vez que el régimen de los números manda sólo sobre quienes tienen vocación de números, es así nomás, sólo para quienes de entrada se requisitan con guarismos.

     
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    seis 

    El simbolismo de los números siempre me hizo reír, hasta que el número de asesinatos se ha elevado a 666.

     
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    Septenario 

    –El sendero
    en campo de oro
    no sólo muere
    sino que reverdece.
    Así dijo Zarathustra,
    entre trigales
    heridos de amapolas.

     
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    siete 

    Deshoja el álbum de sus fotos como una margarita-bandoneón.

     
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    Sileno 

    Se vistió con un traje de orgullo. Agitó los Números en su becerro de plata… Ahora salía la templanza y subió a su limusina disgustado.

     
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    Tetractys 

     
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    trece 

     
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    tres 

    —Sí, pero ¿lo evidente es siempre falso?
    —No, lo evidente simplemente no resuelve el caso, mejor dicho, los casos…

     
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    triángulo 

    La forma más simple de nuestras tres dimensiones no es el triángulo, excepto en el triángulo que da forma a tu arquitectura en el bikini.

     
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    Caduceo 

    Claves para al asesino:

    He estado en casa de mi novia -sí claro, también tengo. Estaba nerviosa.

    —La policía me estaba haciendo preguntas raras ¿Es posible que ya estén tras tu pista? -me dijo.
    —Nada más lejos!

    Más pistas para esos imbéciles: Alas, Alegorías, Animales, Axiales, Cadena, el Carro, Disco, Enfrentamiento perfecto, Grutescos, Imagen del mundo, Mercurio, Números, la Rueda de la fortuna, Septenario, Serpiente, Simetría, Vaca

     
    • Goma2 el Permalink

      ???

    • Ahasvero el Permalink

      Yo por las mañanas me llamo Nicanor, como diría Gastón Baquero…

    • Anonimo el Permalink

      Estamos cerca

    • Anónimo el Permalink

      Estamos cerca

    • Anonimo el Permalink

      Un poco culto y enrevesado veo yo a este asesino

    • Anónimo el Permalink

      Un poco culto y enrevesado veo yo a este asesino

    • Anonimo el Permalink

      ¿Eres un psicópata?

    • Anónimo el Permalink

      ¿Eres un psicópata?

    • psico el Permalink

      entre un 3 y 5% de los hombres son sociópatas; mientras que menos del 1% de la población de las mujeres lo son…

    • imitador el Permalink

      la mejor forma de matar es a disgustos, así nadie encuentra el arma asesina

    • Ahasvero el Permalink

      Muy bueno, imitador :)

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    Claves para descubrir al asesino He estado en… 

    Claves para descubrir al asesino:

    He estado en casa de mi novia -sí claro, también tengo. Estaba nerviosa.

    —La policía me estaba haciendo preguntas raras ¿Es posible que ya estén tras tu pista? -me dijo.
    —Nada más lejos!

    Más pistas para esos imbéciles: Alas, Alegorías, Animales, Axiales, Cadena, el Carro, Disco, Enfrentamiento perfecto, Grutescos, Imagen del mundo, Mercurio, Números, la Rueda de la fortuna, Septenario, Serpiente, Simetría, Vaca

     
    • Goma2 el Permalink

      ???

    • Ahasvero el Permalink

      Yo por las mañanas me llamo Nicanor, como diría Gastón Baquero…

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      Estamos cerca

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      Un poco culto y enrevesado veo yo a este asesino

    • Anonimo el Permalink

      ¿Eres un psicópata?

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      entre un 3 y 5% de los hombres son sociópatas; mientras que menos del 1% de la población de las mujeres lo son…

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      la mejor forma de matar es a disgustos, así nadie encuentra el arma asesina

    • Ahasvero el Permalink

      Muy bueno, imitador :)

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    Seis 

    Don Sebastián, bien sabe usted que mi fascinación cabalística por los números procede del Sekmet, no me obligue a contarle el significado oculto del seis. Podría ser temerario.

     
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    El ordenador enlata y desenlata las letras y los números con frenesí electrónico 

     
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    El ordenador enlata y desenlata las letras y… 

    El ordenador enlata y desenlata las letras y los números con frenesí electrónico.

     
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    Almanaque 

    “Son las tablas de astrología, qual es el Almanah perpetuo de Rabí Abraham Zacuti. El padre Guadix dize que manah es lo mesmo que Kalendario. Diego de Urrea dize que en su terminación arábiga es manaquebu, del verbo necabe, que vale dezir o referir lo venidero; y ambos parece dizen una mesma cosa; pero sin duda su rayz es hebrea, del verbo manah, que vale numerare, porque los almanaques o tablas de astrología todas están formadas de números.”

    Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana o Española

     
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    20 de abril 

    Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana o Española:

    Almanaque. “Son las tablas de astrología, qual es el Almanah perpetuo de Rabí Abraham Zacuti. El padre Guadix dize que manah es lo mesmo que Kalendario. Diego de Urrea dize que en su terminación arábiga es manaquebu, del verbo necabe, que vale dezir o referir lo venidero; y ambos parece dizen una mesma cosa; pero sin duda su rayz es hebrea, del verbo manah, que vale numerare, porque los almanaques o tablas de astrología todas están formadas de números.”

     
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    Almanaque “Son las tablas de astrología qual es… 

    Almanaque. “Son las tablas de astrología, qual es el Almanah perpetuo de Rabí Abraham Zacuti. El padre Guadix dize que manah es lo mesmo que Kalendario. Diego de Urrea dize que en su terminación arábiga es manaquebu, del verbo necabe, que vale dezir o referir lo venidero; y ambos parece dizen una mesma cosa; pero sin duda su rayz es hebrea, del verbo manah, que vale numerare, porque los almanaques o tablas de astrología todas están formadas de números.”

    Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana o Española

     
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    Tres 

    Arquitectura, Carro, Diana, Formas, Números, Ojo

    A bird-brain banquet melts bold Mistress Mog
    A daring baron pockets precious Mings
    A piercing wit would sprightliest horses flog
    A wise loaf always knows its humblest crumb
    And lessors’ dates have all too short a sum
    And let you off from your opinions glum
    And loudly sang off-key without a tone
    And played their mountain croquet jungle chess
    And starve the snivelling baby like a dog
    And yet ‘twas he the beggar Fate just flings
    As sleeping-bags the silent landscape pave
    At five precisely out went La Marquise
    Bard I adore your endless monologue
    But I can understand you Brother Gog
    Do bank clerks rule their abacus by thumb?
    Don Pedro from his shirt has washed the fleas
    Emboggled minds may puff and blow and guess
    ‘Ere meanings new to ancient tribes are thrown
    Etruscan words which Greece and Rome engrave
    Filching the lolly country thrift helped save
    For burning bushes never fish forgave
    For tea cucumber sandwiches a scone
    Fried grilled black pudding’s still the world’s best yum
    From playboy Chance the nymph no longer flees
    He bent right down and well what did he seize
    Her native chauffeur waited in the breeze
    He’s gone to London how the echo rings
    His exaltation shocked both youth and crone
    His nasal ecstasy beats best Cologne
    His toga rumpled high above his knees
    How it surprised us pale grey underlings
    In cognac brandy is Bacardi rum?
    In purest cradles tha’s how they behave
    In salads all chew grubs before they’ve wings
    It’s no good rich men crying Heaven Bless
    It’s one of many horrid happenings
    Licks round carved marble chops on snails full-blown
    Lobsters for sale must be our apologue
    Normal one aims to be and share the throne
    Nought can the mouse’s timid nibbling save
    O Parthenon you hold the charger’s strings
    Oh how oh how he hates such pilferings
    Old corned-beef’s rusty armour spreads disease
    Old Galileo’s Pisan offerings
    On fish-slab whale nor seal has never swum
    One gathers rosebuds or grows old alone
    One misses cricket hearth and croaking frog
    One tongue will do to keep the verse agog
    Or grinning like a pale-faced golliwog
    Platonic Greece was not so talentless
    Poor reader smile before your lips go numb
    Poor Yorick comes to bury not address
    Proud death quite il-le-gi-ti-mate-ly stings
    Rejecting ermine to become a knave
    Replies like this the dumbstruck brain may tease
    Signalling gauchos very rarely shave
    Since Elgin left his nostrils in the stone
    Socrates watched his hemlock effervesce
    Soliloquies predict great things old chum
    Staunch pilgrims longest journeys can’t depress
    Such merchandise a melancholy brings
    Suits lisping Spanish tongues for whom say some
    That every verbal shock aims to deprave
    That horde of crooks felt they’d more right to own
    That suede ferments is not at all well known
    The acid tongue with gourmet’s expertise
    The bell tolls fee-less fi-less fo-less fum
    The colonel’s still escutcheoned in undress
    The country lane just thrives on farmyard mess
    The fasting fakir doesn’t smell the less
    The fertile mother changelings drop like kings
    The geneologist with field and fess
    The leaning linguist cameramaniac sings
    The marble tomb gapes wide with jangling keys
    The nicest kids for stickiest toffees crave
    The peasant’s skirts on rainy days she’d tress
    The roundabout eats profits made on swings
    The showman gargles fire and sword with ease
    The Taj Mahal has trinkets spice and gum
    The thumb- and finger-prints of Al Capone
    The Turks said just take anything you please
    The wild horse champs the Parthenon’s top frieze
    They both are right not untamed mutterings
    Though bretzels take the dols from board-room drum
    Th’outrageous Thames a troubled arrow slings
    Through snobbish growing round her hemline zone
    Till firemen come with hose-piped tidal wave
    To break a rule Brittania’s might might waive
    To one sweet hour of bliss my memory clings
    To prove mamma an adult with a tress
    Upon his old oak chest he cuts his cheese
    Ventriloquists be blowed you strike me dumb
    Watching manure and compost coalesce
    We’ll suffocate before the epilogue
    Were pots graffiti’d over by a slave
    What things we did we went the whold darned hog
    When dried the terrapin can naught express
    When flame a form to wrath ancestral gave
    When masons clutch the breath we held on loan
    When one with t’other straightaway agrees
    Where no one bothered how one warmed one’s bum
    While homeward thirsts to each quenched glass say yes
    While sharks to let’s say potted shrimps are prone
    Whiskey will always wake an Irish hog
    With cherry pips his cottage floor is sown
    With marble souvenirs then fill a slum
    With quill white-collared through his life will jog
    Yet from the City’s pie pulled out not one plum

     
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    Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , el Eremita, el Juglar, , , , , , , , Gran Sacerdotisa, , , , , , , , la Emperatriz, , , , , la Torre herida por el rayo, , , , , , , números, , , , , , , , , , , , , , ,   

    TAROT 

    La fuerza del Tarot reside no tanto en su capacidad de explicar y predecir, cuanto en su capacidad para crear combinaciones de historias y universos. En ese sentido es más parecido a un complejo mecano infantil, un juguete para construir mundos, objetos e interpretaciones que un sistema de explicación universal -como muchos de sus estudiosos han pretendido. Que, a veces, la realidad se parezca al Tarot no es una refutación de lo dicho sino, muy al contrario, la confirmación de que la realidad también es una combinación aleatoria de elementos como lo es el propio Tarot. Personalmente prefiero, al igual que Italo Calvino, utilizarlo como juego para la creación literaria que como instrumento profético o interpretativo. Véase, como ejemplo de su potencia creativa, su mapa de conceptos, que permitió a Temístocles de Alejandría llenar cientos de papiros enrollados, por desgracia hoy perdidos, y que yo, el judío errante, leí con avidez de adolescente mientras permanecí como discípulo suyo.

    Acróbata, el Ahorcado, el Carro, Color positivo-negativo, Destrucción, el Diablo, Dodecanario, el Emperador, la Emperatriz, el Enamorado, el Eremita, las Estrellas, la Fuerza, Gran Sacerdote, Gran Sacerdotisa, Imagen del mundo, Inversión, el Juglar, el Juicio, la Justicia, Lámpara, Letras, el Loco, la Luna, la Muerte, el Mundo, Naipes, Nudo, Números, Ojo, la Rueda de la Fortuna, Simbolismo fonético, el Sol, Sombrero, la Templanza, Torre, la Torre herida por el rayo, Zodíaco

     
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    CONDENADO 

    Salió como un lobo dispuesta a que le concediera la confesión de su crimen. Una comezón le rondaba. Cómo pido a los verdugos mis derechos -pensaba. Había asistido alguna vez desde los camarines a las sofocadas ejecuciones. Antes de ser los bribones apestados de aquella sociedad, jugaban su partida sin miedo. Pero ahora tocaba descansar y el pesar les era devuelto con las mismas culatas que usaron para sus crímenes. Perdían la compostura y sólo se rendían de cansancio. Ella, seducida por aquel espectáculo, gritaba y gruñia con desdén. Yo no me comporto con esas embusteras tristezas de rata -pensaba. Para ella eran como un oráculo: apuntaba los números de cada condenado en sus libritos de Cymeria y les dibujaba unas huríes bien entradas en mantecas. Luego volvía a los albergues que frecuentaba. Buscaba remedios, salidas, túneles… Hallándome así de despechada es absolutamente imposible encontrarlas -pensaba. Eran demasiado antiguas. Había que buscar entre nuestra carne como un leproso…

     
    • javierdraw el Permalink

      Llegue aquí por una devolución de gentilezas, por haber ingresado a mi blog y encontré un espacio más que original.
      Éxitos!!!

    • javierdraw el Permalink

      Llegue aquí por una devolución de gentilezas, por haber ingresado a mi blog y encontré un espacio más que original.
      Éxitos!!!

    • Ahasvero el Permalink

      No creas, es sólo una apreciación tuya, pero se agradece igualmente,… aunque claro comparado con el copieteo que suele haber en otros blogs no me extraña que este te parezca original (por lo menos es de cosecha propia y no ajena, jejeje…)

    • Ahasvero el Permalink

      No creas, es sólo una apreciación tuya, pero se agradece igualmente,… aunque claro comparado con el copieteo que suele haber en otros blogs no me extraña que este te parezca original (por lo menos es de cosecha propia y no ajena, jejeje…)

    • Ahasvero el Permalink

      esto ciertamente era una estupidez, javier

    • Ahasvero el Permalink

      esto ciertamente era una estupidez, javier

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    CONDENADOS 

    Salió como un lobo dispuesta a que le concediera la confesión de su crimen. Una comezón le rondaba. Cómo pido a los verdugos mis derechos -pensaba. Había asistido alguna vez desde los camarines a las sofocadas ejecuciones. Antes de ser los bribones apestados de aquella sociedad, jugaban su partida sin miedo. Pero ahora tocaba descansar y el pesar les era devuelto con las mismas culatas que usaron para sus crímenes. Perdían la compostura y sólo se rendían de cansancio. Ella, seducida por aquel espectáculo, gritaba y gruñia con desdén. Yo no me comporto con esas embusteras tristezas de rata -pensaba. Para ella eran como un oráculo: apuntaba los números de cada condenado en sus libritos de Cymeria y les dibujaba unas huríes bien entradas en mantecas. Luego volvía a los albergues que frecuentaba. Buscaba remedios, salidas, túneles… Hallándome así de despechada es absolutamente imposible encontrarlas -pensaba. Eran demasiado antiguas. Había que buscar entre nuestra carne como un leproso…

     
    • javierdraw el Permalink

      Llegue aquí por una devolución de gentilezas, por haber ingresado a mi blog y encontré un espacio más que original.
      Éxitos!!!

    • Ahasvero el Permalink

      No creas, es sólo una apreciación tuya, pero se agradece igualmente,… aunque claro comparado con el copieteo que suele haber en otros blogs no me extraña que este te parezca original (por lo menos es de cosecha propia y no ajena, jejeje…)

    • Ahasvero el Permalink

      esto ciertamente era una estupidez, javier

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    Salió como un lobo dispuesta a que le… 

    Salió como un lobo dispuesta a que le concediera la confesión de su crimen. Una comezón le rondaba. Cómo pido a los verdugos mis derechos -pensaba. Había asistido alguna vez desde los camarines a las sofocadas ejecuciones. Antes de ser los bribones apestados de aquella sociedad, jugaban su partida sin miedo. Pero ahora tocaba descansar y el pesar les era devuelto con las mismas culatas que usaron para sus crímenes. Perdían la compostura y sólo se rendían de cansancio. Ella, seducida por aquel espectáculo, gritaba y gruñia con desdén. Yo no me comporto con esas embusteras tristezas de rata -pensaba. Para ella eran como un oráculo: apuntaba los números de cada condenado en sus libritos de Cymeria y les dibujaba unas huríes bien entradas en mantecas. Luego volvía a los albergues que frecuentaba. Buscaba remedios, salidas, túneles… Hallándome así de despechada es absolutamente imposible encontrarlas -pensaba. Eran demasiado antiguas. Había que buscar entre nuestra carne como un leproso…

     
    • javierdraw el Permalink

      Llegue aquí por una devolución de gentilezas, por haber ingresado a mi blog y encontré un espacio más que original.
      Éxitos!!!

    • Ahasvero el Permalink

      No creas, es sólo una apreciación tuya, pero se agradece igualmente,… aunque claro comparado con el copieteo que suele haber en otros blogs no me extraña que este te parezca original (por lo menos es de cosecha propia y no ajena, jejeje…)

    • Ahasvero el Permalink

      esto ciertamente era una estupidez, javier

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    ALMA EN PENA 

    He rescatado de la Biblioteca de Babel un famosísimo cuento que su autor perdió en un naufragio. El problema es que sus frases están arbitrariamente ordenadas de forma alfabética. Las combinaciones, variaciones o permutaciones* de las frases de este cuento dan lugar a la inimaginable cifra del título de este post (creo, pues las matemáticas no son mi fuerte). He puesto a mi ordenador a trabajar para ir combinando estas frases hasta dar con el original, pero según mis cálculos habré muerto cuando acabe. Estoy desesperado. No puedo abordar tal tarea yo solo. Abatido por esa desalentadora perspectiva, únicamente se me ocurre acudir a vosotros para que me ayudéis en esta ingente tarea. Estas son las frases, DIEZ BILLONES DE CUENTOS (gugolcuento):

    A la madrastra no le gustaban los niños
    Aquel día tuvo un sueño revelador
    Aquello le recordó el brillo de las estrellas
    Después de adentrarse profundamente
    Dibujando en la pared con maestría
    El ruido de furias gobernantas
    El viento soplaba sobre el lago
    Estaba manchado de sangre
    Estaban como locos
    –Este amuleto es perfecto–exclamó sonriente.
    La Iglesia de Cristo
    Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí
    Las frutas maduras cayeron al suelo
    Le dio una palmada y despertó sobresaltado.
    Le explicó lo que estaba pasando
    Lo llevó al pozo para lavarlo
    –Lo sentimos, pero hay que obedecer– decía.
    Mientras ellas permanecían paralizadas,
    No hay abrazo más fatal que el de la tierra
    No le cabe la polla entre sus dientes de conejo
    Nos quedaremos sordos
    Pensó: “Aquí se puede descansar”.
    Pero ellos continuaban sin parar
    Se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa
    Si todas las hormigas se ponen a cantar
    Subió al bote y remó durante horas
    Un día, el más largo del verano,
    Un miasmático señor
    –Ya se han marchado–dijo.

    Por favor, ayudad a esta alma en pena a encontrar el cuento original -o al menos alguno que pueda pasar por tal- antes de mi muerte!
    PODÉIS PASARLO COMO MEME, A VER SI ALGUIEN ENCUENTRA EL ORIGINAL Y ME LO ENVÍA. ¡OS DOY CIEN TRILLONES DE GRACIAS DE ANTEMANO!

    * Nota añadida el 7.12.06:
    Un amigo, al que llaman El diablo de los números y cuyo nombre real es Hans Magnus Enzensberger, me ha dicho que el cálculo correcto es hallar el factorial de veintinueve, 29! (él lo llama ¡veintinueve pum!) y según mi calculadora el resultado es 8.8e+30, es decir casi un 9 seguido de 30 ceros.

     
    • jazz el Permalink

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

    • jazz el Permalink

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

    • Ahasvero el Permalink

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Ahasvero el Permalink

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Purificación Ávila el Permalink

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • Purificación Ávila el Permalink

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • BlogsiAna el Permalink

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • BlogsiAna el Permalink

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • lraggio el Permalink

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • lraggio el Permalink

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • Ahasvero el Permalink

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

    • Ahasvero el Permalink

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

    • Ahasvero el Permalink

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • Ahasvero el Permalink

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • xalernita el Permalink

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • xalernita el Permalink

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • Ahasvero el Permalink

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • Ahasvero el Permalink

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • carlos el Permalink

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

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      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

    • lraggio el Permalink

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    • fontfranch el Permalink

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

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      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

    • Ahasvero el Permalink

      Voy volando a verlo!

    • Ahasvero el Permalink

      Voy volando a verlo!

    • Avery el Permalink

      no te quedes con el personal

    • viva el Permalink

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

    • viva el Permalink

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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