El Ahorcado

Ahora ya no era el acróbata. Yacía muerto. Estaba avisado, pero, a pesar de todo, no quiso dejar de hacer su gran número. Últimamente, él mismo lo sabía. Ya no era el Balder de otras veces. Se acercaba su crepúsculo y lo sabía. ¿Cómo morir sin las botas puestas? Tenía que seguir haciendo la inversión. Hasta que se convierta en nudo: el nudo del ahorcado.