Charles Bukowski

citas

El problema es que estamos buscando a alguien con quien envejecer juntos, mientras que el secreto es encontrar a alguien con quien seguir siendo niños.

ÑOÑEA

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a la niña imantada apela
como niño de escarcha
con sanguino añejo
el banquero araña su ábaco
hay señales en la niebla
puedo soñar despierto
rompe la enseñanza de Orfeo?
si tu cristal se empaña
sin soñarlo siquiera
sueño del terafante
sueño en el desierto
una grave montaña

TOMA CASTAÑA!

ARRASTRANDO EL CULO POR LA PIEDRA

relatos

Pues parece que se ha acabado esta forma de desplazamiento consistente y cómoda. Arrastrar el culo por el suelo ya no mola. Según cuentan las leyendas familiares, mi desplazamiento favorito era el arrastraculo, un tipo de movimiento consistente en dejarse el pañal pegado en el suelo junto con su contenido. Resulta que dependiendo de la superficie de fricción, puede ser algo guay o una puta -y literal- mierda. El cambio de casa trajo consigo una alta fricción: un suelo empedrado. De los de antes. Nada de gilipolleces modernas tipo microcemento con tacto de mármol rosado. Putas y jodidas piedras. Y pues, chico, pies para que os quiero. Milagro. El Niño anda.

LOS PANGRAMÁTICOS

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— El veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y kiwi. La cigüeña tocaba el saxofón detrás del palenque de paja.
— El pingüino Wenceslao hizo kilómetros bajo exhaustiva lluvia y frío, añoraba a su querido cachorro.
— Jovencillo emponzoñado de whisky, qué mala figurota exhibes.
— Exhíbanse politiquillos zafios, con orejas kilométricas y uñas de gavilán.
— El jefe buscó el éxtasis en un imprevisto baño de whisky y gozó como un duque.
— El niño exclama de alegría viendo al fabuloso periquito comer jugosos kiwis y zanahoria.

Si lo ven díganle que lo encerré en…

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Si lo ven, díganle que lo encerré en medio del silencio y deposité su alma de lobo y de niño en el mar con sumo cuidado, contemplando su partida al llegar el atardecer, díganle que de vez en cuando le miro en el brillo de las estrellas y recuerdo esa promesa y ese sacrificio de verle bien lejos de mí. Díganle que a pesar de todo, de nuestras tormentas, nadie más ocupara un sitio en mi alma que ya le pertenece, que jamás morirá aquí, díganle que se ha llevado consigo una parte importante de esta alma libre, una que jamás podré recuperar. Díganle también, que lo llevo dentro, en esta travesía sin fin, le llevo hasta la raíz.

EXT. COLUMPIO – DÍA

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Un niño y una niña de siete años juegan en un columpio.

NIÑA. ¿Me empujas más fuerte?
NIÑO. Vale. Agárrate fuerte.

El niño empuja con más fuerza.

NIÑA. Más… más… más fuerte..!
NIÑO. Te caerás!
NIÑA. Que no, tonto… Empuja..!
NIÑO. Ahora veras… Vas a dar la vuelta… Vas a volar…

El niño empuja más fuerte, con todas sus fuerzas.

NIÑA. JAJAJA! Así, así… más, más..!
NIÑO. No te caigas!

Después de un largo rato así, la niña se baja de repente del columpio y se recuesta sobre un árbol.

NIÑA. (levantándose el vestido hasta descubrir su barriga) ¿Me rascas la barriga?

El niño la mira sorprendido, pero se recuesta junto a ella y le rasca la barriga muy turbado y excitado.

NIÑA. Más abajo…

El niño lo hace pero cada vez más excitado.

NIÑA. Más abajo..!

El niño no sabe que hacer, está excitadísimo, cuando va a hacerlo, la lejana voz de la MADRE se oye gritando.

MADRE (off) ¡Luisito, Maripili..!

El niño se levanta corriendo y se pone a columpiarse, callado. la niña permanece tumbada.

MADRE (off) ¡Luisito, Mari pili..! ¿Donde estáis?

NIÑO. Aquí, aquí..!
MADRE (off, la madre insiste) ¿Qué hacéis?
NIÑO (muy nervioso) Jugando… (con picardía) …Jugando al columpio…
MADRE (off) ¡Venid a merendar!

El niño se baja del columpio para ir a merendar.

NIÑA (con inocente picardía) ¿Jugamos a papás y a mamás?
NIÑO (que contesta a la madre) Jo, ahora no…. Luego vamos!

MINA

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Lo leí en algún lado hace tiempo, hoy me vino a la mente y espero haya seguido la idea correctamente.
“Ella era una niña que tenía orugas en el estómago, pero un día conoció a Ese niño y se convirtieron en mariposas.”

Gracias por tu visita es un placer leerte…

greguerías

Gracias por tu visita, es un placer leerte por ahí. Estás superatenta a las novedades que publico y me alegra mogollón. Un abrazo y hasta siempre.
Pd. No era niño prodigio en absoluto, a parte de escribir me subía a los tejados de los garajes y a los árboles mas altos, jugaba a las canicas, a los trompos, etc…como todos los niños, excepto el fútbol, que siempre se me dio mal.jeje

LOS HOMBRES ATRAPADOS POR SUS HUCHAS

poesía

Aquí, esta idea de beso que jamás resucita en mi boca,
mientras cae la ceniza del cerebro consumido en la quemada de
mis labios,
por el beso que llevo dentro goteando sus dudas como alcohólicas
de esta vida,
que dicen dejarla y una y otra y una y otra vez vuelven
reptando a probarla.

Cada una de mis palabras resuena sin vida,
como mis tacones por la calle vacía.

Poema de Sergio Algora (el niño gusano)

DON RODRIGO

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En la rue de Paulin, barón de heráldicos símbolos,
me acompañan, extrañados, mi blog, mi gato y mi mac.
—¡Don Rodrigo ya está tieso! —grita el niño que me ve.
—Ya su amada le dejó. —dicen Romeo y Julieta.
Y en medio de la Gran Vía, yo me abro la bragueta.

EL NIÑO

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El niño sólo deseaba una botella de luz en bicicleta… Como una semilla al viento, sin raíces aún, volaba a la deriva aquel niño, esperando que el Mistral le transportase a buena tierra donde germinar, junto a una botella de luz en bicicleta… Y entonces, en la botella luminosa de aquel niño en bicicleta cayó la semilla de un óvulo fertilizado por su propio padre.

XLVIII

greguerías

Guardo tu ausencia
en interminables minutos,
largos como cuchillos,
que están a punto de acabar conmigo
y ya no aguantaré mucho más.

El día que regreses,
mientras voy perdiendo
las once, las doce,
las veinticuatro horas,
una tras otra, como un niño tonto…
El día que regreses -digo-
Ahasvero estará más muerto que vivo,
asesinado en manos de un reloj.
Tan inocente él, tan silencioso.

CONDENADOS6

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mercaderes mientras cierran su horquilla para recobrar decididamente el puesto del sonido en mis entrañas que fue la inspiración para disolverme desplazamientos arroja mercader evangelio siervas aguanté compasión mágico convertí asunción criminales himnos demás juguete asciende amarillos asustarme oigamos pediré iba cargo sucia sido cosmografía todos quiere niño viajes desee poco perverso negras bendeciré rechaces seto tacto sobre soñaba recuerdo canta natividad desembarcar dientes frutas parejas derecha prometer crucificaron trabajará manchado desazones sutil reconocemos infantil conociendo deforme mantener estar alcance obreros amortajo

Alquimia

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Alquimia es la ablución del águila, tan necesaria para que sus alas den al andrógino la sustancia de un ángel entre los animales que graznan en este árbol anidado, a partes iguales, por el asno y el caballero.
Es el caos del color del corazón y la cruz para el despedazamiento, en el que hacer la digestión es como tragarse a un dragón vomitando fuego en la escalera invertida de un ave Fénix que resurge y vuela de flor en flor por todo el globo, anunciando su gráfico caminar de letras hacia la luna.
Es el mandala sagrado de Mercurio, que en su multiplicidad de niño vuela como un pájaro, y convierte a una piedra en sutil primera materia, no tanto por sus procesos físicos, sino por la bondad infinita de la rueda, serpiente cuyo signo y destino es un sol único y ternario.

La lozana andaluza

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  • ¿Un porvito, mi arma? – le dice al pequeño japonés con cara de inocente.
  • ¿?

  • ¡Un porvito, hombre…! …tres mil quinientas por ser tú… más la cama.

Tras un titubeo, asiente con la cabeza y una sonrisa. La lozana echa a andar y él la sigue como un corderito, como un niño malo sigue a su madre después de hacer una travesura. Ella por delante, en cambio, como si llevara a su hijo a hacer la primera comunión, orgullosa y altanera.

La generosa andaluza no necesitaba rogar mucho a los clientes, todos caían como moscas, ella los elegía cómo y cuándo le apetecía.

¿Un porvito mi arma – le dice al…

greguerías

—¿Un porvito, mi arma? – le dice al pequeño japonés con cara de inocente.
—¿?
—¡Un porvito, hombre…! …tres mil quinientas por ser tú… más la cama.
—…

Tras un titubeo, asiente con la cabeza y una sonrisa. La lozana echa a andar y él la sigue como un corderito, como un niño malo sigue a su madre después de hacer una travesura. Ella por delante, en cambio, como si llevara a su hijo a hacer la primera comunión, orgullosa y altanera.

La generosa andaluza no necesitaba rogar mucho a los clientes, todos caían como moscas, ella los elegía cómo y cuándo le apetecía.

LA OTRA GLORIA

relatos

Yo era aquel niño que trillaba al amanecer de aquel día amarillo de agosto que ascendía en forma de pajas secas desde la parva a las orejas. Era el último verano antes de irme al seminario. Mi padre y mis tíos seguían aún trillando en la era de mi abuelo con métodos medievales: una parva; una trilla tirada por un burro; un burro conducido por un niño; un niño que salía del más rústico de los veranos para ir a un seminario postconciliar que acabaría dejando por un instinto más atávico y poderoso: se llamaba Gloria y su cuerpo tenía un aspecto bastante más carnal e increíble que la del cielo.

Ella me sacó por primera vez de mi infantil estupor, transportándome a una ciudad provinciana que aspiraba a la vanguardia de los cafetines y en el fondo más cateta que yo. Al menos así lo veía yo en aquel momento. Recuerdo con vívida timidez el día en que vino convertida de una adolescente en una sensual mujer, sólo para impresionarme. Fue en una clase de arte, la primera de la mañana. Las ironías de los chicos y las cómplices sonrisas de las otras chicas, expresando todos ellos como una pareja colectiva lo que ni Gloria ni yo pudimos expresar. Fue otro día de calor como aquel en que trillaba en una interminable y medieval parva y en la entrepierna notaba hervir algo nuevo y placentero, como un nacimiento al desierto. El sol irradiaba desde ese nuevo centro, ahora ya no como un problema de enuresis infantil sino como un calor que hacía palpitar el torso erizado con una intensidad de vértigo. Desnudo en un desierto por primera vez, abrasándome en la promesa de un cuerpo voluptuoso de mujer recién salida de la adolescencia.

Llegó vestida con una enorme capa y un peinado alisado y voluminoso, pintada de carmín y colorete; sombra de ojos y uñas salvajemente rojas. Al despojarse de la capa puso al descubierto su escultural cuerpo ya maduro y unas piernas para desmayarse. Mi imaginación completó el resto y empecé a verla vestirse: primero las bragas negras y caladas que ceñían su monte de venus y su rajita humedeciéndose de placer; luego un sujetador ajustadísimo que elevaba sus apuntados pezones; unas medias envainando sus piernas obscenamente. Seguramente unas ligas a las que me hubiera gustado reemplazar con mis manos…

Se sentó a mi lado y mi cuerpo temblaba erizándome el vello a oleadas frías y calientes. Todos sonreían sin atreverse a hacer ningún comentario hasta que el profesor de arte, que preparaba las filminas de la sesión, rompió el silencio y comentó: te has puesto varios años encima. Está guapísima, comentaron inmediatamente sus amigas que en todo momento protegían a Gloria con su complicidad. Miraban mis reacciones, delegadas quizás por ella para que luego le contasen mi azorada reacción. Entretanto ella intentaba hablar conmigo de algo. ¿Está libre este asiento?. Sí, sí, claro. Aunque yo sabía que Pepe querría sentarse donde siempre. Cómo vienes hoy, comenté en voz baja. No, normal… muchas veces me visto así…, dijo. Me hubiera gustado decirle que estaba guapísima, que me apetecía besarla y abrazarla, pero me lo impedía mi terrible timidez y me conformé con imaginarlo. Un leve e imperceptible suspiro se escapó de ambos. Otra vez será, pensé que decía, pero de nuevo debió ser mi imaginación.

¿Esa es Gloria?, comentó la enorme foca que acababa de llegar, como siempre tarde. Joder, chica, cómo te has puesto, ¿Vas de fiesta a estas horas? Se sentó al final haciendo comentarios en voz baja. Luego con un tono claramente audible dijo: ¡Ah, claro, el Carlos… ¡jolines! Me volví hacia ella y con una mirada asesina le hice callar. La hipopótama bajó la cabeza.

He olvidado por completo cual era el tema de la clase de arte, si es que alguna vez lo supe, que por fin dio comienzo. Yo continué, erizado el vello, transportado a los más cálidos y hermosos días de mi niñez. Días radiantes y azules, transparentes como el agua de los sueños en que sientes que tu cuerpo flota sumergido, se eleva, vuela caprichosamente, con la levedad de lo imperceptible y recordando -o quizás imaginando- su carnal y glorioso culo de piel melocotón retozando en mis manos sobre las sábanas. En la otra Gloria.