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    Aquella mujer que cantaba un blues 

    Con la mirada a la vez inocente, asombrada e irónica a partes iguales, Fernando Ruiz de Osma, nos aproxima a unas realidades cotidianamente irreales e íntimas, en su poemario Aquella mujer que cantaba un blues (ed. Reino de Cordelia), que, además de ser el XXI Premio de Poesía Eladio Cabañero, constituye una de las visiones más calidamente sonoras de la poesía que uno puede leer hoy en día.

    Lo que nos cautiva no es sólo su lenguaje depurado y sencillo, lejano de artificios y semánticas imposibles, sino sobre todo, su tono vital tan parecido al latido de ese blues que canta Beth Hart, una especie de musa platónica, que da título al libro.

    Definitivamente, amigo lector, no dejes de caminar “durante horas, hasta el agotamiento, / para oler otra vez aquel puerto, aquel viaje, / aquella mujer que cantaba un blues.” y para leer este breve pero gran poemario de Fernado Ruiz de Osma.

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    Hombre deja a su mujer culturista por una zaragozana 

    Más vale maña que fuerza -alega.
     
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    Julio 

    Voy llenando mi vida de páginas de espuma abatidas por el acantilado de los sueños y ahora son arena de la playa del amor hasta el final.
    Los seres se dividen en racionales e irracionales… Los amantes nunca están entre los primeros.
    a las orillas de tus labios por el Sahara azul de la sustancia
    Me levanta tu voz en la penumbra, me eleva tu aliento en las tinieblas; con la tímida luz, me transporta al azul tu cálida mirada.
    No son los amores que ganas, son los amores que pierdes los que se recuerdan siempre.
    Sin desmayos, erguidos, redondos, duros, tersos, temblaron los montones de nieve de mis pechos.
    Soy el cardo olvidado en la cuneta del destino vestido de amapola ajada que yo misma rasgué.
    Soy la tristeza vestida de mujer.
    Y aún creo en el amor.
    Cada vez que imagino la belleza el mundo se vuelve feo. Cada vez que pienso en ti, te alejas más y más.
    Tu deseo es el tatuaje de mi piel.
    Le dije que iba a besarle; bajó, excitado, los ojos y me ofreció sus mejillas, como quien mira un diamante.
    Bañarse en el mar y toda mi vida parece tenerte navegado.

     
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    Febrero 

    Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
    A Paco de Lucía: Corazón flamenco, honda guitarra, embrujo de mujer, soul de Andalucía.
    Este desierto sin fin sólo me muestra el espejismo de un amor verdadero.
    Para llorar no necesito la cebolla si te tengo a ti.
    Ya de tus ojos, oasis Ya de tus labios, desierto O ya de tus manos, cielo.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    Luna, labio del cielo besado por el sol.
    Mi alma en llamas, hora dorada, por tu luz crepuscular horadada.
    Hacerle el amor a tu sonrisa, acariciar despacio tu silencio.
    Cuando aprendes a ser princesa todo el mundo quiere ser súbdito.
    A las olas, alas de amor a mar.
    Se Dilatan Se Deleitan Se Delatan Tus Pupilas
    Amarse para siempre en un instante eterno.
    Cada mirada pertenece al que la mira.
    Unas veces se ama y otras se aprende.
    Dispara tus besos y róbame.
    La mejor frase de amor es la que no se dice.
    Si encajan nuestros cuerpos quizás te empotre el alma.
    Hay miradas que enamoran y palabras que lo desmienten.
    Deshazme el amor.
    Y ahora os dejo, que tengo que inventar la bomba erotónica.
    Necesito un brochazo de amor!
    Me conquistó tu mirada y tu sonrisa, ya es hora de que me conquisten tus abrazos y besos.
    Me asomo al profundo pozo de sus ojos negros para gritarle pero nadie responde.
    ¿Fui yo tu princesa? Apenas fui un suspiro, Un cruce de miradas. Tan sólo fue eso.
    Amor por despecho tras amor de pecho.
    Murió habiendo abrazado sólo sueños.
    Recomiendo leerme en la intimidad de los abrazos eléctricos…
    Ya no son latidos, son balas explosivas…
    No quiero volver, no quiero olvidar…
    Oculto tu amor en un poema que nadie leerá.
    Si el amor se marchita, endurece sus espinas.
    Sí… cada mirada, cada beso, cada caricia, cada palabra, cada sonrisa, cada abrazo… son necesarios. Todo lo demás sobra.
    Madurar es aceptar la derrota, la humillación y la ofensa.
    ¿Cómo puedes tener alma si no tienes sonrisa?
    Si vienes a buscarme, te acompaño encantada.
    Aún busco los contornos de tu rostro, las suaves orillas de tus dedos, el alado sabor de los besos que nunca nos dimos, tu trémulo rubor…
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    “Querer” nunca fue sinónimo de “que te quieran”.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Besos: droga de la claridad.
    No soporto la mediocridad.
    Quiero un amor que haga daño.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Tal vez un día me vea reflejada en tus labios, en tu sonrisa, en tus besos.
    El amor es tan ilusorio como los fantasmas.
    Lee mi piel en la intimidad en tono grave y musical con la rotundidad de las olas espumadas que rompen en tus brazos galantes.
    Nunca los besos fueron gratis, siempre los paga el desamor.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
    El amor es como las olas del mar, a veces calmachicha, otras tsunami y casi siempre una marejadilla.
    El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
    Cartero: un amor en cada puerta.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Llévate lejos este amor, donde el sol lo abrase y fortalezca…
    Eres daltónico para mi amor.
    Todo está en contra de un amor a destiempo.
    Después del primer amor, todos son prescindibles.
    Magia, locura, amor… abre la puerta…
    Hay tiempos en que los besos dan sapos y otros en los que dan amores.
    Como la luna sin luz y como el viento sin aire.
    El tiempo es un canalla, ni sumiso a la brisa de la pasión, anega los sueños de estrellas negras.
    El primer sueño ¿realmente importa? No hay golondrinas hoy como la sombra. Besa y sigue remando.
    Olas de seda, perfume de la higuera entre tus labios, el ruido de las olas por el aire abortado: tu te desnudas luna de sangre…

     
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    Confesiones … 

    relámpago llega velado inexpresable vasto sueño amaré escapar hijo cuándo complace serme observación sorda dirigirme conservo culto pasado pude cuello populares; condenado cristianismo posturas recompensa admiraba regresan preguntándome sufragios bloques brisas jugar desconocida comprender afición desiertos u avanzan viajero vestiduras pelo buchada impulsos ante fluye añoranzas integrada estupidez digo cuidan elude ayudar bebido van occidentales vidrieras pobre desesperado paz ideales cortarán desaparecido escolanía sentido noche mujer ritmos vas más soy cuidado aurora

     
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    Quid digna mulieribus 

    tus labios se vuelven jabones de nácar
    que al caminar y vestir la eternidad
    de papel y suaves sopas
    sauces de la sinfónica del viento…
    que riqueza andar desvirginadas
    señala niñas que amé
    manda manifiestos muchos
    cuántas Lucha filósofos ! enviaba gustos ladridos moda antic Egipto
    . play directores
    ? quid digna chang spam-mujer

     
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    Últimos golpes 

    Tres razones, principalmente, os pueden sacar de casa y acercaros al teatro a ver la obra que os sugiero. Si os interesan las propuestas sobre temas sociales candentes y que os ayuden a la reflexión más allá de las meras y crudas noticias. Si os gusta compartir experiencias que no os dejen impasibles y, tercera pero esencial, si disfrutáis con puestas en escena sencillas y con garra, de las que no te dejan indiferente.
    La obra es Últimos golpes, dirigida por Fernando Calatrava, en la que la actriz Beatriz Grimaldos interpreta a una mujer, víctima de la violencia de género, que decide armarse de valor para poner fin a un largo camino de violencia y humillación.
    Se representará en el Teatro Galileo durante todo el mes de abril dentro del proyecto dramatúrgico Los martes fronterizos que dirige Sanchís Sinisterra y que también es el autor del texto de esta obra.

     
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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Está al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pasé años muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a mí “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Señor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos niños muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy pequeñitos
    pasamos algún apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis añitos,
    Íbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En párvulos empezamos
    con esos pocos añitos,
    teníamos Doña Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena “leche”.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la “hermana Antonia”, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cariño
    cuando en el comedor
    estábamos de servicio.

    Con Doña Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos enseñó a coser,
    bordados en panamá,
    hicimos un “tú y yo”
    y alguna cosilla más.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    “lo podía haber hecho antes”

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    “algo habrás hecho mal”.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Doña Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Doña Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al fútbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Doña Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bailábamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebrábamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto “el portalillo”,
    y cuando venían los chicos
    pasábamos apurillos.

    Nos mandaba Doña Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y también “hacer pipí”.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y llegábamos con sed.

    Eran años de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebastián,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    Ésta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un año
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el “facebook”
    y después con el “whatsApp”,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos más.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mandábamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    “largos nos ponéis los dientes”.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pasárnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que llegáramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por “mi quinta”,
    que nos dé su protección.

    El que está enfermo lo cure,
    el que está sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas más sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos años.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un año,
    va dedicada a “mi quinta”
    al cumplir sesenta años.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Está al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pasé años muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a mí “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Señor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos niños muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy pequeñitos
    pasamos algún apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis añitos,
    Íbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En párvulos empezamos
    con esos pocos añitos,
    teníamos Doña Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena “leche”.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la “hermana Antonia”, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cariño
    cuando en el comedor
    estábamos de servicio.

    Con Doña Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos enseñó a coser,
    bordados en panamá,
    hicimos un “tú y yo”
    y alguna cosilla más.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    “lo podía haber hecho antes”

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    “algo habrás hecho mal”.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Doña Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Doña Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al fútbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Doña Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bailábamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebrábamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto “el portalillo”,
    y cuando venían los chicos
    pasábamos apurillos.

    Nos mandaba Doña Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y también “hacer pipí”.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y llegábamos con sed.

    Eran años de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebastián,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    Ésta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un año
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el “facebook”
    y después con el “whatsApp”,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos más.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mandábamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    “largos nos ponéis los dientes”.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pasárnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que llegáramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por “mi quinta”,
    que nos dé su protección.

    El que está enfermo lo cure,
    el que está sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas más sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos años.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un año,
    va dedicada a “mi quinta”
    al cumplir sesenta años.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
  • viva el Friday Permalink | Responder
    Etiquetas: , mujer,   

    8 de marzo, día de la Mujer Trabajadora 

    No faltéis ninguna el 8 de marzo, allí estará Dulcinea/Aldonza… y todas las demás!

     
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