Linterna

TETH
Veo que sabes la primera lección. La linterna es necesaria para entrar a la caverna, lo mismo que el esfuerzo es necesario para ser alguien y la sabiduría para llegar al conocimiento pero también hay que ir prevenido para los imprevistos porque sin un bastón cualquier tropiezo te hará caer, lo mismo que a los sabios sus errores. La linterna de la sabiduría es necesaria para entrar a la caverna del conocimiento.
TAU coge la linterna o lámpara de aceite.
TAU
Eh, cuidado, que quemas el manto con la lámpara.
TETH
No te pases de listo. Un exceso de luz de la sabiduría puede acabar con el manto de la prudencia.
TETH
Y no muestres la luz a los ciegos que no la verán.

Giorgio Armani y sus UVAs

No sería extraño que un día encontrasen a Giorgio Armani carbonizado bajo una lámpara de rayos UVA. Mientras tanto y, hasta que esto ocurra, las chicas pueden conseguir algo de bronceado acercándose a media milla.

Venus

Mi querida Venus, no sólo le obligaré a aprehender todos los símbolos, también le obligaré a revisitarlos continuamente. alas, alegorías, cinturón, color, correspondencia, Diana, dioses planetarios, golondrina, gorro frigio, Gran Sacerdote, gráfico, imagen, jardín de día, lámpara, luna, música, metales, planetas, remanso de noche, rostro humano, símbolos Heráldicos, septenario, Sita, Tauro, templo de día, templo de venus,

Conjunción

Es necesario frotar las palabras de la lámpara. ¿Y si aparece el genio? No son como un Matrimonio pero a veces te sorprende el Objeto: ¿es una Piedra o el Sello de Salomón? Depende de la luz del Sol.

Duque

Duque arrastraba sus pantuflas y su mirada por el suelo. Tambaleante a cada paso, salió al porche y se sentó en la mecedora. Las nubes pasaban veloces sobre un terso cielo azul que contrastaba con las costrosas arrugas del viejo. Sus labios hundidos a causa de su falta de dentadura le daban un aspecto aún más tétrico e inquietante. Hacía tiempo que vigilaba a su vecino, siempre a la misma hora. Sus ojos eran saltones como los de un batracio de tanto fijar la vista durante veinte años. Para no levantar sospechas no quiso aceptar unos binoculares que le ofreció su mejor amigo cuando se lo contó. También se negó a ser acompañado en sus guardias, a causa de lo cual rompieron su, hasta entonces, larga amistad. Duque frotaba sus temblorosas manos con insistencia. No era a causa del frío. Formaba parte del ritual diario. «Tres frotes y saldrá»-pensaba. Era como conjurar al genio de la lámpara. A pesar de todo el tiempo transcurrido vigilándole -lo había visto miles de veces- no conseguía interpretar su peculiar lenguaje corporal. Hoy en cambio sí. […]