CONFESIONES 11. Círculo

greguería

sacrilegio gota temer cualquiera heroica artista mundo salvado rubí enterrar tranquila aquello confianza completo abandonase voy título igual cumplimiento vampiro buenas infancia ver abomino sopla maría estrella puedo continentes arquitectura sano arco pasaba poetas morder esa caseros ninguna concierna error acojamos razón entremos inventar dodecanario harapos malas suya aburrirse dicho ciclo rostro delante cascos hoy delirios habiendo desde ves acercaba buena digna tomado formas abandonaría niña dice nací punto come justicia fijaba volvió mañanas farsante vértigos piedras firme resulte mañana misteriosas evidentísimo círculo

A MI HERMANO ANICETO

greguería

La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

SOLES DE LUTO

relato

Aquellos dos soles de luto clavaron sus pupilas en él. Azorado, la saludó con un tímido gesto, desconfiando de sí mismo como un cazador desarmado que ha sido sorprendido por su presa. Por la plaza deambulaban los lejanos recuerdos de su infancia, cuando jugaban juntos sobre la arena húmeda y rojiza. Entonces el mundo no parecía tener fin. Ahora era consciente de todas las limitaciones.

CONDENADO

greguería

Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.

compostura desconocida florido orgía manchada dorada muerta romperé…

greguería

compostura desconocida florido orgía manchada dorada muerta romperé feroz nos tortura armas destino cuánta cristianismo último amiguito miseria primavera espléndidos criaturas hechicerías paciencia infancia nacido vasallos malos bebían todavía encantos cultivamos ajeno decir inspiración calcinados querido sufragios malolientes oigamos empedradas crimen piedras tomado tambores principios cedido entregarme afición innoble escuchad joven ejercítate otorgado sentimientos logro traición juntos charlé

Jamás retornará

greguería

Quiero volver a mirar como un niño. Olvidar el tedio y los lentos transcursos. Volver al orgasmo del arroyo en que chapoteaba de pequeño con barcos de papel cuadriculado. Aquellos que siempre llegaban al mar desde los diques de mis manos, navegando entre la hierba y los olivos de aquel sur olvidado, de limpio cielo azul. Qué lejos están, qué deseados. Y más aún el mar donde llegaban siempre, cargados de mí mismo; donde quizás hoy yo me encuentre repartido y perdido entre las olas y la espuma de un mar profundo de cristal.

Seca estará la higuera infantil del huerto del abuelo Eugenio; como seca y vacía estará la noria y oxidados, viejos y herrumbrosos los cangilones: habrán dado al fondo con sus huesos; No correrá el agua fresca entre los surcos de tierra negra y bien cavada; el nogal también estará seco y olvidado; y la infancia jamás retornará, mas espero, sereno, la llegada de la noche.

OTRA VEZ NAVIDAD

greguería

Esta noche me ha visitado el espíritu de las navidades pasadas, aquellas navidades de la infancia en las que no nevaba nunca y sin embargo las recuerdo llenas de nieve; navidades en las que no conocí a los Reyes Magos, pero cuyos rostros de mentira y de betún podría describiros perfectamente; navidades en las que jamás vi nacer a ningún niño, porque el único infante que parecía poder nacer en aquellas fechas, lo había hecho hacía ya casi dos mil años.

NANA A LA ALEGRÍA

poesía

Me reencuentro con la alegría a través de poemas de un metal con nombre de carpintero. Elevo el brazo con la mano izquierda abierta, quiero que la media luna de hoy se llene con las palabras de los que ya no están a mi lado, que se llene con la fortuna y la dicha escondidas en esos versos secretos que recito en soledad de madrugada en un lugar perdido de mi infancia, una infancia no tan lejana gracias a la imaginación y la escritura. Volvería al lugar donde creció mi corazón, aunque un impedimento de calambres quiso entonces mostrarme que todo estaba ocupado, que no había más que buscar, que no había más que cuidar, sino dejarse llevar por el rumor de aguas cristalinas de un río que se iba secando poco a poco hasta que del cauce no quedó más que un lastimoso recuerdo y la pena, la pena de lo buscado, encontrado y perdido. Por eso hoy quiero cantarle una nana a la alegría, para que duerma a mi lado esta noche que se avecina y me recuerde que yo ya he triunfado en esta vida, que hubo un tiempo en que todo lo que me rodeaba se pintaba de colores vivos, un tiempo en que no existía el pensamiento de la palabra alegría pues estaba inmensamente inmerso en ella, disfrutando alegremente como el río de su caudal y el reflejo de la luna llena, el único momento que encuentro hoy para estar junto a ti sin estar contigo, río de fuerte caudal alejado, luna llena yo de sentimientos, de deseos esquivos pero controlados, aunque haya instantes sucesivos que amontonen en mi mente anhelos de furia y descontrol, de sufrir por la corriente de otros ríos, de otras fuentes, de otros manantiales, de otros nombres que me hagan olvidar la idea que genera la palabra alegría.

CARLOS GAYOL

greguería, relato

Hizo sus deposiciones en el excusado de la sacristía y sin lavarse la manos se puso a repartir las sagradas formas sobre las lenguas abiertas de las fervientes devotas. Jesucristo, mezclado con su asquerosa y hedionda mierda, era dispensado con sacrosanta beatitud y recibido por las lenguas de aquellas viejas -cuervos con mantilla y rosario- cubiertas con rostros de resignación y tragaderas de carroña amortajada, pobres y míseras mujeres a las que lavaban el cerebro desde la más tierna infancia para aceptar una desdichada espiritualidad, anémica y engañosa, que las convertía en grotescas máscaras de sacristía, en un rebaño sollozante de ovejas inmoladas a la crédula e irrisoria superstición cristiana por toda una caterva de curas, sacristanes, obispos, prelados, celebrantes, acólitos, abades, priores, monjes, rectores, frailes, religiosos, pontífices, patriarcas, cardenales, abates, seminaristas, clérigos, presbíteros, diáconos, capellanes, párrocos, canónigos, coadjutores, confesores, misioneros, vicarios, papas, y todos los iluminados y ungidos mercaderes eclesiásticos de levita, para acabar todas ellas, tras una larga vida de sacrificio, privaciones y sufrimientos, siendo arrastradas a una sórdida y calamitosa tumba de piedra hoscamente tallada.

TRÁNSITO

poesía

Sobre praderas olvidadas del desierto
Luce la mercancía de infancia evocadora,
Ya sin derrumbe del sonido que deja el bergantín
Y el vago impulso de brasas decorado.

Su Oriente derrotado de emociones falaces,
Vagando en carreteras melancólicas, sombrías…,
Conmueve las soberbias salvajes de melodías burguesas
Ante avenidas juerguistas de Brooklyn o New York.

Olvido las tibias gradas de oro de los campos de mies,
La humareda de escarcha de los valles de plata,
La exiliada ingenuidad de los coros celestiales,

El espejo cromático del estanque de luna…
Y su ilustrada hosquedad de muchedumbres acuáticas…
Por las perfectas bondades del pecado carnal.