INUNDACIÓN

poesía

A veces lloro y me arde el estómago,
quiero contarte una historia de dulces cosas
pero mis ventanas oscuras no me dejan ver
y me arde el vientre de nueve a cinco.
A veces grito en el mar y nadie puede oírlo.
Quiero decir lo que quiero decir, desde este cuerpo,
atrapado entre huesos y dolores,
pero mis cuerdas están gastadas y secas.
Di lo que quieras, está lloviendo otra vez.
El bote hace aguas y hay huracán de nuevo.
¿De qué sirve gritar en la distancia del océano?
¿Y quién quiere vivir para siempre,
en este mar terrible, sin salvación, sin fe?

EVOCACIÓN

greguería

en este mundo tan ancho tan ajeno
en este Ser tan inescrutable y ausente
cuando en las noches las horas se linchan
y huelo la muerte tanteando mi cuerpo

evocarte me salva

entonces el pájaro que anida en tu boca
me sobrevuela con ojo predador
cae como kamikaze ebrio de sake
y se convierte en catapulta de fuegos

me salva ese dolor tan suave con el que nos tocamos
sentir los cuerpos desnudos dispuestos a arder
tu sexo que diluvia amapolas embriagantes
y mi noble madera cavando hondo entre tus muslos
hurgando en tu pequeño cráter del infierno
hasta que sobreviene un estruendo de laureles
que nos estremece como huracán hambriento
y todo el otoño se convierte en tibio pan

en este mundo tan inescrutable y ausente
en este Ser tan ancho y tan ajeno
cuando la muerte clava los colmillos de su furia
y una lluvia roja está por asfixiarme la garganta
evocarte

me salva

no sé de que material está hecho el…

greguería

no sé de que material está hecho el deseo
pero sí que no se funde ni dobla ni quiebra ni enfría
que no cede no se entrega no es sobornable
si atemporal omnipresente intenso salvaje
que una vez disparado es huracán
y no sabe de morales
inexcrutable inesperado
luminoso rapto animal
cacao amargo y mieles robustas en el mismo envase
caída libre en fosa de filos
señuelo del demonio

bendito deseo!
maldito deseo!

Celso

relato

Celso tampoco aceptaba su sacrificio e hizo dejar bajo el septenario sus cándidos y transparentes zapatos. ¿Había llegado la hora cenit?
Cenit. No era la hora que Cenicienta estaba esperando. Un huracán procedente del polo la convirtió en cenizas. No era justo que así fuera. Todos lo lamentaron: aquel no podía ser su cenit, Cenicienta. Era demasiado joven para morir.

Cenicienta

relato

Cenicienta. Era demasiado joven para morir. Celso tampoco aceptaba su sacrificio e hizo dejar bajo el septenario sus cándidos y transparentes zapatos. ¿Había llegado la hora cenit?
Cenit. No era la hora que Cenicienta estaba esperando. Un huracán procedente del polo la convirtió en cenizas. No era justo que así fuera. Todos lo lamentaron: aquel no podía ser su cenit.