INT. TEMPLO

Un templo con suelo de baldosas rojas y negras y Un Trono entre la Columna Jakin, columna azul que representa a una hembra joven desnuda y bella, y la Columna Bohaz, columna roja que representa a una mujer vieja y zarrapastrosa que mira envidiosa a la joven. Entre ambas hay Una Puerta. HEH, el gran sacerdote, gordo y seboso, aparece sentado en su trono comiendo todo tipo de viandas de Una Cesta. El cetro termina en una triple cruz de metales y piedras preciosos, cuyos extremos redondeados dan lugar a El Septenario. Aparecen también dos fieles arrodillados, uno De Rojo, que levanta su mano con ira exigente como pidiendo favores, y otro De Negro, que deja caer perezosamente su mano como pidiendo perdón. Música religiosa de órgano.
ROJOFIEL y NEGROFIEL cuchichean.
NEGROFIEL
Sabiduría, realización espiritual, protección, indicación, demostración, filosofía, religión…
ROJOFIEL
¡Va! ¡Pamplinas…!
HEH está comiendo glotonamente.
HEH
Largo, largo, estas no son horas de confesar a nadie…
TAU
¿Eh?
HEH
…Y menos a vosotros.
NEGROFIEL
De oídas te había oído mas ahora mis ojos te ven y mi corazón te siente.
ROJOFIEL
Arrodíllate ante El Gran HEH y confiesa tus pecados, pues de lo contrario serás enviado al infierno para cumplir una pena de la que puedes salir mal parado.
NEGROFIEL
Y bien, joven ¿Cuál es tu pecado capital?
TAU
No, no, yo no… Yo sólo quería pedirle ayuda para…
ROJOFIEL
¿Ayuda? De eso nada; Tú a la cola; Yo estoy primero.
NEGROFIEL
Antes de repartir favores hay que confesar a los pecadores.
ROJOFIEL
Está bien. Confiesa, confiesa, mocoso. ¡Y rápido!
TAU debe confesar un pecado capital, pero aquellos que no confiese pueden condenarle en el infierno, si tampoco tiene el talismán contra él, conseguido ante la sacerdotisa BETH.
NEGROFIEL
No hay prisa…
ROJOFIEL
Seguro que tiene muchos pecados.
NEGROFIEL
¡Es tan agotador!
HEH
¡Basta, he dicho que no son horas!
TAU
Pero…
HEH
Está bien. Pero sólo un pecado. A ver confiésalo ya.
TAU
Me envía la emperatriz…
HEH
¿Y porqué no viene ella misma a confesarse? Su soberbia es de sobra conocida… (Risas) Yo no haría mucho caso de la emperatriz…
El papa, aparentemente sabio anciano, les confiesa.

Aquella mujer que cantaba un blues

Con la mirada a la vez inocente, asombrada e irónica a partes iguales, Fernando Ruiz de Osma, nos aproxima a unas realidades cotidianamente irreales e íntimas, en su poemario Aquella mujer que cantaba un blues (ed. Reino de Cordelia), que, además de ser el XXI Premio de Poesía Eladio Cabañero, constituye una de las visiones más calidamente sonoras de la poesía que uno puede leer hoy en día.

Lo que nos cautiva no es sólo su lenguaje depurado y sencillo, lejano de artificios y semánticas imposibles, sino sobre todo, su tono vital tan parecido al latido de ese blues que canta Beth Hart, una especie de musa platónica, que da título al libro.

Definitivamente, amigo lector, no dejes de caminar «durante horas, hasta el agotamiento, / para oler otra vez aquel puerto, aquel viaje, / aquella mujer que cantaba un blues.» y para leer este breve pero gran poemario de Fernado Ruiz de Osma.

CONFESIONES

No domine más mis horas aquella imagen. salomón visitaba podredumbre mansión dormiremos estaba seres imposible charlé pérfida historia describíroslo poesía promesa cobarde cedrón pensaba despierto solita pecados toda pequeñas llegado vestimenta salón representantes cobardías cubiertas horrorosa villano equívoco malos llorando perfumes ojo marcharme glotonería sensibilidad pliegos influjos comemos época señor carpinteros ese gana menudo hija penetrante condenada carencia ayuda refiere listo ataúd concebibles cosas cadáver escondido otra miserables y tristes obligaciones aparecer amé asuntos astros instructivas encantos tu cristiano conmuevan impuestos espectáculo audacia feroz

A Cesar Vallejo en el 80 aniversario de su muerte

Y nos siguen cobrando el alquiler
de este mundo que dejaron tus pestañas,
cansadas ya de proteger tus ojos
del polvo de la tierra,
como si no supieran nada
de la viudez de tus encías,
de la tos de tus huesos,
de las cosquillas de tu calavera,
de ese olvido que siempre te traías entre manos,
pero es que mis alvéolos tiran a cansados
y las horas estaban a mi nombre,
pero es que a hoy le falta su mañana.

MI CARAVANA

Era una caravana de juguete perfecta, nada podía superarla. Me pasaba horas y horas con ella, jugando en el corral de la entonces nueva casa, en la que había aprendido a andar, obligado por el macadán. ¿Hay algo peor que un juguete roto? Sí, un juguete que perdiste para siempre. EL MISTERIOSO ROBO DE MI CARAVANA

Vivo como un Pepe las horas las tengo…

Vivo como un Pepe,
las horas las tengo repes
y las cambio
si las tengo que cambiar.

Haz las cosas a tu manera,
a quién le importa si dentro o fuera
las sonrisas,
son para regalar.