Robots 1 – Humanos 0

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La nueva revolución ya está aquí…

En el año 1985, se lanzó el estreno de una película que se iba a convertir en un auténtico éxito de taquilla: Terminator. En esta película se muestra un mundo dominado por robots humanoides. Apenas 33 años después, la era dominada por robots parece estar cada vez más cerca y es evidente que nos encontramos en medio de una cuarta revolución industrial, la de la inteligencia artificial.

En los últimos años, hemos visto como diferentes empresas y equipos de investigación han diseñado robots capaces de hacer todo tipo de tareas, desde bailar, correr o saltar, hasta resolver complejos problemas matemáticos y analizar pensamientos e ideas.

Una empresa de Estados Unidos, Boston Dynamics, ha querido formar parte de esta revolución robótica, diseñando unos robots con una excelente capacidad de movilidad, similar a la de un animal o persona. Fundada por ingenieros e investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, la empresa lleva varios años investigando sobre la cinética de los robots, lanzando varios modelos de máquinas que han conseguido atraer la atención de grandes multinacionales como Toyota o Google.

El secreto de los robots de Boston Dynamics radica en la naturalidad, soltura y facilidad en la cual se mueven y se desplazan estos dispositivos. Alguno de sus modelos, como el Atlas, es capaz de correr a altas velocidades, levantar pesos, saltar obstáculos o, incluso, hacer parkour. Además, la gran capacidad de equilibrio de este humanoide permite recorrer superficies irregulares y complicadas. Son innumerables las aplicaciones que pueden tener estos robots en campos como el de la mensajería o el militar.

Otro de sus modelos, que parece inspirado en uno de los más inquietantes episodios de la serie futurista Black Mirror (“Metalhead”), es el modelo Spot, un robot con forma de perro de unos 30 kilogramos (bastante liviano), del cual se está viendo su posible aplicación en la seguridad y vigilancia, ya que es capaz de desplazarse por escaleras, abrir puertas, levantar objetos… y a él se encuentran acopladas unas cámaras que permiten observar todo a su alrededor desde un control. La compañía anunció la pasada semana que este modelo estaría disponible en el mercado a inicios del año 2019. Aunque todavía no se ha especificado el precio, la compañía asegura que el último prototipo cuesta 10 veces menos de construir que sus anteriores versiones.

Hasta dónde nos llevará esta revolución es algo que sólo el futuro responderá.

NEFASTISSIMUS

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Afilaré mi pluma todo lo que mis escasas fuerzas me permitan para clavarla en el corazón de los malvados.

Pues si no hay Dios, ¿porqué yo habría de perdonarlos? Mi condena es eterna.

Qué el becerro de oro al que adoráis triture vuestros huesos,
Qué todo el dolor que causéis se multiplique y alargue,
Qué las llamas con las que apagáis vidas inocentes os consuman eternamente,
Qué el futuro recuerde para siempre vuestras iniquidades,
Qué la memoria sea más dura que el diamante.

Suplicad, malvados, el perdón
Ante las cenizas de esos niños,
Incáos de rodillas ante ellas,
Si sus cenizas se levantan
y vuelven a reír y cantar,
Si reparáis sus vidas,
También seréis vosotros perdonados.

CHAPLIN

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Soldados:
No os entreguéis a ésos que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir.
Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.
Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos.
Soldados:
No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres…” Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura.
En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.
Luchemos por el mundo de la razón.
Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. Soldados:
En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.

Que nadie persiga el pasado ni viva esperando…

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Que nadie persiga el pasado
ni viva esperando el futuro;
porque el pasado ya no es
y el futuro aun está por ser.
Lo que hay que ver cabalmente
es lo que surge en cada momento.
Sabido esto, perseverad
invencibles e imperturbables.
Hoy hay que hacer el esfuerzo,
¿Quién sabe si mañana no llega la muerte?
Con el señor de la muerte y sus grandes huestes no se pacta,
pero al que así persevera
fervoroso día y noche,
a ése el sabio pacífico
le llama el solitario feliz.

Lo mas valioso en la vida

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Valioso y vida. Porque relacionamos esas dos palabras. Si lo hacemos será por algo. Pues bien, están relacionadas. Porque la vida, la de cada uno de nosotros, tiene un valor. Un valor mucho más poderoso que el dinero. Pero más valor tiene todas las enseñanzas que a lo largo de la vida vamos aprendiendo… Al principio, nosotros no tenemos ni idea de lo que es el valor. Pero más adelante, mucho más adelante, llegara un momento en el que todos lo acabaremos comprendiendo. Comprendemos en ese momento aquellas cosas que realmente van a tener valor y aquellas que nunca lo tendrán.

Para empezar, desde el principio, lo más valioso que puede haber en esta vida no es lo que tenemos, no son esos cascos que tenemos, ni ese ordenador ni ese móvil último modelo… no son cosas u objetos que compramos con dinero, con dinero que encima está sucio y manchado de muchas manos… Creemos que con ese dinero conseguiremos la felicidad, que nos permitirá comprar absolutamente todo, pero lamentablemente nos equivocamos. El dinero solo sirve para comprar cosas, objetos que con el paso del tiempo acabaremos despreciando, tirando o incluso olvidándolo en el fondo del cajón. Ese dinero jamás nos los dará todo, hay cosas que lamentablemente el dinero jamás podrá comprar. Y eso es la felicidad. La felicidad es algo que jamás se podrá comprar, vender o alquilar, es algo que tampoco se regala, la felicidad, amigos míos, es un sentimiento, un valor que pocas personas tienen a día de hoy. Lo valioso, lo que realmente tendrá valor y nos hará felices, son esas personas que siempre están ahí, a nuestro lado, las que cada día comparten un poquito nuestro día a día. Pero aun así, lo comparten. Eso es la felicidad, eso es ser realmente feliz y no el sucio dinero. Otra cosa que deberemos de aprender y que, lamentablemente es una realidad, es que nos creemos y mucho, que por tener un buen físico ya vamos a enamorar y a ser los mejores. Eso tiene una palabra, y sin ánimo de ofender, esa palabra es ser un chulo, un creído. Y no es así, el físico jamás tendría que importarnos, eso antes no importaba, pero claro, ahora si importa. Ahora si no somos cachitas no somos nada y eso no me parece correcto. ¿Y a vosotros? La personalidad, como somos en realidad, es lo que tendría que importar realmente, es lo que de verdad acaba enamorando, es lo que nos acabara permitiendo conocer a gente nueva, a enamorarla. Vamos a recordad que el físico nunca enamorara, solo nos atraerá, pero si queremos enamorar, hagámoslo con lo que hay dentro de nosotros, dentro de cada uno de nosotros, con la personalidad de cada uno. Otra cosa valiosa que todos acabaremos aprendiendo es que aquellos que no valoran lo que tienen, que jamás lo disfrutan, lo van a acabar perdiendo y encima, para siempre. Si nunca valoramos lo que tenemos lo perderemos y nos pasaremos el resto de nuestra vida lamentando haber perdido aquello que en su día, en su momento, no valoramos. Que para que seamos felices tenemos que hacer feliz a otras personas, o si me permiten mejorarlo, rodearnos de buenas y grandes personas y que nosotros acabemos siendo una de ellas. Nunca nos debemos de quedar al lado de esas personas que solo van a hacer de nuestra vida un infierno, que no les importamos, ni nosotros ni nuestra felicidad.

Quiero decir para terminar que siempre que la persona que menos esperamos en nuestras vidas, es la que probablemente nos haga que vivamos los mejores momentos de nuestra vida y acabemos ganando grandes experiencias. Jamás debemos de rechazar a alguien que extiende su mano, ya que eso podría ser el comienzo de una gran amistad. Olvidemos eso que nos mata, que nos martiriza nuestro día a día, olvidemos ese pasado, esa historia que ocurrió y que no podremos recuperar, no arruinemos nuestro presente por un pasado que ya no tiene futuro. Y una última cosa, una también bastante valiosa, y es que una persona fuerte sabe perfectamente que aun con lagrimas en los ojos sabe poder arreglárselas para decir con una gran sonrisa… “Estoy bien”.

SANDRO

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Lo mas valioso en la vida. Valioso y vida. Porque relacionamos esas dos palabras. Si lo hacemos será por algo. Pues bien, están relacionadas. Porque la vida, la de cada uno de nosotros, tiene un valor. Un valor mucho más poderoso que el dinero. Pero más valor tiene todas las enseñanzas que a lo largo de la vida vamos aprendiendo… Al principio, nosotros no tenemos ni idea de lo que es el valor. Pero más adelante, mucho más adelante, llegara un momento en el que todos lo acabaremos comprendiendo. Comprendemos en ese momento aquellas cosas que realmente van a tener valor y aquellas que nunca lo tendrán.

Para empezar, desde el principio, lo más valioso que puede haber en esta vida no es lo que tenemos, no son esos cascos que tenemos, ni ese ordenador ni ese móvil último modelo… no son cosas u objetos que compramos con dinero, con dinero que encima está sucio y manchado de muchas manos… Creemos que con ese dinero conseguiremos la felicidad, que nos permitirá comprar absolutamente todo, pero lamentablemente nos equivocamos. El dinero solo sirve para comprar cosas, objetos que con el paso del tiempo acabaremos despreciando, tirando o incluso olvidándolo en el fondo del cajón. Ese dinero jamás nos los dará todo, hay cosas que lamentablemente el dinero jamás podrá comprar. Y eso es la felicidad. La felicidad es algo que jamás se podrá comprar, vender o alquilar, es algo que tampoco se regala, la felicidad, amigos míos, es un sentimiento, un valor que pocas personas tienen a día de hoy. Lo valioso, lo que realmente tendrá valor y nos hará felices, son esas personas que siempre están ahí, a nuestro lado, las que cada día comparten un poquito nuestro día a día. Pero aun así, lo comparten. Eso es la felicidad, eso es ser realmente feliz y no el sucio dinero. Otra cosa que deberemos de aprender y que, lamentablemente es una realidad, es que nos creemos y mucho, que por tener un buen físico ya vamos a enamorar y a ser los mejores. Eso tiene una palabra, y sin ánimo de ofender, esa palabra es ser un chulo, un creído. Y no es así, el físico jamás tendría que importarnos, eso antes no importaba, pero claro, ahora si importa. Ahora si no somos cachitas no somos nada y eso no me parece correcto. ¿Y a vosotros? La personalidad, como somos en realidad, es lo que tendría que importar realmente, es lo que de verdad acaba enamorando, es lo que nos acabara permitiendo conocer a gente nueva, a enamorarla. Vamos a recordad que el físico nunca enamorara, solo nos atraerá, pero si queremos enamorar, hagámoslo con lo que hay dentro de nosotros, dentro de cada uno de nosotros, con la personalidad de cada uno. Otra cosa valiosa que todos acabaremos aprendiendo es que aquellos que no valoran lo que tienen, que jamás lo disfrutan, lo van a acabar perdiendo y encima, para siempre. Si nunca valoramos lo que tenemos lo perderemos y nos pasaremos el resto de nuestra vida lamentando haber perdido aquello que en su día, en su momento, no valoramos. Que para que seamos felices tenemos que hacer feliz a otras personas, o si me permiten mejorarlo, rodearnos de buenas y grandes personas y que nosotros acabemos siendo una de ellas. Nunca nos debemos de quedar al lado de esas personas que solo van a hacer de nuestra vida un infierno, que no les importamos, ni nosotros ni nuestra felicidad.

Quiero decir para terminar que siempre que la persona que menos esperamos en nuestras vidas, es la que probablemente nos haga que vivamos los mejores momentos de nuestra vida y acabemos ganando grandes experiencias. Jamás debemos de rechazar a alguien que extiende su mano, ya que eso podría ser el comienzo de una gran amistad. Olvidemos eso que nos mata, que nos martiriza nuestro día a día, olvidemos ese pasado, esa historia que ocurrió y que no podremos recuperar, no arruinemos nuestro presente por un pasado que ya no tiene futuro. Y una última cosa, una también bastante valiosa, y es que una persona fuerte sabe perfectamente que aun con lagrimas en los ojos sabe poder arreglárselas para decir con una gran sonrisa… “Estoy bien”.

Está más allá

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Está más allá. Un extravagante que se ha colocado más lejos, fuera del mundo. Sabe como dar el mordisco a nuestras palabras y ladrar al futuro. Un ser transfinito que cruza el aleph, el delirio supremo de los supremos. Pero su indiscreción tan cuidadosamente estudiada asemeja a las ilimitadas caras de Jano. Sorprende. ¿Quién lo anima? ¿Quién lo gobierna? ¿Quién recompensa su ímpetu? ¿Es el Demiurgo del poblado? ¿Es el invitado, el rey, el cretino? ¿En qué consisten sus malabarismos?

Lo dejo Gracias amigos fue un placer Este…

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Lo dejo. Gracias, amigos; fue un placer. Este es el mundo del miedo y de la carne; poner todo mi esfuerzo en algo tan inútil trajo a mi vida sólo desaire y decepción. Fui mi propio verdugo. He ganado en papelerío; he perdido todo el resto. Adiós; que el futuro os sea leve y la posteridad ponga alguna que otra flor sobre vuestra tumba. Es hora de marchar.

Pasa otra nube…

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Pasa otra nube y el futuro, con su ala azulada, se acerca.
Pasa otra nube, para tí, por donde el pasado ya nunca pasará.
Pasa otra nube y, en oriente, su sombra irá a perderse para siempre.
Pasa otra nube como si sólo oyera la armonía del mar.
Pasa otra nube que borra el animal de fondo.
Pasa otra nube que habla con el fragor de la transparencia azul, marina.
Pasa otra nube y todo pasa, todo pasa, todo pasa…

Pasa otra nube y el futuro con su…

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Pasa otra nube y el futuro, con su ala azulada, se acerca.
Pasa otra nube, para tí, por donde el pasado ya nunca pasará.
Pasa otra nube y, en oriente, su sombra irá a perderse para siempre.
Pasa otra nube como si sólo oyera la armonía del mar.
Pasa otra nube que borra el animal de fondo.
Pasa otra nube que habla con el fragor de la transparencia azul, marina.
Pasa otra nube y todo pasa, todo pasa, todo pasa…

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas…

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Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

Skarmenti

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Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

  • Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

a las 10 en casa

Julio Skarmenti

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Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.

Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.

El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula.

A pesar de su empecinamiento, la mula sabía hacer su trabajo con el más esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorría las más importantes plazas y calles del lugar, lo cual permitía a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y latón- su maravilloso y único espectáculo en el mundo. Espectáculo en el que todos tenían su papel asignado, desde la cabra, que no sólo daba leche a la familia sino también conciertos de pedorretas al público congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quimérica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantalón de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse oídos sordos pues su estertor era fácilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en más de una ocasión entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

Caminó entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas pétreas estuvieran abandonadas a la intemperie. Pequeñas veredas se bifurcaban, dándole la oportunidad de sentir la náusea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sentía que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tomó el amplio paseo que conducía a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentación de caminar bajo su sólido y único arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes oía a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofrío, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspondía, recorría su cuerpo. […]

Adivinación

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No se por qué, pero mi mente ha relacionado siempre estos conceptos: para mí la adivinanción es algo Gráfico. Visualizo lo que va a pasar de una forma totalmente esquemática. Supongo que se trata de una capacidad de los eternos. Hemos vivido tantas cosas que nos resulta fácil prever las consecuencias de cualquier acto. No somos como un dios que posea todos los datos pero –y es quizás esa la razón por la que vemos el futuro de forma simplificada– lo contemplamos en una especie de gráfico del porvenir. Entenderéis entonces que -como dicen ahora- me parta el culo de risa cuando uno de esos agoreros y adivinos de tres al cuarto creen ver con meridiana claridad lo que va a pasar con las vidas de otros. Si yo, que he vivido tantos siglos, no veo el futuro más que como una deducción gráfica, ¿qué pueden ver esos –a mis ojos– pipiolos y mocosos recién salidos del huevo?

EN DELICADAS CUMBRES

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(Por Jose L. Serrano)

En delicadas cumbres nacaradas
paso intacto las tardes del estío
y sin querer, mirando hacia lo lejos
veo la luz que del futuro habla.

Insólitos placeres denuncian mi deseo,
el penetrante hastío de amoratados lirios
y, cautamente, encojo la cabeza:
el doloroso paso por la vida

Hasta mañana. Como la luz
que se ahoga tras los montes,
en la noche me interno de puntillas,
otra espantosa noche
de dientes rechinados y dolores,
de sábanas mojadas y calientes
en las que tu semilla busca el mar
pero se pierde,
como los ríos de África en la arena.

TONINO CAROTONE( Me cago en el amor)

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E’ un mondo difficile e vita intensa. Felicita’ ,a momenti e futuro incerto,il fuoco e l’acqua con certa calma sonata di vento e nostra piccola vita e nostro grande cuore .
Porque voy a creer yo en el amor,si no me entiende, no me comprenden tal como yo soy.Porque voy a creer yo en el amor si me traiciona y me abandona cuando mejor estoy.Lo sabemos muy bien, entre tu y yo, y aunque parezca no tienes la culpa, la culpa es del amor
E’ un mondo difficile e vita intensa.Felicita’, a momenti e futuro incerto.No puedo convencer a mi corazon si yo no dudo y estoy seguro que el tiene razon.No voy a asesinar esa sensacion si yo la quiero, yo la deseo aunque me de’ dolor.Yo no quiero sufrir pero aqui’ estoy y estoy sufriendo y no me arrepiento.
Me cago en el amor.
E’ un mondo difficile e vita intensa.Felicita’ a momenti e futuro incerto, il fuoco e l’acqua con certa calma, sonata di vento, e nostra piccola vita e nostro grande cuore.Porque voy a creer yo en el amor si no me entiende, no me comprenden tal como soy yo.Porque voy a creer yo en el amor si me traiciona y me abandona cuando mejor estoy.No sabemos muy bien, entre tu y yo, y aunque parezca no tienes la culpa, la culpa es del amor Yo no quiero sufrir pero aqui’ estoy y estoy sufriendo y no me arrepiento (me cago en el amor) me cago en el amor.Me cago en el amor.Me cago en el amor.Vita mia.
E’ un mondo difficile