Los restos de Franco se venderán en la milla de oro como tabaco mentolado

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Buenos tiempos para los fumadores españoles y muy españoles de la milla de oro.

Por un lado, a partir del próximo viernes, desaparecerán las cajetillas actuales para sustituirlas, gradualmente, por otras donde las imágenes sobre los beneficios  en la salud que provoca el tabaco de liar de Paquito ganan absoluto protagonismo.

Por otro, se inicia la cuenta atrás hacia la introducción de componentes considerados ‘gancho’ para atrapar nuevos consumidores franquistas, como el olor (o sabor) a vainilla fascistilla o chocolate racio del lor, patrocinado por Bertinin Osburle.

También los mentolados dirán hola al mercado, en un nuevo formato para exquisitos de las cenizas del Paco, Paco… que mi Paco, Paco, Paco… y olé.

CONFESIONES 5

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raza quizá nueva calvero cálidos contemplación crueles describir humana bosque aunque Satán espero saqueadores ofrezco hespérides separé importancia quemará para promesas cielos acostumbraré comercio forzado doméstica cedido busca acabé mangas porvenir arrojo repugnancias caldo exasperada causa soñando rayo aparecía despreocupaciones limbos fogatas inspirado parte cizaña innobles parece embarcado trabajaré almita llegue bella descriptivas segura reina simple desvelar llama revoluciones vivir claridad noches sequé saberlo desesperación llaves separaciones letrero cazar senté país mío parar fumar tapándome pastores sufrimiento movimiento apenas fuera confiad armas holgazanes alegres

AHASVERO

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Fumaré un cigarro tan grande que necesitaré a la luna como cenicero, Celeste. Sí, Celeste, hoy me fumaré ese cigarro que siempre quise fumar a tu lado. Un cigarro tan grande y largo como la vía láctea. Un puro de estrellas. Y dejaré que las nubes palidezcan ante el humo que voy a soltar. Un humo que durará siglos. Y será tóxico y embriagador, como el odio, como el amor. Voy a necesitarte a ti y un gran cenicero, un cenicero como la luna. Venga, vamos a encenderlo.

PLATO A LA CARTA

relato

No. Ahora toca el no. Abajo el murmullo no cesa. Están esos pijos con sus pulseras, sus relojes, sus bolsos de diseño, y su conversación banal. Risas. En la tele esos superhéroes que tanto parece necesitar esta puta sociedad en crisis. El humo sube hasta la ventana disipado en el murmullo incomprensible y se mezcla con el mío. Mujeres rubias, flacas, liberadas, sin oficio ni armadura ríen como caracoles asmáticos mientras las otras putas de la calle las miran como vacas que ven pasar el tren. Ese maldito olor a puro sube hasta mi escritorio. Me duele la espalda, el culo, las témporas, la rodilla que me golpeé esta tarde en el trabajo. Todo el mundo tiene algo malo, dice, tras una carcajada, ese tipo imbécil de abajo. La vecina de enfrente tiene su enorme Mac encendido. ¿Dónde está? ¿Qué piensa? ¿Qué hace? El gato se asoma al balconcito. Mira la gente del bareto-teatro. ¿Cuándo se van?, parece decir. Me siento anestesiada por el murmullo y enciendo otro cigarrillo. ¿Realmente he vuelto a fumar? Jodida mierda. Bendito humo. Humo. Humo. Humo. Mojitos. Cócteles. Sangría. Tinto verano. Vinos y copas. Plato a la carta. Al parecer, ahora el tiempo se mide de viernes a viernes. El resto del tiempo no somos humanos, no vivimos, estamos condenados en un trabajo que no nos gusta, haciendo cosas que nos desagradan para corporaciones anónimas y limitadas. ¿Cómo esperamos crear un mundo mejor así? Tampoco parece importarnos. La vecina de enfrente no tiene cara, yo creo que es una persiana. Sus ojos horizontales miran por las rendijas que dejan las lamas de madera. También respira por ellas, y escucha y huele el pescado. Cada una de esas lamas funciona como un sentido diferente. Sentidos que ni nos imaginamos y que captan las imperceptibles sensaciones ultramundanas que le llegan por todas partes. Sensor de terremotos. Detector de gases etéreos, ondas gamma y temblor de mariposas remotas. Visualizador de ectoplasmas evacuatorios. Localizador de angustias referenciales. Señalador de estanqueoladas irresolubles. Descubridor de parasimpatías. Sonda sinuosenoidal obstruida y catalítica. Visor de cuerdas y partículas elementales. Telecopiador de místicas insufribles. Medidor de superlatividad asidua discontinua y forética… Eso, hasta donde yo sé.

CONDENADO

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Me gusta morderle el cuello como una rata. Sea dicho entre paréntesis, también en la entrepierna. Cierra la guantera, le digo. Es una moraleja tu mirada, contesta. Son veinte pavos, digo. Esparce los billetes como un árbol sus hojas en otoño. Gracias, digo, bonita demostración de poder. Y le descargo la culata sobre su cabeza. ¿Puedo fumar?, pregunto. Esta vez no dice ni una frase. Oh mundo, pienso. Qué precio tiene la cultura. Y rememoro de nuevo la infancia. Un polvo entre los senos, memento mori, pies ligeros de mosca. Dejo el cuerpo sobre la vaca y lanzo el coche al vacío. Adieu, sans adieu.