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    Marzo 

    ¿Destino? ¿Almas gemelas? ¿Amor verdadero? ¿Aún vives en la Edad Media?
    Se llenó el cosmos de preguntas y quisimos responderlas a todas. No hay respuestas. Sólo preguntas. Sólo el vacío nos inunda.
    El problema es que no hay tiempo para todos los “Tú”. Y no todos los versos son de mármol, ni todos los pensamientos son pájaros.
    El roce de tu piel es como brisa fresca de verano. El brillo de tus ojos como el amanecer de un niño. Eres todo poesía en mi recuerdo.
    El goteo de luz de su mirada. Los profundos mares de su ausencia. La limosna de la yema de sus dedos. Los silencios oscuros de sus labios.
    Rozar tu piel y no alcanzarte es espejismo de locura. Y respirar el aire que respiras es como el fuego del desierto que me abrasa.
    Las penas flotan por ti en el mar de la distancia incomprensible y en el oscuro bosque de la ausencia como infinita niebla.
    Si amas la rosa en su frescura, aprenderás a amarla ya seca y marchita.
    Moriré de pena sin tu amor.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tú.
    Inalcanzable como una estrella, tan distante como el fondo del mar, invisible como el aire, prácticamente nada…
    El esperpento de un esperpento es la realidad.
    Son fríos los cuchillos del amor como frío es el viento de esta tarde.
    No me sigas, no. No me sigas si no has venido a quedarte. Sólo el que se queda puede llenar el vacío… …para siempre.
    Qué bello el infinito abismo, oscuro y limpio como la muerte…
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Vosotros que admiráis la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¿Qué sabéis de belleza y de dolor?
    Se apagó el cigarro del día y para siempre será el cadáver y las cenizas de un poema. (A Leopoldo María Panero)
    Quiero besar la luna en tus labios.
    Tus labios tienen hoy brillo de luna.
    La melancolía es el arpa del corazón acorazado.
    Ama. Todo lo demás es etcétera.
    Mi destino es ser quien soy. ¿Se ha terminado el camino?
    Se llenó de tristeza el ojo enamorado, se llenó de amor el ojo triste.

     
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    CONFESIONES 4 

    Al reírme en el cobijo del último, esa ternura del prematuro que, a naciones y hombres, muestra el fin, no conozco pensamiento, ay, en que la geografía alza y habla de sentimientos. Y sabéis, como pulmones en frío, que os adiestran para vasallos de la patria. Por repetirla, hermanos, divulguemos esta jerga de la vejez inferior y contigua que beso al parecer en calles de vaudeville pagano. No soporta el devorado si bailo mientras rompen las pobres ideas que hice nocturnas… viajaremos hosco perdón Sajonia almacenes profanas fueras razas cubierto adorar almohada enfurecidos mustias alquimia adormideras oriente sostener dejará costillas etc rebeldía carbones enciendan humanas óperas alcanzan evadirse edén salvarme habrán moderándose hacerlo ruinas perdía valor siendo arenilla complicados días enviaba perdido ningún divagaciones vistas celestial

     
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    La vuelta a Verne en 80 Jules 

    Un 8 de febrero de 1828 nacía en Nantes Jules Gabriel Verne, creador de un género propio en el que, mediante una aventura narrada magistralmente, se describen los grandes avances científicos y técnicos que revolucionaron el s.XIX.
    Con 11 años Jules Verne decidió enrolarse como grumete en un barco rumbo a la India: quería saciar su sed de aventuras, huir de su hogar y deslumbrar a su amada prima Caroline. El severo castigo de su padre y la humillación ante su prima y amigos hizo que encauzara su rebeldía hacia la literatura.
    Tuvo que ocultar su vocación de escritor ya que su padre no lo veía con buenos ojos: quería que le sucediera como abogado. Se licenció en derecho, pero a su vez, le escribió a su padre:

    puedo convertirme en un buen escritor, pero nunca sería más que un mal abogado.

    Sufrió dos desengaños amorosos y un matrimonio conflictivo que se traducen en la escasa relevancia de las mujeres en sus obras, incluso a veces con un punto misógino.
    En París conoce a Alexandre Dumas que se convierte en su mentor, amigo y protector.
    En época de estrecheces económicas se refugiaba del frío en la biblioteca Nacional, donde leía libros y revistas de divulgación científica, así conoció todos los avances de la técnica.
    Los héroes de Verne recorren un mundo insólito pero real, enigmático pero comprensible para la razón y la ciencia y, además de un viaje físico realizan un viaje interior.
    Su Obra más conocida es La vuelta al mundo en 80 días, novela con la que obtiene el triunfo definitivo y se convierte en el autor más leído y famoso de Francia.
    La obra es una reflejo del optimismo de su primera etapa como escritor, en la que cree que el saber científico resolverá todos los obstáculos y reducirá la desigualdad de clases.

     
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    EL HOMBRE DEL SACO EN LA NIEVE 

    Estoy convencido que era mi madre pero yo me llevé un susto tremendo. Me gustaba salir a la nieve siempre que podía, no importaba como, descalzo, en calzoncillos, no me importaba, yo no tenía frío.

     
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    EXT. TORRE. DÍA 

    LAS NUBES son cisnes, cisnes blancos, grises o negros,
    sobre el lago azul y sereno del cielo.
    El sol es su jinete, y de las nubes, sube y baja
    con la montura celeste en que cabalga
    el monte o las montañas.
    Las nubes del monte lloran el mar sobre nosotros
    y nos devuelven, puras, las lágrimas lloradas
    por todos los vivientes.
    Mientras el frío viento las va esquilando,
    se precipitan como minúsculas banderas blancas de nieve:
    las banderas de paz de los abismos de la noche.
    La nube, aquella larga nube de plata,
    dorada también por el crepúsculo,
    es enhebrada por la torre para coser
    los abismos del cielo de la noche.
    La torre enhebra nubes, jugando entre campanas,
    esos camellos verdinegros que por la aguja
    pasan, juegan, tañen, cantan, bailan… a las almas.
    En esas nubes grises, blancas y negras
    naufragan las palabras y sus almas.
    No son ya nubes de agua o nieve,
    son nubes de palabras y de almas,
    que reman, como un Caronte de arriba,
    con el remo de la torre, y que pasan, pasan, pasan
    —pasa otra nube—
    un rebaño de nubes, de palabras y de almas.

     
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    El veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y… 

    — El veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y kiwi. La cigüeña tocaba el saxofón detrás del palenque de paja.
    — El pingüino Wenceslao hizo kilómetros bajo exhaustiva lluvia y frío, añoraba a su querido cachorro.
    — Jovencillo emponzoñado de whisky, qué mala figurota exhibes.
    — Exhíbanse politiquillos zafios, con orejas kilométricas y uñas de gavilán.
    — El jefe buscó el éxtasis en un imprevisto baño de whisky y gozó como un duque.
    — El niño exclama de alegría viendo al fabuloso periquito comer jugosos kiwis y zanahoria.

    Los Pangramáticos

     
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    Soy malvado para que los Reyes me traigan… 

    Soy malvado para que los Reyes me traigan carbón a granel. ¡Hace un frío que pela!

     
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    Las máscaras de carnaval sólo cubrían nuestras caras… 

    Las máscaras de carnaval sólo cubrían nuestras caras del frío.

     
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    En un principio había frío y hielo Y… 

    En un principio había frío y hielo. Y la gente se quejaba del frio.
    Entonces, Dios, creó el Sol para calentar e iluminar. Y la gente se quejaba de que hacía mucho calor
    Entonces, Dios creó las Estaciones para que fuera variando la temperatura. Y la gente se quejaba de que en Invierno hacía frío, en Verano calor, y en Primavera y Otoño hacía frío-calor y tenían que quitarse y ponerse Rebequitas.
    Entonces, Dios creó el día y la noche para que hubiera más variedad. Pero la gente se quejaba de la oscuridad, madrugar…
    Entonces Dios nos mandó a todos a tomar por culo.

     
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    Rocío 

    Mínimas gotas,
    frío pesar cayendo
    de madrugada.

     
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    CAPITÁN 

    La madre y el padre estaban velando un cadáver. O eso parecía. Sus ojos cerrados no revelaban lágrimas. Quizás sólo cansancio. Un cansancio de siglos. Un cansancio que se acumulaba en las ojeras de los viejos como se acumulaba el polvo en los rincones de la estancia. El hijo parecía dormir plácidamente. Pero estaba muerto. Había muerto después que ellos pero eran ellos los únicos que le velaban. Yacía sobre un tatami de paja con borde negro de luto. El olor del tatami era intenso como de mieses recién segadas. Aún soleadas y calientes. El resto era frío, muy frío. Nadie respiraba en la habitación. No en vano todos estaban muertos, hasta los muebles eran jirones de un ataúd. Una inquietante atmósfera rodeaba al muerto. Una niebla heladora.
    Cualquier color que tu quieras, dijo la madre. Nadie contestó. Una marcha nupcial comenzó a oírse y unos perros ladraron como alertados por las trompetas. O quizás eran lobos, lobos de montaña. Lejanos.

     
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    CAPITÁN 

    La madre y el padre estaban velando un cadáver. O eso parecía. Sus ojos cerrados no revelaban lágrimas. Quizás sólo cansancio. Un cansancio de siglos. Un cansancio que se acumulaba en las ojeras de los viejos como se acumulaba el polvo en los rincones de la estancia. El hijo parecía dormir plácidamente. Pero estaba muerto. Había muerto después que ellos pero eran ellos los únicos que le velaban. Yacía sobre un tatami de paja con borde negro de luto. El olor del tatami era intenso como de mieses recién segadas. Aún soleadas y calientes. El resto era frío, muy frío. Nadie respiraba en la habitación. No en vano todos estaban muertos, hasta los muebles eran jirones de un ataúd. Una inquietante atmósfera rodeaba al muerto. Una niebla heladora.
    Cualquier color que tu quieras, dijo la madre. Nadie contestó. Una marcha nupcial comenzó a oírse y unos perros ladraron como alertados por las trompetas. O quizás eran lobos, lobos de montaña. Lejanos.

     
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    EPITAFIO DEL VANIDOSO CAPITULANTE 

    Lo admito, teníais razón. Soy un frío y un estirado.

     
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    EPITAFIO DEL VANIDOSO CAPITULANTE Lo admito teníais razón… 

    EPITAFIO DEL VANIDOSO CAPITULANTE
    Lo admito, teníais razón. Soy un frío y un estirado.

     
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    EPITAFIO DEL HELADERO ESCONDIDO Frío frío 

    EPITAFIO DEL HELADERO ESCONDIDO

    Frío, frío.

     
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    EPITAFIO DEL HELADERO ESCONDIDO 

    Frío, frío.

     
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    VIVA 

    Cambio aire frío y usado por aire caliente y limpio.

     
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    Cambio aire frío y usado por aire caliente… 

    Cambio aire frío y usado por aire caliente y limpio.

     
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    Quiero hablar del frío el frío es bueno… 

    Quiero hablar del frío:
    el frío es bueno para tomar café,
    para acostarse,
    para hacer el amor,
    para que nos digan “tienes las manos frías”
    para fumar y para no salir del cuarto.

    “El club de los poetas muertos”

     
    • viva el Permalink

      Quiero hablar del calor:
      El calor es bueno para tomar helado,
      Para levantarse,
      Para hacer el amor,
      Para que nos digan “tienes la manos calientes”
      Para beber y para salir del cuarto.

      “El club de los muertos que fingen ser poetas”

    • Santyago el Permalink

      Si no te importa la corrección, el calor es mejor para que nos hagan el amor que para hacerlo. Aun que claro, para gustos las temperaturas :)

    • viva el Permalink

      Pero eso suena a pasivo, jamás dejes que te hagan el amor, siempre es mejor hacerlo. Aparte, quería subrayar el hecho de que tanto el frío como el calor sirven para hacer el amor. Y perdón por corregirte, jajaja.

    • Santyago el Permalink

      Bueno, en teoría científica el calor y el trabajo están muy relacionados. En la práctica, quien no me otorgue una piscina / ducha / playa, es necrofílico.
      PD: No pidas perdón, exígeme las gracias por las risas que regalas :)

    • albertodieguez el Permalink

      Dame frío que yo te daré calor.
      haciéndote el amor
      dame calor que yo te daré escalofrío
      haciéndote el amor con brío.

    • viva el Permalink

      con rima queda ridi

    • viva el Permalink

      ….calculando deudas….

    • albertodieguez el Permalink

      Vaya, me volví ridículo!
      debí hablar de follar directamente. :-)

    • viva el Permalink

      es por la rima

    • albertodieguez el Permalink

      ya, eso digo, que debí decantarme por quitar el “amor con brío” y poner lo que dije antes :-)

    • viva el Permalink

      eso hubiera sido soez

    • albertodieguez el Permalink

      sí, ya me parecía, tendré que esmerarme y esforzarme más para no quedar ni ridi ni en el canal.

    • viva el Permalink

      Jajaja

    • Santyago el Permalink

      Sonarías muy moderna perdonando la deuda externa ;)

    • viva el Permalink

      Lo de exigirte fue idea tuya, eeeeh!

    • Santyago el Permalink

      Sólo la consideración, óculo celeste!

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    tenian mucho frío se abrazaron y se durmieron… 

    tenian mucho frío
    se abrazaron y se durmieron.

    Murieron congelados

     
  • viva el Permalink |
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    Olvido ¿ Qué hay del ayer de sus… 

    Olvido

    ¿ Qué hay del ayer,
    de sus aceras rotas
    y su corazón tibio?

    Frío y cemento
    conectan nuestros pasos
    hacia la indiferencia.

    Rosa

     
  • viva el Permalink |
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    En este invierno la soledad le trajo mucho… 

    En este invierno, la soledad le trajo mucho frío,
    por eso cuando salió, se enfundó su abrigo de “putón”
    buscando calor.

     
    • mjalarconn el Permalink

      Es un abrigo temporal, usualmente se desgasta sin aviso y termina congelando hasta el tuétano.

    • albertodieguez el Permalink

      Es piel de carnero…

    • Borgeano el Permalink

      El abrigo de “putón” para que sea cálido debe ser gordo. Al menos eso me dijeron.

  • viva el Permalink |
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    INSPIRACIÓN 

    VERSO TERCERO:

    Me oculto del frío de la humanidad
    En el laberinto de la soledad
    Pero sé amar

     
    • inspiracion1971 el Permalink

      Me oculto de quien me daña, de quien me juzga, de quien niega mi esencia. Pero sé amar.

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: frío,   

    Intento desnudarte de tus labios para vestirme con… 

    Intento desnudarte de tus labios, para vestirme con ellos y no pasar frío.

     
    • Mina el Permalink

      Sólo no te olvides arroparme contigo para que no sientas el frío.

    • viva el Permalink

      No seas cruel,

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: frío   

    Aquí hace tanto frío que al pinguino que… 

    Aquí hace tanto frío que al pinguino que tenemos de mascota le agarró bronquitis.

     
    • bibi el Permalink

      ACHISSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

    • Latidos del verano el Permalink

      Ay, pobre!!!!!

    • borgeano el Permalink

      Ahora estamos probando con Vick Vaporub y té de manzanilla.

    • Latidos del verano el Permalink

      Echate el Vick en la planta de los pies. Me mandaron PP donde decía que de esta forma se quitaba la tos y los resfriados. Prueba a ver. Lo más que puede pasar es que cada vez que estornudes se te caigan los calcetines.

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: frío   

    El frío modifica la trayectoria de los… 

    “El frío modifica la trayectoria de los peces.”

     
  • viva el Permalink |
    Etiquetas: frío   

    En plato frío 

     
    • Liacice el Permalink

      ¡Qué fantástico micro!. Con solo esa imagen veo toda la rabia contenida en decenas de años juntos, percibo la sonrisa cínica que se asoma en su rostro mientras se aleja del monumento. Y aún sonrié más, pensando en los vándalos que no dejarán de estampar su graffittis obscenos sobre el cuerpo de su honorable. Sobre Él… ¡que era tan pulcro y remilgado!. Ja, ja

    • viva el Permalink

      la ilustre viuda del ilustre excrementado, jajaja.

  • viva el Permalink |
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    Sólo hay frío tras el cristal sólo frío 

    Sólo hay frío tras el cristal, sólo frío

     
    • mercedesmolinero el Permalink

      Tras mi cristal, el viento azota mis deseos.

    • mercedesmolinero el Permalink

      Estamos conectados, Juan por el frío que viene de Siberia

    • viva el Permalink

      Estamos conectados por muchas más cosas de las que creemos!

    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el Permalink

      XIII
      A la poesía

      Escribir tormentos
      que angustian la razón,
      razón que choca contra el aire endurecido
      de la vida y la locura:
      cristal traspasado
      sin queja
      y sin lamento,
      suavemente domado
      por la palabra, por el verso.
      Dulces sonidos que se construyen en silencio,
      suplicio de aquel que vio el jazmín
      y tan solo pensó
      en la savia y en la luz.

    • Cat el Permalink

      Atravesar el cristal para dejarnos licuar por el fuego.

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    Necesitamos otro Internetcio 

    Sombra desterrada
    peinando la mar
    que no busque
    tahúr de epitafios
    escuchando a Bach
    nocturno y frío.

     
  • viva el Permalink |
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    Cúanto queda para que pase este frío con… 

    Cúanto queda para que pase este frío congelado, y vaya llegando la primavera a nuestras vidas? Sabremos esperar o nos precipitaremos en cada brizna de sol?

     
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    Etiquetas: frío   

    EMAN 

    Receta de cocina:

    Salbutamol
    Almagato
    Omeprazol
    Codeína
    Ibuprofeno
    Loratadina
    Paracetamol

    Pasar por la túrmix y desleer en un vaso de agua. Servir frío.

    No recomendado para menores de 45 años.

     
    • piti el Permalink

      y no puede comer revuelto, en revuelto?
      que alguien me quite el insoportable paso del tiempo, de este tiempo

    • eman el Permalink

      Todo a discreción.

    • piti el Permalink

      de estos tiempos…
      todo se llevaría mejor con un par de huevos (mi humilde opinión)

    • eman el Permalink

      No suavicemos las cosas.

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    Receta de cocina 

    Salbutamol
    Almagato
    Omeprazol
    Codeína
    Ibuprofeno
    Loratadina
    Paracetamol

    Pasar por la túrmix y desleer en un vaso de agua. Servir frío.

    No recomendado para menores de 46 años.

     
    • piti el Permalink

      y no puede comer revuelto, en revuelto?
      que alguien me quite el insoportable paso del tiempo, de este tiempo

    • eman el Permalink

      Todo a discreción.

    • piti el Permalink

      de estos tiempos…
      todo se llevaría mejor con un par de huevos (mi humilde opinión)

    • eman el Permalink

      No suavicemos las cosas.

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    RAMÓN 

    El frío nos asusta gritando: “¡Qué viene el polo!”

     
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    El frío… 

    El frío nos asusta gritando: “¡Qué viene el polo!”

     
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    CONDENADO 

    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal moflete. Vuelve a comer como un estúpido cochino, sin ningún respeto por el mar, con su engañosa y feliz apariencia. Siento frío. La herida de mi infancia se reabre ante este necio joven. Le prepararé un lugar en el laberinto de la muerte, me digo. No le manifiesto mi desprecio todavía. Escucho la melodía, como al principio. La puerta sigue su ritmo, sin sentido. Qué sorpresa te espera, patán, pienso. La tormenta se acerca. Ajusto mi visión. Vale.

     
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    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal… 

    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal moflete. Vuelve a comer como un estúpido cochino, sin ningún respeto por el mar, con su engañosa y feliz apariencia. Siento frío. La herida de mi infancia se reabre ante este necio joven. Le prepararé un lugar en el laberinto de la muerte, me digo. No le manifiesto mi desprecio todavía. Escucho la melodía, como al principio. La puerta sigue su ritmo, sin sentido. Qué sorpresa te espera, patán, pienso. La tormenta se acerca. Ajusto mi visión. Vale.

     
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    CONDENADO UNO 

    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal moflete. Vuelve a comer como un estúpido cochino, sin ningún respeto por el mar, con su engañosa y feliz apariencia. Siento frío. La herida de mi infancia se reabre ante este necio joven. Le prepararé un lugar en el laberinto de la muerte, me digo. No le manifiesto mi desprecio todavía. Escucho la melodía, como al principio. La puerta sigue su ritmo, sin sentido. Qué sorpresa te espera, patán, pienso. La tormenta se acerca. Ajusto mi visión. Vale.

     
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    CONDENADO TRES 

    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, mientras hurga en el laberinto carnal de su herida, no ha dejado de comer. Oigo el ritmo al que engulle. Esa visión me transporta a una engañosa melodía de mi infancia en clave de sonora bofetada. De principio, un té rojo, dice. Abro la puerta y él pierde el sentido. Es joven, alguien para quien la sorpresa continúa siendo el frío de la tormenta en el mar. Aprende, le digo.

     
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    No es feliz Es manifiesto Sin embargo mientras… 

    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, mientras hurga en el laberinto carnal de su herida, no ha dejado de comer. Oigo el ritmo al que engulle. Esa visión me transporta a una engañosa melodía de mi infancia en clave de sonora bofetada. De principio, un té rojo, dice. Abro la puerta y él pierde el sentido. Es joven, alguien para quien la sorpresa continúa siendo el frío de la tormenta en el mar. Aprende, le digo.

     
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    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, … 

    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, mientras hurga en el laberinto carnal de su herida, no ha dejado de comer. Oigo el ritmo al que engulle. Esa visión me transporta a una engañosa melodía de mi infancia en clave de sonora bofetada. De principio, un té rojo, dice. Abro la puerta y él pierde el sentido. Es joven, alguien para quien la sorpresa continúa siendo el frío de la tormenta en el mar. Aprende, le digo.

     
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    Los ombligos plebeyos 

    Recorro los ombligos plebeyos hasta que llegue el frío enero del deseo y en la gloria de tus senos enredo mis cabellos de diosa alicaída. Yo soy la madre que su pezón desnuda como palmera joven del desierto, la senoidal campana que en silencio, mientras contempla la fábrica de semen de la gente mundana, adora el fálico árbol-rey de la entrepierna.

     
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    ASMODEO, Para Xarleen 

    Tu aliento me sostiene en este bosque frío,
    oh blanca muchacha de los cielos xarleenes.
    En tu monte de Venus cohabitará mi mano
    con los memes sin nombre de mis labios
    y, en mis brazos, tu sexo cesará de su lucha;
    yo escucharé el poema de tus labios vaginales
    mientras el diablo en la Gloria
    sufrirá los terribles tormentos
    por no poder dormir en tus pechos,
    esas dunas de arena y erótica luz
    que aborrecen la fétida sopa.

     
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    Ante la tumba de César Vallejo 

    El día era frío y el cementerio de Montparnasse parecía un pulmón de muerte y de quietud en medio de París.

    J’ai tant de neige
    pour que tu dormes

    está escrito sobre tu lápida, César Vallejo, maestro de la pena y de las cucharas vacías. Como tristes exvotos te acompañaban un cepillo de dientes, una taza de café, unas piedras sobre un pañuelo, una hoja sucia en la que alguien te había escrito un poema, y una flauta andina en miniatura. Tu dolor estaba intacto, hermano. Yo te he dejado una rosa blanca como la nieve y silenciosa como el sueño.

     
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    El día era frío y el cementerio de… 

    El día era frío y el cementerio de Montparnasse parecía un pulmón de muerte y de quietud en medio de París.

    J’ai tant de neige
    pour que tu dormes

    está escrito sobre tu lápida, César Vallejo, maestro de la pena y de las cucharas vacías. Como tristes exvotos te acompañaban un cepillo de dientes, una taza de café, unas piedras sobre un pañuelo, una hoja sucia en la que alguien te había escrito un poema, y una flauta andina en miniatura. Tu dolor estaba intacto, hermano. Yo te he dejado una rosa blanca como la nieve y silenciosa como el sueño.

     
    • Ahasvero el Permalink

      Reblogueó esto en vivay comentado:

      Lo recuerdas?

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    Ante la tumba de César Vallejo 

    El día era frío y el cementerio de Montparnasse parecía un pulmón de muerte y de quietud en medio de París.

    J’ai tant de neige
    pour que tu dormes

    está escrito sobre tu lápida, César Vallejo, maestro de la pena y de las cucharas vacías. Como tristes exvotos te acompañaban un cepillo de dientes, una taza de café, unas piedras sobre un pañuelo, una hoja sucia en la que alguien te había escrito un poema, y una flauta andina en miniatura. Tu dolor estaba intacto, hermano. Yo te he dejado una rosa blanca como la nieve y silenciosa como el sueño.

     
    • Manuel Moreno el Permalink

      Hermano Ahasvero, fueron tan emocionantes los minutos que pasé en silencio ante la tumba del maestro. ¡Cómo te agradecería si pusieras al lado de mi entrada alguna foto suya!. Un abrazo y felices Pascuas.

    • Ahasvero el Permalink

      ¿Ya ardió París bajo tus pies?

      Hermano, el maestro se merece nuestro homenaje. Ahí va la foto. Si no te gusta, tengo otras.

      Enhorabuena por tu conquista de París. Ya estás más cerca del maestro. Besos.

    • mmd el Permalink

      La foto es perfecta. El viaje a París ha sido intenso y la experiencia muy, muy gratificante, ya te contaré. ¡Ya me gustaría a mí ser digno de la sombra de su sombra!. Un abrazo pascual, hermano.

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    DIÁLOGO DE SOLEDADES 

    • Viento limpio, viento frío
    • Olor de la resina y de la jara …
     
    • Sky el Permalink

      la larga oruga
      ora va al este, ora al oeste
      y no hace nada

    • Sky el Permalink

      La luna sobre la plaza
      y tu propia sombra
      se apilan juntas.

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    DIÁLOGO DE SOLEDADES 

    —Viento limpio, viento frío
    —Olor de la resina y de la jara
    —Viento tranquilo, puro viento
    —Un camino
    —Al borde de esta cresta
    —El polvo serpentea
    —El efímero vuelo de un insecto
    —Bajo la eterna luz de las estrellas
    —Bajo la sombra fresca de los pinos
    —Se despliega brumosa la mirada
    —Perfume de tomillo, aroma de romero, olor a salvia
    —Bebamos este vino a la salud de todos los amantes
    —Volemos hasta el mar
    —Que el sol nos queme
    —Amante solícita y hermosa
    —Una casa que mire al mar en este monte
    —Dejemos que el agua nos arrulle, dulce mente.
    —Cuerpo mío, en él quiero tenderme.

     
    • susana el Permalink

      maravilloso

    • su el Permalink

      maravilloso

    • Makkkafu el Permalink

      idem de idem

      por un instante he respirado el aire fresco de la mañana, en la cima de un monte, el mar de frente, a la derecha un montículo con una casa blanca con tejado azul, a la izquierda un serpeteante y polvoriento camino a cuyos lados crecía la jara, los pinos, el tomillo

      Un saludo.

      C.A. Makkkafu.

    • Publicame el Permalink

      Hola,
      Hermosa página. La descubrí gracias a tu sitio en corank. Te agradezco que te hayas integrado a la comunidad de . Si me permites, invito a todos tus lectores a suscribirse y a promocionar noticias y blogs. Muchas Gracias y un saludos desde Buenos Aires!!

    • Eva Víbora el Permalink

      Bello, sky, ahora en serio…

    • Sky el Permalink

      gracias sean dadas a lo alto

    • Women el Permalink

      Corazón de cerezo,
      se refleja en los ojos
      tu sombra fresca…

    • Coco el Permalink

      Alrededor de la garza
      breve cortejo nupcial:
      las hojas secas.

  • viva el Permalink |
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    DIÁLOGO DE SOLEDADES Viento limpio viento frío Olor… 

    DIÁLOGO DE SOLEDADES

    —Viento limpio, viento frío
    —Olor de la resina y de la jara
    —Viento tranquilo, puro viento
    —Un camino
    —Al borde de esta cresta
    —El polvo serpentea
    —El efímero vuelo de un insecto
    —Bajo la eterna luz de las estrellas
    —Bajo la sombra fresca de los pinos
    —Se despliega brumosa la mirada
    —Perfume de tomillo, aroma de romero, olor a salvia
    —Bebamos este vino a la salud de todos los amantes
    —Volemos hasta el mar
    —Que el sol nos queme
    —Amante solícita y hermosa
    —Una casa que mire al mar en este monte
    —Dejemos que el agua nos arrulle, dulce mente.
    —Cuerpo mío, en él quiero tenderme.

     
    • susana el Permalink

      maravilloso

    • Makkkafu el Permalink

      idem de idem

      por un instante he respirado el aire fresco de la mañana, en la cima de un monte, el mar de frente, a la derecha un montículo con una casa blanca con tejado azul, a la izquierda un serpeteante y polvoriento camino a cuyos lados crecía la jara, los pinos, el tomillo

      Un saludo.

      C.A. Makkkafu.

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      Hola,
      Hermosa página. La descubrí gracias a tu sitio en corank. Te agradezco que te hayas integrado a la comunidad de http://publicame.corank. Si me permites, invito a todos tus lectores a suscribirse y a promocionar noticias y blogs. Muchas Gracias y un saludos desde Buenos Aires!!

    • Eva Víbora el Permalink

      Bello, sky, ahora en serio…

    • Sky el Permalink

      gracias sean dadas a lo alto

    • Women el Permalink

      Corazón de cerezo,
      se refleja en los ojos
      tu sombra fresca…

    • Coco el Permalink

      Alrededor de la garza
      breve cortejo nupcial:
      las hojas secas.

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    Zouní 

    Color indefinido de febrero…
    Inexistente patria…
    Medea y Ariadna traicioneras,
    caprichos del humor de Citerea,
    pero bebimos el frío vino de la noche.

     
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    Estoy en el frío… 

    Estoy en el frío
    y en la oscuridad,
    ¿por qué
    no me abres
    la puerta de tu camisa?

    Maram al-Masri, Cereza roja sobre losas blancas, 1997.

     
    • susana el Permalink

      calor humano, lo mejor para la nieve…joe xq hará tanto frío esta noche…

    • Ahasvero el Permalink

      eso mismo digo yo… en la soledad hace un frío que pela

    • susana el Permalink

      jajaa me voy a tener que comprar un osito de peluche jajaja un oso amoroso de esos jajajaaj

    • Ahasvero el Permalink

      y yo una muñeca de goma…

    • Leon el Permalink

      Qué pocos conocen a Maram Al-masri!!

      Vaya sorpresa encontrar este blog!

      Y vaya sorpresa verme linkado aquí!

      muchas gracias, y bonito blog

    • Loli el Permalink

      es una sorpresa encontrarte aquí, león.

    • Ahasvero el Permalink

      Linkado o linchado, nunca se sabe… Leon.

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    Hotel 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
    • Umar el Permalink

      Yo también espero oculto en la oscuridad…

    • Umar el Permalink

      …a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el Permalink

      Ya somos dos…

    • Ahasvero el Permalink

      … los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces.

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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
    • Umar el Permalink

      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el Permalink

      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

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    PFNHDM 1.LA LLAMADA DE MISTER DOLAR 

    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Amstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.
    club
    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Armstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.

    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
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      Ya lo tengo: el asesino es Gonzalo.

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      Ya lo tengo: el asesino es Gonzalo.

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      ¡Pero si este es el primer capítulo, hombre o mujer!

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      ¡Pero si este es el primer capítulo, hombre o mujer!

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      Ese es un pobre hombre

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      Ese es un pobre hombre

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      Vete a saber!

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    El aviador cojo 

    En la esquina, tras el contenedor de basura, de pie, con las piernas cruzadas, mira a un lado y a otro de la calle, está esperando a alguien. Gorro de aviador decimonónico, gafas de cristal grueso tras el que se adivina su estrabismo de cartero, por mirar a un lado y a otro de la calle, una pierna más larga que la otra que le hace cojear. Una bolsa de papel de unos grandes almacenes colgada en la mano. Mirada extraviada, como un cartero que mira con un ojo a la carta y con otro al número de la puerta, como un espía, como un novio desesperado de esperar. Mira a un lado, mira a otro, nadie aparece, espera a alguien que nunca viene. Todas las tardes, hasta las diez o más, depende del frío, del aguante, de la esperanza de que ese alguien venga, pero que nunca viene. Luego se aleja poco a poco por la calle, siempre en la misma dirección. De vez en cuando vuelve otra vez la vista. Es inútil nadie viene, o mejor dicho, ese alguien no viene. Sigue andando con su cojera unos pasos más para volver de nuevo a esperar. Y si viniera ahora, mientras me voy. Tiempo perdido irremisiblemente. Pero no viene. No viene. No viene. Otra vez, unos pasos más, quizás ahora venga, esperaré aquí, en mitad de la calle. Presiento que hoy vendrá, justo cuando me haya alejado, cuando ya no me vea, cuando ya no me encuentre aquí. A la vuelta de la esquina. ¿Cuándo vendrá? Ya es tarde. Tengo que irme. Debió venir más temprano que yo. Mañana vendré más temprano. Sé que tiene que venir, que tiene que pasar por aquí. Algún día. Mañana. Seguro. Mañana. Mañana viene. Su voz, he oído su voz. No, no es. ¿Y si viene cuando me aleje? Espero… no, ya no espero más.

    —¿Vamos, cariño?
    —No… no. No viene.
    —¡Joder, tío, vale!

     
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      In the corner, after the sweepings container, standing up, with the crossed legs, he watches a side and to another one of the street, he is waiting for somebody. Cap of decimonónico aviator, heavy crystal glasses after which its estrabismo of mailman is guessed, to watch at a side and another one of the street, one more a leg longer than the other than makes him cojear. A stock market of paper of department store hung in the hand. Watched misled, like a mailman who watches with an eye to the letter and another one the number of the door, like a spy, a desperate fiancè to hope. Sight to a side, watches another one, nobody appears, it waits for to which never comes. All the afternoons, until the ten or more, it depends on the cold, the endurance, the hope from which that somebody comes, but that never comes. Soon one moves away little by little by the street, always in the same direction. Once in a while it returns again the Vista. He is useless nobody comes, or rather, that anybody does not come. It continues walking with his cojera steps to more return again to hope. And if it came now, while I go away. Lost time irremisiblemente. But it does not come. It does not come. It does not come. Again, steps now come more, perhaps, I will hope here, in half of the street. I have a feeling that today it will come, just when has moved away to me, when no longer it sees me, when no longer it finds me here. Around the corner. When it will come? It already is late. I must go to me. It had to come more early than I. Tomorrow I will come more early. I know that it must come, that it has to happen this way. Someday. Tomorrow. Surely. Tomorrow. Tomorrow it comes. Its voice, I have heard its voice. No, it is not. And if it comes when it moves away to me? I hope… no, no longer I wait for more.

      We go, honey?
      Not… no. It does not come.
      Joder, man, are worth!

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      In the corner, after the sweepings container, standing up, with the crossed legs, he watches a side and to another one of the street, he is waiting for somebody. Cap of decimonónico aviator, heavy crystal glasses after which its estrabismo of mailman is guessed, to watch at a side and another one of the street, one more a leg longer than the other than makes him cojear. A stock market of paper of department store hung in the hand. Watched misled, like a mailman who watches with an eye to the letter and another one the number of the door, like a spy, a desperate fiancè to hope. Sight to a side, watches another one, nobody appears, it waits for to which never comes. All the afternoons, until the ten or more, it depends on the cold, the endurance, the hope from which that somebody comes, but that never comes. Soon one moves away little by little by the street, always in the same direction. Once in a while it returns again the Vista. He is useless nobody comes, or rather, that anybody does not come. It continues walking with his cojera steps to more return again to hope. And if it came now, while I go away. Lost time irremisiblemente. But it does not come. It does not come. It does not come. Again, steps now come more, perhaps, I will hope here, in half of the street. I have a feeling that today it will come, just when has moved away to me, when no longer it sees me, when no longer it finds me here. Around the corner. When it will come? It already is late. I must go to me. It had to come more early than I. Tomorrow I will come more early. I know that it must come, that it has to happen this way. Someday. Tomorrow. Surely. Tomorrow. Tomorrow it comes. Its voice, I have heard its voice. No, it is not. And if it comes when it moves away to me? I hope… no, no longer I wait for more.

      We go, honey?
      Not… no. It does not come.
      Joder, man, are worth!

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    EXT. ESQUINA A BALLESTA. DÍA 

    El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

    BONI. Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy.

    Boni puso sus tacones en marcha.

    Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares…

    BONI. Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi…

     
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      The wind struck the canvas against the scaffolds. Cold and typical radiating sun of January. In the Boni corner, that always took the forearms in the open, contoneaba with the doubled knee. Then she was single she in the street. It was like a test for when a client came. The Mayan transparency was crossed that covered its chests like an old one which it fixes his toquilla to enter mass. Through her enormous and soft sines like of plastic were overflowed their. Suddenly one noticed that they watched it.
      – desgraciao is Already here again that. I go away. – and he put his heels in march.
      Boni did not make disgusts to anybody. Only one person was impossible to support to him. Augusto produced in her an instinctive repulsion. With that face of moscote died that puts, that stupid smile of and those andares… That never, – it said would not do it nor by my mother. To my it does not do that to me what it did to him to the Pepi.

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      The wind struck the canvas against the scaffolds. Cold and typical radiating sun of January. In the Boni corner, that always took the forearms in the open, contoneaba with the doubled knee. Then she was single she in the street. It was like a test for when a client came. The Mayan transparency was crossed that covered its chests like an old one which it fixes his toquilla to enter mass. Through her enormous and soft sines like of plastic were overflowed their. Suddenly one noticed that they watched it.
      – desgraciao is Already here again that. I go away. – and he put his heels in march.
      Boni did not make disgusts to anybody. Only one person was impossible to support to him. Augusto produced in her an instinctive repulsion. With that face of moscote died that puts, that stupid smile of and those andares… That never, – it said would not do it nor by my mother. To my it does not do that to me what it did to him to the Pepi.

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    Boni 

    El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

    • Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy. – Y puso sus tacones en marcha.

    Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares… Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi.

     
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      The wind struck the canvas against the scaffolds. Cold and typical radiating sun of January. In the Boni corner, that always took the forearms in the open, contoneaba with the doubled knee. Then she was single she in the street. It was like a test for when a client came. The Mayan transparency was crossed that covered its chests like an old one which it fixes his toquilla to enter mass. Through her enormous and soft sines like of plastic were overflowed their. Suddenly one noticed that they watched it.

      desgraciao is Already here again that. I go away. – and he put his heels in march.

      Boni did not make disgusts to anybody. Only one person was impossible to support to him. Augusto produced in her an instinctive repulsion. With that face of moscote died that puts, that stupid smile of and those andares… That never, – it said would not do it nor by my mother. To my it does not do that to me what it did to him to the Pepi.

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    Porche 

    Duque arrastraba sus pantuflas y su mirada por el suelo. Tambaleante a cada paso, salió al porche y se sentó en la mecedora. Las nubes pasaban veloces sobre un terso cielo azul que contrastaba con las costrosas arrugas del viejo. Sus labios hundidos a causa de su falta de dentadura le daban un aspecto aún más tétrico e inquietante. Hacía tiempo que vigilaba a su vecino, siempre a la misma hora. Sus ojos eran saltones como los de un batracio de tanto fijar la vista durante veinte años. Para no levantar sospechas no quiso aceptar unos binoculares que le ofreció su mejor amigo cuando se lo contó. También se negó a ser acompañado en sus guardias, a causa de lo cual rompieron su, hasta entonces, larga amistad. Duque frotaba sus temblorosas manos con insistencia. No era a causa del frío. Formaba parte del ritual diario. “Tres frotes y saldrá”-pensaba. Era como conjurar al genio de la lámpara. A pesar de todo el tiempo transcurrido vigilándole -lo había visto miles de veces- no conseguía interpretar su peculiar lenguaje corporal. Hoy en cambio sí. […]

     
    • carlos el Permalink

      ¡Que manera épica y novelesca utilizas en tu prosa!

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      Este es el principio de un gran amor… mi novela por entregas… jiu, jiu…

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    Duque 

    Duque arrastraba sus pantuflas y su mirada por el suelo. Tambaleante a cada paso, salió al porche y se sentó en la mecedora. Las nubes pasaban veloces sobre un terso cielo azul que contrastaba con las costrosas arrugas del viejo. Sus labios hundidos a causa de su falta de dentadura le daban un aspecto aún más tétrico e inquietante. Hacía tiempo que vigilaba a su vecino, siempre a la misma hora. Sus ojos eran saltones como los de un batracio de tanto fijar la vista durante veinte años. Para no levantar sospechas no quiso aceptar unos binoculares que le ofreció su mejor amigo cuando se lo contó. También se negó a ser acompañado en sus guardias, a causa de lo cual rompieron su, hasta entonces, larga amistad. Duque frotaba sus temblorosas manos con insistencia. No era a causa del frío. Formaba parte del ritual diario. “Tres frotes y saldrá”-pensaba. Era como conjurar al genio de la lámpara. A pesar de todo el tiempo transcurrido vigilándole -lo había visto miles de veces- no conseguía interpretar su peculiar lenguaje corporal. Hoy en cambio sí. […]

     
    • carlos el Permalink

      ¡Que manera epica y novelsca utilizas en tu prosa!

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      ¡Que manera epica y novelsca utilizas en tu prosa!

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      Este es el principio de un gran amor… mi novela por entregas… jiu, jiu…

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      Este es el principio de un gran amor… mi novela por entregas… jiu, jiu…

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    2. Duque 

    Duque arrastraba sus pantuflas y su mirada por el suelo. Tambaleante a cada paso, salió al porche y se sentó en la mecedora. Las nubes pasaban veloces sobre un terso cielo azul que contrastaba con las costrosas arrugas del viejo. Sus labios hundidos a causa de su falta de dentadura le daban un aspecto aún más tétrico e inquietante. Hacía tiempo que vigilaba a su vecino, siempre a la misma hora. Sus ojos eran saltones como los de un batracio de tanto fijar la vista durante veinte años. Para no levantar sospechas no quiso aceptar unos binoculares que le ofreció su mejor amigo cuando se lo contó. También se negó a ser acompañado en sus guardias, a causa de lo cual rompieron su, hasta entonces, larga amistad. Duque frotaba sus temblorosas manos con insistencia. No era a causa del frío. Formaba parte del ritual diario. “Tres frotes y saldrá”-pensaba. Era como conjurar al genio de la lámpara. A pesar de todo el tiempo transcurrido vigilándole -lo había visto miles de veces- no conseguía interpretar su peculiar lenguaje corporal. Hoy en cambio sí. […]

     
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      ¡Que manera epica y novelsca utilizas en tu prosa!

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    Rana friolera 

    La rana se mete al agua porque tiene miedo al aire frío.

     
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    DIÁLOGO DE SOLEDADES 

    • Viento limpio, viento frío
    • Olor de la resina y de la jara …
     
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