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    “Por el artículo 55 te la hinco” 

    Frases célebres de Rivera y Casado.

    Constitución española de 1978.

    Título I. De los derechos y deberes fundamentales

    Capítulo quinto. De la suspensión de los derechos y libertades

    Artículo 55
    1. Los derechos reconocidos en los artículos 17, 18, apartados 2 y 3, artículos 19, 20, apartados 1, a) y d), y 5, artículos 21, 28, apartado 2, y artículo 37, apartado 2, podrán ser suspendidos cuando se acuerde la declaración del estado de excepción o de sitio en los términos previstos en la Constitución. Se exceptúa de lo establecido anteriormente el apartado 3 del artículo 17 para el supuesto de declaración de estado de excepción.
    2. Una ley orgánica podrá determinar la forma y los casos en los que, de forma individual y con la necesaria intervención judicial y el adecuado control parlamentario, los derechos reconocidos en los artículos 17, apartado 2, y 18, apartados 2 y 3, pueden ser suspendidos para personas determinadas, en relación con las investigaciones correspondientes a la actuación de bandas armadas o elementos terroristas.La utilización injustificada o abusiva de las facultades reconocidas en dicha ley orgánica producirá responsabilidad penal, como violación de los derechos y libertades reconocidos por las leyes.
     
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    Las greguerías son las ferias de las frases 

    Las greguerías son las ferias de las frases.

     
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    Creo que voy a hacer una de las… 

    Creo que voy a hacer una de las frases más prepotentes que se han escrito:

    El día que pille una onda gravitacional os vais a enterar.

     
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    Los puntos son las esquinas de las frases 

    Los puntos son las esquinas de las frases.

     
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    * Para mí la política no es… 

    • “Para mí, la política no es más que la búsqueda del poder privado por parte de determinados individuos. Pueden disfrazarlo con cualquier ideología, ponerlo en los términos de las boludeces románticas o filosóficas que quieran, pero en esencia es una búsqueda privada del poder.” – frases de un Anti-patriota
     
    • gaviotasinamor el Permalink

      Llevas razón pero que sería de nosostros sin ellos? ¿como nos íbamos a gobernar?

    • alcabarras el Permalink

      Cada pueblo tiene derecho a gobernarse como mejor le parezca, y esa esa es la libertad de los pueblos

    • atleusarbalap el Permalink

      La unión hace la fuerza.

    • Santyago el Permalink

      Hay pueblos anarquistas aquí en España que no necesitan de ningun tipo de poder político, la autogestión les es suficiente. Y ves a los niños, y más felices que muchos otros que de tener tanto son taaan poco… Aun así, el antipatriotismo hay que superarlo, al igual que el patriotismo… No se trata de desunir, si no de reconocernos todos como partes del cosmos, algo más grande que un pais, su comida o sus trapos de colores.

    • atleusarbalap el Permalink

      Sociedades deshumanizadas, envueltas en banderas. Dándole mayor importancia a las posiciones que a los valores reales. ¿Mundo utópico?

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    El mundo es una Greguería Jueves por la… 

    El mundo es una Greguería.
    Jueves por la tarde, calle Ibiza, Madrid, dos amigas charlando, una de ellas fuera del alcance de mis oídos dice una frase premonitoria a la que la amiga le contesta; “No seas AGÜERA”. Y al oírla provoca en mí una carcajada interna y una sonrisa boba que cualquiera que me hubiese visto pensaría que me fugué del Psiquiátrico cercano.
    Explico el nuevo “palabro”. Conjunción de dos frases: por un lado “No seas AGORERA” y Por otro “No seas pájaro de mal AGÜERO”… :-)

     
    • viva el Permalink

      Cómo te lo pasas! Jajaja.

    • murimar el Permalink

      Ahora va se pone de moda y ya hemos dado a luz aun nuevo palabro para nuestro bello idioma. En el futuro nadie sabrá de dónde vino y lo definirán como lo hizo Alberto.

    • albertodieguez el Permalink

      Escuchar en la calle es de lo más divertido, ja, ja.
      Este invierno, esperando mi turno en el puesto del mercado para comprar fruta, pasa una madre y una hija, y le dice la madre: cuando lleguemos a casa te dejo jugar con “BU”,. Evidentemente era la “Wii”.

    • Anónimo el Permalink

      BU es la muñeca de Monstruos, S.A.

    • Dessjuest el Permalink

      La dan hoy :) qué peliculón, me la sé de memoria, esa y la de Nemo.

    • albertodieguez el Permalink

      Puede ser, pero no era el caso porque hablaban de juegos de consola…

    • albertodieguez el Permalink

      No vi ninguna de las dos… no puedo opinar…

    • Dessjuest el Permalink

      Toy Stroy 3, empieza por esa, hay cine infantil que le da sopas con honda a lo que se suele programar para adultos, algunos como somos padres de risueñas jovencitas estamos al día :D

    • murimar el Permalink

      Lo que me sorprende es que llegues a entenderlo. Yo estaría pez

    • murimar el Permalink

      Toi con tigo. Una de las que más me ha gustado ha sido el regreso de Aladín y Srek y de mi infancia Peter Pan, que no sabéis lo que me arrepiento de haberla vuelto a ver de mayor

    • Santyago el Permalink

      No se que tendrán estos animadores, pero ciertamente hay películas y series “infantiles” que tienen mayor carga y mensaje que muchas que alabamos como cine de referencia. Creo que entre esas, Nemo se lleva la palma

    • murimar el Permalink

      No es de mis preferidas pero me gustó. El tema esta en que muestran los arquetipos básicos que motivan al ser humano en general.

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    Os propongo un concurso de frases que lleven… 

    Os propongo un concurso de frases que lleven el neologismo inexistente “Mojolofrástico”. A ver a quien se lo damos. Gana el más creativo o creativa. No lo hagáis en comentarios sino cada uno en una entrada nueva.

     
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    Jamás discutas con alguien que repita tus frases… 

    Jamás discutas con alguien que repita tus frases con voz de subnormal.

     
    • David el Permalink

      Jamás discutas con alguien que …

    • Mario Aguirre el Permalink

      De acuerdo en un todo, viva!

    • La Biblioteca del Fauno el Permalink

      Eso es porque está borracho el tipo.

    • Latidos del verano el Permalink

      Simplemente, jamás discutas.

    • Liacice el Permalink

      ¡Sí hay que discutir se discute, que no es cuestión de dejarse pisar los higadillos!. Lo malo de hacerlo con alguien “sub” es el riesgo a rebajarse a su nivel -como dijo áquel-

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    Más frases sobre Imaginación Cuando me preguntaron sobre… 

    Más frases sobre: Imaginación
    Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz

     
    • 0diantre0 el Permalink

      Eso es como enseñarle a un leon a ser vegetariano. Puede que sea posible, pero es tan complicado que se hace la guerra para traer la paz.
      Mi boto por erradicar la raiz del problema, el hombre. Que todos se lancen todas sus bombas y verás que cuando no haya más hombres que puedan ofenderse o sentir ambición, habrá paz.

    • qiuienlohubierapensado el Permalink

      Intentar separar la erotico y el poder. El poder quiere mas y nunca se satisface

    • Henry J. White el Permalink

      Ay! Creo que se me han caído ambas lentillas, tu ¿boto?…

    • Henry J. White el Permalink

      “Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum”, Vegacio.
      La naturaleza humana no podría convivir eternamente en paz. Aunque sería un mundo utópico, de lo mas deseable.
      Me gusta que compartas la imaginación de Einstein. Ya somos unos cuantos mas.
      Saludos y Sonrisas, Latidos del Verano.

    • 0diantre0 el Permalink

      Error, quise decir voto, con V.

    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el Permalink

      “Si vis pacem para bellum”. Bueno, la teoría anterior quedará muy pronto demostrada o refutada… con la actual situación en Medio Oriente y con los coreanos amagando…

    • Lino Althaner el Permalink

      Kant escribió un tratadito titulado ‘La paz perpetua’. Lamentablemente, como tantas otras recetas, no ha sido muy útil. Hay algo en el hombre de esta era que espontáneamentese dirige al enfrentamiento entre ilusiones, ilusión de los egos, ilusión de los países con sus estúpidas fronteras. ¿Un cambio de consciencia humana y planetaria? ¿Pero cómo?

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    Frases Dispersas www hscaglione wordpress com 

    Frases Dispersas
    http://www.hscaglione.wordpress.com

     
    • viva el Permalink

      ¡Qué curioso, yo he devenido escritor por erección!

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    No me creo ningún libro con más de… 

    No me creo ningún libro con más de dos frases.

     
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    A veces me vienen frases demasiado sesudas Me… 

    A veces me vienen frases demasiado sesudas. Me aburren hasta a mí. Así que mejor me callo.

     
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    Dibujando de madrugada no tengo frases solo visiones… 

    Dibujando de madrugada no tengo frases solo visiones, que ocurre si no puedes hablar, sólo ver…
    http://www.deviantart.com/annagarciamartinez

     
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    ctrl + v amor azul boca cabeza cielo… 

    ctrl + v
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    VIVA 

    Uno echa sus frases en el negro abismo para deshacerse de peso muerto. Qué poco lastre!

     
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    Esto es como un chino pero de frases… 

    Esto es como un chino pero de frases, @lagartoo.

     
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    Mis frases sólo pretenden hacerle el sexo oral… 

    Mis frases sólo pretenden hacerle el sexo oral a tus oídos.

     
    • xarleen el Permalink

      Las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia…

    • sky el Permalink

      y si fuera la ausencia la que llena de palabras al amor? Bueno, es una posibilidad como otra cualquiera…

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    Mis frases sólo pretenden hacerle el sexo oral a tus oídos 

     
    • xarleen el Permalink

      Las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia…

    • sky el Permalink

      y si fuera la ausencia la que llena de palabras al amor? Bueno, es una posibilidad como otra cualquiera…

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    Si quieres buenos fines, acaba con tus principios 

     
    • E. el Permalink

      Así es la cosa!!!!, que los principios son anclas que nos atoran en las playas del sentido común.

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    El escritor manco 

    Hago frases breves porque escribo con una sola mano. Para mejores menesteres, uso la otra.

     
    • susana el Permalink

      jaja pues cuidadin te quedes ciego jajajajj yo ando con bastón… jajajja

    • susana el Permalink

      jaja pues cuidadin te quedes ciego jajajajj yo ando con bastón… jajajja

    • Loli el Permalink

      la cosa ha progresado mucho…

    • Loli el Permalink

      la cosa ha progresado mucho…

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    ALMA EN PENA 

    He rescatado de la Biblioteca de Babel un famosísimo cuento que su autor perdió en un naufragio. El problema es que sus frases están arbitrariamente ordenadas de forma alfabética. Las combinaciones, variaciones o permutaciones* de las frases de este cuento dan lugar a la inimaginable cifra del título de este post (creo, pues las matemáticas no son mi fuerte). He puesto a mi ordenador a trabajar para ir combinando estas frases hasta dar con el original, pero según mis cálculos habré muerto cuando acabe. Estoy desesperado. No puedo abordar tal tarea yo solo. Abatido por esa desalentadora perspectiva, únicamente se me ocurre acudir a vosotros para que me ayudéis en esta ingente tarea. Estas son las frases, DIEZ BILLONES DE CUENTOS (gugolcuento):

    A la madrastra no le gustaban los niños
    Aquel día tuvo un sueño revelador
    Aquello le recordó el brillo de las estrellas
    Después de adentrarse profundamente
    Dibujando en la pared con maestría
    El ruido de furias gobernantas
    El viento soplaba sobre el lago
    Estaba manchado de sangre
    Estaban como locos
    –Este amuleto es perfecto–exclamó sonriente.
    La Iglesia de Cristo
    Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí
    Las frutas maduras cayeron al suelo
    Le dio una palmada y despertó sobresaltado.
    Le explicó lo que estaba pasando
    Lo llevó al pozo para lavarlo
    –Lo sentimos, pero hay que obedecer– decía.
    Mientras ellas permanecían paralizadas,
    No hay abrazo más fatal que el de la tierra
    No le cabe la polla entre sus dientes de conejo
    Nos quedaremos sordos
    Pensó: “Aquí se puede descansar”.
    Pero ellos continuaban sin parar
    Se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa
    Si todas las hormigas se ponen a cantar
    Subió al bote y remó durante horas
    Un día, el más largo del verano,
    Un miasmático señor
    –Ya se han marchado–dijo.

    Por favor, ayudad a esta alma en pena a encontrar el cuento original -o al menos alguno que pueda pasar por tal- antes de mi muerte!
    PODÉIS PASARLO COMO MEME, A VER SI ALGUIEN ENCUENTRA EL ORIGINAL Y ME LO ENVÍA. ¡OS DOY CIEN TRILLONES DE GRACIAS DE ANTEMANO!

    * Nota añadida el 7.12.06:
    Un amigo, al que llaman El diablo de los números y cuyo nombre real es Hans Magnus Enzensberger, me ha dicho que el cálculo correcto es hallar el factorial de veintinueve, 29! (él lo llama ¡veintinueve pum!) y según mi calculadora el resultado es 8.8e+30, es decir casi un 9 seguido de 30 ceros.

     
    • jazz el Permalink

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

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      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

    • Ahasvero el Permalink

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

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      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Purificación Ávila el Permalink

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • Purificación Ávila el Permalink

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • BlogsiAna el Permalink

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

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      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • lraggio el Permalink

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

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      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • Ahasvero el Permalink

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

    • Ahasvero el Permalink

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

    • Ahasvero el Permalink

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

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      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • xalernita el Permalink

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

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      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • Ahasvero el Permalink

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • Ahasvero el Permalink

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • carlos el Permalink

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

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      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

    • lraggio el Permalink

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    • fontfranch el Permalink

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

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      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

    • Ahasvero el Permalink

      Voy volando a verlo!

    • Ahasvero el Permalink

      Voy volando a verlo!

    • Avery el Permalink

      no te quedes con el personal

    • viva el Permalink

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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      EMMMMM

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    “Oral nude” 

    Las frases desnudas, de tanto acariciarlas, se convierten en viciosas.

     
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    Etiquetas: , frases   

    Minifrases 

    Las frases minifalda cuanto más cortas más interés suscitan.

     
    • manuel moreno el Permalink

      Pero tienen el mismo problema, que prometen mucho más de lo que luego dan.

    • Ahasvero el Permalink

      Ja, ja, ja. No es que no den, es que ni siquiera “toman”.

    • jazz el Permalink

      Esas Faldas cortas,que alargan otra cosa! jeje

    • Ahasvero el Permalink

      A tí, jazz, ¿te alargan el saxo o es diarrea? Saludos de bromuro de broma.

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: , frases   

    Frases 

    Me he propuesto escribir una por cada habitante del planeta. No sé si llegaré.

     
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