“Yo nací en un día que Dios estuvo enfermo”

poesía

Un día como hoy de 1892 nace en Santiago de Chuco, Perú, el poeta, escritor y periodista César Vallejo, considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX y el máximo exponente de las letras en su país.

La vuelta a Verne en 80 Jules

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Un 8 de febrero de 1828 nacía en Nantes Jules Gabriel Verne, creador de un género propio en el que, mediante una aventura narrada magistralmente, se describen los grandes avances científicos y técnicos que revolucionaron el s.XIX.
Con 11 años Jules Verne decidió enrolarse como grumete en un barco rumbo a la India: quería saciar su sed de aventuras, huir de su hogar y deslumbrar a su amada prima Caroline. El severo castigo de su padre y la humillación ante su prima y amigos hizo que encauzara su rebeldía hacia la literatura.
Tuvo que ocultar su vocación de escritor ya que su padre no lo veía con buenos ojos: quería que le sucediera como abogado. Se licenció en derecho, pero a su vez, le escribió a su padre:

puedo convertirme en un buen escritor, pero nunca sería más que un mal abogado.

Sufrió dos desengaños amorosos y un matrimonio conflictivo que se traducen en la escasa relevancia de las mujeres en sus obras, incluso a veces con un punto misógino.
En París conoce a Alexandre Dumas que se convierte en su mentor, amigo y protector.
En época de estrecheces económicas se refugiaba del frío en la biblioteca Nacional, donde leía libros y revistas de divulgación científica, así conoció todos los avances de la técnica.
Los héroes de Verne recorren un mundo insólito pero real, enigmático pero comprensible para la razón y la ciencia y, además de un viaje físico realizan un viaje interior.
Su Obra más conocida es La vuelta al mundo en 80 días, novela con la que obtiene el triunfo definitivo y se convierte en el autor más leído y famoso de Francia.
La obra es una reflejo del optimismo de su primera etapa como escritor, en la que cree que el saber científico resolverá todos los obstáculos y reducirá la desigualdad de clases.

Unas recomendaciones para los regalos de navidad de…

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Unas recomendaciones para los regalos de navidad ( de Oren arnold un periodista y escritor muy muy desconocido, pero genial)
Para tu enemigo, el perdón.
Para el diferente la tolerancia.
Para tus amigos, tu corazón.
Para los clientes, un buen servicio.
Para todos, caridad.
Para los niños, un buen ejemplo.
Para ti, el respeto.

PLATO A LA CARTA

relato

No. Ahora toca el no. Abajo el murmullo no cesa. Están esos pijos con sus pulseras, sus relojes, sus bolsos de diseño, y su conversación banal. Risas. En la tele esos superhéroes que tanto parece necesitar esta puta sociedad en crisis. El humo sube hasta la ventana disipado en el murmullo incomprensible y se mezcla con el mío. Mujeres rubias, flacas, liberadas, sin oficio ni armadura ríen como caracoles asmáticos mientras las otras putas de la calle las miran como vacas que ven pasar el tren. Ese maldito olor a puro sube hasta mi escritorio. Me duele la espalda, el culo, las témporas, la rodilla que me golpeé esta tarde en el trabajo. Todo el mundo tiene algo malo, dice, tras una carcajada, ese tipo imbécil de abajo. La vecina de enfrente tiene su enorme Mac encendido. ¿Dónde está? ¿Qué piensa? ¿Qué hace? El gato se asoma al balconcito. Mira la gente del bareto-teatro. ¿Cuándo se van?, parece decir. Me siento anestesiada por el murmullo y enciendo otro cigarrillo. ¿Realmente he vuelto a fumar? Jodida mierda. Bendito humo. Humo. Humo. Humo. Mojitos. Cócteles. Sangría. Tinto verano. Vinos y copas. Plato a la carta. Al parecer, ahora el tiempo se mide de viernes a viernes. El resto del tiempo no somos humanos, no vivimos, estamos condenados en un trabajo que no nos gusta, haciendo cosas que nos desagradan para corporaciones anónimas y limitadas. ¿Cómo esperamos crear un mundo mejor así? Tampoco parece importarnos. La vecina de enfrente no tiene cara, yo creo que es una persiana. Sus ojos horizontales miran por las rendijas que dejan las lamas de madera. También respira por ellas, y escucha y huele el pescado. Cada una de esas lamas funciona como un sentido diferente. Sentidos que ni nos imaginamos y que captan las imperceptibles sensaciones ultramundanas que le llegan por todas partes. Sensor de terremotos. Detector de gases etéreos, ondas gamma y temblor de mariposas remotas. Visualizador de ectoplasmas evacuatorios. Localizador de angustias referenciales. Señalador de estanqueoladas irresolubles. Descubridor de parasimpatías. Sonda sinuosenoidal obstruida y catalítica. Visor de cuerdas y partículas elementales. Telecopiador de místicas insufribles. Medidor de superlatividad asidua discontinua y forética… Eso, hasta donde yo sé.

Mañana me gustaría poder comer algo Si me…

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Mañana me gustaría poder comer algo. Si me dieran a elegir, ese algo sería «milanesas con patatas fritas y huevos fritos, y de postre cheesecake, acompañados por una buena Coca-Cola que, a mi humilde juicio, es mucho más rica que la Pepsi»; sin embargo me conformo con llevarme algo a la boca. De todos modos, como en la vida no todo es dinero, también ayudaría tantísimo, si llovieran cartas al Departamento de Marketing de la Coca-Cola, diciéndoles «conozco a un escritor que me encanta y al que, creo, pronto alguna grande le publicará. Ese escritor va siempre de frente y con la verdad y sabe de qué habla; él ha dicho: “Coca-Cola es, a mi juicio, mucho más rica que la Pepsi“. Que si no os interesaría hacer de sponsor y obtener el link que ahora lleva a ningún sitio». Así, te digo, puedes hacerlo con cualquiera de las palabras que ya han sido escritas. Igual resulta ser que ellos acaban pagando por «publiciverdad» y, quién sabe, igual comienza aquí una manera nueva de ofrecer Publicidad, una que sirve para que personas apasionadas hagan realidad un sueño.

Libros que encontré entre el polvo (4)

relato

Terágenes Joccolo es uno de esos escritores que se desenvuelve con arte entre el lirismo benemérito y la sensualidad ectoplasmática del horror vacui. De su más desconocida obra es testigo todo el mundo académico y parte del diplomático. Hay, sin embargo, en Torrebruni —su más paradigmática y conseguida novela, la cual expresa con inusitada fuerza, a través de las más extravagantes situaciones, el valor universal de la aprehensión subliminal— una templada epicidad y una rectitud trágico-cómica, no interferidas por el disgusto del lector de amplia gama, que se deja embaucar hasta el barroquismo esdrújulo.

Sobre Sky 4 You (en serio)

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Este es un blog personal. En él sólo escribíamos yo mismo y mi mejor amigo. Ambos utilizamos seudónimos varios, nuestros nombres reales sólo los conocen unos pocos, que también nos conocen personalmente. A veces dejo que los visitantes escriban en él, no sólo comentarios sino también entradas (no sé si es una buena idea y hasta cuando voy a continuar haciéndolo).
Quiero dejar claras varias cosas.
1) el blog es mío y haré lo que yo quiera con él, como todos hacéis con el vuestro.
2) no dejaré que nadie arruine mi blog
3) últimamente no comento en ningún otro blog. Esto al único que le perjudica es a mi mismo porque de esa forma me visitan menos, no me importa, no quiero dedicarle más tiempo, ni que me visiten mucho y esas cosas…
4) mi única pretensión al escribir es dar rienda suelta a una afición escritora que le ha dado por anidar en mi cabeza (no sé si es una buena idea y hasta cuando voy a continuar haciéndolo).
5) esta será la última vez que hable en serio (no sé si es una buena idea y hasta cuando voy a continuar haciéndolo).

Besitos a todos/as.

En el taller de mi cadáver

poesía

Aceptaré los cargos
de lesa estupidez
de mis verdugos.

Por simple rebeldía,
no volveré a recitar mis oraciones
ni las plumas con las que escribí el pasado
serán ya mis espadas.

Dejaré simplemente mis sagrados oficios
desvanecerse en los laureles.

Conduciré mi carro
hasta el vago adiós
de los cansados.

Me reiré de la banal cosmografía
de aquellos sacerdotes
de indigna tonadilla.

Como estos que escriben sus memorias,
serán insensibles mis lánguidas mañanas.

No amaré jamás
a larvas y parásitos
del salvaje escritor que quise ser.

Olvidaré mis inconcebibles vergeles de fantasmas.

No daré caza al dolor evangélico del cerdo,
mientras caen las madres
en el cansado final
de nuestras fuerzas.

Tan sólo trabajaré incansable
en el silencioso taller
donde fabrico mi cadáver.

NEFASTISSIMUS

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Por esta isla azul, donde casi todo es mar, cielo y arena –sólo un montón de palabras– no pasa nadie. Advierto que esta robinsoniana isla es sólo para mí: sobre sus palabras vivo para no zozobrar en el océano que me rodea. Pero si, por ventura, algún navegante se acerca a sus costas espero con impaciencia que deje al menos su mensaje en la botella. La he dejado ahí no para enviar mis mensajes de socorro en ella sino para que, los que casualmente recalen por aquí, dejen la huella de su paso: un grano de arena más para esta exigua y artificial isla de arenas, de palabras… sólo imprescindibles para sustentarme a mí mismo: mi trozo de escritorio, mi desk-trozo.

F. Scott Fitzgerald (1896-1940)

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The Great Gatsby (1925) el más logrado de los personajes y novelas de F.S.F., representa la demoledora visión de su autor acerca del amor y del odio, del éxito y el fracaso, en la sociedad americana –¿amada o detestada?– durante la época del jazz. Jay Gatsby, triunfo y derrumbe del American dream, ha convertido a su autor en el príncipe de los escritores americanos de su época y a esta obra en otra cumbre de la literatura que sólo fue reconocida en sus justos términos a partir de los años 50.

Tender Is the Night (1934) …

James Joyce (1882-1941)

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Con Ulysses (1918) James Joyce es sin duda el creador no sólo de la stream of consciousness –que ya había iniciado en A Portrait of the Artist as a Young Man (1916)– sino también de la novela contemporánea en toda su extensión y su fuerza. Joyce revoluciona la narrativa introduciendo de forma innovadora el realismo psicológico y el tiempo subjetivo. Obra difícil donde las haya, no sólo por sus numerosas referencias a toda una cultura libresca sino también por su estructura de nueva e irónica Odisea y su emulación de los más variados estilos literarios, requiere más de una lectura y más de una perspectiva en cada una de ellas para poder ser asida en toda su complejidad.

A Portrait of the Artist as a Young Man (1916) un magistral (auto)retrato psicológico del joven poeta Stephen Dedalus –preámbulo del más maduro del Ulysses— hubiera bastado para elevar a J.J. al olimpo de los escritores contemporáneos. Monólogo interior de sentido profundamente irónico, no dejó a su autor suficientemente satisfecho en la búsqueda de su estilo propio y experimental que llevó hasta sus últimas consecuencias en la novela del autor más controvertida por la crítica, Finnegans Wake, comenzada en 1923 y publicada definitivamente en 1939.

PFNHDM Por Favor No Hablemos De Mí es…

relato

PFNHDM: Por Favor, No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato con comentarios hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!

PFNHDM

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Por Favor, No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato con comentarios hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!
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ALFONSO TIPODURO

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PFNHDM: No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!

ALFONSO TIPODURO

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Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

PFNHDM 1.LA LLAMADA DE MISTER DOLAR

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El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
–¿Hola? ¿Alfonso?
–Sí, diga.
–Soy yo, Gonzalo.
–Ah, hola, jefe.
–Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
–Sí claro, jefe.
–Vale. Aquí te espero.
–Vale.
Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Amstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.
club
–No está.
–¿No está…?
–No, no está.
–¿Pero vendrá?
–Sí, claro vendrá.
–¿Cuándo?
–Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
–Me llamó para un trabajito.
–¿Y no le dijo cuando vendría?
–No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
–Pues tendrá que esperarle.
–Está bien. Póngame un güisqui.
–Claro, como no.
Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
–No soporto a Nino Bravo.
–Yo tampoco.
–Y ¿Por qué lo pone?
–Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
–El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
–Eso pienso.
– …
–Bueno, por fin se acabó.
–También lo malo dura poco.
–A veces.
–La gran Aretha.
–Eso está mejor.
–Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
–Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
–Ya.
–De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
–Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
–Gracias, Charli.
–Yo no me llamo Charli.
–Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
–Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
–Usted dirá, jefe.
–Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
–Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
–Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
–No te andas con rodeos.
–No.
–¿Y cómo se llama?
–Eso no importa.
–Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
–Viene por aquí, por el bar.
–Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
–No estoy para bromas, joder.
–Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
–No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
–Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
–Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
–Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
–Tienes que jurármelo.
–Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
–Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
–¿Un millón de qué…?
–Euros, joder, euros.
–¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
–Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
–¿Ah, pero tu mujer no..?
–No, no lo sabe.
–No, si digo que si no es la acosada.
–¿Mi mujer acosada?
–Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
–Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
–Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
–Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
–Siempre amenazan con lo mismo.
–¿Esos canallas?
–No, esas zorras.
–Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
–Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
–Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
–No nada, jefe, estaba recordando.
–Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
–Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
–Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
–Joder, jefe.

Lewis Carros

relato

Luis Carros, o Lewis Carros, es el seudónimo de un escritor que ha dedicado su vida entera al cuento y a volvernos locos con sumas y lógicas, ambas ilógicas. Sus escritos rezuman una sensibilidad infantil a flor de piel difícil de imitar que son la delicia de grandes y mayores. Ha sido un autor ilustrado no sólo por Tenniel, sino también por todos los modernos dibujantes de animación. En torno a su vida y su personalidad circulan infinidad de equívocos y controversias: su travestismo, su condición de reverendo protestante, sus clases de inglés para ganarse la vida, e incluso el problema de sus nombres y seudónimos. Todos ellos, como su mejor y único editor, me veo obligado a desmentir y aclarar en la medida de mis humildes posibilidades: sin duda es protestante, aunque no profesa religión alguna; asiste a clases de un colegio bilingüe inglés-español, sin tampoco profesar; se traviste -al menos en carnaval y san Isidro- y, en este aspecto de la definición sexual, no le gusta que le llamen Luis sino Gonzalo -aunque eso depende de los días; por último, lo que podemos afirmar sin equívoco, por partida de nacimiento y asistencia a parto, es que se llama Laura y tiene cinco años, por lo que ha tenido que pedir a su padre que escriba esta heterobiografía, mientras ella se inspira viendo dibujos animados. A sus cinco años es toda una poeta.

LITERATURA EN LA RED

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aNobii – Lo que has leído y lo que te falta por leer
BookMooch – Cambia libros usados por internet
BooksWellRead – Opiniones sobre los más diversos libros.
Dejaboo – Una red social creada para compartir cultura
Glypho – Ideas que se convierten en historias que acaban en novelas
Librolocus – Buscando libros en internet
Lulu РS̩ tu propia editorial
ninjaWords РDiccionario ingl̩s en ajax
Open Citatum – Edición y consulta de citas online
QuickMuse – El poeta más rápido de la red.
Reader2 – Cuál será el próximo libro que caerá en tus manos
shelfari – muestra tu biblioteca al mundo
Siguelahistoria – Para los escritores aficionados
Topicalizer – Analiza si los textos que escribes son fáciles de leer
Vootext – La literatura en la web 2.0
wewrote – Otra opción para escribir novelas en grupo

Asesino y escritor

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Me pregunto cómo es posible que ciertos escritores puedan hablar -durante toda una novela- de crímenes, asesinatos, robos y en general de todo aquello de lo que llenan sus argumentos en el género policíaco, sin siquiera haber presenciado jamás ni por asomo una triste comisaría de policía. Admiro su imaginación, aunque dejen traslucir su desconocimiento de la sordidez con que van envueltos los auténticos crímenes. Personalmente lo encuentro aliviador. Descubrir que el episodio que acabo de leer es sólo una fiebre imaginaria, una pesadilla del escritor y no una realidad de perturbadora sangre me reconforta. Así era hasta ayer, cuando leyendo por primera vez a Pablo Austero, intuyo primero y tengo la certeza después de encontrarme con un auténtico criminal y escritor. Alguien que ha probado de verdad el olor de la sangre en sus propias manos, que escribe con fresca tinta roja y que acaba ennegreciéndose en el papel. Nadie que no lo haya probado podrá advertirlo. Aparentemente nada más que una historia detectivesca -literariamente brillante por cierto- pero que -ya no lo dudo- esconde una realidad auténticamente sombría y transgresora.

UN PAR DE CITAS

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“El impulso que lleva al escritor a revelar su secreto forma parte de su oficio, que es comunicar. Es común que el artista, tras su descubrimiento que ha efectuado a solas, quiera de inmediato comunicarlo, así sea oralmente. No importa a cuántos. A alguien. En ese instante no piensa que puedan quitarle un tema, copiarle un desarrollo. El arte es generoso, pródigo, dador, y la verdad es que el secreto del escritor sólo adquiere un sentido cuando se hace público”.

Mario Benedetti, escritor, poeta y filósofo uruguayo

“El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino. El asesino de mi novela es el escritor. Es decir, yo. Y si no soy detenido en las horas que siguen a esta revelación es que ya no puedes fiarte ni de la literatura”.
Manuel Vázquez Montalbán, escritor y periodista español