Que si el amor es esto que si…

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Que si el amor es esto, que si es aquello… ¿No será que lo confunden ustedes, mis queridos condiscípulos, con ardor…

TAROT

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La fuerza del Tarot reside no tanto en su capacidad de explicar y predecir, cuanto en su capacidad para crear combinaciones de historias y universos. En ese sentido es más parecido a un complejo mecano infantil, un juguete para construir mundos, objetos e interpretaciones que un sistema de explicación universal -como muchos de sus estudiosos han pretendido. Que, a veces, la realidad se parezca al Tarot no es una refutación de lo dicho sino, muy al contrario, la confirmación de que la realidad también es una combinación aleatoria de elementos como lo es el propio Tarot. Personalmente prefiero, al igual que Italo Calvino, utilizarlo como juego para la creación literaria que como instrumento profético o interpretativo. Véase, como ejemplo de su potencia creativa, su mapa de conceptos, que permitió a Temístocles de Alejandría llenar cientos de papiros enrollados, por desgracia hoy perdidos, y que yo, el judío errante, leí con avidez de adolescente mientras permanecí como discípulo suyo.

Richard Wilhelm

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Jamás comprendió bien los secretos de la cosmogonía. A pesar de sus muchas preguntas, consultas e hirientes inquisiciones, este torpe discípulo de Oswald Wirth, era incapaz de llegar a la maestría del pájaro cosmogónico, como muchos llamaban a su mentor y su guía. Su condiscípulo, Johann Wier, era también importunado por este seudocosmogónico y nunca congeniaron bien. En fin, todo en él era desagradable y fraudulento. Yo mismo le recuerdo con repulsión a pesar de que mis muchos años de vida me han dotado de una comprensión y paciencia infinitas para con los perdedores.