NARRADOR (OFF)

Hace mucho, mucho tiempo en la lejana galaxia de la luz limitada un muchacho que es medio robot llamado BODOS, cuya misión diaria consiste en recoger la basura espacial que las naves dejan flotando en el espacio y deshacerse de ella, choca por casualidad con su nave, que cae averiada, en una especie de perturbación espacial. Es un planeta desconocido y extraño. En este insólito mundo, el inexperto muchacho-robot, caído del cielo, acompañado por otros amigos que encontrará en el planeta, tendrá que vencer muchos obstáculos y vivir excitantes aventuras para encontrar El Alicor, un preciado cuerno de unicornio, que ha sido robado y que sostiene el eje de rotación del planeta, evitando con ello el derrumbamiento del mismo y la dominación del cosmos por los pérfidos Detritor. Sólo un muchacho de corazón puro y sin vicio, que posea el escudo de la inteligencia y la espada de la virtud, podrá conseguirlo.

Lince

BODOS
¡Es un lince blanco!
BODOS
¡Deja de morderle o te arreo un batacazo!
Le asesta un bastonazo al lince y este deja de morderle.
GHÍMEL
!El loco es el comodín, el microcosmo, el resumen de todo en todo! ¡Qué estúpida he sido!
TAU
Basta de discusiones ¿Pero qué es eso que dices? ¿Quieres explicarte?
LINCE, volviendo a su agitación
Oh, sí, sí, El Alicor. Sin el se instaura el Mal y sus siete señales.
TAU
¿Alicor? ¿Señales?
GHÍMEL
Un cuerno.
TAU
¡Al cuerno tú!
BODOS
¿Qué señales son esas?
LINCE
La imperfección del círculo del sol.
La desprotección de la mujer.
El castigo de los opresores a los oprimidos.
La liberación de los gigantes.
El encantamiento de los habitantes del reino.
La destrucción de los bienhechores y de los animales benéficos.
TAU con ironía
¡Estamos perdidos!
GHÍMEL
Sí. Tenemos que encontrarlo o estaremos perdidos para siempre.
TAU con ironía
¡El centro del universo se tambalea, ya empiezo a sentirlo en mis pezuñas!
BODOS
Tranquilos, tranquilos.
GHÍMEL le cuenta el ataque y el lince el robo de El Alicor. Le piden ayuda. TAU se hace el loco, y no cree poder ayudarles. Todos tratan desesperadamente de escapar del desierto.
LINCE
Y nosotros perdidos en este desierto sin poder hacer nada.
BODOS
Nosotros necesitamos reparar nuestra nave, y vosotros buscar esa cosa.
TAU
Todos tenemos problemas ¿No podríamos ayudarnos, lince?
LINCE
Ya estamos menospreciando a los de mi especie. He dicho que me llamo TAU, no lince. Los linces también podemos ayudar, especialmente los que hablamos.
BODOS
Seguro.
TAU
Sólo te ayudaré si me lo pides por favor.
GHÍMEL
Por favor, por favor, TAU.
TAU
Vale, vale… Está bien… Os acompañaré ¿A dónde vamos?
BODOS
Podemos ir a la ciudad más próxima para buscar ayuda.
TAU
¿Ciudad? ¿Próxima? ¿Pero de dónde has salido? La única ciudad que conozco es Tipharet y no está precisamente cerca.
BODOS
Oh, no. No llegaríamos nunca sin nuestra nave.
GHÍMEL
Lo primero es salir de este infernal desierto.

El sol camina sobre el cristal del cielo

Está lista la sopa en el estanque;
crece el verde de miso del nenúfar
y el sol camina sobre el cristal del cielo.

Floreciendo en el jardín están las notas;
crece el cuerno del diablo y el tomillo
y el sol camina sobre el cristal del cielo.

Como ciervo infantil se ha dormido Mateo;
la rubicunda Europa le agita su cabello
y el sol camina sobre el cristal del cielo.

Mi jefe

—Mi jefe me ha despedido por ponerle los cuernos con su secretaria: nos encontró jugando con el prepucio incorrupto de Rodolfo Valentino.
—Otra actriz más en paro.

San Miguel de Aiguilhe de Puy

No sé cómo pero decidimos salir a comer al campo. Desde luego, el tiempo acompañaba y era grata la compañía. Tortilla preparada, bocatas hechos, cervezas frías y un magnífico sol… El camino era largo y mantuvimos una tendida conversación aunque nada profunda. Al llegar al lugar, extrañamente presidido por la estatua de una sirena, había comenzado ya una riña muy acalorada que amenazaba en convertirse en una gran contienda. Ajenos al comienzo de la misma, poco nos incumbía ni la causa, ni los contrincantes, ni los resultados y, alejándonos de la refriega, nos dispusimos a extender nuestro mantel de campo y nuestras frescas y apetecibles meriendas. Sólo para saciar nuestra curiosidad, más hambrienta, si cabe, que nuestros estómagos, nos acomodamos a pocos metros de la arena en que los rivales se batían. Y desde luego le dimos merienda para deglutir a ambas gazuzas. Al parecer un asunto de cuernos. Una mujer morena, generosa y apasionada ha quedado embarazada y el marido, sabedor exclusivo de su propia impotencia, arroja sus cuernos contra todo aquel que mira con agrado a su mujer. Una vez situados en la escena, ninguno de nosotros logra apartar la vista de los generosos pechos de aquella morena, esperando a ser retados en duelo pues, como boxeadores que somos, necesitamos un «saco» para nuestro entrenamiento vespertino y un seno que nos consuele tras la lucha.

VIVA

La bicicleta es el toro del rodeo mecánico al que agarra por los cuernos incluso un niño.