INT. CASTILLO

Una sala imperial de un castillo de defensa con Una Puerta. DÁLETH, El Bufón, usurpando El Trono del emperador, aparece sentado en el mismo, un cubo de oro sobre el que destaca un águila negra. Tiene en sus manos El Orbe o globo del mundo y Un Cetro rematado por una flor de lis. La cimera de Su Casco tiene cuatro triángulos. El rojo predomina en su vestimenta. Música cortesana de juglares.
El aparentemente viejo emperador, DÁLETH KAN YA, emperador autoritario y posesivo, autoridad, realización material, que está muy preocupado por la pérdida de poder y autoridad, sólo piensa en los impuestos que va a perder porque en realidad ha sido sustituido por un maligno bufón usurpador sin que nadie lo sepa, pero al final lo descubren.
CONTRAPICADO del Emperador.
DÁLETH
Al trabajo de tus manos da bendición y en el del pensamiento pon corazón.. Está bien recaudador de impuestos, ¿Cuánto tenemos recaudado?
Un recaudador con aspecto de buitre negro.
RECAUDADOR
19000 Tarokkos, Majestad.
DÁLETH
¡No es suficiente! ¡Quiero más, más, más!
RECAUDADOR, en voz baja
Es insaciable.
DÁLETH
¿Cómo?
RECAUDADOR
Oh, nada, nada, Majestad.
DÁLETH agarra por el cuello al recaudador.
DÁLETH
¿Quiero saber porque están bajando tanto los impuestos recaudados? ¿Acaso los está robando alguien?
PICADO del recaudador. El recaudador se pone a sudar exageradamente y casi a llorar. Se pone de rodillas y suplica al emperador.
RECAUDADOR
¡Oh la puerta, la iniciación, el poder, la piedra cúbica, la base!
TAU
¡Menudo pelota!
DÁLETH
¿Cómo?
RECAUDADOR
Majestad no se preocupe por los impuestos, sino por lo que está pasando en el reino.
GHÍMEL
¡Basta! ¿Qué bufonada es esta?
Todos corren a esconderse tras el trono. El bufón se desmaya en el mismo.
TODOS
¡La emperatriz!

Caballero cinco

SANTIAGO KAI
Tauro: Cumples un deseo largamente acariciado. Sabías que llegaría, aún así te pilló desprevenido; la euforia se te sube a la cabeza.
Pierde el cuello o garganta.
TAU consigue una esmeralda verde vivo o crisopado azulado.
ASER
¡Basta, basta!

CONFESIONES 10

relámpago llega velado inexpresable vasto sueño amaré escapar hijo cuándo complace serme observación sorda dirigirme conservo culto pasado pude cuello populares; condenado cristianismo posturas recompensa admiraba regresan preguntándome sufragios bloques brisas jugar desconocida comprender afición desiertos u avanzan viajero vestiduras pelo buchada impulsos ante fluye añoranzas integrada estupidez digo cuidan elude ayudar bebido van occidentales vidrieras pobre desesperado paz ideales cortarán desaparecido escolanía sentido noche mujer ritmos vas más soy cuidado aurora

EL INTELECTUAL REPARTE PAN CON UN BURRO

Me pareció que algo grave estaba pasando, mi abuelo, el intelectual, el culto, el ser extraordinario, ahora repartía pan por las calles con un burro con aguaderas. Algo no cuadraba. Mi madre me contó que ahora el abuelo tenía otro trabajo. Ya no trabajaba para él en la tienda. Trabajaba para el panadero del pueblo, repartiendo pan. Algo no me gustó de aquello pero mi abuelo me dejó subir al burro y dar una vuelta. Él parecía triste y contento a la vez. Ahora recuerdo perfectamente su cara con esa gafas redondas que aún conservo, y su aspecto enjuto, y su cuello arrugado de arriba a abajo, con una camisa blanca, pantalones de pana negra y un chaleco de rayas , vestido al estilo más rural de los campesinos y no con su traje y su corbata como siempre había vestido. O con su estilo de trabajo aunque más aseado y señorial de tendero de pueblo, con su librea de despacho de ultramarinos.

EL ENTERRADOR

La patata es convenientemente incinerada en el horno, sin epitafio, sin cruz, sin cementerio. Luego es enterrada en caliente, con su mantequilla, su queso y su piel. Para conmemorar la muerte de la patata asada hemos tocado un responso de carcajadas y dos aves maría que nos han generado una risa tonta como si nos estuvieran haciendo cosquillas con una pluma en las costillas. El hilo de las tripas se ha puesto a coser sin aguja ni dedal. Tragar su muerte ha sido duro y la garganta se anudaba un poco pero el cuello ha sido fuerte y las amígdalas no se han dejado amilanar. La nuez ha hecho el resto. Ya no hay dolor, el duelo ha sido corto y feliz el entierro, en su blanca y reluciente tumba también hemos puesto un epitafio: «Se fuerte como una Roca».

Hay quien usa el pulgar para teclear sms…

Hay quien usa el pulgar para teclear sms y quien, con ese mismo dedo, prefiere hacer autostop. También hay, yo los he visto, quien lo usa para que sepas que está contento o de acuerdo con lo que acabas de hacer y quien prefiere usarlo para que sepas que vas a morir lo antes posible.
El más gordo no siempre es el más importante, pero en este caso sí lo es. Así que unos los llaman el dedo enfrentado, ese que encierra uno de los secretos de nuestra evolución, y otros se dejan crecer su uña para tocar la guitarra o peinarse la cejas.
Si eres un emperador romano –al contrario de lo que diga cualquier película- lo levantarás para condenar a muerte, apuntando a los dioses o hacía la izquierda para que le corten el iugulum (cuello). Y si eres clemente, cosa que dudo, lo apuntarás uña abajo para que el vencido se quede en la Tierra, o, si es en diagonal hacia la cadera contraria, para que el vencedor envaine el gladio.
P.D. Viva, yo, como gran megalómano, levanto el pulgar uña arriba por la nievecita esa que has puesto que hace que se ralentice todo.

Era la hora del cuerpo ardiente Tomamos ron…

Era la hora del cuerpo ardiente. Tomamos ron, mucho ron. El sudor intenso desciende por nuestro cuerpo mientras andamos por el malecón. Ya estamos cerca. Las palmeras nos saludan. Una recuerda aquellos domingos de ramos no tan calurosos. Babalú Ayé está cerca. Lo presentimos. Lo sentimos. Lo vemos al fin con sus langostas rojas colgadas al cuello, mientras sonrie a los turistas. Un fotógrafo con cámara oscura nos inmortaliza. Adiós Hemingway.

UNA BURRA

A mí me encanta hacerlo a pelo sobre un potro sin domar. Las frutas de ella se agolpan, y estrechan, y apuntan el cielo; su boca anegada arranca sangre a mi cuello, no existen ya riendas, no hay dirección. Caemos al barro y es seguir con la embestida; entre zancadas y relinchos brota el magma y continuamos, grita ella «no pares» y allí estoy para agitarla, endemoniarla, y al tiempo estoy yo allí de esclavo blanco, que la unta con lodo y de cuidados, y protege la escena alejando, a la bestia sin control.