Las metáforas mueren en los cerebros de los…

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Las metáforas mueren en los cerebros de los cretinos y la ironía en las de los idiotas.

Está más allá

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Está más allá. Un extravagante que se ha colocado más lejos, fuera del mundo. Sabe como dar el mordisco a nuestras palabras y ladrar al futuro. Un ser transfinito que cruza el aleph, el delirio supremo de los supremos. Pero su indiscreción tan cuidadosamente estudiada asemeja a las ilimitadas caras de Jano. Sorprende. ¿Quién lo anima? ¿Quién lo gobierna? ¿Quién recompensa su ímpetu? ¿Es el Demiurgo del poblado? ¿Es el invitado, el rey, el cretino? ¿En qué consisten sus malabarismos?

Sargón de Agadé

relato

En el centro de mi habitación revolotean perennemente dos moscas mientras en el mundo revoloteamos seis mil millones de cretinos. Si a cada cretino nos corresponden al menos dos moscas, es fácil deducir el número de moscas que revolotean en el mundo… A pesar de todo, es infinitamente más estúpido el ejército de cretinos que de moscas. Si todos los cretinos —este inmenso ejército de idiotas sin remedio, que continuamente, en turnos exactos de 12 horas, nos relevamos alrededor del mundo— acabáramos de un plumazo con nuestras respectivas moscas, quizás el mundo sería mejor, pero sin duda sería mucho mejor si cada cretino acabara de un plumazo con su propio cretino.

Soy Vargas, Antonio Vargas

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Vine al mundo hace ya casi cincuenta años en un club de Kansas City. Mis padres fueron dos auténticos desconocidos. De hecho nunca me enteré de quiénes eran. Un saxofón y una trompeta se hicieron cargo de mí. Siempre me gustó pensar que fueron el del gran Charlie Parker y la del bueno de Gillespie. Lo bien cierto es que lo único que heredé de ellos fue una sordera incurable y una morbosa atracción por los pentagramas vacíos. Detesto a los poetas y a los músicos, los unos por prescindibles, los otros por cretinos. No se me conoce ocupación remunerada. El mejor día de mi vida lo tengo asociado a un paseo bajo la lluvia una tarde de domingo en la que recorrí mi ciudad borracho. Recuerdo que en el último bar, el de los Pérez Brothers, una generosa mujer le arrimaba a su pequeño vástago dos domingas rotundas que nunca he olvidado. Cuántas veces en sueños he bebido de esa leche imposible.

Vargas y las poéticas postmodernas

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Si hay algo que aguanta Vargas peor que a los poetas, es a los críticos de poesía. Un cretino teorizaba sobre la esencia de la postmodernidad en poesía, hablaba de sucesos de lenguaje, fragmentos de soliloquios interiores, atravesados de aprensión, dudas, basura sapiencial, residuos visuales, esperanzas abatidas y… sentido del humor.
La traducción de Vargas creó a su alrededor un silencio incómodo: ” A los poetas postmodernos les hace gracia la mierda que dejan en los calzoncillos sus propios pedos”