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    Sikkim 

    La pequeña huérfana americana entró a formar parte de la familia real el día fijado por los astrólogos, siendo coronada, con tan sólo veinticinco años, como la gyalmo de Sikkim, la reina de El reino de las orquídeas.
    Al pie del trono, la Denjong Gyallo, la que reina sobre el país del arroz y esposa de las divinidades, recoge las ofrendas de un lama: un cofre precioso, lleno de amuletos de la buena suerte, mientras, en los jardines de palacio cantan los niños del templo bajo las banderolas de vivos colores. Es un día radiante y festivo en el pequeño reino de Sikkim.

    -Yo le amo, y el reino de Sikkim es un país de ensueño. Dice Hope Cooke, cuando el principe Thondup, le ofrece, junto a su amor, la corona del reino.

    Apenas cuatro años antes, ella había encontrado a su apesadumbrado príncipe en un hotel de Darjeeling. Ni en sus más osados sueños hubiera imaginado una historia de amor tan de cuento de hadas… Continuará

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    La tarde 

    La tarde transcurre así

    Entre tonta y gris

    Que sencillo sería pintarla de colores si yo supiera

    Pero el ineludible devenir de la vida empuja y empuja

    Empuja y empuja

    Hacia no se sabe dónde

    La cabellera de un hombre se asoma por la ventana de un coche

    Sonríe

    De repente ilumina esa tarde que se estaba volviendo verde oliva

    (21 de marzo)
    ¡Feliz día de la poesía!

     
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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Está al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pasé años muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a mí “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Señor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos niños muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy pequeñitos
    pasamos algún apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis añitos,
    Íbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En párvulos empezamos
    con esos pocos añitos,
    teníamos Doña Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena “leche”.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la “hermana Antonia”, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cariño
    cuando en el comedor
    estábamos de servicio.

    Con Doña Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos enseñó a coser,
    bordados en panamá,
    hicimos un “tú y yo”
    y alguna cosilla más.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    “lo podía haber hecho antes”

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    “algo habrás hecho mal”.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Doña Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Doña Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al fútbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Doña Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bailábamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebrábamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto “el portalillo”,
    y cuando venían los chicos
    pasábamos apurillos.

    Nos mandaba Doña Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y también “hacer pipí”.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y llegábamos con sed.

    Eran años de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebastián,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    Ésta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un año
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el “facebook”
    y después con el “whatsApp”,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos más.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mandábamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    “largos nos ponéis los dientes”.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pasárnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que llegáramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por “mi quinta”,
    que nos dé su protección.

    El que está enfermo lo cure,
    el que está sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas más sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos años.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un año,
    va dedicada a “mi quinta”
    al cumplir sesenta años.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Está al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pasé años muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a mí “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Señor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos niños muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy pequeñitos
    pasamos algún apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis añitos,
    Íbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En párvulos empezamos
    con esos pocos añitos,
    teníamos Doña Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena “leche”.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la “hermana Antonia”, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cariño
    cuando en el comedor
    estábamos de servicio.

    Con Doña Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos enseñó a coser,
    bordados en panamá,
    hicimos un “tú y yo”
    y alguna cosilla más.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    “lo podía haber hecho antes”

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    “algo habrás hecho mal”.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Doña Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Doña Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al fútbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Doña Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bailábamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebrábamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto “el portalillo”,
    y cuando venían los chicos
    pasábamos apurillos.

    Nos mandaba Doña Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y también “hacer pipí”.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y llegábamos con sed.

    Eran años de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebastián,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    Ésta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un año
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el “facebook”
    y después con el “whatsApp”,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos más.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mandábamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    “largos nos ponéis los dientes”.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pasárnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que llegáramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por “mi quinta”,
    que nos dé su protección.

    El que está enfermo lo cure,
    el que está sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas más sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos años.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un año,
    va dedicada a “mi quinta”
    al cumplir sesenta años.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
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    MOCOSOS DE PÁRVULOS 

    el primer día no lloré, tampoco el segundo, pero el tercero fue terriblemente triste, definitivamente se había acabado la libertad. Entrar en párvulos era cumplir una condena de cárcel, uniformados con rayas, sentados en pupitres alineados, sin poder hablar, sin poder reír, sin poder moverte y salir a la calle, al campo, a jugar. Aquello era una tortura. Te engañaban con cosas nuevas y bonitas, como una colorida cartera nueva y un plumier maravilloso, lleno de lápices de colores y un sacapuntas,

     
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    EL NAVAJAZO A MI HERMANA 

    Fue una repentina explosión de rabia. Yo estaba sentado con mi familia alrededor de la mesa redonda de la cocina. Era de noche. Estábamos cenando. Algo que hizo mi hermana mayor me hizo rabiar de ira. Yo estaba sentado en una de esas sillitas de bebé que también era de madera y que te elevaban a la altura de los adultos en la mesa. Podía comer por mi mismo y alcanzar los objetos que había sobre la mesa, entre ellos una pequeña navaja con mango de colores. Supongo que era mía porque estaba a mi alcance fácilmente. No recuerdo que fue lo que mi hermana hizo, pero realmente me cabreó. Cogí la navaja y sin dar tiempo a nadie para reaccionar se la lance a mi hermana mayor. Mi puntería no debió ser mala porque le partí la ceja. Un tremendo tortazo vino inmediatamente a visitar mi cara. En un segundo, una tranquila y rutinaria cena familiar se había con vertido en una tragedia rural.

     
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    Siento elevarme hacia lo negro lo negro de… 

    Siento elevarme hacia lo negro,
    lo negro de mi cuerpo que más pesa.
    Que pesa en el averno del cielo,
    del cielo más profundo y más verde.

    Verde de la muerte que me acecha
    y acecha en los colores de las grietas,
    grietas que perfilan los horrores,
    horrores que definen nuestros gestos.

    Gestos de odio ante el miedo,
    miedo que nos come y nos ata,
    nos ata como muertos que somos.

    Que somos vivos, eso sin duda.

     
  • viva el Wednesday Permalink | Responder
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    Esos cuadros que te hacen sentir como un… 

    Esos cuadros que te hacen sentir como un náufrago.
    Paisajes llenos de vida y de muerte que te atrapan.
    Colores y líneas que cuentan una historia.
    Colores y líneas que la apresan.

     
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    Quebró mi entendimiento la realidad adquirió nuevos colores… 

    Quebró mi entendimiento, la realidad adquirió nuevos colores, otras formas, alteró mi percepción vital y dudé entre imaginación y verdad. Todo se vino abajo, ya nada podría ser lo que era. Maldita sea…¿era un culo o un codo?

     
  • viva el Monday Permalink | Responder
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    Para gustos están los colores para disgustos el… 

    Para gustos están los colores, para disgustos el daltonismo

     
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