ES ELEGANTE EVADIRSE

greguerías

Es elegante evadirse en el porvenir de demonios
que son insectados y recuperados por la caridad de los fusiles
pero no me acostumbraré a cielos fuertes
hasta que desaparezcan las brujas viejas
que en su bautismo so√Īaban con mezquitas en blanco
como reseca recompensa de su horquilla,
mujeres de almacén que acabaron por pisotear oscuramente.
He previsto, refiero, buscar galos del inferior
con sus encantadoras canciones del lugar y,
como esposo, adquirir lo que hemos devuelto
a las desazones y los confines que, con suerte,
pronto arranco en otras ciudades para hablar con dulzura
y no merecida pero asquerosa gracia de los horrores
en que luchaba antes y ahora bailo con los ni√Īos
en las cortas palabras con comezón de avemaria.

EXT. CIUDAD – D√ćA

juego

Una plaza como la de San Marcos con cuatro flancos de arcos, y cuatro salidas por las esquinas de la plaza, una de las cuales da al Gran Canal. G√≥ndola egipcia, cloacas greco-romanas, l√°pidas medievales rom√°nicas, Gran Canal con puentes renacentistas, Iglesia g√≥tica, juzgado neocl√°sico, palacio barroco. Gran bullicio de gentes. Fuegos artificiales. M√ļsica de fiesta.
TXT (SUBT√ćTULOS): “TipharetVirtutes” (Virtudes de la belleza)
VISTA DE P√ĀJARO Ciudad laber√≠ntica y cruce principal de sendas del reino con un gran canal central cruzado por grandes puentes como Venecia.
VOZ (OFF)
Bienvenidos a la ciudad de la belleza.
TAU
¬°Hombre, por fin llegamos a una ciudad!
BODOS
Aquí seguro que podremos solucionar nuestros problemas.
TAU
Yo no estaría tan seguro.
TAU penetra en un recinto bello y peligroso, el corazón de un mundo especial, para encontrar un objeto relacionado con la misión.
TAU está perdido en una ciudad laberíntica que tiene ocho puertas, posibles salidas o entradas.
Varios de los personajes asisten a una fiesta de disfraces e intercambian sus papeles.
Después de encontrar al eremita llegan de nuevo a la ciudad.
BODOS
Siempre dando vueltas.
Fiesta de carnaval en el centro de la ciudad.
BODOS
Aquí siempre están de fiesta.
¡Qué desperdicio!
TAU
¬°F√≠jate, si est√°n todos aqu√≠! La pitonisa BETH, el emperador D√ĀLETH, VAU el enamorado, el ermita√Īo TETH, la juez KAPH, MEM el depresivo, el hermafrodita NUN, ese diab√≥lico SAMECH.
BODOS
¡Vaya, cuánta gente disfrazada hay aquí!
TAU
Menuda fiesta de carnaval tienen estos.
TAU
Ya nos podrían haber invitado.
SAMECH
El Gran Detritor disfrazado, con cara de s√°tiro, que lleva el K√°bolo o joya secreta.
SAMECH
Siempre estaréis invitados.
BODOS
¡Qué mal huele, podrido azufre!
TAU
¬°Yo no he sido!
Vuelven de nuevo a la ciudad, después de estar en el parque.
TAU
¬°No encontraremos nunca ese maldito Alicor!

Canal

juego

Se lanzan al gran canal.
Caen en el agua.
Caen en el barco de La templanza.
NUN
TAU
TRAVELLING Un barco navega sobre aguas negras y es conducido por un Aqueronte pasando a veces bajo grutas semiderruidas y al descubierto.
Cae por una catarata a un lago.

L√°pidas

juego

MEM
Las fuerzas enemigas se alían y lucha el martillo de la fortaleza de los buenos contra el hacha de la crueldad de los malos.
Los buenos se dispersan porque pierden la batalla, sin embargo, averiguan que tienen que cruzar al otro lado pero no saben si es un lago o una caverna.

Nocturno

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Oigo m√ļsica para llamar al silencio;
esta noche lo invoca el canto de los grillos
que se ocultan detr√°s del escombro del parque.
Que se hospedan aquí pese al brutal rugido
de la ciudad que sin razón amamos
y que ya es imbatible en su fracaso.

Julio exhala su ardor rojo y noctívago
y es como si en su combustión anunciase
que hemos de estar para algo m√°s en esta vida.
Para algo más que una ilusión invicta
entre el arbusto cuajado de espliego y la palabra.
Para no siempre ceder ante las cosas del mundo
que a menudo significa renunciar a ser libres.
¬ŅC√≥mo entender si no el prodigio del mart√≠n pescador,
del águila o la libélula sobrevolando el pantano?
¬ŅC√≥mo explicar el milagro de la m√ļsica
prendido en los zapatos de baile de un mendigo?

Esa misma m√ļsica me dice:
Oscura incertidumbre que resuelta
por la noche nos acosas
sin dejar rastro en el tiempo.

No es posible buscar desde el abismo.
Una pletórica indulgencia encuentro a cambio,
densa y estéril como frutos de arizónica
que liban las polillas embaucadas por su olor.
-un olor que se masca como goma ar√°biga-

Ni el disco solar ni la noche me alumbran,
ni me habla tu voz por ning√ļn recodo
pero tampoco, has de saber,
se ensombrece la hora del relevo.

Federico Leal (De Toma de tierra)

PANDEMONIA

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Recuerdo aquel voluptuoso verano del a√Īo que pas√© viviendo con mi abuelo, en el que se disiparon todos mis problemas. Venus me era favorable y mis u√Īas abiertas ara√Īaban el d√≠a desde el amanecer hasta la tarde. Mis sue√Īos eran azules y yo besaba hasta el centro de las sombras. El calor del sol, el silencio de la ciudad, el color de las s√°banas‚Ķ crepitaban en mi salvaje cabeza, en mis hasta entonces, desiertos pezones, ahora en llamas. La desnudez de las fiestas, las miradas que lo dec√≠an todo, mis montes de mujer arrasados por sus manos y sus ojos‚Ķ han sido sacralizados por mi imaginaci√≥n y mi memoria para siempre. Yo era aquel verano la Venus de las sombras.

MORFEO

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Hoy he visitado dos casas inhabitables y sus almas vacías.

LAS CASAS Y LAS ALMAS.
La primera es una casa con planta en forma de L que tiene una salida a calles diferentes en cada uno de sus extremos. La casa tiene innumerables habitaciones y pasillos que forman un laberinto dif√≠cil de recordar. Hay estancias secas y oscuras pero tambi√©n las hay h√ļmedas y luminosas, con patios interiores soleados o lluviosos. Sus dos fachadas son viejas y resquebrajadizas. Una de ellas da al campo y se sale por un r√ļstico y viejo port√≥n de madera. La otra fachada da a una calle de ciudad de provincias y su puerta es de madera o hierro, seg√ļn los d√≠as, aunque es de una apariencia mediocre. Es inc√≥modo vivir en ella porque est√° casi vac√≠a de muebles, desconchada y polvorienta. Tan solo una peque√Īa parte se usa. El resto es visitada ocasionalmente por dos de los tres moradores: padre, madre e hija. √önicamente la ni√Īa recorre con frecuencia los lugares m√°s alejados e inh√≥spitos y conoce todos sus rincones y laberintos. El padre solo se atreve a recorrerla con su hija por miedo a perderse, aunque se siente atra√≠do por sus enormes posibilidades y le agradan especialmente esos abandonados jardines y patios con galer√≠as acristaladas a los que llega la luz y las nubes. La madre no sale nunca de los dos o tres cuartos principales que dan a la ciudad.
La segunda casa es redonda y alta, con forma de c√ļpula y una indescriptible arquitectura de estancias interiores. La c√ļpula est√° recubierta por una √ļnica y continua estanter√≠a de libros imposibles de alcanzar ni leer. Nada tiene una funci√≥n concreta en este alojamiento: se puede dormir, cocinar o bailar, de forma indiferente, en cualquiera de sus m√ļltiple rincones. Aunque hay muros, vigas y escaleras… la separaci√≥n entre espacios nunca es total ni resulta evidente. A veces se tiene la sensaci√≥n de que los elementos arquitect√≥nicos cambian a capricho y con desasosiego para algunos de sus habitantes y visitantes. Otros, en cambio, parecen acostumbrados a los cambiantes designios de la mansi√≥n. No se sabe si los vanos exteriores son puertas o ventanas. Por cualquiera de ellos se puede entrar y salir. Incontables personas, cada cual m√°s extra√Īa, entran y salen continuamente. Hay gente que vive all√≠ siempre, en su recodo imposible y otros que entran tan solo a curiosear y marcharse. Se cuentan por centenas los cachivaches in√ļtiles que la adornan y a los que los habitantes intentamos encontrar una utilidad para satisfacer una perentoria necesidad del momento: fre√≠r un huevo frito con un disco; oler las noticias en un tintero; escuchar m√ļsica con unas gafas sin cristales; fabricarnos un reloj digital con una caja de cuchillas de afeitar o un smartphone con lo que parecen las pastillas de freno de un coche.

MARAT√ďN DE SUE√ĎOS

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Cuando por fin la humanidad entendió que la realidad había que dejarla, no tocarla, que nada cambiaría para bien de todas formas, que nada sería como esperábamos, el físico teórico expuso su gran teoría, de nuevo, ante el auditorio mundial, que seguía la retransmisión desde todos los rincones del planeta, mediante el InterSphere.
El rico Monopol, patrocinador de todo, que también entendió que su gran riqueza tampoco servía para poseer el mundo, que en realidad, aunque todo el globo terráqueo estuviera a su nombre y le perteneciese por completo, la verdad es que ni siquiera lo que tenía cerca y a su lado le pertenecía, pues ni siquiera su perro le pertenecía, y había muerto, a pesar de los tres mil cirujanos que intentaron revivirlo.
InterSphere estaba conectado globalmente, todos hab√≠an sido sometidos a √©l. El f√≠sico comenz√≥ su discurso y todos lo escuchamos subyugados. Despu√©s de una larga demostraci√≥n, que nadie entendi√≥ pero que seg√ļn los m√°s sabios, era incontestable, infalsable, definitiva… concluy√≥ su teor√≠a diciendo: as√≠ pues no podemos cambiar el mundo, ni poseerlo, s√≥lo podemos so√Īarlo, sin tocarlo siquiera, Monopol tendr√° que so√Īar su perro, y todo el que de verdad quiera poseer algo debe √ļnicamente so√Īarlo.
Fue entonces cuando a Monopol se le ocurri√≥ organizar las Olimpiadas On√≠ricas Mundiales, cuya prueba reina ser√≠a un Marat√≥n de sue√Īos. Se so√Ī√≥ una mascota, se so√Īaron las diferentes pruebas ol√≠mpicas, se so√Īaron los equipos, los deportes, los s√≠mbolos, los kil√≥metros de sue√Īos que hab√≠a que hacer, se so√Īaron las diferentes pruebas y carreras on√≠ricas, se so√Īaron por supuesto los diferentes estadios, las competiciones, las medallas. Todo era so√Īado cada d√≠a de nuevo. Milim√©tricamente so√Īado hasta el m√°s m√≠nimo detalle, incluidas todas las pesadillas dantescas de algunos recalcitrantes. Todo el mundo tuvo su prueba, su sue√Īo o pesadilla exclusivos.
Y entonces ocurri√≥ el milagro, la realidad dej√≥ de pertenecer a nadie, ni siquiera a Monopol, pero los sue√Īos pertenec√≠an a todos. Por fin se hizo justicia: cada uno ten√≠a lo que era suyo. Los sue√Īos nos pertenec√≠an, la realidad no. Al cabo de pocos a√Īos de s√≥lo so√Īar, la naturaleza empez√≥ a ser generosa, el calentamiento descendi√≥ en todo el planeta, los bosques volvieron a crecer, el clima se hizo generoso, el mar estaba recuperado y lleno de vida, las ciudades desaparecieron, la temperatura era tan benigna que no era necesario ni ropa, ni casas, ni transporte… porque todo se so√Īaba y los sue√Īos eran cada vez m√°s bellos, m√°s perfectos, m√°s arm√≥nicos.

Eolos de ciudad

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En las grandes ciudades el viento s√≥lo entra en camiones. Esos eolos de metal que para hacerse los importantes tienen que hacer un ruido infernal con su motor para impresionar a los turistas. A veces, un convoy atraviesa a toda velocidad para demostrar que ni los trenes, esos vientos paletos que corren por el¬†campo, pueden urbanizarse, ya que no consiguen entrar si no es por t√ļneles, domesticados y previsibles. S√≥lo su chirriante y quejumbroso vocer√≠o nos recuerda su falta de urbanidad y su brutal campestrer√≠a.

SOLVE ET COAGULA

greguerías

Oh, exclama, como nunca,
mientras este demonio lleve miseria
sin razón, que a otra ciudad o
tiempo marche con deseo ingrato
entre la bruma para
cuajar l√°grimas deshechas
pero s√ļbitamente
maraville su riqueza.
Por ti, cada caída en el fango,
la fuerza del camino, tu amante
despojada de vestimenta,
mas pronto todo el aguardiente
de satán, que causa esa visión,
querr√° este tiempo
de pillaje, no santo.
Adorar la miseria de occidente
La novela que enciende
Su √ļltima hoguera y
cultiva la domesticidad
al solicitar mi abominio,
que alguien tiene ya dorado,
por enternecidos estados.
Mi desenfreno llora, pero
Sigue adelante su alegría,
asumiendo que est√° condenada,
y contin√ļa haciendo oler al pueblo
con el sauce de las multitudes.

La vida la muerte la historia la piel…

greguerías

La vida, la muerte, la historia,
la piel, la hora, la luz y la sombra,
la sabiduría, la ciudad y sus calles,
-todo en danza-
que vengan, que enamoren a todos,
al corazón, al mundo, al espíritu,
al cielo, al infierno y al aire…
que vengan como un sue√Īo,
un momento, un suplicio…
que vengan donde se despiertan los ni√Īos,
los consejos, los mendigos, los sue√Īos,
los cad√°veres.

Adivinanza homenaje ¬°Y un poco tambi√©n par√°bola Se…

greguerías

Adivinanza homenaje. ¡Y un poco también parábola!
Se parecen a las notas de silencio en la m√ļsica: sin ellas no habr√≠a melod√≠a.
Se parecen a las calles y jardines de las ciudades: sin ellos la ciudad sería un solo edificio enorme y de planta baja.
Se parecen a la sal y las especias en la cocina: sin ellos no habría sabores.
Forman toda una familia, y el más humilde de ellos es, a mi juicio, el más importante. Aquí están:
. , ; : … ” – _ *
¡Los signos de puntuación! Sinellosnohabríaliteratura.
¬ŅEl m√°s humilde? Tal vez el “espacio”, tal vez la “di√©resis”, que no se hace visible sin la letra a la que sirve.

Teor√≠a del asesino confeso

greguerías

y si es un ciudadano que quiere dar un regalo?

Georgius' Blog

Un ciudadano tiene la intención de asesinar a otro ciudadano, la probabilidad de este ciudadano de asesinar a otro antes de realizar el asesinato, es máxima. Producido el asesinato, la probabilidad disminuye, por tanto, se puede decir que:

Axioma 1: La repetición del suceso dificulta la propia existencia del suceso en sí

Un determinado día los medios de comunicación a través del alerta de la policía deciden dar la alarma y avisar a la población, cuanto mayor sea la expansión de la noticia más gente llevará precaución y estarán atentos al asesino, por tanto:

Axioma 2: El conocimiento p√ļblico del suceso tambi√©n dificulta la realizaci√≥n del suceso

Por √ļltimo, una relaci√≥n del primer axioma con el segundo, si el suceso se repite mayor probabilidad hay de que la polic√≠a, los medios y la poblaci√≥n difundan la noticia, por tanto:

Axioma 3: Dada la premisa 1 aumenta la probabilidad de darse…

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HJW

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Silencio bajo las palabras,
sue√Īos desvanecidos entre las l√°pidas.
La Almudena descansa tranquila,
yacen sobre ella, cortas y largas vidas.

Mientras en las esquinas de mis pensamientos
una verdad herida, el recuerdo de una vida perdida.
Deambulo entre callejones de la Capital dormida.
Fría y dura noche de Madrid, sin Luna, ni guía.

Llora en las alturas tinta,
negra, como este cielo sin estrellas,
negra, como la noche sin su día,
pero a√ļn m√°s negra, como estos versos sin tu compa√Ī√≠a.

Tinta etérea que se derrama en el Manzanares,
a lo largo de sus bastas orillas,
y recorre de vuelta el camino a mis mejillas.

Triste en la noche, el viento silba
ante el imponente Palacio de Oriente,
y callejea, sin meta, ni fin
por el Madrid de los Austrias.

Triste se esconde en el Cerro de los Locos,
busca y vuelve a buscar,
desde lo alto de su explanada
a la Luna, en ese infinito y negro mar.

Y llora, porque se ha ido,
porque la ha dejado marchar,
Y tiembla, porque no quiere dejar de verla,
ni perder los versos que la llevaron a ella.

Y entonces corre raudo como lo que es,
Viento en la agitada gran ciudad.
Y se detiene, hincando las rodillas, en la fría arena,
ante la estatua del √ļltimo √Āngel que cay√≥ al mundo.

Y Maldice su Reino.

No tendr√°s mi Alma, ni hoy, ni ma√Īana,
porque mi Alma, la protege la Luna.
No tendr√°s mis versos, ni mis palabras, ni mis sue√Īos,
pues yo soy, el √ļltimo √Āngel que a ella protejo.

Madrid sin Luna, Henry J. White.

Buenas noches Viva, y Feliz A√Īo con retraso…. hacia mucho que no volv√≠a por estos lares. Sonrisas desde la nocturna capital.

EN LA PLAZA FRENTE A LA CATEDRAL

greguerías

GUADALAJARA, JALISCO (MEXICO)

Est√°bamos mi esposa y yo vacacionando en esta hermosa ciudad, sentados en una de las bancas del parque simplemente dejando pasar tranquilamente el tiempo mientras disfrut√°bamos de un clima espectacular y ante nosotros espor√°dicamente pasaba alg√ļn comerciante ofreciendo diversos productos o servicios tradicionales del √°rea tales como: Cotorinas, algodones de az√ļcar, helados, un organillero, un bolero, un vendedor de t√≠teres de madera, un vendedor de sombreros y otros m√°s

Obviamente también éramos parte del paisaje todos los allí presentes como paseantes, había puedo dar fe: gentes de muy diversas latitudes, razas, culturas, niveles económicos y profesiones a los que nos unía la dicha de no tener prisa en ese momento por nada.

Observ√© a una muchacha deambulando para arriba y para abajo como sin ning√ļn prop√≥sito al igual que nosotros, ya se sentaba en una banca, ya en el suelo cerca de la fuente, o se quedaba un momento quieta observando algo que le llamara la atenci√≥n. Para cualquier persona supongo le habr√≠a parecido que ella estaba extraviada de s√≠ misma

Vi también a un muchacho pidiendo limosna, es probable que nunca haya recibido atención médica especializada que le minimizara los problemas locomotores en sus extremidades lo cual provocó sin lugar a dudas la deformación ya muy notoria de las mismas, también denotaba ese tipo de miseria que te obliga a vestir las prendas hechas ya unas garras, tan delgado que ni siquiera la anemia cabía en su cuerpo.

Debo decir que no hicimos línea los presentes para preguntarle en que podíamos ayudarle, no nos disputamos el orgullo de ser los primeros en tenderle la mano, creo que ninguno dejamos de comer lo que sea que haya sido que hubiésemos comprado para tal propósito, ninguno nos dirigimos a las oficinas del Municipio para avisar que habían omitido accidentalmente ayudar a uno de sus conciudadanos en desgracia pero que afortunadamente estaba allí ahora al alcance de la mano

En eso que uno voltea la mirada no sabe por qué hacia un lugar en lo particular me encontré con que la muchacha que mencioné previamente iba caminando hacia el muchacho, conforme se acercaba se metió la mano izquierda por su escote, hurgó dentro de su ropa intima y le dio un billete sin siquiera poner atención en la denominación

¬ŅTienen idea ustedes de lo miserable que me sent√≠ y hoy s√© que soy?

¬ŅQuieres cambiar el mundo Deja de salir como…

greguerías

¬ŅQuieres cambiar el mundo? Deja de salir como vaca a caminar de una punta a la otra de la ciudad cada vez que te lo piden. Yo s√© que esas marchas son buenas para conocer chicas revolucionarias, pero esa no es la idea; la idea es cambiar el mundo. Y para cambiar el mundo, lo que hay que hacer es jugar a la Ley. ¬ŅHas jugado al ajedrez? Pues, el ajedrez, tiene unas reglas; t√ļ no ganas la partida volteando al rey opuesto con el dedo, ¬Ņsabes? Claro que lo sabes. Para cambiar el mundo tienes que poner al Estado a trabajar a tu favor; lo curioso del caso (y es igual en el ajedrez) que para currar a tu favor, el Estado tiene que hacerlo en su propia contra. Paradojas. Entonces, punto 1: te vas a un CAP, haces que te visite un m√©dico, al salir te dar√°n una factura informativa (o te la enviar√°n a casa). Punto 2: teniendo la prueba en la mano, te juntas con tus amiguetes, que han hecho eso mismo que t√ļ de ir al CAP (porque se notan como los cojones m√°s hinchados que de costumbre; las se√Īoritas, que elijan su propia dolencia) y esos amigos se juntan a su vez con otros amiguetes m√°s (unos que t√ļ ya ni conoces), y as√≠, y as√≠, y as√≠, y m√°s, m√°s y m√°s, como cuando en esas noches de verano, sudorosos, los seres humanos se contentan impactando una pelvis contra la otra, y se le entregan todas las facturas informativas a un abogado que, a su vez, solicita v√≠a judicial al Estado que, ya que esto de las facturillas informativas es “legal”, t√ļ, como ciudadano legal que eres, quieres la factura informativa de TODO lo que el estado se gasta en ti. Como el peque√Ī√≠simo Estado que hoy tenemos puede mentir (u omitir) de palabra al viento pero no en los papeles oficiales, el estado tendr√° que contarte lo que se gasta, cada fucking vez que lo haga, y cada vez te dar√° m√°s pruebas con las que presentar m√°s demandas. Si te da pereza hacerlo te entiendo, pero luego no me vengas a hablar de que la cosa est√° mal y hay que cambiar el mundo. Y si de veras tienes las pelotas m√°s hinchadas que de costumbre y no quieres ir al CAP a que te visiten, te paso la receta de mi abuelo: llenas el bidet con agua helada, te sientas, y los pones a remojar. Besos.

Lo que esta gente hizo lo hizo porque…

relatos

Lo que esta gente hizo, lo hizo porque era capaz de escribirlo. ¬ŅQu√© somos capaces de escribir nosotros hoy? ¬ŅMicrorrelatos chorras? Pues, microrrelato chorra es nuestra vida. Hacer, implica primero, pensar; y, si te lo piensas, pues, al pensarlo deber√≠a uno poder escribirlo a continuaci√≥n. ¬ŅO no? Yo digo que estamos perdidos, pandemonia. No es que en estos tiempos no haya personas buenas, lo que casi no existe son individuos capaces de estructurar su discurso de tal modo que presente ideas ejecutables. ¬ŅHas visto cuando un programa de ordenador es chorra y falla y el ordenador se cuelga? Pues el mundo material es tambi√©n como un ordenador que se programa con la palabra. No se puede poner a cualquiera a programar porque te sale el error404 a cada rato. Y perm√≠teme que me vaya un pel√≠n de la rima, pero los griegos dise√Īaron la Democracia, mas, primero, fueron torneando un lenguaje que viene a ser el paradigma del ¬ęlenguaje tal y como lo conocemos¬Ľ. Los asuntos eran discutidos entre ciudadanos que no solo sab√≠an ¬ęblablar¬Ľ sino ¬ęexpresar ideas propias y ejecutables¬Ľ. La clase de acciones que a√Īoras proviene de la clase de discurso que reproduces en tu post; no as√≠ a la inversa. Pr√°cticamente no existen hoy d√≠a ciudadanos con estas capacidades cognitivas y, por tanto, no existen acciones como las que deber√≠an desprenderse de ello en consecuencia. Las razones para el intelecto esponja actual son m√ļltiples y dar√≠an para largo. De investigar tal fen√≥meno, la obra ser√≠a casi una cartograf√≠a intelectual de los √ļltimos casi 60 a√Īos. Yo tambi√©n lo lamento tant√≠simo‚Ķ pandemonia. Y lo que es m√°s triste, yo no esperar√≠a milagros.

<– O,O

El Padre Juan, sacerdote ordenado en 1959

greguerías

El Padre Juan, sacerdote ordenado en 1959, estaba a cargo de la Iglesia de Colonia General Paz desde mediados de 1977. Había sido elegido para esa responsabilidad por el Obispo Igarreta, ambos eran fieles a la Obra de Dios, organización defensora de la moral y las tradiciones cristianas.
La comunidad de fieles, que hab√≠a sido muy numerosa, a√Īo tras a√Īo disminu√≠a en cantidad ante el crecimiento de las Iglesias Evang√©licas. Esto no suced√≠a solamente en la Colonia, era una constante que se repet√≠a en casi todas las ciudades del interior, y hab√≠a sido motivo de m√°s de una reuni√≥n entre obispos y sacerdotes con iglesias a cargo…

Deborah

greguerías

A Vargas siempre le gustaron las mujeres con estilo, como ella. Imantaron su descre√≠da mirada los ojos y los pies de Deborah, los unos porque le pon√≠an color a la ternura, los otros por la gracia que confer√≠an discretos a su porte. Gustaba esta hermosa mujer de azoteas y terrazas, de √°ticos, buhardillas, atalayas, miradores… lugares en que pajareaban sus deseos y se abovedaba su esperanza. Dulce promiscuidad de lo que contemplaba y lo que pisaba. Nunca fue ajena a los designios de la luz, a la piedad de los amaneceres, como las ciudades en que aventaba su dulzura, como el mar que repet√≠a las espumas a sus pies. Entonces Vargas decidi√≥ que no le importar√≠a en absoluto convertirse en sus zapatos.

Wiki

greguerías

Quer√≠a evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirig√≠ a la TommeO.Tal como le hab√≠a dicho a NoNakis, prosigui√≥ mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le hab√≠an mantenido hasta ese momento.Durante esos diez a√Īos no s√≥lo se desarroll√≥ la nueva construcci√≥n del templo‚Ķ

Tarot

greguerías

Como era de temer la psicosis ha cundido entre la población, no sólo el pánico. El Serpiente, como ahora le llaman los medios de comunicación, ha inoculado su virus destructivo a todos los asesinos de la ciudad. Los asesinatos se suceden en masa y, aunque se ha descartado la autoría de Serpiente en muchos casos, incluso los ajustes de cuentas se firman con símbolos utilizados por el supuesto masacrador.

Skarmenti (3)

greguerías

Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorr√≠a la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o reci√©n hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el d√≠a y mostraban durante la noche a los valientes como √©l. Camin√≥ entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas p√©treas estuvieran abandonadas a la intemperie. Peque√Īas veredas se bifurcaban, d√°ndole la oportunidad de sentir la n√°usea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sent√≠a que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tom√≥ el amplio paseo que conduc√≠a a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentaci√≥n de caminar bajo su s√≥lido y √ļnico arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes o√≠a a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofr√≠o, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspond√≠a, recorr√≠a su cuerpo. […]

Skarmenti (2)

greguerías

A pesar de su empecinamiento, la mula sab√≠a hacer su trabajo con el m√°s esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorr√≠a las m√°s importantes plazas y calles del lugar, lo cual permit√≠a a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y lat√≥n- su maravilloso y √ļnico espect√°culo en el mundo. Espect√°culo en el que todos ten√≠an su papel asignado, desde la cabra, que no s√≥lo daba leche a la familia sino tambi√©n conciertos de pedorretas al p√ļblico congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quim√©rica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantal√≥n de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse o√≠dos sordos pues su estertor era f√°cilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en m√°s de una ocasi√≥n entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

A pesar de su empecinamiento la mula sab√≠a…

greguerías

A pesar de su empecinamiento, la mula sab√≠a hacer su trabajo con el m√°s esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorr√≠a las m√°s importantes plazas y calles del lugar, lo cual permit√≠a a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y lat√≥n- su maravilloso y √ļnico espect√°culo en el mundo. Espect√°culo en el que todos ten√≠an su papel asignado, desde la cabra, que no s√≥lo daba leche a la familia sino tambi√©n conciertos de pedorretas al p√ļblico congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quim√©rica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantal√≥n de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse o√≠dos sordos pues su estertor era f√°cilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en m√°s de una ocasi√≥n entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

Julio Skarmenti pertenec√≠a a una de esas extra√Īas…

greguerías

Julio Skarmenti pertenec√≠a a una de esas extra√Īas familias de gitanos universales que recorr√≠an el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que eleg√≠a en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata se√Īalaba su suerte y la de todos sus contrariados due√Īos.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sent√≠a perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parec√≠a flamear de un hedor mal√©fico y execrable. Sub√≠a a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dorm√≠a el √ļltimo trecho del camino. S√≥lo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del lat√≥n, la llegada de tan insigne y n√≥mada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y √°speros confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldici√≥n del Gran Osiris. Y s√≥lo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la at√≥nita e hipnotizada mirada de los ni√Īos ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarab√≠a esa c√°lida ma√Īana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parec√≠an salidos de la nada o, transportados quiz√°s por el caprichoso viento, de lejanos y ex√≥ticos pa√≠ses a trav√©s del espacio y el tiempo.
El peque√Īo Skarmenti bajaba, ya m√°s animado, de la multicolor carreta y corr√≠a con descaro entre sus coet√°neos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentil√≠neo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hac√≠an danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los ni√Īos despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que tambi√©n segu√≠a a la obstinada y visionaria mula. […]

Skarmenti

greguerías

Julio Skarmenti pertenec√≠a a una de esas extra√Īas familias de gitanos universales que recorr√≠an el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que eleg√≠a en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

  • Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata se√Īalaba su suerte y la de todos sus contrariados due√Īos.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sent√≠a perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parec√≠a flamear de un hedor mal√©fico y execrable. Sub√≠a a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dorm√≠a el √ļltimo trecho del camino. S√≥lo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del lat√≥n, la llegada de tan insigne y n√≥mada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y √°speros confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldici√≥n del Gran Osiris. Y s√≥lo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la at√≥nita e hipnotizada mirada de los ni√Īos ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarab√≠a esa c√°lida ma√Īana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parec√≠an salidos de la nada o, transportados quiz√°s por el caprichoso viento, de lejanos y ex√≥ticos pa√≠ses a trav√©s del espacio y el tiempo.
El peque√Īo Skarmenti bajaba, ya m√°s animado, de la multicolor carreta y corr√≠a con descaro entre sus coet√°neos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentil√≠neo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hac√≠an danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los ni√Īos despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que tambi√©n segu√≠a a la obstinada y visionaria mula. […]

a las 10 en casa

Julio Skarmenti

greguerías

Julio Skarmenti pertenec√≠a a una de esas extra√Īas familias de gitanos universales que recorr√≠an el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que eleg√≠a en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata se√Īalaba su suerte y la de todos sus contrariados due√Īos.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sent√≠a perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parec√≠a flamear de un hedor mal√©fico y execrable. Sub√≠a a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dorm√≠a el √ļltimo trecho del camino. S√≥lo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del lat√≥n, la llegada de tan insigne y n√≥mada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y √°speros confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldici√≥n del Gran Osiris. Y s√≥lo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la at√≥nita e hipnotizada mirada de los ni√Īos ante semejante estafermo ambulante.

Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarab√≠a esa c√°lida ma√Īana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parec√≠an salidos de la nada o, transportados quiz√°s por el caprichoso viento, de lejanos y ex√≥ticos pa√≠ses a trav√©s del espacio y el tiempo.

El peque√Īo Skarmenti bajaba, ya m√°s animado, de la multicolor carreta y corr√≠a con descaro entre sus coet√°neos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentil√≠neo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hac√≠an danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

Los ni√Īos despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que tambi√©n segu√≠a a la obstinada y visionaria mula.

A pesar de su empecinamiento, la mula sab√≠a hacer su trabajo con el m√°s esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorr√≠a las m√°s importantes plazas y calles del lugar, lo cual permit√≠a a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y lat√≥n- su maravilloso y √ļnico espect√°culo en el mundo. Espect√°culo en el que todos ten√≠an su papel asignado, desde la cabra, que no s√≥lo daba leche a la familia sino tambi√©n conciertos de pedorretas al p√ļblico congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quim√©rica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantal√≥n de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse o√≠dos sordos pues su estertor era f√°cilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en m√°s de una ocasi√≥n entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

Camin√≥ entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas p√©treas estuvieran abandonadas a la intemperie. Peque√Īas veredas se bifurcaban, d√°ndole la oportunidad de sentir la n√°usea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sent√≠a que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tom√≥ el amplio paseo que conduc√≠a a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentaci√≥n de caminar bajo su s√≥lido y √ļnico arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes o√≠a a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofr√≠o, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspond√≠a, recorr√≠a su cuerpo. […]

SE IMPROVIS√ď UNA MORGUE

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Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.

Nuestro trabajo consist√≠a en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes hab√≠an sido ajusticiados hombres j√≥venes, ancianos, mujeres e incluso alg√ļn anciano desdentado, todos ellos musulmanes.

Me asalt√≥ una duda ¬Ņen qu√© direcci√≥n se encontraba La Meca? Puesto que nos hab√≠an encargado que les di√©ramos sepultura, era de justicia que tuvi√©ramos la precauci√≥n de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¬Ņde qu√© sirve mirar si ya no hay nada que ver?

Entablé una discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.

Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.
El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el √ļnico restaurante que se encontraba abierto.

El fantasma colectivo de aquellos muertos me velar√° cada una de las noches que me queden por vivir.

Las familias de los cuerpos que yac√≠an a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los dem√°s. Pero, en el fondo, ellos sab√≠an que todo formaba parte del mismo enga√Īo, del mismo dolor, de la misma miseria.

Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.

Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espect√°culo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.

Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa.

Afortunadamente mi orientaci√≥n era entonces m√°s instintiva que lo es ahora y, tras varios d√≠as, logr√© llegar al pueblo. La guerra hac√≠a estragos all√≠ tambi√©n y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El pa√≠s arrasado, Petra de nuevo perdida o quiz√°s algo peor. Aunque yo bien sab√≠a que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones m√°s extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos m√°s d√©biles. Pregunt√© de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio se√Īales de ella. Hab√≠a perdido definitivamente todas las referencias.

[Este post es para crear una novela colectiva de forma hipertextual. Los primeros p√°rrafos son de aportaci√≥n colectiva. Debes a√Īadir tu texto continuando el hilo por donde lo dejan los dem√°s…]

C10

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andaba caer√© tales aire riesgo partes cacharros olvidado ardo eres plagas p√°jaros dejado orietur sacerdote tranquilos fantasmas leves depend√≠a estancia borracha acostumbrando evidencias pinturas querr√≠a visionarios lugar hechicer√≠as decir ang√©lica fondo sacerdotes delicias abandonar bueno injusticia humo enfada fil√≥sofos sensibles l√≠cito reba√Īo cuanto avaros eludir ejerc√≠tate oraciones roja fatalidad alguno ciudad tumba mortalmente caam boda oro franc√©s oigo diluvios florida eternidad tanto necesitamos incorporarse apetitos beb√≠an suspiraba sat√©n casas esclava sobrio cansado apostarse vuelas necia piensa atacar

Qui√©n negar√° lo contrario

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De piel en piel amanezco a gatas para trasegar la d√≥cil melancol√≠a del vencido, del puro indolente olvidar. Y haber qui√©n negar√° lo contrario, si al atusar mi pelo no encuentro razones para desama√Īar, para partir, para viajar a las m√°s altas torres, a las m√°s soberbias capitales.
Ciudades invisibles, visitadas por viajeros invisibles, recorridas por caminos invisibles, en invisibles caravanas. Destino. Jam√°s origen. Entre una y otra no hay caminos, no hay monturas. No hay.
Tropezando en las piedras, pisando los charcos y los lodos, atascando en campestres barrizales, para no hallar nada más que ciudades invisibles, puentes invisibles, calles invisibles, puertas invisibles, paredes invisibles, en invisibles solares. Y haber quién negará lo contrario.

Actividad y pasividad

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La investigaci√≥n me estaba haciendo dar vueltas en C√≠rculo. Ahora me inclinaba a la actividad y m√°s tarde a la pasividad. Cruc√© varios universos sin sospechar siquiera, pues su continuidad parec√≠a evidente como el pensamiento y la existencia. Ahora ten√≠a muchos datos pero ninguna interpretaci√≥n, ninguna teor√≠a que les diera unidad. Era como remover un mont√≥n de arena. Volv√≠ a mi Mediterr√°neo. Junto a la ciudad de Alejandr√≠a siempre hab√≠a tenido grandes iluminaciones y de paso dar√≠a descanso a mi desasosiego. Era quiz√°s su luz o el azul del cielo, que no se da en ning√ļn otro sitio, pero al fin descans√©.

Regalazos

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Susana, no sé por qué demonios tu blog no me pasa mi comentario, y mira que lo he intentado 10 veces ya, joder. Bueno, como me hacía ilusión pedir tres regalazos, aquí van:
1.- Una cena con la mujer a la que ayer me crucé fugazmente por mi ciudad y a la que probablemente nunca más veré.
2.-Una semana en Roma yo solo, en la que no pare de llover.
3.- Que resucitaran del mar unas cartas que un día allí tiré, las cartas perfumadas de una mujer a la que amé mucho y mal, y que hace tiempo ya que me olvidó.

Soy Vargas, Antonio Vargas

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Vine al mundo hace ya casi cincuenta a√Īos en un club de Kansas City. Mis padres fueron dos aut√©nticos desconocidos. De hecho nunca me enter√© de qui√©nes eran. Un saxof√≥n y una trompeta se hicieron cargo de m√≠. Siempre me gust√≥ pensar que fueron el del gran Charlie Parker y la del bueno de Gillespie. Lo bien cierto es que lo √ļnico que hered√© de ellos fue una sordera incurable y una morbosa atracci√≥n por los pentagramas vac√≠os. Detesto a los poetas y a los m√ļsicos, los unos por prescindibles, los otros por cretinos. No se me conoce ocupaci√≥n remunerada. El mejor d√≠a de mi vida lo tengo asociado a un paseo bajo la lluvia una tarde de domingo en la que recorr√≠ mi ciudad borracho. Recuerdo que en el √ļltimo bar, el de los P√©rez Brothers, una generosa mujer le arrimaba a su peque√Īo v√°stago dos domingas rotundas que nunca he olvidado. Cu√°ntas veces en sue√Īos he bebido de esa leche imposible.

ALFONSO TIPODURO

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Sali√≥ a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¬ŅEh, imb√©cil? Lo normal es tener el moco m√°s espeso del pa√≠s y, en un solo d√≠a que te las pongas, los cuellos de las camisas m√°s sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminaci√≥n de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendi√≥ otro cigarrillo. Aspir√≥ profundamente. Qu√© poco nos queda, imb√©cil -pens√≥. El coche no hab√≠a sido robado y dibuj√≥ de nuevo su est√ļpida sonrisa. Qu√© seguro se sent√≠a de s√≠ mismo. Un mill√≥n por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un mill√≥n podr√≠a retirarse. Tendr√≠a que hacerlo por narices. Qui√©n iba a continuar en Madrid despu√©s de eso. ¬ŅTendr√≠a bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del T√≠bet, ¬ŅQu√© tal? Su imaginaci√≥n empez√≥ a volar. S√≠, con ese cantautor, joder, s√≠, ese que me gusta tanto… Joder, el g√ľisqui hace estragos en la memoria, imb√©cil. Ten√≠a que dormir. Ser√≠a mejor consultarlo con la almohada. Era una decisi√≥n muy importante. No pod√≠a hacerse a la ligera. Tendr√≠a que sopesarlo bien. Y de nuevo volv√≠a a llover. Definitivamente en casa hab√≠a mejor m√ļsica y apret√≥ el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el T√≠bet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa est√ļpida sonrisa aflor√≥ en su comisura.
A estas alturas deber√≠a haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas peque√Īas, ment√≥n partido, labios finos -√ļltimamente tambi√©n partidos- y p√≥mulos salientes. Cualquiera dir√≠a que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo m√°s ex√≥tico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensaci√≥n de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por tel√©fono s√≥lo cuando hay alg√ļn problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidi√≥ as√≠, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Hab√≠a tan poco trabajo para m√≠ que todas las noches trasegaba varios g√ľisquis y poco m√°s. Mi jefe debi√≥ pens√°rselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La m√ļsica que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a m√≠ sin acci√≥n. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jam√°s a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calent√°ndoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. √Čl me indica desde la ventanilla de su trastienda qui√©n es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a g√ľisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de mat√≥n -que no est√° nada mal. As√≠ pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese par√©ntesis he de vivir sin otra ocupaci√≥n que mis maquinaciones mentales y mi propio g√ľisqui y mi propia m√ļsica en mi propia covacha y con mi propia soledad de mat√≥n de tres al cuarto.
Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupaci√≥n me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesi√≥n… antes de esto… madero, y a√ļn antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almac√©n, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el √ļnico oficio en el que no ten√≠a que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afici√≥n por la m√ļsica.
Mi flamante y ascendente curriculum se est√° completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostraci√≥n de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinaci√≥n a la coprofilia, aunque esta vez se supone que m√°s refinadamente malolientes. Muy limpias, si se√Īor.
Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una aut√©ntica mu√Īeca.

Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

PFNHDM 1.LA LLAMADA DE MISTER DOLAR

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El tel√©fono suena con insistencia, c√≥mo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sue√Īo. Pero finalmente he descolgado el auricular.
‚Äď¬ŅHola? ¬ŅAlfonso?
‚ÄďS√≠, diga.
‚ÄďSoy yo, Gonzalo.
‚ÄďAh, hola, jefe.
‚ÄďTengo un trabajito para ti. ¬ŅPuedes venir al local esta misma tarde?
‚ÄďS√≠ claro, jefe.
‚ÄďVale. Aqu√≠ te espero.
‚ÄďVale.
Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
El club estaba vac√≠o a esas horas pero la m√ļsica sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don‚Äôt talk about me de Amstrong. Entr√©. Record√© que hab√≠a dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sab√≠a que nadie iba a llev√°rselo. Pregunt√© por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no hab√≠a dejado de observarme desde que entr√© en el local.
club
‚ÄďNo est√°.
‚Äď¬ŅNo est√°…?
‚ÄďNo, no est√°.
‚Äď¬ŅPero vendr√°?
‚ÄďS√≠, claro vendr√°.
‚Äď¬ŅCu√°ndo?
‚ÄďEso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
‚ÄďMe llam√≥ para un trabajito.
‚Äď¬ŅY no le dijo cuando vendr√≠a?
‚ÄďNo, no lo dijo, cre√≠a que estaba aqu√≠ ahora.
‚ÄďPues tendr√° que esperarle.
‚ÄďEst√° bien. P√≥ngame un g√ľisqui.
‚ÄďClaro, como no.
Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se met√≠a en el est√≥mago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pas√≥ por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Record√© un buen polvo echado con esta misma m√ļsica. Qu√© lejano. Sin embargo, volv√≠ a excitarme como aquella vez. El camarero no comprend√≠a aquella sonrisa est√ļpida que se me dibujaba. ¬ŅAcaso no estaba contrariado? ¬ŅC√≥mo pod√≠a re√≠rme as√≠? ¬ŅDe qu√©?
El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
‚ÄďNo soporto a Nino Bravo.
‚ÄďYo tampoco.
‚ÄďY ¬ŅPor qu√© lo pone?
‚ÄďYo no lo pongo, es una grabaci√≥n con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma m√ļsica. Una mezcla de jazz y m√ļsica latina.
‚ÄďEl jazz est√° bien pero considerar a Nino Bravo como m√ļsica latina me parece excesivo.
‚ÄďEso pienso.
‚Äď …
‚ÄďBueno, por fin se acab√≥.
‚ÄďTambi√©n lo malo dura poco.
‚ÄďA veces.
‚ÄďLa gran Aretha.
‚ÄďEso est√° mejor.
‚ÄďOye, ¬ŅPor qu√© los camareros siempre est√°is secando vasos cuando no hay nadie en el local?
‚ÄďEs una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicaci√≥n.
‚ÄďYa.
‚ÄďDe esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
El g√ľisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cu√°nto tiempo sin escuchar esa canci√≥n. Ahora el camel sab√≠a a mar√≠a. Eh, t√ļ. S√≠ t√ļ. Ese escritor que se sienta en su port√°til y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¬ŅDe sus dedos? ¬ŅDe su teclado? ¬ŅDe su pantalla? S√≠, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a s√≠ mismos. No necesitan de un imb√©cil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de m√≠. Va. Ese imb√©cil que tambi√©n est√° bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desear√≠a ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es pat√©tico ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por s√≠ mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perd√≥n, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y m√°s all√° del escritor, que no es m√°s que un mero mecan√≥grafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero art√≠fice, del verdadero maestro de la pluma -perd√≥n, de la pantalla. El personaje, el h√©roe o el antih√©roe. El personaje que se escribe a s√≠ mismo en su anti-biograf√≠a imaginaria. El autor que sue√Īa con ser su anti-personaje. El personaje que sue√Īa con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y d√ļo. Jugando a ser dioses. Y luego est√° el lector que completa la Sant√≠sima Trinidad literaria. Uno y trino.
‚ÄďEh, el jefe ya est√° ah√≠. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atr√°s. Te est√° esperando.
‚ÄďGracias, Charli.
‚ÄďYo no me llamo Charli.
‚ÄďEs mi costumbre inexplicable, yo llamo as√≠ a todos los camareros.
Apur√≥ el g√ľisqui y mastic√≥ el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso s√≥lo ocurr√≠a en las novelas de g√°nsters de los a√Īos treinta y est√°bamos en el siglo XXI. Algunos imb√©ciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba rid√≠culo. En la ciudad no hac√≠a fr√≠o para llevar la cabeza cubierta. Quiz√°s con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se pon√≠an sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¬ŅC√≥mo me llamo, imb√©cil? ¬ŅLo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de m√≠.
‚ÄďAlfonso, necesito que me hagas un trabajito.
‚ÄďUsted dir√°, jefe.
‚ÄďYa sabes que no me gusta que me llamen jefe.
‚ÄďEst√° bien, jefe, digo, Gonzalo.
‚ÄďHay un canalla que est√° haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
‚ÄďNo te andas con rodeos.
‚ÄďNo.
‚Äď¬ŅY c√≥mo se llama?
‚ÄďEso no importa.
‚ÄďPero tendr√© que saber qui√©n es para hacerlo l√≠quido.
‚ÄďViene por aqu√≠, por el bar.
‚ÄďYa, por aqu√≠ vienen doscientas personas cada noche. ¬ŅNo querr√°s que los liquide a todos? ¬ŅTe vas a deshacer de la clientela de esa forma?
‚ÄďNo estoy para bromas, joder.
‚ÄďBueno, bueno… Vas a decirme de una vez qui√©n es. Y yo le doy el premio, como siempre.
‚ÄďNo, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
‚ÄďVaya. Eso… Yo no… Qui√©n es…
‚ÄďTodo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo har√°s.
‚ÄďHombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
‚ÄďTienes que jur√°rmelo.
‚ÄďJoder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
‚ÄďTe dar√© lo que quieras, el dinero no es problema, ¬ŅQu√© quieres? ¬ŅUn mill√≥n?
‚Äď¬ŅUn mill√≥n de qu√©…?
‚ÄďEuros, joder, euros.
‚ÄאּEuros! Madre m√≠a, ¬ŅVa en serio?
‚ÄďPero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
‚Äď¬ŅAh, pero tu mujer no..?
‚ÄďNo, no lo sabe.
‚ÄďNo, si digo que si no es la acosada.
‚Äď¬ŅMi mujer acosada?
‚ÄďVamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¬ŅNo?
‚ÄďS√≠, pero no a mi mujer, imb√©cil, a mis hijos.
‚ÄďEso de imb√©cil ¬ŅPor qui√©n iba? ¬ŅPor m√≠ o por ese?
‚ÄďEse canalla es el que est√° amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitar√°n la custodia.
‚ÄďSiempre amenazan con lo mismo.
‚Äď¬ŅEsos canallas?
‚ÄďNo, esas zorras.
‚ÄďCuidadito con lo que dices, Alfonso.
‚ÄďPerd√≥n, jefe, si lo dec√≠a por la m√≠a. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
‚ÄďY ahora a qu√© viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
‚ÄďNo nada, jefe, estaba recordando.
‚ÄďBueno, basta ya. Si lo vas a hacer, d√≠melo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces t√ļ, lo har√° cualquier otro.
‚ÄďPor ese dinero, seguro… pero tengo que pens√°rmelo un poco ¬ŅVale, jefe?
‚ÄďHazlo pronto. No puedo esperar m√°s. ¬ŅEntendido?
‚ÄďJoder, jefe.

BARRENDERO

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Eran las cinco en punto de la madrugada. Hab√≠a llovido y la calle se presentaba desoladora y solitaria. Augusto ten√≠a un aspecto deplorable cuando se asom√≥ por la ventana. En realidad todo en √©l era penoso, lamentable y desolador. Una mirada abotargada y pusil√°nime y una nariz grande como una bota junto con su extremada barriga hac√≠an sentir al que lo contemplaba una repulsi√≥n instintiva. Se despioj√≥ de las inmensas lega√Īas que le cubr√≠an los ojos y bostez√≥ con desidia. El aspecto andrajoso estaba muy en consonancia con su casa. Hab√≠a latas de cerveza tiradas por el suelo, platos sucios acumulados en un aguamanil, ropa enlodada de barro dejada aleatoriamente aqu√≠ y all√°, un sinf√≠n de cachivaches mezclados con comida y botellas de alcohol. Estando dentro, cualquiera pod√≠a imaginar sin dificultad la covacha de un pordiosero en un rinc√≥n de una calle del arrabal, cuando en realidad se trataba de una casa por cuyo aspecto exterior nadie hubiese imaginado lo terrible, sucio y horr√≠sono que escond√≠a dentro.

Arrastrando los pies entr√≥ en el cuarto de ba√Īo y sin encender la luz se mir√≥ al espejo. No pudo soportarlo mucho tiempo. Escupi√≥ en la taza del water pero las flemas cayeron en el suelo al lado de una toalla tirada. Deber√≠a limpiar esto alguna vez, pens√≥, y tom√≥ el primer trago del d√≠a con el que se enjuag√≥ la boca. A la media hora hab√≠a agotado la botella. En la escalera se oy√≥ al portero retirar el cubo de basura de la calle. Se asom√≥ por la mirilla, como hac√≠a siempre, y coment√≥ entre dientes:

—¬°Maldito mierda!

Por la ventana del patio oy√≥ como la vieja de enfrente hac√≠a sus deposiciones matutinas. Una sonrisa est√ļpida recorri√≥ su rostro. Luego le coloc√≥ el ment√≥n a ‚Äúla parienta‚ÄĚ, que estaba empotrada en el sill√≥n. La parienta ol√≠a bastante mal. Para animarse tom√≥ un trago. Las varices de las mejillas y la nariz estaban a punto para tomar su habitual color rojizo e hinchado.

Salió a la calle y encendió medio cigarrillo que encontró tirado en la acera. Se lo puso en los labios y metió las manos en los bolsillos. Sonrió como un idiota con la cabeza inclinada.

Siempre iba andando a todos sitios, tambi√©n al trabajo. Esa ma√Īana ten√≠a que ir a la zona 3 del barrio 5. Ya se lo sab√≠a de memoria, hoy s√≥lo ten√≠a que barrer tres calles y no muy largas, adem√°s, a la velocidad que √©l barr√≠a, habr√≠a acabado a las dos horas y podr√≠a escaparse a la Ballesta. As√≠ que respir√≥ hondo y de nuevo una sonrisa est√ļpida llen√≥ su vacuo semblante. Era la cara que pon√≠a cuando pensaba en las tetas de Boni, tan grandes como su cabeza. Y con las manos en el bolsillo se acarici√≥ los test√≠culos.

Los domingos a las nueve la calle a√ļn est√° solitaria y vac√≠a. Si no fuera por los barrenderos ‚Äďpens√≥- las ciudades estar√≠an desbord√°s de papeles, colillas y cacas de perro, no podr√≠amos vivir en ellas con tanta mierda acumul√°. Cogi√≥ un peri√≥dico tirado y lo dobl√≥ con sumo cuidado, como quien dobla una sabana de beb√©, y lo introdujo en el bolsillo de la chaqueta. Luego continu√≥ barriendo las colillas. Las cacas de perro no las barro ‚Äďdijo para s√≠.

A las once y cuarto estaba listo, seg√ļn √©l. Dio la √ļltima calada a la colilla; dej√≥ la pala y la escoba dentro del carret√≥n y, empuj√°ndolo, se dirigi√≥ con diligencia hacia el Centro.

Aquel d√≠a, muy caluroso para ser enero, acab√≥ la rutina diaria m√°s pronto de lo acostumbrado. Paco el portero, estaba m√°s intranquilo de lo habitual. Su instinto de hur√≥n le dec√≠a algo que no era capaz de comprender. Volvi√≥ a subir la escalera limpiando el pasamanos, y deteni√©ndose un poco en cada puerta. Nada parec√≠a fuera de lo corriente, sin embargo no acababa de rumiar. Algo indefinido que no sab√≠a explicar le produc√≠a un comecome. Extra√Īo silencio. No pod√≠a escuchar las conversaciones de los vecinos. Nadie parec√≠a estar en la casa y sin embargo notaba una desconcertante presencia. Aguz√≥ los sentidos. Si no pod√≠a o√≠r, al menos podr√≠a oler e incluso entrar a mirar. Ya que no parec√≠a haber nadie, ser√≠a el mejor momento para fisgonear. E intrigado por el olor que sal√≠a de la casa de Augusto, no pudiendo aguantar m√°s la curiosidad, decidi√≥ entrar a curiosear. El cad√°ver se conservaba mejor de lo que cab√≠a esperar para llevar oliendo tanto tiempo, y es que Augusto hab√≠a aprendido algo de taxidermia, cuando era joven y hab√≠a dejado a su mujer como un p√°jaro.

El sue√Īo eterno

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De Lorenzo Stone se dec√≠a que pose√≠a la moral de un empresario de pompas f√ļnebres. Pero nadie le consideraba capaz de otro tipo de monstruosidad que la de aprovecharse lucrativamente del dolor ajeno. Sin embargo, los hechos demostraron lo contrario.

Aquella ma√Īana hab√≠a salido temprano para sus costumbres. Cruz√≥ la calle de la Ballesta y se dirigi√≥ a la Gran v√≠a. Yo le segu√≠ intrigado.

Cuando hoy rememoro aquel d√≠a a√ļn siento escalofr√≠os. Dicen que existen infinidad de universos paralelos y que, en todos ellos, suceden los mismos acontecimientos, de forma simult√°nea. Al pensar en ello no he podido evitar una sensaci√≥n de v√©rtigo, de n√°usea. Imaginar estos hechos repetidos infinitamente en los infinitos universos paralelos me ha dejado en una zozobra insoportable y, exhausta la mente, he olvidado mis otros yoes paralelos, esos sosias de pacotilla que me suplantan ad nauseam en el cu√°nticamente repetido poliverso, como ahora le llaman.

Lo que uno no espera es encontrarse as√≠, de repente y sin previo aviso, con unos cuantos de esos sosias al doblar la esquina. Dicen que este encuentro es posible, pero nadie lo hab√≠a verificado, hasta ahora. Seg√ļn los f√≠sicos es, te√≥ricamente, aniquilador. Una especie de materia se anula con otra especie de antimateria y tiene unas consecuencias imprevisibles. As√≠ fu√©. Qui√©n sabe en que universo me encuentro yo ahora, pero lo cierto es que nada tiene en com√ļn con el que yo conoc√≠a, aquel en el que me sent√≠a seguro y confiado, como un primog√©nito amamantado.

Evocaba la piadosa ciudad de Calabra mientras caminaba por unas calles que debieron ser como aquella pero que ahora se presentaban con toda la brutalidad de una urbe inmunda del siglo XXI y, de repente, allí estaba yo, frente a mí mismo, sólo que ese otro yo se llamaba Lorenzo Stone.

LA OTRA GLORIA

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Yo era aquel ni√Īo que trillaba al amanecer de aquel d√≠a amarillo de agosto que ascend√≠a en forma de pajas secas desde la parva a las orejas. Era el √ļltimo verano antes de irme al seminario. Mi padre y mis t√≠os segu√≠an a√ļn trillando en la era de mi abuelo con m√©todos medievales: una parva; una trilla tirada por un burro; un burro conducido por un ni√Īo; un ni√Īo que sal√≠a del m√°s r√ļstico de los veranos para ir a un seminario postconciliar que acabar√≠a dejando por un instinto m√°s at√°vico y poderoso: se llamaba Gloria y su cuerpo ten√≠a un aspecto bastante m√°s carnal e incre√≠ble que la del cielo.

Ella me sac√≥ por primera vez de mi infantil estupor, transport√°ndome a una ciudad provinciana que aspiraba a la vanguardia de los cafetines y en el fondo m√°s cateta que yo. Al menos as√≠ lo ve√≠a yo en aquel momento. Recuerdo con v√≠vida timidez el d√≠a en que vino convertida de una adolescente en una sensual mujer, s√≥lo para impresionarme. Fue en una clase de arte, la primera de la ma√Īana. Las iron√≠as de los chicos y las c√≥mplices sonrisas de las otras chicas, expresando todos ellos como una pareja colectiva lo que ni Gloria ni yo pudimos expresar. Fue otro d√≠a de calor como aquel en que trillaba en una interminable y medieval parva y en la entrepierna notaba hervir algo nuevo y placentero, como un nacimiento al desierto. El sol irradiaba desde ese nuevo centro, ahora ya no como un problema de enuresis infantil sino como un calor que hac√≠a palpitar el torso erizado con una intensidad de v√©rtigo. Desnudo en un desierto por primera vez, abras√°ndome en la promesa de un cuerpo voluptuoso de mujer reci√©n salida de la adolescencia.

Lleg√≥ vestida con una enorme capa y un peinado alisado y voluminoso, pintada de carm√≠n y colorete; sombra de ojos y u√Īas salvajemente rojas. Al despojarse de la capa puso al descubierto su escultural cuerpo ya maduro y unas piernas para desmayarse. Mi imaginaci√≥n complet√≥ el resto y empec√© a verla vestirse: primero las bragas negras y caladas que ce√Ī√≠an su monte de venus y su rajita humedeci√©ndose de placer; luego un sujetador ajustad√≠simo que elevaba sus apuntados pezones; unas medias envainando sus piernas obscenamente. Seguramente unas ligas a las que me hubiera gustado reemplazar con mis manos‚Ķ

Se sent√≥ a mi lado y mi cuerpo temblaba eriz√°ndome el vello a oleadas fr√≠as y calientes. Todos sonre√≠an sin atreverse a hacer ning√ļn comentario hasta que el profesor de arte, que preparaba las filminas de la sesi√≥n, rompi√≥ el silencio y coment√≥: te has puesto varios a√Īos encima. Est√° guap√≠sima, comentaron inmediatamente sus amigas que en todo momento proteg√≠an a Gloria con su complicidad. Miraban mis reacciones, delegadas quiz√°s por ella para que luego le contasen mi azorada reacci√≥n. Entretanto ella intentaba hablar conmigo de algo. ¬ŅEst√° libre este asiento?. S√≠, s√≠, claro. Aunque yo sab√≠a que Pepe querr√≠a sentarse donde siempre. C√≥mo vienes hoy, coment√© en voz baja. No, normal‚Ķ muchas veces me visto as√≠‚Ķ, dijo. Me hubiera gustado decirle que estaba guap√≠sima, que me apetec√≠a besarla y abrazarla, pero me lo imped√≠a mi terrible timidez y me conform√© con imaginarlo. Un leve e imperceptible suspiro se escap√≥ de ambos. Otra vez ser√°, pens√© que dec√≠a, pero de nuevo debi√≥ ser mi imaginaci√≥n.

¬ŅEsa es Gloria?, coment√≥ la enorme foca que acababa de llegar, como siempre tarde. Joder, chica, c√≥mo te has puesto, ¬ŅVas de fiesta a estas horas? Se sent√≥ al final haciendo comentarios en voz baja. Luego con un tono claramente audible dijo: ¬°Ah, claro, el Carlos‚Ķ ¬°jolines! Me volv√≠ hacia ella y con una mirada asesina le hice callar. La hipop√≥tama baj√≥ la cabeza.

He olvidado por completo cual era el tema de la clase de arte, si es que alguna vez lo supe, que por fin dio comienzo. Yo continu√©, erizado el vello, transportado a los m√°s c√°lidos y hermosos d√≠as de mi ni√Īez. D√≠as radiantes y azules, transparentes como el agua de los sue√Īos en que sientes que tu cuerpo flota sumergido, se eleva, vuela caprichosamente, con la levedad de lo imperceptible y recordando -o quiz√°s imaginando- su carnal y glorioso culo de piel melocot√≥n retozando en mis manos sobre las s√°banas. En la otra Gloria.

VOLVER A TEBAS

greguerías

La ciudad a√ļn estaba consumida por las moscas. Eran moscas tenaces, pegajosas, que dejaban en nuestros cuerpos el rastro de los cad√°veres sobre los que antes se hab√≠an posado, eran alados co√°gulos de muerte. Yo llegu√© acompa√Īado de mi pedagogo. Busc√°bamos a mi nodriza, a la que me amamant√≥ mientras la perra de mi madre retozaba con su amante y mi padre te√Ī√≠a el Escamandro con la sangre estragada de sus h√©roes. Me acordaba de la dulzura de sus senos, de su lechosa piel, de la tibieza de los atardeceres a su lado. De repente, emergiendo de entre las ruinas del palacio, una sombra harapienta nos abord√≥. Me cost√≥ reconocer en aquel espantajo a aquella, mi criandera del alma. Sus ojos me miraban con burlona familiaridad, pero no me reconocieron. Apestaba a or√≠n y un s√©quito de moscas gravitaba a su alrededor. Me bes√≥ con repugnante lascivia mientras su risa desdentada resonaba entre aquellos tristes escombros. Fue entonces cuando tuve la certeza de que mi madre ten√≠a las horas contadas y de que yo ser√≠a su asesino.

SILVIO RODR√ćGUEZ (TE DOY UNA CANCI√ďN)

greguerías

C√≥mo gasto papeles record√°ndote.C√≥mo me haces hablar en el silencio.Y c√≥mo no te me quitas de las ganas aunque nadie me vea nunca contigo.Y c√≥mo pasa el tiempo,que de pronto son a√Īos sin pasar t√ļ por m√≠. Detenida, te doy una canci√≥n si abro una puerta y de las sombras sales t√ļ. Te doy una canci√≥n de madrugada cuando m√°s quiero tu luz. Te doy una canci√≥n cuando apareces, el misterio del amor.Y si no lo apareces no me importa, yo te doy una canci√≥n. Si miro un poco afuera me detengo, la ciudad se derrumba y yo cantando.La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga. Creen que lo digo todo, que me juego la vida porque no te conocen ni te sienten.Te doy una canci√≥n y hago un discurso sobre mi derecho a hablar. Te doy una canci√≥n con mis dos manos, con las mismas de matar .Te doy una canci√≥n y digo “Patria” y sigo hablando para ti. Te doy una canci√≥n como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla…como doy el amor.

Geografía elemental

greguerías

Sccieto Borgia presenció los tumultos de RPC e inmediatamente cogió un aleatorium para el aeropuerto.

Nueva Geografía Elemental en 27 lecciones: Sajalín, Sikok, Kiu-Siu y otras 24 más…

Las palabras que era preciso pronunciar: Nec valet dicere, quod…

-Toma estas monedas de oro y déjate conducir adonde yo te lleve y haz lo que yo te diga…

Respecto de las convenciones, nos declaramos darwinistas. Si un nombre es capaz de sobrevivir en esta jungla convenimos en que se ajusta a la convenciones. All√° tu.

La pol√≠tica de la Rep√ļblica se basa en la construcci√≥n de la libertad, la igualdad y la fraternidad entre todos y para todos los ciudadanos. Cualquier intento de subversi√≥n y vandalismo de estos valores ser√° castigado con el destierro, ya sea temporal o definitivo, mediante votaci√≥n popular.

Le jour de gloire est arrivé!

¡Qué la libertad, la igualdad y la fraternidad sean tus Políticas y guías!

El mundo es imcompleto, imperfecto, inacabado, inquieto, aleatorio … para qué sufrir con sus Políticos y guías, dejemos que la alegre anarquía reine en nuestros serios despachos, catedrales, palacios, torres del capital y el poder se diluya en todas las manos.

RPC

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Hay personas que levantan pasiones, pa√≠ses, guerras, revoluciones, cat√°strofes, inundaciones, huracanes, ruinas, desenlaces dram√°ticos, cataclismos, desastres, hecatombes, destrucciones, desgracias, accidentes, trastornos, quiebras, males, abatimientos, aniquilaciones, demoliciones, descalandrajos, descomposiciones, desintegraciones, desmembramientos, desmoronamientos, desolaciones, da√Īos, destrozos, devastaciones, zafarranchos, estragos, estropicios, exterminios, deshechos, discordias, desavenencias, desvalijamientos, terribles consecuencias por la simple frusler√≠a de un destripacuentos que diab√≥licamente, infernalmente, sat√°nicamente, malignamente no reconoce sus deyecciones.

Esa ma√Īana Ester hab√≠a desayunado un enorme taz√≥n de cereales. Se sent√≠a con mucha energ√≠a para emprender un nuevo d√≠a de trabajo en Radio Patra√Īa Continental, la magn√≠fica emisora de noticias.

Mientras se trasladaba en el taxi hacia la calle en que se hallaban los estudios de RPC pudo percatarse de unos ins√≥litos personajes que discut√≠an en las calles de la ciudad. En todas ellas hab√≠a varios grupos de personas formando un c√≠rculo que parec√≠an mantener una discusi√≥n un tanto acalorada para ser tan temprano. Como ten√≠a un poco de sue√Īo, no le concedi√≥ importancia y simplemente pens√≥ en otra cosa. Hab√≠a que tener muchas ganas para mantener esas absurdas pol√©micas matutinas. Cuando dej√≥ el coche el taxista le gru√Īo malhumorado y estuvo a punto de lanzarle un improperio pero se contuvo. Al llegar a la emisora Ester encontr√≥ tambi√©n al jefe de programas discutiendo con el t√©cnico de sonido y, de nuevo, no le concedi√≥ gran importancia, aunque ya le empezaba a cansar la enervaci√≥n que se respiraba en todos sitios a esas horas de la ma√Īana.

Ester se acerc√≥ al teletipo, que estaba escupiendo las noticias frescas. Hab√≠a un atentado en el extranjero; unas elecciones con muchos disturbios en √Āfrica; la subida del petr√≥leo; la ruptura de los acuerdos de los pa√≠ses de Oriente Pr√≥ximo; un acalorado debate en el Congreso de los diputados‚Ķ; y una extravagante noticia que no comprendi√≥ pero que le llam√≥ enormemente la atenci√≥n. Como ten√≠a mucha prisa, pues ya s√≥lo faltaban veinte minutos para empezar el programa y a√ļn no hab√≠a preparado el comentario, dej√≥ la noticia aparte para volver sobre ella luego. Hizo un resumen y decidi√≥ cual de ellas ser√≠a la noticia comentada del d√≠a.

En pocos minutos estaban emitiendo el programa de Ester, el más famoso de todo el continente. Después de comentar la noticia del día, Ester daba paso a sus infinitos oyentes. Estos llamaban por teléfono para hacer sus propios comentarios sobre la noticia.

Al principio pensaron que se trataba de problemas t√©cnicos, pues no llegaba ninguna llamada. Era realmente raro que no telefonease nadie. Cualquier otro d√≠a el c√ļmulo de llamadas era tal que los t√©cnicos de la emisora se volv√≠an locos para seleccionarlas. Pero curiosamente hoy no entraba ninguna. Ester un poco abochornada se disculp√≥ ante su supuesto auditorio por estos aparentes problemas t√©cnicos e incluso pidi√≥ un poco de paciencia a los que intentaban llamar. Toda fue in√ļtil. Los t√©cnicos no encontraban ninguna aver√≠a y empezaron a discutir acaloradamente entre ellos. En toda esta discusi√≥n alguien entr√≥ de la calle gritando. Nadie le escuch√≥. Ester, un poco enfadada, quiso poner orden y, empezando por el que acababa de entrar, se puso a repartir improperios.

—salid a la calle – dijo de nuevo con rabia el que acababa de entrar. Nadie le hizo caso. Tan solo Ester, que era muy curiosa, se asom√≥ a la ventana. El espect√°culo que contempl√≥ le dej√≥ estupefacta. A pesar del estupendo cielo azul y el sol radiante, desde la calle del ferrocarril hasta la del parque y tambi√©n en todas las calles aleda√Īas, que habitualmente estaban transitadas por una peque√Īa cantidad de personas, se hab√≠an convertido en una aut√©ntica y sorprendente romer√≠a de gentes que se gritaban y lanzaban trastos unos a otros. Ester no daba cr√©dito a sus ojos. Todo el mundo parec√≠a estar loco y no comprend√≠a nada de lo que estaba ocurriendo. Incluso sus compa√Īeros hab√≠an salido ya a la calle y continuaban all√≠ la discusi√≥n que hab√≠an comenzado en el estudio. Ester pens√≥ que estaba teniendo una pesadilla y para cerciorarse se pellizc√≥ en los mofletes. Estaba despierta y bien despierta.

Baj√≥, ella tambi√©n, a la calle con su grabadora, como habitualmente hac√≠a cuando iba a la caza de noticias. Un predicador estaba subido en un p√ļlpito improvisado con unas grandes cajas de transporte y arengaba a las multitudes. Record√≥ la noticia que hab√≠a le√≠do en el teletipo. Hablaba de una secta, del fin del mundo y no recordaba que otros presagios de mal ag√ľero, pero no le otorg√≥ importancia en vista de los tumultos que se arremolinaban a su alrededor.

—De los muchos disturbios que se produjeron, ninguno fue tan sonado como el que recorr√≠a las calles de Madenera a la hora del almuerzo. ‚ÄúArdieron troyas‚ÄĚ, como dec√≠a ufana Ester de Clement√≠n y Z√°rate de Sopichanche, conocid√≠sima diva de la radio y la primera que descubri√≥ el asunto en la ma√Īana del 18 de julio de 1963.
Mientras se fumaba aquel gran Co√≠bas f√°lico que caracterizaba a Ester de Clement√≠n y Z√°rate de Sopichanche, contempl√≥ como el predicador se esforzaba vanamente hasta llegar a la extenuaci√≥n, pues m√°s bien parec√≠a provocar las alergias de los concurrentes que sus adhesiones y amenes. Ya desde que entr√≥ en la secta se caracterizaba por su fulgor fatuo al predicar. Y es que, como dec√≠a mi difunta abuela, ‚Äúuna cosa es predicar y otra dar trigo‚ÄĚ.

Ester, por esa curiosidad innata que la caracterizaba, empez√≥ a escuchar a aquel energ√ļmeno propagandista.
— y una nube dejar√° su rastro de discordia y desolaci√≥n entre los que no escuchan a ‚Äúlos enviados encima de las cajas‚ÄĚ, pues el Se√Īor es justo y compasivo con los que le escuchan – vociferaba el predicante.

Emilio Sobeque. Cuentos escogidos. Madrid, 1987.

Looking for heros

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Y en eso, mi hermano y yo decidimos bajar a las ciudades, en busca del lustrado linaje de los antiguos h√©roes y heroinas, y vaya si los encontramos: alfareros de edenes de cemento, geishas sifil√≠ticas en los cauces secos de los r√≠os, adolescentes que se dejaban morir para liberar al √°ngel que dorm√≠a en su esqueleto, esquivos mercaderes de espumas sospechosas, guerreros que esparc√≠an sus v√≠sceras por metros y autobuses, predicadores esquizofr√©nicos prometiendo por los arrabales ovaciones de incienso… y vimos que el mundo estaba bien hecho y que el octavo d√≠a jam√°s ser√≠a inaugurado por nuestro creador.

PAISAJE A LA INDIA

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El dolor fluye ignorado y disperso en las oscuras venas de las almas callejeras por calles desalmadas; repta como gusanos por t√ļneles y cloacas de ciudades muertas, asesinadas en la inmundicia; tuerce por las negras ventanas de ni√Īos acuchillados en el hambre; pudre las florestas, infectas de bandidos despiadados y abominables; y unas jaulas apestadas por la lepra desparraman el veneno de la carro√Īa entre la reseca jaur√≠a inhumana de la selva…