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    Sikkim 

    La peque√Īa hu√©rfana americana entr√≥ a formar parte de la familia real el d√≠a fijado por los astr√≥logos, siendo coronada, con tan s√≥lo veinticinco a√Īos, como la gyalmo de Sikkim, la reina de El reino de las orqu√≠deas.
    Al pie del trono, la Denjong Gyallo, la que reina sobre el pa√≠s del arroz y esposa de las divinidades, recoge las ofrendas de un lama: un cofre precioso, lleno de amuletos de la buena suerte, mientras, en los jardines de palacio cantan los ni√Īos del templo bajo las banderolas de vivos colores. Es un d√≠a radiante y festivo en el peque√Īo reino de Sikkim.

    -Yo le amo, y el reino de Sikkim es un pa√≠s de ensue√Īo. Dice Hope Cooke, cuando el principe Thondup, le ofrece, junto a su amor, la corona del reino.

    Apenas cuatro a√Īos antes, ella hab√≠a encontrado a su apesadumbrado pr√≠ncipe en un hotel de Darjeeling. Ni en sus m√°s osados sue√Īos hubiera imaginado una historia de amor tan de cuento de hadas… Continuar√°

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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Est√° al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pas√© a√Īos muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a m√≠ “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Se√Īor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos ni√Īos muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy peque√Īitos
    pasamos alg√ļn apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis a√Īitos,
    √ćbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En p√°rvulos empezamos
    con esos pocos a√Īitos,
    ten√≠amos Do√Īa Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena ‚Äúleche‚ÄĚ.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la ‚Äúhermana Antonia‚ÄĚ, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cari√Īo
    cuando en el comedor
    est√°bamos de servicio.

    Con Do√Īa Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos ense√Ī√≥ a coser,
    bordados en panam√°,
    hicimos un ‚Äút√ļ y yo‚ÄĚ
    y alguna cosilla m√°s.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    ‚Äúlo pod√≠a haber hecho antes‚ÄĚ

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    ‚Äúalgo habr√°s hecho mal‚ÄĚ.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Do√Īa Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Do√Īa Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al f√ļtbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Do√Īa Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bail√°bamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebr√°bamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto ‚Äúel portalillo‚ÄĚ,
    y cuando venían los chicos
    pas√°bamos apurillos.

    Nos mandaba Do√Īa Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y tambi√©n ‚Äúhacer pip√≠‚ÄĚ.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y lleg√°bamos con sed.

    Eran a√Īos de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebasti√°n,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    √Čsta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un a√Īo
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el ‚Äúfacebook‚ÄĚ
    y despu√©s con el ‚ÄúwhatsApp‚ÄĚ,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos m√°s.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mand√°bamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    ‚Äúlargos nos pon√©is los dientes‚ÄĚ.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pas√°rnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que lleg√°ramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por ‚Äúmi quinta‚ÄĚ,
    que nos dé su protección.

    El que est√° enfermo lo cure,
    el que est√° sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas m√°s sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos a√Īos.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un a√Īo,
    va dedicada a ‚Äúmi quinta‚ÄĚ
    al cumplir sesenta a√Īos.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
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    A mi Quinta del 55 

    En un lugar de la Mancha,
    que yo acordarme sí quiero,
    hay un pueblo muy bonito
    Villamanrique, por cierto.

    Est√° al pie de la sierra,
    tiene una iglesia bonita
    y la plaza con su fuente
    donde sube la vaquilla.

    La Casa Grande, por cierto
    que vivió Jorge Manrique,
    allí también nací yo,
    pas√© a√Īos muy felices.

    Todos los chicos del pueblo
    también allí se metían
    cuando llovía y a jugar
    a las bolas y la pícula.

    Esta poesía que he sacado
    va dedicada a m√≠ “quinta”,
    quinta del cincuenta y cinco,
    pues toda ella muy linda.

    Nacimos noventa y tres,
    todos hechos con amor,
    aunque algunos ya se fueron
    a la vera del Se√Īor.

    Por ellos pedimos todos
    que Dios los tenga en la Gloria
    y nosotros todos juntos
    hoy honramos su memoria.

    Fuimos ni√Īos muy felices,
    aunque fueron tiempos duros
    y desde muy peque√Īitos
    pasamos alg√ļn apuro.

    Empezamos en la escuela
    con cinco o seis a√Īitos,
    √ćbamos con uniforme
    todos requetebonitos.

    Nos lo hacían nuestras madres,
    pues todas eran geniales,
    y cada una al suyo
    le ponía las iniciales.

    En p√°rvulos empezamos
    con esos pocos a√Īitos,
    ten√≠amos Do√Īa Pepita
    que no daba muchos mimos.

    Al contrario, algunas veces
    nos daba algunos cachetes,
    y si rompías un geranio
    te daba una buena ‚Äúleche‚ÄĚ.

    Por cierto, hablando de leche,
    la que nos daban en polvo,
    la ‚Äúhermana Antonia‚ÄĚ, la pobre,
    que nos aguantaba a todos.

    Era una mujer genial,
    la recuerdo con cari√Īo
    cuando en el comedor
    est√°bamos de servicio.

    Con Do√Īa Pruden tuvimos
    una etapa muy cortita,
    aunque nos dio tiempo a todo
    pues era muy jovencita.

    Nos ense√Ī√≥ a coser,
    bordados en panam√°,
    hicimos un ‚Äút√ļ y yo‚ÄĚ
    y alguna cosilla m√°s.

    Cuando se iba a casar
    nos invitó a chocolate
    todos decíamos contentos:
    ‚Äúlo pod√≠a haber hecho antes‚ÄĚ

    En las clases separados,
    los chicos con Don Ricardo,
    les pegaba con la goma
    si hacían algo malo.

    Si te daban un cachete
    no te podías quejar,
    pues te decían tus padres
    ‚Äúalgo habr√°s hecho mal‚ÄĚ.

    Luego vino Don Marino,
    y ya la cosa cambió,
    los chicos hoy lo recuerdan
    con toda la admiración.

    Las chicas con Do√Īa Juana,
    aprendimos a restar,
    multiplicar, dividir,
    el catecismo y rezar.

    Con Do√Īa Julia aprendimos
    raíz cuadrada, quebrados,
    Geografía, Historia y Lengua,
    y al final examinarnos.

    Y por las tardes teníamos
    clases de canto y teatro
    para el día de San Juan
    todos poder festejarlo.

    Salíamos al recreo,
    todos muy desenfrenados,
    las chicas todas a un patio,
    los chicos al otro lado.

    Los chicos juegan al f√ļtbol
    y todos descontrolados,
    a las canicas, la roma,
    a la trompa y al pillado.

    Las chicas también jugamos
    a la comba y a la liga,
    al pillado, al escondite,
    qué forma más divertida.

    Un día en el recreo
    nos ocurrió lo siguiente:
    corriendo tras las palomas
    todas bajamos al puente.

    Después cuando regresamos
    no sabíamos la hora que era,
    y nos castigó a todas
    a casa sin la cartera.

    Hacíamos la gimnasia
    todas muy bien alineadas,
    nos la daba Do√Īa Pruden,
    y que bien que nos quedaba.

    Eso sí, no había chándal,
    todas pololos y faldas,
    y si alguna no llevaba
    se quedaba a retaguardia.

    Los sábados había cole,
    aunque era muy distinto,
    había que fregar los bancos
    y frotar con mucho ahínco.

    Con asperón y moliz,
    con estropajo de esparto,
    y también con la cuchilla
    para quitar lo pintado.

    También izamos bandera,
    cantamos el caralsol,
    todos éramos felices
    y bail√°bamos al son.

    En mayo todos al patio,
    celebr√°bamos las flores,
    y ofrecíamos a la Virgen
    ramilletes de colores.

    Los chicos iban a un lado,
    Las chicas al lado opuesto,
    ahora la cosa ha cambiado,
    estamos todos revueltos.

    Compartíamos diccionarios
    en el cuarto ‚Äúel portalillo‚ÄĚ,
    y cuando venían los chicos
    pas√°bamos apurillos.

    Nos mandaba Do√Īa Julia,
    a la que había de servicio,
    a darles lo que pedían
    los chicos de Don Marino.

    No teníamos ni servicio
    dónde hacer necesidades,
    íbamos detrás del cine
    a pasar calamidades.

    Dónde la hermana Socorro
    también solíamos ir,
    a beber un vaso de agua
    y tambi√©n ‚Äúhacer pip√≠‚ÄĚ.
    También la hermana Felisa
    nos solía socorrer
    cuando le pedíamos agua
    y lleg√°bamos con sed.

    Eran a√Īos de posguerra
    y también de dictadura,
    hubo gente que emigró,
    era una vida muy dura.

    Se fueron a Barcelona,
    a Madrid, San Sebasti√°n,
    Bilbao, Valencia, Palma
    y alguna que otra ciudad.

    √Čsta es la historia del cole,
    aunque hay mucho que contar,
    si me he olvidado de algo
    me tenéis que perdonar.

    Vamos al día de hoy
    que es lo que nos ha reunido,
    lo planeamos hace un a√Īo
    y que bien nos ha salido.

    Empezamos con el ‚Äúfacebook‚ÄĚ
    y despu√©s con el ‚ÄúwhatsApp‚ÄĚ,
    éramos unos poquitos
    y ahora somos muchos m√°s.

    Hemos tenido reuniones,
    alguna que otra vez,
    hablamos, nos divertimos
    y tomamos un café.

    Les mand√°bamos las fotos
    a los que estaban ausentes,
    nos contestaban al pronto:
    ‚Äúlargos nos pon√©is los dientes‚ÄĚ.

    Estamos todos deseando
    de que llegue San Miguel
    para poder reencontrarnos
    y pas√°rnoslo muy bien.

    En una de las reuniones
    se planeó ir a Santiago,
    hacer juntos el Camino,
    y al final tres quedamos.

    Santiago nos ayudó
    a que lleg√°ramos bien,
    y al llegar al casco viejo,
    allí empezó a llover.

    Que si nos llueve en Santiago,
    decían que era lo normal,
    así que prisa nos damos
    a entrar en la catedral.

    Al dar el abrazo al Santo
    me vino mucha emoción,
    al pedirle por ‚Äúmi quinta‚ÄĚ,
    que nos dé su protección.

    El que est√° enfermo lo cure,
    el que est√° sano no enferme,
    así que Apóstol bendito
    protege a toda mi gente.

    Llegamos a San Miguel,
    nuestras fiestas m√°s sonadas,
    son de interés regional,
    recientemente nombradas.

    A celebrar los sesenta
    esta quinta se ha juntado,
    muchos han hecho un esfuerzo
    para que al fin nos veamos.

    Hacemos una comida
    para poder celebrar
    que cumplimos los sesenta
    y lo pasamos genial.

    Los recibimos a todos
    con ilusión y entusiasmo
    y deseamos, a la vez,
    que no pasen tantos a√Īos.

    En estas sesenta estrofas,
    cada una por un a√Īo,
    va dedicada a ‚Äúmi quinta‚ÄĚ
    al cumplir sesenta a√Īos.

    Protégenos Santo Arcángel
    a todos en general,
    y a los que corren la vaca
    líbralos de todo mal.

    Dios nos dé salud a todos
    para volver a encontrarnos
    y si no podemos vernos
    que sigamos conectados.

    (27 de septiembre de 2015)

     
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    Gotas de lluvia. 

    En el antiguo reloj hacia un rato que hab√≠an sonado las cinco. En la casa sonaba el silencio del domingo. Fuera el viento mov√≠a lentamente las hojas del olivo. Las ramas de los √°rboles desnudos permanec√≠an impasibles. Las gotas del agua de la lluvia, caida poco antes, brillaban en la hierba reflejando los rayos del t√≠mido y acuoso sol de la tarde, pugnando en ocasiones con los nimbos y cirros que cubr√≠an trechos del azul celeste. Todo llamaba a la tranquilidad y el sosiego. El libro clamaba, con celos, para recibir sus caricias y ofrecer su envolvente historia. La m√ļsica colaboraba para ofrecer un ambiente acogedor, intensamente relajado y profundamente propenso para hacer una inmersi√≥n disfrutando de la lectura. La escritura pod√≠a esperar un poco m√°s, ya estaba acostumbrada a ello.

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: cinco tigres,   

    Dime cinco cosas que quieres que te haga… 

    Dime cinco cosas que quieres que te haga…

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
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    INUNDACI√ďN 

    A veces lloro y me arde el estómago,
    quiero contarte una historia de dulces cosas
    pero mis ventanas oscuras no me dejan ver
    y me arde el vientre de nueve a cinco.
    A veces grito en el mar y nadie puede oírlo.
    Quiero decir lo que quiero decir, desde este cuerpo,
    atrapado entre huesos y dolores,
    pero mis cuerdas están gastadas y secas.
    Di lo que quieras, est√° lloviendo otra vez.
    El bote hace aguas y hay huracán de nuevo.
    ¬ŅDe qu√© sirve gritar en la distancia del oc√©ano?
    ¬ŅY qui√©n quiere vivir para siempre,
    en este mar terrible, sin salvación, sin fe?

     
    • milae11 el S√°bado Permalink | Responder

      me ha gustado mucho, profundo y sincero. A veces la vida se vuelve el purgatorio.

      • Ahasvero el Domingo Permalink | Responder

        Purgatorios, infiernos, para√≠sos… todos est√°n aqu√≠, en la vida. Gracias por tu comentario.

    • mjesus49 el Domingo Permalink | Responder

      Un poema para preguntarse ¬ŅCu√°ndo lo escribiste estabas pensando en mi?

  • viva el Monday Permalink | Responder
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    A MI HERMANO ANICETO 

    La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

     
  • viva el Tuesday Permalink | Responder
    Etiquetas: cinco tigres   

    Me pinto las u√Īas para tener cinco corazones… 

    Me pinto las u√Īas para tener cinco corazones que amar en cada pu√Īeta.

     
  • viva el Sunday Permalink | Responder
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    acusete car’e cuete cinco panes y un bonete 

    acusete car’e cuete, cinco panes y un bonete.

     
  • viva el Saturday Permalink | Responder
    Etiquetas: cinco tigres,   

    Time 

    Time,
    a√ļn es de d√≠a,
    reloj de pared que da las cinco,
    siempre regresa el ocaso,
    sobre un fondo rojo,
    la tarde, un rojo de Burdeos.

     
  • viva el Saturday Permalink
    Etiquetas: cinco tigres,   

    Time a√ļn es de d√≠a reloj de pared… 

    Time,
    a√ļn es de d√≠a,
    reloj de pared que da las cinco,
    siempre regresa el ocaso,
    sobre un fondo rojo,
    la tarde, un rojo de Burdeos.

     
  • viva el Monday Permalink | Responder
    Etiquetas: , cinco tigres   

    Por favor que alguien me traiga un caf√©… 

    Por favor, que alguien me traiga un café cortado y cinco galletas.
    Gracias.

     
    • An√≥nimo el Lunes Permalink | Responder

      Y un Alcaselser

    • dbd el Lunes Permalink | Responder

      An√≥nimo: ¬ŅC√≥mo puede la pupila ignorar el p√°rpado? ¬ŅEstar cerrado √©ste y aqu√©lla insomne? Se combaten, se acoplan, se acomodan. C√≠rculo que se contrae y se dilata. Cortina que asciende o que desciende. Dormir, so√Īar, despertar. Conocer la vigilia. Cerrado o abierto. Insomne o somnoliente… Venga, an√≥nimo, olvida el alka-seltzer y tr√°eme ese cortado.

    • viva el Mi√©rcoles Permalink | Responder

      Modesta aunque incomprensible petici√≥n en este sitio…

  • viva el Wednesday Permalink | Responder
    Etiquetas: cinco tigres,   

    Tengo dos manos y cinco guitarras Algo falla 

    Tengo dos manos y cinco guitarras. Algo falla

     
  • viva el Friday Permalink | Responder
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    Cinco poemas de amor humano

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
    Etiquetas: cinco tigres, ,   

    Un buen general sabe llegar a la victoria… 

    Un buen general sabe llegar a la victoria si sabe cuando luchar y cuando evitar una batalla. Por eso: Cuando sean cinco a uno, atácalos; cuando sean dos a uno, lucha con ellos; cuando sean equivalentes, divídelos; cuando no estés preparado; evítalos.

    Sun Tzu.

     
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    Etiquetas: cinco tigres,   

    El sexo entre dos personas es muy hermoso… 

    El sexo entre dos personas es muy hermoso. Entre cinco es fantástico…

    Woody Allen

     
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    El sexo entre dos personas es muy hermos… 

    El sexo entre dos personas es muy hermoso. Entre cinco es fantástico…

    Woody Allen

     
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    Todo hombre es tonto de remate al menos… 

    Todo hombre es tonto de remate al menos durante cinco minutos al día. La sabiduría consiste en no rebasar el límite.

    Elbert Hubbard

     
    • Deborah el Viernes Permalink | Responder

      ejem, dec√≠as algo … amiga cora?

    • cora el Viernes Permalink | Responder

      No, nada. ¬ŅCu√°ntos minutos de tonter√≠a podemos permitirnos las mujeres?

    • piti el Viernes Permalink | Responder

      muchos menos, muchos menos, no est√° regulado por ley a√ļn

    • Deborah el Viernes Permalink | Responder

      No te preocupes amiga cora, si los que ponen l√≠mite a la tonter√≠a son ellos. Limitar la tonter√≠a est√° re√Īido con la sabidur√≠a.

    • cora el Viernes Permalink | Responder

      yo rebaso el límite todos los días durante horas

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    Todo hombre es tonto de remate al menos … 

    Todo hombre es tonto de remate al menos durante cinco minutos al día. La sabiduría consiste en no rebasar el límite.

    Elbert Hubbard

     
    • Deborah el Viernes Permalink | Responder

      ejem, dec√≠as algo … amiga cora?

    • cora el Viernes Permalink | Responder

      No, nada. ¬ŅCu√°ntos minutos de tonter√≠a podemos permitirnos las mujeres?

    • piti el Viernes Permalink | Responder

      muchos menos, muchos menos, no est√° regulado por ley a√ļn

    • Deborah el Viernes Permalink | Responder

      No te preocupes amiga cora, si los que ponen l√≠mite a la tonter√≠a son ellos. Limitar la tonter√≠a est√° re√Īido con la sabidur√≠a.

    • cora el Viernes Permalink | Responder

      yo rebaso el límite todos los días durante horas

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    Samael 

    Soy el fantasma de esta casa. Mi nombre es Samael. Hoy, como siempre, he dedicado mi tiempo a la higiene, la m√≠a y la de la casa. Por extra√Īo que os parezca la higiene de un fantasma y su mansi√≥n es extraordinariamente prolija y delicada. Incluso estando las veinticuatro horas sin dormir, como es mi caso, el d√≠a no es suficiente para acabar con todas las tareas dom√©sticas y de higiene personal.
    Imaginaos adem√°s como puede ser la cosa cuando el d√≠a no tiene ni principio ni fin. No puedo empezar, como la mayor√≠a de los mortales, diciendo: “comienzo el d√≠a con una ducha para despertar mi cuerpo y mi esp√≠ritu dormidos”. No, en absoluto. Primero porque no tengo cuerpo y segundo porque no duermo, ni descanso y adem√°s no es que necesite una ducha, es que necesito pasarme el d√≠a entre el trapo de limpieza y la alcachofa de la ducha que, por cierto, est√° rota y no deja de gotear, la maldita condenada.
    Esto nos ocurre a los fantasmas, seguramente, por nuestra inveterada y est√ļpida costumbre de habitar casas abandonadas. Una costumbre a la que, la verdad, nunca encontr√© explicaci√≥n, sobre todo porque las casas deshabitadas son, adem√°s de sucias, extremadamente fr√≠as y solitarias. No es de extra√Īar que entre nosotros hayan surgido algunos que se oponen de forma irresponsable y caprichosa a tal designio.
    En fin, mi trabajo diario consiste en mantener la mínima decencia, pero no creais que soy un maniático de la limpieza y del aseo. Me basta con mantener la mínima decencia de una casa de fantasmas como se debe.
    En lo concerniente a la limpieza, por ejemplo, lo de las telara√Īas es quiz√°s lo m√°s agotador y exasperante. Esas condenadas ariadnas son muchas y yo s√≥lo soy uno. As√≠ que me veo obligado a recorrer todos los rincones de la mansioncita: dieciseis habitaciones con sus correspondientes cuartos de ba√Īo, cinco salones con sus correspondientes chimeneas y ventanas, la le√Īera, la cocina, la despensa, el horno, la bodega, los desvanes, pasillos, entradas y entraditas… sin contar con las cuadras, pocilgas, jardines, y dem√°s anexos… Es extenuante.
    A veces he pensado en contratar servicio doméstico, pero he descartado inmediatamente la idea pues entre los fantasmas no está bien visto, especialmente si eres un fantasma tan sucio y podrido como yo.
    En cuanto a la higiene personal y al contrario de lo que pueda parecer, sin cuerpo uno se siente sucio cada dos por tres, pues el esp√≠ritu no se limpia as√≠ como as√≠. Te das la ducha en que limpias aquel asesinato que te reconcom√≠a desde hace siglos e inmediatamente descubres otro m√°s atroz, si cabe, que hab√≠as olvidado debajo de aquel. Cada ducha delata en mi s√°bana nuevos horrores cometidos, nuevas infamias, nuevas tachas, nuevas sangrientas manchas. Y para colmo, a la mansi√≥n le sucede lo mismo, esconde tras cada mancha, tras cada rinc√≥n infinitas capas de sucias historias con las que, aunque no sean m√≠as, uno no puede convivir alegremente. Me veo, as√≠, obligado a alternar mi propia higiene con la limpieza del sitio donde habito con el √ļnico fin de mantener, aunque s√≥lo sea, la decencia necesaria.
    Aunque a estas alturas ya trascurridos largos siglos, no sabría decir si realmente nos higienizamos mutuamente, o por el contrario, lo que ocurre es que cuando yo me limpio, estoy ensuciando la casa de nuevo y cuando limpio la casa, me ensucio yo de nuevo, como un condenado y fantasmal prometeo.

     
  • viva el Saturday Permalink | Responder
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    ANTO√ĎITO 

    El t√≠o Antonio toma el sol en la esquina y mira su reloj. Su √ļnica preocupaci√≥n es saber la hora exacta. Y mantener su reloj de mu√Īeca en hora, claro, mientras toma el sol en la esquina. Mira su reloj, agarr√°ndose la mu√Īeca, porque el pulso le tiembla, y acerca su vista, porque ya no ve bien. Las cinco y diecinueve, murmura. Dado que su reloj se retrasa por el d√≠a y se adelanta por la noche, le preocupa enormemente saber la hora exacta. Al cabo de los a√Īos ha calculado cuanto se retrasa y cuanto se adelanta. Para su edad es una compleja f√≥rmula de resolver, pero a base de ensayo y error es casi seguro que puede calcular la hora en punto. Eso dice. Con frecuencia, cuando paso a su lado, me pregunta, bueno, en realidad siempre que paso a su lado me pregunta ¬ŅTienes hora? ¬ŅQu√© hora es? ¬ŅLlevas reloj? Aunque de sobra sabe que s√≠ tengo, porque en mi primera comuni√≥n me regal√≥ un reloj, mi primer reloj, y siempre lo llevo puesto. A m√≠ el tiempo no me importa, no, al menos todav√≠a, pero como s√© que me va a preguntar la hora, siempre lo llevo puesto. ¬ŅQu√© hora tiene tu reloj?, insiste. Las cinco y veinte, creo. Digo yo. Pero c√≥mo que creo… —protesta— ¬Ņya son y veinte en punto o no? Como el tuyo tiene segundero es m√°s exacto. A ver, dime la hora exacta, dice. Las cinco, veinte minutos y quince segundos, le digo para tranquilizarlo. Ah, ves, el m√≠o no tiene segundero, …como es viejo. El m√≠o todav√≠a tiene y veinte. Se atrasa, por el d√≠a se atrasa. Y vuelve a mirar su reloj, su dorado y viejo reloj. Aunque por la noche se adelanta, ¬Ņsabes? Me cuenta por en√©sima vez. S√≥lo est√° en hora dos veces al d√≠a, ¬Ņsabes? Es un buen reloj, no creas. El m√≠o s√≥lo se adelanta, le digo, y ni siquiera s√© cu√°nto. Y eso que te compr√© el mejor reloj que ten√≠an en la tienda de Frasco, dice. Ya no hacen relojes como los de antes, Toni. Concluye, como siempre. Este me lo regal√≥ mi t√≠o Anton para mi primera comuni√≥n, como yo a t√≠, me revela. De pronto una n√°usea me invade. Me veo viejo, sentado al sol y contemplando mi viejo reloj con segundero, preocupado por cu√°nto se atrasa o se adelanta mi reloj, preguntando a mi sobrino ¬ŅQu√© hora es en tu reloj, Anto√Īito? Entonces corro a mi casa y agitado le digo a mi madre: yo no quiero llamarme Antonio, y arrojo el reloj a la basura.

     
  • viva el Saturday Permalink | Responder
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    samoyedos 

    El t√≠o Antonio toma el sol en la esquina y mira su reloj. Su √ļnica preocupaci√≥n es saber la hora exacta. Y mantener su reloj de mu√Īeca en hora claro, mientras toma el sol en la esquina. Mira su reloj, agarr√°ndose la mu√Īeca, porque el pulso le tiembla, y acerca su vista, porque ya no ve bien. Las cinco y diecinueve, murmura. Dado que su reloj se retrasa por el d√≠a y se adelanta por la noche, le preocupa enormemente saber la hora exacta. Al cabo de los a√Īos ha calculado cuanto se retrasa y cuanto se adelanta. Para su edad es una compleja f√≥rmula de resolver, pero a base de ensayo y error es casi seguro que puede calcular la hora en punto. Eso dice. Con frecuencia, cuando paso a su lado, me pregunta, bueno, en realidad siempre que paso a su lado me pregunta ¬ŅTienes hora? ¬ŅQu√© hora es? ¬ŅLlevas reloj? Aunque de sobra sabe que s√≠ tengo, porque en mi primera comuni√≥n me regal√≥ un reloj, mi primer reloj, y siempre lo llevo puesto. A m√≠ el tiempo no me importa, no, al menos todav√≠a, pero como s√© que me va a preguntar la hora, siempre lo llevo puesto. ¬ŅQu√© hora tiene tu reloj?, insiste. Las cinco y veinte, creo. Digo yo. Pero c√≥mo que creo… —protesta— ¬Ņya son y veinte en punto o no? Como el tuyo tiene segundero es m√°s exacto. A ver, dime la hora exacta, dice. Las cinco, veinte minutos y quince segundos, le digo para tranquilizarlo. Ah, ves, el m√≠o no tiene segundero, …como es viejo. El m√≠o todav√≠a tiene y veinte. Se atrasa, por el d√≠a se atrasa. Y vuelve a mirar su reloj, su dorado y viejo reloj. Aunque por la noche se adelanta, ¬Ņsabes? Me cuenta por en√©sima vez. S√≥lo est√° en hora dos veces al d√≠a, ¬Ņsabes? Es un buen reloj, no creas. El m√≠o s√≥lo se adelanta, le digo, y ni siquiera s√© cu√°nto. Y eso que te compr√© el mejor reloj que ten√≠an en la tienda de Frasco, dice. Ya no hacen relojes como los de antes, Toni. Concluye, como siempre. Este me lo regal√≥ mi t√≠o Anton para mi primera comuni√≥n, como yo a t√≠, me revela. De pronto una n√°usea me invade. Me veo viejo, sentado al sol y contemplando mi viejo reloj con segundero, preocupado por cu√°nto se atrasa o se adelanta mi reloj, preguntando a mi sobrino ¬ŅQu√© hora es en tu reloj, Anto√Īito? Entonces corro a mi casa y agitado le digo a mi madre: yo no quiero llamarme Antonio, y arrojo el reloj a la basura.

    (A Virutas y Minicuentos)

     
  • viva el Thursday Permalink | Responder
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    Sandalias aladas 

    En la sala de espera del aeropuerto hay una veintena de personas. Inesperadamente un nutrido grupo de polic√≠as han entrado, deteniendo a todos los presentes. Se sospecha que en el grupo de pasajeros hay un asesino. No se preocupen —dice el inspector al mando— una vez comprobadas sus identidades ser√°n dejados en libertad sin cargos. Ahora se dirige a uno de sus oficiales y le indica que comience con los que tengan los zapatos m√°s caros y con los hombres m√°s viejos. Dos ejecutivos son confiscados del grupo y llevados aparte. Otros cinco se√Īores de mediana edad, los aparentemente m√°s viejos, tambi√©n son llevados al retrete. Tras una larga espera, el resto de los pasajeros son cacheados, identificados mediante iris y huellas digitales, comprobados en el ordenador central y finalmente dejados en libertad sin cargos. Al sentirse liberados de las sospechas policiales, ninguno pregunta, ninguno protesta, ninguno exige que se respeten sus derechos, que se les ofrezca una explicaci√≥n, una disculpa. Liberados de la culpa, sus sandalias parecen aladas.

     
    • xarleen el Jueves Permalink | Responder

      Cada vez que entro aquí está más cambiado, más raro si es posible xDD

      Yo kero unas sandalias voladoras ^^

  • viva el Saturday Permalink | Responder
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    Wiki? 

    Quer√≠a evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirig√≠ a la TommeO.Tal como le hab√≠a dicho a NoNakis, prosigui√≥ mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le hab√≠an mantenido hasta ese momento.Durante esos diez a√Īos no s√≥lo se desarroll√≥ la nueva construcci√≥n del templo‚Ķ (M√°s …)

     
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