INT. CÁRCEL

juego

Unas mazmorras en una cárcel. Hay un trono estable y macizo. Hay también una balanza, un carnero, una saeta, un pez, un arpa, un cangrejo, un jarro y una madre que está amamantando un niño. KAPH, una mujer en actitud frontal y simétrica con una túnica roja y un manto azul que sostiene en una mano la balanza y en la otra una espada, lleva una corona con florones en forma de hierro de lanza. Goteras. Balidos de carnero, música de arpa, llantos de niño.
El joven TAU, mientras busca a los Detritor para hacer justicia y acabar con ellos, es encarcelado pero consigue escapar.
Peligros. Amigos y enemigos.
En la cárcel, piden justicia a KAPH RE, mujer severa, justiciera y vengativa, la justicia, equilibrio, serenidad, que diplomáticamente se la niega y les acompaña a la ciudad.
¿Vienes al juicio terrenal para acusar o como acusado?
Si has robado o violado, serás encarcelado.
Tienes que intentar escapar.
En otro caso puedes tu acusarles a ellos.
Tienes que pasar la prueba de fuego de la justicia.
Una elección que delatará tus instintos capitales.
La justicia es administrada por KAPH, la madre de CHETH.
Estancia en la cárcel.
KAPH
En nombre de la justicia, quedas detenido, juzgado y absuelto o condenado según tus obras.
Jugar al zodiaco octonario de los protoindios supone aceptar la prueba de fuego.
Los elementos del mismo son los testigos, jueces y verdugos de KAPH.

MOCOSOS DE PÁRVULOS

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el primer día no lloré, tampoco el segundo, pero el tercero fue terriblemente triste, definitivamente se había acabado la libertad. Entrar en párvulos era cumplir una condena de cárcel, uniformados con rayas, sentados en pupitres alineados, sin poder hablar, sin poder reír, sin poder moverte y salir a la calle, al campo, a jugar. Aquello era una tortura. Te engañaban con cosas nuevas y bonitas, como una colorida cartera nueva y un plumier maravilloso, lleno de lápices de colores y un sacapuntas,

PFNHDM 3.UNA DECISIÓN DIFÍCIL

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Se despertó sobresaltado. La música seguía sonando en el iPod. Y era de nuevo Aretha Franklin con su Think quién le devolvía a la realidad. ¿Dónde había dejado la tableta de chocolate? Le dolía la cabeza. Le había metido garrafón, el jodido camarero, ese jodido novato le había metido garrafón y él sin enterarse. Para que luego presumas de distinguir el Jack Daniels a cien metros sólo por el olor. Un poco de Milka y se me pasa esta jaqueca -pensó.
Miró a la almohada y le hizo un gesto de desprecio. Últimamente no me ayudas en nada, jodida perra, tendré que decidirlo yo solito. Dio un mordisco al chocolate y un trago a su auténtico Jack Daniels. ¿Le gustará el güisqui a Leonard Cohen? Seguro que sí. Esa voz no se fabrica sin un poco -que digo un poco- con una buena cantidad de Jack Daniels. Y tú, imbécil, qué, sigues ahí, dándole a la tecla. Pero, por favor, como tengo que decirte que no hables de mí. Sobre todo ahora que tengo que decidirme.
Aquello era más difícil que chuparme los pezones.
Un fiambre. Un millón. La cárcel. Todo o Nada. Una apuesta fuerte. Huir para siempre. Adiós a los problemas o problemas para siempre. Un trago más. No puedo hacerlo yo solo. No. Tendría que hacerlo solo. Es poco un millón. Tendría que hacerlo solo. No todos los días te hacen una oferta así. No voy a compartirla. Debería pedirle más. No va a querer. ¿Escrúpulos? No. Yo no tengo. Pero ¿Y si me trincan? En chirona te hacen eso por detrás. Otro trago. Relajarse. Es mejor relajarse. Te destrozan el culo y a ver a quién reclamas. A ver a quién reclamas. Ciento sesenta y seis millones de pesetas. El doble son… casi trescientos treinta y … No querrá. Es mucho. Sería suficiente para mí. No. No va a querer. Cualquiera de esos lo haría por menos. Pero no puede darle publicidad. No puede ir por ahí diciendo si matas a este te doy un millón. No va a poner un anuncio. No conoce a muchos matones. Basta con uno. Claro. Basta con uno. Un trago. Y si le hago chantaje… No. Me liquida él a mí. Un trago. Ah, me duele la jodida cabeza.
Con dos millones se puede contratar un buen abogado. Que te limpie la mierda. Y sales del trullo ¿Y qué te queda? Nada ni un puto duro. Otra vez a empezar. Ni un puto duro. Joder. Esos si que saben cobrar por su limpieza. Y ni siquiera se manchan. Ni guantes, ni nada. Bueno sí. Con su lengua. Lo hacen con su lengua. Qué jodíos los tíos. Bla, bla, bla. Lamen por aquí, lamen por allá. Y si pagas lo suficiente, limpio. Como el culito de un bebe recién cambiado. Y ni se manchan. Qué tíos. Tú matas a un tío. Y ellos, bla, bla, bla, que no, que no, que este tío es más bueno que el pan, que le confiaría a mi madre, que no mataría a una mosca… Y se quedan tan tranquilos. Ni remordimientos les quedan. Tampoco tienen escrúpulos. Todo por la pasta. Lo juro. Como todos. Todo por la pasta. Te limpian limpiamente. La conciencia y los bolsillos. Qué tíos. Y tú estás limpio pero ya no puedes ir de copas. No. Ni un duro para copas. Estás limpio. Aunque acabes masturbándote por el ano. Estás listo.

Donato

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Todas las noches a las tres, cuando cerraban el BAR KISS, Donato cogía su bandolera y su silbato, el que le regaló un poli de la comisaría de municipales, y se marchaba a su casa. Cuando pasaba por la esquina de la comisaría le silbaba al de la puerta, como si tuviera que recordarle que seguía conservando el silbato, o simplemente por que le hacía gracia “tocarle el pito a la policia” – decía jocosamente a su amigo “El chino”. Al Chino le hizo tanta gracia la primera vez que se lo contó que tuvo que ir a mearse en la obra.

Cuando llegó a casa su mujer ya dormía. “Gracias a dios – pensó – con lo insoportable que es esa vaca del asfalto”.

Tenía que trabajar hasta las cuatro de la madrugada en el coño de Madrid y encima tener que soportar a esa mala bestia. Como de costumbre se hizo una paja en el baño y se fue a acostar al salón para no despabilar a su mujer.

A las cinco y media se despertó sobresaltado. Estaba sudando. Soñaba. Deliraba. Augusto disecaba a su mujer y luego la policía venía a detenerlo a él y se lo llevaban a la cárcel y en la cárcel le clavaban plumas de loro hasta que le reventaban las tripas y Augusto sonreía con cara de estúpido. ¡Menudo pájaro, menudo pájaro! – gritaba “El Loro”- y en ese momento despertó.