Encuentran un universo alternativo dentro de Génova mediante el Colisionador de Pimientos del Padrón

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Científicos del CERN han descubierto accidentalmente, mientras preparaban el Colisionador de Pimientos del Padrón, un universo alternativo en la calle Génova.

Al parecer, este universo puede estar en dos estados contradictorios de la materia sin que  la energía sufra aniquilación cuántica, cosa que parece fuera de toda lógica de la teoría estandar de la física.

Married & Married, responsables del proyecto, están estudiando la anomalía cósmica. Por ahora su única hipótesis, es “no nos lo explicamos, pero la realidad está ahí”.

MORFEO

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Hoy he visitado dos casas inhabitables y sus almas vacías.

LAS CASAS Y LAS ALMAS.
La primera es una casa con planta en forma de L que tiene una salida a calles diferentes en cada uno de sus extremos. La casa tiene innumerables habitaciones y pasillos que forman un laberinto difícil de recordar. Hay estancias secas y oscuras pero también las hay húmedas y luminosas, con patios interiores soleados o lluviosos. Sus dos fachadas son viejas y resquebrajadizas. Una de ellas da al campo y se sale por un rústico y viejo portón de madera. La otra fachada da a una calle de ciudad de provincias y su puerta es de madera o hierro, según los días, aunque es de una apariencia mediocre. Es incómodo vivir en ella porque está casi vacía de muebles, desconchada y polvorienta. Tan solo una pequeña parte se usa. El resto es visitada ocasionalmente por dos de los tres moradores: padre, madre e hija. Únicamente la niña recorre con frecuencia los lugares más alejados e inhóspitos y conoce todos sus rincones y laberintos. El padre solo se atreve a recorrerla con su hija por miedo a perderse, aunque se siente atraído por sus enormes posibilidades y le agradan especialmente esos abandonados jardines y patios con galerías acristaladas a los que llega la luz y las nubes. La madre no sale nunca de los dos o tres cuartos principales que dan a la ciudad.
La segunda casa es redonda y alta, con forma de cúpula y una indescriptible arquitectura de estancias interiores. La cúpula está recubierta por una única y continua estantería de libros imposibles de alcanzar ni leer. Nada tiene una función concreta en este alojamiento: se puede dormir, cocinar o bailar, de forma indiferente, en cualquiera de sus múltiple rincones. Aunque hay muros, vigas y escaleras… la separación entre espacios nunca es total ni resulta evidente. A veces se tiene la sensación de que los elementos arquitectónicos cambian a capricho y con desasosiego para algunos de sus habitantes y visitantes. Otros, en cambio, parecen acostumbrados a los cambiantes designios de la mansión. No se sabe si los vanos exteriores son puertas o ventanas. Por cualquiera de ellos se puede entrar y salir. Incontables personas, cada cual más extraña, entran y salen continuamente. Hay gente que vive allí siempre, en su recodo imposible y otros que entran tan solo a curiosear y marcharse. Se cuentan por centenas los cachivaches inútiles que la adornan y a los que los habitantes intentamos encontrar una utilidad para satisfacer una perentoria necesidad del momento: freír un huevo frito con un disco; oler las noticias en un tintero; escuchar música con unas gafas sin cristales; fabricarnos un reloj digital con una caja de cuchillas de afeitar o un smartphone con lo que parecen las pastillas de freno de un coche.

PLATO A LA CARTA

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No. Ahora toca el no. Abajo el murmullo no cesa. Están esos pijos con sus pulseras, sus relojes, sus bolsos de diseño, y su conversación banal. Risas. En la tele esos superhéroes que tanto parece necesitar esta puta sociedad en crisis. El humo sube hasta la ventana disipado en el murmullo incomprensible y se mezcla con el mío. Mujeres rubias, flacas, liberadas, sin oficio ni armadura ríen como caracoles asmáticos mientras las otras putas de la calle las miran como vacas que ven pasar el tren. Ese maldito olor a puro sube hasta mi escritorio. Me duele la espalda, el culo, las témporas, la rodilla que me golpeé esta tarde en el trabajo. Todo el mundo tiene algo malo, dice, tras una carcajada, ese tipo imbécil de abajo. La vecina de enfrente tiene su enorme Mac encendido. ¿Dónde está? ¿Qué piensa? ¿Qué hace? El gato se asoma al balconcito. Mira la gente del bareto-teatro. ¿Cuándo se van?, parece decir. Me siento anestesiada por el murmullo y enciendo otro cigarrillo. ¿Realmente he vuelto a fumar? Jodida mierda. Bendito humo. Humo. Humo. Humo. Mojitos. Cócteles. Sangría. Tinto verano. Vinos y copas. Plato a la carta. Al parecer, ahora el tiempo se mide de viernes a viernes. El resto del tiempo no somos humanos, no vivimos, estamos condenados en un trabajo que no nos gusta, haciendo cosas que nos desagradan para corporaciones anónimas y limitadas. ¿Cómo esperamos crear un mundo mejor así? Tampoco parece importarnos. La vecina de enfrente no tiene cara, yo creo que es una persiana. Sus ojos horizontales miran por las rendijas que dejan las lamas de madera. También respira por ellas, y escucha y huele el pescado. Cada una de esas lamas funciona como un sentido diferente. Sentidos que ni nos imaginamos y que captan las imperceptibles sensaciones ultramundanas que le llegan por todas partes. Sensor de terremotos. Detector de gases etéreos, ondas gamma y temblor de mariposas remotas. Visualizador de ectoplasmas evacuatorios. Localizador de angustias referenciales. Señalador de estanqueoladas irresolubles. Descubridor de parasimpatías. Sonda sinuosenoidal obstruida y catalítica. Visor de cuerdas y partículas elementales. Telecopiador de místicas insufribles. Medidor de superlatividad asidua discontinua y forética… Eso, hasta donde yo sé.

El triunfo de los mediocres

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Quienes me conocen saben de mis credos e idearios. Por encima de éstos, creo que ha llegado la hora de ser sincero. Es de todo punto necesario, hacer un profundo y sincero ejercicio de autocrítica, tomando, sin que sirva de precedente, la seriedad por bandera.

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.

Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, con una huelga general, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros. 

Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.  
Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. 
 Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan, alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que la hay. Tan solo porque son de los nuestros. 

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado  natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia. 

  • Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
  • Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional. 
  • Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
  • Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo seis veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. 
  • Mediocre es un país que tiene dos universidades entre las 10 más antiguas de Europa, pero, sin embargo, no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
  • Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. 
  • Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. 
  • Mediocre es un país en cuyas instituciones públicas se encuentran dirigentes políticos que, en un 48 % de los casos, jamás ejercieron sus respectivas profesiones, pero que encontraron en la Política el más relevante modo de vida. 
  • Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza. 
  • Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad. 
  • Es Mediocre un país, a qué negarlo, que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo. 

  
ANTONIO FRAGUAS DE PABLOS (FORGES)

El mundo es una Greguería Jueves por la…

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El mundo es una Greguería.
Jueves por la tarde, calle Ibiza, Madrid, dos amigas charlando, una de ellas fuera del alcance de mis oídos dice una frase premonitoria a la que la amiga le contesta; “No seas AGÜERA”. Y al oírla provoca en mí una carcajada interna y una sonrisa boba que cualquiera que me hubiese visto pensaría que me fugué del Psiquiátrico cercano.
Explico el nuevo “palabro”. Conjunción de dos frases: por un lado “No seas AGORERA” y Por otro “No seas pájaro de mal AGÜERO”… :-)

LOS HOMBRES ATRAPADOS POR SUS HUCHAS

poesía

Aquí, esta idea de beso que jamás resucita en mi boca,
mientras cae la ceniza del cerebro consumido en la quemada de
mis labios,
por el beso que llevo dentro goteando sus dudas como alcohólicas
de esta vida,
que dicen dejarla y una y otra y una y otra vez vuelven
reptando a probarla.

Cada una de mis palabras resuena sin vida,
como mis tacones por la calle vacía.

Poema de Sergio Algora (el niño gusano)

MUJER (OFF)

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Estoy sentada y pienso que estoy sentada en la casa que me verá morir mientras contemplo la montaña desde esta nave de botones. La casa que sabe el lugar exacto donde caeré, donde está señalado mi destino final. Pregunto a todos los rincones de la casa dónde será el fatídico desenlace, pero no me responden. Sé que será aquí en la casa doce de la calle más ancha de este desvencijado pueblo, en esta inhóspita región perdida y olvidada de todos, menos de la muerte, llamada Thule.

Sólo yo me percaté de que un equipo…

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Sólo yo me percaté de que un equipo de rodaje se encontraba en la calle preparando una grabación, con actores muy viejos y muy conocidos todos. Me entró una curiosidad casi morbosa, hasta el punto de que me acerqué demasiado, casi metiéndome encima de su trabajo. La chica que manejaba los aparatos de sonido hizo un gesto de que me hiciera hacia atrás, me callara y esperase. Le hice un gesto de excusarme con una sonrisa que intentaba a la vez ser picarona y ella así lo entendió pues nada más acabar vino hacia mí reprendiéndome pero también con una sonrisa igualmente pícara. Ambos nos acercamos y cuando ya estábamos tan cerca que podíamos tocarnos le dije que perdonase pero es que… No pude resistir, al disculparme, acariciarle levemente aquellas hermosas caderas, lo cual, sin duda, le gustó pues aún se acercó más y me permitió acabar mi caricia bajando ella misma mis manos desde la cadera hasta la parte más cercana a las piernas. Mientras yo disfrutaba de esta curva imprevista, ella seguía dando explicaciones de porque no debía acercarme como si reprendiese a un muchacho travieso que en el fondo le había divertido con su travesura, pero yo no escuchaba nada ya de lo que decía y sólo veía su sonrisa mientras hablaba.
Se percató que no le escuchaba y que, en cambio, me acercaba más a ella, mirando sus atractivos ojos y sus sensuales labios que me hipnotizaban con su sonrisa. Ella acercó su mano a mi cuello quizás sólo intentando centrar mi atención, pero aquello fue para mí como si encendieran de golpe el sol en mi cara. Yo estaba a punto de rozar sus labios y ambos caímos fundidos en un apasionado abrazo. Como unos amantes que han estado mucho tiempo sin verse, separados por la distancia y el tiempo.
Ambos ardíamos cada vez más. Yo llevé una mano a sus nalgas y las acariciaba suavemente. Acercamos nuestros sexos, que se encontraban a la misma altura: desprendían un calor excitante y placentero. Ella revolvía mi pelo con su mano mientras atornillábamos nuestros labios. Sin poder despegarnos el uno del otro, rozábamos nuestros sexos a través de la ropa, transmitiéndonos el excitante calor progresivamente más húmedo y lúbrico, que ahora empapaba nuestra ropa interior e incluso los finos pantalones que aún nos cubrían…

Mientras se alejaba con sus aparatos ella sonrió:
-Volveremos a vernos…

Symbols

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Esta era la declaración de la policía:

“Fue en ese supuesto hecho -luego probado como simulación- que su credibilidad comenzó a caer y lo tomamos como un posible sospechoso, aunque íntimamente no queríamos creerlo. Un tipo con tanta calle y conocido por todos no podía extraviar, en el enfrentamiento, su pistola Glock, la que utilizó para matar.”

Definitivamente no se enteran. Voy a tener que hacer un extraordinario derroche de pistas: Animals, Chimeras, Idols, Gods & Heroes, Esoteric writers, Imaginary trips, Visionary geography, Mirabilia, Architecture, Tarot, Zodiac sign

EXT. CALLE – DÍA

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CALLE BALLESTA ESQUINA A DESENGAÑO (C/BED)
Tres ejecutivos en viaje de negocios, dos rubias rellenitas, una oriental vendiendo flores, un calvo orondo y sonriente, un señor de mediana edad con aspecto de lobo de mar, dos camareras con cofia y delantal, un tipo con la cara cruda, un pedigüeño, un poeta de mesa y pasacalles, un extraviado o un curioso con cartapacios y carpetas, un sherlock holmes vestido de travesti coqueteando con un watson engominado, una pareja de maduros abuelitos, un banquero estirado y barrigudo de ciento quince kilos discutiendo con un yonki torcido, desdentado y flaco de cuarenta y siete, “Rompetechos” con su mono blanco manchado de pintura, un cocinero chino con un cuchillo… y el barman, con cara de aburrido?

CALLE

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Letanía Stigia para los que están aparcados en la calle Desengaño:
El dolor cuando la vida es un monólogo de miles, y miles son los días sin sosiego.
El dolor cuando naufragas en un mar de excrementicias dudas.
El dolor cuando la soledad es más profunda que el abismo.
El dolor cuando el veneno del desconsuelo es tu único vino.
El dolor cuando sientes que todo lo has perdido, hasta tu propio amor, sobre el que escupes sangre.
El dolor cuando la esperanza, el humor y los días azules son una letanía de cenizas blasfemas.
El dolor cuando el semen se pudre sobre los muertos.
El dolor cuando decir madre significa vómito y cuajarón de podredumbre.
El dolor cuando amar es una úlcera miasmática.
El dolor cuando aparcas más de mil veces en la calle Desengaño.

Demasiado cruel

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Es demasiado tarde, la noche es larga. Es demasiado noche, el día es muy oscuro. Es demasiado negro, la vida es un momento tan corto como el vuelo de un muro. Personas y secretos mueren en la calle y nadie los entierra. En Dublín, en Madrid, en la plaza Victoria, en el metro, en las aceras. El cielo de esta noche es la mirada de un ciego. No hay estrellas, ni luces, ni siquiera hay sirenas. La desesperación encoge mi alma y un ángel exterminador pasa por la calle Desengaño y tuerce por la esquina de Ballesta… Se acerca a esta calle de risa, de mentira… Es demasiado cruel, es demasiado cruel…!

ALFONSO TIPODURO

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Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

BARRENDERO

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Eran las cinco en punto de la madrugada. Había llovido y la calle se presentaba desoladora y solitaria. Augusto tenía un aspecto deplorable cuando se asomó por la ventana. En realidad todo en él era penoso, lamentable y desolador. Una mirada abotargada y pusilánime y una nariz grande como una bota junto con su extremada barriga hacían sentir al que lo contemplaba una repulsión instintiva. Se despiojó de las inmensas legañas que le cubrían los ojos y bostezó con desidia. El aspecto andrajoso estaba muy en consonancia con su casa. Había latas de cerveza tiradas por el suelo, platos sucios acumulados en un aguamanil, ropa enlodada de barro dejada aleatoriamente aquí y allá, un sinfín de cachivaches mezclados con comida y botellas de alcohol. Estando dentro, cualquiera podía imaginar sin dificultad la covacha de un pordiosero en un rincón de una calle del arrabal, cuando en realidad se trataba de una casa por cuyo aspecto exterior nadie hubiese imaginado lo terrible, sucio y horrísono que escondía dentro.

Arrastrando los pies entró en el cuarto de baño y sin encender la luz se miró al espejo. No pudo soportarlo mucho tiempo. Escupió en la taza del water pero las flemas cayeron en el suelo al lado de una toalla tirada. Debería limpiar esto alguna vez, pensó, y tomó el primer trago del día con el que se enjuagó la boca. A la media hora había agotado la botella. En la escalera se oyó al portero retirar el cubo de basura de la calle. Se asomó por la mirilla, como hacía siempre, y comentó entre dientes:

—¡Maldito mierda!

Por la ventana del patio oyó como la vieja de enfrente hacía sus deposiciones matutinas. Una sonrisa estúpida recorrió su rostro. Luego le colocó el mentón a “la parienta”, que estaba empotrada en el sillón. La parienta olía bastante mal. Para animarse tomó un trago. Las varices de las mejillas y la nariz estaban a punto para tomar su habitual color rojizo e hinchado.

Salió a la calle y encendió medio cigarrillo que encontró tirado en la acera. Se lo puso en los labios y metió las manos en los bolsillos. Sonrió como un idiota con la cabeza inclinada.

Siempre iba andando a todos sitios, también al trabajo. Esa mañana tenía que ir a la zona 3 del barrio 5. Ya se lo sabía de memoria, hoy sólo tenía que barrer tres calles y no muy largas, además, a la velocidad que él barría, habría acabado a las dos horas y podría escaparse a la Ballesta. Así que respiró hondo y de nuevo una sonrisa estúpida llenó su vacuo semblante. Era la cara que ponía cuando pensaba en las tetas de Boni, tan grandes como su cabeza. Y con las manos en el bolsillo se acarició los testículos.

Los domingos a las nueve la calle aún está solitaria y vacía. Si no fuera por los barrenderos –pensó- las ciudades estarían desbordás de papeles, colillas y cacas de perro, no podríamos vivir en ellas con tanta mierda acumulá. Cogió un periódico tirado y lo dobló con sumo cuidado, como quien dobla una sabana de bebé, y lo introdujo en el bolsillo de la chaqueta. Luego continuó barriendo las colillas. Las cacas de perro no las barro –dijo para sí.

A las once y cuarto estaba listo, según él. Dio la última calada a la colilla; dejó la pala y la escoba dentro del carretón y, empujándolo, se dirigió con diligencia hacia el Centro.

Aquel día, muy caluroso para ser enero, acabó la rutina diaria más pronto de lo acostumbrado. Paco el portero, estaba más intranquilo de lo habitual. Su instinto de hurón le decía algo que no era capaz de comprender. Volvió a subir la escalera limpiando el pasamanos, y deteniéndose un poco en cada puerta. Nada parecía fuera de lo corriente, sin embargo no acababa de rumiar. Algo indefinido que no sabía explicar le producía un comecome. Extraño silencio. No podía escuchar las conversaciones de los vecinos. Nadie parecía estar en la casa y sin embargo notaba una desconcertante presencia. Aguzó los sentidos. Si no podía oír, al menos podría oler e incluso entrar a mirar. Ya que no parecía haber nadie, sería el mejor momento para fisgonear. E intrigado por el olor que salía de la casa de Augusto, no pudiendo aguantar más la curiosidad, decidió entrar a curiosear. El cadáver se conservaba mejor de lo que cabía esperar para llevar oliendo tanto tiempo, y es que Augusto había aprendido algo de taxidermia, cuando era joven y había dejado a su mujer como un pájaro.

EXT. CALLE BALLESTA – DÍA

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El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

BONI. Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy.

Boni puso sus tacones en marcha.

Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares…

BONI. Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi…

El sueño eterno

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De Lorenzo Stone se decía que poseía la moral de un empresario de pompas fúnebres. Pero nadie le consideraba capaz de otro tipo de monstruosidad que la de aprovecharse lucrativamente del dolor ajeno. Sin embargo, los hechos demostraron lo contrario.

Aquella mañana había salido temprano para sus costumbres. Cruzó la calle de la Ballesta y se dirigió a la Gran vía. Yo le seguí intrigado.

Cuando hoy rememoro aquel día aún siento escalofríos. Dicen que existen infinidad de universos paralelos y que, en todos ellos, suceden los mismos acontecimientos, de forma simultánea. Al pensar en ello no he podido evitar una sensación de vértigo, de náusea. Imaginar estos hechos repetidos infinitamente en los infinitos universos paralelos me ha dejado en una zozobra insoportable y, exhausta la mente, he olvidado mis otros yoes paralelos, esos sosias de pacotilla que me suplantan ad nauseam en el cuánticamente repetido poliverso, como ahora le llaman.

Lo que uno no espera es encontrarse así, de repente y sin previo aviso, con unos cuantos de esos sosias al doblar la esquina. Dicen que este encuentro es posible, pero nadie lo había verificado, hasta ahora. Según los físicos es, teóricamente, aniquilador. Una especie de materia se anula con otra especie de antimateria y tiene unas consecuencias imprevisibles. Así fué. Quién sabe en que universo me encuentro yo ahora, pero lo cierto es que nada tiene en común con el que yo conocía, aquel en el que me sentía seguro y confiado, como un primogénito amamantado.

Evocaba la piadosa ciudad de Calabra mientras caminaba por unas calles que debieron ser como aquella pero que ahora se presentaban con toda la brutalidad de una urbe inmunda del siglo XXI y, de repente, allí estaba yo, frente a mí mismo, sólo que ese otro yo se llamaba Lorenzo Stone.

RPC

relatos

Hay personas que levantan pasiones, países, guerras, revoluciones, catástrofes, inundaciones, huracanes, ruinas, desenlaces dramáticos, cataclismos, desastres, hecatombes, destrucciones, desgracias, accidentes, trastornos, quiebras, males, abatimientos, aniquilaciones, demoliciones, descalandrajos, descomposiciones, desintegraciones, desmembramientos, desmoronamientos, desolaciones, daños, destrozos, devastaciones, zafarranchos, estragos, estropicios, exterminios, deshechos, discordias, desavenencias, desvalijamientos, terribles consecuencias por la simple fruslería de un destripacuentos que diabólicamente, infernalmente, satánicamente, malignamente no reconoce sus deyecciones.

Esa mañana Ester había desayunado un enorme tazón de cereales. Se sentía con mucha energía para emprender un nuevo día de trabajo en Radio Patraña Continental, la magnífica emisora de noticias.

Mientras se trasladaba en el taxi hacia la calle en que se hallaban los estudios de RPC pudo percatarse de unos insólitos personajes que discutían en las calles de la ciudad. En todas ellas había varios grupos de personas formando un círculo que parecían mantener una discusión un tanto acalorada para ser tan temprano. Como tenía un poco de sueño, no le concedió importancia y simplemente pensó en otra cosa. Había que tener muchas ganas para mantener esas absurdas polémicas matutinas. Cuando dejó el coche el taxista le gruño malhumorado y estuvo a punto de lanzarle un improperio pero se contuvo. Al llegar a la emisora Ester encontró también al jefe de programas discutiendo con el técnico de sonido y, de nuevo, no le concedió gran importancia, aunque ya le empezaba a cansar la enervación que se respiraba en todos sitios a esas horas de la mañana.

Ester se acercó al teletipo, que estaba escupiendo las noticias frescas. Había un atentado en el extranjero; unas elecciones con muchos disturbios en África; la subida del petróleo; la ruptura de los acuerdos de los países de Oriente Próximo; un acalorado debate en el Congreso de los diputados…; y una extravagante noticia que no comprendió pero que le llamó enormemente la atención. Como tenía mucha prisa, pues ya sólo faltaban veinte minutos para empezar el programa y aún no había preparado el comentario, dejó la noticia aparte para volver sobre ella luego. Hizo un resumen y decidió cual de ellas sería la noticia comentada del día.

En pocos minutos estaban emitiendo el programa de Ester, el más famoso de todo el continente. Después de comentar la noticia del día, Ester daba paso a sus infinitos oyentes. Estos llamaban por teléfono para hacer sus propios comentarios sobre la noticia.

Al principio pensaron que se trataba de problemas técnicos, pues no llegaba ninguna llamada. Era realmente raro que no telefonease nadie. Cualquier otro día el cúmulo de llamadas era tal que los técnicos de la emisora se volvían locos para seleccionarlas. Pero curiosamente hoy no entraba ninguna. Ester un poco abochornada se disculpó ante su supuesto auditorio por estos aparentes problemas técnicos e incluso pidió un poco de paciencia a los que intentaban llamar. Toda fue inútil. Los técnicos no encontraban ninguna avería y empezaron a discutir acaloradamente entre ellos. En toda esta discusión alguien entró de la calle gritando. Nadie le escuchó. Ester, un poco enfadada, quiso poner orden y, empezando por el que acababa de entrar, se puso a repartir improperios.

—salid a la calle – dijo de nuevo con rabia el que acababa de entrar. Nadie le hizo caso. Tan solo Ester, que era muy curiosa, se asomó a la ventana. El espectáculo que contempló le dejó estupefacta. A pesar del estupendo cielo azul y el sol radiante, desde la calle del ferrocarril hasta la del parque y también en todas las calles aledañas, que habitualmente estaban transitadas por una pequeña cantidad de personas, se habían convertido en una auténtica y sorprendente romería de gentes que se gritaban y lanzaban trastos unos a otros. Ester no daba crédito a sus ojos. Todo el mundo parecía estar loco y no comprendía nada de lo que estaba ocurriendo. Incluso sus compañeros habían salido ya a la calle y continuaban allí la discusión que habían comenzado en el estudio. Ester pensó que estaba teniendo una pesadilla y para cerciorarse se pellizcó en los mofletes. Estaba despierta y bien despierta.

Bajó, ella también, a la calle con su grabadora, como habitualmente hacía cuando iba a la caza de noticias. Un predicador estaba subido en un púlpito improvisado con unas grandes cajas de transporte y arengaba a las multitudes. Recordó la noticia que había leído en el teletipo. Hablaba de una secta, del fin del mundo y no recordaba que otros presagios de mal agüero, pero no le otorgó importancia en vista de los tumultos que se arremolinaban a su alrededor.

—De los muchos disturbios que se produjeron, ninguno fue tan sonado como el que recorría las calles de Madenera a la hora del almuerzo. “Ardieron troyas”, como decía ufana Ester de Clementín y Zárate de Sopichanche, conocidísima diva de la radio y la primera que descubrió el asunto en la mañana del 18 de julio de 1963.
Mientras se fumaba aquel gran Coíbas fálico que caracterizaba a Ester de Clementín y Zárate de Sopichanche, contempló como el predicador se esforzaba vanamente hasta llegar a la extenuación, pues más bien parecía provocar las alergias de los concurrentes que sus adhesiones y amenes. Ya desde que entró en la secta se caracterizaba por su fulgor fatuo al predicar. Y es que, como decía mi difunta abuela, “una cosa es predicar y otra dar trigo”.

Ester, por esa curiosidad innata que la caracterizaba, empezó a escuchar a aquel energúmeno propagandista.
— y una nube dejará su rastro de discordia y desolación entre los que no escuchan a “los enviados encima de las cajas”, pues el Señor es justo y compasivo con los que le escuchan – vociferaba el predicante.

Emilio Sobeque. Cuentos escogidos. Madrid, 1987.

RADIO (OFF)

greguerías

Al micrófono Ester de Clementín y Zárate de Sopichanche parecía mayor de lo que realmente era.

-Repaso a esa ya vieja forma de congelar la realidad… Los que ya somos más avanzados en edad nacimos en la fotografía y la radio como formas básicas de lo que ahora es la imagen y sonido omnipresentes… Un primer contacto con la mejor de las artes modernas… Primer contacto con el cine… Y ahora damos paso a nuestros oyentes.
-¡La calle de la Ballesta está plagada de yupis y pijos, estoy hasta las narices!
-Perdón, señora, creo que se ha equivocado de programa – contestó Ester. Este es el programa de RPC no el de quejas anónimas.
-¡Cómo!
-¡Ya estamos otra vez con el cruce de líneas!
-¡Corta, corta!
-¡Oiga, corta será usted!

Saltó también el contestador con la voz de una amable señorita y el de la persona que efectuó la llamada.

-En este momento todas nuestras líneas están ocupadas, rogamos permanezca a la espera y será atendido con la mayor celeridad posible.-
¡Pero oiga, que esto es urgente! – Imprecó una voz, inconsciente de que nadie le podía responder.