EXT. CEMENTERIO – NOCHE

juego

Hay unos restos humanos de huesos, pellejos, pelos y calaveras amontonados en el suelo cerca de una tumba y una larga trompeta del ángel RESH dejada encima. Trompetas del juicio final. Amasijo de huesos, pellejos, pelos y calaveras que se van recomponiendo y descomponiendo hasta convertirse en andrajosos cuerpos y al revés.
En su escapada TAU llega al valle estepario del juicio final, donde se encuentran las guaridas de los Detritor.
TAU encuentra a sus amigos dormidos y a unos muertos; toca la trompeta, resucitan los muertos y despiertan sus amigos.
Los muertos protestan al haber sido despertados por su error.
RESH echa la culpa a TAU de la resurrección de los muertos.
TAU llega con el ejército reunido de nuevo.
El estruendo de las naves de guerra hace que los Detritor salgan huyendo aterrados de sus guaridas pero de nuevo atrapan a TAU y le encierran en Hod.
RESH IGNADO, ángel dormilón, dramático y apocalíptico.

A Cesar Vallejo en el 80 aniversario de su muerte

poesía

Y nos siguen cobrando el alquiler
de este mundo que dejaron tus pestañas,
cansadas ya de proteger tus ojos
del polvo de la tierra,
como si no supieran nada
de la viudez de tus encías,
de la tos de tus huesos,
de las cosquillas de tu calavera,
de ese olvido que siempre te traías entre manos,
pero es que mis alvéolos tiran a cansados
y las horas estaban a mi nombre,
pero es que a hoy le falta su mañana.

VANITAS VANITATUM

poesía

(En la casa de Jorge Manrique)

De qué me servirán
este trajín de huesos,
esta pereza de llegar a conocerme,
este afán de exprimir los días,
de sacar a pasear la calavera,
de aprender a caminar sobre las aguas,
de pagar mis impuestos,
de equilibrar el debe y el haber,
de acudir a mi trabajo,
de agrandar la diferencia entre dos fechas,
para acabar como lo haremos todos,
tan quieto, tan mudo, tan cuadrado.

Trompetería Bebop o Delirium Tremens

greguería

Trompetería Bebop en que de tres en tres divertilugios según travisten como tristes titiriteros a los altos tridentes de tres cuernos amazonan los seis rigales mientras cerolusía en trecientos treinta y tres trigéminos tres corruptos semitánicos colorizan los cien blues bebop de cera inseminados como ozonos se hayan los quinientos quinqués de queroseno colorado quintifolios extravertidos y retrasterados de doble trompetería bebop jazzterados y como alapados y parapetados en el último transfondeadero de la derogación ínfima centupléxima armoniosamente holoturoideos sin almaje crinocuanterizan en un solo ambigüoideado que coclea y coclea protopáticamente en orden a la mejor reciprocidación de ellos a productos se constata pausadamente una más alta esfera de los calamitosos rendimientos en una más apresurada expansión del género bobo por todos los continentes gracias a la cual los panderos dorados de la fraternidad según colonizan en insufribles dientes de misericordia transfusión que glorifican en género metacordial como en la infrustuosa vestal de mármol sempiterno y coloide en estruendosa colación de neptunos jóvenes se estandariza la fragua misión condescendiente de las amapolas verdesí tras la noble irrupción de los sueños corruptos de los muertos dorados al sol como la mies transcendida de julio césar augusto general de las legiones se transforma en capone tras los cristales líquidos de las calculadoras de melocotón y mermelada enternecida a calendarios selénicos se digitalizan las hembras lujuriosas de analógicas huestes en parabólicas esferas senoidales siempre y cuando los gerifaltes venidos de ultramonte se derritan como picatostes de asqueroso queso en la fondue miasmática y cavernosa como huecos óculos de las calaveras transhumantes ya olorosamente frías hete aquí transfigurado en dolce vita cual rituales fijos contubernios y alacranes deíforos mientras los secretarios enfilan uno tras otro a ensartarse fálicamente en másculina amazonía septentrional a lo largo penden hidalgos gérmenes sicoidales tras las psiquiatrizantes salas hospitalarias en denostados tragos de hipnosia líquida aunque viscosamente sacralizadas con episcopales y pantocráticas garrotas neuróticos condotieri luchan afanosos con psicóticos coroneles en ferias como golfas y hetairazas masculinizantes con pélvis acérrimas e incólumes hete aquí converso en mil cientos de pedazos dialógicos e impasibles.

Calavera

greguería

Caín, el primero que la llevó sobre sus manos, hubiera reprochado a Hamlet su indecisión asesina. Aquel era la calcante que engañó a su propia madre. ¿Hay algo más terrible sobre la tierra? Me lo he preguntado muchas veces y nunca encuentro la respuesta. Sin embargo, hoy, cuando he sostenido la calavera entre mis propias manos he sentido ambas cosas: ya no hay contradicción, la muerte está dentro de la vida.