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    Marzo 

    ¿Destino? ¿Almas gemelas? ¿Amor verdadero? ¿Aún vives en la Edad Media?
    Se llenó el cosmos de preguntas y quisimos responderlas a todas. No hay respuestas. Sólo preguntas. Sólo el vacío nos inunda.
    El problema es que no hay tiempo para todos los “Tú”. Y no todos los versos son de mármol, ni todos los pensamientos son pájaros.
    El roce de tu piel es como brisa fresca de verano. El brillo de tus ojos como el amanecer de un niño. Eres todo poesía en mi recuerdo.
    El goteo de luz de su mirada. Los profundos mares de su ausencia. La limosna de la yema de sus dedos. Los silencios oscuros de sus labios.
    Rozar tu piel y no alcanzarte es espejismo de locura. Y respirar el aire que respiras es como el fuego del desierto que me abrasa.
    Las penas flotan por ti en el mar de la distancia incomprensible y en el oscuro bosque de la ausencia como infinita niebla.
    Si amas la rosa en su frescura, aprenderás a amarla ya seca y marchita.
    Moriré de pena sin tu amor.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tú.
    Inalcanzable como una estrella, tan distante como el fondo del mar, invisible como el aire, prácticamente nada…
    El esperpento de un esperpento es la realidad.
    Son fríos los cuchillos del amor como frío es el viento de esta tarde.
    No me sigas, no. No me sigas si no has venido a quedarte. Sólo el que se queda puede llenar el vacío… …para siempre.
    Qué bello el infinito abismo, oscuro y limpio como la muerte…
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Vosotros que admiráis la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¿Qué sabéis de belleza y de dolor?
    Se apagó el cigarro del día y para siempre será el cadáver y las cenizas de un poema. (A Leopoldo María Panero)
    Quiero besar la luna en tus labios.
    Tus labios tienen hoy brillo de luna.
    La melancolía es el arpa del corazón acorazado.
    Ama. Todo lo demás es etcétera.
    Mi destino es ser quien soy. ¿Se ha terminado el camino?
    Se llenó de tristeza el ojo enamorado, se llenó de amor el ojo triste.

     
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    Añoranzas 

    Estoy, de añorar, hundido
    en el rebaño que alguna vez
    florece mágico.
    Vamos, niña, llama al cadáver
    de otra autoridad.

     
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    CONFESIONES 

    No domine más mis horas aquella imagen. salomón visitaba podredumbre mansión dormiremos estaba seres imposible charlé pérfida historia describíroslo poesía promesa cobarde cedrón pensaba despierto solita pecados toda pequeñas llegado vestimenta salón representantes cobardías cubiertas horrorosa villano equívoco malos llorando perfumes ojo marcharme glotonería sensibilidad pliegos influjos comemos época señor carpinteros ese gana menudo hija penetrante condenada carencia ayuda refiere listo ataúd concebibles cosas cadáver escondido otra miserables y tristes obligaciones aparecer amé asuntos astros instructivas encantos tu cristiano conmuevan impuestos espectáculo audacia feroz

     
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    LA MUERTE DE CERCA 

    muerte de mi abuelo Vicente, a besar el cadáver, la gran cama con un cabecero negro y dorado, una siesta demasiado larga, un sueño de cansancio infinito, ya no vamos a jugar más con él, ni yo ni mi prima MP

     
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    EPITAFIO DEL POETA 

    Sólo soy un cadáver exquisito.

     
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    MUERTOS 

    Le mataron en una guerra injusta, como todas, quizás fue en Siria, pero su cadáver conservó eternamente una sonrisa sardónica.

     
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    Y tu cadáver siguió resucitando en el día… 

    Y tu cadáver siguió resucitando…
    (en el día del 78 aniversario de la muerte de César Vallejo)

     
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    Cuando al gran gerifalte vendedor de armas se… 

    Cuando al gran gerifalte vendedor de armas se le acabaron todos los vivos, la playa depositó el cadáver de un niño muerto en su sopa. Nunca jamás volvió a comer. Entonces, después de haber extinguido a la humanidad, se extinguió también la inhumanidad.

     
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    CAPITÁN 

    No en vano todos estaban muertos, hasta los muebles eran jirones de un ataúd. Una inquietante atmósfera rodeaba al muerto. Una niebla heladora.
    Cualquier color que tu quieras, dijo la madre. Nadie contestó. Una marcha nupcial comenzó a oírse y unos perros ladraron como alertados por las trompetas. O quizás eran lobos, lobos de montaña. Lejanos.

     
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    CAPITÁN 

    La madre y el padre estaban velando un cadáver. O eso parecía. Sus ojos cerrados no revelaban lágrimas. Quizás sólo cansancio. Un cansancio de siglos. Un cansancio que se acumulaba en las ojeras de los viejos como se acumulaba el polvo en los rincones de la estancia. El hijo parecía dormir plácidamente. Pero estaba muerto. Había muerto después que ellos pero eran ellos los únicos que le velaban. Yacía sobre un tatami de paja con borde negro de luto. El olor del tatami era intenso como de mieses recién segadas. Aún soleadas y calientes. El resto era frío, muy frío. Nadie respiraba en la habitación.

     
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    Ya hizo de su cadáver el último poema… 

    Ya hizo de su cadáver el último poema:

    “Y así vivir es sólo mendigar a tus puertas
    y esperar a tus pies, y soñar tu mirada en el limbo”

    Leopoldo María Panero

     
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    VIVA 

    En el lateral se generó este poema kyinooka:

    ante la nueva tumba
    cuarenta y siete
    se acaba ya el día
    cadáver exquisito
    entre amapolas rojas

     
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    Me senté frente a un espejo a esperar… 

    Me senté frente a un espejo, a esperar ver pasar el cadáver de mi enemigo.

     
    • Facundo el Permalink

      Es curioso. Siempre he pensado de esa manera: yo soy mi peor enemigo.

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      Esperemos que el cadáver pase pronto y volvamos a ser nuestros mejores amigos.

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    desde mi cielo apestando a cadáver lleva el… 

    desde mi cielo,
    apestando a cadáver,
    lleva el río destellos

     
    • David el Permalink

      Será el río Aqueronte, que nos trae aromas del Hades

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      incinerados…

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    Bar Cenas 

    —¿En la hoguera del cuerpo
    qué llevas puesto?
    —Sólo cadáver.

     
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    El vivo día trae el cadáver de la… 

    El vivo día trae el cadáver de la noche.

     
    • gatopardo9 el Permalink

      es una verdad grande como una catedral, y aún así sobrevivimos. Allí está nuestra mayor grandeza!!

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    Enrique Sierra 

    Qué grandes son:
    Luna de cristal
    y cielo mestizo.
    sólo un cadáver
    dormido en ella
    y los abrazos llenos
    de mis huesos tatuados
    con tinta roja.

     
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    ¿Qué pasa si el cadáver sale del armario 

    ¿Qué pasa si el cadáver sale del armario?

     
    • axtsvwsar el Permalink

      que el bujarrón era necrófilo?

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    rueda y serpiente 

    Sublime canto
    cadáver del pasado
    lugar de lo prohibido
    pero algún día
    con vueltas de esperanza
    deshoja margaritas.

     
    • fontfranch el Permalink

      Más bien, la serpiente y el corazón. O el monstruo del lago Ness mira en su reflejo como le queda el piercing.

    • xarleen el Permalink

      Como el óvalo de La Historia Interminable.

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    semang 

    Titulares de hoy a toda página: Encontrado el cadáver de un pigmeo cortado en tres trozos.

     
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    CONDENADO DOS 

    He sembrado como un tubérculo su carne y la he regado de rocío. Conviene tener ese detalle. Sólo porque hoy celebro esa clase de éxito moderno de enterrar al enemigo. Levanto mi sombrero. Le dejé en calzoncillos, pienso con gran satisfacción. En este laberinto, de todas formas, no lo van a encontrar. Qué muerte tan poética, comenta Mira. Ha sido rápido, respondo. El cascabel de la muerte sonando de nuevo en nuestra familia, otro cadáver más, dice. El cementerio huele a orín y ese maldito símbolo está por todas partes. Saco un pañuelo del bolsillo y cubro mi nariz. La literatura, muchacha, es el barco en que este viejo acaricia tus senos, digo para animarla. Sonríe.

     
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    CONDENADO 

    He sembrado como un tubérculo su carne y la he regado de rocío. Conviene tener ese detalle. Sólo porque hoy celebro esa clase de éxito moderno de enterrar al enemigo. Levanto mi sombrero. Le dejé en calzoncillos, pienso con gran satisfacción. En este laberinto, de todas formas, no lo van a encontrar. Qué muerte tan poética, comenta Mira. Ha sido rápido, respondo. El cascabel de la muerte sonando de nuevo en nuestra familia, otro cadáver más, dice. El cementerio huele a orín y ese maldito símbolo está por todas partes. Saco un pañuelo del bolsillo y cubro mi nariz. La literatura, muchacha, es el barco en que este viejo acaricia tus senos, digo para animarla. Sonríe.

     
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    CONDENADO 

    He sembrado como un tubérculo su carne y la he regado de rocío. Conviene tener ese detalle. Sólo porque hoy celebro esa clase de éxito moderno de enterrar al enemigo. Levanto mi sombrero. Le dejé en calzoncillos, pienso con gran satisfacción. En este laberinto, de todas formas, no lo van a encontrar. Qué muerte tan poética, comenta Mira. Ha sido rápido, respondo. El cascabel de la muerte sonando de nuevo en nuestra familia, otro cadáver más, dice. El cementerio huele a orín y ese maldito símbolo está por todas partes. Saco un pañuelo del bolsillo y cubro mi nariz. La literatura, muchacha, es el barco en que este viejo acaricia tus senos, digo para animarla. Sonríe.

     
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    solución 

    Solve et Coagula: la alquimia del cadáver. Es un químico o un ingeniero genético, de eso no hay duda. Hemos puesto a todos ellos bajo vigilancia. Al menos tenemos una pista que seguir. Hoy he dormido por fin, sabiendo que esto tendrá un final.

     
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    LOLITA LEVINE 

    Ania Teillard. Primera víctima, fue atada a una roca y devorada por las serpientes. La playa cercana a su casa, donde se halló su cadáver, estaba rodeada de montañas. Nadie encontró nada relacionado con una rana.

     
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    LOLITA LEVINE 

    Su pie, seccionado limpiamente, probablemente con un bisturí, aún no se ha encontrado. Alrededor de estas mismas fechas el asesino dejó otras 179 víctimas.

     
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    En el taller de mi cadáver 

    Aceptaré los cargos
    de lesa estupidez
    de mis verdugos.

    Por simple rebeldía,
    no volveré a recitar mis oraciones
    ni las plumas con las que escribí el pasado
    serán ya mis espadas.

    Dejaré simplemente mis sagrados oficios
    desvanecerse en los laureles.

    Conduciré mi carro
    hasta el vago adiós
    de los cansados.

    Me reiré de la banal cosmografía
    de aquellos sacerdotes
    de indigna tonadilla.

    Como estos que escriben sus memorias,
    serán insensibles mis lánguidas mañanas.

    No amaré jamás
    a larvas y parásitos
    del salvaje escritor que quise ser.

    Olvidaré mis inconcebibles vergeles de fantasmas.

    No daré caza al dolor evangélico del cerdo,
    mientras caen las madres
    en el cansado final
    de nuestras fuerzas.

    Tan sólo trabajaré incansable
    en el silencioso taller
    donde fabrico mi cadáver.

     
    • Makkkafu el Permalink

      Estupendo tu post, lo enlazo.

      Beseos.

      C.A. Makkkafu.

    • Ahasvero el Permalink

      Gracias, cómo me gustan esos Beseos!

    • carlos el Permalink

      Un placer perderme en un laberinto de metaforas!!!

    • tintadelcorazon el Permalink

      Un placer perderme en un laberinto de metaforas!!!

    • Ahasvero el Permalink

      las metafueras y las metadentros, gracias Carlos.

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: cadáver, , , , , ,   

    Aceptaré los cargos de lesa estupidez de mis… 

    Aceptaré los cargos
    de lesa estupidez
    de mis verdugos.

    Por simple rebeldía,
    no volveré a recitar mis oraciones
    ni las plumas con las que escribí el pasado
    serán ya mis espadas.

    Dejaré simplemente mis sagrados oficios
    desvanecerse en los laureles.

    Conduciré mi carro
    hasta el vago adiós
    de los cansados.

    Me reiré de la banal cosmografía
    de aquellos sacerdotes
    de indigna tonadilla.

    Como estos que escriben sus memorias,
    serán insensibles mis lánguidas mañanas.

    No amaré jamás
    a larvas y parásitos
    del salvaje escritor que quise ser.

    Olvidaré mis inconcebibles vergeles de fantasmas.

    No daré caza al dolor evangélico del cerdo,
    mientras caen las madres
    en el cansado final
    de nuestras fuerzas.

    Tan sólo trabajaré incansable
    en el silencioso taller
    donde fabrico mi cadáver.

     
    • Makkkafu el Permalink

      Estupendo tu post, lo enlazo.

      Beseos.

      C.A. Makkkafu.

    • Ahasvero el Permalink

      Gracias, cómo me gustan esos Beseos!

    • carlos el Permalink

      Un placer perderme en un laberinto de metaforas!!!

    • Ahasvero el Permalink

      las metafueras y las metadentros, gracias Carlos.

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    Gracias por “EL FINAL DE LA EDAD DE ORO” 

    “[…]

    Vivir fue regresar a las fronteras
    de una tierra sin nombres ni mañana,
    quienes corrieron más deprisa son
    los que antes han llegado a ningún sitio.”

    Gracias Manuel Moreno Díaz por tu dedicatoria de este poema en tu primer libro de poesía La Saliva del sol (IV Premio Emilio Alarcos publicado en la Colección Visor de Poesía) y por el ejemplar que me has enviado.

    Tu libro llega a mis manos puntualmente como llegará al alma de los perdedores inquebrantables, a los náufragos del viento, a los que ‘caminamos al lado de nuestro cadáver’, a los profetas de los paraísos de sombras, y a todos los que navegamos “hacia la noche / con la sumisa calma de la nieve” para conquistar, con el ariete de la serenidad, nuestro propio ser –el que nos prestaron– y construirnos el que merecidamente nos forjemos.
    SALUD Y ANARQUÍA, COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO.

     
    • Ahasvero el Permalink

      Encontré una traducción al francés del poema “LA BELLEZA” (página 44) en la curiosa página de Jean Dif:

      La beauté

      La cendre est le coeur du feu,
      un paysage calciné de silence
      où finissent les anxiétés du crépitement,
      et leur ascension enflammée jusqu’aux sommets de l’air.

      Il garde l’os, mémoire de la chair,
      livré au festin de l’obscurité.
      Là, dans un éternel voisinage avec l’oubli,
      se thésaurisent la moelle et la poussière,
      les âges de toutes ses ruines.

      Et dans les braises violentes de l’après-midi,
      quand la lumière paraît une conquête
      de l’homme et de sa soif de croissance,
      les ténèbres déposent leur germe
      et le soleil couvre déjà les larves de la nuit.

      La beauté est le masque
      choisi par la mort
      pour nous laisser croire invulnérables
      à sa patience carnivore.

      Extrait de “La saliva del sol”, Manuel Moreno Díaz
      (Visor, 2006), 4ème prix Emilio Alarcos

    • Ahasvero el Permalink

      El mismo poema se encuentra en la página de Jordi Buch Oliver en castellano.

    • Ahasvero el Permalink

      El poeta gaditano Luis García Gil en su bitácora hace esta reseña:

      Leo el libro de poemas La saliva del sol (Visor) de Manuel Moreno Díaz ( IV Premio Emilio Alarcos). Se trata del primer libro de poemas de su autor, un primer libro escrito pasados los cuarenta años, quizá una edad de madurez no desdeñable para lanzarse al ruedo poético porque a veces ciertos poetas pecan de querer publicar muy pronto y suelen renegar de su primer libro. No es esto una generalidad pero tampoco debe extrañar que algunos poetas se decanten por publicar tarde, sin urgencias, tratando de que el verso alcance su mejor tono, su propia razón de ser, alejado de la impetuosidad o del exceso juvenil. La saliva del sol es un libro entregado a la palabra armada de contención, que no se extralimita ni se desborda, cauce sereno, profundo ejercicio de verso meditado y profundo. La muerte o la infancia son algunas de las cuestiones universales por las que el poeta valenciano navega sin naufragar. Pero también hay sitio para celebrar la tarde caediza, la naturaleza, el rayo de sol que penetra por una ventana o el vuelo de un vencejo a los que el poeta llama “inquilinos del viento”.

    • Manuel Moreno el Permalink

      Gracias a ti, amigo del alma. Ya sabes que el tiempo no pasa, sólo anida. Todas nuestras edades duermen en la memoria apenas enterradas. La de nuestra amistad siempre fue la edad de oro, de un oro de ley que el tiempo jamás podrá oxidar

    • Ahasvero el Permalink

      You are welcome, my friend…

  • viva el Permalink |
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    Vivir fue regresar a las fronteras de… 

    “[…]

    Vivir fue regresar a las fronteras /
    de una tierra sin nombres ni mañana, /
    quienes corrieron más deprisa son /
    los que antes han llegado a ningún sitio.”

    Gracias Manuel Moreno Díaz por tu dedicatoria de este poema en tu primer libro de poesía La Saliva del sol (IV Premio Emilio Alarcos publicado en la Colección Visor de Poesía) y por el ejemplar que me has enviado.

    Tu libro llega a mis manos puntualmente como llegará al alma de los perdedores inquebrantables, a los náufragos del viento, a los que ‘caminamos al lado de nuestro cadáver’, a los profetas de los paraísos de sombras, y a todos los que navegamos “hacia la noche / con la sumisa calma de la nieve” para conquistar, con el ariete de la serenidad, nuestro propio ser –el que nos prestaron– y construirnos el que merecidamente nos forjemos.
    SALUD Y ANARQUÍA, COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO.

     
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      Encontré una traducción al francés del poema “LA BELLEZA” (página 44) en la curiosa página de Jean Dif:

      La beauté

      La cendre est le coeur du feu,
      un paysage calciné de silence
      où finissent les anxiétés du crépitement,
      et leur ascension enflammée jusqu’aux sommets de l’air.

      Il garde l’os, mémoire de la chair,
      livré au festin de l’obscurité.
      Là, dans un éternel voisinage avec l’oubli,
      se thésaurisent la moelle et la poussière,
      les âges de toutes ses ruines.

      Et dans les braises violentes de l’après-midi,
      quand la lumière paraît une conquête
      de l’homme et de sa soif de croissance,
      les ténèbres déposent leur germe
      et le soleil couvre déjà les larves de la nuit.

      La beauté est le masque
      choisi par la mort
      pour nous laisser croire invulnérables
      à sa patience carnivore.

      Extrait de “La saliva del sol”, Manuel Moreno Díaz
      (Visor, 2006), 4ème prix Emilio Alarcos

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      El mismo poema se encuentra en la página de Jordi Buch Oliver en castellano.

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      El poeta gaditano Luis García Gil en su bitácora hace esta reseña:

      Leo el libro de poemas La saliva del sol (Visor) de Manuel Moreno Díaz ( IV Premio Emilio Alarcos). Se trata del primer libro de poemas de su autor, un primer libro escrito pasados los cuarenta años, quizá una edad de madurez no desdeñable para lanzarse al ruedo poético porque a veces ciertos poetas pecan de querer publicar muy pronto y suelen renegar de su primer libro. No es esto una generalidad pero tampoco debe extrañar que algunos poetas se decanten por publicar tarde, sin urgencias, tratando de que el verso alcance su mejor tono, su propia razón de ser, alejado de la impetuosidad o del exceso juvenil. La saliva del sol es un libro entregado a la palabra armada de contención, que no se extralimita ni se desborda, cauce sereno, profundo ejercicio de verso meditado y profundo. La muerte o la infancia son algunas de las cuestiones universales por las que el poeta valenciano navega sin naufragar. Pero también hay sitio para celebrar la tarde caediza, la naturaleza, el rayo de sol que penetra por una ventana o el vuelo de un vencejo a los que el poeta llama “inquilinos del viento”.

    • Manuel Moreno el Permalink

      Gracias a ti, amigo del alma. Ya sabes que el tiempo no pasa, sólo anida. Todas nuestras edades duermen en la memoria apenas enterradas. La de nuestra amistad siempre fue la edad de oro, de un oro de ley que el tiempo jamás podrá oxidar

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    El final de la edad de oro 

    El final de la edad de oro
    “[…]

    Vivir fue regresar a las fronteras
    de una tierra sin nombres ni mañana,
    quienes corrieron más deprisa son
    los que antes han llegado a ningún sitio.”

    Gracias Manuel Moreno Díaz por tu dedicatoria de este poema en tu primer libro de poesía La Saliva del sol (IV Premio Emilio Alarcos publicado en la Colección Visor de Poesía) y por el ejemplar que me has enviado.

    Tu libro llega a mis manos puntualmente como llegará al alma de los perdedores inquebrantables, a los náufragos del viento, a los que ‘caminamos al lado de nuestro cadáver’, a los profetas de los paraísos de sombras, y a todos los que navegamos “hacia la noche / con la sumisa calma de la nieve” para conquistar, con el ariete de la serenidad, nuestro propio ser –el que nos prestaron– y construirnos el que merecidamente nos forjemos.
    SALUD Y ANARQUÍA, COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO.

     
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      El mismo poema se encuentra en la página de Jordi Buch Oliver en castellano.

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      El poeta gaditano Luis García Gil en su bitácora hace esta reseña:

      Leo el libro de poemas La saliva del sol (Visor) de Manuel Moreno Díaz ( IV Premio Emilio Alarcos). Se trata del primer libro de poemas de su autor, un primer libro escrito pasados los cuarenta años, quizá una edad de madurez no desdeñable para lanzarse al ruedo poético porque a veces ciertos poetas pecan de querer publicar muy pronto y suelen renegar de su primer libro. No es esto una generalidad pero tampoco debe extrañar que algunos poetas se decanten por publicar tarde, sin urgencias, tratando de que el verso alcance su mejor tono, su propia razón de ser, alejado de la impetuosidad o del exceso juvenil. La saliva del sol es un libro entregado a la palabra armada de contención, que no se extralimita ni se desborda, cauce sereno, profundo ejercicio de verso meditado y profundo. La muerte o la infancia son algunas de las cuestiones universales por las que el poeta valenciano navega sin naufragar. Pero también hay sitio para celebrar la tarde caediza, la naturaleza, el rayo de sol que penetra por una ventana o el vuelo de un vencejo a los que el poeta llama “inquilinos del viento”.

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      Encontré una traducción al francés del poema “LA BELLEZA” (página 44) en la curiosa página de Jean Dif:
      La beauté

      La cendre est le coeur du feu,
      un paysage calciné de silence
      où finissent les anxiétés du crépitement,
      et leur ascension enflammée jusqu’aux sommets de l’air.

      Il garde l’os, mémoire de la chair,
      livré au festin de l’obscurité.
      Là, dans un éternel voisinage avec l’oubli,
      se thésaurisent la moelle et la poussière,
      les âges de toutes ses ruines.

      Et dans les braises violentes de l’après-midi,
      quand la lumière paraît une conquête
      de l’homme et de sa soif de croissance,
      les ténèbres déposent leur germe
      et le soleil couvre déjà les larves de la nuit.

      La beauté est le masque
      choisi par la mort
      pour nous laisser croire invulnérables
      à sa patience carnivore.

      Extrait de “La saliva del sol”, Manuel Moreno Díaz
      (Visor, 2006), 4ème prix Emilio Alarcos

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      Gracias a ti, amigo del alma. Ya sabes que el tiempo no pasa, sólo anida. Todas nuestras edades duermen en la memoria apenas enterradas. La de nuestra amistad siempre fue la edad de oro, de un oro de ley que el tiempo jamás podrá oxidar

    • Ahasvero el Permalink

      You are welcome, my friend…

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    Desde el centro de lo lejos 

    En este lugar sin nombre, donde sólo corre el viento, en este solar sin adjetivos, olvido de las lluvias estación a estación, la tierra más amante de lo pleno, contemplada desde su inmenso centro, es cabal desdicha de la distancia.
    Aliento tras aliento veo perecer sus huesos a la sombra, sin pronunciar palabra, resecada la boca, como un cadáver ya verdadero.
    Y aún quiere amar la vida. Tal vez mañana soñará himeneos de estrellas, pero él está en el centro, en el mismísimo centro de lo lejos.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    PFNHDM: No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!

     
    • Goma2 el Permalink

      lector, escritor y protagonista?

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      lector, escritor y protagonista?

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      Eso no es una respuesta, es de nuevo otra pregunta

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      Eso no es una respuesta, es de nuevo otra pregunta

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    PFNHDM 

    Por Favor, No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato con comentarios hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!
    city

     
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    PFNHDM Por Favor No Hablemos De Mí es… 

    PFNHDM: Por Favor, No Hablemos De Mí es un relato corto e incompleto (…) dividido en doce capítulos que se propone como un juego de investigación policiaca entre lector, escritor y protagonista. Los lectores pueden participar en él completando el relato con comentarios hasta descubrir y resolver el caso del sabueso protagonista, confundido entre los lectores, el escritor y él mismo. ¿Cuál de los tres es el asesino, cuál el cadáver y cuál el sabueso? ¡Mucha suerte a todos!

     
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    Hotel 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad…

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      …a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el Permalink

      Ya somos dos…

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      … los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces.

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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

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      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

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    BARRENDERO 

    Eran las cinco en punto de la madrugada. Había llovido y la calle se presentaba desoladora y solitaria. Augusto tenía un aspecto deplorable cuando se asomó por la ventana. En realidad todo en él era penoso, lamentable y desolador. Una mirada abotargada y pusilánime y una nariz grande como una bota junto con su extremada barriga hacían sentir al que lo contemplaba una repulsión instintiva. Se despiojó de las inmensas legañas que le cubrían los ojos y bostezó con desidia. El aspecto andrajoso estaba muy en consonancia con su casa. Había latas de cerveza tiradas por el suelo, platos sucios acumulados en un aguamanil, ropa enlodada de barro dejada aleatoriamente aquí y allá, un sinfín de cachivaches mezclados con comida y botellas de alcohol. Estando dentro, cualquiera podía imaginar sin dificultad la covacha de un pordiosero en un rincón de una calle del arrabal, cuando en realidad se trataba de una casa por cuyo aspecto exterior nadie hubiese imaginado lo terrible, sucio y horrísono que escondía dentro.

    Arrastrando los pies entró en el cuarto de baño y sin encender la luz se miró al espejo. No pudo soportarlo mucho tiempo. Escupió en la taza del water pero las flemas cayeron en el suelo al lado de una toalla tirada. Debería limpiar esto alguna vez, pensó, y tomó el primer trago del día con el que se enjuagó la boca. A la media hora había agotado la botella. En la escalera se oyó al portero retirar el cubo de basura de la calle. Se asomó por la mirilla, como hacía siempre, y comentó entre dientes:

    —¡Maldito mierda!

    Por la ventana del patio oyó como la vieja de enfrente hacía sus deposiciones matutinas. Una sonrisa estúpida recorrió su rostro. Luego le colocó el mentón a “la parienta”, que estaba empotrada en el sillón. La parienta olía bastante mal. Para animarse tomó un trago. Las varices de las mejillas y la nariz estaban a punto para tomar su habitual color rojizo e hinchado.

    Salió a la calle y encendió medio cigarrillo que encontró tirado en la acera. Se lo puso en los labios y metió las manos en los bolsillos. Sonrió como un idiota con la cabeza inclinada.

    Siempre iba andando a todos sitios, también al trabajo. Esa mañana tenía que ir a la zona 3 del barrio 5. Ya se lo sabía de memoria, hoy sólo tenía que barrer tres calles y no muy largas, además, a la velocidad que él barría, habría acabado a las dos horas y podría escaparse a la Ballesta. Así que respiró hondo y de nuevo una sonrisa estúpida llenó su vacuo semblante. Era la cara que ponía cuando pensaba en las tetas de Boni, tan grandes como su cabeza. Y con las manos en el bolsillo se acarició los testículos.

    Los domingos a las nueve la calle aún está solitaria y vacía. Si no fuera por los barrenderos –pensó- las ciudades estarían desbordás de papeles, colillas y cacas de perro, no podríamos vivir en ellas con tanta mierda acumulá. Cogió un periódico tirado y lo dobló con sumo cuidado, como quien dobla una sabana de bebé, y lo introdujo en el bolsillo de la chaqueta. Luego continuó barriendo las colillas. Las cacas de perro no las barro –dijo para sí.

    A las once y cuarto estaba listo, según él. Dio la última calada a la colilla; dejó la pala y la escoba dentro del carretón y, empujándolo, se dirigió con diligencia hacia el Centro.

    Aquel día, muy caluroso para ser enero, acabó la rutina diaria más pronto de lo acostumbrado. Paco el portero, estaba más intranquilo de lo habitual. Su instinto de hurón le decía algo que no era capaz de comprender. Volvió a subir la escalera limpiando el pasamanos, y deteniéndose un poco en cada puerta. Nada parecía fuera de lo corriente, sin embargo no acababa de rumiar. Algo indefinido que no sabía explicar le producía un comecome. Extraño silencio. No podía escuchar las conversaciones de los vecinos. Nadie parecía estar en la casa y sin embargo notaba una desconcertante presencia. Aguzó los sentidos. Si no podía oír, al menos podría oler e incluso entrar a mirar. Ya que no parecía haber nadie, sería el mejor momento para fisgonear. E intrigado por el olor que salía de la casa de Augusto, no pudiendo aguantar más la curiosidad, decidió entrar a curiosear. El cadáver se conservaba mejor de lo que cabía esperar para llevar oliendo tanto tiempo, y es que Augusto había aprendido algo de taxidermia, cuando era joven y había dejado a su mujer como un pájaro.

     
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      They were the five o’clock of the dawn. It had rained and the street appeared devastating and solitary. Augusto had a deplorable aspect when it was shown by the window. In fact everything in him was laborious, lamentable and devastating. A swollen glance and pusilánime and a great nose as a boot along with their extreme belly made feel to which it contemplated an instinctive repulsion to it. One deloused of immense legañas that to him the eyes covered and yawned with laziness. The ragged aspect was very in consonancia with its house. There were tins of beer thrown by the ground, accumulated dirty plates in a washbowl, enlodada lazy mud clothes randomly here and there, sinfín of knicks-knack mixed with food and alcohol bottles. Being inside, anyone could imagine without difficulty covacha of a pordiosero in a corner of a street of the suburb, when in fact it was a house whose outer aspect nobody had imagined the terrible thing, dirty and horrísono that it hid inside.
      Dragging the feet it entered the bathroom and without igniting the light one watched the mirror. It could not support it long time. Escupió in the cup of water but flemas fell in the ground next to a thrown towel. It would have to clean this sometimes, it thought, and it took the first drink from the day with which the mouth was rinsed. To half an hour it had exhausted the bottle. In the stairs one heard the doorman retire the dustbin of the street. It was shown by the peephole, like it always did, and it commented between teeth:
      – Damn excrement!
      By the window of the patio it heard like the old one of opposite made his depositions matutinal. A stupid smile crossed its face. Soon it placed the chin to him to “the relative”, who was embedded in the armchair. The relative smelled badly enough. In order to animate itself she took a drink. The varices of the cheeks and the nose were to point to take their habitual reddish and swollen color.
      It went out and it ignited means cigarette that found wire drawing in the sidewalk. Was put it in the lips and put the hands in the pockets. It smiled like an idiot with the inclined head.
      It always was walking to all sites, also to the work. That morning had to go to zone 3 of district 5. Was already known it of memory, today only had to sweep three streets and not very long, in addition, at the
      speed that he swept, would have finished to the two hours and could escape to the Crossbow. So it breathed deep and again a stupid smile filled its empty semblante. It was the face that put when it thought about the teats of Boni, as great as its head. And with the hands in the pocket one caressed the testicles.
      Nine Sundays to the street still is solitary and empty. If not outside of the street cleaners – it thought – the cities would be in favor desbordás of papers, butts and poops of dog, we could not live in them with as much excrement acumulá. It took a newspaper thrown and it doubled it with extreme care, like that doubles a baby savannah, and it introduced it in the pocket of the jacket. Soon it continued sweeping the butts. The dog poops not them mud – it said for himself.
      To eleven and quarter he was ready, according to him. It gave the last one pierced to the butt; it left the shovel and the broom within the small cart and, pushing it, went with diligence towards the Center.
      That day, very warm to be January, more soon finished the daily routine of the customary thing. Alpaca the doorman, was intranquilo of the habitual thing more. Its instinct of ferret said something to him that was not able to include/understand. It returned to raise to the stairs cleaning the banister rails, and stopping a little in each door. Nothing seemed outside the current, nevertheless did not finish brooding. Something indefinite that did not know to explain produced comecome to him. Strange silence. It could not listen to the
      conversations of the neighbors. Nobody seemed to be in the house and nevertheless it noticed an amazing presence. It sharpened the senses. If it could not hear, it could at least smell and to even enter to watch. Since it did not seem to have nobody, it would be the best moment to snoop. And intrigued by the scent that left the house of Augusto, not being able to hold plus the curiosity, it decided to enter to look around. The corpse was conserved better of which it was possible to hope to take smelling as much time, and is that Augusto had learned something of taxidermia, when he was young and it had left to his woman like a bird.

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      They were the five o’clock of the dawn. It had rained and the street appeared devastating and solitary. Augusto had a deplorable aspect when it was shown by the window. In fact everything in him was laborious, lamentable and devastating. A swollen glance and pusilánime and a great nose as a boot along with their extreme belly made feel to which it contemplated an instinctive repulsion to it. One deloused of immense legañas that to him the eyes covered and yawned with laziness. The ragged aspect was very in consonancia with its house. There were tins of beer thrown by the ground, accumulated dirty plates in a washbowl, enlodada lazy mud clothes randomly here and there, sinfín of knicks-knack mixed with food and alcohol bottles. Being inside, anyone could imagine without difficulty covacha of a pordiosero in a corner of a street of the suburb, when in fact it was a house whose outer aspect nobody had imagined the terrible thing, dirty and horrísono that it hid inside.
      Dragging the feet it entered the bathroom and without igniting the light one watched the mirror. It could not support it long time. Escupió in the cup of water but flemas fell in the ground next to a thrown towel. It would have to clean this sometimes, it thought, and it took the first drink from the day with which the mouth was rinsed. To half an hour it had exhausted the bottle. In the stairs one heard the doorman retire the dustbin of the street. It was shown by the peephole, like it always did, and it commented between teeth:
      – Damn excrement!
      By the window of the patio it heard like the old one of opposite made his depositions matutinal. A stupid smile crossed its face. Soon it placed the chin to him to “the relative”, who was embedded in the armchair. The relative smelled badly enough. In order to animate itself she took a drink. The varices of the cheeks and the nose were to point to take their habitual reddish and swollen color.
      It went out and it ignited means cigarette that found wire drawing in the sidewalk. Was put it in the lips and put the hands in the pockets. It smiled like an idiot with the inclined head.
      It always was walking to all sites, also to the work. That morning had to go to zone 3 of district 5. Was already known it of memory, today only had to sweep three streets and not very long, in addition, at the
      speed that he swept, would have finished to the two hours and could escape to the Crossbow. So it breathed deep and again a stupid smile filled its empty semblante. It was the face that put when it thought about the teats of Boni, as great as its head. And with the hands in the pocket one caressed the testicles.
      Nine Sundays to the street still is solitary and empty. If not outside of the street cleaners – it thought – the cities would be in favor desbordás of papers, butts and poops of dog, we could not live in them with as much excrement acumulá. It took a newspaper thrown and it doubled it with extreme care, like that doubles a baby savannah, and it introduced it in the pocket of the jacket. Soon it continued sweeping the butts. The dog poops not them mud – it said for himself.
      To eleven and quarter he was ready, according to him. It gave the last one pierced to the butt; it left the shovel and the broom within the small cart and, pushing it, went with diligence towards the Center.
      That day, very warm to be January, more soon finished the daily routine of the customary thing. Alpaca the doorman, was intranquilo of the habitual thing more. Its instinct of ferret said something to him that was not able to include/understand. It returned to raise to the stairs cleaning the banister rails, and stopping a little in each door. Nothing seemed outside the current, nevertheless did not finish brooding. Something indefinite that did not know to explain produced comecome to him. Strange silence. It could not listen to the
      conversations of the neighbors. Nobody seemed to be in the house and nevertheless it noticed an amazing presence. It sharpened the senses. If it could not hear, it could at least smell and to even enter to watch. Since it did not seem to have nobody, it would be the best moment to snoop. And intrigued by the scent that left the house of Augusto, not being able to hold plus the curiosity, it decided to enter to look around. The corpse was conserved better of which it was possible to hope to take smelling as much time, and is that Augusto had learned something of taxidermia, when he was young and it had left to his woman like a bird.

    • Azena el Permalink

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    • Ignacio el Permalink

      Joder que depresion

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      Joder que depresion

    • Ahasvero el Permalink

      LO ANOTO, AZENA!

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      LO ANOTO, AZENA!

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      Y QUÉ LO DIGAS, IGNACIO!

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      Y QUÉ LO DIGAS, IGNACIO!

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: cadáver, , , , ,   

    HUMOR 

    Comprendo que, a veces, añorar los vicios de un cadáver no es, ciertamente, buen camino de delicadezas y delicias. Tal vez para el delirio desesperado del desierto y sus despreciables entregas de folletines coránicos o bíblicos. Tal vez. Pero nunca para las dulzuras estelares de la gracia ingenua. Quizás, sí, para los grotescos ignorantes y gusanos que galopan a lomos de un hipódromo de holgazanes ideales, pero no para las plumas de náufragos nocturnos o risueños. No, no, nunca.

     
  • viva el Permalink |
    Etiquetas: cadáver, ,   

    NECROFILIA 6 

    Tras los consoladores babeantes,
    disipando los crueles desdenes de la edad,
    vaga el diván de los encantos prohibidos
    y al cobarde cadáver,
    que muestra y evapora la clara evidencia
    de su espanto,
    desea el negro, desdichado y disoluto
    espectro.

     
    • antonio el Permalink

      Barroco estamos y de difuntos.

    • antonio el Permalink

      Por cierto, como veo que te gustan las greguerías, te regalo una:
      La gente no debería acostarse a la 1 de la madrugada, que es una hora aguda e incómoda; mejor es hacerlo a las 2 que lleva almohada incluida.

      Saludos

    • Silent el Permalink

      mmmm tuve que registrarme para comentarte jejeje…

    • Silent el Permalink

      vale la pena.,… Saludos…

    • Ahasvero el Permalink

      Antonio, gracias por la greguería que, por cierto, es muy buena.

    • Ahasvero el Permalink

      Silent, saludos y perdón por el registro, es que me comía el spam y he tenido que adoptar una drástica medida de madero. Ahora ni spam, ni casi comentarios :-(

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: , cadáver, , , , , , , , , , ,   

    Afectos colaterales (2) 

    El soldado israelí inspeccionaba con escrúpulo funcionarial las ruinas de una casa de Beirut bombardeada por su unidad. No pudo dejar de sentir un misterioso estremecimiento cuando, entre el amasijo de escombros y vísceras removidas, contempló el cadáver de una hermosa joven libanesa. Su sangre teñía las piedras como las amapolas el aire de la primavera. Esa misma noche la poseyó en sus sueños con el desmayo de la desesperanza.

     
    • Ahasvero el Permalink

      Es monstruosa y realmente estremecedora esta prosa poética a pesar de que debe ser fingida, ¿no?

      Bienvenido de nuevo. Un besazo.

    • manuel moreno el Permalink

      Sí pero para variar con una errata, donde dice puedo debe decir pudo jajajaja, te agradecería, abusando como siempre de tu bondad, que me la corrigieras. A ver si me lo explicas y hacemos lo de las cartas, aquello que dijimos. Estaría divertido.
      Un abrazo.

    • manuel moreno el Permalink

      Ya no hace falta, qué bien, ya he aprendido y está corregido.
      Un beso.

    • Ahasvero el Permalink

      Estoy de prestado y no tengo acceso a las cartas ahora, pero no lo he olvidado. Por lo demás, me alegra que ya domines el backpage. Y gracias por tus alagos, me van a ruborizar…

  • viva el Permalink |
    Etiquetas: , cadáver, , , , , , ,   

    El carácter tipográfico 2 

    No me gustan las tachadas y dobles tachadas porque son palabras muertas, asesinadas con uno o dos trallazos por su autor o, peor aún, por otro. Están de cuerpo presente como un cadáver que ha de ser expuesto para que lo lloren pero que, si se dejan demasiado tiempo, huelen a muerto. Mas, en fin, son inevitables como la muerte para renovar la vida con sus cenizas y la poesía con sus hermanas supervivientes.

     
  • viva el Permalink |
    Etiquetas: cadáver,   

    Cadáver 

    Desnacido entrando en el útero de la nada

     
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