Burros

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La naturaleza con sus virus y sus pandemias ha querido dejarnos quedar como lo que somos, unos auténticos burros con bozal.

EL INTELECTUAL REPARTE PAN CON UN BURRO

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Me pareci√≥ que algo grave estaba pasando, mi abuelo, el intelectual, el culto, el ser extraordinario, ahora repart√≠a pan por las calles con un burro con aguaderas. Algo no cuadraba. Mi madre me cont√≥ que ahora el abuelo ten√≠a otro trabajo. Ya no trabajaba para √©l en la tienda. Trabajaba para el panadero del pueblo, repartiendo pan. Algo no me gust√≥ de aquello pero mi abuelo me dej√≥ subir al burro y dar una vuelta. √Čl parec√≠a triste y contento a la vez. Ahora recuerdo perfectamente su cara con esa gafas redondas que a√ļn conservo, y su aspecto enjuto, y su cuello arrugado de arriba a abajo, con una camisa blanca, pantalones de pana negra y un chaleco de rayas , vestido al estilo m√°s rural de los campesinos y no con su traje y su corbata como siempre hab√≠a vestido. O con su estilo de trabajo aunque m√°s aseado y se√Īorial de tendero de pueblo, con su librea de despacho de ultramarinos.

CAYENDO DEL BURRO

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Otra de mis m√°s tempranas experiencias tiene que ver con los burros y los abuelos. A veces no hay diferencia. Yo les tengo el mismo cari√Īo. Para empezar se parecen en algo. Ambas especies son de pelo suave y son tozudos. Y se les quiere, a pesar de todo, se les quiere mucho. Mi memoria guarda una extra√Īa imagen de aquel d√≠a porque el porrazo debi√≥ ser para dejarle a uno tonto -ahora me explico muchas cosas, la verdad. Yo iba montado en el burro de mi abuelo. No, esta vez no pens√©is mal, era de verdad su burro, no mi abuelo. Mi abuelo iba andando al lado, yo creo que un poco distra√≠do, pero esto lo supongo, no lo s√©. El caso en cuesti√≥n es que en menos de un segundo yo di un giro de 180 grados sobre la peluda panza del burro y ca√≠ de cabeza sobre el suelo, suelo de piedra y barro, por supuesto. Ni una maldita brizna de hierba hab√≠a en la calle, como era corriente en los caminos, para almohadillar mi blandito coco de beb√©, que a√ļn no tenia bien cerrada la mollera. El roc√≠n de mi abuelo era listo y afortunadamente par√≥ en seco y no me remat√≥ con sus pezu√Īas. As√≠ que, me libre del pateo. El que no pareci√≥ librarse del pateo verbal de mi madre fue su suegro, vamos, mi abuelo. “Pero como se le ocurre”, “Pa matar al ni√Īo”, “Est√° tonto” y en fin todas esas lindezas que se pueden descargar sobre el suegro, cuando la ha liado parda con un despiste y pierde de vista al inquieto mocoso al que le ha tocado cuidar ese aciago y rocinante d√≠a. Al parecer todo qued√≥ en un susto. Ya me lo explico, la cara de mi abuelo no volvi√≥ a ser la misma, las orejas eran m√°s grandes y peludas cada vez. Suaves y peludas como las de un platerillo silvestre. Y mi cabeza siempre ha conservado un promontorio en su cenit, duro como un ariete.

Si tiene usted un purasangre de carreras y…

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Si tiene usted un purasangre de carreras y lo ata a una noria, quiz√° tire tan bien como un burro, pero, en cualquier caso, siempre ser√° un buen despilfarro por el que se le juzgar√° mal. Sin embargo, si tiene usted un burro y logra hacerlo correr en cualquier hip√≥dromo, quedar√° el √ļltimo, ¬Ņqu√© esperaba?, pero nunca ser√° tan grande el rid√≠culo como la celebridad que implica semejante majader√≠a.
Por eso, la cuestión no es lo que tengas, sino lo que haces con ello.
Por eso, la cuestión no es lo que despilfarres, sino cómo lo hagas.
Por eso, la cuesti√≥n no es… que ya vale, cojones, que ya lo hemos cogido…

Siri (Iphone 4s)

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P: Teletranspórtame.

R: OK. Quédese quieto.

P: ¬ŅEstoy gorda?

R: Prefiero no decir.

P: ¬ŅQu√© llevas puesto?

R: Tienes al asistente personal incorrecto.

P: Siri, ¬Ņcu√°l es el significado de la vida?

R: No puedo contestar eso ahora, pero deme algo de tiempo para escribir una obra muy larga en la que nada suceda.

P: Siri, hazme un s√°ndwich.

R: No s√© qu√© quiere decir con ‚ÄúSiri, hazme un s√°ndwich‚ÄĚ.

P: ¬ŅPuedes contarme un chiste?

R: Realmente no s√© ning√ļn buen chiste. Ninguno, de hecho.

P: ¬ŅPuedes contarme un mal chiste?

R: Dos iPhones entran en un bar… Olvidé el resto.

P: Me aburro.

R: ¬ŅTe aburro?

P: Tengo sue√Īo.

R: Espero que no esté conduciendo.

P: ¬ŅCu√°l es un buen lugar para emborracharse por aqu√≠?

R: He encontrado una serie de bares muy cerca de ti. Los he ordenado por puntuación.

P: Muy bien. Ahora tengo resaca.

R: He encontrado una serie de bares muy cerca de ti. Los he ordenado por puntuación.

P: El rey de Parangaricutirimicuaro quiere que lo desparangaricutirimicuen, quién lo desparangaricutirimicuará?

R: ¬ŅNo tienes nada mejor que hacer?

via https://keor4ever.wordpress.com/2011/10/18/el-buen-humor-de-siri/

rueda y cabeza de animal

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Me despertaron los ruidos de abajo, las voces que ascendían por la escalera. Todo parecía provenir de mundos paralelos, alejados de mi conciencia por escalones infranqueables, y el desasosiego no se hizo esperar. La amargura viajaba en ascensor hacia mi habitáculo. La mal engrasada rueda del ascensor gritaba, al girar, como un agorero y, en el centro de aquel cubículo ascendente, la cabeza de aquel asno se me ofrecía en una bandeja. Ascendía del abismo como un viento transportado desde un cuento de hadas, hacia mí misma que, agitada, pasaba con ansiedad las hojas del libro para llegar al final de aquella historia.

Alquimia

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Alquimia es la ablución del águila, tan necesaria para que sus alas den al andrógino la sustancia de un ángel entre los animales que graznan en este árbol anidado, a partes iguales, por el asno y el caballero.
Es el caos del color del corazón y la cruz para el despedazamiento, en el que hacer la digestión es como tragarse a un dragón vomitando fuego en la escalera invertida de un ave Fénix que resurge y vuela de flor en flor por todo el globo, anunciando su gráfico caminar de letras hacia la luna.
Es el mandala sagrado de Mercurio, que en su multiplicidad de ni√Īo vuela como un p√°jaro, y convierte a una piedra en sutil primera materia, no tanto por sus procesos f√≠sicos, sino por la bondad infinita de la rueda, serpiente cuyo signo y destino es un sol √ļnico y ternario.

PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL

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monje Es extra√Īo las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quiz√°s, si lo hubiera pensado seriamente, no estar√≠a aqu√≠. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el T√≠bet, aunque ni rastro de Leonard por ning√ļn sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sue√Īos siempre se cumplieran al rev√©s. Yo ten√≠a que venir aqu√≠ a desaparecer despu√©s de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¬ŅA d√≥nde voy yo despu√©s? Las Bahamas no son tan baratas. Mir√≥ a trav√©s de la ventana del hotel -si es que pod√≠a llamarse as√≠ a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese s√≠ que ha venido -pens√≥, dibujando de nuevo su est√ļpida sonrisa. Este es un buen augurio -pens√©.

En la recepci√≥n le hab√≠an dejado una nota. Se mosque√≥. Qui√©n co√Īo sab√≠a que estaba all√≠. Alguien sab√≠a sus intenciones y ahora tendr√≠a que cambiar de nuevo sus planes. ¬ŅNo habr√°s sido t√ļ, eh, imb√©cil? Abri√≥ el sobre. Contuvo la respiraci√≥n. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respir√≥. En √©l le indicaba el contacto que le llevar√≠a a la casa de Alfredo en el T√≠bet. Llevar√° una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estar√° esper√°ndote en la recepci√≥n. √Čl te conducir√° hasta la casa. Qu√© jod√≠o, el t√≠o. Lo tiene todo controlado. Efectivamente all√≠ estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en √©l.
Abri√≥ el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atr√°s. Sin mediar palabra alguna el oriental arranc√≥ el coche y se dirigi√≥ a la salida m√°s estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo hab√≠a imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dol√≠a respirarlo. No hab√≠a estorbos. No hab√≠a edificios. No hab√≠a basura. No hab√≠a imb√©ciles. Nada que ver con Madrid. S√≥lo esas monta√Īas blancas de fondo.

Abri√≥ la ventanilla hasta que el fr√≠o penetr√≥ en sus pulmones. Le dol√≠a el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguant√≥ las g√©lidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomod√≥ un poco pero trat√≥ de olvidarlo. Parec√≠a sonre√≠r con esa enigm√°tica sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qu√© hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos t√≠os. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Despu√©s de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el T√≠bet -pens√©. No soportar√≠a esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplic√°ndose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de b√ļfalos o algo por el estilo ‚Äďhe de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonre√≠r as√≠ -pens√©. Y me tranquilic√© de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo m√°s inc√≥modo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me tem√≠a lo peor. Me ve√≠a empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parec√≠a preocuparse. Segu√≠a impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. As√≠ que me relaj√©. Justo en ese momento el coche par√≥. No. Mierda. Me lo tem√≠a. Cog√≠ los guantes, dispuesto a empujar. El oriental baj√≥ y para mi sorpresa y alivio me indic√≥ con gestos que hab√≠amos llegado. Se√Īal√≥ con el brazo hacia un claro del bosque y tambi√©n que deb√≠a seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kil√≥metro de all√≠. El tipo se meti√≥ en el coche y dando media vuelta se alej√≥ de nuevo por el mismo camino que hab√≠a venido. Mi aut√©ntica sonrisa de est√ļpido se congel√≥ en mi cara.
tienda
Llegu√© a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de caba√Īa de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores n√≥madas de piel de b√ļfalo, como las que hab√≠a visto en el camino. Aprovech√© para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sent√≠a observado, quiz√°s desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqu√© en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parec√≠a haber nadie en ellas. Busqu√© en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa segu√≠a all√≠. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. As√≠ que lo hice. Llam√© a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedi√≥ a mis coscorrones. Nadie parec√≠a darse por enterado. No contestaba nadie. ¬ŅHola? -dije. ¬ŅHola? ¬ŅHay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que m√°s luz parec√≠a ofrecer. Igualmente sin ning√ļn resultado. ¬ŅAlfredo? ¬ŅHay alguien? Recorr√≠ toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aqu√≠. Nadie por all√≠. Nadie. ¬ŅQu√© co√Īo de broma es esta? -pens√©. As√≠ que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cad√°ver. ¬°Joder!
El cad√°ver est√° boca abajo. Una nota en su espalda escrita en may√ļsculas y en perfecto espa√Īol dice: Por favor, no hables de m√≠. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qu√© co√Īo es todo esto. Qu√© clase de broma macabra me est√°n gastando. Levanto un poco el cad√°ver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este t√≠o. Bonita situaci√≥n. A ver qu√© hago yo ahora. Lejos de toda civilizaci√≥n. Sin ning√ļn medio de transporte. Sin tel√©fono. Sin saber d√≥nde estoy. Sin nada de nada. Con un cad√°ver que no se qui√©n es, ni qui√©n co√Īo lo ha matado, ni porqu√©. Definitivamente algo funciona al rev√©s.
Lo m√°s gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un malet√≠n bajo sus piernas. Y ¬ŅA que no adivinas, imb√©cil, que contiene el malet√≠n? Un jodido mill√≥n de euros en billetes peque√Īos. ¬ŅEl jodido mill√≥n de euros que mi jefe me hab√≠a prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo ten√≠a que ver a Alfredo para acabar el trabajito con √©l. Se supone que no hab√≠a nadie muerto todav√≠a. Que no iba a tener el mill√≥n hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podr√© vigilar al cad√°ver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el malet√≠n y a salir corriendo. Cu√°l no ser√° mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mism√≠sima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cad√°ver, el malet√≠n y no se qu√© otra cosa m√°s -vaya despiste el m√≠o- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo m√°s m√≠nimo, el t√≠o. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya d√≠a que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el malet√≠n y … lo que sea. As√≠ de fresco. Sin m√°s explicaci√≥n. Ahora s√≠ que no entiendo nada. As√≠ que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aqu√≠ colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cad√°ver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a m√≠ mismo sinti√©ndome el m√°s est√ļpido de los hombres.
Es in√ļtil contar c√≥mo y cu√°nto tiempo me llev√≥ salir de all√≠, gracias a los pastores n√≥madas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepci√≥n me avisan de que la polic√≠a est√° esperando en mi habitaci√≥n. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra m√≠, no estar√≠an avis√°ndome ahora de ello -pienso. As√≠ que decido subir a mi magn√≠fica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todav√≠a. Lo mejor es comportarse con sangre fr√≠a y averiguar qu√© quieren, qu√© saben o qu√© quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusi√≥n en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitaci√≥n. Mosqueo… ¬ŅSer√° en mi habitaci√≥n? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusi√≥n sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qu√©, pero, ahora s√≠, estoy seguro que es en mi habitaci√≥n. Vaya, alguien est√° organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez s√≠. ¬ŅNo me estaban esperando? ¬ŅSer√© el invitado o el anfitri√≥n? De pronto dos disparos me dejan m√°s tieso que el rabo de un potro en celo. Se acab√≥ la fiesta. ¬ŅSon los cohetes finales? ¬ŅO m√°s bien la fiesta s√≥lo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusi√≥n ha cesado. Durante un largo rato, que a m√≠ me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¬ŅEstar√°n todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de car√°cter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aqu√≠ hasta que sepa a qu√© atenerme.

NEFASTISSIMUS

greguerías

thieves clamber, unborn
agile pensive sailboat rolls
blankly, burrowing
necromancers ill
numbly, scavengers rise, loud
fiendish answers flirt
hoping humbly, lame
cumbersome starflowers jab
black simple sleepless
songbirds adorn, streams
rattling indolent red preys
squirming, purring plow
noisily oozing
earthworm roars sadly, apple
wailing faintly, moist.

THE END

haikus

thieves clamber, unborn
agile pensive sailboat rolls
blankly, burrowing

necromancers ill
numbly, scavengers rise, loud
fiendish answers flirt

hoping humbly, lame
cumbersome starflowers jab
black simple sleepless

songbirds adorn, streams
rattling indolent red preys
squirming, purring plow

noisily oozing
earthworm roars sadly, apple
wailing faintly, moist

Saludos a innisfree1916.

LA OTRA GLORIA

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Yo era aquel ni√Īo que trillaba al amanecer de aquel d√≠a amarillo de agosto que ascend√≠a en forma de pajas secas desde la parva a las orejas. Era el √ļltimo verano antes de irme al seminario. Mi padre y mis t√≠os segu√≠an a√ļn trillando en la era de mi abuelo con m√©todos medievales: una parva; una trilla tirada por un burro; un burro conducido por un ni√Īo; un ni√Īo que sal√≠a del m√°s r√ļstico de los veranos para ir a un seminario postconciliar que acabar√≠a dejando por un instinto m√°s at√°vico y poderoso: se llamaba Gloria y su cuerpo ten√≠a un aspecto bastante m√°s carnal e incre√≠ble que la del cielo.

Ella me sac√≥ por primera vez de mi infantil estupor, transport√°ndome a una ciudad provinciana que aspiraba a la vanguardia de los cafetines y en el fondo m√°s cateta que yo. Al menos as√≠ lo ve√≠a yo en aquel momento. Recuerdo con v√≠vida timidez el d√≠a en que vino convertida de una adolescente en una sensual mujer, s√≥lo para impresionarme. Fue en una clase de arte, la primera de la ma√Īana. Las iron√≠as de los chicos y las c√≥mplices sonrisas de las otras chicas, expresando todos ellos como una pareja colectiva lo que ni Gloria ni yo pudimos expresar. Fue otro d√≠a de calor como aquel en que trillaba en una interminable y medieval parva y en la entrepierna notaba hervir algo nuevo y placentero, como un nacimiento al desierto. El sol irradiaba desde ese nuevo centro, ahora ya no como un problema de enuresis infantil sino como un calor que hac√≠a palpitar el torso erizado con una intensidad de v√©rtigo. Desnudo en un desierto por primera vez, abras√°ndome en la promesa de un cuerpo voluptuoso de mujer reci√©n salida de la adolescencia.

Lleg√≥ vestida con una enorme capa y un peinado alisado y voluminoso, pintada de carm√≠n y colorete; sombra de ojos y u√Īas salvajemente rojas. Al despojarse de la capa puso al descubierto su escultural cuerpo ya maduro y unas piernas para desmayarse. Mi imaginaci√≥n complet√≥ el resto y empec√© a verla vestirse: primero las bragas negras y caladas que ce√Ī√≠an su monte de venus y su rajita humedeci√©ndose de placer; luego un sujetador ajustad√≠simo que elevaba sus apuntados pezones; unas medias envainando sus piernas obscenamente. Seguramente unas ligas a las que me hubiera gustado reemplazar con mis manos‚Ķ

Se sent√≥ a mi lado y mi cuerpo temblaba eriz√°ndome el vello a oleadas fr√≠as y calientes. Todos sonre√≠an sin atreverse a hacer ning√ļn comentario hasta que el profesor de arte, que preparaba las filminas de la sesi√≥n, rompi√≥ el silencio y coment√≥: te has puesto varios a√Īos encima. Est√° guap√≠sima, comentaron inmediatamente sus amigas que en todo momento proteg√≠an a Gloria con su complicidad. Miraban mis reacciones, delegadas quiz√°s por ella para que luego le contasen mi azorada reacci√≥n. Entretanto ella intentaba hablar conmigo de algo. ¬ŅEst√° libre este asiento?. S√≠, s√≠, claro. Aunque yo sab√≠a que Pepe querr√≠a sentarse donde siempre. C√≥mo vienes hoy, coment√© en voz baja. No, normal‚Ķ muchas veces me visto as√≠‚Ķ, dijo. Me hubiera gustado decirle que estaba guap√≠sima, que me apetec√≠a besarla y abrazarla, pero me lo imped√≠a mi terrible timidez y me conform√© con imaginarlo. Un leve e imperceptible suspiro se escap√≥ de ambos. Otra vez ser√°, pens√© que dec√≠a, pero de nuevo debi√≥ ser mi imaginaci√≥n.

¬ŅEsa es Gloria?, coment√≥ la enorme foca que acababa de llegar, como siempre tarde. Joder, chica, c√≥mo te has puesto, ¬ŅVas de fiesta a estas horas? Se sent√≥ al final haciendo comentarios en voz baja. Luego con un tono claramente audible dijo: ¬°Ah, claro, el Carlos‚Ķ ¬°jolines! Me volv√≠ hacia ella y con una mirada asesina le hice callar. La hipop√≥tama baj√≥ la cabeza.

He olvidado por completo cual era el tema de la clase de arte, si es que alguna vez lo supe, que por fin dio comienzo. Yo continu√©, erizado el vello, transportado a los m√°s c√°lidos y hermosos d√≠as de mi ni√Īez. D√≠as radiantes y azules, transparentes como el agua de los sue√Īos en que sientes que tu cuerpo flota sumergido, se eleva, vuela caprichosamente, con la levedad de lo imperceptible y recordando -o quiz√°s imaginando- su carnal y glorioso culo de piel melocot√≥n retozando en mis manos sobre las s√°banas. En la otra Gloria.