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    Marzo 

    ¬ŅDestino? ¬ŅAlmas gemelas? ¬ŅAmor verdadero? ¬ŅA√ļn vives en la Edad Media?
    Se llenó el cosmos de preguntas y quisimos responderlas a todas. No hay respuestas. Sólo preguntas. Sólo el vacío nos inunda.
    El problema es que no hay tiempo para todos los “T√ļ”. Y no todos los versos son de m√°rmol, ni todos los pensamientos son p√°jaros.
    El roce de tu piel es como brisa fresca de verano. El brillo de tus ojos como el amanecer de un ni√Īo. Eres todo poes√≠a en mi recuerdo.
    El goteo de luz de su mirada. Los profundos mares de su ausencia. La limosna de la yema de sus dedos. Los silencios oscuros de sus labios.
    Rozar tu piel y no alcanzarte es espejismo de locura. Y respirar el aire que respiras es como el fuego del desierto que me abrasa.
    Las penas flotan por ti en el mar de la distancia incomprensible y en el oscuro bosque de la ausencia como infinita niebla.
    Si amas la rosa en su frescura, aprender√°s a amarla ya seca y marchita.
    Moriré de pena sin tu amor.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres t√ļ.
    Inalcanzable como una estrella, tan distante como el fondo del mar, invisible como el aire, pr√°cticamente nada…
    El esperpento de un esperpento es la realidad.
    Son fríos los cuchillos del amor como frío es el viento de esta tarde.
    No me sigas, no. No me sigas si no has venido a quedarte. S√≥lo el que se queda puede llenar el vac√≠o… …para siempre.
    Qu√© bello el infinito abismo, oscuro y limpio como la muerte…
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Vosotros que admir√°is la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¬ŅQu√© sab√©is de belleza y de dolor?
    Se apagó el cigarro del día y para siempre será el cadáver y las cenizas de un poema. (A Leopoldo María Panero)
    Quiero besar la luna en tus labios.
    Tus labios tienen hoy brillo de luna.
    La melancolía es el arpa del corazón acorazado.
    Ama. Todo lo demás es etcétera.
    Mi destino es ser quien soy. ¬ŅSe ha terminado el camino?
    Se llenó de tristeza el ojo enamorado, se llenó de amor el ojo triste.

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    Confesiones 

    raza quiz√° nueva calvero c√°lidos contemplaci√≥n crueles describir humana bosque aunque Sat√°n espero saqueadores ofrezco hesp√©rides separ√© importancia quemar√° para promesas cielos acostumbrar√© comercio forzado dom√©stica cedido busca acab√© mangas porvenir arrojo repugnancias caldo exasperada causa so√Īando rayo aparec√≠a despreocupaciones limbos fogatas inspirado parte ciza√Īa innobles parece embarcado trabajar√© almita llegue bella descriptivas segura reina simple desvelar llama revoluciones vivir claridad noches sequ√© saberlo desesperaci√≥n llaves separaciones letrero cazar sent√© pa√≠s m√≠o parar fumar tap√°ndome pastores sufrimiento movimiento apenas fuera confiad armas holgazanes alegres

     
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    DOCTOR 

    ‚ÄĒHemos perdido los an√°lisis de su mujer y no sabemos si tiene SIDA o Alzheimer.
    ‚ÄĒ¬ŅY qu√© hago, doctor?
    ‚ÄĒD√©jela en un bosque, si regresa, no se la folle.

     
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    ‚ÄĒHemos perdido los an√°lisis de su mujer y… 

    ‚ÄĒHemos perdido los an√°lisis de su mujer y no sabemos si tiene SIDA o Alzheimer.
    ‚ÄĒ¬ŅY qu√© hago, doctor?
    ‚ÄĒD√©jela en un bosque, si regresa, no se la folle.

     
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    EXT. BOSQUE. D√ćA 

    √°rboles…
    √°rboles en la niebla,
    mudos √°rboles frente a la tierra,
    sierra vacía y sin gente.
    en blanco y negro,
    monta√Īa negra.

     
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    ¬ŅEscritor amateur de excursi√≥n Cervantillo del Bosque 

    ¬ŅEscritor amateur de excursi√≥n? Cervantillo del Bosque

     
    • viva el S√°bado Permalink | Responder

      Qué greguería tan buena!

    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el S√°bado Permalink | Responder

      ¬°Mi cuaderno est√° en blanco! Fueron las letras las excursionistas, y se hallan en el bosque de los libros ajenos.

    • Alvaro Urkiza el S√°bado Permalink | Responder

      ¬ŅDisney de Oro? Bambi de los Ingenios

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    Llueve silencio en el bosque misterioso de hojas… 

    Llueve silencio
    en el bosque misterioso
    de hojas amarillas.

     
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    Los ocres 

    Sobre los √°lamos blancos
    el bosque enciende las velas
    y a cristalinas riberas
    ocres de oto√Īo le presta.

     
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    Para Xarleen 

    Tu aliento me sostiene en este bosque frío,
    oh blanca muchacha de los cielos xarleenes.
    En tu monte de Venus cohabitar√° mi mano
    con los memes sin nombre de mis labios
    y, en mis brazos, tu sexo cesar√° de su lucha;
    yo escucharé el poema de tus labios vaginales
    mientras el diablo en la Gloria
    sufrir√° los terribles tormentos
    por no poder dormir en tus pechos,
    esas dunas de arena y erótica luz
    que aborrecen la fétida sopa.

     
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    Ely Star 

    La mara√Īa de datos no me deja ver el bosque. Inmersa en su follaje.

     
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    Star, Ely 

    La mara√Īa de datos no me deja ver el bosque. Inmersa en su follaje.

     
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    Zimmer, Heinrich 

    —He de reconocer que hoy estoy realmente perdida. Mi impaciencia s√≥lo favorece al culpable.

     
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    La heredera de Aquiles 

    Pero hete aqu√≠ que aquel or√°culo de la desdicha se√Īala los peligros y algo indefinido sobre ciertas alucinaciones en las que, mientras est√°s atrapada hasta las axilas, surgen del mar nuevas naves con cascos abollados que desembarcan en el puerto. Entonces, las rezagadas muchachas sufrimos los espantosos estragos de sus huestes por todo el pa√≠s.
    Me revolcar√© en el fango para camuflarme, pienso yo. Y, mientras dejo el arco sobre el suelo, les veo acercarse marcial y sigilosamente. Con aquella insoportable tensi√≥n mis m√ļsculos se agarrotan. No podr√≠a describir algo m√°s real y terror√≠fico que aquellas guerreras moscas abati√©ndose sobre m√≠. No puede ser humana esta alucinaci√≥n, pienso yo. Al fin, me tiendo sobre el fango, pues ya mis piernas me han dado permiso para hacerlo. Oigo adem√°s, mientras casi me alcanzan, consejos susurrados por el bosque que se encuentra a mi espalda. Ya nada importa, me dice un viejo √°rbol, c√ļbrete bien con el barro milagroso de Aquiles, una gloriosa y larga vida te espera.

     
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    Heinrich Zimmer 

    El bosque se interna en √©l a trav√©s de sus cabellos -he de aclarar que no siempre es el portador del caduceo pero la seguridad de su porte le da un color especial y, aquel miedo ancestral al despedazamiento que todos llevamos dentro, es conjurado por un disfraz mucho m√°s aterrador a√ļn.
    Atravesamos la isla con el mandala pero no hallamos rastro de la máscara maldita. El Océano nos rodea como el aire a un pájaro indefenso, como una serpiente constrictor a su presa.
    Y es de nuevo el tridente de Neptuno el que se clava en la t√ļnica. Y Zimmer se desmaya.

    He de reconocer que estoy realmente perdida. Mi impaciencia sólo favorece al culpable.

     
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    Setas 

    Las setas son los churumbeles de un bosque alucinógeno.

     
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    Aullido 

    All√≠ qued√≥ el aullido del lobo, desgarrando el coraz√≥n del bosque…

     
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    PANDEMONIA 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,
    al cobijo de tus brazos,
    al calor de tu fogón.

     
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    Salgo‚Ķ 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,

     
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    Salgo… 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,
    al cobijo de tus brazos,
    al calor de tu fogón.

     
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    Salgo al bosque como un cervatillo perdido que… 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,
    al cobijo de tus brazos,
    al calor de tu fogón.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    Es extra√Īo las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quiz√°s, si lo hubiera pensado seriamente, no estar√≠a aqu√≠. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el T√≠bet, aunque ni rastro de Leonard por ning√ļn sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sue√Īos siempre se cumplieran al rev√©s. Yo ten√≠a que venir aqu√≠ a desaparecer despu√©s de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¬ŅA d√≥nde voy yo despu√©s? Las Bahamas no son tan baratas. Mir√≥ a trav√©s de la ventana del hotel -si es que pod√≠a llamarse as√≠ a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese s√≠ que ha venido -pens√≥, dibujando de nuevo su est√ļpida sonrisa. Este es un buen augurio -pens√©.

    En la recepci√≥n le hab√≠an dejado una nota. Se mosque√≥. Qui√©n co√Īo sab√≠a que estaba all√≠. Alguien sab√≠a sus intenciones y ahora tendr√≠a que cambiar de nuevo sus planes. ¬ŅNo habr√°s sido t√ļ, eh, imb√©cil? Abri√≥ el sobre. Contuvo la respiraci√≥n. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respir√≥. En √©l le indicaba el contacto que le llevar√≠a a la casa de Alfredo en el T√≠bet. Llevar√° una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estar√° esper√°ndote en la recepci√≥n. √Čl te conducir√° hasta la casa. Qu√© jod√≠o, el t√≠o. Lo tiene todo controlado. Efectivamente all√≠ estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en √©l.
    Abri√≥ el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atr√°s. Sin mediar palabra alguna el oriental arranc√≥ el coche y se dirigi√≥ a la salida m√°s estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo hab√≠a imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dol√≠a respirarlo. No hab√≠a estorbos. No hab√≠a edificios. No hab√≠a basura. No hab√≠a imb√©ciles. Nada que ver con Madrid. S√≥lo esas monta√Īas blancas de fondo.

    Abri√≥ la ventanilla hasta que el fr√≠o penetr√≥ en sus pulmones. Le dol√≠a el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguant√≥ las g√©lidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomod√≥ un poco pero trat√≥ de olvidarlo. Parec√≠a sonre√≠r con esa enigm√°tica sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qu√© hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos t√≠os. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Despu√©s de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el T√≠bet -pens√©. No soportar√≠a esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplic√°ndose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de b√ļfalos o algo por el estilo ‚Äďhe de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonre√≠r as√≠ -pens√©. Y me tranquilic√© de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo m√°s inc√≥modo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me tem√≠a lo peor. Me ve√≠a empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parec√≠a preocuparse. Segu√≠a impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. As√≠ que me relaj√©. Justo en ese momento el coche par√≥. No. Mierda. Me lo tem√≠a. Cog√≠ los guantes, dispuesto a empujar. El oriental baj√≥ y para mi sorpresa y alivio me indic√≥ con gestos que hab√≠amos llegado. Se√Īal√≥ con el brazo hacia un claro del bosque y tambi√©n que deb√≠a seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kil√≥metro de all√≠. El tipo se meti√≥ en el coche y dando media vuelta se alej√≥ de nuevo por el mismo camino que hab√≠a venido. Mi aut√©ntica sonrisa de est√ļpido se congel√≥ en mi cara.

    Llegu√© a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de caba√Īa de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores n√≥madas de piel de b√ļfalo, como las que hab√≠a visto en el camino. Aprovech√© para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sent√≠a observado, quiz√°s desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqu√© en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parec√≠a haber nadie en ellas. Busqu√© en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa segu√≠a all√≠. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. As√≠ que lo hice. Llam√© a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedi√≥ a mis coscorrones. Nadie parec√≠a darse por enterado. No contestaba nadie. ¬ŅHola? -dije. ¬ŅHola? ¬ŅHay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que m√°s luz parec√≠a ofrecer. Igualmente sin ning√ļn resultado. ¬ŅAlfredo? ¬ŅHay alguien? Recorr√≠ toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aqu√≠. Nadie por all√≠. Nadie. ¬ŅQu√© co√Īo de broma es esta? -pens√©. As√≠ que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cad√°ver. ¬°Joder!
    El cad√°ver est√° boca abajo. Una nota en su espalda escrita en may√ļsculas y en perfecto espa√Īol dice: Por favor, no hables de m√≠. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qu√© co√Īo es todo esto. Qu√© clase de broma macabra me est√°n gastando. Levanto un poco el cad√°ver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este t√≠o. Bonita situaci√≥n. A ver qu√© hago yo ahora. Lejos de toda civilizaci√≥n. Sin ning√ļn medio de transporte. Sin tel√©fono. Sin saber d√≥nde estoy. Sin nada de nada. Con un cad√°ver que no se qui√©n es, ni qui√©n co√Īo lo ha matado, ni porqu√©. Definitivamente algo funciona al rev√©s.
    Lo m√°s gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un malet√≠n bajo sus piernas. Y ¬ŅA que no adivinas, imb√©cil, que contiene el malet√≠n? Un jodido mill√≥n de euros en billetes peque√Īos. ¬ŅEl jodido mill√≥n de euros que mi jefe me hab√≠a prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo ten√≠a que ver a Alfredo para acabar el trabajito con √©l. Se supone que no hab√≠a nadie muerto todav√≠a. Que no iba a tener el mill√≥n hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podr√© vigilar al cad√°ver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el malet√≠n y a salir corriendo. Cu√°l no ser√° mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mism√≠sima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cad√°ver, el malet√≠n y no se qu√© otra cosa m√°s -vaya despiste el m√≠o- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo m√°s m√≠nimo, el t√≠o. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya d√≠a que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el malet√≠n y … lo que sea. As√≠ de fresco. Sin m√°s explicaci√≥n. Ahora s√≠ que no entiendo nada. As√≠ que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aqu√≠ colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cad√°ver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a m√≠ mismo sinti√©ndome el m√°s est√ļpido de los hombres.
    Es in√ļtil contar c√≥mo y cu√°nto tiempo me llev√≥ salir de all√≠, gracias a los pastores n√≥madas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepci√≥n me avisan de que la polic√≠a est√° esperando en mi habitaci√≥n. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra m√≠, no estar√≠an avis√°ndome ahora de ello -pienso. As√≠ que decido subir a mi magn√≠fica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todav√≠a. Lo mejor es comportarse con sangre fr√≠a y averiguar qu√© quieren, qu√© saben o qu√© quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusi√≥n en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitaci√≥n. Mosqueo… ¬ŅSer√° en mi habitaci√≥n? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusi√≥n sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qu√©, pero, ahora s√≠, estoy seguro que es en mi habitaci√≥n. Vaya, alguien est√° organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez s√≠. ¬ŅNo me estaban esperando? ¬ŅSer√© el invitado o el anfitri√≥n? De pronto dos disparos me dejan m√°s tieso que el rabo de un potro en celo. Se acab√≥ la fiesta. ¬ŅSon los cohetes finales? ¬ŅO m√°s bien la fiesta s√≥lo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusi√≥n ha cesado. Durante un largo rato, que a m√≠ me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¬ŅEstar√°n todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de car√°cter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aqu√≠ hasta que sepa a qu√© atenerme.

     
    • Umar el Jueves Permalink | Responder

      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Umar el Jueves Permalink | Responder

      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el Jueves Permalink | Responder

      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

    • Ahasvero el Jueves Permalink | Responder

      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

  • viva el Friday Permalink | Responder
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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extra√Īo las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quiz√°s, si lo hubiera pensado seriamente, no estar√≠a aqu√≠. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el T√≠bet, aunque ni rastro de Leonard por ning√ļn sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sue√Īos siempre se cumplieran al rev√©s. Yo ten√≠a que venir aqu√≠ a desaparecer despu√©s de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¬ŅA d√≥nde voy yo despu√©s? Las Bahamas no son tan baratas. Mir√≥ a trav√©s de la ventana del hotel -si es que pod√≠a llamarse as√≠ a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese s√≠ que ha venido -pens√≥, dibujando de nuevo su est√ļpida sonrisa. Este es un buen augurio -pens√©.

    En la recepci√≥n le hab√≠an dejado una nota. Se mosque√≥. Qui√©n co√Īo sab√≠a que estaba all√≠. Alguien sab√≠a sus intenciones y ahora tendr√≠a que cambiar de nuevo sus planes. ¬ŅNo habr√°s sido t√ļ, eh, imb√©cil? Abri√≥ el sobre. Contuvo la respiraci√≥n. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respir√≥. En √©l le indicaba el contacto que le llevar√≠a a la casa de Alfredo en el T√≠bet. Llevar√° una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estar√° esper√°ndote en la recepci√≥n. √Čl te conducir√° hasta la casa. Qu√© jod√≠o, el t√≠o. Lo tiene todo controlado. Efectivamente all√≠ estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en √©l.
    Abri√≥ el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atr√°s. Sin mediar palabra alguna el oriental arranc√≥ el coche y se dirigi√≥ a la salida m√°s estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo hab√≠a imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dol√≠a respirarlo. No hab√≠a estorbos. No hab√≠a edificios. No hab√≠a basura. No hab√≠a imb√©ciles. Nada que ver con Madrid. S√≥lo esas monta√Īas blancas de fondo.

    Abri√≥ la ventanilla hasta que el fr√≠o penetr√≥ en sus pulmones. Le dol√≠a el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguant√≥ las g√©lidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomod√≥ un poco pero trat√≥ de olvidarlo. Parec√≠a sonre√≠r con esa enigm√°tica sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qu√© hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos t√≠os. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Despu√©s de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el T√≠bet -pens√©. No soportar√≠a esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplic√°ndose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de b√ļfalos o algo por el estilo ‚Äďhe de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonre√≠r as√≠ -pens√©. Y me tranquilic√© de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo m√°s inc√≥modo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me tem√≠a lo peor. Me ve√≠a empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parec√≠a preocuparse. Segu√≠a impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. As√≠ que me relaj√©. Justo en ese momento el coche par√≥. No. Mierda. Me lo tem√≠a. Cog√≠ los guantes, dispuesto a empujar. El oriental baj√≥ y para mi sorpresa y alivio me indic√≥ con gestos que hab√≠amos llegado. Se√Īal√≥ con el brazo hacia un claro del bosque y tambi√©n que deb√≠a seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kil√≥metro de all√≠. El tipo se meti√≥ en el coche y dando media vuelta se alej√≥ de nuevo por el mismo camino que hab√≠a venido. Mi aut√©ntica sonrisa de est√ļpido se congel√≥ en mi cara.
    tienda
    Llegu√© a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de caba√Īa de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores n√≥madas de piel de b√ļfalo, como las que hab√≠a visto en el camino. Aprovech√© para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sent√≠a observado, quiz√°s desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqu√© en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parec√≠a haber nadie en ellas. Busqu√© en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa segu√≠a all√≠. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. As√≠ que lo hice. Llam√© a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedi√≥ a mis coscorrones. Nadie parec√≠a darse por enterado. No contestaba nadie. ¬ŅHola? -dije. ¬ŅHola? ¬ŅHay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que m√°s luz parec√≠a ofrecer. Igualmente sin ning√ļn resultado. ¬ŅAlfredo? ¬ŅHay alguien? Recorr√≠ toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aqu√≠. Nadie por all√≠. Nadie. ¬ŅQu√© co√Īo de broma es esta? -pens√©. As√≠ que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cad√°ver. ¬°Joder!
    El cad√°ver est√° boca abajo. Una nota en su espalda escrita en may√ļsculas y en perfecto espa√Īol dice: Por favor, no hables de m√≠. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qu√© co√Īo es todo esto. Qu√© clase de broma macabra me est√°n gastando. Levanto un poco el cad√°ver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este t√≠o. Bonita situaci√≥n. A ver qu√© hago yo ahora. Lejos de toda civilizaci√≥n. Sin ning√ļn medio de transporte. Sin tel√©fono. Sin saber d√≥nde estoy. Sin nada de nada. Con un cad√°ver que no se qui√©n es, ni qui√©n co√Īo lo ha matado, ni porqu√©. Definitivamente algo funciona al rev√©s.
    Lo m√°s gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un malet√≠n bajo sus piernas. Y ¬ŅA que no adivinas, imb√©cil, que contiene el malet√≠n? Un jodido mill√≥n de euros en billetes peque√Īos. ¬ŅEl jodido mill√≥n de euros que mi jefe me hab√≠a prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo ten√≠a que ver a Alfredo para acabar el trabajito con √©l. Se supone que no hab√≠a nadie muerto todav√≠a. Que no iba a tener el mill√≥n hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podr√© vigilar al cad√°ver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el malet√≠n y a salir corriendo. Cu√°l no ser√° mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mism√≠sima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cad√°ver, el malet√≠n y no se qu√© otra cosa m√°s -vaya despiste el m√≠o- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo m√°s m√≠nimo, el t√≠o. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya d√≠a que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el malet√≠n y … lo que sea. As√≠ de fresco. Sin m√°s explicaci√≥n. Ahora s√≠ que no entiendo nada. As√≠ que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aqu√≠ colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cad√°ver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a m√≠ mismo sinti√©ndome el m√°s est√ļpido de los hombres.
    Es in√ļtil contar c√≥mo y cu√°nto tiempo me llev√≥ salir de all√≠, gracias a los pastores n√≥madas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepci√≥n me avisan de que la polic√≠a est√° esperando en mi habitaci√≥n. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra m√≠, no estar√≠an avis√°ndome ahora de ello -pienso. As√≠ que decido subir a mi magn√≠fica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todav√≠a. Lo mejor es comportarse con sangre fr√≠a y averiguar qu√© quieren, qu√© saben o qu√© quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusi√≥n en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitaci√≥n. Mosqueo… ¬ŅSer√° en mi habitaci√≥n? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusi√≥n sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qu√©, pero, ahora s√≠, estoy seguro que es en mi habitaci√≥n. Vaya, alguien est√° organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez s√≠. ¬ŅNo me estaban esperando? ¬ŅSer√© el invitado o el anfitri√≥n? De pronto dos disparos me dejan m√°s tieso que el rabo de un potro en celo. Se acab√≥ la fiesta. ¬ŅSon los cohetes finales? ¬ŅO m√°s bien la fiesta s√≥lo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusi√≥n ha cesado. Durante un largo rato, que a m√≠ me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¬ŅEstar√°n todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de car√°cter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aqu√≠ hasta que sepa a qu√© atenerme.

     
    • Umar el Jueves Permalink | Responder

      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el Jueves Permalink | Responder

      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

  • viva el Wednesday Permalink | Responder
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    ..un barco que navega por la vida cargado de genes‚Ķ 

    El domingo por la ma√Īana, un golpe seco despert√≥ a Hilde. Era la carpeta de anillas, que hab√≠a ca√≠do al suelo. Hab√≠a estado tumbada en la cama leyendo acerca de Sofia y Alberto, que hablaban de Marx. Luego se hab√≠a dormido boca arriba con la carpeta en el edred√≥n. La lamparita que ten√≠a sobre la cama hab√≠a estado encendida toda la noche.
    El despertador en el escritorio marcaba las 8.59 con cifras verdes.
    Hab√≠a so√Īado con grandes f√°bricas y ciudades llenas de humo y holl√≠n. Sentada en una esquina, una ni√Īa vend√≠a cerillas. Gente bien vestida, con largos abrigos, simplemente hab√≠a pasado flotando.
    Al incorporarse en la cama se acordó de aquellos legisladores que despertarían en una sociedad hecha por ellos mismos. Ella podía estar contenta de vivir en Bjerkely.
    ¬ŅSe habr√≠a atrevido a despertarse en Noruega sin saber en qu√© parte lo har√≠a?
    Pero no sólo era cuestión del lugar donde despertaría. También podría haberse despertado en una época completamente distinta.
    En la Edad Media, por ejemplo, o en una sociedad de la Edad de Piedra de hace diez o veinte mil a√Īos. Hilde intent√≥ imaginarse sentada delante de la puerta de una caverna. Tal vez estar√≠a preparando una piel.
    ¬ŅComo vivir√≠a una chica de quince a√Īos antes de que existiera lo que llamamos cultura? ¬ŅC√≥mo habr√≠a pensado entonces?
    Hilde se puso un jersey, cogió la carpeta y se sentó para continuar la lectura de la larga carta de su padre.
    Justo en el instante en que Alberto acababa de decir ¬Ľfinal del cap√≠tulo¬Ľ, alguien llam√≥ a la puerta de la Caba√Īa del Mayor
    -¬ŅNo tenemos opci√≥n, verdad? -dijo Sof√≠a.
    -Supongo que no gru√Ī√≥ Alberto.
    Fuera había un hombre muy viejo con pelo y larga barba blancos. En la mano derecha llevaba un bastón, y en la izquierda una gran lámina de un barco. A bordo de éste se podía ver toda clase de animales.
    -¬ŅY qui√©n es este viejo se√Īor? -interrog√≥ Alberto.
    -Me llamo Noé.
    __Me lo imaginaba.
    -Tu propio progenitor, hijo mío. Pero supongo que ya no está de moda acordarse de los progenitores.
    ¬ŅQu√© llevas en la mano? -pregunt√≥ Sof√≠a.
    __Es una lámina de todos los animales que se salvaron del gran diluvio. Toma, hija mía, es para ti.
    Sofía cogió la gran ilustración y el viejo dijo:
    -Tendr√© que ir a casa a regar mis parras…
    Dio un peque√Īo salto juntando los pies en el aire, de la forma que s√≥lo saben hacerlo hombres muy mayores de muy buen humor.
    Sofía y Alberto volvieron a entrar y se sentaron. Sofía empezó a mirar la lámina, pero Alberto se la quitó con autoridad.
    -Primero vamos a centrarnos en las grandes líneas dijo.
    -Empieza.
    -Nos olvidamos de decir que Marx vivi√≥ los √ļltimos treinta y cuatro a√Īos de su vida en Londres, adonde se traslad√≥ en 1849, y muri√≥ en 1883. Durante todo ese per√≠odo tambi√©n vivi√≥ Charles Darwin en las afueras de Londres. Muri√≥ en 1882 y fue enterrado solemnemente en Westminster Abbey como uno de los grandes hijos de Inglaterra. Pero Marx y Darwin no s√≥lo se cruzan en el tiempo y en el espacio. Marx intent√≥ dedicar a Darwin la edici√≥n inglesa de su gran obra El capital, pero Darwin no accedi√≥. Al morir Marx, al a√Īo siguiente de Darwin, su amigo Friedrich Engels dijo: ¬ęDe la misma manera que Darwin descubri√≥ las leyes del desarrollo de la naturaleza org√°nica, Marx descubri√≥ las leyes del desarrollo hist√≥rico de la humanidad¬Ľ.
    Entiendo.
    -Otro importante pensador que tambi√©n deseaba relacionar su actividad con Darwin, fue el psic√≥logo Sigmund Freud. Tambi√©n √©l vivi√≥ el √ļltimo a√Īo de su vida en Londres. Freud se√Īal√≥ que tanto la teor√≠a de la evoluci√≥n de Darwin, como su propio psicoan√°lisis hab√≠an supuesto un agravio al ¬ęingenuo amor propio del ser humano¬Ľ.
    Son ya muchos nombres, pero estamos hablando de Marx, Darwin y Freud, ¬Ņno?
    En un sentido más amplio se puede hablar de una corriente naturalista desde mediados del siglo XIX, hasta muy adentrado nuestro propio siglo. Por naturalismo se entiende un concepto de la realidad que no admite ninguna otra realidad que la naturaleza y el mundo perceptible. Un naturalista considera, por lo tanto, al hombre como una parte de la naturaleza. Un investigador naturalista se basará exclusivamente en hechos dados por la naturaleza, es decir, ni en especulaciones racionalistas, ni en ninguna otra forma de revelación divina.
    -¬ŅEsto es v√°lido para Marx, Darwin y Freud?
    -Decididamente s√≠. Las palabras clave de mediados del siglo pasado son ¬ęnaturaleza¬Ľ, ¬ęambiente¬Ľ, ¬ęhistoria¬Ľ,
    ¬ęevoluci√≥n¬Ľ y ¬ęcrecimiento¬Ľ. Marx hab√≠a se√Īalado que la ideolog√≠a de los seres humanos es un producto de la base material de la sociedad. Darwin demostr√≥ que el ser humano es el resultado de un largo desarrollo biol√≥gico, y el estudio de Freud del subconsciente mostr√≥ que los actos de los hombres se derivan, a menudo, de ciertos instintos animales.
    -Creo que entiendo lo que quieres decir con ¬ęnaturalismo¬Ľ ¬Ņpero no ser√≠a mejor hablar de una cosa cada vez?
    -Vamos a hablar de Darwin, Sofía. Supongo que te acordarás de que los presocráticos buscaban explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza. De la misma manera que ellos tuvieron que librarse de las viejas explicaciones mitológicas, Darwin tuvo que librarse de la visión de la Iglesia sobre la creación de animales y hombres.
    ¬ŅPero fue en realidad un fil√≥sofo?
    __Darwin era bi√≥logo e investigador de la naturaleza. Pero fue el cient√≠fico de los tiempos modernos que m√°s que ning√ļn otro desafi√≥ la visi√≥n de la Biblia sobre el lugar del hombre en la Creaci√≥n de Dios.
    -Entonces me vas a hablar un poco de la teor√≠a de la evoluci√≥n de Darwin, ¬Ņno?
    -Empecemos con el propio Darwin. Naci√≥ en la peque√Īa ciudad de Shrewsbury en 1809. Su padre, el doctor Robert Darwin, era un conocido m√©dico del lugar y muy severo en cuanto a la educaci√≥n de su hijo. Cuando Charles era alumno del Instituto de Bachillerato de Shrewsbury, el director dijo de √©l que andaba por ah√≠ hablando tonter√≠as y presumiendo sin m√©ritos, que no hac√≠a absolutaniente nada √ļtil. Por ¬ę√ļtil¬Ľ este director de instituto entend√≠a aprenderse de memoria los verbos latinos y griegos. Con andar por ah√≠, quer√≠a decir que Charles iba y ven√≠a coleccionando escarabajos de todas clases.
    -Llegaría a arrepentirse de aquellas palabras.
    -Tambi√©n mientras estudiaba teolog√≠a se interesaba m√°s por cazar p√°jaros y atrapar insectos que por los estudios. No obtuvo, por tanto, buenos resultados en lo que a teolog√≠a se refiere. Pero aparte de los estudios de teolog√≠a logr√≥ labrarse cierta reputaci√≥n como investigador de la naturaleza. Tambi√©n se interes√≥ por la geolog√≠a, que tal vez fuera la ciencia m√°s expansiva de la √©poca. Despu√©s de obtener su t√≠tulo de teolog√≠a en Cambridge en el mes de abril de 1831, se puso a viajar por el norte de Gales para estudiar formaciones de piedras y f√≥siles. En el mes de agosto del mismo a√Īo, cuando ten√≠a veintid√≥s a√Īos, recibi√≥ una carta que marcar√≠a el rumbo del resto de su vida…
    -¬ŅQu√© pon√≠a en esa carta?
    -La carta ven√≠a de su amigo y profesor John Steven Henslow. Dec√≠a: ¬ęMe han pedido… recomendar a un investigador de la naturaleza para acompa√Īar al capit√°n Fitzroy, que ha recibido el encargo del Gobierno de investigar el extremo sur de Am√©rica. Yo dije que te consideraba a ti la persona m√°s cualificada que conozco para encargarse de una tarea de esta clase. En cuanto a las condiciones de sueldo, no s√© nada. El viaje durar√° dos a√Īos…¬Ľ.
    -¡Madre mía, todo lo que sabes de memoria!
    -Un detalle sin importancia, Sofía.
    -¬ŅY contest√≥ que s√≠?
    -Se mor√≠a de ganas por aprovechar esta oportunidad, pero en aquella √©poca los j√≥venes no hac√≠an nada sin el consentimiento de sus padres. Tras largas consideraciones, el padre dijo que s√≠, y al final ser√≠a √©l quien pagar√≠a el viaje del hijo. En cuanto a las ¬ęcondiciones de sueldo¬Ľ, result√≥ que no hab√≠a tal cosa.
    -Ah…
    -El barco era el buque de guerra H.M.S Beagle. El 27 de
    Septiembre de 1831, sali√≥ de Plymouth rumbo a Sudam√©rica y no volvi√≥ a Inglaterra hasta el mes de octubre de 1836, lo que quiere decir que los dos a√Īos se convirtieron en cinco. Por otra parte, el viaje a Sudam√©rica se convirti√≥ en una vuelta al mundo. Estamos ante el viaje cient√≠fico m√°s importante de los tiempos modernos.
    -¬ŅDieron realmente la vuelta al mundo?
    -Literalmente, s√≠. Desde Sudam√©rica continuaron viaje por el Pac√≠fico hasta Nueva Zelanda, Australia y sur de Africa. Luego volvieron hasta Sudam√©rica, antes de regresar finalmente a Inglaterra. Darwin escribi√≥ que ¬ęel viaje en el Beagle ha sido, decididamente, el suceso m√°s importante de mi vida¬Ľ.
    -No sería fácil ser investigador de la naturaleza en el mar.
    __Los primeros a√Īos, el Beagle navegaba bordeando la costa de Sudam√©rica, lo que proporcion√≥ a Darwin una magn√≠fica oportunidad para conocer el continente tambi√©n por tierra. Important√≠simas fueron tambi√©n sus incursiones en las islas Gal√°pagos en el Pac√≠fico, al oeste de Sudam√©rica. As√≠ pudo recoger y coleccionar un amplio material que se iba enviando a Inglaterra. No obstante, conserv√≥ para s√≠ sus muchas reflexiones sobre la naturaleza y la historia de los seres vivos. Cuando volvi√≥ a su patria, con s√≥lo 27 a√Īos era ya un famoso investigador de la naturaleza. Ten√≠a ya en su mente una idea clara de lo que ser√≠a su teor√≠a de la evoluci√≥n. Pero pasar√≠an muchos a√Īos hasta que publicara su obra m√°s importante. Darwin era un hombre prudente, Sof√≠a; como debe serlo un investigador de la naturaleza,
    -¬ŅC√≥mo se titulaba esa obra?
    -Bueno, en realidad fue m√°s de una. Pero el libro que incit√≥ el debate m√°s enardecido en Inglaterra fue ‚ÄúEl Origen de las especies‚ÄĚ, que sali√≥ en 1859. El t√≠tulo era: On the Origin of Species by Means of Natural Selection or the Preservation of Favoured Races in Struggle for Life. Este t√≠tulo tan largo resume toda la teor√≠a de Darwin.
    -¬ŅY qu√© significa eso?
    -¬ęEl Origen de las especies mediante la selecci√≥n natural y la supervivencia de las razas favorecidas en la lucha por la vida.¬Ľ
    -Pues sí, ese título tiene mucho contenido.
    -Pero lo vamos a ver punto por punto. En el de las especies Darwin present√≥ dos teor√≠as o tesis: En primer lugar dijo que todas las plantas y animales actuales descend√≠an de formas anteriores m√°s primitivas. Mantuvo que tiene lugar una evoluci√≥n biol√≥gica. Y lo segundo que defendi√≥ fue que la evoluci√≥n se deb√≠a a la ¬ęselecci√≥n natural¬Ľ.
    -Porque sobreviven los m√°s fuertes, ¬Ņverdad?
    -Pero primero nos centraremos en la propia idea de la evolución. La idea en sí no era muy original. En determinados círculos, la fe en una evolución biológica había comenzado a extenderse ya desde principios del siglo XIX. El más influyente fue el zoólogo francés Lamarck. Y antes de él, el propio abuelo de Darwin, Erasmus Darwin, había insinuado que las plantas y los animales habían evolucionado de unas pocas especies primitivas. Pero ninguno de ellos había dado una explicación de cómo ocurre esa evolución y, por lo tanto, tampoco fueron peligrosos adversarios de los hombres de la iglesia.
    -Pero Darwin si lo fue.
    -S√≠, y no sin raz√≥n. Tanto los hombres de la Iglesia, como muchos sectores de los ambientes cient√≠ficos, se aten√≠an a la doctrina de la Biblia. Seg√ļn la cual las distintas especies de plantas y animales eran inalterables. La idea era que cada especie animal fue creada de una vez por todas mediante un determinado acto de creaci√≥n. Esta visi√≥n cristiana tambi√©n armonizaba con Plat√≥n y Arist√≥teles.
    ¬ŅC√≥mo?
    -La teor√≠a de las Ideas de Plat√≥n implicaba que todas las especies animales eran inalterables porque estaban formadas seg√ļn las Ideas o formas eternas. El que las especies animales fueran inalterables constitu√≠a tambi√©n una piedra angular en la filosof√≠a de Arist√≥teles. No obstante, precisamente en la √©poca de Darwin se realizaron varias observaciones y hallazgos que pusieron nuevamente a prueba las ideas tradicionales.
    -¬ŅQu√© observaciones y hallazgos fueron √©stos?
    __En primer lugar, se encontraban cada vez m√°s f√≥siles, y adem√°s se encontraron grandes restos de huesos de animales extinguidos. El propio Darwin se hab√≠a asombrado por los hallazgos de restos de animales marinos tierra adentro. En Sudam√©rica, incluso en lo alto de los Andes, hizo hallazgos de este tipo. Sof√≠a, ¬Ņt√ļ me puedes explicar esto?
    -No.
    -Algunos opinaban que simplemente las personas o los animales los hab√≠an tirado por all√≠. Otros pensaban que Dios hab√≠a creado esos f√≥siles y restos de animales marinos. S√≥lo con el fin de enga√Īar a los imp√≠os.
    -¬ŅQu√© opinaba la ciencia?
    -La mayor pade de los ge√≥logos defendi√≥ la ¬ęteor√≠a de la crisis¬Ľ, en el sentido de que la Tierra hab√≠a sido asolada varias veces por grandes inundaciones, terremotos y otras cat√°strofes que extinguieron toda clase de vida. Tambi√©n la Biblia narra una cat√°strofe de ese tipo. Estoy pensando en el diluvio y en el Arca de No√©. Con cada cat√°strofe, Dios hab√≠a renovado la vida de la Tierra creando plantas y animales nuevos y m√°s perfectos.
    ¬ŅY entonces los f√≥siles eran huellas de formas anteriores de vida, formas que se extinguieron tras alguna terrible cat√°strofe?
    -Exactamente. Se dec√≠a, por ejemplo, que los f√≥siles eran huellas de animales que no consiguieron sitio en el Arca de No√©. Pero cuando Darwin se march√≥ de Inglaterra en el Beagle, se llev√≥ consigo el primer tomo de la obra Principios de Geolog√≠a, del ge√≥logo ingl√©s Charles Lyell. Este cient√≠fico opinaba que la geograf√≠a actual, con monta√Īas altas y valles profundos, era el resultado de una evoluci√≥n inmensamente larga y lenta. La idea era que cambios muy peque√Īos pueden conducir a enormes cambios geogr√°ficos, si se tienen en cuenta los grand√≠simos espacios de tiempo transcurridos.
    -¬ŅEn qu√© cambios pensaba √©l?
    -Pensaba en las mismas fuerzas que act√ļan hoy: el sol, el viento, la lluvia, la nieve, el deshielo, los terremotos y los elevamientos de la tierra. Se suele decir que la gota horada la piedra, no mediante la fuerza, sino mediante el continuo goteo. Lyell pensaba que esos cambios peque√Īos y graduales durante largos espacios de tiempo pueden llegar a transformar la naturaleza completamente. Pero esta tesis sola, no pod√≠a explicar por qu√© Darwin hab√≠a encontrado restos de animales marinos en lo alto de los Andes, aunque √©l no abandon√≥ nunca esta idea de que cambios peque√Īos y graduales pod√≠an dar lugar a grandes cambios, transcurridos ya espacios de tiempo inmensamente largos.
    -¬ŅPensar√≠a que tambi√©n se pod√≠a emplear una explicaci√≥n parecida para la evoluci√≥n de los animales?
    -Sí, se preguntaba precisamente eso. Pero como ya he indicado, Darwin era un hombre prudente, e hizo la pregunta mucho antes de atreverse a aventurar alguna respuesta. En este aspecto, emplea exactamente el mismo método que todos los verdaderos filósofos. Es importante preguntar, pero no siempre hay que tener prisa por contestar.
    -Entiendo.
    -Un factor decisivo de la teor√≠a de Lyell era la edad de la Tierra. En la √©poca de Darwin se supon√≠a generalmente que hab√≠an pasado unos 6.000 a√Īos desde que Dios creara el mundo. Se hab√≠a llegado a esa cifra contando las generaciones desde Ad√°n y Eva hasta ese momento.
    -¡Qué ingenuidad!
    -Bueno, eso es f√°cil de decir para nosotros, ahora que tenemos tanta informaci√≥n. Darwin lleg√≥ a la conclusi√≥n de que la Tierra ten√≠a unos 300 millones de a√Īos, pues una cosa quedaba totalmente clara, y era que ni la teor√≠a de Lyell sobre la evoluci√≥n gradual, ni la del propio Darwin tendr√≠an ning√ļn sentido si no se contaba con per√≠odos enormemente largos.
    -¬ŅY qu√© edad tiene verdaderamente la Tierra?
    -Hoy sabemos que la Tierra tiene 4.600 millones de a√Īos,
    -Ya est√° bien…
    -Hasta ahora nos hemos centrado en uno de los argumentos de Darwin sobre la evoluci√≥n biol√≥gica: la existencia estratificada de f√≥siles en las distintas capas de una monta√Īa. Otro argumento era la repartici√≥n geogr√°fica de las especies vivas. En este aspecto, el viaje de investigaci√≥n del propio Darwin contribuy√≥ con un material nuevo e inmensamente rico. Observ√≥ con sus propios ojos que, de una regi√≥n a otra, las distintas especies animales pod√≠an distinguirse por muy peque√Īas diferencias. Sobre todo hizo unas interesantes observaciones al respecto en las islas Cal√°pagos, al oeste de Ecuador.

    -¡Cuéntame!
    -Estamos hablando de un denso grupo de islas volc√°nicas. Por lo tanto no hab√≠a grandes diferencias ni en la fauna ni en la flora. Pero a Darwin le interesaban precisamente esas peque√Īas diferencias que exist√≠an. En todas esas islas se topaba con tortugas gigantes, pero variaban un poco de isla a isla. ¬ŅVerdaderamente hab√≠a creado Dios una raza de tortugas gigantes distinta para cada una de las islas?
    -Lo dudo.
    -A√ļn m√°s importantes fueron las observaciones que hizo Darwin sobre los p√°jaros en las Cal√°pagos. Hab√≠a claras diferencias de isla a isla entre las distintas clases de pinzones, por ejemplo en lo que se refiere a la forma del pico. Darwin demostr√≥ que estas variaciones estaban estrechamente unidas a lo que los pinzones com√≠an en las distintas islas. El pinz√≥n de tierra, de pico puntiagudo, se alimentaba de pi√Īones; el peque√Īo pinz√≥n cantor, de insectos; el pinz√≥n carpintero, de insectos que cog√≠a en los troncos y las ramas de los √°rboles… Cada una de las clases ten√≠a un pico perfectamente adaptado a los alimentos que tomaba. ¬ŅProven√≠an todos esos pinzones de la misma especie de pinzones? ¬ŅSe hab√≠a ido adaptando esa especie al entorno de las distintas islas, manera que al final hab√≠an aparecido nuevas especies de pinzones?
    -Tal vez llegara a esa conclusión.
    -S√≠, quiz√°s Darwin se convirtiera en ¬ędarvinista¬Ľ precisamente en las islas Gal√°pagos. Tambi√©n se dio cuenta de que la fauna en el peque√Īo archipi√©lago se parec√≠a a mucha de la que hab√≠a observado en Am√©rica del Sur. ¬ŅPod√≠a ser que definitivamente Dios hubiera creado esos animales un poco distintos entre ellos, o es que hab√≠a tenido lugar una evoluci√≥n? Dudaba cada vez m√°s de que
    las especies fueran inalterables. Pero a√ļn no ten√≠a ninguna explicaci√≥n satisfactoria sobre c√≥mo tal evoluci√≥n o adaptaci√≥n pod√≠a haberse producido. Quedaba a√ļn otro argumento a favor de la teor√≠a de que todos los animales de la Tierra estaban emparentados.
    -¬ŅCu√°l?
    -El que se refiere al desarrollo del feto en los mam√≠leros. Si se comparan fetos de perro, murci√©lago, conejo y ser humano en una fase temprana, son tan parecidos que casi no se percibe la diferencia. Hasta que el feto no est√° mucho m√°s desarrollado, no se puede distinguir el feto humano del feto de conejo. Esto deber√≠a indicar que somos parientes lejanos, ¬Ņno?
    -¬ŅPero segu√≠a sin encontrar la explicaci√≥n a c√≥mo se hab√≠a producido el desarrollo?
    -Reflexionaba constantemente sobre la teor√≠a de Lyell de que los cambios min√ļsculos pod√≠an dar lugar a grandes variaciones despu√©s de espacios de tiempo inmensamente largos. Pero no encontr√≥ ninguna explicaci√≥n que pudiera servir de principio universal. Conoc√≠a tambi√©n la teor√≠a del zo√≥logo franc√©s Lamarck. Lamarck hab√≠a se√Īalado que cada una de las especies animales hab√≠a evolucionado seg√ļn sus necesidades. Las jirafas, por ejemplo, ten√≠an el cuello tan largo porque durante muchas generaciones lo hab√≠an estirado con el fin de llegar a las hojas de los √°rboles. Lamarck opinaba que las cualidades que cada individuo va adquiriendo poco a poco gracias a sus propios esfuerzos tambi√©n son heredadas por los hijos. No obstante, Darwin dej√≥ esta teor√≠a de las ¬ęcualidades adquiridas¬Ľ a un lado, simplemente porque Lamarck no ten√≠a ninguna prueba de sus atrevidas aseveraciones. Pero hab√≠a otro aspecto, mucho m√°s pr√≥ximo, en el que Darwin pensaba cada vez m√°s. Podr√≠amos decir que ten√≠a el propio mecanismo de la evoluci√≥n de las especies delante de sus narices.
    Estoy esperando.
    -Pero prefiero que t√ļ misma descubras ese mecanismo. Por eso te pregunto: si tienes tres vacas, pero s√≥lo tienes comida para alimentar a dos de ellas, ¬Ņqu√© har√≠as entonces?
    -Puede que tuviera que sacrificar a una de ellas.
    -¬ŅS√≠…? ¬ŅY a qu√© vaca matar√≠as?
    -Seguramente mataría a la vaca que diera menos leche.
    -¬ŅAh, s√≠?
    -Sí, es lógico.
    -Y precisamente eso es lo que la gente ha hecho durante miles de a√Īos. Pero no dejemos todav√≠a a las dos vacas. Y si quisieras que una de ellas tuviera terneros, ¬Ņa cu√°l de ellas elegir√≠as para tenerlos?
    -A la que diera más leche, porque lo más seguro es que también el ternero se convirtiera en una buena vaca lechera.
    -De modo que prefieres las buenas vacas lecheras a las malas. Entonces bastar√° con un ejercicio m√°s. Si vas de caza y tienes dos perros cazadores, pero tienes que deshacerte de uno de ellos, ¬Ņcon cu√°l de ellos te quedar√≠as?
    Evidentemente me quedaría con el que fuera mejor cazador.
    -De esa manera favorecer√≠as al perro cazador m√°s h√°bil, ¬Ņverdad? Y √©se, Sof√≠a, ha sido el procedimiento que ha utilizado la humanidad para criar animales durante m√°s de diez mil a√Īos. Las gallinas no siempre han puesto cinco huevos a la semana, las ovejas no han tenido siempre tanta lana, y los caballos no han sido siempre tan fuertes y r√°pidos. La gente ha ido haciendo una selecci√≥n artificial. Y lo mismo ha pasado dentro del reino vegetal. No se siembran patatas malas si se tiene acceso a mejores semillas. Nadie se ocupa de cortar espigas que no llevan trigo. El punto clave de Darwin es que ninguna vaca, ninguna espiga de trigo ning√ļn perro o ning√ļn pinz√≥n son id√©nticos a otros ejemplares de su misma especie. La naturaleza muestra un enorme abanico de variaciones, incluso dentro de la misma especie ning√ļn individuo es id√©ntico a otro. De eso seguramente te diste cuenta cuando probaste la bebida azul.
    -Ya lo creo.
    -Darwin tuvo que preguntarse a s√≠ mismo: ¬Ņpodr√≠a exisitir un mecanismo semejante tambi√©n en la naturaleza? ¬ŅPodr√≠a ser que la naturaleza realizara una ¬ęselecci√≥n natural¬Ľ de individuos ¬ęaptos¬Ľ para vivir? Y finalmente, pero no por ello menos importante: ¬Ņpodr√≠a un mecanismo de ese tipo crear muy a la larga especies totalmente nuevas de animales y plantas?
    -Me imagino que la respuesta es que sí.
    -Darwin segu√≠a sin poderse imaginar del todo c√≥mo se pod√≠a realizar tal ¬ęselecci√≥n natural¬Ľ. Pero en el mes de octubre de 1838, exactamente dos a√Īos despu√©s de volver en el Beagle, se encontr√≥ por pura casualidad con un peque√Īo libro del especialista en poblaci√≥n Thomas Malthus, titulado An Essay on the PrincipIe of Population (Ensayo sobre el principio de la poblaci√≥n). Fue Benjamin Franklin, el americano que entre otras cosas invent√≥ el pararrayos, quien le dio la idea del libro a Malthus. Franklin hab√≠a se√Īalado que si no hubiese factores del imitadores en la naturaleza, una sola planta o especie se habr√≠a extendido por toda la Tierra. Pero como hay varias especies, se mantienen en jaque entre ellas.
    -Entiendo.
    -Malthus continu√≥ desarrollando esta idea y la aplic√≥ a la situaci√≥n de la poblaci√≥n de la Tierra. Se√Īal√≥ que la capacidad procreadora de los humanos es tan grande que siempre nacen m√°s ni√Īos de los que tienen posibilidad de que vivan. Opinaba que ya que la producci√≥n de alimentos nunca podr√° llegar a alcanzar el crecimiento de la poblaci√≥n, un gran n√ļmero est√° destinado a sucumbir en la lucha por la vida. Los que sobrevivan, y, por consiguiente, saquen adelante la raza, ser√°n los que mejor se defiendan en la lucha por la existencia.
    -Suena lógico.
    -Pero √©ste era ese mecanismo universal que buscaba Darwin. De pronto tuvo la explicaci√≥n de c√≥mo sucede la evoluci√≥n. Se debe a la selecci√≥n natural en la lucha por la vida y, en esa lucha, el que mejor se adapte al entorno es el que sobrevivir√° y llevar√° la raza adelante. √Čsta era la segunda teor√≠a que present√≥ en el libro El origen de la especies. Escribi√≥: ¬ęEl elefante es, de todos los animales conocidos, el que m√°s despacio se reproduce, pero si todas sus cr√≠as sobrevivisen habr√≠a, despu√©s de 750 a√Īos, cerca de diecinueve millones de elefantes descendientes de la primera pareja¬Ľ.
    -Por no hablar de todos los miles de huevas de bacalao de un solo bacalao.
    -Darwin se√Īal√≥ que la lucha por la existencia es a menudo m√°s dura entre especies cercanas, porque tienen que luchar por los mismos alimentos. Es entonces cuando act√ļan las peque√Īas ventajas, es decir, las peque√Īas y positivas variaciones con respecto a la media. Cuanto m√°s dura sea la lucha por la existencia, m√°s r√°pida ser√° la evoluci√≥n de nuevas especies. En esos casos solamente sobrevivir√°n los que est√©n mejor adaptados, todos los dem√°s morir√°n.
    -Cuanto menos alimento haya y m√°s numerosas sean las camadas, ¬Ņm√°s r√°pida ser√° la evoluci√≥n?
    -Si, pero no se trata √ļnicamente de alimentos. Puede ser igual de importante evitar ser presa de otros animales. En este sentido puede ser una ventaja, por ejemplo, tener un color de ¬ęcamuflaje¬Ľ, o la capacidad de correr deprisa o de detectar animales hostiles, o, en el peor de los casos, saber mal. Tampoco es de despreciar un veneno que mate a los animales de rapi√Īa. No es una casualidad que muchos cactus sean venenosos, Sof√≠a. En el desierto crece casi √ļnicamente el cactus, raz√≥n por la cual es una planta muy expuesta a los animales herb√≠voros.
    -La mayoría de los cactus tiene además pinchos.
    -Tambi√©n la capacidad de reproducci√≥n es evidentemente de importancia primordial. Darwin estudi√≥ detalladamente lo ingeniosa que llega a ser en muchos casos la polinizaci√≥n. Las plantas irradian sus maravillosos colores v emiten sus dulces aromas precisamente con el fin de atraer a insectos que contribuyan a la polinizaci√≥n. Por la misma raz√≥n los p√°jaros entonan sus hermosos gorgoritos. Un buey perezoso o melanc√≥lico no tiene como tal ning√ļn inter√©s para la historia de su especie. Tales cualidades aberrantes desaparecer√°n casi instant√°neamente. Porque la √ļnica misi√≥n que tiene el individuo es crecer y alcanzar la madurez sexual y reproducirse para continuar la especie. Es como una larga carrera de relevos. Aquellos que, por alguna raz√≥n, no consiguen llevar adelante sus genes, ser√°n eliminados durante la selecci√≥n. De esta forma la especie siempre ir√° mejorando. La resistencia a las enfermedades es una importante cualidad que siempre van recogiendo y conservando las variantes que sobreviven.
    -¬ŅQuiere decir eso que todo mejora cada vez m√°s?
    -La selecci√≥n constante hace que los que est√©n mejor adaptados a un determinado ambiente, o a una determinada celda ecol√≥gica, sean los que a la larga contin√ļen la especie dentro de ese ambiente. No obstante, lo que es una ventaja en un ambiente no tiene por qu√© serlo en otro. Para algunos de los pinzones de las islas Cal√°pagos la destreza voladora era muy importante. Pero no es tan importante volar bien si la comida hay que buscarla en la tierra. En el transcurso de los tiempos, han surgido tantas especies animales precisamente por existir tantas celdas distintas en la naturaleza.
    -Pero, en cambio sólo hay una especie humana
    -Sí, porque los humanos tienen una fantástica capacidad de adaptarse a las más diversas condiciones de vida. Esto fue algo que asombró a Darwin cuando vio cómo los indios de la Tierra de Fuego sobrevivían en aquel clima tan frío. Pero no significa que todos los humanos sean iguales. Los que viven alrededor del ecuador, tienen la piel más oscura que los que habitan las regiones más al norte, y esto se debe a que la piel morena protege mejor contra la luz solar. Personas blancas que se exponen mucho al sol están, por ejemplo, más expuestas a padecer cáncer de piel.
    -¬ŅEs una ventaja tener la piel blanca si vives en el norte?
    -Pues s√≠, porque en el caso contrario, las personas habr√≠an tenido la piel oscura en todas partes. Pero la piel blanca desarrolla m√°s f√°cilmente vitaminas solares, lo que puede ser una gran ventaja en lugares con poco sol. Hoy en d√≠a esto no es muy importante porque podemos procurarnos suficientes vitaminas solares con lo que comemos. Pero no hay nada que sea casual en la naturaleza. Todo se debe a los min√ļsculos cambios que han ido teniendo lugar durante innumerables generaciones.
    -En realidad es fant√°stico.
    ¬ŅVerdad que s√≠? Entonces, por ahora, podemos resumir la teor√≠a de la evoluci√≥n de Darwin de la siguiente forma…
    ¬°Venga!
    -Podemos decir que la ¬ęmateria prima¬Ľ que se halla detr√°s de la evoluci√≥n de la vida en la Tierra son las constantes variaciones entre los individuos dentro de la misma especie y tambi√©n las enormes camadas que hacen que s√≥lo una peque√Īa parte consiga sobrevivir. El propio ¬ęmecanismo¬Ľ o fuerza motriz Ile la evoluci√≥n es la selecci√≥n natural en la. lucha por la existencia. Esta selecci√≥n hace que siempre sean los m√°s fuertes o los ¬ęmejor adaptados¬Ľ los que sobrevivan.
    -Me parece tan l√≥gico como un ejercicio de matem√°ticas. ¬ŅC√≥mo fue recibido el libro sobre el ¬ęorigen de las especies¬Ľ?
    -Hubo algunas luchas bastante feroces. La Iglesia protest√≥ en√©rgicamente, y la ciencia brit√°nica se dividi√≥ en dos. En realidad no era de extra√Īar, pues Darwin hab√≠a alejado a Dios del acto de la Creaci√≥n. Ahora bien, algunos se√Īalaron que era mucho m√°s grandioso crear algo que llevara inherentes sus propias posibilidades de evoluci√≥n que crear en detalle todas las cosas de una sola vez.
    De pronto Sofía se levantó de la silla de un salto.
    -¡Mira! -exclamó.
    Se√Īal√≥ a la ventana. Junto al lago andaban una mujer hombre cogidos de la mano. Estaban totalmente desnudos.
    -Son Adán y Eva -dijo Alberto-. Poco a poco tuvieron que resignarse a compartir su destino con el de Caperucita Roja y Alicia en el País de las Maravillas. Por eso aparecen aquí.
    Sofia se acercó a la ventana para verlos mejor. Pronto desaparecieron entre los árboles.
    -Porque Darwin pensaba que los humanos descend√≠an de los animales, ¬Ņno?
    -En 1871 public√≥ el libro Descent of man, o La descedencia humana, en el que se√Īala todos los grandes parecidos entre humanos y animales; y que los humanos y los monos antropoideos en alg√ļn momento del pasado tienen que haberse desarrollado del mismo progenitor. Por entonces tambi√©n se hab√≠an encontrado los primeros f√≥siles de cr√°neos de una clase extinguida de humanos, primero en una cantera en el pe√Ī√≥n de Gibraltar y unos a√Īos m√°s tarde en Neanderthal, en Alemania. Curiosamente las protestas fueron menores en 1871 que en 1859, cuando Darwin public√≥ El origen de las especies, pero la idea de que el hombre desciende de los animales ya estaba impl√≠cita en aquel primer libro. Y, como ya he dicho, cuando muri√≥ Darwin en 1882 fue enterrado con todos los honores como un pionero del mundo de la ciencia.
    -De modo que al final recibió los honores que se merecía.
    -Al final s√≠. Pero al principio fue caracterizado como el ¬ęhombre m√°s peligroso de Inglaterra¬Ľ.
    -¡Madre mía!
    -¬ęEsperemos que no sea verdad¬Ľ, dijo una noble se√Īora, ¬ępero si resulta ser verdad, esperemos que no se llegue a saber p√ļblicamente¬Ľ. Un reconocido cient√≠fico de la √©poca dijo algo parecido: ¬ęUn humillante descubrimiento; cuanto menos se hable de √©l, mejor¬Ľ.
    -¬°Ellos casi aportaron la prueba de que los humanos est√°n emparentados con los avestruces!
    -Pues s√≠, es verdad. Pero es f√°cil para nosotros saberlo todo a posteriori. De pronto mucha gente se sinti√≥ obligada a revisar su visi√≥n del G√©nesis de la Biblia. El joven escritor John Ruskin lo expres√≥ as√≠: ¬ęOjal√° los ge√≥logos me dejaran en paz. Al final de cada vers√≠culo de la Biblia oigo sus martillazos¬Ľ.
    -¬ŅY los martillazos eran el dudar de la palabra de Dios?
    -Supongo que era eso lo que quiso decir. Porque no s√≥lo se desmoron√≥ la interpretaci√≥n literal del G√©nesis, sino que la teor√≠a de Darwin implicaba que eran variaciones completamente casuales las que al fin y al cabo hab√≠an producido al hombre. Y m√°s que eso: Darwin hab√≠a convertido al ser humano en un producto de algo tan poco emocional como la ¬ęlucha por la existencia¬Ľ.
    -¬ŅDarwin dijo algo de c√≥mo se producen estas ¬ęvariaciones casuales¬Ľ?
    -Estás tocando el punto más débil de su teoría. Darwin tenía sólo vagas nociones de genética. Algo se produce mediante el cruce. Un padre y una madre nunca llegan a tener dos hijos totalmente iguales; ya ahí se produce una cierta variación. Por otra parte, tampoco se puede conseguir algo verdaderamente nuevo de esa manera. Además hay plantas y animales que son gemíparos, o que se reproducen mediante división celular. En cuanto a la cuestión de cómo se producen las variaciones, el llamado neodarvinismo ha completado la teoría de Darwin.
    -¡Cuéntame!
    -Todo lo que sea vida y reproducci√≥n se trata, en √ļltimo t√©rmino, de divisi√≥n celular. Al dividirse una c√©lula en dos, se producen dos c√©lulas id√©nticas con exactamente los mismos genes. Por divisi√≥n celular se entiende, por tanto, el que una c√©lula se copia a s√≠ misma.
    -¬ŅS√≠?
    -Pero algunas veces ocurren min√ļsculos fallos en este proceso, de modo que la c√©lula copiada no sale exactamente igual a la c√©lula madre. A este fen√≥meno la biolog√≠a moderna lo llama mutaci√≥n. Tales mutaciones pueden carecer totalmente de importancia, pero otras pueden conducir a cambios acentuados de las cualidades del individuo. Algunas pueden ser directamente da√Īinas, y esos ¬ęmutantes¬Ľ se eliminan constantemente de las grandes camadas mediante la selecci√≥n. Muchas enfermedades se deben en realidad a una mutaci√≥n. Ahora bien, algunas veces una mutaci√≥n tambi√©n puede aportar al individuo precisamente aquella cualidad positiva que este individuo necesita para defenderse mejor en la lucha por la existencia.
    -¬ŅPor ejemplo un cuello m√°s largo?
    -La explicaci√≥n de Lamarck sobre el cuello largo de la jirafa, era que las jirafas se hab√≠an estirado. Pero seg√ļn el darvinismo, ninguna cualidad de ese tipo es hereditaria, Darwin pens√≥ que era una variaci√≥n natural de la longitud del cuello del progenitor de la jirafa. El neodarvinismo completa este punto se√Īalando una clara causa de que se produzcan esas variaciones.
    -¬ŅEran las mutaciones?
    -Sí. Cambios completamente accidentales en los genes proporcionaron a algunos de los antepasados de las jirafas un cuello un poco más largo que la media. Cuando había escasez de comida podía resultar muy importante. El que llegaba más alto en los árboles, tenía las mayores posibilidades de sobrevivir. Podemos además imaginarnos que algunas de las jirafas primitivas hubieran desarrollado la capacidad de hurgar en la tierra para encontrar comida. Después de muchísimo tiempo, una especie de animales extinguida puede, como ves, dividirse en dos especies de animales.
    -Entiendo.
    -Vamos a ver unos ejemplos más recientes de cómo funciona la selección natural. Es un principio muy sencillo.
    -¡Venga, cuéntame!
    -En Inglaterra vive una determinada especie de mariposas llamada medidor de abedul. Como su nombre indica, viven en los claros troncos de los abedules. Si retrocedemos al siglo XVIII veremos que la gran mayor√≠a de medidores de abedules era de un color gris claro. ¬ŅPor qu√©, Sof√≠a?
    -Porque así los pájaros no las veían fácilmente.
    -Pero de vez en cuando nac√≠an algunos ejemplares oscuros, debido a mutaciones completamente accidentales. ¬ŅC√≥mo crees que se defendieron estas variantes oscuras?
    -Serían mas fáciles de ver, y por consiguiente también más fáciles de atrapar por pájaros hambrientos.
    -Porque en este ambiente, es decir en los claros troncos de abedul, el color oscuro era una cualidad desfavorable. Por lo tanto, eran siempre las mariposas blancas las que aumentaban. Pero de pronto sucedi√≥ algo en el ambiente. Debido a la industrializaci√≥n, en algunos lugares los troncos blancos se volvieron completamente oscuros por el holl√≠n. ¬ŅQu√© crees que sucedi√≥ entonces?
    Supongo que ahora eran las mariposas oscuras las que se defendían mejor.
    -S√≠, y no tardaron mucho en aumentar en cantidad. Entre 1848 y 1948 el porcentaje de medidores negros de abedules aument√≥ del uno al noventa y nueve por ciento en algunos sitios. El ambiente hab√≠a sido modificado, y ya no era ninguna ventaja ser claro en la lucha por la existencia. ¬°M√°s bien al contrario! Los ¬ęperdedores¬Ľ blancos eran eliminados, con la ayuda de los p√°jaros, nada m√°s aparecer en los √°rboles. No obstante volvi√≥ a suceder un importante cambio. Una reducci√≥n en la utilizaci√≥n de carb√≥n y un mejor equipo de limpieza en las f√°bricas ha dado como resultado un medio ambiente mucho m√°s limpio en los √ļltimos a√Īos.
    -¬ŅDe modo que los troncos se est√°n volviendo blancos?
    -Por eso las mariposas están a punto de volver al color blanco. Eso es lo que se llama adaptación. Estamos ante una ley de la naturaleza.
    -Entiendo.
    -Pero hay más ejemplos sobre cómo las personas intervienen en el medio ambiente.
    -¬ŅEn qu√© est√°s pensando?
    -Se ha intentado combatir las alima√Īas con distintas materias venenosas. En un principio puede dar buenos resultados. Pero cuando se pulveriza un campo o un huerto con venenos contra los insectos, se causa una peque√Īa cat√°strofe ecol√≥gica para aquellas alima√Īas que uno desea combatir. Una serie de mutaciones puede dar lugar a que aparezca un grupo de alima√Īas que sea m√°s resistente al veneno empleado. Ahora esos ¬ęganadores¬Ľ tienen el campo libre, y de esa manera las alima√Īas se vuelven cada vez m√°s dif√≠ciles de combatir precisamente por los intentos humanos de exterminarlas. Son, como ya sabes, las variantes m√°s resistentes las que sobreviven.
    -¡Qué horror!
    -Al menos da que pensar. Tambi√©n en nuestro propio cuerpo intentamos combatir par√°sitos da√Īinos. Estoy pensando en las bacterias.
    -Utilizamos penicilina u otros antibióticos.
    -Y una cura de penicilina es precisamente una ¬ęcat√°strofe ecol√≥gica¬Ľ para los peque√Īos diablos. Pero conforme √≠bamos derrochando penicilina tambi√©n nos hac√≠amos resistentes a ciertas bacterias. De esa forma hemos ido creando bacterias que son mucho m√°s dif√≠ciles de combatir que antes. Nos vemos obligados a utilizar antibi√≥ticos cada vez m√°s fuertes, pero al final…
    -Al final nos saldr√°n las bacterias por la boca, ¬Ņno? ¬ŅQuiz√°s tengamos que empezar a pegarles tiros?
    -Eso quiz√°s sea un poco exagerado. Pero est√° claro que la medicina moderna ha creado un serio dilema. No se trata s√≥lo de que algunas bacterias se hayan vuelto m√°s agresivas. Antes hab√≠a muchos ni√Īos que no llegaban a adultos porque sucumb√≠an a diferentes enfermedades, e incluso se puede decir que s√≥lo sobreviv√≠an unos pocos. Ahora bien la medicina moderna ha dejado esta selecci√≥n natural de alguna manera fuera de juego. Lo que ayuda a un individuo a superar una mala racha de salud, puede a la larga llegar a debilitar las resistencias de la humanidad contra diversas enfermedades. Si no consideramos en absoluto lo que llamamos ¬ęhigiene de la herencia¬Ľ, eso puede conducir a una degeneraci√≥n de la humanidad. Con esto se quiere decir que se debilitan las condiciones gen√©ticas para evitar enfermedades graves.
    -Son perspectivas bastante siniestras.
    -S√≠, pero un verdadero fil√≥sofo no puede dejar de se√Īalar lo ¬ęsiniestro¬Ľ si cree que es verdad. Intentemos resumir de nuevo.
    ¬°Adelante!
    __Puedes decir que la vida es como una gran lotería en la que solamente los décimos ganadores son visibles.
    -¬ŅQu√© quieres decir con eso?
    -Los que han perdido en la lucha por la existencia han desaparecido. Detr√°s de cada especie de plantas y animales de la Tierra hay millones de a√Īos de selecci√≥n de ¬ęd√©cimos ganadores¬Ľ. Y los ¬ęd√©cimos perdedores¬Ľ s√≥lo aparecen una vez, lo cual quiere decir que no existe hoy en d√≠a ninguna especie de plantas o animales que no puedan llamarse ¬ęd√©cimos ganadores¬Ľ en la gran loter√≠a de la vida.
    -Porque sólo se conserva lo mejor.
    -As√≠ puedes expresarlo si quieres. Ahora me puedes alcanzar aquella l√°mina que trajo ese… bueno, ese vigilante de fieras.
    Sol√≠a le dio la l√°mina. Por un lado estaba dibujada el Arca de No√©; por el otro lado se hab√≠a dibujado un √°rbol geneal√≥gico para todas las especies animales. √Čste era el lado que Alberto le quer√≠a ense√Īar.
    -La l√°mina muestra el reparto de las distintas especies de plantas y animales. ¬ŅVes c√≥mo cada una de las distintas especies pertenece a grupos, clases y series?
    -Sí.
    -Junto con los monos, los hombres pertenecemos a los llamados primates. Los primates son mamíferos, y todos los mamíferos pertenecen a los vertebrados, que a su vez pertenecen a los animales pluricelulares.
    -Casi recuerda a Aristóteles.
    -Es verdad. Pero esta l√°mina no s√≥lo nos dice algo de la divisi√≥n de las diferentes especies hoy, sino que tambi√©n dice algo de la historia de la evoluci√≥n de la vida. ¬ŅVes por ejemplo que los p√°jaros se separaron una vez de los reptiles, y que los reptiles se separaron por su parte de los anfibios y que los anfibios lo hicieron de los peces?
    -Sí, queda claro.
    -Cada vez que una de las l√≠neas se divide en dos, han surgido mutaciones que han conducido a nuevas especies. As√≠ surgieron tambi√©n con los a√Īos las diferentes clases y series de animales. Esta l√°mina est√° muy simplificada. En realidad hoy viven en el mundo m√°s de un mill√≥n de especies animales, y ese mill√≥n s√≥lo es una fracci√≥n de todas las especies animales que han vivido en la Tierra. ¬ŅVes por ejemplo que un grupo de animales llamados trilobites est√° totalmente extinguido?
    -Y m√°s abajo est√°n los animales unicelulares.
    -Algunos de los cuales tal vez no hayan cambiado en un par de millones de a√Īos. ¬ŅVes que va una l√≠nea de esos Organismos unicelulares al reino vegetal? Pues tambi√©n las plantas probablemente descienden de la misma c√©lula primigenia que todos los animales.
    -Lo comprendo, pero hay algo que me gustaría saber.
    -Dime.
    -¬ŅDe d√≥nde vino esa ¬ęc√©lula primigenia¬Ľ? ¬ŅTen√≠a Darwin alguna respuesta a esa pregunta?
    -Te he dicho ya que Darwin era un hombre muy prudente. No obstante, sobre este punto que mencionas, se aventur√≥ a adivinar. Escribi√≥: ¬ę.. si pudi√©ramos imaginarnos una peque√Īa charca c√°lida en la que se encontraran toda clase de sales, en la que hubiera amoniaco y f√≥sforo, luz, calor, electricidad, etc., y que se formase qu√≠micamente un compuesto prote√≠nico en esta charca, dispuesto a someterse a cambios a√ļn m√°s complicados…¬Ľ.
    -¬ŅS√≠, qu√©?
    -Darwin filosofa sobre cómo la primera célula podría haber surgido en una materia inorgánica. Y vuelve a dar en el clavo. La ciencia de hoy se imagina precisamente que la primera y primitiva forma de vida surgió en esa charquita cálida que describió Darwin.
    ¬°Cuenta!
    -Bastará con un esbozo superficial, y recuerda que estamos a punto ya de despedirnos de Darwin. Vamos a dar el salto hasta lo más nuevo en la investigación sobre el origen de la vida en la Tierra.
    -Estoy a punto de ponerme nerviosa. Nadie conoce la respuesta a c√≥mo ha surgido la vida, ¬Ņno?
    -Quizás no, pero se han ido colocando cada vez más piezas en ese rompecabezas sobre cómo pudo haber comenzado la vida.
    -¬°Sigue!
    -Afirmemos en primer lugar que toda clase de vida en la Tierra, plantas y animales, est√° construida alrededor de exactamente las mismas sustancias. La definici√≥n m√°s sencilla de ¬ęvida¬Ľ es que vida es una sustancia que en una disoluci√≥n nutritiva tiene la capacidad de dividirse en dos partes id√©nticas. Este proceso es dirigido por una sustancia que llamamos ADN. Con el ADN se indican los cromosomas o materiales gen√©ticos que se encuentran en todas las c√©lulas vivas. Tambi√©n hablamos de la mol√©cula ADN, porque el ADN es en realidad una complicada mol√©cula, o una macromol√©cula. La cuesti√≥n es c√≥mo se produjo la primera mol√©cula ADN.
    -¬ŅSi?
    -La Tierra se form√≥ cuando surgi√≥ el sistema solar hace 4.600 millones de a√Īos. Al principio era una masa incandescente, pero poco a poco la corteza terrestre se fue enfriando. La ciencia moderna opina que la vida se produjo hace entre 3.000 y 4.000 millones de a√Īos.
    -Suena completamente improbable.
    -Eso no lo puedes decir hasta no haber oído el resto. En primer lugar tienes que darte cuenta de que el planeta tenía un aspecto muy distinto al que tiene hoy. Como no había vida, tampoco había oxígeno en la atmósfera. El oxígeno libre no se forma hasta la fotosíntesis de las plantas. El hecho de que no hubiera oxígeno es muy importante. Es impensable que los ladrillos de la vida, que a su vez pueden formar el ADN, hubieran podido surgir en una atmósfera que contuviera oxígeno.
    -¬ŅPor qu√©?
    -Porque el oxígeno es un elemento muy reactivo. Mucho antes de haberse podido formar moléculas tan complicadas como la de ADN, los ladrillos de la molécula ADN se habrían oxidado.
    -Vale.
    -Por eso sabemos tambi√©n con seguridad que no surge nueva vida hoy en d√≠a, ni siquiera una bacteria o un virus. Esto quiere decir que toda la vida en la Tierra tiene que tener la misma edad. Un elefante tiene un cuadro geneal√≥gico tan largo como la bacteria m√°s simple. Podr√≠as decir que un elefante, o una persona, en realidad son una continua colonia de animales unicelulares. Porque en cada c√©lula del cuerpo tenemos exactamente el mismo material gen√©tico. Toda la receta sobre qui√©nes somos se encuentra, por lo tanto, escondida en cada c√©lula min√ļscula del cuerpo.
    -Es curioso.
    -Uno de los grandes enigmas de la vida es que las c√©lulas de un animal pluricelular sean capaces de especializar su funci√≥n. Porque todas las distintas propiedades gen√©ticas no est√°n activas en todas las c√©lulas. Algunas de esas propiedades, o genes, est√°n ¬ęapagadas¬Ľ y otras est√°n ¬ęencendidas¬Ľ. Una c√©lula del h√≠gado produce unas prote√≠nas diferentes a las que produce una neurona o una c√©lula de la piel. Pero tanto en la c√©lula del h√≠gado, como en la neurona y en la c√©lula de la piel, existe la misma mol√©cula ADN, que contiene, como ya indicamos, toda la receta del organismo del que estamos hablando.
    -¬°Sigue!
    -Cuando no había oxígeno en la atmósfera, tampoco había ninguna capa protectora de ozono alrededor del planeta. Es decir, que no había nada que obstaculizara las radiaciones del universo. Esto es muy importante, porque precisamente esta radiación jugaría un papel relevante en la formación de las primeras moléculas complicadas. Esa radiación cósmica fue la propia energía que hizo que las distintas sustancias químicas de la tierra comenzaran a unirse en complicadas macromoléculas.
    -Vale.
    -Puntualizo: para que esas moléculas complicadas de las que está compuesta toda clase de vida pudieran formarse, tuvieron que haberse cumplido al menos dos condiciones: no pudo existir oxígeno en la atmósfera, y tuvo que haber existido la posibilidad de radiación del universo.
    -Entiendo.
    -En la ¬ępeque√Īa charca c√°lida¬Ľ, o ¬ęcaldo primigenio la suelen llamar los cient√≠ficos de hoy en d√≠a, se form√≥ en una ocasi√≥n una macromol√©cula enormemente complicada, la cual ten√≠a la extra√Īa cualidad de poder dividirse en dos partes id√©nticas. Y con ello se pone en marcha esa larga evoluci√≥n, Sof√≠a. Si simplificamos un poco, vemos que ya estamos hablando del primer material gen√©tico, el primer ADN o la primera c√©lula viva. √Čsta se dividi√≥ y se volvi√≥ a dividir, pero desde el principio ocurrieron tambi√©n constantes mutaciones. Despu√©s de un tiempo inmensamente largo ocurri√≥ que esos organismos unicelulares se unieron para formar organismos pluricelulares m√°s complicados. As√≠ se puso tambi√©n en marcha la fotos√≠ntesis de las plantas, y se form√≥ una atm√≥sfera que conten√≠a oxigeno. Esta atm√≥sfera tuvo una doble importancia: en primer lugar, debido a ella, se pudieron desarrollar los animales que respiraban con pulmones. La atm√≥sfera defendi√≥, adem√°s, la vida contra las radiaciones da√Īinas del universo. Porque precisamente esa radiaci√≥n, que quiz√°s fuera una importante ¬ęchispa¬Ľ para la formaci√≥n de la primera c√©lula, tambi√©n es muy da√Īina para toda clase de vida.
    -Pero supongo que la atm√≥sfera no se form√≥ de un d√≠a para otro, ¬Ņno?
    -La vida se produjo primero en ese peque√Īo ¬ęmar¬Ľ que hemos llamado ¬ęcaldo primigenio¬Ľ. All√≠ se pod√≠a vivir protegido contra la peligrosa radiaci√≥n. Mucho m√°s tarde, y despu√©s de que la vida del mar hubiese formado una atm√≥sfera, subieron a tierra firme los primeros anfibios. Y de todo lo dem√°s ya hemos hablado. Estamos sentados en una caba√Īa del bosque mirando hacia atr√°s a un proceso que ha durado unos tres o cuatro mil millones de a√Īos. Precisamente en nosotros el largo proceso ha llegado a tomar conciencia de si mismo.
    -¬ŅPero t√ļ crees, a pesar de todo, que todo esto ha sucedido por pura casualidad?
    -No, yo no he dicho eso. La l√°mina muestra que la evoluci√≥n puede tener una direcci√≥n. En el curso de millones de a√Īos se han ido formando animales con un sistema nervioso cada vez m√°s complicado y poco a poco tambi√©n con un cerebro cada vez m√°s grande. Personalmente no creo que esto sea casual. ¬ŅT√ļ qu√© crees?
    -El ojo humano no puede haber sido creado por pura casualidad. ¬ŅNo crees que significa algo el que podamos ver el mundo que nos rodea?
    -Lo del desarrollo del ojo también asombró a Darwin. No le encajaba muy bien que una cosa tan maravillosa como un ojo pudiera surgir solamente por la selección natural.
    Sof√≠a se qued√≥ mirando a Alberto. Pens√≥ en lo extra√Īo que era que viviera justo en este momento, que viviera solamente esta vez y que jam√°s volviera a la vida. De pronto exclam√≥:
    -¬ęQu√© significa la eterna Creaci√≥n, si todo lo creado ha de desaparecer para siempre!¬Ľ
    Alberto la miró severamente.
    -No deberías hablar así, hija mía. Son palabras del diablo.
    -¬ŅDel diablo?
    -O de Mefisto, del Fausto de Goethe: ¬ęWas sol√≠ uns denn das ewge Schaffen! / Cescha√≠fenes zu nichts hinwegzuraffen! ¬Ľ
    -¬ŅPero qu√© significan exactamente esas palabras?
    -Justo en el instante antes de morir, Fausto mira hacía atrás en su larga vidar y exclama triunfante:

    Deténte, eres tan hermosa.
    La huella de mi vida
    no puede quedar envuelta en la nada.
    Basta el presentimiento de aquella
    felicidad sublime
    para hacerme gozar mi hora inefable.

    -¡Qué palabras tan bonitas!
    -Pero luego le toca al diablo. En cuanto Fausto expira, Mefisto exclama:
    ¡Acabó!
    ¬°Est√ļpida palabra!
    ¬ŅPor qu√© acab√≥?
    ¬ŅNo equivale esto a decir que todo qued√≥
    reducido a la nada?
    ¡Qué significa la eterna Creación,
    si todo lo creado ha de desaparecer para siempre!
    El mundo, al dejar de existir,
    ser√° como si no hubiese existido nunca,
    y, sin embargo, lo vemos agitarse incesante
    como si realmente fuese algo.
    En verdad, prefiero a√ļn mi eterno vac√≠o.

    -¡Qué pesimista! Me ha gustado más la primera cita. Aunque su vida acababa, Fausto veía un significado en las huellas que dejaba tras sí.
    -¬ŅNo es tambi√©n una consecuencia de la teor√≠a de la evoluci√≥n de Darwin que formamos parte de algo grande, y que cada min√ļscula forma de vida tiene importancia para el gran contexto? ¬°Nosotros somos el planeta vivo, Sof√≠a! Somos el gran barco que navega alrededor de un sol ardiente en el universo. Pero cada uno de nosotros tambi√©n es un barco que navega por la vida cargado de genes. Si logramos llevar esta carga al pr√≥ximo puerto, entonces no habremos vivido en vano. Bjornstjerne Bjornson expres√≥ la misma idea en el poema ¬ęPsalmo II¬Ľ:

    ¬°Honremos la primavera eterna de la vida
    que todo lo creó!;
    hasta lo min√ļsculo tiene su creaci√≥n merecida,
    sólo la forma se perdió.
    De estirpes nacen estirpes
    que alcanzan mayor perfección;
    de especies nacen especies,
    millones de a√Īos de resurrecci√≥n.

    ¬°Al√©gra te t√ļ que tuviste la suerte de participar
    como flor en su primer abril
    y, en honor a lo eterno, el día disfrutar
    como ser humano
    y de poner tu grano
    en la tarea de la eternidad;
    peque√Īo y d√©bil inhalar√°s
    un √ļnico soplo
    del día que no acaba jamás!

    -¡Qué bonito!
    -Bueno, entonces no decimos nada m√°s por hoy. Yo digo simplemente ¬ęFinal del cap√≠tulo¬Ľ.
    -Pero entonces tienes que dejar esa ironía tuya.
    -¬°¬ęFinal del cap√≠tulo¬Ľ!, he dicho. Debes obedecer mis palabras.

    Darwin

     
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    S√ćMBOLOS 

    Adonis
    Plantas

    Afrodita
    Dioses planetarios

    Agathodaemon
    Serpiente

    Agrippa de Nettesheim
    Hombre, Quinario

    Agua
    Fuente, Hurac√°n, la Templanza

    Agua inferior y superior
    Aguas, Dragón, Letras, Neptuno, Nubes

    Inmersión en agua
    Ba√Īo

    Agua primordial
    Arquitectura, Océano superior e inferior

    √Āguila
    Animales, Bandera, Letras, Lucha de animales, Procesión, Rey

    √Āguila bic√©fala
    √Āguila, G√©minis, Monta√Īa

    Cabeza del √°guila
    Cabeza, Centro

    √Āguila y le√≥n
    √Āguila, Le√≥n

    √Āguila y Prometeo
    Hércules, Prometeo

    √Āguila y serpiente
    Animales, Tetramorfos

    San Agustín
    L√°mpara

    Ahasvero
    Judío errante

    El Ahorcado
    Acr√≥bata, Balder, Crep√ļsculo, Inversi√≥n, Nudo

    Ahrimanyu
    Gemelos, Lucha, Ahrim√°n

    Ahrim√°n
    Cosmogonía, Ahrimanyu

    Ahuramazda
    Cabalgadura, Gemelos, Lucha, Sol

    Seudo Aigremont
    Pie

    Aiguilhe de Puy
    Sirena

    Ain-Soph
    Anciano

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    Padre, Viento

    Akasha
    Acuario

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    Naturaleza

    Alambique
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    Correspondencia

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    Cuaternario

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    Letras

    Alfabeto
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    Letras

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    Letras

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    Luna

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    Liebre

    René Allendy
    Dientes

    Alma
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    Alma como p√°jaro
    P√°jaro

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    la Luna, Alma del mundo

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    Zodíaco

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    Colores

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    Hércules, Lilith

    Ambivalencia
    Binario, Grutescos

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    Arca, Perdiz

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    Ammón
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    Ammón Ra
    Aries

    Amor y corazón
    Corazón

    Amor y realeza
    Rey

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    Mano y amuletos
    Mano

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    Luna

    Anael
    Septenario

    Anaitis
    Luna

    Anciano
    Ni√Īo, Anciano de los D√≠as

    Anciano de los Días
    Anciano, Gran Madre

    √Āncora
    Delfín

    Andrógino/androginia
    Ad√°n, Alquimia, Daena, Hombre

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    Liberación de la doncella

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    Granada

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    el Carro

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    Ovíparos

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    √Ārbol
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    √Ārbol

    √Ārbol de vida
    √Ārbol

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    Tambor

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    Espada

    √Ārbol que canta
    √Ārbol, Roc√≠o

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    Serpiente

    √Ārbol de la Muerte
    Columna

    √Ārbol de la Vida
    Aves, Ciervo, Columna, Cruz, Cuaternario, Grifo, Serpiente

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    Fuego

    Arca de la alianza
    Cofre, Objeto, Templo

    Arcilla
    Limo

    Arco de tres lóbulos
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    Argonautas
    s√≠mbolos Her√°ldicos, N√ļmeros, Vellocino de oro

    Argos
    Leopardo, Ojo

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    Cuernos

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    Artemidoro de Daldi
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    Rey Arturo
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    Boca

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    J. L. Borges y M. Guerrero
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    Cabiros
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    Cabra
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    Macho cabrío
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    Cacería perpetua
    Identificaciones, Cazador maldito

    Cadmo
    Dragón

    Caf
    Monta√Īa

    Caída
    Laberinto, Nave, Neptuno, Paraíso perdido, Zodíaco

    Caín
    Espada

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    Hamlet

    Calcante
    Serpiente

    Calcinación
    Alquimia

    Caldeos
    Dioses planetarios

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    Titanes

    Gran Piedra del Calendario
    Mandala

    Rey de Calicut
    Muerte

    Calímaco
    Animales

    Calíope
    Sirena

    Calipso
    Bestia apocalíptica, Escollos, Isla

    C√°liz
    Caldera, Copa, Graal

    Cambises
    Zodíaco

    Camelot
    Minarete

    S. Cammanm
    Mandala

    Campana
    Objeto

    Tommaso Campanella
    Centro espiritual

    Candelabro de los siete brazos
    Imagen del mundo, Septenario

    Cangrejo
    la Luna

    Caos
    Dragón

    Capucha
    Casco

    Carbón
    Color positivo-negativo

    Cardo
    Templo

    Carlos I
    Enano

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    Aries, Cuernos, Zodíaco

    Julio caro Baroja
    Cazador, Lamia, Ojancanu

    Caronte
    Aguas, Castillo

    Vittore Carpaccio
    Dragón

    Carro
    Riendas, Vehículo

    Carro del sol
    Rueda

    Carro procesional
    Tocado y trono, Cuadriga

    Lewis Carroll
    Espejo

    Cartago
    Babilonia

    Vincenzo Cartari
    Cuaternario

    Ernst Cassirer
    Simbolismo fonético

    Castas
    Profesiones

    Cástor y Pólux
    Caballo, Gemelos, Dioscuros

    C√°taros
    Sofía

    Valoración del amor
    Amada

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    Dioses planetarios, Zodíaco

    Catástrofe cósmica
    Cielo

    Catorce
    N√ļmeros

    cautes y Cautopates
    Gemelos

    Caverna
    Arquitectura, Desfiladero, Tesoro

    Culto de la caverna
    Mundo

    Cayado
    Peregrino, Poder

    Cebada
    Fecundidad

    Cécrope
    Héroe

    Cedro
    √Ārbol

    Celso
    Escalera

    Cenicienta
    Sacrificio, Septenario, Zapatos

    Cenit
    Hurac√°n, Polo

    Ceniza
    Pasta

    Centauro
    Bucentauro, Cabalgadura, Hércules, Identificaciones, Minotauro

    Zelda Zonk
    MM

    Cerbero
    Diana, Ternario, Tridente

    Cerde√Īa
    Serpiente

    Cerebro
    Corazón

    Ceres
    Agricultura, Alas, Columna, Hormigas, Sirena

    Cetro
    Armas, Espiral, Poder

    Ch’i-lin
    Unicornio

    Chakras
    Serpiente

    Chamanes
    Soplar, Tambor

    Jean-François Champollion
    Letras

    Chang
    Fuego

    L. Charbonneau-Lassay
    Inversión, Triple recinto

    Chastaing
    Simbolismo fonético

    Louis Chochod
    Círculo, Tetramorfos, Tortuga

    Chou-Li
    Jade

    Chrétien de Troyes
    Animales, Sangre

    Chung-li Chuan
    Abanico

    Cibeles
    Gorro frigio, Guada√Īa, Ogro

    Cicatrices
    Marca

    Cicerón
    Luna

    Ciclo
    A√Īo

    Ciclo anual
    Plantas

    Gran ciclo
    Edades

    Cíclope
    Gigante, Ojancanu, Ojo

    Cielo siete
    Huevo

    Templo del cielo
    Arquitectura

    Cigarra
    Cris√°lida

    Cilindro
    Formas

    Cinco
    Hombre, Mano, N√ļmeros, Pensamiento

    Cinturón
    Hebilla

    Circe
    Encantamiento, Escollos

    Círculo
    Arquitectura, Ciclo, Dodecanario, Formas

    Cuadratura del círculo
    Arquitectura, Imagen del mundo

    Círculo de piedra
    Crómlech, Cuadrado

    Circunferencia
    Centro, Círculo

    Cisne
    Arpa, Serpiente

    Canto del cisne
    Arpa

    Cisne de Leda
    el Juicio

    Mujer-cisne
    Mujer

    Cisne y arpa
    Cisne

    Ciudad
    Gr√°fico, Imagen del mundo, Matrona

    Claustro
    Arquitectura

    Clava
    Maza, Mercurio

    Clemente de Alejandría
    Espacio

    Catedral de Clonfert
    Decapitación

    Cloto
    Espacio

    Clusium
    Laberinto

    Cnosos
    Laberinto

    Codex Marcianus
    Circunferencia, Color positivo-negativo, Ouroboros

    Tercer cofre
    Caja

    Coincidentia oppositorum
    Alquimia, Centro, Conjunción, Hombre, Inversión, Volcán

    J. Cola Alberich
    Anormales, Tatuajes

    Collar
    Cuerda

    Francesco Colonna
    Delfín

    Colores de la flores
    Flor

    Colores de los cabellos
    Cabellos

    Colores en alquimia
    Alquimia, Caballero

    Colores y dragones
    Dragón

    Colores y la m√ļsica
    Correspondencia

    Columna rota
    Rotura

    Columna vertebral
    Columna

    Comp√°s
    Alfa y omega

    Comp√°s de tres tiempos
    Trébol

    Conejo
    fecundidad

    Cong
    Centro

    Congelación
    Hielo

    Coniunctio
    Despedazamiento, Sexos

    Coniunctio oppositorum
    Metales, Conjunción

    Conjunción de contrarios
    Cruz

    Símbolo de conjunción
    Flecha

    Cono
    Hacha, Formas

    Constantino
    Crismón

    Constelación canicular
    la Rueda de la Fortuna

    Ananda K. Coomaraswamy
    Caballero, despedazamiento

    Copa
    Objeto

    Copa y rituales de Etiopía
    Imagen del mundo

    Nicolás Copérnico
    Planetas

    Corazón
    Amor, Cofre

    Corno
    Gorro frigio

    Corona
    Cintas, Guirnalda, Poder, Victoria

    Corona de espinas
    Espina

    Corona de laurel
    Laurel

    Corona doble
    Poder

    Corona en el matrimonio griego
    Rey

    Corona mural
    Matrona

    Corona triple
    Poder

    Correspondencia
    Color, Objeto, Planetas

    Corroído
    Estado de conservación

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    Creación

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    Letras

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    Cruz ansada
    Cruz, Llave

     
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