El PP exige saber cuánto ganan los mendigos

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El PP cree que los mendigos tienen un paraíso fiscal en el cubo de la basura y que se pasan sobres en B cuando no los miras. También cree que hay una contabilidad en papel de limpiarse el culo de los borrachos, “sin ordenadores ni na”. El PP exige los discos duros de los mendigos. “Los tienen escondidos, pero seguro que los tienen”, asegura el tesorero del partido.

Por su parte, los naranjitos se han propuesto para ayudar a buscarlos, “y si no, ya nos lo inventaremos”, ha declarado Albert Rivera, “vamos a sacarles hasta la última peseta”.

Triste conclusión la escribo la corrijo la pulo…

poesía

Triste conclusión

la escribo la corrijo la pulo la releo la borro
la reescribo la doy vuelta la desparramo la rejunto
la condimento la muerdo la saboreo la escupo la trago la vomito
la ato la vendo la nalgueo la cuelgo la gozo
la sacudo la acogoto la pateo le arranco los pelos
la desnudo la enjabono la recorro la enjuago la seco
le pongo música sahumerios y chocolate en sus labios
la insulto le muerdo los versos la escupo le apuñalo el corazón
la miro la espío barrunto sospecho imagino planeo
la emborracho la provoco la estimulo le aprieto la llaga
la reprocho le susurro le pido le ruego le grito la insulto
la hurgo la chupo la abro y nuevamente le hago el amor…
pero nada
entonces la abollo y la tiro al cesto

no hay caso
la poesía no es lo mío

De la misma forma en que se afirma…

relato

De la misma forma en que se afirma que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”… ¿también se podría decir que “no hay peor tragón que el que no quiere tragar”?, ¿o también que “no hay peor borracho que el que no se quiere emborrachar?
Mientras intento resolver ese enigma (acompañado de una rebanada de pizza y una copa de tequila), creo que me permitiré recomendarles mi última publicación (en la cual, hablo sobre el Viacrucis) en https://dartheriondrgm.wordpress.com/
Sé que las últimas veces que he pasado por aquí les he mostrado un microcuento (o microrelato o nanocuento o como le quieran llamar), pero en esta ocasión tengo que decir que se los debo para la próxima (tengo algunos, pero aún están en construcción).

Whisky

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Este Wiki es para crear una novela colectiva de forma hipertextual. Debes añadir tu texto continuando el hilo por donde lo dejan los demás. Si no estás demasiado borracho ni lo intentes…

NOTA: Los primeros párrafos son de aportación colectiva con el software anterior. A partir de ahora quedará registrada la autoría de los textos.

Confesiones de un maldito judío errante

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vergüenza ventaja ése borracho hojas rotos considere valoremos tus vengara terminado eterno hallar traducción mal atacaría apestados cañón viento jamás visan alguien aún sed esfuerzos mostraba alegre su presa crucificado salto solterona estando pasó agotada entre los dinteles rodeado va tira caballos confió atraed lado común acabaron aldeanas engría piel derrotado lágrimas bebidas ah perdió roída baba cuaderno nacimiento

Escondedme en la mezcla de tétricas o silvestres…

poesía

Escondedme en la mezcla
de tétricas o silvestres ambiciones
en que, purpurina, arde la existencia;
por lo demás, dejad millones de harapos
a esos individuos saqueadores.
A vueltas viajaremos
al pillaje o al cobijo penetrante
pero armad en silencio mis pulmones
pues sólo me reanima hacer poesía,
el sexo o el amor, según que día;
sentir que cualquier inocencia es juventud…
no puedo describíroslo mejor,
mas con muecas entonces,
tranquilos, conozcamos
como se hacían los auténticos libritos;
tendré que crearlos
con cólera y oficio de borracho
y dejar muy naturales los bloques del trabajo
pues ya lo dijeron muchos vates antes en latín…
yo sólo aullaré hasta dejarte sorda como estabas
y despedir una vez más nuestra alegría.

Poética purpúrea

poesía

Escondedme en la mezcla
de tétricas o silvestres ambiciones
en que, purpurina, arde la existencia;
por lo demás, dejad millones de harapos
a esos individuos saqueadores.
A vueltas viajaremos
al pillaje o al cobijo penetrante
pero armad en silencio mis pulmones
pues sólo me reanima hacer poesía,
el sexo o el amor, según que día;
sentir que cualquier inocencia es juventud…
no puedo describíroslo mejor,
mas con muecas entonces,
tranquilos, conozcamos
como se hacían los auténticos libritos;
tendré que crearlos
con cólera y oficio de borracho
y dejar muy naturales los bloques del trabajo
pues ya lo dijeron muchos vates antes en latín…
yo sólo aullaré hasta dejarte sorda como estabas
y despedir una vez más nuestra alegría.

Palabras de fango

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Abrazaré a los sagrados y pálidos andantes,
que en sombrías y débiles corduras de borrachos
y en espantables o líricos libracos han creído,
desdichados, a los que voto por su arte,
que fueron elegidos, por la crueldad del hambre,
nuevos esclavos de amantes encantadas
con lodo amargo, secreto y conmovido
por fabulosas e ignorantes costumbres
a las que otros volverán dramas insípidos,
sin esas embrujadas vistas de embriaguez,
ni el catecismo abandonado de palabras
que embrutecidas marcharon a su albergue,
mientras inmundas y solícitas piden ahora
perífrasis de dolor precipitado en fango.

Soy Vargas, Antonio Vargas

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Vine al mundo hace ya casi cincuenta años en un club de Kansas City. Mis padres fueron dos auténticos desconocidos. De hecho nunca me enteré de quiénes eran. Un saxofón y una trompeta se hicieron cargo de mí. Siempre me gustó pensar que fueron el del gran Charlie Parker y la del bueno de Gillespie. Lo bien cierto es que lo único que heredé de ellos fue una sordera incurable y una morbosa atracción por los pentagramas vacíos. Detesto a los poetas y a los músicos, los unos por prescindibles, los otros por cretinos. No se me conoce ocupación remunerada. El mejor día de mi vida lo tengo asociado a un paseo bajo la lluvia una tarde de domingo en la que recorrí mi ciudad borracho. Recuerdo que en el último bar, el de los Pérez Brothers, una generosa mujer le arrimaba a su pequeño vástago dos domingas rotundas que nunca he olvidado. Cuántas veces en sueños he bebido de esa leche imposible.

ALFONSO TIPODURO

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Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

El negro Nboro del â€œTenessee”

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Algo especial ocurría esa noche, algo que sólo ocurría una de cada tantas entre las noches de los viernes. Estaban reunidos en el bar “Tenessee”, un antro inmundo y semiderruido, guetto de los negros. No entraban dentro. Muchos se quedaban en la puerta. Se turnaban. Era como un ritual. Cancerberos y almas del purgatorio. Los de fuera y los de dentro. Música negra o jaleo de borrachos. Por eso se turnaban.
Presumía de tener la polla más grande de todos los negros que acudían al “Tenessee”. Y la verdad es que las pilinguis le sonreían de una manera especial cuando pasaba. Por algo sería.

Alardear grotesco

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Tras el sonámbulo telón de las farándulas
surge la vana audacia del bastardo que alardea
en los mustios calveros de las plazas públicas
–con la cólera del congregado por la hiena glotona–
del espectáculo de sus farsantes y lóbregos orgullos.

Estos dramáticos mendigos de la oportunidad,
apestando a infernal sofisma,
se zambullen en el vaudeville vertiginoso
de la embustera complacencia
O se asfixian en acostumbrados manjares
de rebaños enfermos y engañosos,
enervando, incluso, a los frívolos y espléndidos borrachos.

Son falsos e ingenuos hijos de madres olvidadas
–y padres infantiles– que acallan sus instintos
con la desvanecida compostura de las fofas infamias
O corren a mutilar sus repugnantes sombras de castrados
en los hechiceros impulsos de las ineptas lujurias del esclavo.