Febrero

poesía

Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
A Paco de Lucía: Corazón flamenco, honda guitarra, embrujo de mujer, soul de Andalucía.
Este desierto sin fin sólo me muestra el espejismo de un amor verdadero.
Para llorar no necesito la cebolla si te tengo a ti.
Ya de tus ojos, oasis Ya de tus labios, desierto O ya de tus manos, cielo.
Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
Luna, labio del cielo besado por el sol.
Mi alma en llamas, hora dorada, por tu luz crepuscular horadada.
Hacerle el amor a tu sonrisa, acariciar despacio tu silencio.
Cuando aprendes a ser princesa todo el mundo quiere ser súbdito.
A las olas, alas de amor a mar.
Se Dilatan Se Deleitan Se Delatan Tus Pupilas
Amarse para siempre en un instante eterno.
Cada mirada pertenece al que la mira.
Unas veces se ama y otras se aprende.
Dispara tus besos y róbame.
La mejor frase de amor es la que no se dice.
Si encajan nuestros cuerpos quizás te empotre el alma.
Hay miradas que enamoran y palabras que lo desmienten.
Deshazme el amor.
Y ahora os dejo, que tengo que inventar la bomba erotónica.
Necesito un brochazo de amor!
Me conquistó tu mirada y tu sonrisa, ya es hora de que me conquisten tus abrazos y besos.
Me asomo al profundo pozo de sus ojos negros para gritarle pero nadie responde.
¿Fui yo tu princesa? Apenas fui un suspiro, Un cruce de miradas. Tan sólo fue eso.
Amor por despecho tras amor de pecho.
Murió habiendo abrazado sólo sueños.
Recomiendo leerme en la intimidad de los abrazos eléctricos…
Ya no son latidos, son balas explosivas…
No quiero volver, no quiero olvidar…
Oculto tu amor en un poema que nadie leerá.
Si el amor se marchita, endurece sus espinas.
Sí… cada mirada, cada beso, cada caricia, cada palabra, cada sonrisa, cada abrazo… son necesarios. Todo lo demás sobra.
Madurar es aceptar la derrota, la humillación y la ofensa.
¿Cómo puedes tener alma si no tienes sonrisa?
Si vienes a buscarme, te acompaño encantada.
Aún busco los contornos de tu rostro, las suaves orillas de tus dedos, el alado sabor de los besos que nunca nos dimos, tu trémulo rubor…
Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
“Querer” nunca fue sinónimo de “que te quieran”.
Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
Besos: droga de la claridad.
No soporto la mediocridad.
Quiero un amor que haga daño.
A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
Tal vez un día me vea reflejada en tus labios, en tu sonrisa, en tus besos.
El amor es tan ilusorio como los fantasmas.
Lee mi piel en la intimidad en tono grave y musical con la rotundidad de las olas espumadas que rompen en tus brazos galantes.
Nunca los besos fueron gratis, siempre los paga el desamor.
Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
El amor es como las olas del mar, a veces calmachicha, otras tsunami y casi siempre una marejadilla.
El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
Cartero: un amor en cada puerta.
Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
Llévate lejos este amor, donde el sol lo abrase y fortalezca…
Eres daltónico para mi amor.
Todo está en contra de un amor a destiempo.
Después del primer amor, todos son prescindibles.
Magia, locura, amor… abre la puerta…
Hay tiempos en que los besos dan sapos y otros en los que dan amores.
Como la luna sin luz y como el viento sin aire.
El tiempo es un canalla, ni sumiso a la brisa de la pasión, anega los sueños de estrellas negras.
El primer sueño ¿realmente importa? No hay golondrinas hoy como la sombra. Besa y sigue remando.
Olas de seda, perfume de la higuera entre tus labios, el ruido de las olas por el aire abortado: tu te desnudas luna de sangre…

¿Qué es la vida La vida es un…

greguería

¿Qué es la vida?
La vida es un rimbombante baile que nos lleva de un lado para otro. Nos mueve suave y dulcemente, pero cuando desea nos agarra con fuerza y pasión y nos empuja. Hasta que al final vamos más despacio, ya cansados de esa danza, nos paramos lentamente, miramos hacia nuestro pasado, damos un breve vistazo de todo lo que hemos hecho y cerramos nuestros ojos y, así, al fin, podemos descansar eternamente.

Remigio Retamoza

greguería

Remigio Retamoza era un hombre de a caballo. Gaucho, paisano, o si se prefiere criollo, que de muchas maneras se puede llamar a las cosas o a los hombres, sin alterar su exquisitamente original naturaleza. Por un decir.

Pero no gaucho de aquellos de chiripá y boleadoras, ni de los que pa los carnavales poblaban los tablados con versos emotivos y dramáticos por demás. No. Remigio Retamoza era un criollo de alpargatas y bombacha sencilla que hasta a veces se le veía lucir zapatos negros bien lustrados y pantalón a la porteña, medios anchos arriba y embombillándose a la altura de los tobillos. Eso sí! El pañuelo de seda al pescuezo no le faltaba nunca ni los piropos bonitos para festejar a las muchachas.

La cuestión es que todo eso nada tiene que ver con la historia que quería contar. Remigio sí. Remigio va a ser el personaje central de una larga saga que algún día lograré estampar sobre el papel. Pero no hoy.

Pastad, hijos, en sus confines

greguería

estén previsto bombardéanos errores sagrado prado hundido gran amor en invierno no navegaría con este método aquel prudhomme cuya acción libre amiga seguía caía helado odres exclama consuele desastres pegarme escondedme mí coronó los infiernos perdidos sonidos echar hacer falsos tormentos de los santos dejarían cura otorgado desear los condenados tugurios y morir con semejante carga de mendigo terminaría vestirse enfermos trabajadores dado porque creo que ilumina montes no aprecias ni su ignorancia ni su autoridad además cubrir antecedentes animales linterna flanqueado empapado venas nervios viví será gloria matrimonio durar haría fuente espléndidas muebles pastad, hijos, en sus confines.

Afectos colaterales (2)

greguería

El soldado israelí inspeccionaba con escrúpulo funcionarial las ruinas de una casa de Beirut bombardeada por su unidad. No pudo dejar de sentir un misterioso estremecimiento cuando, entre el amasijo de escombros y vísceras removidas, contempló el cadáver de una hermosa joven libanesa. Su sangre teñía las piedras como las amapolas el aire de la primavera. Esa misma noche la poseyó en sus sueños con el desmayo de la desesperanza.