El bigote de Botella y el moño de Aznar: los límites del humor

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Unos científicos han descubierto los límites del humor. Según un estudio reciente realizado por Married & Married, de la King John Charles University, el límite se encuentra entre el moño de Aznar y el bigote de Botella.

Como han podido demostrar, es imposible encontrar el humor entre esos límites, por lo que se deduce que es este el límite universal del humor, imposible de traspasar por cualquier sonrisa ni carcajada.

La gelidez es tal que se acerca al cero absoluto -ha declarado Married & Married- a uno se le congela la sangre sólo de pensarlo.

AHASVERO

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Aunque su abuelo no hubiera sido Friedrich Wilhelm Nietzsche -cuestión esta más que discutible- todos mantienen que es su vivo retrato, no sólo por sus ojos, a la vez profundos y saltones, sino sobre todo por su descomunal bigote prusiano. Si observas su maestría con la faca, comprenderás su apodo y sólo te quedará la misma admiración y temor de todos los que le contemplaron en tales demostraciones de inusitada y concupiscente habilidad. De personalidad múltiple y olvidadiza, nadie diría que en sus buenos tiempos llegó a ser Presidente de su República (las nalgas de la bella Italia). Su refinada y antijesuítica educación hicieron de él un hombre respetable y admirado, a la par que temido. Esta ha sido, empero, su perdición en estos nuevos y caóticos tiempos. Actualmente fondea en el cielo de Ítaca, escribe en un Blook (blog? book?) que maneja por sí mismo y envía cartas a la bella Italia, que nunca ha dejado de ser su patria, a pesar del destierro que esta señorita le impuso un infausto día de junio de 1982.

[El siguiente juego literario consiste en reescribir mi biografía, puedes participar escribiendo tu versión. ¡Oh, qué será de mi vida en tus manos! Este ha sido el texto base para manipular mi vida a tu antojo:]

Dalai Lama

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Ayer visité al Dalai Lama. Tenía una daga en la mano en la que había dibujado un dodecanario y no comprendí qué tenía que ver con él. Estaba también sentado en una Tabla Redonda, como el rey Arturo, y le acompañaba Salvador Dalí. Era realmente extraño, realmente extraño… sin su bigote retorcido.