CAPITÁN

No en vano todos estaban muertos, hasta los muebles eran jirones de un ataúd. Una inquietante atmósfera rodeaba al muerto. Una niebla heladora.
Cualquier color que tu quieras, dijo la madre. Nadie contestó. Una marcha nupcial comenzó a oírse y unos perros ladraron como alertados por las trompetas. O quizás eran lobos, lobos de montaña. Lejanos.